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Carpe Diem: Mariko a los 80 años

¡Por fin, por fin he podido hincarle os catirons (aunque sea de forma leve) a este manga! Desde que ganó el Kôdansha este 2018 he estado rogando por que algún alma generosa lo tradujera y, ¡ya está aquí! Quería esperar un poquillo hasta que se acumularan unos cuantos episodios, pero la impaciencia ha podido conmigo, y solo he aguardado hasta el capítulo cinco. Lo que no me va a impedir escribirle toda una señora reseña, qué carajo.

Sanju Mariko o Mariko a los 80 años es un manga que lleva publicándose desde 2016 en Be-Love y que, hasta donde sé, ha alcanzado 8 tankôbon. Y los que caigan, porque es una obra que sigue abierta. Pero no es un tebeo cualquiera, nanay. Se trata de un josei muy, muy especial; un slice of life que huele a clásico contemporáneo desde el primer capítulo. De momento tenemos que conformarnos con los socorridos scanlations (afortunadamente llevan buen ritmo hasta ahora), pero deseo, espero y confío que pronto alguna editorial occidental se atreva a publicarlo. Ojalá.

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Yuki Ozawa posa orgullosa con el primer volumen de su tebeo “Sanju Mariko”

No había leído hasta ahora nada de Yuki Ozawa, sabía de la existencia de su Atokata no Machi (2013), pero no había podido catar ninguna obra suya todavía. Y la verdad es que ha sido un comienzo bastante prometedor, ¡sangre nueva en el josei!, y eso siempre se agradece siendo una demografía tradicionalmente tan maltrecha. Que aparezcan encima trabajos de esta traza son un soplo de aire fresco. ¿Novedades en el slice of life? Pues sí, porque Sanju Mariko cuenta la historia de una viuda de ochenta años, nada más y nada menos. Adiós a los sempiternos adolescentes con sus repetitivos problemas, sayonara a las mujeres jóvenes (y mentalidad de adolescente) que sufren por no encontrar marido,  ¡konnichiwa, mujeres adultas (pero de verdad)!

Mariko es una escritora con cierto renombre y todavía en activo, que vive bajo el mismo techo que la familia de sus hijos y nietos. Es ya bisabuela, y su biznieto ha intentado asfixiarla con una bolsa de plástico mientras jugaba. No ha sido por maldad, más bien ha tenido relación con que viven como sardinas en lata, y está llegando a un punto insostenible. Mariko ve como la casa que construyó con su marido, muerto hace 15 años, no alberga ya espacio para ella. Real y metafóricamente. Así que, viéndose un estorbo, decide marcharse y comenzar de nuevo, sola, una nueva vida al final de su vida. En este nuevo camino se topará con Kuro, un gatito que también ha sufrido lo suyo.

Descrito así, parece una historia un poco absurda, pero nada más lejos de la realidad. Sanju Mariko resulta más de lo que parece, es un manga que afronta con honestidad varios problemas graves que sufre en la actualidad la sociedad nipona. Para empezar, el galopante envejecimiento de la población y sus consecuencias sociales; luego, las continuas recesiones económicas, que han hecho que el suelo y las viviendas se encuentren a unos precios astronómicos; para proseguir con el ritmo salvaje de producción de Japón, que no permite una conciliación familiar adecuada, siendo los mayores los principales que sufren soledad y abandono. Se han convertido en una carga, y en el tebeo, Mariko, a pesar de no sufrir más que unos pocos achaques, se siente culpable por resultar un lastre que impide a su familia crecer y medrar. Y decide irse. Una decisión muy japonesa, y que por desgracia es bastante habitual en el país.

Pero Yuki Ozawa, aunque no se corta en hacer un retrato poco halagüeño de Cipango, sin dulcificar ni un ápice sus conflictos, ofrece también la mirada optimista de Mariko. Porque Mariko no es una mujer cualquiera, y eso la mangaka nos lo deja bien claro casi desde el principio. A pesar del patente egoísmo de su familia, que le hace sentir como un fardo molesto, nuestra protagonista no tarda en experimentar una gran liberación al salir de su antiguo hogar. Y la conciencia plena de que su existencia se halla cerca de su desenlace, le hace abrazar la vida con inusitada energía, haciendo suyo el adagio carpe diem. No obstante, Mariko no puede evitar sentir tristeza y frustración al ser testigo de su propia decadencia física y mental, al ver desaparecer a conocidos y amigos, lo que tiñe de cierta melancolía el manga. Sin embargo, Sanju Mariko también es esperanza (y amor, camaradas otacos), pero sin caer en la ñoñería.

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Así que Sanju Mariko tiene de protagonista a una mujer de 80 años completamente autónoma, con la capacidad resolutiva que otorga la sabiduría adquirida con el tiempo, valiente, inteligente y capaz. Toda una novedad en la demografía, que brinda además una perspectiva inédita hasta ahora; aunque Mariko no es una superwoman, no os vayáis a pensar. Es muy humana, es hija de su tiempo y su sociedad. Pronto descubrirá que ser menor de edad y ser persona mayor tienen muchas en común, como cierto grado de dependencia en los demás, dificultades a la hora de encontrar un piso en alquiler (jojo) o experimentar con intensidad el deleite y asombro de descubrir un nuevo mundo cada día.

Quizá en Occidente no sea tan común, pero en Japón los mayores leen tebeos. No es que este manga vaya exclusivamente dirigido a ellos, pero que puedan verse reflejados en las páginas de una obra seguro que los habrá alegrado un poco. No conozco demasiados comics donde los protagonistas tengan ya cierta edad, salvo como secundarios y representando más caricaturas que personajes en sí mismos. Por eso ha sido una grata sorpresa toparme con una obra donde se los plasma con naturalidad. No obstante, sigo también otro manga, Metamorphose no Engawa de Kaori Tsurutani, cuyas estrellas son una septuagenaria y una adolescente (fujoshi perdidas ambas), igualmente recomendable pero de tono bastante más jovial.

Me parece muy beneficioso que aparezcan tebeos como este, que ayudan a trabajar la empatía y así combatir la cada vez más asumida gerentofobia de nuestras sociedades. El egoísmo del mundo moderno, su capitalismo voraz, no dejan lugar a cierto sector de la población que ya no puede producir al ritmo requerido y ser rentable; los niños son una inversión, pero los ancianos no tienen futuro. Y así olvidamos que siguen siendo personas y que, si todo marcha bien, tarde o temprano nos encontraremos en su lugar. No deberíamos perder esto jamás de vista.

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El ritmo del tebeo, de momento, se somete a las normas de un slice of life clásico, y no tiene pintas de que eso vaya a cambiar. Tampoco le hace falta, porque es lo que exige la narración. El dibujo es sencillo y aniñado, lo que ayuda a suavizar el trasfondo de la historia, que si se considera durante unos segundos, es bastante cruel. La sensación que transmite, en general, es de una dulzura ligera, para nada melosa; o al menos durante estos 5 capítulos Ozawa se las ha ingeniado para sortear el melodrama viscoso, todo un meritazo. Después ya veremos, pues ese peligro se encuentra (muy) presente, agazapado.

Sanju Mariko se muestra como un tebeo original dentro de ciertos convencionalismos, con unas premisas que solo se están comenzado a esbozar, pero que auguran grandes momentos, sobre todo para los amantes del costumbrismo que saben disfrutar de las pequeñas (grandes) aventuras cotidianas. Desde SOnC lo vamos a seguir de cerca, y os recomendamos que le echéis un ojillo, porque tiene una pinta estupenda. Que no os hagan dudar los prejuicios. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

ZhongGuo

El Hijo del Cielo: Te Wei

La salud manda. Mi madre ya es toda una dama octogenaria, y si una gripe es una afección que siempre es conveniente vigilar, en personas de cierta edad todavía más. Esto ha reducido bastante mi tiempo libre durante unas semanillas, por lo que no he podido prestar la atención que merecen tanto el blog como el programa de radio. Pero ya estoy por aquí. De nuevo. Hasta que mi madre se recupere del todo (el médico ya nos ha dicho que la cosa será lenta), tendré que ir espaciando las entradas; no obstante, continuaré publicando. No hay hiatus a la vista, solo rebajaré el ritmo una miqueta. ¡Adelante, siempre adelante!


Hace bastante tiempo que venía rumiando la idea de escribir un articulillo dedicado a uno de los más brillantes artistas asiáticos del s. XX: Te Wei. Lo he nombrado por el blog en varias ocasiones, sobre todo en la entrada que dediqué al también imprescindible Tadahito Mochinaga, pues fueron grandes amigos. Verdaderos pioneros durante una época convulsa, asentaron las bases de la animación moderna en Asia Oriental. Sin ellos nada habría sido igual. Y no, no me olvido de Tezuka; sin embargo, a Manga no Kamisama lo conoce todo otaco que se precie. No sucede de esa manera con Te Wei o Mochinaga, ¡y hay que ponerle remedio!

Así que hoy en SOnC tenemos una entrada de esas dedicada a la historia de los dibujos animados, que no suelen tener muy buena acogida, pero que a mí me encanta escribir. Una de las cosas que más me divierten es rebuscar, escarbar en el pasado, porque se descubren nuevos mundos, estrellas titilantes cuyo esplendor además se percibe en el presente, y se proyecta también hacia el futuro. Ni Tadahito Mochinaga ni Te Wei, con toda su trascendencia, son demasiado conocidos entre la otaquería que, de manera completamente legítima (faltaría más), se ciñe solo a consumir los productos que le motivan. Y prau. Sin embargo, hay otacos de mente inquieta que disfrutan profundizando un poco más en sus aficiones. Y para ellos está escrito este post.

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El Grupo de Animación (más adelante se convertiría en la Shanghai Animation Film Studio) en los Estudios de Changchun (1950). En primera fila y en el centro, Te Wei y Tadahito Mochinaga. La niña junto Wei es la hija de Mochinaga, Noriko.

Me habría gustado encontrar información más exhaustiva concerniente a Te Wei para poder escribirle una entrada digna; por no hablar de que mi nivel de mandarín todavía es rudimentario, y lo que he rastreado por fuentes chinas me ha costado sudores de sangre comprenderlo un mínimo. Sin embargo, creo que como mera introducción a su figura y trabajo, la entrada de hoy va a realizar su función con solvencia. Lo demás ya quedará en vuestras manos, pero permitidme deciros que acceder al universo de Te Wei es hacerlo a una dimensión de belleza tal que es difícil que os deje indiferentes. Es todo un privilegio poder admirar las escasas obras que de él han logrado aterrizar en Occidente.

tewei24Te Wei (1915-2010) no se llamaba en realidad así, sino Sheng Song. Un primo mayor que él, cuyas ideas progresistas admiraba, tenía ese nombre, y le pidió permiso para utilizarlo a la hora de firmar sus obras. Y así ha pasado a la historia. Te Wei es el padre de la animación moderna china. Nació y murió en Shanghai, pero a lo largo de su vida se movió bastante. De familia humilde, solo logró acabar dos años de la escuela secundaria, pero siempre supo que lo que le gustaba era dibujar. Muy pronto comenzó a hacerlo de manera profesional para compañías de publicidad, y  realizó multitud de tiras cómicas para varias publicaciones, con una clara inspiración occidental. Hacia 1937, cuando Japón invadió China, formó parte de un equipo de dibujantes que viajaba por  ciudades y pueblos animando a la resistencia, y elevando el espíritu patriótico. Todo mediante sus propios medios, bastante precarios por otro lado, y pasando bastante hambre. Conforme la Guerra del Pacífico avanzaba, se mudó a Hong Kong y allí publicó dos colecciones de comics satíricos, que le dieron bastante fama. Te Wei se hizo todo un nombre como dibujante y pintor, y nadie por entonces se imaginaba que el campo donde iba a brillar más sería el de la animación.

Los años 40 fueron el punto de inflexión de su carrera profesional. Estrechamente vigilado (como muchos otros artistas) por la Kuomintang, comenzó a esmerarse en lo que sería luego una de sus señas de identidad: la pintura tradicional china, con tinta y agua. Así realizó una serie de estampas donde reflejaba los problemas de la gente pobre. Y en 1949, Chen Bo’er, directora de los Estudios Changchun y especialista en stop-motion con marionetas, encontrándose deseosa de ampliar sus miras, pensó que Te Wei sería un fichaje perfecto. Y allí conoció a Tadahito Mochinaga, que lo instruiría en la nueva disciplina. En esa época la palabra “dibujos animados” no se utilizaba (China había cerrado sus puertas a Estados Unidos), en su lugar “películas de arte” era el término más habitual.

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Efectivamente, en esta foto de principios de los 80 aparece Osamu Tezuka. Y al fondo, Te Wei y Tadahito Mochinaga.

En 1950, buscando mejores oportunidades, Te Wei y todo el equipo de animación de los Estudios Changchun se dirigieron a Shanghai, donde acababan de nacer los míticos, los legendarios, los fabulosos Shanghai Animation Film Studios. Allí Te Wei asumiría un papel fundamental como jefe del departamento artístico durante toda la era dorada de los estudios (1957-1966). Conseguiría aunar bajo el mismo techo la experiencia y pericia de los pioneros hermanos Wan, responsables con su La princesa del abanico de hierro (1941) de realizar el primer largometraje animado de Asia Oriental, con artistas reconocidos como Yan Zheguang (marionetas), Lei Yu (acuarelista), Bao Lei (escritor) y la frescura de jóvenes talentos recién salidos de la universidad. Un supergrupo interdisciplinar dedicado en cuerpo y alma a la animación.

El objetivo principal de Te Wei era (siempre fue) estudiar y explorar la identidad nacional para conseguir de esta manera alumbrar una animación de carácter indiscutiblemente chino. ¿Lo consiguió? Por supuesto, pero fue una victoria que a causa de la Revolución Cultural quedó luego truncada. Todos los esfuerzos, todos los logros alcanzados fueron mutilados con la Gran Revolución Cultural Proletaria de Mao Zedong. Fue la hecatombe no solo para la animación, sino para las artes del país en general. La permisividad del Movimiento de las Cien Flores había quedado atrás, esos años en los que el Partido Comunista había estimulado la creatividad de los estudios fue como si nunca hubiesen existido. Una época de represión y conservadurismo llamaba a las puertas.

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Te Wei charlando con Jiajun Qian sobre su trabajo conjunto en el cortometraje “Mu Di” (1963)

Los trabajos de Te Wei y su equipo fueron duramente criticados por no plasmar los ideales del maoísmo y la lucha de clases; y como se negaron a rectificar, fueron enviados a campos de reeducación y trabajo en el interior del país. Algunos no sobrevivieron. Clausuraron los estudios. Mantuvieron a Te Wei durante un año entero aislado en una habitación minúscula, donde era torturado, se le privaba de sueño durante días, y era interrogado con profusión. Después, lo enviaron a criar cerdos a una granja  junto a su colega animador A Da. Hasta 1973 no se le permitió el regreso a los estudios, y no fue hasta 1976, cuando finalizó la Revolución, que no recuperó su posición anterior.

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“Rata y candil” de Qi Baishi

Pero regresando a tiempos más felices, Te Wei durante los años sesenta alentó a sus compañeros a experimentar con tradiciones artísticas de siglos de antigüedad para incorporarlas a un medio de expresión moderno, y construir así una animación inherente a China. Te Wei hizo lo propio, y cosechó gran impacto a nivel internacional mucho después. Esta búsqueda de la identidad nacional llevó a los estudios también a conseguir importantes hitos a nivel técnico, que colocaron a la vanguardia mundial al país; y nuestro protagonista de hoy alcanzó algo que parecía imposible: otorgar movimiento al estilo huaniao hua del influyente pintor Qi Baishi (1864-1957). Sus obras de tinta y agua, con esa sensibilidad y principios estéticos tan característicos de Catai, fueron volcados por primera vez en Xiao ke dou zhao mama (1960) o Los pequeños renacuajos buscan a su mamá, que ganó diferentes premios en los festivales de Annecy, Cannes y Locarno. Y aquí lo podéis disfrutar.

Tras la Revolución Cultural, la actividad en los Shanghai Animation Film Studios fue entusiasta, quizás como una manera de recuperar el tiempo perdido y liberar todas las frustraciones acumuladas. El mismo Te Wei explicó que los 80 fueron unos años de gran intensidad durante los cuales los estudios llegaron hasta los 500 profesionales en nómina, pero trabajando con una minuciosidad que contrastaba con la de sus vecinos japoneses y taiwaneses. Sin embargo, los tiempos empezaron a cambiar, y los nuevos aires de apertura que aportaba Den Xiaoping no favorecían demasiado el ideario de Te Wei de excelencia y exploración de la personalidad china. Nuevas empresas norteamericanas y japonesas imponían un nuevo ritmo de trabajo y patrones de calidad, donde la rentabilidad era (es) prioritaria. Los nuevos talentos eligieron los mejores sueldos que ofrecían las compañías extranjeras, y la animación china quedó, en cierta forma, estacanda. Eso lo vio venir con total lucidez Te Wei, y no le hizo nada feliz. Esa es uno de las razones por las que la animación china actual se encuentra, a pesar de su glorioso pasado, bastante más atrás que la japonesa. Aunque tiene pintas de que eso está variando un poquillo (¡bien!).

Regresando a Te Wei, si por algo será recordado es por su exquisita elegancia y perfección a la hora de verter la filosofía artística china en los dibujos animados. Por ello, nada mejor para homenajearlo que dar un repaso pequeño a las que considero sus 3 obras más importantes. Al menos de las que he visto, porque no he podido catar todo su trabajo. Lamentablemente.

El general orgulloso (1956)

Jiao Ao de Jiang Jun

En 1955, Shanghai Animation Film Studios recibió un premio en el Festival de Animación de Venecia  por el trabajo Why crows are black. Pero este galardón fue, en cierto modo, un regalo envenenado, ya que el jurado lo consideró una obra excelente… soviética. ¿Sirvió esto de acicate para que Te Wei tomara la decisión de enfocarse en crear una animación netamente china? Es posible, porque un año después alumbró este Jiao Ao de Jiang Jun. Y aunque las influencias de Ivan Ivanov-Vano o Disney son incuestionables, estamos frente a un cortometraje que se inspira en el folclore chino y bebe de su lenguaje visual. De hecho, El general orgulloso toma la Ópera de Beijing como referencia absoluta. Ahí tenemos como personaje principal al tradicional jing acompañado del chou, que asume el rol cómico. La música y los movimientos de los personajes son especialmente escrupulosos; y no es de extrañar, ya que Te Wei invitó a los estudios a varios profesores especialistas para aprender de ellos.

La historia tiene lugar en un momento indeterminado del medievo, en el que Te Wei refleja ese sistema feudal que tanto le gustaba criticar al Partido Comunista, pues representaba la China obsoleta que había que superar. Se trata de un cuento dirigido al público infantil, donde la soberbia y autocomplacencia de un general lo conducen al desastre. Y es que para el gobierno chino de entonces las “películas de arte” (dibujos animados) eran una mera herramienta pedagógica para niños, no se concebían de otra manera. De ahí que Jiao Ao de Jiang Jun se encuentre a rebosar de situaciones chistosas y posea un aire ingenuo muy claro.

El general orgulloso es un cortometraje de precioso colorido y refinados detalles, que empiezan a esbozar ese genio chino que Te Wei deseaba cristalizar en las obras de los estudios. La animación es fluida y los diseños, aunque de vena occidental, son realmente esmerados. Un obrita mucho más que interesante.

La Flauta y el pastor  (1963)

Mu Di

Con Xiao ke dou zhao mama (1960) o Los pequeños renacuajos buscan a su mamá cambió todo. Ese deseo (¿o fue un reto?) que expresó el vicepremier Chen Yi en voz alta, de poder ver algún día los dibujos de su admirado Qi Baishi en movimiento, fue satisfecho con largura por Te Wei. Y eso solo fue el principio. Tras el éxito de los renacuajillos, los estudios decidieron dar un paso más, y llevar las atrevidas innovaciones de Li Keran a la pantalla. Con búfalos de agua incluidos. Y el resultado fue este Mu Di o La Flauta y el pastor, una maravilla de la animación ¡y la música!, donde todo se encuentra entretejido de manera armoniosa y sutil.

La historia es muy sencilla, y remite a la misma noción de separación-reconciliación de Xiao ke dou zhao mama. Un niño que cuida de un búfalo de agua sale a pasear con él, y decide echarse una siestecita. En ella sueña que el animal desaparece por la espesura, y tiene que llamarlo tocando una melodía con su flauta. Por supuesto, tampoco pasan desapercibidas esas reminiscencias taoístas en las que se atisba la mariposa de Zhuangzi.

Desgraciadamente, a pesar de sus delicadas metáforas y fascinante belleza, Mu Di fue vilipendiada por el el gobierno chino, que consideró el cortometraje inane y perjudicial para la mente de un buen ciudadano. Esta obra, junto a otras de Shanghai Animation Film Studios, fueron prohibidas y no se volvieron a exhibir hasta los años 80. Esos hermosos bosques de bambú y sauces llorones permanecieron ocultos durante más de diez años por culpa de la intolerancia e ignorancia. Penoso, aunque hoy ya no nos faltan oportunidades para disfrutar de La Flauta y el pastor… así que, ¡aprovechad bien la ocasión!

Emoción de montaña y agua (1988)

Shan Shui Qing

Esta fue la última obra de Te Wei, su testamento artístico; y lo realizó a conciencia, porque ya había decidido que no haría más animación. Es mi obra favorita de lo que he visto de su trabajo, y a Isis también le gusta, especialmente la música, por la que siente una predilección muy curiosa. Sigue la misma estela de serenidad shan shui que aparece en Mu Di, aunque depurada y perfeccionada. No sé qué es lo que me fascina más de este cortometraje, si el sonido del viento, la música del guqin o sus silencios. O las tres cosas. ¿O en realidad es su maestría con los vacíos, la abstracción pura de sus paisajes los que me dejan como hipnotizada? Emoción de montaña y agua es un cuento de aprendizaje, humildad y asombro, narrado con una cadencia melancólica que evoca, de nuevo, los ideales del taoísmo y su noción tradicional de la inmortalidad.

El argumento trata sobre un músico empobrecido y enfermo que, a cambio de clases de guqin, es cuidado por una alegre adolescente con ciertas aptitudes musicales. Te Wei resumió en Shan Shui Qing todas sus inquietudes y logros en el mundo de la animación, y la convirtió en su opus magnum. Sin duda, un trabajo extraordinario que, cómo no, ganó multitud de premios por todo el globo.

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Y esto ha sido todo por hoy.  Me gustaría poder decir que no voy a tardar mucho en publicar la siguiente entrada, pero no os lo puedo asegurar. Lo que sí os confirmo es que habrá, porque está ya medio bosquejada en mi cabeza; y si la mantengo mucho tiempo dentro del cráneo, lo hará explotar. Y no quiero convertirme en una criatura acéfala tan pronto. Así que tardará, pero no demasiado. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Miscelánea de lacónicos: ¡últimos descubrimientos!

Una de las cosas que más me gusta hacer en internet, cuando tengo un poco de tiempo libre, es vagabundear por las webs dedicadas a la animación en general. Así, sin más. Curiosear, dejarme llevar y dar volteretas de enlace a enlace. Allez hop! Hacía ya bastante que no me podía permitir paseos cibernéticos, sin embargo estos días he aprovechado bastante bien mis horas de descongestión para ponerme al día con lo que se ha estado, y está, cociendo en el prodigioso submundo de los cortometrajes japoneses.

Y aquí os presento una selección de los 8 cortos que más han llamado mi atención en este mini chapuzón navideño. He descubierto obras bastante curiosas, algunas de hace unos años ya, pero realmente interesantes e, incluso, divertidísimas. Espero que disfrutéis de este pequeño regalo de Reyes que SOnC os deja en vuestras pantallas, para que paséis este último día de las navidades de manera diferente.

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8 – Tenohira no Niwa (2016) de Haruka Umemura

No hay que perder de vista a esta moza, Haruka Umemura, cuyo trabajo de primer año de la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio (Geidai) ha sido este delicioso Tenohira no Niwa o First Hand Memories. En él nos ofrece una perspectiva única, la visión ingenua y sencilla del mundo a través de un tubo de papel higiénico. La protagonista, una niña; de secundarios, un gato y un pez.

El guion está basado en una historia clásica del repertorio del rakugo: Ômu o The Parrot, popularizada por el rakugoka Kintarô. Como apenas dura 5 minutos, no debería extenderme mucho más, aunque sí puedo comentaros que es una preciosidad rebosante de las luces y texturas del verano. Pero de ese verano apacible de la infancia. Mención especial merece el apartado de sonido, tanto Chihiro Nagashima como el compositor Abe Sôshi han logrado expresar la ternura juguetona de la historia con gran sutileza.

7 – Slowly Rising (2016) de Hideki Inaba

Hideki Inaba es un videoartista freelance que está subiendo como la espuma. A no ser que, de repente, tenga algún tipo de traspiés, claro, ya que el mundo audiovisual es bastante… resbaladizo (dejémoslo ahí). Ha trabajado para los Red Hot Chili Peppers en la grabación de la película de su Getaway World Tour del 2016, y sus obras se están colando en diversos festivales independientes internacionales, incluso ganando premios. No está nada mal.

Este Slowly Rising es el vídeo musical que realizó para el músico holandés Stan Forebee, residente en Australia, aunque el tema en cuestión lo compuso bajo del nombre de BEATSOFREEN. El conjunto de música y animación no puede ser más sugestivo, un viaje psicotrópico sereno pero exuberante, que evoca la fertilidad devoradora de Perelín, La Selva Nocturna de Michael Ende. Un trabajo para quedarse hipnotizado frente a la pantalla, muy intrigante también.

6 – The tea time (2011) de Manabu Himeda

Todavía no tengo muy claro qué pensar de este artista, porque algunas de las obras que presenta en su web me parecen mitad tomadura de pelo, mitad genialidad. Todavía me tiene cavilando. No obstante, los trabajos que me gustan de Manabu Himeda me entusiasman, como es el caso de Na Ni Nu Ne No No (2014) o este mismo The tea time.

Se trata de un cortometraje con ese dominante aire infantil del estilo de Himeda, alegre, colorido, ingenioso. Y lleno de la poesía candorosa y loca de la niñez. Porque resulta que es como una canción para niños, con danzas de elasticidad prodigiosa y alusiones irónicas a los tópicos más conocidos de Japón. La cancioncilla de Masatake Himada y Matsunaga Yasushi es pegajosa y muy divertida, ni Gloria Fuertes la podría haber escrito mejor (es broma).  Y el arte resulta espectacular, a los occidentales nos puede recordar algo a las obras que el maravilloso animador Jeff Hale hizo para Sesame Street; pero para los que conocemos un poquito más la animación de la islas, Keiichi Tanaami y Yôji Kuri son referencias absolutas.

5 – Toshima, ciudad cultural del este de Asia (2018) de Haruko Kuno

Me ha encantado este vídeo promocional de la ciudad de Toshima. Es una cosita fascinante de apenas 1 minuto y 10 segundos, pero Haruko Kuno ha sabido transmitir con entusiasmo todo lo que ese barrio de Tokio puede ofrecer al visitante. La conexión con el espectador no puede estar más trillada, una niña; sin embargo, la directora ha exprimido los clichés de forma ultra-eficiente para acercar al público esta vecindad que tanto significa para la otaquería.

Ha sido un detalle muy bonito presentar en el corto a Osamu Tezuka (y ponerle la correspondiente boina a la chicuela), imagino que todos sabréis que en Toshima se encontraba la legendaria residencia Tokiwa, donde compartieron espacio Shôtarô Ishinomori, Hideko Mizuno, Fujiko Fujio o el propio Manga no Kamisama. Por cierto, que parece que la están reconstruyendo con total fidelidad, para hacer un museo con apertura en marzo del 2020. Gran noticia.

Regresando a la animación que nos incumbe, hay que destacar el uso de la rotoscopia. Para ello, el rodaje tuvo lugar en diversos emplazamientos de Toshima, que fue dirigido por Atsuhiro Yamashita. En resumen, se trata de un corto refrescante y de  excelente ritmo perfecto para sus propósitos turísticos. Bien majo, oigan.

4 – Harmonia (2017) de Tarafu Otani

Otro vídeo musical, esta vez del músico Yuichi Nagao y su canción Harmonia, incrustada en el pop, dance y techno, con claras influencias de la música de video-juegos. No me transmite gran cosa per se, sin embargo, cuando se alía con la animación de Tarafu Otani, todo comienza a florecer. Es una simbiosis alucinante donde la abstracción y el arte figurativo fluyen como el mercurio, licuando realidad y fantasía. Tengo debilidad por las acuarelas, lo admito, y en este corto adquieren gran protagonismo, aportando un dinamismo radiante. Harmonia es una continua metamorfosis, puro movimiento al servicio de la expresividad.

3 – Reneepoptosis (2018) de Renee Zhan

Este número 3 es un poco tramposo, pues no se trata de un corto en sí, sino del descubrimiento de una animadora: la estadounidense de origen japonés Renee Zhan. Si tenéis un poquito de tiempo, echadle un ojo a su canal de vimeo, porque no tiene desperdicio. Es graduada por la Universidad de Harvard, y en la actualidad prosigue con sus estudios de Cine y Televisión.

Este Reneepoptosis ha sido seleccionado para competir en la edición del 2019 del festival de Sundance, que tendrá lugar a finales de este mes de enero. Solo está disponible el trailer, que me ha puesto los dientes muy largos, aunque espero que más pronto que tarde podamos disfrutar de él completo. Su argumento es bastante curioso: tres Renees salen en busca de Dios, peregrinando a través de las montañas y valles de Renee, donde descubren todos los gozos, miserias y misterios que es ser Renee. ¡Yo quiero ver eso!

2 – Moving Colors (2014) de Taku Team

Como el nombre indica, Taku Team, Moving Colors es un cortometraje colectivo, realizado por varios artistas, que homenajean al gran animador Taku Furukawa, pionero del anime independiente y actual presidente de la Asociación Japonesa de Animación. Es pura abstracción, y el único tema que comparten es el color. Y el movimiento, claro. Cada miembro del Taku Team ha elegido su color favorito, realizando luego un pequeño ensayo visual de temática libre. Moving Pictures es una cadena de eslabones muy distintos entre sí, pero perfectamente enlazados.

¿Y quiénes son ellos? Pues Yû Tamura para el color verde, Yoshiyuki Kaneko para el negro, Takuma Hashitani para el naranja, Wataru Nakajima para el marrón, Hakhyun Kim para el púrpura, Moe Koyano para el turquesa, Yewon Kim para el verde menta, Shiho Morita para el rojo, Yasuaki Honda para el carmesí y Hiroco Ichinose para el color oro. En una obra de este pelaje, como bien imaginaréis, la música cumple un papel valioso, y se encuentra en manos de Tomohiro Higashikinjô, Toyomi Kobayashi y Ryusaku Ikezawa. En resumen, Moving Colors es un estupendo trabajo en equipo.

1 – The Yellow Ball (2015) de Xinxin Liu

Xinxin Liu es otro de mis grandes descubrimientos, una moza de origen chino asentada en Tokio de grandísimo talento. Y enamorada del arte occidental. Se encuentra estudiando en la Geidai, y sus obras están logrando cierto impacto a nivel internacional. Se lo merece, me tiene contentísima esta mujer. The Yellow Ball ha sido ya presentado en el Festival Internacional de Animación de Ottawa y el prestigioso Festival de Animación de Hiroshima, con excelentes críticas. Os aseguro que no es para menos, para comprobarlo solo tenéis que darle al play. Fácil.

The Yellow Ball es un cuento más allá del espacio y del tiempo, ambos recorridos por una pelota amarilla a la que todo el mundo manda a paseo. ¡A cascarla! Se trata de un cortometraje hilarante, que derrama su profundo amor hacia Matisse y Picasso con un brillante sentido del humor. Me he reído muchísimo con él. Es absurdo, chispeante e imprevisible, y he sentido una profunda empatía hacia la pelotita, ¡es un agente del caos encubierto! ¡Un respeto, coñe! La música de Shota Kowashi, por cierto, genial.

¿Qué os han parecido estas diminutas piezas de animación? ¿Os ha gustado alguna más que otra? Podéis escribir vuestras impresiones en los comentarios, aunque pueda parecer lo contrario, no muerdo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

anime, Galería de los Corazones Rotos

La balada del viento y los árboles: OVA

¡Feliz año nuevo, próspero día de resaca! ¿Todo bien? Servidora va a continuar todavía un poco con su amiga la sidra. Es broma (no, no lo es, ¡viva la sidra! ❤ ). Vamos a dar la bienvenida a este 2019 con una sección que tenía olvidadísima, cubierta de líquenes, musgo, polvo, telarañas y montones de cajas viejas: Galería de los Corazones Rotos. Hace dos años que la inauguré, y aquí la tenemos de nuevo. Os refresco la memoria, camaradas otacos: se trata de un pequeño espacio en SOnC dedicado a todas esas obras de manganime que, por un motivo u otro, han llegado hasta nosotros inconclusas. O rematadas de manera chapucera. Es una sección un pelín amarga, un rincón para los lamentos, las quejas y cientos de lagrimones. Ay. Pero hoy seré buena. No voy a permitir empezar el nuevo año con mal sabor de boca. Así que, aunque se trata de una obra que nos dejó con la miel en los labios, su mal tiene remedio. Y del bueno.

Kaze to Ki no Uta (1976-1984) o La balada del viento y los árboles es uno de los mangas primigenios del yaoi. Aunque no es el primero, creo recordar que ese honor lo ostenta otra obra, un one-shot de la misma autora, Keiko Takemiya: Sunroom ni Te (1970). En España hemos tenido la inmensa fortuna de que Milky Way Ediciones se haya lanzado a publicarlo. Nunca antes se había editado fuera de Japón, a pesar de tratarse de un clasicazo que se llevó el premio Shôgakukan al mejor shôjo en 1979. Es todo un privilegio poder acceder a este trabajo en castellano, y además de forma tan esmerada como lo hace esta editorial asturiana.

Por eso este Corazón Roto de la Galería no lo es tanto. La reseña de hoy está dedicada a Kaze To Ki No Uta Sanctus: Sei Ni Naru Ka Na (1987), la OVA que adaptó el manga. Pero, como bien imaginaréis, un anime de apenas una hora no le puede hacer justicia a un señor tebeo de 139 capítulos y 17 tankôbon. Tenía pensado escribir un Manga vs. Anime como ya hice, por cierto, con otro trabajo de Keiko Takemiya, Terra e… (reseña aquí), una joya de la ciencia-ficción nipona; sin embargo, esta OVA, aunque no abarca todo lo que debiera, en sí misma es una pequeña maravilla que no sería justo comparar con el manga. Tiene su propia esencia, sus propias virtudes. Se trata de un anime que puede disfrutarse tanto si se ha leído el cómic como si no; y al dejar, inevitablemente, el kokoro triturado (y con ganas de mucho más), ahí cabalga Milky Way al rescate, para aliviar nuestra desazón. ¿No es estupendo?

Sin título

Kaze to Ki no Uta fue una obra bastante incomprendida a pesar de haber logrado un reconocimiento casi unánime. A Takemiya le costó una década conseguir que la publicaran como ella deseaba, sin censurar; y al final fue Shôcomi la revista que se atrevió a dar el paso. Este fue el comienzo del fin, camaradas otacos, el Apocalipsis del BL llegó a nuestras vidas: las fujoshi empezaron a brotar como champiñones e iniciaron, con sigilo, su plan de dominación del universo manga. Ya nadie puede escapar a su influjo, que es omnímodo, omnipresente y omnipotente. La balada del viento y los árboles y Thomas no Shinzô (1974) de Môto Hagio cimentaron el actual yaoi, aunque en su momento no existía tal denominación. El Grupo del 24 estaba cambiándolo todo no solo en la demografía shôjo, a la que insufló frescura y originalidad, sino que gestó nuevos géneros, como el yuri y el BL.

En Japón, la homosexualidad masculina se reservaba al ámbito estrictamente privado, se consideraba impensable hacer de ella algo público, y mucho menos una seña identitaria; pero estas mangaka no se iban a dejar amedrentar por algo semejante. Ellas buscaban superar la configuración del manga comercial de su época, y para ello debían dejar atrás convencionalismos y prejuicios. No dudaron en ilustrarse acudiendo a publicaciones como Barazoku, leyendo obras como Le ville dont le prince est un enfant (1951), o viendo películas como Les amitiés particulières (1964), que les abrieron las puertas a toda una galaxia oculta. No dudaron en inspirarse en el material que les ofrecía ese nuevo mundo para crear algo completamente transgresor. Sus hallazgos se convirtieron en auténticas revelaciones, que inocularon en sus tebeos para niñas y chicas jóvenes. Y eso es algo que no debemos perder de vista: las relaciones amorosas que se plasman en el BL van dirigidas a un público femenino heterosexual, no plasman la homosexualidad de manera realista, sino que expresan una heteronormatividad idealizada bajo las máscaras de un seme y un uke.

Por supuesto, el BL ha ido evolucionando a lo largo de las décadas, y el shônen-ai primigenio de los 70, con su rocambolesca tragedia y melodrama exaltado, ha ido perdiendo florecillas, estrellitas y ambientaciones decimonónicas. Kaze to Ki no Uta no deja de ser un shôjo muy old school, por lo que no se le pueden exigir según qué cosas. No obstante, La balada del viento y los árboles rompe con algunos esterotipos que luego se asentarían en el género; y no deja de resultar curioso teniendo en cuenta que esta obra fue su principal germen.

Kaze To Ki No Uta Sanctus: Sei Ni Naru Ka Na tuvo de director al veterano Yoshikazu Yasuhiko, mangaka también; y la dirección artística corrió a cargo de Yamako Ishikawa, una señora que hizo lo propio en obras como Tenkû no Shiro Laputa (1986), Arete Hime (2001) o Tekkon Kinkreet (2006). Así que pocas bromas, estamos ante un equipo que, a nivel técnico y artístico, era de primera división. No escatimaron medios. ¿Está lo demás en consonancia? Veamos.

La balada del viento y los árboles cuenta la historia de amor entre dos adolescentes que son como el yin y el yang, los eternos opuestos complementarios, ¡incluso físicamente! Serge Battour, hijo del vizconde de Battour y una bella gitana, huérfano y prodigioso pianista; y Gilbert Cocteau, nacido en el seno de una familia adinerada pero rechazado por sus padres. Su tío es quien se hizo cargo de su cuidado, maltratándolo y abusando de él desde muy pequeño. Battour y Cocteau se conocerán en 1880, en el prestigioso internado Lacombrade, a las afueras de la ciudad provenzal de Arles.

Nadie en el colegio quiere compartir la habitación con Gilbert por su tendencia a seducir a sus compañeros y las continuas visitas de sus amantes. Todos sienten atracción y repulsión hacia él, no lo consideran uno de los suyos. Vende sus favores sexuales con facilidad, y disfruta provocando a los demás. Carl Meiser, estudiante responsable de su edificio, cree que el recién llegado, Serge Battour, puede ejercer una influencia positiva en Gilbert, pues parece un muchacho honesto y afable. Y así es, Serge es un chico de buen carácter y gran sentido de la justicia, que sufre también lo suyo a causa del racismo, pero dispuesto a luchar por salir adelante. Como era de esperar, choca frontalmente con el carácter del atormentado Gilbert, una criatura andrógina y bello como un ángel, pero caprichoso y cruel.

Serge es un alma cándida, y horrorizado descubre cómo su compañero de dormitorio subasta sus encantos, mediante grandes alardes de rebeldía y frivolidad. Battour no está dispuesto a tolerar semejante conducta autodestructiva, y decide ayudarlo con firmeza. Al principio, Gilbert lo desdeña pero, poco a poco, comienza a apreciar su integridad y modestia, que para él resultan toda una novedad. Sin embargo, el horror que ha sufrido Cocteau desde niño lo ha dañado de manera permanente, y Serge desconoce todavía muchas cosas. ¿Será capaz de brindarle el apoyo que precisa? La atracción entre los dos va aumentando, pese a que Battour resiste sus impulsos, reprime lo que cree que es un sentimiento antinatural.

Es importante destacar en Kaze To Ki No Uta Sanctus: Sei Ni Naru Ka Na la fuerte presencia del cristianismo, que siempre ha condenado con energía la homosexualidad. Lacombre es un colegio religioso, que aunque predica compasión y piedad universales, se torna completamente hostil e implacable hacia aquellos que viven fuera de sus márgenes. Por más que se encuentren necesitados, niega misericordia y ayuda. Es la desolación absoluta, el vacío y la ausencia total de amor en la vida de Gilbert, que lo persigue allá donde va. Ese desamparo también lo siente de otra forma Serge, y forma entre ellos un lazo, una reverberación que los une para consolarse mutuamente. Reluctantes, pero al final cayendo uno en los brazos del otro.

Porque La balada del viento y los árboles trabaja temas muy, muy sórdidos. Y tenebrosos, que van desde la prostitución infantil, la pedofilia, el sadomasoquismo, el maltrato físico y psicológico, violaciones, etc. Y, al contrario de lo que sucede en el yaoi moderno, que inyecta romanticismo a las agresiones sexuales y relaciones tóxicas, Kaze To Ki No Uta Sanctus: Sei Ni Naru Ka Na es terrible y directa. Sin ambages. La homofobia se retrata con crudeza, y la dinámica seme/uke es prácticamente inexistente, porque Takemiya nos está contando otro tipo de historia. Como buen shôjo, tiene romance, rebosa de sentimentalismo y abundante melodrama; pero la intrincada psicología de los personajes no nos permite idealizar según que acciones y actitudes. Resulta imposible edulcorar continuos abusos cuando estos luego son los responsables de la destrucción de una persona. Y hasta ahí puedo contar.

Kaze To Ki No Uta Sanctus: Sei Ni Naru Ka Na es un cuento inacabado de dolor, amistad y melancolía. Es un flashback, una colección de recuerdos de juventud y del primer amor; un preludio que deja tantos cabos sueltos que solo el manga puede atarlos. Y, como las memorias, posee una atmósfera onírica que muta en pesadilla con asombrosa fluidez. Su cadencia es solemne, grandilocuente, con una yuxtaposición de sucesos y sentimientos brillante. La preciosa ambientación gótica, la consabida falacia patética, la fascinante presencia de Chopin en su música, los magníficos fondos pintados a mano, el contraste de colores y las bellas alegorías visuales hacen de esta OVA una pequeña gema que brilla a pesar de tratarse de un mero hors d’oeuvre. Todo ello para adornar con pasión (y sincronización escrupulosa) las emociones que manan de los pechos sangrantes de dos efebos de vidas trágicas.

En cierta forma, La balada del viento y los árboles me da un poquitín de rabia. ¿Solo una hora? ¿Tanto talento y derroche visual para una simple introducción? Personajes interesantes como Pascal Biquet, Aryon Rosmarine o el infausto Auguste Beau quedan relegados a meros bocetos; los temas del racismo y las motivaciones de Gilbert apenas se rozan (todo el sentimiento de culpabilidad de la víctima, la búsqueda desesperada de amor, etc), por no hablar de la influencia maquiavélica de Beau en todo el internado. Pero, aun así, Kaze To Ki No Uta Sanctus: Sei Ni Naru Ka Na sigue siendo un anime que vale su peso en oro. En él, dos personajes, al inicio antagonistas, van gravitando uno en torno al otro, hipnotizados, hasta colisionar. Bum.

El Grupo del 24 no se andaba con paños calientes, y Keiko Takemiya no fue una excepción. La balada del viento y los árboles es dura. A pesar de los excesos lacrimógenos, sus contenidos son para un público adulto. El lenguaje visual y recursos principales son los propios del shôjo; sin embargo, su contenido no va dirigido a niños. Si esto es cierto en la OVA, mucho más en el manga. ¿Disfrutáis echándoos unos lloros de vez cuando? ¿Queréis empezar con inmejorable pie uno de los culebrones más emblemáticos del BL? Entonces Kaze To Ki No Uta Sanctus: Sei Ni Naru Ka Na es vuestro anime.

Más tarde, en vuestro lugar, yo le hincaría el diente al tebeo, aprovechando que Milky Way lo ha traído por estos parajes. Miel sobre hojuelas, camaradas otacos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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The Blogger Recognition Award

 

Que soy el despiste personificado es un hecho irrebatible, y que no tengo vergüenza un poquito también. No obstante, una cosa acaba llevando a la otra y los que seáis del “Club de la Distracción Espontánea”, seguro que lo habéis comprobado, azorados, más de una vez (y las que te rondaré, morena). Por eso, en primer lugar, ofrezco mis más ruborosas disculpas tanto a Coremi, de Saltos en el Viento, como a Noctua Nival, de El blog de Noctua Nival, por responder con tanta demora a su nominación a The Blogger Recognition Award. En segundo lugar, agradecerles muchísimo el que hayan tenido en cuenta a SOnC para este galardón. Gracias, de verdad.

Ambos son dos blogs bastante completos, que tratan desde literatura, cine, series de televisión, anime, etc. Lo que sus autoras consideren oportuno, y siempre ofreciendo una perspectiva única y honesta; por eso son dos espacios con una personalidad muy marcada y especial. Altamente recomendables, cada uno en su estilo.

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¿Y en qué consiste The Blogger Recognition Award? Pues, como casi todos los tags que buscan la difusión y expansión del universo blogueril, posee un pequeño reglamento interno a seguir:

  1. Escribir un post para dar a conocer la nominación.

  2.  Manifestar nuestro agradecimiento al blog que nos nomina y enlazar nuestro post a su web.

  3. Escribir sobre cómo comenzó nuestro blog.

  4. Dar consejos a los nuevos bloggers.

  5. Nominar a 15 blogs de los que seamos seguidores y a los que queremos otorgar este reconocimiento. No se puede incluir al blog que nos haya nominado.

  6. Comentar en cada blog nominado que los has nombrado y proporcionar el enlace al post que has creado.

Los que me sigáis desde hace un tiempecito, ya sabréis que no soy la persona más sociable del mundo, aunque trato de esforzarme. A ratos (lo admito, venga). Confluyen en mi mente dos características terroríficas: la introversión y la timidez,  que ocasionan numerosos problemas en mi vida, por no hablar de la incomprensión que generan en la mayoría de la gente. Sin embargo, cuando una llega a cierta edad, no le queda otro remedio más que aceptarse; y si los demás no lo hacen, continuar de igual forma el camino. Porque no se trata de una tragedia, simplemente tiene que haber de todo en el mundo.

shynessTodo este rollo macabeo viene a cuento porque, a pesar de llevar muchos años en la esfera blogger (con SOnC cuatro años, pero bastantes más en otras bitácoras), no he logrado hacer muchas amistades ni ampliar demasiado mis círculos blogueriles. He visto, no obstante, mucha gente pasar y desaparecer, pero también emerger  otros nuevos escritores con la efervescencia de la novedad en las venas. Y al final, vamos quedando los que realmente disfrutamos con la lectura, quienes tenemos en la escritura nuestro medio vital de expresión. Y os aseguro que, para una persona tímida e introvertida, este hallazgo no es algo baladí; se convierte en una herramienta esencial no solo para comunicar o compartir, sino para ser uno mismo también. Internet se diversifica cada vez más, y los individuos van encontrando el medio que mejor se adapta a su personalidad, ambiciones y manera de revelarse. Incluso pueden elegir unos cuantos, pero siempre tendrán su favorito.

En mi caso particular, la radio (que muta en podcast para internet) y SOnC son, actualmente, mis pilares básicos de expresión pública. Aunque también amo mucho mi tumblr, e instagram se ha manifestado como la única red social que no me abruma demasiado… por ahora. SOnC nació como fórmula de desahogo, sin más. Estaba agobiando a un amigo por facebook con mis habituales pajas mentales sobre anime y manga, y el buen hombre me preguntó: “¿Por qué no te abres un blog sobre esto y escribes lo que me cuentas?”. Y le hice caso. Así pasé de darle la turra a él, a hacerlo a escala planetaria. Todavía me sorprende que esta aventura japonófila prosiga viento en popa, pero aquí estamos. Veremos lo que dura, porque soy un rato imprevisible. De momento, disfruto muchísimo, siento una gran satisfacción personal volcando todos mis pensamientos en este blog, a pesar de que seáis realmente pocos los que os dejéis caer por aquí. Eso hace ya un tiempo que pasó a ser algo secundario. SOnC se ha convertido en mi criatura, y le tengo hasta un poco de cariño.

bookCada persona es un mundo, por lo que todo consejo que pueda brindar a la hora de manejar un blog va a ser un poco del género idiota. Sin embargo, sí puedo comentaros un par de cosillas. Para empezar, no os agobiéis demasiado con el tema de si no os leen, no os comentan o no conseguís el impacto que esperábais. Escribid como si fuera para vosotros, no penséis en lo que los demás esperan ni en lo que quieren leer, sed libres. Pero, lo más importante, es que tengáis claras vuestras prioridades y que lo paséis bien haciéndolo. No convirtáis la bitácora en una obligación, en una tarea más. En el momento que sintáis que se ha convertido en un lastre, es mejor replantearse las cosas, ser honesto. Mantener un blog requiere responsabilidad, exige un mínimo de esmero, reflexión y tiempo; y para los ánimos que buscan un tipo de gratificación más inmediato, quizá no resulte suficiente. Por lo que paciencia, una bitácora demanda paciencia, una virtud cada vez menos de moda. Las bitácoras escritas funcionan a un ritmo distinto de otros formatos; en el universo de internet, son la galaxia donde todavía puede encontrarse cierto dominio de la razón sobre la emoción. Toda una rareza, y esto es higiene básica en unos tiempos como los que vivimos de bochornosa polarización y acuciantes orgasmos cibernéticos.

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Que no falten la alegría y los gatos en SOnC, ¡miau!

Sinceramente, no sé si conozco en la actualidad tantos blogs que no hayan sido nominados ya, o que incluso continúen activos. Y esto se debe a mi proverbial tendencia asocial. Aun así, voy a intentar llevar a cabo todos los puntos de The Blogger Recognition Award y seleccionar no 15, pero sí un buen grupillo de bitácoras que considero interesantes:

A los premiados: no es obligatorio realizar este tag, así que tranquilidad. Y esto ha sido todo. Creo. Espero que estéis pasando buenos días con vuestras familias, perros, gatos, canarios, erizos, peces, conejos y tortugas. Feliz año nuevo también. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga

¡Vuelta al 2018 en 10 mangas!

Estamos en tiempo de listados, todo el mundo nos apresuramos a revisar lo que ha dado de sí el año, y confeccionar nuestros tops de obras destacables. No soy muy fan de este tipo de entradas, pero este 2018 ha sido, al menos para mí, espectacular a nivel manga. Se han publicado tebeos maravillosos que dudaba muchísimo poder encontrar en España. Así que, con sumo gusto y placer, os presento los cómics japoneses editados por estos lares que me han parecido más interesantes. Recordad, amiguitos, esta es una mera opinión personal en un blog minúsculo, no el Canon Pali. Y tal.

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“Mujer leyendo” (1840) de Utagawa Kuniyoshi

 

10. La isla de las pesadillas

Hideshi Hino | Horror, folclore, slice of life| Tomo único | Ediciones La Cúpula | ★★★1/2

Que Hideshi Hino sea uno de los maestros indiscutibles del terror, junto a Kazuo Umezu y Suehiro Maruo, es un hecho incontestable que ningún otaco con dos dedos de frente osaría rebatir. Es así, punto. Y en España no es un total desconocido, Ediciones La Cúpula lleva unos cuantos años ya publicando material suyo a buen ritmo, lo que siempre produce gran felicidad entre todos esos  infelices seres que amamos el género. Este 2018 nos ofrecieron un recopilatorio de 7 pequeñas historias de podredumbre y melancolía monstruosa, pero inspiradas en el rico folclore japonés: La isla de las pesadillas. Aquí tenemos a Hino-sensei en estado puro: su característico arte de trazo candoroso, moldeando deformidades al servicio de cuentecillos ingenuos donde lo grotesco y lo aberrante aúllan a la luz de un sol irreal. Una preciosidad de trabajo.

9. Holiday Junction

Keigo Shinzô | Drama, slice of life| Tomo único | ECC Cómics | ★★★1/2

Fue una de mis compras estrella este pasado Sant Chorche, le hinqué con muchísimas ganas el colmillo a este tomito que ECC tuvo el detalle de publicar en español. Todo lo que suponga acercar al público hispanohablante al mangaka Keigo Shinzô me parece fenomenal. Le dediqué hace ya un tiempecito una entrada a su estupendo tebeo Bokura no Funka Matsuri (2012), y llevo siguiéndole un tiempo la pista también a través de la editorial francesa Le Lézard Noir (la amo profundamente), que está editando su Tokyo Alien Bros (2015) y Moriyama-chû Kyôshûjo (2009) . Muy recomendables, por cierto.

Holiday Junction es una buena manera de presentar a este autor, de familiarizarse con su delicadeza mágica. Se trata de un volumen que recopila pequeños relatos de muy distinto pelaje, pero en los que el común denominador es el slice of life. Si os gustan Taiyô Matsumoto, Ken Niimura o Inio Asano, este mozo os entusiasmará. Tiene una manera serena, a ratos melancólica, de narrar sus historias, que atrapan por su elegante simplicidad. Su arte resulta fresco, espontáneo; y se adapta como un guante a la atmósfera tenue de los one-shots. Mi cuento favorito es el último, Un año en la vida de Bun-chan, un gato doméstico, y no solo porque su protagonista sea un lindo minino.

Espero de todo corazón que haya tenido una buena acogida entre los lectores, estaría genial poder contar con más obras de Keigo Shinzô en el futuro. Es un mangaka bastante prometedor, ¡sangre nueva!

8. Una mujer de la era Shôwa

Kazuo Kamimura/Ikki Kawijara | Drama, slice of life, histórico| Tomo único | ECC Cómics | ★★★★☆

Kamimura se está revelando para mí, de manera personal, como un gran retratista de la mujer japonesa. No es que ya no lo supiera de leídas, pero otra cosa muy distinta ha sido comprobarlo directamente a través de sus mangas. No lo llamaban shôwa no eshi, que se podría traducir como “el pintor de ukiyo-e de la era Shôwa”, por casualidad. Historia de una Geisha (reseña aquí)  me gustó bastante, El club del divorcio (1974) me enamoró por completo; y Una mujer de la era Shôwa (1977), aunque ya no fue una obra en solitario sino creada junto a Ikki Kawijara (Ashita no Joe, Tiger Mask), me ha parecido de lo más destacado de este 2018.

Shôwa Ichidai Onna o Una mujer de la era Shôwa cuenta la historia de Shôko Takano, hija ilegítima de un político prominente de la oposición y una célebre geisha tokiota. A la muerte de su madre, Shôko se ve totalmente abandonada a su suerte en un país en ruinas, de ciudades todavía humeantes tras la derrota en la II Guerra Mundial. Una nación en reconstrucción, lamiéndose las heridas, y con un largo y cruel camino por delante. Y así resulta ser la senda de Shôko, feroz y brutal, que modelará su carácter para hacerla una persona fuerte, implacable, glacial. Un relato que parece una cosa, y acaba convirtiéndose en algo insólito, huyendo del esperado melodrama lacrimógeno para centrarse en la mera supervivencia. Un manga abrupto y despiadado, no para todo el mundo.

7. Atelier of Witch Hat

Kamome Shirahama | Fantasía, slice of life, seinen| En publicación | Milky Way Ediciones | ★★★★☆

Tongari Bôshi no Atelier o The Atelier of Witch Hat es mi manga favorito actual de fantasía junto a La pequeña forastera de Nagabe. Los estoy siguiendo entusiasmada, cada uno en su estilo son como agua fresca de manantial. Siúil, a Rún fue publicado a finales del 2017, por eso no lo he incluido en este top, aunque no me han faltado ganas. Es un manga sensacional. Y The Atelier of Witch Hat, pese a su tono más tradicional, también lo es. Tenéis la reseña inicial que le escribí aquí, y sigo manteniendo con fervor todo lo que en esa entrada afirmé.

Kamome Shirahama me tiene contentísima con su extraordinario arte, que le debe tanto al art nouveau, al estilo del shôjo clásico de los 70-80 y el cómic europeo (Moebius, Pratt, Battaglia). Es minucioso, ornamentado, muy alegre también. No me canso de observarlo una y otra vez. La mangaka está construyendo una arquitectura sólida y fascinante para su mundo de fantasía, y sin caer en la infantilización. Porque, camaradas otacos, The Atelier of Witch Hat es un rotundo seinen, donde además la magia se conjura mediante tinta y pluma. No se recita, no se realizan gestos especiales: se dibuja. ¡Maravilloso! Uno de los tebeos más atractivos que se han publicado este 2018, sin duda. ¡No os lo perdáis!

6. La balada del viento y los árboles

Keiko Takemiya | Drama, shôjo, shônen-ai| En publicación | Milky Way Ediciones | ★★★★☆

¿Cómo no podía estar entre mis mangas preferidos del año Kaze to Ki no Uta o La balada del viento y los árboles? ¡¡Keiko Takemiya!! ¡¡Y una de sus mejores obras además!! Por supuesto, lo he estado siguiendo vía scanlations todo lo que he podido (no está completo, y el asunto se encuentra paradísimo desde hace más de un año, para más inri), de ahí que cuando supe que Milky Way había decidido hacerse con su licencia y publicarlo en España, lloré muy fuerte. De felicidad, se entiende. Por cierto, que es la primera vez que se publica fuera de Japón. Y menuda edición se están cascando, ¡las portadas son preciosas! Bueno, todo en general lo están haciendo muy requetebién. De momento van 2 tomos (en la edición original japonesa son en total 17, pero Milky Way lo hará en 10), así que os podéis hacer una idea de que la historia está, simplemente, calentando motores. ¡Aún estáis a tiempo de subiros al carro!

La balada del viento y los árboles tiene todo lo que se puede esperar del buen shôjo que las mangaka del Grupo del 24 practicaban: ambientación idealizada europea, entorno escolar exclusivo, arcos argumentales rocambolescos deudores del folletín decimonónico, complejos retratos psicológicos y tragedias, muchas tragedias. Y crueldades. Y abusos, y violaciones y… mucha sordidez forrada con un precioso dibujo repleto de flores y estrellitas. Kaze to Ki no Uta tuvo problemas en su época por su contenido fuertecito, pero cuando por fin salió a la luz tuvo un impacto trascendental. Su influencia ha sido muy evidente, brota como setas en obras como Banana Fish o Shôjo Kakumei Utena, por poner un par de ejemplos. Un clásico entre clásicos que nadie debería perderse. De verdad de la buena.

5. Mi vida sexual y otros relatos eróticos

Shôtarô Ishinomori | Erótico, Sci-fi, biográfico| Tomo único | Ediciones Satori | ★★★★☆

Con este peazo de manga me vais a permitir que me explaye a gusto. Porque lo acabo de finalizar y estoy muy emocionada, así que allá voy. No es ningún secreto que Satori Ediciones es una de mis editoriales predilectas, y más de una vez he comentado que la labor que están realizando por acercar la cultura popular japonesa y su literatura al público hispanohablante es monumental. Así que, cuando me enteré de que tenían planeado sacar una colección dedicada al mundo del manga, me estremecí de la emoción. Y cuando supe que su primera incursión iba a ser de Shôtarô Ishinomori, la alegría fue plena.

Según comentaron en el XXIV Salón del Manga de Barcelona, la intención es ir publicando obras de autores selectos, clásicos y contemporáneos. Para este 2019 han anunciado el josei de Miyako Maki, en tres tomos, Seiza no Onna (1973); y parece que están tras la pista también de algunos trabajos de Leiji Matsumoto. Como comprenderéis, estoy que no quepo en mí del gozo, y con muchísimas ganas de paladear todas las delicias que nos tengan reservadas. Espero que les vaya fenomenal y los lectores respondan, porque lo ocurrido con Ponent Mon ha sido un golpe bajo.

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Sobre el Rey del Manga, Shôtarô Ishinomori, ya escribí un poco en esta entrada que dediqué a su estupendo Ryûjin Numa (1957-1964) o El estanque del dios Dragón, dentro de la sección Shôjo en primavera del blog. Así que no me voy a extender mucho más, pero para refrescaros un poco la memoria, Ishinomori-sensei es una figura clave en la historia del tebeo japonés. No le tenía miedo a ningún género ni demografía, los trabajó prácticamente todos; experimentó e innovó tanto en formas como contenidos y, por si no fuera poco, en 2007 recibió de manera póstuma el certificado de El libro Guinnes de los récords como el autor que ha publicado más números de comics: 770 títulos diferentes (500 tankôbon) en total. Un creador incansable, y al que hasta Tezuka le tenía unos pocos celillos, a pesar de que su relación era buena.

Y de toda la colosal obra de Ishinomori, Satori se ha lanzado a publicar como su primer manga Otona-na Ishinomori o Mi vida sexual y otros relatos eróticos, que ha contado con la fantástica traducción de Marc Bernabé. Es un profesional como la copa de un pino, que además se nota que ama el cómic japonés. Este tomo de casi 400 páginas es una recopilación de 15 one-shots dirigidos exclusivamente al público adulto y fuerte carga concupiscente. Hay escenas bastante explícitas aunque no alcancen la categoría de pornografía, pero el sexo es el hilo conductor que une todos estos relatos.

¡Sí, brindemos con Ishinomori! ¡Feliz Navidad! Bueno, ejem, prosigamos. Estamos hablando de relatos escritos y dibujados entre 1969 y 1975, Mi vida sexual y otros relatos eróticos es un tankôbon electrizante. Para disfrutarlo, en primer lugar hay que desterrar la gazmoñería; y en segundo, ser conscientes de la época y el país donde fueron creados. Después de estas aclaraciones, que me habría encantado no tener que hacer (aunque visto el percal no queda otra), creo que os podéis hacer una idea del tono general del tebeo, y si os puede interesar o no. Por mi parte, os adelanto que me ha encantado, y lo he gozado de principio a fin. Como sucede con la mayoría de recopilaciones, es una obra muy heterogénea, donde se encuentran desde alucinaciones psicodélicas, humor bizarro, violencia, perversiones, noir, retrato social descarnado, reflexiones filosóficas y retales de la propia vida de Ishinomori.  Un gran manga.

4. Mi experiencia lesbiana con la soledad

Kabi Nagata | Yuri, slice of life, biográfico| Tomo único | Fandogamia | ★★★★☆

En la entrada que dediqué hace más de un año al yuri, “El delicado cultivo de la iris japónica”, seleccioné este manga como uno de los más interesantes del género. Y no tenía ninguna esperanza en que lo llegaran a publicar en España. Pero, afortunadamente, he tenido que comerme mis palabras con patatas. Y muy feliz de tener que hacerlo. Fandogamia Editorial no solo lo editó aquí, sino que se lanzó a traer más obras de Kabi Nagata, como su Diario de intercambio (conmigo misma). Toma ya. ¡Muchas gracias!

Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report o Mi experiencia lesbiana con la soledad es un relato de reclusión, tristeza y enfermedad; pero también de superación y búsqueda, aunque conduzca a puertos insólitos. Como autobiografía que es, resulta curioso que no caiga en la autocompasión, sino que prefiera enfocarse en un cerebral autoanálisis. En realidad, el salvavidas de la protagonista. Este cómic es una puerta abierta no solo a su vida íntima como mujer soltera lesbiana, sino a sus procesos mentales, dolencias y pensamientos. Y todo contado con una delicada e imaginativa sencillez con la que es muy difícil no empatizar. Por no hablar del paisaje que se otea al fondo: una sociedad con un pudor extremo en las relaciones humanas, poco flexible hacia lo distinto, y que estimula cierto aislamiento enfermizo.

Mi experiencia lesbiana con la soledad narra una historia real y cruda, pero no exenta de sentido del humor. Es un manga que se siente próximo, susceptible de gustar a todo tipo de público adulto, aprecie el yuri o no. De hecho, si uno se deshace de los prejuicios, encontrará, simplemente, la historia de una mujer joven por hallar su lugar en el mundo. Una de las sorpresas editoriales de este 2018, sin duda.

3. Pink

Kyôko Okazaki | Josei, slice of life, drama| Tomo único | Ponent Mon | ★★★★1/2

No voy a añadir mucho más a lo que ya escribí en la reseña que dediqué a este maravilloso manga en Otakus Treintañeras. Se trata de un josei que hizo historia junto a otros trabajos de la propia Kyôko Okazaki y de Moyocco Anno. Lograron revolucionar la demografía, que se encontraba completamente estancada en un lodazal de cursiladas más propias de un shôjo hortera que de un ¿género? dirigido a personas adultas. Tomó el nombre del color que se asigna a las mujeres, que las encorseta en angustiosos roles de género, para pervertirlo y transformarlo en un alarido, una gran carcajada también, desgarrando así la concepción tradicional de la feminidad nipona. Pink es una crítica descarada y resplandeciente que señala la gran hipocresía social japonesa, a la vez que retrata la caótica vida de una Tokyo Girl en los happy eighties.

La idea principal que planea sobre todo el manga es la de la prostitución. Pero no solo la ejercida por las profesionales del sexo, sino la que todos, de una manera u otra, desempeñamos en diferentes ámbitos de nuestra vida. Toda ella rebozada en una crujiente comicidad de tono irreverente y surrealista, para nada libre de ciertad ferocidad amarga. Pink es una obra para reír y para reflexionar, directa y honesta; pero también cruel y dolorosa. Imprescindible.

2. Catarsis

Môto Hagio | Shôjo, fantasía, surrealismo | Tomo único | Tomodomo | ★★★★1/2

Este es el manga que llevaba esperando con más ansiedad del 2018. Primero, Tomodomo anunció que lo publicaría durante el primer semestre del año. Pasó el verano y servidora continuaba aguardando, impaciente. ¿Habría sucedido algo con la licencia? ¿Con los requisitos que pudiera exigir Môto Hagio en su edición española? ¿Se había incendiado la imprenta? ¿Tomodomo se iba a declarar en bancarrota? Muchas estupideces, y otros motivos también más razonables, me cruzaron por la mente. El año estaba acabando, y Hanshin o Catarsis no había visto todavía la luz. Por fin, en noviembre, pude tenerlo en mis manos. No sin que antes Correos extraviase mi paquete, por supuesto, y volviera a encontrarlo cuando ya estaba a punto de perpetrar una escabechina en la pertinente sucursal.

Catarsis es un tomo recopilatorio de 12 historias extrañas, inquietantes, que abarcan desde la década de los 70 (Sayo se cose un yukata, El invernadero, Marine), pasando por los 80 (Mitad, Camuflaje de ángel, El falso rey, Amigo K) y ahondando en los 90 (La niña iguana, Las pastillas de ir a la escuela, Al sol de la tarde, Catarsis, El niño que volvía a casa). Veinte años de carrera durante los cuales Hagio trabajó multitud de géneros y temáticas desde muy distintas perspectivas, otorgando al shôjo una nueva dimensión. Tengo preparada una reseña específica para Catarsis, por lo que no me alargaré más; pero sí puedo deciros que es un verdadero privilegio el poder acceder a la obra de Hagio en castellano, y mucho más con las extraordinarias ediciones que Tomodomo nos está brindando.

1. Miss Hokusai

Hinako Sugiura | Josei, slice of life, histórico| 2 tomos | Ponent Mon | ★★★★★

Todo lo que pueda decir sobre esta obra es poco, así que lo resumiré de esta forma: la amo mucho. Es ya uno de mis tesoros más preciados. Y como sucede con Catarsis, le tengo preparada reseña, por lo que no me extenderé demasiado. Miss Hokusai lo tiene todo: un arte elegante, limpio, pleno de lirismo; y unas historias que, como pequeñas estampas, van plasmando la efervescente y rica cultura urbana de los chônin y el ukiyo-e. Todo a través de los ojos de la hija del gran pintor Hokusai.

Hinako Sugiura fue una gran erudita del periodo Edo, al que decidió dedicarse en exclusiva, abandonando el mundillo del manga. Una pena, en cierta forma. Hace un año escribí una entrada sobre su cómic Hyaku Monogatari (1986-1993), que fue el último que realizó antes de retirarse. En ella explico alguna cosica sobre su vida y persona, por si os interesa.

Solo me resta agradecer a Ponent Mon su enorme esfuerzo por habernos traído esta preciosa obra, y que lamento muchísimo que no vayan a poder dedicarse al manga como lo han hecho hasta ahora. Lo que sí puedo afirmar es que me han hecho muy feliz este 2018, tanto con Pink como con Miss Hokusai o El bosque milenario. Y deseo que pronto salgan del bache y puedan regresar al tebeo japonés con fuerzas renovadas.


Y esta ha sido mi selección de mangas del 2018 que, como ya he comentado al inicio, ha sido, desde mi punto de vista, un año excelente. Podría haber elegido también otros títulos, como Chiisakobee (lo estoy siguiendo vía Le Lézard Noir, no obstante) o la edición integral de La Princesa Caballero que ha publicado Planeta Cómic (estoy contentísima con ella); pero el listado quería que fuese de 10 tebeos, no 80. Y eso. Que paséis una buena noche en compañía de vuestros familiares, y que el Olentzero os traiga muchas cosicas bonitas.

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anime, paja mental

5 y 5 del 2018… y un vistazo más allá

Ya ha pasado un año completo. O casi, faltan unos días todavía. Pero la idea de cómo ha sido este 2018 en términos de animación ya la tenemos todos más o menos clara, ¿verdad?. En SOnC al menos sí. Por lo que aquí tenéis las cinco series que más me han gustado y las cinco que más me han decepcionado. No incluyo largometrajes, eso para otro día. Como realizar este tipo de entradas me aburre muchísimo, al final he acabado reduciéndolas a una única anual: la presente. Por eso voy a añadirle una novedad, que consiste en hacer un pequeño adelanto de lo que se avecina este 2019. Siempre dentro de lo que he podido fisgar, porque desconozco los anime que todavía no han sido anunciados. Y alguno más que seguro se me ha escapado del radar.

Así que con este post mato dos pájaros de un tiro, y me olvido hasta dentro de doce meses de volver a escribir tostones. No obstante, en las Otakus Treintañeras iré dejando caer mis impresiones de las diversas temporadas junto a mis compis Pau y Magrat. Por lo que todo se encuentra perfectamente cubierto, camaradas otacos.

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“Dos mujeres caminan bajo la nieve” (circa. 1750) de Suzuki Harunobu

2018 ha sido uno de esos años “cuesta abajo”. Que empiezan bastante bien, se mantienen unos mesecillos y luego se precipitan a los abismos del Tártaro. No creo que haya sido en general peor que otros anteriores, pero para mí ha ido perdiendo lustre de forma manifiesta. Eso sí, lo que ha tenido de especial este 2018 es que los anime que han sobresalido lo han hecho por ser bastante singulares, distintos a lo acostumbrado. Ha sido una verdadera apuesta por la originalidad y la innovación, por intentar ofrecer algo diferente. Y se agradece el esfuerzo.

Lo bueno de ir cumpliendo años es que ya no desperdicias tanto tiempo con las cosas que no consiguen transmitirte nada (básicamente porque los momentos de esparcimiento son escasos), y la selección de material, por narices, tiene que ser más estricta. A causa de esto, es probable que echéis de menos series que os hayan entusiasmado, que mi criterio no coincida para nada con el vuestro. Es muy posible, de hecho. Sin embargo, y como siempre indico, esta es mi opinión. Y mi opinión no insulta a vuestra madre ni a vuestro perro ni a vuestro mejor amigo; solo es un juicio personal más entre los millones que burbujean por internet. Si no os agrada, podéis darle a la X del vértice superior derecho, y todos continuaremos nuestras vidas con alegría. De verdad de la buena.

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Os recuerdo que son mis favoritos, y no tienen por qué coincidir con los que considero mejores. Ese sería otro tipo de listado. Tampoco siguen un orden en particular, simplemente irán cayendo conforme los vaya recordando. Empecemos.

Devilman: Crybaby

Trailer | Drama, terror, sobrenatural | 10 episodios | Science SARU | ★★★★☆

Nada más comenzar el 2018, Masaaki Yuasa nos regaló, como dos bofetones bien estampados, uno de los  anime del año. Un arranque fuerte, realmente fuerte. Podéis leer la reseña que le dediqué aquí. Devilman: crybaby no es solo un remake de la obra de Gô Nagai, es su actualización a los tiempos que corren, pero con gran lealtad al manga.  Es la historia de cómo el mundo se va al carajo gracias al enorme esfuerzo conjunto de humanos y demonios. Porque todos contribuyen con su granito de arena al festival de sexo, violencia y destrucción.

No es un anime para pusilánimes, tanto por su salvaje historia como puesta en escena, que es espectacular: un derroche de fantasía y psicodelia feroz como no se ha visto en tiempo. Yuasa da un paso atrás para rendir pleitesía al clásico del tebeo, elige voluntariamente refrenar muchos de sus tics para centrarse en rejuvenecer y expandir la obra de Nagai. Es el trabajo menos Yuasa de los que ha realizado, aun así su característico buen hacer es perceptible. Sin duda, uno de los productos más destacados de este 2018. Guste o no.

Sora yori mo Tôi Basho

Trailer | Seinen, slice of life, aventuras | 13 episodios | Madhouse | ★★★★☆

Le eché el ojo a este anime de inmediato. Una de esas pocas ocasiones en las que mi olfato de perdiguero de Burgos atrofiado no ha fallado demasiado en las impresiones previas. Tenía dos cosas que me atraían: una expedición a la Antártida (¡viva la aventura!) y la dirección de la siempre estupenda Atsuko Ishizuka, que afortunadamente para todos, se está situando como una de las mentes creativas más importantes del panorama del anime actual. El hecho de que todas las protagonistas fueran chicas me hizo desconfiar un poco, no por ellas mismas, sino porque los japoneses aún conservan cierta tendencia a endilgar de serie cursiladas a los personajes femeninos. Como ya comenté por aquí, una historia sobre “adolescentes monas que se van de excursión al Polo Sur” podía convertirse en munición pesada dirigida directamente a mi circuito cerebral del sueño.

Pero Sora yori mo Tôi Basho nos demostró que pueden existir series con chicas de protagonistas que se comporten, sencillamente, como seres humanos. Sin espantosos melodramas juveniles con romance a dolor, sin venta de carne al por mayor para goce exclusivo masculino, o supermujeres con efluvios de testosterona. Nada de eso. Personas normales y corrientes. Un grupo de adolescentes que decide abrirse camino en el mundo con tesón y el indispensable apoyo que la amistad brinda. Una historia bien articulada, un elenco sólido y diverso, y una excelente dirección han hecho de Sora yori mo Tôi Basho una de las sorpresas más agradables de este 2018, cuya reseña podéis leer aquí.

Poputepipikku/Gaikotsu Shotenin Honda-san

Poputepipikku | Trailer| Comedia, parodia, Trash Pop | 12 capítulos | Kamikaze Dôga | ★★★★☆

Gaikotsu Shotenin Honda-san | Trailer| slice of life, comedia | 12 capítulos| DLE

|★★★1/2

Aquí he hecho un poquitín de trampa. Pero solo un poquitín, ¿eh? He unido dos anime de duración cortita en un mismo bloque. Tienen muchas cosas en común, como una producción discreta pero gran ingenio a la hora de aprovechar sus recursos; la comedia disparatada, su naturaleza episódica, y que van dirigidos a un público con cierto bagaje ya en cultura popular japonesa. Series para otacos ilustrados, otacos gafapasta (jojojo) o, simplemente, otacos un poco chiflados.

Pop Team Epic es una deliciosa locura posmoderna, de humor surrealista y satírico, en el que se ríen de todo y de todos. Hasta de ti. Se autoparodian continuamente y les gusta experimentar, espolvoreando como Campanilla purpurinas de irreverencia. Otro de los tesoros invernales de este 2018, disfruté mucho con sus chaladuras. Gaikotsu Shotenin Honda-san es mucho menos ambiciosa, pero es lo único que estoy viendo de los anime otoñales: la serie superviviente. Es divertida, irónica, veloz y un auténtico oasis de la risa para la otaquería más exigente. Y esas continuas referencias a clásicos del manga son impagables; pero no solo eso, la caricatura del mundo editorial, el microcosmos de la tienda y los eternos arquetipos de cliente resultan hilarantes. Un par de anime refrescantes y originales para todos aquellos que quieran desconectar de series más convencionales.

Hisone to Maso-tan

Trailer | Fantasía, slice of life, comedia, milicia | 12 episodios | Bones | ★★★★☆

El cerebro tras esta serie tan peculiar es la genialosa Mari Okada, y aunque no todo lo que su varita mágica ha tocado me gusta, con Hisone to Maso-tan me ha convencido por completo. Tenéis la reseña que escribí aquí, por lo que tampoco voy a alargarme demasiado ahora. Se trata de un slice of life neto, pero en un contexto militar con toques de comedia y una fuerte presencia de fantasía y folclore japonés. Una mezcolanza de lo más vistosa, sin duda. Y efectiva, porque es uno de los anime más curiosos del 2018. De hecho, es portentosa a la hora de plasmar la posición de la mujer en la sociedad japonesa. Os adelanto que no es muy buena.

Aparte de los interesantes apuntes sociológicos, Hisone to Maso-tan es entretenida y con unos maravillosos diseños de trazo cándido que le debemos a Yoshiyuki Itô. ¡Gracias! Porque uno de los fuertes de esta serie, precisamente, es el arte y la animación, que rinden pleitesía al mundillo del cómic, y se esmeran por brindarle una chispa analógica la mar de entrañable. Un amor de anime, aunque no sea perfecto (ni falta que hace).

Banana Fish

Trailer | Drama, shôjo, aventuras, acción | 24 episodios | MAPPA| ★★★★☆

Banana Fish es carne de Manga vs. Anime. Lo está pidiendo a gritos. Y caerá, claro que caerá. Por eso no me extenderé ahora mucho. Es una obra clásica del shôjo que rompió moldes. Continúa siendo sorprendente en la actualidad, incluso puede llegar a despistar. Porque aunque se trata de un anime que trabaja abiertamente la violencia (muuuucha violencia, otaquería), las mafias y bajos fondos, mantiene la típica idealización de la demografía, con sus argumentos rocambolescos, personajes trágicos y emociones desbocadas. Banana Fish es una flor rara que en manos de la directora Hiroko Utsumi ha florecido de manera espléndida. Si os está gustando, yo no me lo pensaría mucho y me lanzaría a por el manga de Akimi Yoshida. Es una maravilla, ¡su arte me tiene enamoradita!

Y finalizo los fave ones con una mención especial para Hataraku Saibô, que ha hecho con sus aventuras de espíritu pedagógico, herederas del clásico europeo Il était une fois… la Vie (1986), nuestro verano mucho más llevadero. Para los otacos que nos estábamos muriendo del  asco por la terrible sequía animesca estival, ha resultado una pequeña alegría. Luzbel la bendiga.

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Aquí van mis mayores decepciones de este 2018. Un par de series las terminé porque albergaba diminutos resquicios de esperanza (soy una romántica, ains; mentira, es terquedad), pero continuaron siendo grandes chascos. Esperaba muchísimo más de ellas, una lástima.

Violet Evergarden

Trailer | Fantasía, melodrama, slice of life | 13 episodios | Kyoto Animation| ★★1/2

Schmaltzy. Del yiddish shmalts ‘grasa de animal derretida’. Exageradamente emotivo. Sentimiento cursi, pasión grandiosa acompañada de un exceso de sensiblería.

Ese adjetivo es el que mejor define Violet Evergarden. Y esa fastuosidad emocional va acompañada de una no menos espectacular puesta en escena. Porque todo en este anime es grandilocuente. La idea de la que parte es muy buena, y KyoAni ha sabido estar a la altura con una animación preciosa y cuidada. Pero el abuso de sentimentalismo lo convirtió para mí en un plato empalagoso, totalmente incomestible. No me importa echar un par de lloros de vez en cuando, creo que hasta es sano. Sin embargo, Violet Evergarden  me saturó hasta la náusea. Una tiene sus límites. Y la historia, además, se estaba tornando de un predecible bastante fastidioso. Así que tuve que decirle adiós. Ya no tengo el cuerpo para cierto tipo de caramelitos pegajosos que, además, no me aportan nada.

Itô Junji: Collection

Trailer | Comedia, horror, sobrenatural | 12 episodios | Studio Deen| ★☆☆☆☆

Cada vez que intentan animar una obra de mi querido Junji Itô, acaban realizando una chapuza suprema. Se me saltan las lágrimas de la aflicción ¡¡¡AAAYYY!!! La he visto entera, claro, para hacer la experiencia masoquista más completa. Imagino que la pobre Shinobu Tagashira habrá hecho lo que ha podido, porque las historias que ha seleccionado son todas verdaderas joyitas. No obstante, si el presupuesto con el que se cuenta no resulta muy alto y la adaptación que se escribe pueril, no sirve de nada tener una buena materia prima. Itô Junji: Collection es un anime deshilvanado  y tristón, bastante mediocre. Solo recomendable como curiosidad para los fans del mangaka. Es una serie que no aconsejo ni para familiarizarse con los tebeos de Itô, solo puede estropear la futura lectura. Así que si no has leído nada de él, no roces ni con un palo esta lastimosa criatura.

Wotaku ni Koi wa Muzukashii

Trailer | Comedia, romance, slice of life | 11 episodios | A-1 Pictures| ★★☆☆☆

Si hay algo por lo que no paso es por el aburrimiento. Si un anime no me distrae un mínimo, su destino es la cruel actividad del escaparre, que consiste en quitar garrapatas al ganado, por si no lo había aclarado alguna vez. Y a Wotaku ni Koi wa Muzukashii lo mandé a escaparrar pasados cuatro o cinco capítulos. Es cierto que no hay muchas series cada temporada dedicadas al público adulto, pero es que cositas insustanciales como esta tampoco contribuyen a mejorar el panorama.

La comedia ligera, si es demasiado ligera y además aderezada con personajes que son un cliché del cliché del cliché, se convierte en una farsa insulsa. Y anodina. Por mucho que se esfuercen en colar algunas referencias o la clásica autoparodia, el conato de acercarse a la otaquería de cierta edad queda en eso: en un intento. Y lo que permanece en el fondo solo es el sempiterno tedio del romance. Podrían haberse esforzado un poquito más, tampoco lo tenían tan difícil.

Happy Sugar Life

Trailer | Drama, shônen, psicológico, horror | 12 episodios | Ezóla| ★☆☆☆☆

Happy Sugar Life comenzó siendo un enigma, una serie enfermísima con la capacidad de convertirse en uno de los anime más poderosos del año… o caer en los tentáculos de la más infecta ignominia. Y sucedió lo segundo, por supuesto. El género de terror es uno de los más complicados de manejar, sobre todo cuando se toma la decisión de tomar el sendero de la psiquiatría. Happy Sugar Life traspasó el límite de la comedia, donde el horror todavía puede mantener cierta dignidad, para acabar en el ridículo y lo grotesco. Porque ni su aparente comedia es efectiva ni sus extravagancias poseen lógica interna; simplemente es una escalada de desvaríos que pretenden pasar por inteligentes. Qué pena que una serie con un potencial tan enorme haya quedado en un alarde pretencioso. Qué pena. Esta ha sido, sin duda, mi mayor desilusión del 2018.

Tsurune: Kazemai Kôkô Kyûdôbu

Trailer | Spokon, shônen, slice of life | 13 episodios | Kyoto Animation| ★★1/2

Los lectores veteranos de SOnC ya sabréis que el spokon y servidora no solemos hacer buenas migas. Hay excepciones (Ping Pong, Chihayafuru, Sangatsu no Lion, Ashita no Joe, Haikyû! y alguna cosa más), pero no es lo mío. Me duermo. Literalmente. En Tsurune deposité ciertas esperanzas porque trabaja una de las artes marciales japonesas que más me gustan, el kyûdô; sin embargo, ha resultado ser más de lo mismo. El enésimo shônen deportivo con los pronosticables traumas, los habituales arquetipos y las consabidas dinámicas personales. Las chicas, como siempre, aparecen como el tradicional recurso decorativo. Y mucho rollo de la fuerza de la amistad, el valor de la disciplina y la perseverancia, y blablablá. Qué sueño, parfavar.

Tsurune podría haber sido otra cosa, pero KyoAni decidió no arriesgar y apegarse a los parámetros más clasicotes del spokon.  Contentará a la mayoría de los fans de los estudios y del género; pero a espectadores más exigentes probablemente sepa a poco. A mí directamente me manda a la cama. Todavía quedan unos cuantos capítulos y puede sorprender con una remontada; pero a servidora ya la han perdido. Tsurune=siesta.

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No voy a alargarme demasiado con lo que he oteado en el horizonte del 2019, pero alguna cosilla tengo que destacar. Porque es imposible no hacerlo. Voy a señalar solo las series que espero con muchas ganas; anime que me ha dado una impresión más comedida lo dejo para esa  dimensión paralela donde Sho-Shikibu es más paciente y organizada.

¿Por dónde empezar? Pues por las continuaciones. Segundas, terceras temporadas que aguardo con ilusión y que deseo que no se descalabren por el camino. El 7 de enero inauguramos el año con la segunda temporada de Mob Psycho 100. Un comienzo fuertecito, como a mí me gusta. Y estoy muy ansiosa por empezar con ella, es un trabajo que me convence mucho más que One-Punch Man (que también me gusta, ojo), quizá porque el tema sobrenatural me tira bastante.

En primavera, en concreto en abril, nos aguarda la largamente esperada tercera entrega de Chihayafuru. Uno de los escasos spokon que soporto, y no solo aguanto, sino que disfruto muchísimo. Con esta serie (bueno, en realidad con el manga) he aprendido un montón sobre cultura tradicional japonesa, por no hablar de que tengo unas ganas locas de reencontrarme con Chihaya y Taichi (¡muere, Arata! bueno, no, los megane me parecen tan monos…). Deseo con toda la intensidad de mi tenebroso kokoro que resulte una tercera temporada, como mínimo, a la altura de sus predecesoras.

Sin fecha confirmada tenemos las segundas temporadas de Pop team Epic y Made in Abyss, que prometen grandes momentos de irreverencia y ferocidad. A partes iguales. Espero ambas con expectación, sobre todo Made in Abyss, donde aguardo a Nanachi con impaciencia. La adoro.

En enero estrenan, aunque no se trate de una continuación sino una especie de remake, Boogiepop never laughs. Soy fan de la original Boogiepop Phantom, así que tengo el listón muy alto para esta nueva ¿recreación? Veremos qué sale de aquí. Dôkyonin wa Hiza, Tokidoki, Atama no Ue, que comienza el 9 de enero, la quiero ver porque sale  un gato. Amo los gatos. Y ya. Bueno, en realidad se trata de un slice of life con un dúo escritor solitario-gato de protagonista; y aunque no confío en que sea una  maravilla, al menos que me distraiga. Gatos, gatos, gatos.

Uno de los estrenos que más ansiosa estoy esperando es el del clásico de Osamu Tezuka Dororo, que tuvo ya una adaptación animada de 26 episodios a finales de los 60. Tengo unas expectativas MUY altas, lo que he visto me ha dejado con los dientes MUY largos, y que se encuentre a cargo del proyecto MAPPA es buena señal. O suele serlo. Kazuhiro Furuhashi se encuentra al timón, por lo que unas garantías mínimas hay aseguradas. También será en enero.

De los que no sabemos fecha son los siguientes: Kabukichô Sherlock, Vinland Saga, Dorohedoro y Nijûseiki Denki Mokuroku. Estos cuatro me interesan bastante. Kabukichô Sherlock va a tener detrás a la directora Ai Yoshimura, artífice de ese engendro perverso al que le dediqué un exhaustivo animierderDance with devils. No creo que se trate de una obra tan demente (todavía echo de menos a Peluchón ❤ ), pero hay comedia y misterio asegurados. De Vinland Saga y Dorehoro aún no se sabe gran cosa, pero no pienso perdérmelos. Al menos los primeros episodios, claro. Respecto a Nijûseiki Denki Mokuroku, se trata de un anime histórico centrado en el drama y el romance. Tiene lugar a finales de la era Meiji, una época fascinante; y es KyoAni el encargado del proyecto. Tiene buena pinta, veremos si no acaba siendo una babosería.

Seguro que me he dejado alguna serie más en el tintero, pero tampoco quería eternizarme. Solo es un vistazo, ya veremos qué nos acaba deparando el 2019. De momento, esto es lo que nos ha ofrecido el 2018 y estas han sido mis impresiones finales. Feliz navidad y feliz año nuevo por adelantado, que paséis unas excelentes fiestas. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

cine, Noirvember: los bajos fondos de Japón

Noirvember: Flor pálida (1964) de Masahiro Shinoda

Y vamos a cerrar el Noirvember: los bajos fondos de Japón de este 2018 con una película a la que tengo mucho cariño. No he podido evitar dejarme este caramelito para el final, pues se trata de uno de mis noir favoritos. Y si digo favorito me refiero en general, no solo al cine japonés. Flor pálida (1964) o Kawaita Hana de Masahiro Shinoda es una obra maestra de esas que quedan sepultadas bajo las monstruosidades imprescindibles de Kurosawa, Ozu o Mizoguchi. ¿Quién no ha visto, aunque sea solo una vez, Los siete samuráis (1954) de Kurosawa? ¿Qué alma perdida no conoce Tokyo Story (1953) de Yasujirô Ozu?  ¿Y la maestría de Mizoguchi en La vida de Oharu (1952)? Todo el mundo sabe, como mínimo de oídas, sobre estas películas, ya que son auténticas joyas del cine mundial. Y Flor pálida merecería estar también entre ellas, porque no tiene nada que envidiarles. Desgraciadamente, se halla todavía en ese coto hostil del connaisseur, apartado del ojo del gran público donde pertenece.

Pero en SOnC queremos remediar eso, y aunque nuestro radio de influencia es ridículamente exiguo, ¡eso no nos va a desanimar! Algún día, en algún momento del nuevo siglo, un peregrino de internet, perdida por completo la orientación en sus infinitas búsquedas, llegará hasta aquí. Y sabrá, si decide continuar leyendo, de esta extraordinaria película que cambiará su vida. Sin duda.

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De Masahiro Shinoda (Gifu, 1931) ya he hablado en otras ocasiones por aquí, y aunque en mi humilde opinión es un cineasta un poquitín irregular (aunque muy versátil, ojo), las obras que me han convencido de él, sin embargo, me han dejado siempre embelesada. Este señor tiene un refinado gusto por el detalle, una delicadeza plena de sobriedad y, a la vez, ensueño. Y en Flor pálida encontramos eso, a pesar de la ferocidad de las materias que toca. No quiero escribir una reseña excesivamente larga (a ver si lo consigo), porque se trata de un film con un guion muy sencillo, y que está creado para provocar sentimientos encontrados y estimular reflexiones personales. Así que intentaré seguir los consejos del ilustre filósofo Baltasar Gracián, que desde las profundidades del s. XVII nos avisaba de que  “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Ahí queda.

Flor pálida la podemos incluir tanto en del noir como dentro de la Nueva Ola japonesa o Nûberu Bagû. A diferencia de sus hermanas francesa y polaca, nació en el seno de una major, Shochiku. La llegada de la televisión a los hogares estaba alejando a los espectadores de las salas de cine, y las productoras empezaron a idear nuevas formas de atraer a la gente. Nikkatsu, por ejemplo, se enfocó en el público juvenil; y Shochiku, que estaba adquiriendo una peligrosa fama de hortera, decidió apoyar a una nueva generación de directores que abogaban por una renovación profunda del cine. Nagisa Ôshima, Yoshishige Yoshida y Masahiro Shinoda fueron sus adalides, aunque otros creadores como Hiroshi Teshigara, Shôhei Imamura o Yasuzo Masumura, entre otros, aportaron lo suyo. Tomó el relevo de las majors a finales de los 60 The Art Theatre Guild, que continuó apoyándolos.

La Nûberu Bagû, aunque tenía nexos en común con la Nouvelle Vague, no fue solo una buena imitación de la europea. Como era de esperar, adquirió una singular personalidad. La Nueva Ola japonesa buscaba emanciparse de las formas del cine de posguerra, experimentar, encontrar su propio lenguaje y trabajar temáticas hasta entonces impensables, acordes a la realidad social: la discriminación hacia los burakumin y los coreanos, la liberación de la mujer, la alienación de la juventud tras la ocupación norteamericana o la violencia descarnada (para nada heroica) de la yakuza. Fue un movimiento artístico además bastante heterogéneo, donde Flor Pálida brotó no sin ciertas dificultades iniciales, para finalizar siendo un éxito algo controvertido.

Kawaita Hana narra la historia de un yakuza recién salido de la cárcel, Muraki. Asesinó a un hombre de un clan rival. El mundo ha cambiado desde entonces, pero en otros aspectos permanece igual. Sus reflexiones, de tono nihilista y misántropo, abren el film como una tajante declaración de principios. Muraki es un fatalista que acepta con estoicidad gélida su papel. Aun así, siempre seguirá su propia senda, pero con una lealtad absoluta al oyabun, con un respeto devoto a su ceremonia y ritual. Ser yakuza es lo que le define, y lo asume sin titubear. Él es un hombre además austero, y se permite muy pocas indulgencias. La principal de ellas son las cartas hanafuda: le encanta apostar. Y en uno de los locales clandestinos donde yakuza y otras gentes de vida complicada se reúnen para jugar, conoce a Saeko.

Saeko es una niña bien tokiota que está enganchada al juego. Apuesta grandes sumas de dinero, que gana y pierde sin pestañear. Es distante, fría e inteligente, justo el polo opuesto de mujer al que Muraki está acostumbrado. Ambos se perciben de manera inmediata, y la atracción surge de forma natural. Los dos orbitan el uno en torno al otro, sin tocarse, pero más próximos entre ellos que cualquier otro ser humano. Muraki la presenta en nuevos locales de juego donde las apuestas son desorbitadas, pero para Saeko, que es una yonqui de las emociones fuertes, no parece ser suficiente. Sin embargo, la presencia de un nuevo miembro del clan, el hongkonés Yoh, llama su atención. Su fama es nefasta, se trata de un silencioso drogadicto de mirada letal. Muraki instintivamente detecta que es un peligro para los dos, pero a Saeko esa amenaza la excita más.

Hay tres cosas que resplandecen como un reactor nuclear en este film: las personalidades de Muraki y Saeko, el sonido y su elegante composición. El resto casi (y remarco el casi) palidece. Muraki y Saeko son todo actitud. Muraki, una contradicción andante: lobo solitario y fervoroso siervo, clásico antihéroe pero de mediana edad, cauteloso aunque apasionado, un existencialista que vive como un ermitaño y, a la vez, un jugador empedernido; compasivo pero que únicamente es capaz de alcanzar el éxtasis matando. Es un profesional impasible. Saeko, una enigmática femme fatale para la que todo es un juego, que arriesga, gana y pierde con impavidez. Una mujer que desea sentir pero no sabe cómo, y que busca sin cesar ir más allá. Más dinero, más velocidad, más riesgo. Algo que desate un chorro de adrenalina que atrape la euforia, traspasar la muerte.

Ambos aman el silencio, ambos son profundamente inmorales. Y los dos compartirán un extraño amor fou que se expresará a través de los espacios, distancias y vacíos. La suya no es una historia de redención, sino de hundimiento y decadencia. Voluntarios, además. Un cuento de autodestrucción que halla su inspiración en Las flores del Mal (1857) de Charles Baudelaire.

Es curioso que un vértice del triángulo del film apenas haga acto de presencia más que un par de minutos en total. Yoh, el inquietante y pálido toxicómano que nunca juega, solo observa, brillante como el filo de una navaja. Él será el catalizador, una atracción fatal para Saeko en su búsqueda inconsciente de la muerte. La personificación del tan anhelado caos. El resto de personajes secundarios son esbozados con rapidez y trazo grueso, pero son fácilmente identificables: el cachorro violento y fiel, la amante despechada, el colega hedonista y cool, etc. No hay blancos, no hay negros; solo un horizonte infinito de grises.

Pale Flower nos sumerge en los bajos fondos de la ciudad portuaria de Yokohama. Con sus callejuelas estrechas, comercios destartalados y fauna de escasa confianza. Es un paisaje urbano predominamente nocturno, a ratos asaltado por negros chubascos, donde las casas de juegos ilegales se llenan de espesos humos y miradas febriles. Todos se conocen, los extraños deben ser apadrinados, no se aceptan deslealtades. Si algo similar ocurre, la reacción es mortífera. Los oyabun, sin embargo, antiguos enemigos ahora aliados, permanecen casi siempre alejados de la sordidez. Con serenidad cavilan y deciden, entre la cotidianidad de un bol de ramen, una carrera de caballos o la alegría del nacimiento de un hijo. Cuidan de los suyos y no se apresuran en la vengaza. Que llega, siempre llega.

Flor Pálida es magistral en su tratamiento del sonido. Fue el compositor de la banda sonora, el gran Toru Takemitsu, quien sugirió a Shinoda que grabara todos los sonidos posibles, porque los ensamblaría. Y ahí están presentes, como esas llamadas del croupier que resuenan como mantras o el hipnótico repiqueteo de las maderas y las cartas. Estos sonidos moldean una banda sonora de acordes discordantes, completamente dedicada a la exploración de las emociones de los personajes, y casi rozando una gloriosa cacofonía.  La sincronía con los planos y secuencias de Shinoda es insólita. El clímax sexual se alcanza a través de un asesinato, que es plasmado con una valiente iconografía religiosa y la prodigiosa voz de Janet Baker en su “Lamento de Dido”, de la ópera de Henry Purcell Dido y Eneas (1689). Esa sola secuencia, filmada en slow motion, merece el visionado de toda la película.

No hace falta ser un experto para percatarse de la influencia de Godard, Antonioni o del cine negro clásico estadounidense en Flor Pálida. Todas las grandes obras beben siempre de otras; sin embargo, Shinoda incorpora, como no podía ser de otra forma, su propio genio creativo. No hay que perder de vista que trabajó durante años como asistente de Yasujirô Ozu, y heredó su natural elegancia pero dotándola, en este caso particular, de una belleza tenebrosa. Poesía, filosofía y una suerte de realismo brutal, bajo los fuertes contrastes de luces y sombras de los bajos fondos.

Y al final me he enrollado como una persiana. Qué le vamos a hacer. Una se pone a escribir y… pues eso. Espero haber suscitado al menos un poco de curiosidad por Flor Pálida, una película que hiela los huesos. El broche de oro para el Noirvember de este año. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cine, Noirvember: los bajos fondos de Japón

Noirvember: Female Prisoner 701: Scorpion (1972) de Shunya Itô

Estamos ya finalizando noviembre y, como era de esperar, me he dormido un poco en los laureles con el blog. He estado algo ocupadilla, pero aun así no hay excusa porque podría haber organizado mejor mi tiempo. Mea culpa. No obstante, espero subsanar este pequeño vacío con la reseña de una película que se aleja un pelín del concepto general que tenemos tanto del cine noir occidental como japonés. Se podría considerar una especie de ramificación en el género, una evolución; aunque eso supondría simplificar bastante el asunto.

Pero me estoy adelantando, lo primero es lo primero. El film que hoy vamos a destripar en SOnC es Female Prisoner 701: Scorpion (1976) o Joshû Nana-maru-ichi Gô: Sasori, la primera obra de una saga de cuatro películas. Y, aparte de pertenecer al noir, se podría englobar dentro de lo que se llamó Pinku Eiga y WiP films (Women in prison films); ambos incrustados en el celebérrimo, al menos durante los 70’s, cine de explotación o explotation.  Que en Japón, como era de esperar, tuvo sus propias características.

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La prisionera 701: Escorpión

Debo aclarar que no voy a hacer una reseña desde la perspectiva de género, me parece baldío, sobre todo si se sabe un mínimo sobre películas explotation y WiP. Los años 70 fueron, en general dentro del cine, de una misoginia deslumbrante; y si ya nos adentramos en los subgéneros que he acabado de mentar, el asunto se pone realmente doloroso. Son películas que, ante todo, van dirigidas a un público joven masculino ávido de acción, violencia y sexo, por lo que no se pueden encontrar demasiadas sutilezas. La mujer tratada como objeto, simple y llanamente. Sin embargo, soy de la opinión de que no se deben mirar las obras del pasado con las gafas del presente. Resulta injusto. La mentalidad y sensibilidad de los años 70 no es la que poseemos actualmente; y aunque es necesario tener muy claro que este tipo de films serían imposibles de realizar en la actualidad por su machismo rampante, continúan siendo películas de gran interés en otros aspectos, incluso de suma calidad. Una cosa no quita a la otra. De todas formas, he llegado a leer por ahí que Female Prisoner 701: Scorpion es una película feminista (jojojo) y nada más lejos de la realidad. El que opine así vio la película beodo perdido y/o no tiene ni repajolera idea de lo que es el feminismo.

El cine de explotación de los 70, donde encuadramos Joshû Nana-maru-ichi Gô: Sasori, se caracterizaba sobre todo por su rapidez de producción, bajo presupuesto y alta rentabilidad. Eran películas que buscaban llevar a la gente de nuevo a las salas de cine, que en Japón a finales de los 60 se estaban quedando vacías. Y para ello, el reclamo fueron films de temáticas impactantes, contenido efectista y con el potencial de atraer al público juvenil. Y lo lograron.

Female Prisoner 701: Scorpion pertenece, además, al género erótico o pinku eiga, del que Toei creó su propia versión: el pinky violence. Como indica su nombre, se trataba de un subgénero donde violencia y una fuerte sexualización del cuerpo femenino se daban la mano. No obstante, en estas películas las protagonistas no eran simples muñecas en manos de hombres perversos, sino que aparecían como auténticas rebeldes que cuestionaban las estructuras de poder masculinas que las estaban sojuzgando. Espíritus independientes y luchadores en el típico infierno de los WiP films, donde se las sometía a cientos de maltratos, torturas, violaciones, humillaciones varias, etc. Fueron obras, por otro lado, que permitieron mostrar a los japoneses una sexualidad femenina hasta entonces desconocida: fuerte, categórica, resolutiva.

La saga de Female Prisoner Scorpion brilla con luz propia en el explotation nipón, y su estrella indiscutible fue la reina del género Meiko Kaji, que creó un personaje ya mítico: Matsu, la escorpión. Estas películas fueron un punto de inflexión en la carrera de la actriz, y junto a la bilogía de Lady Snowblood (1973-1974), lo más reconocido de su trabajo en Occidente.

En 1971, con su trayectoria comenzando a despegar, Kaji decidió migrar de Nikkatsu, donde había protagonizado obras trepidantes como La maldición de la mujer ciega (1970) o la saga de Stray Cat Rock (1971-1970), a Toei. ¿Por qué razón? Nikkatsu estaba cambiando su política cinematográfica, enfocándose en el Pinku eiga, y Kaji prefería seguir haciendo películas de acción. Su debut en la productora Toei fue impecable, con la serie Gincho: Wandering Ginza Butterfly (1971) y Wandering Ginza Butterfly 2: She-Cat Gambler (1972). Pero fue Female Prisoner 701: Scorpion el film que le hizo destacar y alcanzar la fama. El éxito fue tal que lo que en principio iba a ser solo una película (la que hoy nos atañe) se convirtió en una tetralogía. Las tres primeras fueron el estreno como director del gran Shunya Itô, por cierto. Estos cuatro trabajos resultan, sin duda, la cima creativa del explotation japonés de los 70.

Female Prisoner Scorpion está basada en el manga Sasori (1970-1975) de Tôru Shinohara. Fue serializado por Big Comic y recopilado en 11 tankôbon, siendo un tebeo de gran popularidad en su tiempo. Este prestigio en el mundo del cómic fue el que animó a Toei a dar luz verde al proyecto, pero no fue una adaptación al uso. No he tenido aún la oportunidad de leer este manga, pero por lo que he podido indagar se trata de una obra bastante explícita en lo que se refiere a violencia, sexo y… palabrotas. Un retrato cruel  e hiperbólico de la vida de una mujer injustamente encarcelada. Kaji e Itô se encargarían de modelar esta materia prima para recrear un mundo lleno de espeluznantes sobresaltos.

Female Prisoner 701: Scorpion es la historia de una venganza. Una vendetta cocida a fuego lento, hija de la paciencia y una férrea resiliencia, casi sobrehumana. Nami Matsushima (Matsu) es una mujer enamorada de Tsugio Sugimi, un detective que trabaja en la brigada de narcotráfico. Haría cualquier cosa por él, así que cuando le solicita ayuda para que se infiltre en un club nocturno de la yakuza, ella no duda en hacerlo. Lo que no sabe es que su amante es un poli corrupto hasta la médula, y para congraciarse con los mafiosos la ha vendido como un mero trozo de carne. Es violada por una decena de hombres, y luego Sugimi le arroja billetes al suelo “por los inconvenientes”. Matsu, humillada, traicionada y enferma de ira, intenta matarlo con un cuchillo, pero falla. Así que es encarcelada por conato de asesinato.

Y de esta manera comienza la película: con un intento de fuga por parte de Matsu y otra presa, Yuki, y cómo son atrapadas y enviadas de nuevo a prisión. La cárcel donde se encuentra Matsu no es un presidio cualquiera, está administrado por una caterva de sádicos patriotas que se regodean en el abuso de poder y autoridad. Por supuesto, hay reas que colaboran activamente para sustentar esa estructura de salvajes extralimitaciones, y que disfrutan tanto como sus guardianes atormentando a sus compañeras.

Pero Matsu no es una convicta como las demás. Todos la temen. De la inocente muchacha ultrajada, ha mutado a una mujer fría, perspicaz y concentrada en cuerpo y alma en escapar de la cárcel, para así ajustar cuentas con todos aquellos que la hicieron sufrir. Es peligrosa, porque no deja pasar ni una; y tarde o temprano acaba desquitándose, incluso de sus compañeras de la trena. A causa de su enorme fortaleza estoica y serenidad, suele ser objetivo habitual de crueldades; sin embargo, su fama de tipa dura traspasa los muros de la penitenciaría, por lo que su antiguo amante, junto a sus compinches, deciden eliminarla. Por si las moscas. Para este fin, llegan a un acuerdo con la presidiaria Katagiri, que se encargará de que su muerte se presente como accidental.

No, no es que os lo parezca. Lo es. Matsu vive en el Averno en la tierra. Se encuentra rodeada de letales enemigos en un infecto agujero. Todo hay que decirlo, el explotation nipón, sobre todo sus WiP films, eran muchísimo más oscuros y feroces que sus hermanos occidentales. El prominente nivel de sadismo que pueden alcanzar los japoneses cuando se empeñan siempre me ha sorprendido; resulta de una inventiva casi una miaja preocupante, diría yo. Pero nuestra anti-heroína puede con todo, su tenacidad no tiene límites; su perseverancia es recompensada.

Female Prisoner 701: Scorpion no se distingue por un desarrollo psicológico de los personajes demasiado elaborado (más bien al revés); sin embargo, Meiko Kaji concibió en Matsu un icono pop en toda regla. Su largo y flotante cabello negro, su pamela ladeada, estilizado abrigo y, ante todo, su mirada hipnótica, forman parte ya de la leyenda. Kaji planteó sus propias ideas a Itô, y este aceptó todas las innovaciones que propuso respecto al manga. La primera y más llamativa fue rechazar toda la verborrea malsonante que escupía Matsu en el tebeo, para transformar el personaje en una mujer prácticamente muda. Una maestra del silencio, enigmática y tenebrosa, en cuya expresión corporal y, sobre todo, en sus ojos, recae toda su fuerza. Y menuda fuerza, Meiko Kaji sobrecoge, fascina, aterroriza desde la profundidad abisal de esos iris negros. Es posible que inspirada en el “héroe sin nombre” de Yojimbo (1961) y, a su vez, en el Clint Eastwood  de Por un puñado de dólares (1964), cuya parquedad insolente domina la pantalla.

Meiko Kaji, recordemos, se fue de Nikkatsu por su nueva orientación pinku eiga, por lo que no estaba dispuesta a salir constantemente desnuda en Toei. Así que propuso la idea de que Matsu no apareciera mucho en cueros, que se trasladara todo el peso del nudismo al resto del elenco femenino. Esto hizo que Female Prisoner 701: Scorpion se distinguiera del resto de películas de explotación, donde las mujeres en pelotas eran el plato fuerte. Matsu trascendió las convenciones del género de muchas maneras, entre ellas la de poseer total autonomía y no utilizar su cuerpo como mera gratificación para el público masculino.

Pero por si alguien dudaba de que Meiko Kaji no era el alma de esta obra, el inicio puede presumir de su maravillosa voz, con un tema que es ya un clásico, Urami Bushi, que fue utilizado junto a otra de sus canciones, Shura no Hana, en la saga de películas de Quentin Tarantino Kill Bill (2003-2004). Y no fue lo único que el director italoamericano se llevó bajo el brazo de Female Prisoner 701: Scorpion, por cierto.

Female Prisoner 701: Scorpion, a pesar de todas sus novedades, sigue siendo puro explotation, y no se le deberían exigir las mismas cosas que a un film ajeno al género. Tiene un guion bastante insensato, con una falta de coherencia interna a ratos que desconcierta; aun así, es tremendamente emocionante. La sobreactuación está a la orden del día, que se adapta a la perfección a todos esos recursos teatrales que Itô utiliza; y se nota a la legua que es una adaptación de un manga, porque la fragancia pulp es notoria. Precisamente por tratarse de cine de explotación, Itô pudo permitirse el lujo de introducir elementos del surrealismo, y otorgarle a la película una fuerte carga simbólica. Y así, como quien no quiere la cosa, realizar discretas críticas sociales. Vincular autoritarismo y violencia con la bandera japonesa en ciertos planos no es para nada casual.

La abundancia de planos holandeses, esa iluminación exaltada y su gran riqueza cromática son características que brindaron a Female Prisoner 701: Scorpion un halo avant-garde en el que Itô se explayaría muchísimo más en las dos películas siguientes: Female Convict Scorpion: Jailhouse 41 (1972) y Female Convict Scorpion: Beast Stable (1972). Aun así, el despliegue de imaginación es admirable, como también esa mezcla de terror, brutalidad y belleza le otorga un lirismo inusitado al film. Es elegante, es sangriento, es implacable, es Female Prisoner 701: Scorpion, camaradas otacos.

Si Female Prisoner 701: Scorpion os llega a gustar, las tres restantes de la tetralogía no os defraudarán. De hecho, pueden considerarse películas mucho más redondas. Es una obra que pone a prueba la mentalidad del espectador, sobre todo la de aquellos más jóvenes y menos acostumbrados a las ¿atrocidades? que se perpetraban con naturalidad en el cine del pasado. Female Prisoner 701: Scorpion refleja muy bien la sociedad de esa época, y agrade o no, es el pistoletazo de salida de una saga cinematográfica clásica e imprescindible. Con sus virtudes y unos cuantos defectos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga, Microrreseñas

Microrreseña: Never open it de Ken Niimura

Y entre col y col, lechuga. Un pequeño descanso entre tanto noir nos va a venir fenomenal, que en la variedad está el gusto. Dicen. Como es habitual en esta época del año, voy con el culo bastante apretado, pero siempre puedo hallar, tarde o temprano, un poco de tiempo para leer y disfrutar de las obras de uno de mis mangaka favoritos: Ken Niimura. A través de su instagram y twitter he ido viendo crecer a lo largo de los meses los distintos trabajos en los que ha estado ocupado; y uno de los que más me interesaba zampar, por mi eterno amor al folclore japonés, era este Never open it (2018). Y por fin he podido degustarlo, ¡ñam, ñam! Admito que habría preferido tenerlo en formato físico (estoy muy chapada a la antigua, qué le voy a hacer, ¡pobres arbolitos!), pero mejor esto que nada.

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“Mujer joven montando en una tortuga (parodia del cuento de Urashima Tarô)” de Suzuki Harunobu, circa. 1765

Por cierto, tú, camarada otaco, también puedes leerlo gratuitamente aquí, un lujazo que no deberías dejar escapar por nada del multiverso. Never open it consta de tres episodios, el último dividido en dos partes, donde Niimura nos narra una versión muy curiosa del cuento tradicional nipón de Urashima Tarô. Se trata de una leyenda que todos los japoneses conocen y que, como podía esperarse, su influencia ha caído como lluvia de confeti sobre casi toda expresión cultural popular contemporánea del país. Impregnando también obras clásicas de la otaquería como Dr. Slump, Dragon Ball, Cowboy Bebop, Detective Conan, Gintama y un larguísimo etcétera. Incluso ha traspasado fronteras, la añorada Ursula K. Le Guin hizo su pequeña interpretación de la historia, que se incluyó en la compilación A Fisherman of the Inland Sea (1994).

Así que es muy probable que conozcas el relato, una fábula llena de fantasía y tristeza a la vez. Muy japonesa. Si no es así, vamos a refrescarte un poco la memoria: Urashima Tarô es un pescador que salva la vida a una tortuga que está siendo hostigada por unos niños. El animal, en agradecimiento, lo invita a visitar el Palacio submarino del dios Dragón (Ryûgû-jo), un lugar fabuloso construido de coral blanco y rojo. Allí, durante tres días, goza de placeres sin fin y de la compañía de la bellísima princesa Oto-hime. Pero el joven quiere regresar al hogar, pues su madre se encuentra sola y enferma. La princesa, entonces, le entrega un misterioso cofre que le permitirá regresar si así lo desea, pero que no debe abrir jamás bajo ninguna circunstancia.

 

Pero lo que no sabe nuestro protagonista es que un día pasado en Ryûgû-jo son como cien años en la superficie, y cuando regresa todo su mundo ha cambiado. Han transcurrido 3 siglos. Al preguntar a los vecinos de la aldea por su familia, le responden que hace muchísimo tiempo vivía allí un tal Urashima Tarô, pero que desapareció en el mar y nunca regresó. El pescador, sintiéndose desolado, decide abrir el cofre, del que sale un denso humo blanco. Inmediatamente, su cabello se vuelve completamente cano, y su cuerpo se encoge y arruga como el de un anciano.

Esa es la historia en esencia, aunque existen distintas variaciones. Se cree que tuvo su origen durante el periodo Nara (710-794), aunque fue recogida por escrito por primera vez en el Otogi-zôshi, en el s. XV. Es uno de los primeros cuentos en el mundo donde se relata un viaje en el tiempo, y personalmente me parece fascinante. Sobre todo porque me recuerda un poco a una leyenda de la zona de mi pueblo. Y no es broma. ¡¡Conexión loquísima Pirineos-Japón!! Esta narra como el abad del monasterio de Leire, San Virila (870-950), que no acaba de comprender el misterio de la eternidad del Cielo ni su felicidad sin fin, decide salir a dar un paseo por el bosque para despejar un poco la cabeza. Mientras camina, queda embelesado por el canto de un ruiseñor y, deleitándose en su canción, pierde la noción del tiempo. Cuando regresa al monasterio han pasado 300 años. Putadón.

 

Regresando a lo que nos concierne, como el cuento de Urashima Tarô es tan celebérrimo, Ken Niimura realiza una aproximación a él… diferente. Muy respetuosa con la historia tradicional, de hecho su progreso inicial sigue con fidelidad todas sus premisas… hasta que ya no lo hace, claro. El autor da un volantazo, una auténtica vuelta de tuerca al argumento que renueva por completo la leyenda, modernizándola. Y difuminando suavemente la amargura. Le brinda una vertiente psicológica inédita, donde afloran sentimientos que el mito ha mantenido siempre a raya; logrando así humanizar el cuento. Los personajes se sienten cercanos, sus reacciones resultan lógicas y creíbles.

Si a todo esto le añadimos el maravilloso arte de Niimura, tenemos frente a los ojos una pequeña gema que atesorar con mucho cariño. ¡Este señor es un verdadero maestro del vacío y la geometría del caos! La arquitectura de sus viñetas es de un dinamismo flipante, y con una sencillez de trazos ascética, muy elegante. Blanco, rojo, negro. Con mesura logra una expresividad asombrosa.

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Never open it comienza por el final de la leyenda para ofrecernos luego otra historia distinta. Se lee en un periquete, aunque os recomiendo pasar un rato admirando el dibujo de Ken Niimura, lo merece porque es todo un espectáculo para la vista. A mí me tiene alucinada esa simplicidad tan suya, que con tan poco logre transmitirlo todo. Esa es una virtud que no muchos poseen. Y eso. Que no sé a qué estáis esperando, ¡leedlo ya! Buenos días, buenas tardes, buenas noches.