cómic occidental, paja mental

El reverso tenebroso: tebeos occidentales con aroma japonés

Suele ocurrir que el lector medio de manga ignora casi por completo el cómic occidental (el norteamericano y la BD europea). Y viceversa también. Es una generalización, claro, de colegas bloggers deduzco (puedo equivocarme) que Khalil, Vannert o Magrat los leen, alguno más habrá seguro; pero son mundos que tienden a olvidarse uno del otro… afortunadamente cada vez menos. Por eso quería hacer una entradilla dedicada a aquellos que no estén metidos en el cómic occidental utilizando un cebo. Un señuelo atractivo, como el de tebeos que posean un guiño, o directamente influencia, de Japón. Y así, al que se deje arrastrarlo al reverso tenebroso.

Hay un montón, así que he seleccionado los que me gustan más. No son los mejores ni tampoco una birria, pero sí interesantes cada uno en su estilo. He confeccionado una lista de 5 bastante heterogénea (tampoco quería eternizarme), algunos son verdaderos clásicos, otros no tan conocidos. Espero os incentiven a buscar más por vuestra cuenta o, en el caso de que los conozcáis ya, no aburriros mucho.

Aviso: si el tema te importa tres pepinos, puedes ahorrarte la lectura porque suelto un buen rollo macabeo.

1

Corto Maltés: La juventud

Hugo Pratt

(1981)

¿Cómo presentar a Corto Maltés a alguien que no lo conozca? Buf, no sé, aunque para comenzar estas palabras de su propio creador, el veneciano Hugo Pratt, no están mal:

En un mundo donde todo es electrónico, donde todo se encuentra calculado e industrializado, no hay lugar para un tipo como Corto Maltés.

Corto Maltés es un pirata, un aventurero, un guerrero, un vagabundo, un romántico. Es el arquetipo del individualismo puro, que busca su camino de manera errática y se refugia en la ironía. Este señor merecería, no una entrada para él solo, sino un libro bien grueso para acercarse a todas las facetas que posee. Me he topado con hombres como él en los libros, por eso considero los doce volúmenes en los que aparece obras literarias de verdad. Corto Maltés son palabras mayores. 

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Este caballero tan peculiar nació en la isla de Malta, hijo de una gitana de Sevilla y un marinero de Cornualles, un 7 de julio de 1887. Aunque súbdito británico, Corto Maltés es ciudadano del mundo, sin banderas, pero que no se achantará a la hora de batallar por las de otros, por muy absurdas que parezcan. Aunque en realidad él siempre combatirá por sus propios intereses y los de nadie más, ya que se considera el dueño absoluto de su destino. Poliédrico e intenso, Corto forjará su personalidad a lo largo y ancho del planeta; desde las islas del Pacífico, Egipto, Rusia, Argentina, Etiopía, Afganistán, el Caribe, hasta China o Japón. Y es allí donde nos lleva este noveno volumen de sus correrías, que cronológicamente sería el primero: 1905, Guerra ruso-japonesa.

En este Juventud, Corto Maltés conocerá a su eterna némesis y amigo irreemplazable, Rasputín, habiendo recién desertado del ejército ruso. Y es que en esta obra concreta es más Rasputín el protagonista que Corto. Si os gusta la historia en general, sobre todo la que abarque las primeras décadas del s. XX, con Corto Maltés vais a gozarla, porque Hugo Pratt detalla, no ya solo los eventos históricos, sino el ambiente y sus actores con gran esmero y belleza. Corto se tropieza con celebridades como el futuro Stalin, James Joyce o, en este Juventud, Jack London. Las aventuras de Corto son crueles y llenas de desatinos, como todo lo que sucede en la vida, donde no siempre hay un final feliz o una conclusión definitiva.

2

Tako

Tomo I

Michetz & Yann

(1990)

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Podría haber elegido Kogaratsu (1991), donde Michetz también está a los lápices, pero he preferido dejar la temática del guerrero japonés para otro cómic posterior. De todas maneras, Kogaratsu debería ser lectura obligatoria para todo fan de ShamoVagabond. Que sea BD no debería resultar óbice, una buena historia siempre es una buena historia.

Tras esta pequeña aclaración, os presento Tako. Otro cómic europeo, sí. Son dos tomos, pero me voy a centrar en el primero porque el segundo ni lo tengo ni he podido leerlo. Movidas por haber nacido demasiado tarde para según qué cosas.

Tako significa pulpo y es el blasón del clan Inamura. Un animal frágil, pero que se aferra fuertemente a las rocas y a la vida a pesar de los ataques de las gaviotas. Estamos en el s. XVI al noroeste de Japón, y las tres hijas del anciano señor están esperando la llegada de sus maridos, que hace tiempo han partido al continente para guerrear. Están preocupadas porque una concubina, que calienta el lecho de su padre en el castillo, puede proveer al clan, por fin, de un heredero varón… y convertirse en la nueva señora. Conspiran, murmuran en torno al ciego daimyô, tejiendo una tela de araña sofocante. Estos son los ingredientes que Yann utiliza para crear una tragedia shakesperiana pero de tintes fatalistas claramente japoneses y naturaleza circular.

En este cómic nada es casual ni obvio, y con increíble sutileza Yann va edificando un castillo, un microcosmos desterrado del mundo y unido a este mediante únicamente un desvencijado puente de madera. Blindado a la influencia externa, los estrictos códigos y normas que gobiernan el lugar crean un ambiente angustioso y rígido. Este cómic tiene distintos niveles de lectura, y todos ellos encajan a la perfección con el arte de Michetz, que sabe expresar hábilmente las atmósferas y metáforas. Tako es hermoso y terrible, una obra compleja pero fascinante.

 3

 The teacup tree

Angie Wang

(2012)

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The Teacup Tree, que podéis leerlo online si pulsáis en el link, es un one-shot que la artista canadiense Angie Wang realizó para la publicacion SP7, dedicada íntegramente a homenajear a la legendaria revista Garo.

Angie Wang todavía no es muy conocida, pero creo tiene una sensibilidad bastante curiosa, que cabalga entre el refinamiento del pasado y cierta demencia futurista. Por supuesto, son apreciaciones personales, aunque ha conseguido llamar mi atención en el buen sentido. Este The Teacup Tree es un bonito tributo al gekiga más poético y surrealista. Simple y rebosante de dulzura, no está exento tampoco de melancolía y crudeza. Merece la pena le echéis un vistazo, sobre todo aquellos que hayáis disfrutado, por ejemplo, con el Red Elegy de Hayashi. Es una lectura mucho más ligera pero sin carecer de hondura. The Teacup Tree es eminentemente contemporáneo, aunque utiliza la caligrafía de antaño; y nos cuenta una bella historia sobre los sueños de la infancia, sus anhelos y la muerte inesperada de todos ellos al crecer.

 4

Elektra: Assassin

Frank Miller & Bill Sienkiewicz

(1986-1987)

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Hablar de cómic norteamericano y Japón es aludir a Frank Miller. Este señor (¡de rodillas, todos, YA!) es la cabeza más visible de lo que podríamos considerar como la niponofilia en el tebeo occidental. Me ha resultado difícil seleccionar una obra, porque todas las relacionadas con Cipango que ha creado este hombre me entusiasman. Destacaría la imprescindible Rônin (1984), influida enormemente por uno de mis mangas favoritos: Lone Wolf and Cub (1970-1976) de Koike y Kojima; no en vano Miller realizó sus portadas para la edición americana. También la mítica serie Lobezno: Honor (1982) con Chris Claremont (qué grande, TODO, joder), pero he escogido, quizá, la menos japonesa. La relación es más bien tangencial, pero es que no puedo evitar derretirme como chocolate pisoteado al sol cuando pienso en Elektra: Asesina.

Elektra Natchios fue un personaje creado por Frank Miller a principios de los 80 en la serie de Daredevil. Es importante recalcar que Miller sacó del fango esta serie y dotó a su protagonista (Matt Murdock) de la personalidad que todos ahora conocemos. Introdujo elementos característicos de los bajos fondos tokiotas y la yakuza a través de La Mano, entidad japonesa de naturaleza mística y mafiosa; inyectó su devoción por el bushidô en las historias y, por supuesto, nos regaló a la maravillosa Elektra. Es de las mujeres más especiales dentro del universo Marvel, para mí mil veces más compleja y fascinante que la Viuda Negra, por poner un ejemplo; y que ha sufrido una intrincada y profunda evolución a lo largo de su historia. Esta dama recibió desde la niñez entrenamiento en artes marciales, pero encasillarla como simplemente guerrera ninja es amputar chapuceramente su personaje. Elektra es gris, una anti-heroína, un personaje trágico como bien proclama su nombre, invocando las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides. Las ha pasado muy putas.

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Este cómic nos presenta a una Elektra en sus horas más bajas, recluida en un manicomio con el cerebro totalmente frito. Y su estabilidad mental no mejora a lo largo del cómic, que es lo realmente interesante: el adalid que lucha contra el mal es una asesina ninja de habilidades físicas-psíquicas portentosas que está como unas maracas. La locura de Elektra, sus mecanismos mentales y percepción del mundo están genialmente plasmados además a través de los pinceles de Bill Sienkiewicz. ¿Quién es Sienkiewicz? Fácil: DIOS. Si el argumento de esta obra y su desarrollo son ya de por sí formidables, con esa crítica feroz a la hipocresía social norteamericana y la política de Ronald Reagan, el dibujo y color de Bill son espeluznantes. Pero espeluznantes de lo maravillosos que resultan, cada una de las viñetas es una maldita obra de arte. No estoy exagerando, os lo prometo, el trabajo de Sienkiewicz es magistral. Se atrevió a experimentar con acuarelas, collage, etc, fundiendo multitud de estilos y corrientes artísticas para crear algo único. ¿Cómo fue posible que surgiera una criatura así en Marvel? Pues porque Elektra era (y es) un personaje secundario con una colección poco importante, lo que proporcionó bastante manga ancha a nivel creativo. Por no hablar ya de que fue publicada sorteando el CCA mediante una filial de Marvel, Epic ComicsElektra Asesina es un antes y después, no ya solo para sus propios artífices, sino para la historia del cómic… y no habríamos podido disfrutar de ella sin el amor de Miller hacia Japón.

 5

Scott Pilgrim

Bryan Lee O’Malley

(2004-2010)

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Why so serious? Ya vale de tanto cómic solemne y vamos cerrar esta lista amorfa con una comedia. Vamos a finiquitar el repertorio con Scott Pilgrim. Esta obra, que consta de seis volúmenes, es un slice of life lleno de chifladuras. Se podría resumir como los intentos de un pringao, Scott Pilgrim, por conseguir el afecto de una distante moza llamada Ramona Flowers. Vamos, una comedia romántica con el estereotipado argumento chico-gusta-chica y poco más, ¿eh? Pues no.

Cierto que Scott es un memo y un completo inútil por el que no se puede evitar sentir cierta compasión, pero Lee O’Malley consigue despertar el interés del lector usando un contexto poco habitual en los cómics: el de los videojuegos. La vida de Scott y la de los demás personajes es como si fuera eso, un enoooorme videojuego; y el autor usa sus recursos de manera brillante. La obra en sí es un híbrido entre manga y cómic, posee elementos de ambos y está presentada de manera fresca y accesible. Es muy fácil entender los pensamientos y emociones de los que por allí pululan y, conforme la historia avanza, los problemas que se plantean ganan en profundidad. Los lastres que cada uno porta, las relaciones pasadas, las heridas mal cerradas. Son dilemas reconocibles que, probablemente, habremos padecido en nuestras propias carnes alguna vez. Real como la vida misma. Pero no se centra solamente en las cuestiones sentimentales aunque sean la raíz; también de cómo el mundo se transforma cuando nosotros cambiamos. Y esa permuta a veces viene acompañada de amargura. Y, por supuesto, se examina la concepción de la amistad a través de un elenco de secundarios maravilloso. Su interacción durante toda la historia es la sal y pimienta del cómic.

Scott Pilgrim es divertido y dinámico; con patadas voladoras y combates alucinógenos; repleto de referencias y guiños a la cultura popular. Es una obra generacional, como lo fue Hate de Peter Bagge, aunque menos descarnada y corrosiva que esta última. Admito que Hate me gusta más que Scott Pilgrim, pero que eso no os desanime a la hora de leer este. Es solo una opinión personal y ni por asomo pienso que sea mal tebeo.

Tiene adaptación cinematográfica que, por supuesto, plasma solo de manera fragmentaria lo que se puede encontrar en los seis volúmenes. No es para nada mala película, pero resulta opaca respecto al cómic, así que quedáis advertidos.

¿Has llegado hasta aquí sin emitir ronquidos? Genial, gracias por tu atención. Deseo que mi admiración desaforada por Elektra Asesina u otros de los tebeos que he mencionado no haya sido molesta. No solo de anime y manga vive el hombre, el universo es muy amplio y, si se tienen ganas y tiempo, nunca está de más atisbar más allá de las fronteras que solemos imponernos.

P.D.: Si te has quedado con ganas de más marcha, una última sugerencia: Yoko Tsuno. Una joyita pop de la ciencia-ficción.