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Peticiones Estivales: Project Itô

¡Más Peticiones Estivales! ¡En verano os dejo mangonearme un poco! Hoy tenemos la estupenda sugerencia de Ange, cuyo blog El libro de Angelique, por cierto, no debéis perderos. ¿Quién fue Project Itô (1974-2009)? ¿Qué hizo? ¿Por qué es una persona al que muchos otacos respetamos tanto? Ange tiene muy buena memoria, porque hace ya bastantes meses tuve la idea de escribir una entrada dedicada a varias películas de animación basadas en obras literarias suyas. No recuerdo muy bien el motivo, pero al final quedó el asunto en agua de borrajas. Sin embargo, Ange ha acudido al rescate de mis legendarios (y vergonzosos) despistes y aquí está por fin el post dedicado a este escritor. ¡Gracias, Ange!

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Satoshi Itô o como es conocido mundialmente: Project Itô.

Si tengo que ser honesta, no he tenido muchas oportunidades de leer a Itô. En español no hay de momento nada traducido; y en inglés tampoco existe mucha variedad. Yo he logrado leer dos novelas suyas y, como comprenderéis, me parece insuficiente. Project Itô es considerado uno de los últimos genios que ha parido la ciencia-ficción nipona, muchos de sus compatriotas alabaron (y siguen haciéndolo) su estilo e ideas arriesgadas, muy influidas por el cyberpunk. ¿Será posible en el futuro poder acceder al catálogo de su obra? Lo veo bastante negro, pero al menos ECC va a publicar las adaptaciones a manga de sus obras Genocidal Organ (2007), Harmony (2008) y The empire of corpses (2012), que son las que además vamos a tratar aquí.

Keikaku Itô (Project Itô) (1974-2009) tuvo una trayectoria como escritor muy corta debido a su trágica muerte por cáncer cerebral a los 34 años. Cuatro novelas en total más varios relatos cortos y trabajos en blogs. No parece demasiado, ¿verdad? Sobre todo teniendo en cuenta que los autores dedicados a la sci-fi suelen ser bastante prolíficos. Si hubiera podido, Itô nos habría proveído de muchas obras más; las que nos legó marcaron el paisaje del género en su Japón natal, sobre todo la maravilla de Harmony, que le valió un Premio Seiun. The empire of corpses, galardonada también con otro Seiun, quedó inconclusa, siendo su amigo el matemático y también escritor Tô Enjô quien la finalizara. Este caballero merecería una entrada por sí mismo en SOnC, pero eso, si llega, sucederá bastante más adelante.

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Genocidal organ, Harmony y The empire of corpses

La desaparición de Itô dejó tocado un panorama que no dudó en querer homenajearlo mediante una trilogía de películas animadas. NoitaminA fue el adalid del proyecto, que encargó a diferentes estudios su realización. Su novela debut, Genocidal Organ, junto a Harmony y The empire of corpses fueron las, lógicamente, elegidas. El imperio de los cadáveres se estrenó el 2 de octubre de 2015 con Ryôtarô Makihara en la dirección y Wit StudioHarmony vio la luz el 13 de noviembre de ese mismo año con Takashi Nakamura y Michael Arias a los mandos en Studio 4ºC. El asunto se complicó con Genocidal Organ, que sufrió sucesivos retrasos por el triste descalabro de Manglobe, estrenándose finalmente el 3 de febrero de este 2017. Resulta ser, qué casualidad, la que con más ansiedad espero, pues la dirige nada más y nada menos que Shukô Murase. No la he visto todavía, por supuesto, así que no puedo comentar nada más allá de su trailer. Imagino que cuando salga a la venta su DVD y Blu-ray el 25 de octubre, algo más seré capaz de escribir. Me tiene muy intrigada.

Hasta aquí tenemos claro que se trata de un merecido vasallaje a una de las figuras más interesantes de la ciencia-ficción japonesa contemporánea, y que no se ha escatimado en medios y profesionales para lograr unas películas a la altura. ¿El resultado ha sido digno? No puedo opinar sobre Genocidal Organ, pero sí de las dos restantes. Y a pesar de que tenían circunstancias a su favor, desde mi punto de vista han resultado, en general, una decepción. Vayamos con estas unpopular opinions.

HARMONY

Takashi Nakamura & Michael Arias

HarmonyGenocidal Organ son las dos novelas que he leído de Project Itô. Por eso con esta película tengo las cosas bastante claras. Sé perfectamente que la adaptación perfecta no existe, que los dementes de la celulosa como yo casi nunca conseguimos estar satisfechos cuando se vierten ciertas obras a otro formato; que el lenguaje audiovisual, en este caso el animado, es distinto al literario, y bla-bla-bla. A veces hay excepciones que logran independizarse del original e incluso superarlo; también otras consiguen que olvides de dónde proceden y te gusten, aunque sean medianías. No es el caso de Harmony.

En un futuro no muy lejano, la humanidad ha logrado vencer las barreras de la enfermedad, la decadencia y la muerte. La tecnología de WatchMe, implantada mediante nanos en el organismo de las personas, permite una longevidad ilimitada así como una salud incólume. WatchMe también interconecta a los individuos de manera que la privacidad también tiene un espacio muy, muy reducido, porque no deja de ser un sistema de dominio absoluto sobre cada aspecto de la vida. Sin dolor, sin conflictos; una sociedad en paz donde el colectivo está por encima del sujeto (muy japonés eso, por cierto). WatchMe es una herramienta que a cambio de protección e inmortalidad,  asume un control total sobre la sociedad y el individuo. Las consecuencias de un uso malintencionado pueden ser catastróficas a nivel global, porque su poder llega hasta la propia voluntad y conciencia personal. Es muy obvio que Project Itô andaba con problemas serios de salud cuando escribió la novela, porque los temas recurrentes de la salud y la muerte aparecen continuamente tanto aquí como en The empire of corpses. Una manera creativa de desahogar sus preocupaciones y meditar sobre ellas.

La paradoja de este mundo aparentemente ideal, de luz hialina y compasión, es que su enemigo es el propio hombre. Y no tarda mucho en revelarse y rebelarse ante la supresión de la misma naturaleza humana que es en realidad WatchMe. Los dilemas éticos y filosóficos que se proponen poseen connotaciones de ramificaciones casi infinitas; y no deja de ser en su origen el eterno combate por la libertad. Para ello, el argumento arranca precisamente en los límites de esa libertad, en el territorio de unos pocos humanos que todavía no han querido doblegarse ante el poderoso chantaje de WatchMe. La historia en sí es bien conocida y no alberga grandes sobresaltos: un pasado con tres adolescentes que deciden tomar las riendas de su vida bajo el influjo de una líder de pasado misterioso; un presente acosado por los remordimientos y una ceguera elegida; un futuro conquistado por el pasado que alumbra un mundo completamente nuevo. La búsqueda del nirvana y su colisión con él.

Visualmente es poderosa y de fuertes reminiscencias clásicas; y con clásicas me refiero ante todo a Katsuhiro Ôtomo. Es todo un halago. No sé si la elección de unir CGI y animación tradicional de una manera tan estrecha ha sido premeditada o simplemente una forma de ahorrar tiempo, pero en conjunto funciona bastante bien. No soy muy amiga de la informática para estos menesteres, porque suele otorgar un bruñido barato que contrasta para mal con el dibujo tradicional. En Harmony, aunque no acaba de encajar del todo, tiene su espacio lógico por la temática y los escenarios que abarca. No impone tanto como pudiera hacer un producto de Polygon Pictures, que es completamente 3D; y es mucho más meticuloso y esmerado que Ajin o Knights of Sidonia. Lo que molesta en realidad es observar los límites de la animación por ordenador, lo que tiene que mejorar todavía para poder brindar auténtica naturalidad. Aun así, los efectos visuales, el diseño gráfico, los planos y movimientos de cámara son espléndidos. Acompañan muy bien el desarrollo sereno (y predecible) del argumento con su aire aseado y luminoso.

Creo que lo que principalmente percibo es cierta descompensación, no sé si Nakamura y Arias hicieron buenas migas profesionalmente, yo diría que no muchas; y esa falta de armonía (valga la redundancia) se nota. Harmony, en toda su sencilla complejidad, queda reducida a un cuento sin ritmo ni emoción. Soso. A pesar de los temas que toca, con sus profundas implicaciones filosóficas, se desliza entre el tedio y la expresión de su futuro perfecto. Los personajes no enganchan, se encuentran desdibujados y a la merced de clichés. Incluso la historia de amor, aunque no tenga una importancia capital (ni falta que hace), resulta superficial e insulsa. Tener una materia prima tan estimulante a nivel intelectual para convertirla en una historia más, narrada encima con muy poquita gracia. Un equipo como el de Nakamura, con toda su experiencia, y Arias, podría haber dado más de sí; y se percibe una evidente falta de compenetración. En resumen, Harmony no es una película cohesionada pese a su maestría técnica y artística. Una lástima. No considero que sea un zarrio, pero da algo de rabia pensar en lo que podría haber llegado a ser.

  THE EMPIRE OF CORPSES

Ryôtarô Makihara

Si Harmony es todo luz, El imperio de los cadáveres son las tinieblas. Me emocioné mucho cuando supe de la temática de la película porque soy fan de la literatura clásica gótica a muerte. La ambientación victoriana con el imprescindible steampunk; las exquisitas referencias literarias y la inclusión de personajes históricos auténticos, hacían a priori de esta obra un plato muy apetecible para mis gustos personales. Un apetitoso pastiche que evocaba a los penny dreadfuls decimonónicos, la Wold Newton Family de Philip José FarmerThe League of Extraordinary Gentlemen de Alan Moore. ¡Maravilloso, maravilloso! ¿Cómo no sentirse atraído por una obra que tiene sus raíces en la criatura de Mary Shelley, en las inquietantes nociones que rezuma El Moderno Prometeo (1818)? Y se dan la mano sin complejos pedazos de James Bond, La Eva Futura (1886), Conan Doyle, Daniel Defoe, Los hermanos Karamazov (1880), el gigante Paul Bunyan o el indomable caballero Frederick Burnaby.

Si a esto le unimos una puesta en escena espectacular, grandilocuente y de una meticulosidad milimétrica, parecería que fuéramos a tener entre manos una pieza de excelente entretenimiento.  Y no solo eso, una novela de Itô arde en su corazón, por lo que una buena historia para reflexionar habría sido de esperar también. Sin embargo, no resultó así.

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Gracias a las investigaciones del doctor Víctor Frankenstein, el s. XIX posee una nueva mano de obra para su revolución industrial: los cadáveres. Su polivalencia es extrema: desde carne de cañón para la guerra, servidumbre en el hogar, construcción, fábricas, etc. Cualquier ocupación de tipo mecánico y que no requiera esfuerzo intelectual. La economía mundial ahora se sustenta sobre ellos; son los nuevos esclavos, prescindibles y más numerosos que los vivos. Ni sienten ni padecen. Según John Watson, estudiante de medicina, carecen de la facultad del lenguaje articulado porque no tienen alma; la tecnología que revive a los muertos, necroware, no ha alcanzado la perfección lograda por Frankenstein, que sí dotó de conciencia a su Criatura. Watson quiere que Friday, cuerpo que ha resucitado de manera ilegal, posea su propia alma, así que cuando el gobierno británico descubre su experimento y lo obliga a ir en busca de los cuadernos y anotaciones de Frankenstein, que se encuentran en paradero desconocido, no se lo piensa dos veces y acepta. Pero no se embarcará solo en esa aventura, lo acompañarán Friday y el agente Frederick Burnaby. No será un periplo sencillo, pues hay muchos intereses políticos ávidos por hacerse con el conocimiento de Frankenstein. De la India a Afganistán, pasando por Japón y Estados Unidos, su odisea será peligrosa y repleta de sorpresas desagradables.

Esta sería la sinopsis básica de El imperio de los cadáveres. Atractiva, con mucho potencial, pero que finalmente se ha precipitado por un barranco. Supercataclón. Pero comencemos por lo agradable primero: admito sin vergüenza alguna que, a nivel artístico, amo The empire of corpses. Sobre todo sus ambientaciones, sus fondos, sus pormenores. Esa delicadeza lóbrega, que se abre paso con una versatilidad asombrosa para presentar otros paisajes igual de fascinantes, es lo mejor de la película. Sin duda. Y no da tregua, es tenebrosa y bella de principio a fin. El diseño de los personajes principales quizá un poco aniñado para mi paladar (eso sí, tetas-zepelín para el único femenino de relevancia), aunque Seigô Yamazawa y Alexei Karamazov, por ejemplo, me han entusiasmado.

¿Qué podía ir mal con un planteamiento tan sugerente, con unos recursos técnicos y artísticos tan cuidados y unas implicaciones tan hondas? Pues muchas cosas, algunas de ellas compartidas con Harmony. El ritmo. Si en Harmony era una modorra insípida, en El Imperio de los cadáveres es como un baile de San Vito, descoyuntado, sin tener en cuenta el desarrollo natural del clímax. Es un completo desatino que no ayuda para nada a su falta de claridad en el argumento. Si de por sí tiende a un aire enigmático de manera premeditada, que me parece estupendo por otro lado, no resulta muy razonable acompañar esa clase de melodía con un compás dislocado. Porque confunde más y puede acabar aburriendo. Las montañas rusas en los parques de atracciones, gracias.

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No he tenido la ocasión de leer la novela, pero imagino que no tendrá las inconsistencias y boquetes del tamaño de Urano que se observan en la película de animación. Me parece algo bastante desafortunado, teniendo en cuenta lo escrupuloso que era Project Itô en sus reflexiones, que no se hayan cuidado más ciertos aspectos de verosimilitud y solidez lógica. No se deberían poder derrumbar con un par de preguntas que surjan por casualidad escenas y diálogos completos. Una cosa es no querer dar las cosas muy masticadas, y otra muy distinta oscurecer mediante absurdos.

Harmony y The empire of corpses son dos películas que visualmente funcionan muy bien, de hecho dejan con la boca abierta en bastantes ocasiones. Son audaces y realmente espléndidas, pero un envoltorio no dejar ser solo un envoltorio. Un film no puede sustentarse únicamente en bellos fuegos artificiales, sobre todo cuando está trabajando temas de la trascendencia que planteó Project Itô en sus novelas. Se debería exigir más, tanto en claridad en la exposición de ideas como en el ritmo del propio argumento. Y en eso, ambas han fallado, resultando dos obras pretenciosas incapaces de expresarse con la determinación necesaria. No me hace gracia llegar a este tipo de conclusiones, porque parece que esté ninguneando el tremendo esfuerzo e indudable pericia que hay detrás de este par de films. Es algo incuestionable, admiro de verdad sus virtudes, sin embargo no resultan suficientes para compensar sus enormes carencias. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cortometrajes, MUAHAHAHA

Lacónicos y robots caníbales del espacio exterior

Mentira, mentira cochina. No hay ningún corto que se llame así. Todavía. Je. Pero me apetecía poner un título ridículamente bizarro a la entrada de hoy, que la serie B (y Z) siempre me ha(n) tirado mucho. Aunque sí, hay robots en este nuevo post. Y es que tarde o temprano Robot Carnival (1987) tenía que aparecer en los Lacónicos. Con Katsuhiro Ôtomo & co. asomando encima los hocicos era algo irremediable. Además, ya le dedicamos una entrada a un proyecto suyo, Short Peace (2013), del que hice reseña aquí; y en la que anuncié propósito de escribir más sobre mediometrajes y cortos del creador de Akira. También que un amable anónimo hace unos días mentara Neo Tokyo (1989) en el Gato Curioso hizo que recordara mi antigua determinación. Bueno, pues here it is, my otaku comrades: el carnaval de los robots.

Antes de entrar en materia, si estáis interesados en más cortos de Ôtomo, recomendaros la entrada que Wanda de Entre Sábanas y Almohadas dedicó a Memories (1995). Es otra compilación en formato película muy, muy interesante. Y tras este pequeño inciso, al turrón.

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Robot carnival es un CLÁSICO. Así, con mayúsculas y en negrita. Es una verdadera lástima que no tenga más reconocimiento a nivel popular, porque la merece. Pero tanto los otacos ancianos como los aficionados a la arqueología animesca sabemos muy bien de su existencia. Ha pasado sin mucha pena ni gloria durante todos estos años, y los seguidores actuales no le han prestado demasiada atención, quizá porque el material antiguo tiende a ser ignorado o también debido a su aire experimental. Quién sabe. Robot Carnival no resulta precisamente comercial ni tampoco perfecto, sin embargo su calidad en conjunto es indudable. ¿Por qué remarco “en conjunto”? Pues porque Robot Carnival es una OVA conformada de 9 cortos individuales. 9 cortos de muy distinto pelaje, diferentes directores y equipo, pero con algo en común: los robots.

Los estudios A.P.P.P, dirigidos por gente de la mítica Mushi Pro, decidieron que no estaría nada mal juntar a los cerebros de los animadores más prometedores del momento para hacer unas bagatelas. Cómo no, entre ellos se encontraban Ôtomo y su cuadrilla de amigos. Así que, usando como nexo la robótica, realizaron 9 cortometrajes donde sus autores pudieron explayarse con libertad, examinando distintos aspectos de la temática y sus implicaciones. ¿Desarrollaron el asunto en profundidad? Veamos: son casi todas obras de unos 10 minutos, algunas se mojan más que otras, pero desde luego no hay demasiado de Alvin Toffler en sus historias. Eso no quiere decir que sean un descerebre ni mucho menos, pero estamos básicamente ante un producto de entretenimiento. Con ciertas pretensiones filosóficas y artísticas, pero de forma sencilla y accesible. Los robots además estuvieron muy de moda durante la década de los 80, fue una auténtica fiebre, así que no resultó extraño que una obra tan particular como esta consiguiera su propio espacio.

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El opening y ending, dirigidos por Katsuhiro Ôtomo y con la gran Atsuko Fukushima a los mandos de la animación, resultan un preludio y epílogo impecables para este Robot Carnival. Son las dos piezas más cortas del repertorio y con el mismo hilo argumental. Presentan y despiden un mundo desolado donde el caos, insensible a lo que le rodea, propaga su destrucción mediante la locura de una fiesta muerta y sin sentido. Hasta que el tiempo y la nada lo engullen. Y vuelve la… tranquilidad.

Todos los cortos poseen una calidad de animación altísima, incluso para el baremo actual. De hecho es, desde mi punto de vista, infinitamente más hermosa, con un nivel de detalle y fluidez maravillosos. Tienen en común además la ausencia de diálogo. Salvo dos de ellos, que sí recurren a él, es la música la que lleva las riendas. ¿Y quién fue el responsable de esa música? Pues nada más y nada menos que el compositor Joe Hisaishi, que para Robot Carnival desplegó habilidades dentro de su muy amada música electrónica y techno. En sumo apropiado, y el resultado no pudo ser ochentosamente mejor. Es cierto que hay historias que me gustan más que otras, y la calidad argumental no la percibo homogénea; pero es algo habitual en este tipo de obras corales. Sin embargo, valoro Robot Carnival de manera integral como un anime que hay que ver por lo menos una vez. Es un menú de platos algo raros que contiene trazas de frutos secos, leche, mecha y soft sci-fi; también shônen, surrealismo y comedia, por lo que hay de todo un poco para gustar… o provocar alergias. Vayamos con ellos.

Franken’s Gears

Kôji Morimoto

Morimotosensei creo que no necesita introducción, ha sido una presencia constante en títulos imprescindibles como Akira, Tekkon Kinkreet o Mind Game entre otros muchos. Una figura entre bambalinas, a veces dejándose ver un poco más, esencial en el mundo de la animación. Suyo es este Franken’s Gear o Furanken no Haguruma, que resucita el mito del moderno Prometeo de Mary Shelley, pero no en carne y hueso, sino metal y circuitería. Este corto afronta el momento de la creación, abarca desde el profundo caos hasta que se alcanzan los confines de la existencia; plasma el éxtasis de generar vida. El robot despierta, imita a su creador… ¿y luego?

Franken’s Gear es un corto oscuro, sin voces humanas; son las máquinas las que hablan. Los juegos de luces y sombras, más propias del teatro o el cine expresionista alemán, evocan clásicos del terror como Der Golem (1920) o la propia Frankenstein (1931). Resulta también inevitable la comparación con El aprendiz de brujo de Disney. En realidad Robot Carnival como proyecto recuerda al clásico Fantasía (1940), tanto por su afán heterodoxo como por el protagonismo de la música, que lo encauza todo. En resumen, Franken’s Gear es el nacimiento del autómata, el hijo que matará al padre y dominará el mundo.

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Deprive

Hidetoshi Ômori

Deprive es un shônen típico-tópico de cabeza a los pies, pero realizado con un gusto y cuidado exquisitos. Un videoclip musical donde la acción es la protagonista principal. Si en Franken’s Gear el tema a tratar era la creación y el despertar de la máquina, en este Deprive es dotar a esa carcasa del espíritu humano. Así que Hidetoshi Ômori decide recurrir a ilustres clichés para recrearse luego en su expresión. Porque el argumento no tiene nada de particular y lo hemos visto cien veces; es a nivel técnico y artístico que deslumbra y resulta un placer inmenso. Ars gratia artis, señores, los fans de Saint Seiya disfrutaréis como bellacos. Quizá sea el más flojillo de los nueve, a mí es el que menos me agrada; pero consigue en diez minutos sintetizar lo que a muchas series les cuesta contar en todos sus capítulos. Y eso es, como mínimo, una curiosidad. Además no hace perder mucho tiempo.

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Presence

Yasuomi Umetsu

Creo que no es la primera vez que Yasuomi Umetsu aparece por SOnC. Ni será la última, aviso. En este Presence está, sencillamente, sublime. Es el corto más trascendente de Robot Carnival (con permiso de Cloud) y trabaja con ese eterno dilema de lo que es humano y lo que no. Dónde están los límites. Por eso tiene muchísimo de Blade Runner (1982), de hecho el protagonista principal está inspirado claramente en J.F. Sebastian, y su creación tiene un poquito de Pris (pero más de Cindy Lauper y Madonna, jojo). Posee una potente carga simbólica que, ligada a recursos del surrealismo, hace de Presence una obra extraña y mágica, algo cruel también.

Presence es el más largo de los 9 cortos, con 20 minutos de duración. También goza, junto a Strange Tales of Meiji Machine Culture: Westerner’s Invasion, de diálogos entre personajes. Cuenta la historia de un hombre que, sintiéndose poco amado desde la niñez, decide evadirse en la creación de pequeños juguetes mecánicos. Pero su principal obsesión es la construcción de un androide femenino a tamaño real que pueda sustituir la falta de amor de su madre, esposa e hija. Un consuelo. Y por fin, cuando está ya acabada, resulta ser más real, inteligente y humana de lo que le gustaría. Le pide un nombre, le pide afecto porque, como él, también se siente sola. Llevado por el miedo, reacciona con cobardía y la rompe. Solo es una muñeca. Sin embargo, aunque los años se suceden, no puede olvidarla y continúa poblando sus pensamientos.

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Starlight Angel

Hiroyuki Kitazume

Starlight Angel es una fantasía shôjo hecha vídeo musical para la MTV. O lo que era la MTV en esa época, claro: los reyes indiscutibles de la difusión televisiva de la música pop. Ahora es ponzoña. Y estoy siendo amable con lo de ponzoña. Volviendo a lo que nos concierne, este corto no es para romperse la cabeza, se trata simplemente de entretenimiento inofensivo sobre el mal de amores durante la adolescencia; y cómo nuestros amigos los robots pueden consolar los tiernos corazones de ciertas damiselas. Y que de repente aparezca un Mazinger Z malísimo de la muerte por ahí o que todos se echen a volar rodeados de estrellitas, solo son coyunturas de la libertad creativa.

Bromas aparte, quizá sea junto a Deprive el menos sustancioso de los cortos en Robot Carnival. Aun así, esa ingenuidad que busca la catarsis de la protagonista en un parque de atracciones temático, es de lo más deliciosamente frívolo que podréis encontrar en mucho tiempo. ¡Ah, los ochenta, qué maravilla de la horterada y la veleidad! Starlight Angel es miel sobre hojuelas, en la actualidad a nadie se le ocurriría invertir dinero en algo así. Tan insustancial, absurdo y bonito.

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Cloud

Manabu Ôhashi

Y de la comercialidad coqueta de Starlight Angel, a la experimentación de tintes filosóficos de Cloud. No hay que buscar los dilemas fuera, se encuentran en el interior. ¿Y si el hombre fuera en realidad un robot? Un robot que pasa por la vida atrapado bajo las nubes de un mundo incomprensible y cruel; sujeto a la niebla de sus propios pensamientos. Siguiendo un camino predeterminado, con pasos mecánicos, sin atreverse a alzar la vista. Cloud es la alegoría que plasma todo esto, y muestra que solo la luz es capaz de dispersar esas tinieblas, que detrás de ellas se encuentra el sol. Solo así es posible dejar de ser un autómata y recuperar la humanidad.

Manabu Ôhashi, que se oculta bajo el seudónimo de Mao Lamdo en Robot Carnival, se dejó imbuir por el espíritu de los tebeos para crear un arte monócromo y de muy variadas texturas. Como si fuera un dibujo a lápiz o al carboncillo, mezcló estilos con gran plasticidad. Las luces, las sombras están muy bien trabajadas; y la música juega un papel fundamental, pues marca un compás deliberadamente lento que acentúa su atmósfera de ensueño. Cloud no es para todo el mundo, aunque resulte ser de lo mejor de Carnival Robot.

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Strange Tales of Meiji Machine Culture: Westerner’s Invasion

Hiroyuki Kitakubo

Mecha steampunk en la era Meiji. OUHYEAH! Una autoparodia desternillante, sin duda el más divertido y espectacular de los cortos de Robot Carnival. Se ríe de multitud de estereotipos y prejuicios: el villano demente extranjero (y feo, muy feo) que quiere conquistar Japón, el nacionalismo rancio y orgullo patrio que salvarán el país (banzai!), un elenco de personajes caricaturizados al máximo, duelo al sol entre dos robots gigantes, destrucción gratuita por doquier, etc. Resumen: una comedia excelente.

No hay mucho más que decir sobre Strange Tales of Meiji Machine Culture: Westerner’s Invasion porque el argumento es sencillo, lo mejor es disfrutar de su demencia y esa estupendísima animación. Los diseños de los autómatas, así como la ambientación general y los personajes presumen de un cuidado ultrameticuloso. Me recuerdan a los bocetos de Sherlock Hound. Y no, no estoy obsesionada con ese anime (bueno, un poco, fue mi amor infantil). Y eso, que es un poco Miyazaki todo me parece a mí, y me parece también genial. La verdad es que Hiroyuki Kitakubo hizo una labor soberbia, un 10 para él.

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Chicken Man and Red Neck

Takashi Nakamura

Chicken Man and Red Neck toca la peliaguda cuestión de la rebelión de las máquinas. Y Takashi Nakamura decidió optar, muy sabiamente, por una vertiente clasicota. Es un corto que le debe lo indecible a Osamu Tezuka (y, por ende, a Disney), pero también asoman sus cabecitas el maligno director escolar de The Wall (1979) o un infierno tecnificado al estilo del Bosco. Refleja el horror industrial de forma asfixiante. Esta pieza muestra una ciudad que, durante la noche, ha sido tomada por máquinas que se reproducen sin cesar, como un virus. Una civilización monstruosa en la que el ser humano no tiene posición, pues ha sido arrebatada por las máquinas en su función: destruir. Solo un sararîman borracho es testigo de la hecatombe que se cierne, e intenta huir del lugar. ¿Qué ocurrirá? Chicken Man and Red Neck es trepidante, no da tregua; y tiene un desenlace muy a lo Tezuka, así que no decepciona.

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Cada corto de esta antología se aproxima al mundo de la robótica desde una perspectiva diferente. Todos intentan aportar su granito de originalidad, aunque algunos dependan más que otros de ese arte magnífico que comparten. Mis favoritos son Strange Tales of Meiji Machine Culture: Westerner’s Invasion y Presence, aunque Starlight Angel y Cloud también me gustan bastante. ¿Cuáles son los vuestros? Si os apetece echarles un vistazo (que lo merecen, por otro lado) y tenéis el día benévolo, podéis dejar un comentario por ahí abajo. ¡Gracias! Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cortometrajes, paja mental

Los lacónicos

Hace ya unos cuantos días, un comentario de Vannert donde me recomendaba este corto japonés (¡muy, muy bueno!) inspirado en el cuento de Franz Kafka Un médico rural (1919), me dio una idea para hacer otra entrada. Tampoco quería romperme la cabeza demasiado por lo que decidí escribir algo sencillo. Y de lo más sencillo que hay son los listados. Así que allá va una lista de 9 cortometrajes animados nipones que pienso merecen un vistazo atento. Sí, 9, no 10. ¿Por qué? Pues porque sí.

Este tipo de soporte, dada su propia naturaleza, ha consentido al espíritu aventurero y creativo mucho más en sus propuestas que otros; resumiendo, es una parcela donde la vanguardia y el ingenio han podido expresarse siempre con libertad, así que siempre es interesante meter las narices en ellos de vez en cuando. Tanto para observar la evolución del mundo de la animación como para atisbar posibles chispas del futuro. Y disfrutar encima.

Esto no deja de ser una opinión más, la mía; y basada encima en lo que conozco que, lógicamente, no es todo ni muchísimo menos. Pero si al menos os sirve para descubrir algo que no conozcáis todavía o recordar ese pequeño anime que os gustó hace un tiempo, esta entrada ya habrá cumplido su función. Admito que para muchos de vosotros lo que viene a continuación tendrá el mismo atractivo que un escarabajo pelotero cosechando sus porciones de caquitas, pero Sin Orden ni Concierto tiene raticos así. Va en el paquete.

El orden no es indicador de nada, la numeración es solo una forma de organización pero no apunta ningún tipo de preferencia. Tampoco he seguido criterio alguno razonable a la hora de seleccionarlos, la mayoría no tienen nada en común entre ellos. Unos cortos son muy famosos, otros no tanto: todos me gustan. ¡Adelaaaaante, pues!

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Paulette no Isu

ポレットのイス

(2014)

Hiroyasu Ishida es uno de los primeros nombres que me vienen a la cabeza cuando pienso en jóvenes promesas de la animación nipona. La verdad es que potencial tiene, talento también. Algunos lo han bautizado ya como el heredero de Miyazaki (y van…) porque es inevitable percatarse de la enorme influencia que tiene en su trabajo. Este corto, La silla de Paulette, es muestra de ello. El resplandor de Miyazaki aparece por todos sitios. Pero eso es simplificar. La verdad es que prefiero alejarme, en este caso concreto, de todo tipo de comparaciones porque, para un hombre joven como él que todavía tiene el cascarón en el culo a nivel profesional, es injusto catalogarlo de buenas a primeras así. Es un gran halago y una tremenda losa también. Ishida todavía tiene mucho que demostrar y evolucionar para asentar su estilo. Primero debe encontrarse a sí mismo mediante el rodaje necesario. Pero también es innegable que aptitudes posee de sobra, sus obras son realmente buenas y resulta una esperanza firme para el futuro del anime. Yo no le perdería la pista. El primer corto que vi de él, Rain Town (2011), me dejó encandilada; sigue siendo mi favorito de los que tiene en su haber, aunque este Paulette no Isu también me gustó mucho y reconozco es más accesible. La música es estupenda.

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Rain Town

¡Ah, se me olvidaba! Mucho hay que agradecer a Studio Colorido por todo el esfuerzo que está invirtiendo en apoyar proyectos que en la industria del anime actual no tendrían demasiada cabida. Hacer un hueco a la creatividad  y dar soporte real a los artistas, en unos momentos además en los que casi se está tocando fondo, es toda una gesta caballeresca. Me alegra mucho que aún queden idealistas por el mundo.

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Kanojo to Kanojo no neko

彼女と彼女の猫

(1999)

¿Quién no conoce a Makoto Shinkai? A ver, levantad las manos, avergonzaos un poco, carallo. Por supuesto, otro al que han catalogado como el nuevo Miyazaki. Yo si fuera él estaría partiéndome el ojete, pero me da que Miyazaki-sensei es bastante más solemne que mi mediocre persona. Volviendo a lo que nos concierne, este Su gato y ella (1999) es bastante célebre. Incluso logró algún que otro premio y no poco importante, todo un mérito ya que esta obra la sacó adelante prácticamente él solito… exceptuando la música.

Desde la perspectiva de Chobi, un gato, la historia narra su vida y la de su ama. Un relato tranquilo, de gran simplicidad formal y una animación que juega contrastando gran realismo en los fondos y unos protagonistas casi esquemáticos. Todo muy poético, estático; pero también vigoroso. Es tierno observar cómo el gato expresa su amor, un amor puro y sincero, a través de los pequeños detalles que conforman su reducido mundo. Un bonito cuento que deja una sonrisa en los labios.

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Goodbye Elvis & USA

(1971)

¡Y llega el momento weirdo de la lista! Si alguna vez os habéis preguntado qué experimentaríais si os pusieseis de mescalina hasta las cejas, la respuesta tiene un nombre: Keîchi Tanâmi. No hace falta que acudáis a enteógenos, amiguitos, cualquiera de las obras de este caballero resolvería vuestras dudas. Este señor puede haceros alucinar en todos los aspectos sin recurrir a ningún tipo de sustancia. Garantizado. Artista multidisciplinar, es uno de los representantes más prominentes (por no decir el que más) del pop-art japonés. Toda una institución, un pedazo viviente de la Historia del Arte de Cipango.

Este Goodbye Elvis & USA, pertenece a su trabajo Killer Joe’s (1965-1975), siendo una de las piezas más características. Aquí Tanâmi-sensei dió rienda suelta a toda su mala baba e imaginación para cristalizar la cultura popular norteamericana y japonesa. Sin restricciones, con plena libertad creativa; tomando cualquier recurso o elemento, sin reparar en su naturaleza u origen, que fuera útil a sus propósitos artísticos. Y así tenemos ahora lo que tenemos: un espectáculo exuberante de psicodelia salvaje. Imprescindible.

6

On your mark

(1995)

Tanto hablar de Hayao Miyazaki, tanto hablar de él… que no podía faltar en este humilde inventario de cortometrajes. Habría sido un pecado no incluirlo. Se trata de un videoclip que realizó de motu proprio para la canción On your mark del dúo Chage & Aska. Tengo que aclarar, porque si no reviento, que la tonadilla esta me parece la peste, una cerdada suprema que despierta la picadora de carne que llevo dentro. Pero ya dejando de lado eso que suena de fondo, On your mark es todo lo que se puede esperar del Miyazaki de la época comprimido en 6 minutos.

Ciencia ficción, realidad post-apocalíptica, vestigios de ecologismo, fuerte compromiso ético… sí, huele un poquillo a Nausicaä (1984), pero no es un autoplagio. Miyazaki jamás cae tan bajo porque no le hace falta, en su cabecita siempre ha tenido material a rebosar hasta para hacer de una canción hortera (aunque al sensei le guste) una pequeña gema visual. Evidentemente, esa bosta de tema musical no se encuentra a la altura del trabajo de Miyazaki; pero tampoco On your mark resulta especialmente relevante en la trayectoria del japonés. Es una curiosidad bien ejecutada, hermosa; que gustará a los fans, pero que tampoco los sorprenderá demasiado. Eso sí, tiene una peculiaridad interesante y es la estructura no lineal de la narración. Con desenlaces que se autocorrigen, superponen o, quién sabe, quizá son paralelos.

5

Shashinkan

寫眞館

(2013)

ESTOY ENAMORADA DE ESTE CORTO.

Así, en mayúsculas, declaro mi amor incondicional y eterno a Shashinkan. Lo quiero, lo quiero físicamente conmigo in saecula saeculorum, pero de momento me va a resultar difícil. LLORO MUCHO. Detrás de esta maravilla se encuentra Takashi Nakamura. Efectivamente, el de Akira (1988).

El corto nos lleva, a través de los ojos de un fotográfo bonachón (Hinomaru), a la historia temprana del s. XX de Japón: últimos coletazos del Meiji, Taishô y, finalmente, la era Shôwa. Es la vida además de una familia a lo largo del tiempo, enfocada con sutileza y cariño. También hay amargura… y sonrisas. También falta de ellas. Y lirios, hermosos lirios. Es una historia muy sencillita y conmovedora (no hay diálogos siquiera, no hacen falta) pero sin caer en el sentimentalismo. Presenciamos la I Guerra Mundial, El gran terremoto de Kantô, la II Guerra Mundial, los bombardeos… todo queda delicadamente estampado a través de un arte espectacular. Cada detalle, cada maldito detalle está plasmado con enorme belleza. Y ese piano… ay. La evolución del propio Tokio con sus rickshaws, más tarde sus tranvías, luego los trenes… los edificios y construcciones, sus habitantes… Es una verdadera delicia. Nakamura, con su sensibilidad a flor de piel y minuciosidad, se ha ganado el cielo con este Shashinkan. Es de las cosas más bonitas que he visto en años. Haceos un favor y comprobadlo vosotros mismos.

4

The Old man and the Sea

(1999)

Con este corto estoy haciendo un poco de trampa… pero solo un poco. Es una producción rusa, canadiense y japonesa que fue dirigida por Aleksandr Petrov. Como hay 1/3 de Japón en sus tintas, la he incluido porque, además, es una obra preciosa. Se trata de una adaptación de la novela El viejo y el mar (1951) de Ernest Hemingway y la técnica artística utilizada es realmente excepcional y muy poco contemplada en la animación: pintura sobre cristal. Considerada bastante laboriosa, requiere mucha pericia y dedicación aunque el resultado final es extraordinario.

Como la obra literaria, The Old man and the Sea cuenta la historia de un viejo pescador que, tras casi tres meses sin capturar nada y a punto de perder a su joven aprendiz, vuelve a echarse a la mar en su pequeña barca. Mientras espera pacientemente, un enorme pez espada pica uno de sus cebos… pero no todo va a resultar tan fácil. La lucha continua del hombre contra la naturaleza y su derrota ante su colosal autoridad, es uno de los motivos de este cortometraje; pero hay muchos más y no menos importantes. The Old man and the Sea es una obra verdaderamente singular, única, y consiguió multitud de galardones en su momento, entre ellos un Oscar. Y no me sonroja admitir que yo no era muy fan de este libro, pero el corto de Petrov logró reconciliarme con él. Casi.

3

Dôjôji

道成寺

 (1976)

Kihachirô Kawamoto para mí es un puto genio. Los que no hayáis oído hablar de él, estáis perdiendo un tiempo muy valioso de vuestras vidas si no meneáis el culo inmediatamente para averiguar más sobre su persona. Me parece asombroso que este caballero, todo un portento, siga siendo un desconocido para una gran mayoría. Quizá se deba a que la disciplina que utiliza como recurso, el bunraku o teatro de marionetas, no ha calado tanto en Occidente. Pero seamos justos: Kawamoto en realidad sigue la estela de su maestro Tad Mochinaga (1919-1999) en el stop motion; lo suyo no es el bunraku, es la traslación del bunraku al mundo audiovisual. Y gracias a su talento y afán, ahora podemos disfrutar de maravillas como este Dôjôji.

Encajado en el periodo Heian (794-1185), este corto adapta una antigua leyenda del folclore budista japonés a través de su encarnación en el. La narración empieza con el monje Anchin y su mentor, en peregrinación hacia Kumano, tomando alojamiento en la casa de una joven viuda llamada Kiyohime. Esta se encapricha fuertemente de Anchin y, a la noche, se introduce en su aposento para intentar seducirlo. El monje se resiste a pesar de los ruegos de la mujer, y la calma haciéndole la promesa de que se casará con ella. Pero solo se trata de una estratagema: cuando Kiyohime descubre que los dos hombres han huido, enloquece de furor y despecho. No voy a contaros mucho más, salvo que Anchin, desesperado, pide refugio en el templo Dôjôji y Kiyohime, a causa de su obsesión, se ha convertido en una gigantesca serpiente y lo persigue sin tregua. Es muy habitual en el budismo hallar monstruos que, en realidad, son personas dominadas por intensas pasiones; son esas pasiones las que los convierten en demonios. Y en esta historia, además, Kiyohime representa un motivo muy frecuente del imaginario colectivo: la tentación. Ella representa los obstáculos con los que tiene que lidiar Anchin en su senda espiritual.

Me he demorado un poco explicando por encima el argumento porque esta obra carece de diálogos y va dirigida a personas que ya tienen nociones de la leyenda. Es importante conocer algo de ella ya que así se pueden comprender mejor ciertas reacciones y la conclusión de la misma. Dôjôji es un prodigio de la animación y el stop motion. El diseño de las marionetas, sus ropajes, rostros y movimientos tan concienzudamente elaborados por Kawamoto; las esmeradas ambientaciones y la excelente unión entre 2D y figuras, con el transcurrir de las décadas, no han dejado de impresionar. Resumiendo: una japonesada de qualité que todos deberíamos ver.

2

Airy Me

(2013)

Aunque no os lo creáis, este vídeo musical del grupo japonés Cuushe fue el proyecto de fin de carrera de una jovencita anónima llamada Yoko Kuno. Como fan de Mayuko Hitotsuyanagi (el cerebro de Cuushe), el art concept de su disco Butterfly Case (2013) captó inmediatamente mi atención… y cuando me topé con este vídeo ya me quedé pasmada. ¿Quién se escondía tras todo esto? Ah, menudo descubrimiento.

La perfecta sincronización audiovisual asusta. Ese firmamento hipnótico musical, que se extiende con obstinado ritmo mecánico casi dislocado, fue aprehendido matemáticamente por Yoko Kuno, creando una fantasmagoría de increíble simplicidad y violencia. Mediante el aliento clásico de Osamu Tezuka, esta jovencita es la responsable de una arquitectura aérea que fascina por su desbordante intensidad y dinamismo. El resultado es límpido, de una ferocidad delicada; como la propia historia que cuenta sobre científicos locos y experimentos humanos. Desde luego Kuno-san es una joven a la que no perder de vista.

1

Jumping

ジャンピング

(1984)

Este corto de Osamu Tezuka es genial y tiene una pizca de mala leche muy divertida. El dios del manga también tuvo su vertiente más experimental como bien sabréis, e hizo varios cortometrajes a lo largo de su vida que así lo demuestran. Este Jumping pertenece a la que sería una “segunda hornada”, donde había alcanzado ya una madurez.

Jumping, con un único plano subjetivo de base y sin apoyo musical, nos cuenta cómo un niño o una niña, caminando por el que parece su barrio, comienza a saltar y a saltar y a saltar cada vez más alto… avanzando y llegando a lugares de lo más remoto. Hulk style. Podríamos decir que es una especie de alegoría de los saltos que da la humanidad en su progreso; y en su viaje por el mundo, el o la protagonista se topa con todo lo que ha logrado, tanto bueno como malo. Visita selvas, ciudades, océanos, zonas de guerra… y  a sus habitantes. Todo desde la visión imparcial de un niño.

Siendo del año 1984, comprenderéis que no haya uso de CGI ni nada que se le parezca; y aun así es un corto innovador, enérgico y con un dominio de las perspectivas soberbio. El vídeo que he linkeado no tiene una calidad demasiado buena, he sido incapaz de encontrar otro mejor (que me permitiera incrustarlo); pero aquí tenéis un enlace donde lo podréis ver en una resolución más decente.

Y esto ha sido todo por hoy. Me ha salido una entradilla un poco random aunque seguro algo de provecho sacaréis. Creo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.