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TAG: Mangas que me han marcado

En los comentarios de esta entrada, la siempre dinámica Magrat me pedía que hiciera una lista con mis mangas preferidos. La verdad es que, como le sucederá a todo el mundo, me gustan muchos (demasiados) y, como soy persona algo indecisa, no sabría ni por dónde empezar ni qué criterio seguir. Así que, en primer lugar, he decidido elegir mangas que, de una manera u otra, me han marcado personalmente. Esto quiere decir que sí, hay mangas que me gustan más que los escogidos; también los hay mejores. Pero estos son de los que me han impactado más, para bien o para mal. También quiero aclarar que no he seleccionado mangas que me parezcan mierder (esos también pueden marcar de lo lindo). Eso daría para otra lista, el top de mangas mierder que, hace ya un largo tiempo, tengo en mente. Todo llegará, todo llegará.

En segundo lugar, me ha parecido apropiado aprovechar esta sugerencia para hacer un pequeño tag y así permitir la difusión de información entre blogs. Nos conocemos unos a otros mejor y, además, tenemos la posibilidad de descubrir nuevas obras. El tag es simple: escoge 9 mangas finalizados que te hayan marcado. Cuéntanos algo sobre ellos y la razón por la que te impresionaron. Nomina a 3 personas luego para que lo realicen. Fin.

Mis nominados son: Die Gigafantasma Sterne Flugzeuge Erfahrung, El Libro de Ange y Horizonte Púrpura.

No es obligatorio hacerlo, por supuesto, ni tampoco hay un tiempo límite para confeccionarlo. Pero sería muy interesante leer las selecciones de cada uno de los blogueros y así, quizás, a los colegas que todavía no se han lanzado a la lectura porque prefieren el anime, les pique el gusanillo. Quizá, quién sabe. Por supuesto, os remito a las dos entradas de Magrat, esta y esta, donde recomienda su lista de mangas. Es una selección muy buena donde se encuentran algunos de mis tebeos preferidos también.

Bueno, empecemos.

9

niñogusano

No será la mejor historieta de Hideshi Hino ni me gustará tanto como Panorama of Hell, pero le tengo mucho cariño a este pequeño manga. Dokumushi Kozô o El niño gusano, me retrotrae a una época de mi vida muy especial y su historia, a pesar de que estamos hablando básicamente de un cuento de horror, conquistó mi tierno kokoro desde la primera página. Seguramente fuese porque, como fan de Kafka que soy, la historia me remitía inevitablemente a su célebre Metamorfosis y con eso me tenía medio engatusada. Y también que las historias sobre misfits o marginados suelen gustarme mucho. Y de eso va el tebeo, de un niño inadaptado y despreciado incluso por su propia familia, que halla su solaz únicamente entre animales, bichos y montañas de basura. Pero todo cambia cuando, a causa de una picadura, sufre una transformación… Y hasta ahí puedo contar. No es un relato para todos los públicos, ya que Hino no es de esos que se reprimen a la hora de dibujar asquerosidades varias de forma explícita, aunque lo haga a través de un dibujo de estilo infantil. Es uno de los reyes del gore japonés. Pero es que, además, con Hino hay que andar con cuidado, porque sus tebeos no son un mero revoltijo de vísceras y bizarradas, tienen un potente mensaje detrás. La crítica social e histórica, a través de un humor negrísimo, también posee espacio en su obra. El niño gusano no es diferente en ese aspecto.

8

takahama

La rápida corriente

que se precipitó desde la cima del Tsukuba

es ahora el tranquilo y ancho Mina,

y así creció mi amor, hasta llegar a ser

un estanque de profunda melancolía

Waka nº 13, Ogura Hyakunin Isshu (c.1235), Emperador retirado Yôzei (869-949)

Los fragmentos de las vidas que conforman este manga son como un puzzle que no necesita, ni desea, ser completado, porque sus piezas tienen vida propia. No es precisa una conclusión. Pero es el amor, en sus diferentes encarnaciones, el factor común que las une en cierta forma. Monokuro kinderbook no será la obra mejor acabada de Kan Takahama ni la más popular, aunque sí la que me hizo reflexionar sobre lo que me gustaría poder encontrar en todos los slice of life. Un algo indefinible que mezcla crudeza con ternura, que plasma la gigantesca complejidad de las emociones humanas con sencillez. Y eso es este manga para mí.

7

pure_trance

La perversión de lo kawaii. Lindas señoritas, lindos gatitos y lindos corazoncitos. También motosierras, robots asesinos, ratas antropófagas, rollo sadomaso y mucha violencia. La primera vez que me enfrenté a Pure Trance me quedé en plan: “A ver, ¿qué cojones acabo de leer?”. Y volví a hacerlo, claro. Junko Mizuno no se anda con tonterías: ubicado en un Tokio subterráneo, después de una Tercera Guerra Mundial que asoló la superficie de la tierra, se nos presenta una historia que poblaría, sin lugar a dudas, las pesadillas más brutales de Hello Kitty. El entorno es un hospital dirigido por una psicópata drogadicta, aficionada además a turbios experimentos genéticos, que controla literalmente con látigos y otras armas letales a su personal de enfermeras. A los pacientes ni los considera. A veces me daba la sensación de estar viendo una especie de Powerpuff Girls estilizadas pero, obviamente, con un tono radicalmente distinto y gótico. Muy enfermo. No sé si lo he aclarado, pero Pure Trance es ciencia ficción distópica de lo más feroz, mezclada con terror y gore. Eso sí, muy kawaii. Y salen tetas y culos también. Evidentemente, es un vituperio hacia la sociedad japonesa, utilizando sus propias armas y corrompiéndolas hasta la médula. Ese contraste exagerado entre lo considerado bello, tierno y lo más deleznable e inmoral que uno pueda imaginar, es la burla perfecta; una denuncia social también de lo más insólita. Pero, aún hay más, ¡la historia que cuenta encima Pure Trance es buena!

6

adolf

Fue el primer tebeo serio de Osamu Tezuka que leí y, lógicamente, me dejó K.O. Luego vinieron, poco a poco, otros; y fui aprendiendo los diferentes registros de Manga no Kamisama. La verdad es que no sé ni por dónde empezar con Adolf ni Tsugu, es tan grande en todos los aspectos y toca tantos y tan diferentes temas… uf. Tezuka en Adolf fue, indudablemente, el rey del gekiga; este hombre era un fuera de serie. Y admiro sinceramente su valentía al tratar, con total severidad, la Segunda Guerra Mundial; el alineamiento de Japón con la Alemania nazi, la ingrata posguerra. Resulta muy interesante observar todo desde la óptica, precisamente, japonesa, ya estando ahítos de la aliada. Y así Tezuka nos lanza a un periodo histórico fascinante y convulso a través de los ojos de tres hombres llamados Adolf: Hitler, Kaufmann y Kamil. Kaufmann es de padre alemán y madre japonesa, Kamil de padres alemanes judíos. Ambos se hacen amigos durante la niñez en Kobe, pero sus circunstancias vitales y elecciones personales harán que se separen y lleguen a convertirse en enemigos. Pero hay muchos más personajes y subtramas, la principal girando en torno a la idea del origen judío de Adolf Hitler, con el periodista Sôhei Tôge al acecho. Intrigas, conspiración, asesinatos, crítica social, el horror de la guerra, la influencia creciente del comunismo en Europa… eso y mucho más hay en Adolf no Tsugu. Una historia que se dilata a lo largo de los años, inexorable, y que muestra de forma descarnada la naturaleza humana.

5

giants

I kill giants o Soy una matagigantes de Joe Kelly y Ken Niimura es uno de esos mangas que siempre tengo a mano. Esté donde esté, vaya donde vaya, casi siempre me acompaña si encuentro hueco suficiente en la maleta. No exagero. Me encanta releerlo, y me ayuda a tener presentes algunas reflexiones. Recordarlas suele evitarme bajones gordos. Esto se debe a la temática de fondo que toca el tebeo, que no voy a contar, pero con la que me sentí muy identificada. Imagino que conforme pase el tiempo, iré necesitando menos su lectura… aunque el dolor nunca desaparecerá. I kill giants, independientemente de mis traumas personales, es un manga estupendo del que hice ya una reseña aquí. La protagonista, Barbara Thorson, es uno de mis personajes favoritos del mundo del cómic. Y la historia de esta chica, una guerrera que combate los gigantes que destruyen la felicidad y vida del mundo, es, sencillamente, soberbia. La mezcla de realidad y fantasía, el arte fascinante de Niimura y ese desenlace filosófico, hacen de I kill giants uno de esos tebeos que no se olvidan. Sin sentimentalismos, duro pero tierno. Un amor de manga.

4

mai

Lo que me ha entretenido, y lo que me he reído, con Mai, es algo que siempre agradeceré a la pareja de Rudo Kazuya y Ryoichi Ikegami. Es un shônen típico cuyos 53 capítulos se pasan volando: acción, aventuras, fenómenos paranormales, drama, conspiraciones, artes marciales, algo de comedia, intriga y fanservice candoroso. Eran los 80, señores, mucho más alegres e infinitamente menos conservadores que los tiempos actuales. Y es un manga muy anclado en esa época, aunque totalmente comestible. Cuando vi aparecer a Yoda (sí, el de Star Wars), me brotaron lágrimas de los ojos. DIOS MÍO. Mai tiene el espíritu de los tebeos de superhéroes americanos, con un ritmo trepidante y unos arcos argumentales vigorosos. No se corta en asimilar, para regurgitar posteriormente, todo tipo de influencias de la cultura popular. Y le sale bien la jugada, pero que muy bien. Ese dibujo tan maravilloso de Ikegami además es impagable. Leer una obra así de divertida, bien construida y con esa candidez de los clichés de toda la vida, sin tener que preocuparse de nada salvo de dejarse absorber por las peripecias de la protagonista, no tiene precio. Algunas cosas son muy pasadas de vueltas, lo admito, pero la épica generalmente peca de ese defecto. Se lo perdono sin rencores por la espectacularidad.

¡Ah, que se me olvida comentar de qué va! Pues el personaje principal es una adolescente de 14 años, Mai, dotada de una serie de poderes psíquicos heredados de su difunta madre. Ha llevado una vida normal, intentando ocultar sus capacidades, hasta que una organización secreta internacional, que controla a la población con habilidades especiales, decide ir más allá de la mera vigilancia y secuestrarla. ¿Por qué? ¿Quién está detrás de esa organización? Pues eso, junto a otros emocionantes elementos más que van surgiendo, es lo que hay que descubrir leyendo.

3

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A Isis le entusiasma dormir encima de mis libros ❤

Los cuentos de niños diferentes, como ya he señalado en el nº 9 de este listado, me suelen atraer bastante. GoGo Monster de mi amado Taiyô Matsumoto si no es mi favorito de su obra, poco le falta. No fue tampoco lo primero que leí de él, pero sí el que más recuerdos vívidos ha dejado en mi cabeza. Que de eso va este tag.

Los que no hayáis leído todavía nada de él (ver un anime no cuenta), desde mi punto de vista GoGo Monster es material perfecto para introducirse en su estilo, porque no es para nada el acostumbrado. Posee una fuerte impronta occidental, resulta muy particular y, aun así, es un autor muy, pero que muy, japonés. Uno de los creadores más originales que hay pululando en la actualidad sin duda, siempre sorprende; y con una personalidad pronunciadísima, tanto en el arte como en sus historias.

-Conozco a varios niños que perciben ese mundo que no vemos con los ojos.

-¿Son alucinaciones? En resumen, me está diciendo que la intensa imaginación de Tachibana ha enturbiado su conciencia, ¿no?

-No creo que sea eso.

Yuki Tachibana es el protagonista de este manga, un niño raro y poco sociable que está sugestionado con la existencia de unas criaturas invisibles que viven en el cuarto piso, de acceso restringido, de su colegio. Y estas criaturas están siendo amenazadas por la llegada de otras diferentes de talante muy poco amistoso. Pero Tachibana no es el único que percibe este otro mundo, el anciano conserje y jardinero de la escuela junto a dos niños más, son capaces de advertirlo también. Y con esta historia, Matsumoto juega con la noción de realidad, haciéndola elástica y permeable, casi indistinguible de la imaginación y los sueños. Realismo mágico, surrealismo y la veloz etapa de la infancia galopando hasta perderse de vista: marca de la casa.

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Sí, más Isis, esta vez arropada con Midori.  Lo sé, hago muchas idioteces.

Dicen que las impresiones iniciales son las más duraderas y en mi caso con Suehiro Maruo fue así.  Lo primero que cayó en mis manos de este maestro del ero-guro resultó ser este Shôjo Tsubaki, también conocido como simplemente Midori. Lo compré hace milenios casi a ciegas y, a partir de entonces, ya no pude librarme del veneno Maruo. Se convirtió en uno de mis mangakas favoritos. Shôjo Tsubaki me impactó tanto por su belleza como por su depravación. Una perversión absoluta de todo lo que es inocente y noble en el mundo; y no hablo solo de sangre y casquería. Este autor va más allá. Midori es uno de sus tebeos más conocidos y también representativos, con ese delicado arte resplandeciendo entre exquisitas crueldades. Hice una mini-reseña de este manga, junto a otros diferentes, en esta entrada (una de las primeras que escribí) para celebrar el Halloween del 2014, por lo que no me alargaré más.

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akira

Akira es uno de esos tebeos que todo el mundo conoce, aunque sea solo por referencias, y que ha servido de trampolín para los lectores de cómic occidental hacia el universo del manga también. Os aseguro que su fama es bien merecida, Akira es el alfa y el omega del manga moderno. A partir de él las cosas ya no fueron igual en el mundo del cómic japonés. Fue completamente revolucionario y, aún actualmente, continúa siendo una obra asombrosa e imprescindible. Un clásico de la historieta. Y no, no basta solo con ver el anime, Akira hay que leerlo. No tengo mucho más que añadir, se ha escrito y hablado de él por activa y por pasiva. Todo lo que pueda decir será ya redundante. A mí me cambió por completo, es el manga que más me ha impactado hasta ahora, y he leído unos cuantos.

shirokumacafe

Siendo como soy una enferma del terror, pensaba que me saldría un listado más lúgubre, pero creo que es hasta equilibrado. Bueno, más o menos. La mayoría son clasicazos, pero esta no deja de ser una selección muy personal. No son estrictamente recomendaciones. Lo que sí son recomendaciones son los mangas de esta otra lista, que realicé estas navidades pasadas con el mundo del crimen de telón de fondo. Si os interesa el tema, creo que podríais encontrar algún tebeo más que curioso.

Y eso ha sido todo por hoy. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Maruo no sonríe

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de escribir una breve reseña (“breve”, esperad que cojo aire para reírme a gusto JAAAAAAAAAAAAJA) sobre un manga que creo que es bastante conocido. Conocido para bien o para mal, es un clásico. Quería hacerlo además porque resulta ser uno de mis tebeos predilectos. En realidad soy muy fan del autor, Suehiro Maruo, y el manga al que me refiero es La sonrisa del vampiro. Hace unos años hablé de él en un programa de radio donde solía colaborar, pero no pude explayarme todo lo que me hubiera gustado ya que tenía un tiempo límite. Así que me voy a quitar esa espinita.

Avisar contundentemente que este tebeo no es para todos los públicos, como en general no lo es tampoco la obra de Maruo. Si eres de temperamento sensible, no toleras bien los contenidos explícitos o simplemente no te gusta el ero-guro, puedes parar de leer y alejarte todo lo que puedas de este autor. Suehiro Maruo es capaz de joderte la cabeza de por vida con solo una viñeta. Y no estoy exagerando ni un ápice. Los que conozcan un mínimo a este mangaka lo saben bien. Si no te suena de nada (sería raro), date por advertido, querido lector.

Sé perfectamente que no va a ser una entrada popular (tampoco lo es esta bitácora, sois pocos los que entráis y os agradezco más de lo que imagináis vuestra atención); pero como otras veces he escrito, este blog es mío, expresa en cierta manera lo que soy… y no encuentro motivos lógicos para inhibirme. Me gusta el terror y me gusta Maruo, con lo que esta reseña era inevitable. Aunque ya se haya escrito de este tebeo hasta el vómito, me da igual.

La sonrisa del vampiro

笑う吸血鬼

1998-2004maruo1Adentrarse en la obra de Suehiro Maruo es penetrar en un universo de riqueza visual abrumadora y, a la vez, de horrores indescriptibles. Una de las primeras cosas que llaman la atención es su bello estilo clásico (incluso ingenuo), de entintado límpido, pero que se embelesa en un preciosismo asfixiado por un culto al detalle casi paranoico. Todo bajo una potente luz expresionista, mostrando de manera implacable crueldades y aberraciones. Cautiva y repugna a la vez, de ahí que sea tan fascinante. No es complicado rastrear sus influencias, que beben directamente del Muzan-e de la transición Tokugawa-Meiji.

"Eimei nijûhasshûku" de Tsukioka Yoshitoshi (1867)
“Eimei nijûhasshûku” de Tsukioka Yoshitoshi (1867)

Pero Maruo no se queda solo ahí, a lo largo de los dos volúmenes que conforman este manga, nos muestra, a través de pequeños homenajes, su admiración por obras de arte occidentales que abarcan desde Los desastres de la Guerra (1808-1814) de Goya, pinturas de artistas simbolistas como Arnold Böcklin (La Plaga, 1898), George Frederick Watts (Esperanza, 1886) o puntadas directas al surrealismo (Le Plaisir de René Magritte, 1927). De hecho, el influjo surrealista del Buñuel más enajenado incluso Fellini, se huele por doquier en multitud de pormenores. Por no hablar del gusto de Maruo por el teatro de Bertolt Bretch o la etapa finisecular del Grand-Guignol parisino, del cual extrae la esencia más deshumanizada y decadente.

Vamos, que no es un diletante precisamente, y ha introducido en La sonrisa del vampiro todo aquello que ha considerado adecuado para adornar este cuento macabro. Porque es un cuento gótico a la antigua usanza, donde intenta profundizar sobre la naturaleza del vampiro. Para ello Maruo cubrirá varios frentes: el del vampiro convertido, el del que surge de manera espontánea y el del que nace. El autor no ofrece nada nuevo pero siempre, y digo SIEMPRE, es un placer (re)encontrarse con los monstruos de verdad y no mariposillas lastimeras espolvoreadas con purpurina.

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El primer volumen, comparado con el segundo que es un auténtico festival desenfrenado, es mucho más sobrio. Tiene una estructura dual, donde se contrastan dos aspectos diferentes de la brutalidad. Es el comienzo del cuento, de cómo el protagonista principal masculino, Kônosuke Mori, es elegido por una anciana vampiro para ser su compañero y transmitirle su legado. Esta le cuenta su historia, en un Japón derrotado y deshecho tras la II Guerra Mundial, sobre su supervivencia robando a los muertos (casi como una ghouleh) y, al ser descubierta, su asesinato por una turba. Pero la muerte no la acepta, convirtiéndose en un vampiro. La realidad en la que se desenvuelve Kônosuke, incluido su entorno escolar, no es mejor; y Maruo pone especial énfasis en una sociedad corrompida hasta médula donde el egoísmo y las bajas pasiones son ley. La violencia y el sexo juegan un papel muy importante, sobre todo este último aspecto, que se ve reflejado en el personaje de Runa Miyawaki, que observa asqueada la prostitución encubierta de sus compañeras de clase, lo que la lleva a una represión de su propia sexualidad ante tanta concupiscencia. Runa considera a los que la rodean vampiros, y no tarda en ser contagiada de la peor de las formas: violada por un payaso inspirado en la figura del asesino múltiple John Wayne Gacy.

Y por otro lado tenemos a Sotoo Henmi, alumno del mismo centro que Kônosuke y Runa, estudiante modélico pero un psicópata de tomo y lomo; incapaz de empatizar con nadie y obsesionado con la muerte. Lleva un diario donde meticulosamente describe sus fechorías (incendios, matanzas de animales, etc), revolcándose en su cieno narcisista. Cuando los crímenes cometidos por un Kônosuke desbocado saltan a la luz pública, Henmi se siente espoleado a actuar de manera más directa y perfeccionar su ideal enfermizo de muerte. Su víctima es Runa que, ¿afortunadamente?, es recuperada por Kônosuke para hacerla su consorte.

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El segundo volumen retoma directamente la historia, explicando los dilemas morales de la naturaleza vampírica, sobre todo a través de Runa; y añade más personajes que enturbian lo que en principio era un argumento más lineal. La sonrisa del vampiro 2: Paraíso es una explosión, con los beneficios e inconvenientes que eso conlleva. Al diversificarse el hilo, tiende al caos y no profundiza tanto, llegando a ser caricaturesco (se nota que esa es la intención de Maruo, no obstante); lo grotesco alcanza cimas increíbles, y toparse con una Renfield infantil es desgarrador. El tono es mucho más exacerbado y aparecen ligeras incoherencias, pero nada serio. Se sigue haciendo hincapié en la idea de que tanto humanos como vampiros son semejantes en depravación. Desde mi perspectiva, no llega al nivel del primer tomo y está algo desaprovechado; tampoco se obtienen resoluciones en temas importantes, pero aún así continúa siendo un buen manga. El arte es maravilloso, las referencias tan típicas de Maruo al período temprano Shôwa, la poesía de Kinoshita Mokutarô o al cine clásico de terror siguen haciendo de esta obra algo realmente especial. Los recursos estilísticos son similares a los del primer tankôbon, con una fluidez cinematográfica extraordinaria, que ahondan en esa sensación de estar viviendo una pesadilla de la que no se puede despertar.

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¿Max Ernst? No, Suehiro Maruo

El que encasille este tebeo de sencillamente gore no tiene ni idea. Eso es quedarse en la mera superficie, pero también es cierto que ese envoltorio gore hace muy difícil que a un no-adepto al género le pueda llegar a gustar. Porque hay mucha sangre. Mucha casquería. Mucha atrocidad. Pero hay una historia detrás, la ferocidad no es tan gratuita. El ambiente que se respira continuamente es insalubre, una demencia exquisita y horrible que angustia tanto como se disfruta. Pero es que las obras de Maruo, en realidad, son un descenso insondable al Maelström, para qué engañarnos.

Buenos días.