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5 y 5 del 2017

Hola. Feliz Navidad. Y eso.

Cada vez me cuesta más y más y más realizar listados. Que perezón, por Luzbel. Pero la anual es necesaria, de hecho es una tradición en estos tres años de blog. En Somos Series presenté ya un ultra-resumen este jueves…

 …y aquí tenéis, por fin, su versión extendida definitiva con más detallicos. De todas formas, recordaros que mis compis, Magrat y Pau, de Otakus Treintañeras tendrán sus tops anuales listos dentro de muy poquito, no os los perdáis.

Este 2017, y os recuerdo que este es mi punto de vista, ha sido bastante meh en cuestión de estrenos. El nivel ha sido mediocre, aunque ha mejorado en el último tramo porque la temporada de otoño ha resultado ser, con diferencia, la mejor del año. Por lo que alguna cosilla he sacado en limpio, pero cada vez soy más difícil de conformar. Y es normal, con el tiempo (y es mucho, pero mucho tiempo el que llevo viendo anime, camaradas otacos), se van quitando las ganas de tolerar según qué cosas.

Por otro lado, las continuaciones han sido las que han brillado de verdad en 2017, una lluvia de estrellas que ha sido imposible de ignorar. Y a pesar de que solo acostumbro a incluir estrenos en los 5 y 5 anuales, en esta ocasión, motivada por la escasez de nuevas series dignas y la manifiesta superioridad de las enésimas temporadas, voy a hacer una excepción y añadir una continuación tanto en los fave ones como meh ones. Y es que tanto Uchôten Kazoku, 3-gatsu no lion, Hôzuki no Reitetsu o Shôwa Genroku Rakugo Shinjû han sido, y están siendo, las que han salvado del Gehenna a este annus horribilis animesco, donde la medianía e insipidez se han enseñoreado del panorama. Ha sido un año verdaderamente aburrido; lo que tampoco ha venido mal, sobre todo para poder ver anime con más calma y aprovechar la contingencia para escarbar un poquillo en obras del pasado.

Pero, ¿ha habido algún estreno que haya merecido la pena? Desde luego, pero el paisaje de este 2017 ha sido tan yermo que no lo puedo considerar un buen año. Espero que no se convierta en tendencia. Comprendo que los estudios no trabajan solo por amor al arte y que necesitan crear productos rentables. Pero rentabilidad no tendría que ser sinónimo de vulgaridad, a no ser que en realidad sea el propio público otaku el que esté adocenado cada vez más. Tendríamos que, entre todos, ser más exigentes. Que nos sirvan mierda para comer tan a menudo quizá tenga que ver un poco también con que estamos pidiendo y consumiendo con sumo gusto esa mierda.

Dejando las reflexiones a un lado, os recuerdo que los meh ones no son series chungas per se, sino decepciones en general, un matiz que avanza un poco más allá en la noción de anime simplemente malo. ¡Empecemos!

faveones

ACCA: 13-ku Kansatsu-ka
ACCA 13区監察課

ACCA: 13-ku Kansatsu-ka (reseña aquí), cuando recién acabé de verla, no me pareció una maravilla de serie, aunque sí bastante decente. No la consideré perfecta, pero sus virtudes eran las suficientes para tenerla presente al menos durante la temporada invernal. El estilo peculiar de Natsume Ono, que en color gana muchísimo, junto a un apartado artístico original y muy pop, brindaron frescura a una historia de trasfondo político inquietante pero enfocado, quizás, de una manera algo anticlimática. Con un elenco interesante pero un pelín desaprovechado; y un protagonista con una personalidad poco habitual entre las historias del género, donde suele abundar el carisma y cierta predisposición a la acción.

Aun así, ACCA: 13-ku Kansatsu-ka se ha ido perfilando como uno de los estrenos más atractivos del 2017. A pesar de sus defectos. No podía ser de otra forma visto el elocuente perfil bajo de este año, que obliga a destacar series que habrían pasado más discretamente  por nuestros resúmenes anuales. Por falta de mejor material, ACCA se encarama en mi top 5 con todo el derecho del mundo. Y no es mal anime, pero podría haber sido mucho mejor.


Little Witch Academy

リトルウィッチアカデミア

Como me ha sucedido con ACCA: 13-ku Kansatsu-ka, Little Witch Academy no me ha dejado encandilada, pero es un producto la mar de digno. Lo dejé aparcado unos meses, pero lo recuperé para realizar un Tránsito que no pude terminar de escribir por falta de tiempo. Pero caerá, eso seguro. Me ha convencido bastante más que otros anime normalitos como Tsuki ga Kirei, Just Because! o Konohana Kitan, que me empalagan y aburren a partes iguales. Little Witch Academy es competente y no se sale ni un milímetro de lo que se le exige a este tipo de anime dirigido a un público joven ávido de fantasía clásica. No es insólita, no sorprende ni ofrece nada nuevo al género de brujería kawaii.

Es un mahô shôjo a lo Harry Potter de historias y personajes sencillos muy identificables, pero que resuelven sus conflictos con soltura. Aventuras, comedia, misterio y un brindis por la amistad y el afán de superación. Un coming-of-age tradicional maravillosamente construido que no defrauda a los que disfrutamos del género… si no le reclamamos que se salga de sus propios límites. Porque es un anime bastante convencional, pero gratamente entretenido y sin afectación. A ratos peca de tontainas, aunque no es nada serio. Y es lo que tiene Little Witch Academy, que no se le deberían pedir peras al olmo.


Hôseki no Kuni
宝石の国

Como ya comenté en Somos Series hace unas semanitas, Hôseki no Kuni une una arriesgada propuesta visual con una historia que bebe directamente de la iconografía del Budismo de la Tierra Pura para crear una original historia de ciencia-ficción que juguetea con la tradición religiosa oriental de la reencarnación y la fantasía. Una flamante criatura que incorpora el CGI de manera descarada a la animación tradicional, y que no puedo evitar que me recuerde a mi querida Shôjo Kakumei Utena en muchos aspectos para bien.

De acuerdo con La esencia de la Salvación, de Eshin, los Diez Placeres no son nada más que una gota de agua en el océano comparados con los goces de la Tierra Pura. El suelo es allí de esmeralda y los caminos que la cruzan, de cordones de oro. No hay fronteras y su superficie es plana. Cincuenta mil millones de salones y torres trabajadas en oro, plata, cristal y coral se levantan en cada uno de los Recintos sagrados. Hay maravillosos ropajes diseminados sobre enjoyadas margaritas. Dentro de los salones y sobre las torres una multitud de ángeles toca eternamente música sagrada y entona himnos de alabanza al Buda Tathagata. Existen grandes estanques de oro y esmeralda en los jardines para que los fieles realicen sus abluciones. Los estanques de oro están rodeados de arena de plata y los de esmeralda, de arena de cristal. (…)Las orillas de estanques y ríos están cubiertas de bosquecillos con preciosos árboles sagrados que poseen troncos de oro, ramas de plata y flores de coral. Su belleza se refleja en las aguas. El aire está colmado de cuerdas enjoyadas de las que cuelgan legiones de campanas preciosas que tañen por siempre la Ley Suprema de Buda, y extraños instrumentos musicales, que resuenan sin ser pulsados, se extienden en lontananza por el diáfano cielo.
Una mesa con siete joyas, sobre cuya resplandeciente superficie se encuentran siete recipientes colmados por los más exquisitos manjares, aparece frente a aquellos que sienten algún tipo de apetito.
 El sacerdote y su amor (1953), Yukio Mishima 

Aunque la historia que cuenta, sobre todo la caracterización de los personajes, no sean especialmente rompedores, pues tira mucho de clichés, todo se encuentra ensamblado adecuadamente para que esos elementos, tan reconocibles y tan repetidos en la historia del anime, no acaben haciéndose tediosos, sino entrañables incluso. El monje con pintas de androide y sus ángeles de Charlie particulares, que no son tan asexuados como en un principio nos quisieron vender, se enfrentan a los habituales villanos aparentemente frígidos, pero que guardan, cómo no, un misterioso vínculo con el Sensei. Este sabe más de lo que dice, está ocultando información vital sobre la propia existencia de las Gemas, el intrincado mundo que los rodea y sobre su misma identidad.  Un “nada es lo que parece” de manual, pero de configuración eficaz.

Hôseki no Kuni es una serie dinámica y entretenida, que además gustará a los fans de la mineralogía, porque las propiedades gemológicas de cada personaje dan bastantes pistas sobre su personalidad y probable destino. De momento, ha sabido mantener el ritmo muy requetebién, la evolución del guion consigue retener el interés del espectador y engancha, porque ofrece variedad de manera equilibrada. Aventuras trepidantes y enigmas existenciales en un futuro muy, muy lejano donde el ser humano ha quedado ya muy, muy atrás.


Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen
昭和元禄落語心中~助六再び篇

En cuestión de enésimas partes, podría haber elegido para este top 5 de mis anime favoritos de 2017 también 3-gatsu no lion, Hôzuki no Reitetsu o Uchôten Kazoku (reseña de mi compi Magrat aquí). Perfectamente. Pero me quedo con Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen. No me gustó demasiado cómo se inició, pero acabó ganándome por completo. Para mí fue una triunfada de anime el año pasado y esta, su segunda temporada, también. Le tengo verdadero amor a esta serie. Un melodrama histórico hecho con cariño y pleno de matices y claroscuros, como la vida misma. Y como habitualmente ocurre con este tipo de series, aunque no sean muy abundantes que digamos (deberían aparecer más, pero el público adulto todavía tenemos que ganarnos nuestro espacio), la velocidad y cadencia del anime pueden resultar lentas para una parte importante de la otaquería. Sin embargo, Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen sigue el ritmo que debe de llevar, ni más ni menos.


Made in Abyss
メイドインアビス

No tengo mucho más que añadir a la entrada Manga vs. Anime que escribí sobre Made in Abyss en octubre. Si no es mi estreno animado preferido de este 2017, le falta poco. Y resulta estupendo que vaya a tener una segunda temporada, porque este tipo de relatos épicos requieren de un clímax y un desenlace. Siempre, sin excepciones. Sería una pena que dejaran sin finalizar su historia, aunque al menos nos quedaría el manga para aliviarnos. Que tampoco sería un consuelo menor, por cierto.


 

mehones

Aunque no estén incluidos en este top 5 de mediocridades, merecen una deshonrosa mención Vatican Kiseki Chôsakan, por la enorme vergüenza ajena que da por todo (y si digo todo es todo); Kino no Tabi por su memez, que ha defraudado a los que esperábamos un remake de su antecesora más apropiado; y Omiai Aite wa Oshiego, Tsuyoki na, Mondaji, que está inaugurando una moda vomitiva en lo concerniente a josei cortos subiditos de tono junto a Sôryo to Majiwaru Shikiyoku no Yori ni… que rezuman un machismo flipante. Si de verdad las japonesas se ponen cachondas con esta clase de historias, pues me temo que “Houston, tenemos un problema”. Y serio.


Kuzu no Honkai
クズの本懐

Kuzu no Honkai tuvo una relativa buena acogida entre el público joven. Puedo entender la razón. Pero este anime no deja de ser un culebrón ecchi donde adolescentes, sin media neurona debo añadir, se dedican a retozar como bestezuelas en celo. Hay también un par de adultos igual de anormales, pero básicamente recrea el ambiente de un instituto de secundaria donde todos andan más salidos que el pico de una plancha. Una hipérbole de las relaciones sentimentales pero con el lógico filtro de la represión emocional japonesa. En un principio creí que podría llegar a encontrar resquicios de Inio Asano en el argumento y los personajes, porque la sociedad nipona posee una rica cultura sexual. Pero no, mis queridos otacos. Detrás de esa aparente complejidad, Kuzu no Honkai es tan simple, superficial y aburrida como el mecanismo de un botijo. Peca de pretenciosa, y falla miserablemente a la hora de reflejar la psique de sus personajes, que no dejan de ser meros peleles de su libido. Un anime soporífero que ni siquiera llega a divertir con sus idas y venidas.


Sakura Quest
サクラクエスト

Los que esperábamos de Sakura Quest un Shirobako del Japón rural, esperamos en vano. El tema del despoblamiento en esas zonas es bastante serio, y creí, pobre de mí, que el enfoque de la serie iría un poco por ahí. Una toma de conciencia del abandono de las regiones agrarias, el galopante envejecimiento de la sociedad nipona, la grave burbuja económica, el esfuerzo de una joven universitaria por levantar una pequeña población de su letargo y su encuentro con otras mujeres que luchan por un objetivo común, etc. Vamos, un slice of life majete con un trasfondo interesante. Pues no.

Sakura Quest resultó ser una sopa insulsa donde los habituales ingredientes de comedia, drama ligero y costumbrismo eran tan soporíferos como insulsos. No puedo decir que sea un desastre de serie, porque no lo es. Pero resulta aburrida, tediosa, monótona y pesada. Y repetitiva. No profundizan realmente en la problemática del pueblo, y hacen del encanto de la vida cotidiana (que lo tiene, no lo dudéis) un auténtico muermo. Una siesta de 24 capítulos, un anime en teoría dirigido al público adulto pero que en vez de querernos disfrutando, nos quiere durmiendo. Los personajes parecen casetas prefabricadas, no logré conectar ni empatizar con ninguno. Pero lo vuelvo a repetir: no lo considero mal anime, simplemente somnífero.


Kujira no Kora wa Sajô ni Utau
クジラの子らは砂上に歌う

Children of the Whales o de cómo el anime más prometedor de la temporada de otoño se ha ido a cavar zanjas a Namibia sin avisar en cuestión de pocos episodios. Continúa siendo una serie con un arte maravilloso, un concepto realmente atractivo y unos personajes bien diseñados. Sin embargo, conforme el anime ha ido avanzando, el CGI barateiro se ha apoderado de las escenas, el mundo presentado se ha ido desvirtuando y a los personajes los han empleado de punching ball. Para llorar muy fuerte, camaradas otacos. Tremenda decepción. ¿Es así también el manga o se trata de una adaptación desafortunada? No tengo ni idea, pero se me han quitado las ganas por completo de averiguarlo. Los boquetes del tamaño de Saturno (anillos incluidos) en el argumento son un insulto, la falta de coherencia para tirarse de los pelos. Y es una gran lástima porque  Children of the Whales lo tenía todo para ser una gran serie, de hecho de las más importantes del año. No habría sido difícil, de todas formas, con el gris horizonte de este 2017. Si solo se hubieran esforzado un poquito, lo habrían conseguido. Pero no. Kujira no Kora wa Sajô ni Utau es un completo desatino. Meh.


Inuyashiki
いぬやしき

Inuyashiki es el manga. Period. La serie no es digna de pertenecer a MAPPA, ni le llega a la suela de los zapatos al tebeo. El CGI es el eterno caballo de batalla de la animación actual, e Inuyashiki es el ejemplo meridiano de lo complicado que resulta hacerlo encajar. No tengo mucho más que decir porque Inuyashiki es una desgracia de anime. Por supuesto que ha habido decenas de series peores en este 2017, pero con la materia prima de la que partía, resulta inconcebible que hayan metido la pata de semejante forma. Han convertido un robusto seinen en un shônen descerebrado, ese sería el resumen de lo ocurrido. Un anime sin un ápice de reflexión ni matices, donde todo es blanco o negro y los personajes parecen maniquís articulados. Planos, mecánicos.

Si lo que se busca es pasar el rato mediante una historia de violencia sin demasiadas complejidades, bien, entonces es tu serie. Pero resulta que el manga no es eso. Con Inuyashiki MAPPA se ha conformado con arañar la superficie y ofrecer un producto perfecto para los amantes de ensaladas de hostias y armas a tutiplén. Pero a costa de mutilar la obra original y convertir su relato en una vulgaridad cuya esencia es tan profunda como un charco. SOnC no se puede conformar con esto.


Shingeki no Bahamut: Virgin Soul
 神撃のバハムート VIRGIN SOUL

Shingeki no Bahamut: Virgin Soul comenzó muy bien y acabó muy mal. Que fueran 24 episodios no ha ayudado mucho, pues el chicle de su argumento no se podía estirar tanto. Y Nina, la nueva protagonista, me ha defraudado bastante. Ya en un principio no es que fuera un personaje que me gustase especialmente, aunque podía entender que sus encantos hubieran conquistado a una mayoría porque carisma tenía. Y era la que llevaba las riendas de la trama. Pero los personajes tan estrepitosos, que incluso llegan a rozar la parodia, acaban irritándome bastante. La moza esta no llegó a ese punto porque, sencillamente, se fue desinflando como una pelota vieja de cuero para caer en los brazos del tópico romántico más aburrido del mundo.

Pero lo malo de Shingeki no Bahamut: Virgin Soul no es Nina. Para nada. La arquitectura de la serie comenzó a desmoronarse aproximadamente hacia su mitad, por no haber sabido construir un antagonista en condiciones, haber continuado a través de un argumento deshilachado (en algunos momentos hasta incongruente) y desperdiciar el potencial de sus secundarios en general. Las puertas que abre se olvidan o ignoran, precipitando a la serie entera al limbo de la mediocridad. Qué lástima, que gran lástima cuando el envoltorio es impecable. Aquí si que podemos aseverar que segundas partes nunca fueron buenas.


Y este ha sido para Sin Orden ni Concierto lo más destacado del 2017. Podéis dejar vuestras opiniones con respeto y cortesía en los comentarios. El que se pase un pelo será directamente borrado. Sin contemplaciones. Esto es solo anime, camarada otaco, no una diatriba sobre la conveniencia de considerar a tu madre trabajadora sexual, o lo desagradable que resulta para la vista el aspecto de tu amigo peludo cuadrúpedo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

anime

Los cuentos del viento o de cómo los gatos pueden volar

La reseña de hoy para mí es muy especial, pues está dedicada a uno de mis anime favoritos. Adoro un montón de series y películas animadas, me resulta tedioso (y complicado) hacer listados y demás zarandajas bastante, aunque reconozco que son perfectos para atraer y distraer a los lectores; sin embargo, si tuviera que realizar un top 10 con mis slice of life preferidos, Fûjin Monogatari o Windy Tales (2004) estaría entre ellos sin ninguna duda. Creo que no es muy conocido, aunque me gustaría pensar lo contrario, pues se trata de una serie realmente atípica. Quizá por eso mismo no suele ser recordada ni apreciada por la otaquería, así que desde SOnC vamos intentar apañar un poco ese injusto despiste.

Fûjin Monogatari utiliza en su receta todos los ingredientes habituales de un anime sobre vida escolar y slice of life. Y eso, a priori, para mí era un problema. Los school life a menudo acaban cansándome porque siempre trabajan el tema de la preadolescencia y la pubertad de la misma manera, parecen fotocopias. Y si ya brota el típico romance que deja todo con una baba pringosa a su paso, adiós muy buenas. De ahí que suela huir del género, y tiene que ser algo cocinado de forma un poco distinta para que lo vea hasta el final. Y lo disfrute, claro. Pues Windy Tales fue un descubrimiento total para mí, y una grata sorpresa. Fûjin Monogatari me conquistó por completo (y no solo porque salieran gatos por doquier, ¡viva!).

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Nao y Ryôko

Realizado por Production I.G. en 2004, consta de 13 episodios que fueron dirigidos por Junji Mishimura e Itsurô Kawasaki. Es curioso, porque de estos dos directores me ha gustado muy poca cosa de su trabajo, sin embargo Fûjin Monogatari brilla en toda su filmografía como una gema extraña. No hay nada en sus carreras, al menos de momento, que pueda equipararse al resto de sus creaciones en términos de calidad y rareza.

El argumento arranca con Nao Ueshima y Miki Kataoka, ambas miembros del Club de de Fotografía Digital del instituto. A Nao le encanta captar con su cámara las nubes, siente fascinación por cómo el viento las moldea, así que suele subir a la azotea a menudo para fotografiarlas. Pero un día, observa que un gato, lánguidamente, comienza a volar… ¡junto a otras decenas de gatos que parecen flotar en el viento! Totalmente asombrada, se descuida y al intentar atrapar con su cámara el prodigio, se precipita al vacío. La intervención del profesor Taiki, que lanza hacia ella una fuerte corriente de aire, la libran de una muerte segura; pero Nao, intrigada, sabe lo que ha visto, y se percata de lo ocurrido. Así que decide averiguar cómo es posible que alguien pueda manipular y controlar el viento. Esto la conduce a ella, a Miki y Jun-kun, que anda enamoriscado de Miki, hacia el pueblo de Taiki-sensei, para pedirle que les enseñe esa destreza. Una destreza que se puede aprender, pues Ryôko, que también suele subir al tejado a alimentar al Gato del Viento, ha sido discípula de Taiki allí mismo.

Así que en Fûjin Monogatari, como en cualquier otro anime escolar, podemos esperar el primer beso, el festival escolar, la compañera modelo y actriz, la excursión estival, el concurso de actividades extraescolares, la visita a la enfermería, etc. Los típicos elementos que se encuentran en un school life, así como los problemas habituales con los que deben lidiar los adolescentes, se trabajan en Fûjin Monogatari, pero es su peculiar enfoque el que lo cambia todo. Hasta los personajes son un poquitín los acostumbrados en un inicio: Miki, entusiasta e impulsiva; Ryôko, tímida y sensible; Nao, sensata y soñadora; Jun, irreflexivo y leal. Sin embargo, conforme el anime progresa, sus personalidades van adquiriendo más y más matices, asentando unas personalidades creíbles y realistas. Y otros personajes, que aparecen esbozados mediante brochazos dispersos, van ganando profundidad. Poco a poco, porque Cuentos del viento se toma su tiempo.

El aire, el viento es el leitmotiv de Fûjin Monogatari, y vertebra tanto sus historias como su cadencia. Es la metáfora real y absoluta, no se casa con nadie pero es una presencia continua y necesaria. También los gatos son un recurso constante. Ellos introducen el misterio del control del viento, y sus peludas figuras surgen everywhere, desde marcas de refrescos, bentô, ropa, etc; hasta en los eyecatchers insertados para dividir los capítulos, donde aparecen con sus propios nombres y características. Cuentos del viento es un anime creado por amantes de gatos para amantes de gatos. Ellos son los únicos en la serie que de manera instintiva han aprendido a manejar los vientos y sus corrientes, utilizándolos a voluntad. Hay momentos verdaderamente oníricos con ellos de estrellas absolutas, una pizca de humor absurdo los rodea también.  Pero la comedia en Fûjin Monogatari es bastante austera, circunscrita sobre todo a Jun Nomura. Además, conforme el anime va alcanzando su final, una leve melancolía va cubriéndolo todo.

Es recomendable ver la serie poco a poco, un atracón de Fûjin Monogatari es desaprovecharla por completo. Se trata de un anime que marca un ritmo sosegado, de ahí que sea preferible degustarlo con calma. Salvo los dos primeros episodios, que presentan la historia de los Manipuladores del Viento, la serie está estructurada como diferentes miniaturas que presentan una parte del mundo donde Nao y sus amigos viven. Un mundo, por otro lado, muy normal. Quizá sea esa peculiar mixtura entre lo normal y lo maravilloso, tan límpida y estable, la que otorga a Fûjin Monogatari ese donaire tan especial. Estas miniaturas, que son los distintos episodios, presentan pequeñas historias de gran sencillez donde vamos conociendo a todos los personajes. El desarrollo de sus psicologías, su crecimiento y evolución personal, son llevados de manera paulatina, casi imperceptible, y con mucha naturalidad. Hay que destacar también que la arquitectura interna de los capítulos en bastantes ocasiones no es lineal, se nota el esfuerzo por trabajar cada episodio individualmente, para otorgarle su propio sello distintivo.

Otra de las cosas que me encantan de Cuentos del viento es la inexistencia de oposición entre el universo adulto y el de los adolescentes. No existe esa dicotomía, aunque los personajes sí tengan claro su rango de edad. A pesar de que los protagonistas principales son jóvenes, la perspectiva que ofrece el anime es amplia, muestra una misma realidad pero conformada de los distintos puntos de vista de los personajes. Los adultos no se encuentran alejados o en una esfera superior, están ahí, formando parte de la misma vida. Esa falta del habitual egocentrismo quinceañero, tan abundante en este tipo de series; así como de la ausencia de montañas rusas emocionales, en las que los chavales se creen eternas víctimas, son un auténtico soplo de aire fresco.

Si hay algo que llama la atención de Fûjin Monogatari es, sin duda, su arte. No tiene nada que ver con el estándar del anime, si hay que buscarle una filiación claramente es la vanguardia de los mangas publicados por Garô. Autores como Shigeru Tamura o Seiichi Hayashi son influencias muy evidentes. Esto vincula la serie a una faceta experimental robusta, que se centra en una severa simplicidad en la línea del dibujo por un lado, y una explosión de color por el otro. El resultado es muy, muy expresivo; los diseños angulosos de reminiscencias geométricas, sin apenas volumen, pueden evocar en cierta manera las formas del cubismo, aunque también se muestra cierta tendencia a la abstracción. A veces parecen simples bocetos en movimiento; y esos cielos, de maravillosas nubes imposibles y azul infinito, son hipnóticos.

Sin embargo, a pesar de ese amor feroz hacia el minimalismo en el trazo, que para un ojo poco acostumbrado puede pasar por desidia, los fondos poseen una minuciosidad y cuidado sorprendentes, que contrastan con la extrema sencillez de las figuras humanas. No obstante, cuando se requiere, las escenas pueden llegar a ser increíblemente detalladas y realistas. No en vano, hay que tener presente que el director artístico de Fûjin Monogatari fue Shichiro Kobayashi, que trabajó en la impresionante e indispensable Tenshi no Tamago (1985).

No suelo distraerme mucho con el aspecto musical de las series, porque la mayoría de las veces suele ser una decepción para mí si no una auténtica tortura. Para Cuentos del viento Kenji Kawai compuso una banda sonora etérea, abierta y sencilla. Como el mismo viento. Su presencia es la justa y las melodías fácilmente reconocibles y bonitas. Me gusta mucho. Como todo Fûjin Monogatari, posee un espíritu netamente japonés. Y eso puede resultar un obstáculo importante para los paladares otacos occidentales, que están acostumbrados a productos más intensos. Este anime destaca por la sutilidad y la armonía que emana, que quizá resulten insípidas para aquellos que esperen algo más de drama, algo más de romance, algo más de acción. Cuentos del viento es una obra serena y que, aunque no esconde grandes enseñanzas ni es especialmente trascendente, resulta muy eficaz a la hora de contar sus pequeñas historias cotidianas. Sin aspavientos, sin afectación. El elemento fantástico se encuentra insertado de tal forma en el argumento que la sensación es la de estar viendo un tierno cuento surrealista. Es todo muy apacible; sueños, fantasía y realidad se engarzan con suavidad, fluyendo plácidamente.

En general, Fûjin Monogatari es un slice of life ligero, delicado y extraño. Como una brisa fresca, pasa abriendo suavemente las ventanas y moviendo los visillos; trae aromas de parajes familiares y agradables, sin detenerse demasiado en el melodrama que suele acompañar las vivencias de adolescentes, lo que es un alivio tremendo. Como suele ocurrir con las series de capítulos autoconclusivos, nunca tuvo muchas papeletas para gustar a una mayoría, pero aquellos que deseen saborear un anime diferente, que ni siquiera necesita recurrir a las tradicionales demografías japonesas (¡BIEEEN!), y disfrutar de la belleza de las teselas y del mosaico a la vez, Cuentos del viento puede resultar perfecto. Elegante y equilibrado, desde luego no fue creado para que lo apreciara un público masivo; no obstante, tampoco carece de comercialidad, solo requiere del espectador una mínima atención para captar sus sutilezas. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga

Kanematsu contra el volcán

Antes de dar paso a la siguiente Petición Estival, como estoy un poco liadilla engrasando la maquinaria del nuevo curso (¡bien!) y sacando lustre a proyectos musicales venideros, prefiero cerrar este mes de agosto con un último coletazo veraniego. Septiembre, aunque continúa siendo en su mayor parte estío, ya se percibe de otra manera. Van quedando atrás los días de luz, para abrazar al futuro equinoccio y el triunfo paulatino de la noche. Este calambre rezagado de sol y calor es, de nuevo, un manga; y también es uno de los tebeos más chulos que podéis leer estas semanas si no andáis muy atareados.

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Bokura no Funka Matsuri (2012) consta de 16 capítulos y fue publicado por Shôgakukan. Su creador es uno de los mangaka más interesantes del panorama actual, ¡sangre nueva!, quizá no demasiado conocido todavía en Occidente, pero que se está abriendo paso. El talento de Keigo Shinzô es indudable, y si tuviera que colocarlo junto a otros autores de su misma onda, estos serían Taiyô Matsumoto o Ken Niimura. Publicó su primer manga en el tercer año de universidad, y a partir de ahí ha ido sacando cosillas en Monthly Big Comic Spirits. Cosillas. De entre esas cosillas, que han tenido hasta adaptaciones al cine (Moriyama-chû kyôshûjo, 2016), rezo todos los días muy fuerte a Luzbel, Ninurta y Azathoth para que alguna editorial en español se digne a publicar Tokyo Alien Brothers (2015-2017), al que le tengo unas ganas feroces. Lézard Noir ya lo ha sacado en Francia así que… ¿por qué aquí no? ¿Quizá porque todavía resultamos ser un poquillo gañanes respecto al mundo del cómic? Algo de eso hay (no merece la pena negarlo). En realidad, le tengo mucha hambre a todas las obras que lleva editadas de momento, que no son tampoco muchas, pero que, descontando el tebeo de hoy, no se pueden todavía conseguir en la lengua de Cervantes o de Shakespeare. Y son los dos idiomas que más se hablan en el planeta junto al mandarín, no es por nada.

Regresando a nuestro protagonista de hoy, Bokura no Funka Matsuri, destacar que se llevó en 2012 un rutilante New Face Award (y quedó finalista en el Taishô de 2013). No me extraña. Desconfío de manera natural de los galardones y demás zarandajas, sin embargo en este caso en particular, y desde mi perspectiva personal, está muy bien otorgado. Me gustaría que Keigo Shinzô tuviera más reconocimiento por estos lares, pero nunca es tarde para ello; y desde esta minúscula bitácora, aporto mi granito de arena para difundir un poco más las excelencias de su talento. He dicho.

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Kanematsu es una apacible villa donde todo transcurre con esa impasible monotonía tan propia del entorno rural. Pero su vigilante eterno, el volcán que se encuentra en las cercanías, decide un día entrar en erupción y ponerlo todo patas arriba. La vida de sus habitantes ya no será la misma, al igual que el mismo Kanematsu. Y estos profundos cambios, los veremos a través de los ojos de sus dos personajes principales, Toyama y Sakurajima. Este par de adolescentes tienen muy pocas cosas en común; mientras Toyama es estoico y de ideas brillantes, Sakurajima es una explosión de energía algo insensata. Toyama es admirado por sus compañeros, aunque a él le dé completamente igual; Sakurajima es ignorado por casi todo el mundo y ansía más popularidad (y una novia). Ambos tienen una visión completamente opuesta de lo que ha ocurrido tras la erupción del volcán; Toyama añora el pasado y le irrita el nuevo rostro de Kanematsu, Sakurajima abraza con entusiasmo la transformación y quiere disfrutar de sus nuevas oportunidades. Estas diferencias no les impiden ser amigos.

La verdad es que Kanematsu da un giro de 180º, y Toyama sufre en sus propias carnes esa metamorfosis que hizo que en su hogar brotara una fuente termal, destrozando la vivienda.  Dos años más tarde, su casa es un próspero negocio regentado por sus padres donde se ofrecen baños y venden todo tipo de mercancías dirigidas a los visitantes. Porque Kanematsu se adaptó a las circunstancias, convirtiéndose en un ajetreado pueblo turístico. Toyama no es feliz con todo esto; Sakurajima, en su inconsciencia, sí.

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El antes y el después

Bokura no Funka Matsuri es un tradicional slice of life centrado en las clásicas experiencias de dos muchachotes acneicos. La efervescencia de la pubertad y sus bien conocidos conflictos.  Todos hemos leído historias y argumentos similares, así que con este manga no va a haber ningún tipo de sorpresa en ese aspecto. Los vaivenes de la amistad, el primer amor, el descubrimiento de nuevos mundos, las contradicciones de los sentimientos, la búsqueda de uno mismo, etc. Toyama y Sakurajima interpretan muy bien sus papeles de quinceañeros confundidos, dos caras de una misma moneda. Y con unas personalidades muy bien definidas. Sus vivencias confluirán en el “Festival de la Erupción”, un evento escolar y universitario que servirá como catalizador. Y hasta ahí puedo contar.

¿Qué podemos esperar de Bokura no Funka Matsuri? Pues unos secundarios peculiares, cierta tendencia a la caricatura irónica y una historia simple pero efectiva. Y esa es una de sus principales virtudes: la sencillez que emana por todas partes. Una sencillez maravillosa e inteligente, que hace disfrutar por su ausencia de pretensiones. Este tebeo es elegante y entrañable a la vez. Muestra cómo mediante la simplicidad se pueden transmitir importantes cuestiones. Inesperadamente. Porque Bokura no Funka Matsuri es una obra ingenua y brillante, sin embargo encuentra su propio camino sin caer en la repetición o aburrir.

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Si el argumento tiene ritmo y se encuentra bien estructurado, el dibujo de Shinzô Keigo es algo también a señalar. La influencia de Taiyô Matsumoto es muy evidente, pero eso no impide que posea su propia identidad. El arte es sutil y detallado, a ratos tonteando incluso con el naif, y con una riqueza expresiva audaz. Plasma muy bien la vida cotidiana. Sus trazos, aparentemente desmañados, esconden una gran pericia y sensibilidad. La forma es más propia de comics alternativos, aunque gracias a él y a otros autores, está asomando la cabecita en grandes editoriales, rompiendo un poco con la hegemonía estilística del manga clásico. No lo considero heta-uma, conste en acta, pero no tiene ese pulido de los tebeos japoneses mainstream. Resulta refrescante. Y que declare además de forma tan delicada su amor hacia los gatos ❤ es algo que me conquistó de manera personal. Cuando leáis el manga, sabréis a lo que me refiero. WE LOVE CATS!

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¿Recomiendo Bokura no Funka Matsuri? Mucho, sobre todo si no se tienen remilgos a la hora de leer mangas donde el dibujo no sea tan convencional. La historia es buena y se lee con suma facilidad, resulta una obra perfecta para estos últimos días de verano. Y para otras épocas del año también, ¿eh? Porsiaca. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

 

manga

Huesos de sirena, balas de caramelo

Poco a poco, en estas latitudes el verano se va deslizando, qué alegría. Queda un mes solamente para que llegue mi querido otoño. Tengo unas ganas enormes de que los calores desaparezcan, pero mientras también disfruto de las noches estivales. Y durante esas horas nocturnas, he ido leyendo un manga que tenía pendiente desde hace bastante tiempo. Ya sabéis, esos tebeos, libros o pelis que por ningún motivo en particular se van dejando y dejando y dejando… Hasta que me he dicho, “bueno, ya toca, ¿o qué?”, y ha resultado ser una de esas lecturas perfectas para el verano, ligeras aunque con enjundia.

Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai (2007) es un manga corto de 13 capítulos publicado en dos tankôbon por la revista shônen Dragon Age. Las artífices de la obra son la artista Iqura Sugimoto y la autora Kazuki Sakuraba. ¿Dos mujeres creando shônen? No sería la primera vez, claro; y no se trata de un shônen mongoloide como suele ser habitual. De hecho, yo no consideraría que este tebeo vaya dirigido a ningún público en particular. Esa es una de las cosas que me han gustado, que a pesar de publicarse en un magazine para chicos, es completamente neutro. Pero me estoy adelantando para variar. Vayamos por partes.

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No sé mucho de la dama que ha manejado los pinceles, pero de Kazuki Sakuraba sí. Imagino que muchos de vosotros también la conoceréis. Es una escritora de novelas y light novels bastante competente; su obra Red Girls: The legend of the Akakuchibas (2006), logró un Premio Naoki, y estuvo nominada en otra ocasión al mismo galardón con Watashi no Otoko (2007). Hay unas cuantas historias suyas con adaptaciones al anime, al cine y al manga, por lo que se la puede considerar una celebridad en toda regla. Y este tebeo es una de esas adaptaciones. Como se trata de una escritora bastante versátil, no sabía muy bien qué iba a encontrar en Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai; tampoco, al no haber leído la novela ligera original, podía adivinar si me iba a topar con una buena traslación o no. Pero tenía ganas de leer algo liviano, un manga apropiado para esta época del año. En resumen, que me entretuviese sin muchos jaleos. Pues bien, me equivoqué. Porque, aunque es de lectura veloz y entretiene, jaleos tiene unos cuantos.

Si conocéis a Sakuraba por Gosick (2011), ya podéis olvidar por completo ese manganime, ya que Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai (o A lollipop or a bullet) no tiene nada que ver. Es una galaxia distinta. Resulta una obra equívoca, quizá la responsabilidad de esta pequeña farsa sea más de Iqura Sugimoto que de Sakuraba; y, con honestidad, es un engaño que me ha entusiasmado. Imagino que si hubiera investigado más sobre este manga, la sorpresa no habría sido tal; pero suelo huir de todo aquello que hieda a spoilers. He llegado a desarrollar un olfato muy fino hacia ellos, por cierto (qué remedio). Así que, como estoy siendo un poco críptica, que es una manera elegante de decir que, otra vez, estoy adelantando cosas y mezclando asuntos según van brotando como repollos en mi cerebro, voy a regresar de nuevo a la casilla número uno. Sinopsis, mon amour.

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Nagisa Yamada es una chica de 13 años que vive en una zona rural del noroeste de Japón. Su padre falleció y el sueldo de su madre no es suficiente para mantenerlos a ella y a su hermano, así que piensa acabar el curso y alistarse al ejército, cuya escuela se encuentra cerca de su pueblo. Tiene los pies muy asentados en el suelo, y un sentido pragmático de la vida férreo. Pero su visión del mundo dará un vuelco cuando conozca a Mokuzu Umino, una sofisticada jovencita tokiota que ha llegado nueva al colegio. Es la hija de un idol nacido en la región, Masachika Umino, que alcanzó popularidad nacional gracias a su one hit wonder Ningyô no Hone o Huesos de sirena. Al principio todo el mundo en clase está emocionado por la presencia del vástago de la antigua celebridad local, pero pronto descubren que Mokuzu es una muchacha extraña, muy extraña. Proclama ser una sirena estudiando la forma de vida humana, y que se convertirá en espuma de mar si no encuentra un amigo en el tiempo que le resta en tierra firme. Al principio Nagisa solo siente aversión (y mucha) por Nagisa y su actitud extravagante, tan diferente de su forma de pensar; pero poco a poco irá surgiendo una amistad profunda entre las dos.

Hasta aquí podríamos considerar Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai un tradicional slice of life escolar con el que disfrutar de la evolución personal de cada moza, cómo va creciendo su aprecio mutuo y solventan los habituales dilemas de la recién llegada adolescencia. El arte de Iqura Sugimoto alienta también esa idea de shôjo apacible, con unos diseños de personajes aniñados y dulces, donde incluso hace alguna ligera concesión al shôjo-ai. Pero nada más lejos de lo que es en verdad este manga. It’s a trap!

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Iqura Sugimoto trabaja los contrastes genial. Juega con la dureza de la historia, que se va introduciendo lentamente como un veneno, para mostrárnosla a través de recursos visuales típicos del shôjo.  Pero recordemos, Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai fue publicado en una revista shônen; y, ya me disculparán los editores de Dragon Age, pero este tebeo tampoco tiene mucho de shônen. De hecho, no lo recomendaría a lectores jóvenes o impresionables, es un cómic para adultos. En un principio, nada chocante aparece, es el típico mundo idealizado de los mangas escolares; sin embargo, se comienzan a sentir notas disonantes que van resquebrajando el espejismo creado por Sugimoto.

Nagisa es una chica infeliz, con una vida marcada por la desgracia familiar de un padre fallecido y un hermano mayor hikikomori. Padece muchas estrecheces económicas y el horizonte mezquino de una pequeña comunidad. Su única escapatoria, y a la vez medida para ayudar a su familia, es comenzar a ganarse el sustento lo antes posible. Es consciente de su precaria situación con una madurez impropia de su edad, así como de la amargura que la va corroyendo. Cree que hay pocas cosas peores que sus circunstancias, pero ahí está Mokuzu para demostrarle que no es cierto.

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Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai es una aproximación a la tragedia del maltrato infantil muy hábil y cruda. Sin zarandajas, sin sentimentalismos, sin excesos gore tampoco. La indefensión adquirida, el síndrome de Estocolmo, la disociación emocional, la perentoria necesidad de evasión… todos los síntomas son descritos con minuciosidad. Pero no solo eso, es la representación de la realidad asfixiante que sufren muchas personas, la espeluznante identificación del odio con el amor, la muestra de lo jodida que puede llegar a ser la vida. En su argumento tiene cabida tanto lo horrible como lo maravilloso y, como sucede en el día a día, se mezclan en una pócima mágica de efectos imprevisibles.

Los secundarios, que suelen otorgar el indispensable pulido a los slice of life, tienen una presencia firme, aunque no se encuentren especialmente detallados. Masachika Umino, el padre de Mokuzu, con el que habría sido interesante que se detuvieran más, resulta decepcionantemente unidimesional. No obstante, Tomohiko Yamada, el hermano de Nagisa, sale bastante bien parado; y sus intervenciones, a pesar de ser un personaje pasivo, son esenciales. Me han gustado mucho, por otro lado, las referencias cinéfilas que han dejado caer: Heavenly Creatures (1994) de Peter Jackson, que guarda algunas pequeñas similitudes con el cómic; y Ascenseur pour l’échafaud (1953) de Louis Malle. Sobra decir que ambas películas me parecen excelentes y que si no las habéis visto, ya tardáis.

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Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, dejo este cartelito por aquí.

Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai es un tebeo que empieza mostrando una máscara que, a lo largo de los episodios, se va agrietando hasta dejar a la vista un rostro que nadie quiere ver. Es posible que los que no conozcan demasiado el asunto de los malos tratos infantiles no lleguen a comprender del todo ciertas reacciones en algunos personajes, que les parezcan exageradas o sin sentido. Sin embargo, me temo que la vida real es incluso más chunga que este manga. Y este tebeo lo es un rato. No obstante, tiene algo positivo que valoro muchísimo, y es la ausencia del tono de denuncia que suele acompañar estas temáticas; la higiénica y estupenda falta de moralina. ¡Un auténtico alivio! No suele ser fácil tocar ciertas materias sin caer en el melodrama lacrimógeno, y Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai lo consigue de sobras. En ese aspecto es sobrio, solo cede frente a los sentimientos cuando el propio desarrollo natural de la historia lo exige. ¿Recomiendo Satôgashi no Dangan wa Uchinukenai? Sí, especialmente a los fans de Inio Asano, porque tiene su mismo punto de crueldad pero sin la vehemencia sexual que lo caracteriza.  Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cortometrajes, Microrreseñas

Microrreseña: Float Talk

No todo van a ser reflexiones intensas en las que se escapa un puré de neuronas por las orejas. En SOnC también hay sitio para los telegramas que solo ruegan poder transmitir de la manera más rápida y eficaz posible su información. En este caso, se hace saber, por orden de la Daigensui-Rikugun-Taishô Sho-Shikibu, que el siguiente cortometraje es mucho bonito y mucho sugerente.

Ha sido un hallazgo de ultimísima hora y completamente fortuito; esos suelen ser además los más interesantes. Y emocionan porque no se esperan en absoluto. Float Talk (2016) es el primer trabajo que podemos disfrutar en Occidente del equipo de videoartistas Kesyuroom203, formado por Minami Nakai (Ishikawa, 1979) y Kiyoko Nakai (Tokio, 1982). Estas damiselas llevan trabajando juntas desde 2005, pero he sido incapaz de encontrar más obras suyas por internet. Porque una vez vi este corto, quise más, claro. Pero nada. Espero que vayan subiendo, poco a poco, más material a su vimeo, porque esta presentación me parece realmente prometedora.

Float Talk son 12 minutos de poesía visual. Es una historia sobre la amistad de dos chicas, Hiwa y Tôko, que suelen compartir momentos muy especiales en un lugar fuera de lo común: un claro en el bosque donde hay una especie de divergencia espacial que se llama “el agujero”. Ambas tienen personalidades muy distintas, Hiwa tranquila y acomodaticia, Tôko impetuosa y cabezota. Pero conforme van haciéndose mayores, las cosas cambian… y no para bien. El precio de ir madurando no es siempre el de hacernos mejores personas; y los que no quieren crecer, simplemente se quedan atrás y desaparecen.

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El arte es lo más destacado del cortometraje. No es que lo demás sea mediocre, que ni por asomo, pero brilla con luz propia, casi eclipsando el resto. Y es que es muy, muy especial. Juega con las texturas y los contrastes de colores, que tienen una paleta suavemente otoñal. Es un 2D que emula el cut-out, realzando sus superficies con patrones rugosos pero delicados. Una preciosidad, como si el arte de Noburô Ôfuji hubiera despertado en el s. XXI. Por último, subrayar también la maravillosa música, compuesta por Yutaka Ito y Hanako Kimura. Se trata de una pieza interpretada al piano de melodía sencilla pero encantadora.

En conjunto, Float Talk es una buena muestra de lo que la animación independiente está logrando, y cómo las mujeres van haciéndose un sitio en la disciplina, derrochando talento y con mucho que decir además. ¿Le daréis una oportunidad? Yo no me lo perdería en vuestro lugar. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

anime

¿Y ahora qué toca? Primavera 2017

Ya estamos acabando la temporada invernal de anime 2017, ¡qué rápido se me ha pasado! Siempre hago comentarios similares, pero es la purita verdad. Como se intuía, ha sido bastante fofilla… pero había que darle su oportunidad, porque alguna cosa en limpio se ha sacado. Al menos servidora lo ha logrado, pero sin mucha alharaca. ¿Cómo se presenta esta primavera? Pues de forma muy distinta. Hace un par de semanas ya empecé a echarle un ojo, porque barruntaba marabunta de estrenos apetecibles. Y al ahondar, se confirmaron mis sospechas, of course. ¿¡De dónde voy a sacar tiempo para vivir si tengo que manducar todo este anime!? ¿Eh? ¡A ver! ¿De dónde? Pero no hay problema, camaradas otacos, como siempre ocurre, la mayoría de ellos se caerán del cartel. O si el panorama es tan-tan-tan maravilloso,  me veré obligada a aparcar algunos. Pero dudo que se dé el caso.

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“Mujer jugando con gato” (circa 1825) de Utagawa Kunisada

Como es habitual, aviso de que solo tendré en cuenta los estrenos. Tampoco voy a añadir ni sinopsis, ni estudios, ni tralarí-tralará. Me agota toda esa burocracia del anime, y creo que a estas alturas la mayoría de vosotros ya conocéis esa información. Y si no, os remito a la entrada pertinente de mis compis en Otakus Treintañeras, que seguro han añadido algunos datos. Son mucho más aplicadas que yo. Sin embargo, antes de meterme en harina, tengo que admitir que la temporada primaveral está marcada para mí por el regreso de dos series. Un dúo del que esperaba ansiosa segunda temporada: Shingeki no Bahamut y Uchôten Kazoku. Luego ya, aparte, la arribada de la película Yoru wa Mijikashi Arukeyo Otome de Masaaki Yuasa, que se estrenará el 7 de abril (cuando San Juan baje el dedo en el resto del planeta). Lo demás es casi casi accesorio. Nah, tampoco tanto, aunque sí es cierto que ese tándem eclipsa algo lo demás. Por lo menos en mi caso. Veremos si entre tanto pastelito de frambuesas equinoccial, alguno aguanta el tirón de los dos primeros episodios y es capaz de rivalizar con mi pareja de ases. ¡Empecemos!


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Para los novatos en SOnC, en esta categoría coloco los anime que, aunque me apetece ver, tampoco me entusiasman demasiado. A priori. Las tornas pueden cambiar… para el escaparre absoluto o el amorsinfin. Nunca se sabe. También pueden continuar pareciéndome indiferentes, lo que supone en muchas ocasiones que hace falta cavar zanjas en las islas Sandwich del Sur.

TSUKI GA KIREI

Es el que menos me convencía de los que tenía seleccionados para NiFúNiFá, tanto por la ambientación escolar (estoy haaaartaaaaaaaaa) como por el dibujo, que en el trailer me pareció la cosita más anodina del multiverso. Cada vez tolero peor ese lustre informático de textura plasticoide y peste ultrahigiénica. Me da un yuyu tremendo esa asepsia que hay tan extendida ahora. Pero quería darle una oportunidad, quizá vaya más allá del típico slice of life hasta el ojete de barbitúricos, o del school life de prepúberes desentrañando el sentido de la amistad y la vida. Si no abusa del melodrama la cosa prometerá; ante todo que no sea muy cursi. Por favor.

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FUKUMENKEI NOISE

Más adolescentes en la dieta. Esta vez con la música de telón de fondo, que es lo que realmente me ha atraído de este anime. Es un shôjo, por lo que las posibilidades de que la protagonista sea una lerda en busca de novio se multiplican por mil. En este caso tiene pinta además de rarita traumatizada. El trailer me ha dado una sensación desagradable, con esa gosurori del parche pululando y tanto niño malote haciendo poses. No sé si será una serie sin mucha sustancia al final o que realmente merezca la pena. Como albergo bastantes dudas, tendrá sus dos episodios de gracia.

P.D.: Las chicas, aparte de cantar, también podemos componer música. Algunas de hecho lo hacemos. Yo informo, porsiaca.

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ALICE TO ZÔROKU

Ciencia-ficción, slice of life y muchitas dosis de ternura. Una niña con poderes y un anciano de carácter agrio. No sé por qué, pero me viene a la cabeza Heidi y su abuelo. Imagino que el asunto tirará por ahí, aunque modernizado. Bueno, en realidad espero que no tire por ahí, porque entonces mandaré la serie a escaparrar. Heidi no hay más que una. El tema de la redención del típico personaje asocial mediante la intervención de un niño me cansa enseguida. Y la mozuela protagonista encima tiene como pinta de loli. Agh. No sé si bascularán más hacia la vertiente sci-fi, con el rollo conspiranoico de la experimentación, la persecución, los otros especímenes, etc; o la irrupción del terremoto infantil en la escrupulosa vida de un hombre mayor. Lo ideal sería un equilibrio entre ambas, que además le brindaría originalidad. ¿Qué será? Pues habrá que esperar, chavalada.

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Como bien da a entender el cutredibujito, estas son las series que, por lo leído y visto, me provocan más hambre. ¿Es factible que me indigeste con alguna? Por supuesto, es ley de vida otaca. Aunque de momento solo puedo elucubrar, y no tengo demasiado de sibila. Ya veremos qué sucede. Meanwhile…

ATOM: THE BEGINNING

Como ya sabréis, suelo avalanzarme como perro famélico sobre todo aquello que huela a Osamu Tezuka. Atom: The beginning es una precuela del archiconocido clasicazo Astro Boy o Tetsuwan Atom (1963) que si se enfoca adecuadamente, puede resultar muy interesante. El trailer no me ha dicho gran cosa, para bien o para mal. No sigo el tebeo en el que se basa, donde el hijo de Manga no kamisama, Makoto Tezuka, trabaja también junto a Tetsurô Kasahara y Masami Yûki; pero a poco que el anime me convenza, intentaré hincarle el colmillo. Que el director de la serie sea Tatsuo Saitô me brinda algo de confianza por la absurda razón de que su adaptación de Nekojiru Udon (1990) me dejó encantada, aunque esto en realidad no significa gran cosa. Puede perfectamente descolgarse con un adefesio, todos los directores tienen como mínimo uno en su haber. No obstante, le tengo fe. Y ganas. Veremos si se encuentra a la altura de las expectativas.

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WARAU SALESMAN NEW

Un clásico del suspense. Warau Salesman es el epítome de la maldad enmascarada de buenas intenciones y una sonrisa. Me alegra que hayan retomado la idea del manga del gran Fujio Fujiko para darle nueva vida. El anterior anime data de hace más de veinte años, requería una actualización. Desconozco qué formato tendrá, imagino que episodios de cinco minutos, pero habrá que esperar a más información. El vendedor que sonríe es una recreación del mito de Fausto a la japonesa, con mucho humor negro y cientos de escalofríos. No está mal que dejen caer alguna perlita así dirigida al público adulto, que seremos pocos, ¡pero ahí estamos!

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SEKAI NO YAMI ZUKAN

Estoy bastante entusiasmada con este anime, con sinceridad. Tendrá formato de capítulos cortos y estará dedicado a distintas historias sobrenaturales y fantásticas del mundo. Por la información que me ha llegado, hará hincapié en el espíritu pulp de los años 50-60, lo que me parece ma-ra-vi-llo-so. Como obstinada fanática del género de terror que soy, no me lo podía perder. El director es Noboru Iguchi (Yami Shibai) y cuenta con la colaboración del actor Takumi Saito como narrador también. Mucho me temo que será de esas series que no podré seguir semanalmente tal como me gustaría, ya que dudo que la subtitulen al mismo ritmo que las más populares. Porque Sekai no Yami Zukan la veremos cuatro y el de la guitarra, claro. O a lo mejor no, ¿podría ser? Hum.

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SAKURA QUEST

Cuando leí la sinopsis de este anime, me acordé automáticamente de un colega bloguero que se encuentra estudiando turismo (paladeando también los sinsabores del feroz mundo laboral): Juan de El Baúl de las Opiniones. Por cierto, lleva milenios sin actualizar su bitácora, y es una lástima porque siempre tiene buenas ideas. A lo mejor cuando se sienta más ligero nos da una sorpresa. Sakura Quest me ha recordado bastante a Shirobako, y si resulta la mitad de buena que fue esta última, pienso que se convertirá en una de las apuestas seguras de la temporada. El tema no es que me atraiga demasiado, pero puede ser una estupenda forma de conocer mejor el medio rural japonés y sus problemas, como la despoblación y el envejecimiento. Por otro lado, creo que es un desafío pelín arriesgado máxime teniendo en cuenta que el público habitual de anime no suele ser muy paciente con las temáticas que se salen de la tónica. Y ya solo por eso merece mi apoyo. MyAnimeList indica que es una comedia, lo que me parece de lo más adecuado para lograr mayor accesibilidad. Deseo muy fuerte que no me aburra ni la encuentre una estupidez. Veremos.

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KABUKIBU!

Llevo desde hace unos meses, cuando vi por primera vez germinar esta serie en MyAnimeList, soportando una enorme curiosidad. Hay tres motivos para ello: el diseño de los personajes ha corrido a cargo de las CLAMP; trata un tema que me gusta mucho, el teatro kabuki; y el proyecto lo saca adelante el estudio DEEN, que el año pasado me dio dos grandísimas alegrías: Rakugo y Tonkatsu DJ Agetarô. Lo único que me chirría es el sempiterno entorno escolar (con sus sempiternos arquetipos en los personajes), y que se olfatea cuál va a ser la dinámica del argumento a leguas. Pero absolutamente todotodotodo será llevadero si me narran una buena historia… y encima aprendo algo nuevo sobre este arte escénico. Mis expectativas con Kabukibu! son muy altas, sería magnífico no verme defraudada.

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animierder

SÔRYO DE REON MAOMI A MAJIWARU SHIKIYÔKU NO YORU NI…

Con este prodigio de la aberración animesca aproximándose, era inevitable que regresara el animierder semanal durante esta temporada. Serán episodios cortos, de apenas cinco minutos, pero la tufarrada a bosta es grandiosa como pocas veces. No tengo claro todavía si irá en Otakus Treintañeras o aquí, en SOnC. Es algo que todavía tengo que conversar con Pau y Magrat. Pero este pedazo de bodrioeróticoreligiosodelinfiernosatanás será escrutado de cerca, muy de cerca. El trailer, que os dejo por aquí, lo explica TODO.

Como usualmente añado, permaneceré alerta a las sugerencias y consejos de otros compañeros bloggers. Por si me estoy perdiendo algo que merezca la pena y lo he obviado. Puede ser el caso de Sakurada Reset, pero no he querido añadirlo a NiFúNiFá porque estoy hasta el moño de adolescentes lloricas con habilidades paranormales. PRAU. Estaría majara de todas formas si decidiera seguir todas estas series, así pues habrá criba tarde o temprano. También es posible que me suba al carro de otras. O no. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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¿Y ahora qué toca? Invierno 2017

Mucho se está comentando que esta temporada invernal pinta aburrida. Al menos en lo que a estrenos se refiere. La verdad es que hasta hace unas pocas horas no me había puesto en serio con ella, así que a pesar de que olisqueaba cierta fragancia a cloroformo, intenté no dejarme llevar por los prejuicios. Mis intenciones han sido honorables, de verdad de la buena, pero los primeros capítulos de unos cuantos anime que he zampado han sido, ejem, como una sobredosis de barbitúricos. Me he salvado gracias a los que he decidido seguir… de momento. Porque tampoco es que me hayan maravillado y no me fío ni un pelo.

Mi serie estrella de este invierno es Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen. FIN. Y no es un estreno. Espero que esté a la altura de la primera temporada, que fue gloriosa. Por ahora el episodio inicial me ha decepcionado un pelín, pero esto no ha hecho mas que comenzar. Dentro de un rato me veré el segundo.

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“Gato gigante de nieve” (1850) de Utagawa Kuniyoshi

No voy a alargarme demasiado (siempre digo lo mismo, je) porque este tipo de entradas me resultan un tanto pesadas; ni tampoco escribiré sobre continuaciones. Solo nuevo material. No es mucho, y probablemente abandone algo. Sin embargo, estaré ojo avizor también a las impresiones de colegas blogueros, por si se me ha escapado algo o resulta que un bodrio descartado muta en portento. Nunca se sabe, camaradas otacos.

Por si os interesa, he mandado a cavar zanjas los siguientes anime (en algunos casos fui incapaz de terminar el capítulo): Demi-chan wa Kataritai (insípido), Fuuka (indescriptible, ¿cómo pude plantearme ver algo así?), Hand Shakers (concentrado de alium sativum), Masamune-kun no Revenge (mediocre, tedioso, reiterativo, protagonista imbécil), Spiritpact (supermeh) Urara Meirochô (mongolismo profundo con lolis) y Yôjo Senki (JAJAJAbasta). ¿Con cuántos me he quedado? Pues con cinco. Allá van.

Os recuerdo: no hablo ni de los estudios ni de los directores ni de los argumentos; solo doy mi opinión. La sinopsis e información técnica podéis encontrarla en los enlaces que suministro con cada serie.

 

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No he podido leer el tebeo de Natsume Ono en el que está basado, pero esta mangaka me gusta bastante (al menos lo que ha caído en mis manos), por lo que le daré una oportunidad. El primer episodio no me ha dicho gran cosa, pero tampoco es un espanto. Le veo, no obstante, mucho potencial; deseo que no lo desaprovechen o malogren. El arte en general me ha encantado (¡qué bien le sienta el color al estilo de Ono!) y tiene un ending precioso. Si la serie tira hacia adelante, podría ser una estupenda ocasión para que licencien más obras de la autora. A pesar de ese traspiés que supuso Ristorante Paradiso en España.

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Chô Shônen Tanteidan Neo

Otro nuevo intento de llevar al mundo de la animación la obra de Edogawa Ranpo. Esta vez desde el formato corto y sin tomarse demasiado en serio a sí mismo. Esta primera toma de contacto no me ha desagradado, de hecho he encontrado muy divertido su histerismo aceleradoLa mezcla de estilos estadounidense/anime, con colores ácidos y recursos vintage me parecen acertados, aunque espero que echen el freno más adelante al ritmo, si no puede fácilmente saturar. Es un producto de consumo rápido para niños y adolescentes, así que honduras intelectuales las de un charco. Comedia disparatada y misterios futuristas comprimidos en cinco minutos. Solo me gustaría que no se volviera demasiado idiota o vacío; pero la premisa, muy en la onda de los Looney Tunes o Merrie Melodies clásicos de la Warner, por ahora me convence. Aunque claro, solo ha sido un capítulo.

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Little Witch Academia

Más anime dirigido a un público joven y no por eso una cagarruta; solo hay que saber qué esperar de obras así. Creo que esta es la serie que me va a servir para desconectar del planeta y simplemente disfrutar de media hora de aventuras y magia. Sin complicaciones ni truculencias, una historia entretenida que recuerda a muchas cosas, de ahí que resulte tan familiar y sea fácil engancharse a ella. Es un producto perfecto para una evasión inofensiva, donde no hay peligro de sufrir una embolia cerebral como en Yuri Kuma Arashi, por ejemplo. Little Witch Academia además tiene su propia personalidad, de otra manera sería muy complicado soportarla. Al menos para los que tenemos algo de bagaje en esto de la fantasía. Así que si no me da algún disgusto, este anime promete alegría sencilla (también algo previsible) que seguiré con sumo placer semanalmente. Es la serie de “ahora no quiero pensar, llévame de viaje a un lugar chuli“.

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Kuzu no Honkai

Tenía mis dudas sobre si mandar a escaparrar este anime o no. La idea principal me parece de un subnormal tremebundo, pero claro, estamos hablando de adolescentes… y los adolescentes suelen pensar y hacer infinitas gilipolleces en un tiempo récord. Si profundiza un mínimo en eso precisamente, en por qué durante esa etapa de nuestras vidas somos medio lerdos, me daré por satisfecha. No sé, que disfrute de unas pinceladas tipo Inio Asano al menos. Me gustaría que Kuzu no Honkai tuviera una orientación dramática con una base psicológica firme. Que fuese un anime serio, vamos. Pero mis deseos y lo que haya escrito la mangaka son cosas muy distintas. Porque no, no he leído el manga. A pesar de mis recelos, voy a ser paciente y otorgarle unos cuantos episodios de gracia.

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Onihei

Onihei ha presentado ya en un solo capítulo todo lo que se puede esperar de un seinen histórico con samurais y criminales. Hasta el arte es clasicote, muy de agradecer entre tanto giro aniñado de hedor informático. Posee una textura analógica que recuerda a los mangas de los 60 y 70, muy expresiva. Un jidaigeki de cabo a rabo. Excelente. ¿Por qué este aparente especial cuidado con Onihei? Pues porque se trata en realidad de la adaptación del clásico literario Onihei Hankachô de Shôtaro Ikenami. Es extremadamente popular en Japón, habiendo tenido varias adaptaciones al cine, teatro y televisión. Incluso el mangaka gekiga Takao Saitô realizó un cómic en 1993 sobre esta obra. Si gusta el género, como es mi caso, es una cita ineludible. Tengo grandes esperanzas puestas en esta serie, con sinceridad. Mi dosis de épica, violencia y aventuras puede resultar bien cubierta con Onihei, sobre todo si mantiene un nivel de animación decente (lo contrario sería catastrófico) y los clichés no se me hacen muy predecibles.onihei

Parece increíble pero, ¡lo he logrado! ¡Una entrada de menos de 2000 palabras! Todo un hito para SOnC. Así tendréis menos tiempo de aburriros y podréis devorar sin dilación los anime que tengáis seleccionados para esta temporada. ¡No perdáis más el tiempo! ¡Ñam, ñam! Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

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El delicado cultivo de la Iris japonica

Todos tenemos una serie de temáticas y géneros que nos gustan. Solemos disfrutar más con ellos, y por eso mismo tendemos a consumirlos por delante de otros. Es lo más natural del mundo, no hay nada de malo en eso. También ocurre al revés, que ciertos estilos nos fastidian o directamente funcionan como un anestésico para rinocerontes. A mí me sucede con el shôjo, el spokon, el yaoi o el school life. Qué le vamos a hacer. Pero en ocasiones me apetece salir de mi zona de confort, de hecho preciso hacerlo, de otro modo empezaría a agobiarme cosa mala. No, no soy masoquista, pero necesito respirar. No sé cómo explicarlo. Esta disposición tan poco racional me conduce, por ejemplo, a realizar una sección en este blog dedicada a la prehistoria de una demografía que me irrita (Shôjo en primavera) o escribir la entrada de hoy.

Llevo unas cuantas semanas leyendo muchísimo más manga de lo habitual, lo que me ha dado la oportunidad de chapotear en piscinas donde normalmente no meto el pie. Y, en fin, que he acabado haciendo unos cuantos largos la mar de guays. He aprendido un montón y, lo principal, ha sido muy entretenido. También me he jamado varios excrementos de magnitud importante, pero en general ha ayudado a ampliar mis horizontes. No se ha convertido en mi género favorito ni muchísimo menos, sin embargo he descubierto obras que me han emocionado de verdad. Con el título del post creo que está muy claro a lo que hago referencia: el yuri.

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“Ternura” de Isoda Koryûsai circa. 1780

Ya había leído con anterioridad yuri, pero quizá por mala suerte y/o falta de interés en buscar mejor, casi siempre había topado con obras que me aburrían bastante. Claro que había excepciones, pero en general era un género que me resultaba más bien indiferente. Mi perspectiva ha cambiado, claro; y como estoy de buen humor, voy a compartir con vosotros un sucinto listado de los mangas que considero más destacables. Algunos ya los conocía bien, otros han sido auténticos hallazgos. Creo que todos son bastante populares y fáciles de encontrar, lo que hace de ellos una buena introducción para el neófito. Incluyo tebeos de distintas épocas, para de este modo percibir la evolución. Eso sí, desde mi punto de vista. No he leído todas las obras yuri de la galaxia, tampoco soy una experta en el asunto. Simplemente he redescubierto el género y me apetece escribir sobre ello. De todas formas, una pequeña introducción no vendrá nada mal.

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Esta señora tan sonriente es Nobuko Yoshiya en mayo de 1937.

Si se desea observar en retrospectiva con un mínimo de seriedad el género yuri, es inevitable mentar a la escritora Nobuko Yoshiya (1896-1973). Aquí ya hablé de ella un poco, pues su figura es imprescindible para comprender el nacimiento del shôjo y el yuri. Todo hay que decirlo, son dos géneros muy vinculados entre sí. El shôjo desde sus inicios poseyó una vertiente pronunciada lésbica, relacionada con el S Kurasu Esu de comienzos del s. XX. El Takarazuka Revue o las obras de Yoshiya-sensei hacían hincapié en las relaciones platónicas amorosas entre dos chicas; una especie de sororidad romántica senpai-kôhai muy inocente, pero a la vez obviamente homosexual (dôseiai). Eran historias hechas por chicas para chicas. Esto no suponía mayor problema en el contexto social de la era Taishô y albores de la Shôwa, donde además la audacia de las “mujeres modernas” o moga brillaba en todo su esplendor. No era algo de lo que preocuparse, pues se consideraba (y continúa siendo así) una etapa normal a superar que concluía en heteronormatividad: ser esposa y madre. Cierto que el caso particular de Nobuko Yoshiya fue bien distinto y nunca escondió su orientación sexual; pero tanto la mayor parte de sus obras como las que luego llegaría a inspirar en otros, nunca fueron manifiestamente yuri. Todo quedaba circunscrito a un atrevido, pero tolerable, shôjo-ai. La llegada del amor homosexual a los tebeos populares japoneses se hizo esperar hasta la aparición del Grupo del 24. Fueron sus autoras las que abrieron la veda. ¿Sucedió igual con el amor lésbico? En cierta forma sí, ganó en expresividad y su presencia se hizo más rotunda; pero continuó ciñéndose a un ámbito escolar de características idílicas. Tenían muy poco de la vida real. Podríamos decir que se trataba de relatos de amor entre jovencitas dirigidos a lectoras heterosexuales. Esto puede sonar un poco raro en la actualidad, sobre todo cuando existe un sector de público bastante amplio masculino en el yuri, pero así fue al principio, señores.

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Mi querida Utena

Los primeros mangas yuri mostraban casi siempre un dúo activo/pasivo en el que la muchacha enérgica, tomando el rol masculino, adquiría muchas de las particularidades de las otokoyaku del Takarazuka. El rol femenino recaía en personajes delicados, sufridores, casi sin voluntad, y bastante anodinos. Pero eso ya es una observación personal, claro. No puedo evitar rememorar a la insufrible Fiona de Paros no Ken (1986), que la mitad del manga está llorando y la otra siendo víctima de alguna horrible maldad. Muy triste.

Sin embargo, la joven que llevaba las riendas en la relación solía tener mucho de la Sapphire de Ribbon no Kishi (1953). Aceptaba su amor por una persona de su mismo sexo y poseía la determinación de asumir la relación con todas sus consecuencias. Y esas consecuencias solían ser muy, muy trágicas. Toda una heroína. En cambio, su pareja acababa transigiendo para dejar su enamoramiento en una simple fase de la adolescencia. Algo que no podía salir de las paredes del colegio, sin lugar en la sociedad. Una mujer no puede ser un hombre, por lo que amar a otra mujer está mal y acarrea todo tipo de desgracias. Como todos ya sabemos, esa visión devastadora del amor y la feminidad fue virando, y figuras como Haruka Ten’ô (Sailor Urano) o Utena Tenjô relajaron el tema bastante otorgándole naturalidad y una perspectiva más poderosa, acorde a los nuevos tiempos.

No sé si está quedando claro, pero el yuri no es considerado en Japón de temática estrictamente homosexual. Se encuentra en una especie de limbo, entre lo que se es y lo que se aparenta ser. El yuri tiene lugar en la fantasía, no es real; y las historias que cuenta son aceptables porque reflejan el crecimiento personal de las jóvenes… que finaliza en casarse y parir como conejas. Punto. Da igual lo explícito que sea, sobre todo el dirigido al público masculino, cuyo yuri, por otro lado, es muy, muy, pero que muy diferente (fanservice a muerte) del que está enfocado al tramo femenino. No obstante, poco a poco el panorama está cambiando; y numerosas creadoras están aportando al género precisamente esa base de realidad que le ha faltado durante tanto tiempo. El yuri está creciendo delante de nuestras narices, sirviendo de plataforma al mundo lésbico para poder expresarse. En mi opinión era algo muy necesario. No quiero alargarme más, solo apuntar que si estáis interesados en este género y su historia, os recomiendo este vídeo de Erica Friedman así como también su web Okazu. Es una fuente de información inagotable y especializada en yuri, muy bien documentada.

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¡Dale caña, Haruka!

Shiroi Heya no Futari

Ryôko Yamagishi

(1971)

A falta de una obra más temprana, Shiroi Heya no Futari (1971) es considerada de momento la primera obra del género. El primer manga donde aparece de forma explícita una relación amorosa entre dos mujeres. Sin ambigüedades. Ya solo por su valor histórico merece un vistacillo. Además se lee en un suspiro, consta de 4 episodios que fueron presentados en Ribon. Ryôko Yamagishi, miembro del Grupo del 24, creó un tebeo sencillo pero atrevido. Su influencia posterior ha sido descomunal, y no solo dentro del yuri, en el mismo shôjo. Se me ocurre, a bote pronto, la exageración que el celebérrimo Candy Candy (1976) de Yumiko Igarashi y Keiko Nagita le debe, tanto en argumento, recursos o diseño de personajes. Para mear y no echar gota.

La historia en sí está ubicada en un exclusivo colegio femenino francés, donde la rica huérfana Resine de Poisson acude huyendo del desafecto de su familia. Ella es una jovencita frágil y de rizos dorados como una muñeca, cuyo carácter dulce es radicalmente opuesto al de su compañera de habitación, Simone D’Arc. Simone es apasionada y rebelde, sarcástica y con una vida repleta de secretos infortunios. ¿Qué química surgirá entre ellas? Ah, l’amour. Lo mejor sin duda de este cómic es el personaje de Simone D’Arc y el arte de Yamagishi. Probablemente sea mi favorita en ese aspecto del Grupo del 24, quizá porque tengo debilidad por el Modernismo. Por lo demás, Shiroi Heya no Futari no puede sorprender demasiado a un lector del s. XXI, porque a la fuerza ha observado sus mismas variables en cientos de mangas. Mangas posteriores, por supuesto, este fue pionero en su clase. ¿Lo peor? Un guión algo acuoso y un personaje como Resine de Poisson al que dan ganas de estrangular de principio y, sobre todo, al fin.simone1

Claudine…!

Riyoko Ikeda

(1978)

Con Claudine…! (1978) ya se percibió un cambio. Riyoko Ikeda trató el tema de la transexualidad con mucho tacto, haciendo del protagonista de este manga, Claudine de Montesse, una persona creíble y profunda. Se trata de un tebeo emotivo además de muy agradable. Pero no os llevéis a engaño, Claudine…! no examinó la transexualidad desde una óptica realista. Recordemos que el yuri siempre ha trabajado dentro de las fronteras de un mundo idealizado, hermético y/o lejano (en este caso Francia, como sucede también en Shiroi Heya no Futari), así que ni se huelen los enormes problemas que mujeres y hombres de esta condición tenían (y tienen) que padecer.

Claudine de Montesse pertenece a la pequeña nobleza francesa, tiene una belleza radiante, un carácter admirable y gran inteligencia. Es el vivo retrato de su padre, salvo por un detalle: nació mujer. Claudine, desde muy niño, se ha sentido varón; y no ha dudado jamás en expresarlo en su entorno. Solo su madre parece hallar problemas en esto, por lo que decide llevarlo a un psiquiatra. Y son las anotaciones y pensamientos de este médico, que se convierte en su amigo, los que nos guían para conocer la historia de su vida. De esta manera indagaremos en una existencia que, aunque no presenta grandes dificultades, resulta rica a nivel emocional. Porque Claudine…! es simplemente un shôjo de época. Centrado en la vida sentimental del protagonista, muy desgraciada y que, siguiendo las pautas del yuri, acaba en tragedia. El argumento tiene mucho de folletín, una montaña rusa que a veces peca de inverosímil; si bien nada especialmente molesto salvo el asunto de sus novias: son todas idiotas. Si gustó Versailles no Bara (1972), Claudine…! no puede resultar indiferente. Es su hermano pequeño.

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Blue

Kiriko Nananan

(1995)

Mediados de los años 90. Kiriko Nananan le dio una vuelta de tuerca formidable al yuri clásico con Blue (1995). Lo hizo aterrizar desde las nubes tornasoladas del shôjo al patio de recreo de un instituto japonés cualquiera. Duro, vulgar, áspero. ¿Qué sucedería de verdad si dos adolescentes se enamoraran? Welcome to the real world. Pero a pesar de que Nananan decide brindarle a su tebeo la mirada del realismo, no lo hace de forma cruda. Blue pertenece a la nouvelle manga, por lo que tiene mucho de poesía y sutileza. Es una aproximación clara y delicada a la existencia de dos chicas que todavía están aprendiendo a conocerse a sí mismas y al mundo que las rodea. Y no es un proceso sencillo, la adolescencia nunca lo es. En realidad el amor accidental que surge entre ellas es una excelente coartada; son sus circunstancias, sentimientos y la manera de plasmarlos lo verdaderamente esencial de este cómic.

Ellas son Kayako Kirishima y Masami Endô. Van a la misma clase. Endô parece retraída y algo misteriosa, lo que despierta la curiosidad de Kirishima. Endô además estuvo ausente durante bastante tiempo del instituto, coyuntura que el profesorado tampoco evita mencionar para avergonzarla. ¿Qué le pudo suceder? Kirishima se siente muy atraída por Endô, así que decide hacerse su amiga. Y hasta ahí puedo contar, porque la historia no deja de ser un sencillo slice of life. Muy profundo y conmovedor, aunque no bonito. Lo que sí es precioso es su arte, de línea clara y simple, donde el vacío posee un hondo significado. Lo amo. Con muy poco logra transmitir muchísimo: la cuidadosa elección de planos, la elegancia de sus detalles, la esmerada sincronización emocional, la cálida intimidad de su lenguaje corporal… buf. Todo.

Otro manga que comparte ciertas similitudes con Blue, pese a ser bastante más convencional, es Aoi Hana o Flores Azules, que Milky Way tuvo el buen tino de publicar (¡gracias!). Es una preciosidad de tebeo que no me habría importado incluir en esta lista, pero tiene pendiente un Manga vs Anime. Deberá esperar un poquito.

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Honey & Honey

Sachiko Takeuchi

(2007)

Otro salto cuantitativo en el yuri: la aparición de auténticos mangas sobre lesbianismo creados por sus propias protagonistas. Honey & Honey (2007) es un ensayo donde la autora, Sachiko Takeuchi, cuenta de manera abierta y divertida su día a día como mujer homosexual con su novia, Masako. Son 32 capítulos muy cortitos y de lectura rápida, pero que ofrecen gran cantidad de información sustanciosa. Tiene cierta vocación didáctica, quizá para hacer notar que las bellas tríbadas son también personas, ¡quién lo iba a decir!, ¿verdad?, y que trabajan, les gusta salir de compras, ir al cine, sufren de celos, se enamoran, beben cerveza, acuden a conciertos, salen con sus amigos, y un largo etcétera de actividades extrañas. Takeuchi acerca el bian world a todo el que quiera leer su manga; explica su propia vida y las circunstancias más comunes con las que tiene que lidiar. Y lo hace con mucho salero, por cierto. Me parece una manera estupenda de dar visibilidad a todas esas mujeres que no tienen por qué avergonzarse de una orientación sexual que es natural, respetable y legítima. Solo deseo que cunda más el ejemplo.

Honey & Honey es un buen tebeo no ya solo por su intención, sino porque las anécdotas y pequeñas historias que cuenta en cada episodio son relevantes y muy sabrosas. No hay grandes dramas ni aventuras épicas en la vieja Europa; rinde homenaje al espíritu de las tiras cómicas, creando una inmediata complicidad con el lector. Es un manga directo, como su dibujo. Exacto, su dibujo. Desde luego el que espere un estilo tradicional quedará decepcionado. A mí personalmente me encanta ese aire infantil y esquemático, resulta perfecto para sus historias y le da una expresividad única. La elección de utilizar color muy acertada también. En resumen, Honey & Honey es una obra redondita y fragante como un melocotón, yo no me la perdería.

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Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report

Kabi Nagata

(2016)

A través de la plataforma CuriousCat me llegó una pregunta sobre este manga. Se puede decir que ha sido uno de los detonantes para escribir la presente entrada, por lo que os animo a que sigáis metiendo caña en el GatoCurioso,  ya que me viene genial para la inspiración.

Empecé a leer Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report (2016) o Mi experiencia lésbica con la soledad en septiembre, y estoy a la espera de que suban los dos últimos capítulos. Es harto improbable que lo vea publicado en España, pero Seven Seas afortunadamente lo ha licenciado, así que este verano que viene caerá a la saca sí o sí. No conocía de nada a la autora, Kabi Nagata, y creo que ha sido todo un descubrimiento.

Como Honey & Honey, se trata de un tebeo autobiográfico; y aunque comparte algunas similitudes como el slice of life y cierto tono humorístico, son muy diferentes. Mi experiencia lésbica con la soledad es, a pesar de las metáforas y su lenguaje ligero, una historia bastante descarnada. Es genial cómo Nagata sortea el rol de víctima y el lógico drama que implica, para centrarse simplemente en el autoanálisis. Este cómic es una puerta abierta no solo a su vida como mujer soltera lesbiana, sino a sus procesos mentales, dolencias y pensamientos. Muy cerebral todo. A través de ellos refleja muy bien ese excesivo pudor japonés en las relaciones humanas, esa obsesión por las formas que impide que las personas expresen su propia individualidad, sus emociones. Y aquellos que por un motivo u otro son “distintos”, sufren especialmente de incomprensión y aislamiento. Es la contrapartida a Honey & Honey, un relato de reclusión, tristeza y enfermedad; pero también de superación y búsqueda, aunque conduzca a puertos insólitos.

Viendo la situación como está, y que en el resto del planeta no resulta tampoco mucho mejor, mangas como Honey & Honey y este Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report son importantes. Tratan la materia con naturalidad y franqueza, sin necesidad de señuelos porque sus narraciones son por ellas mismas adictivas y muy amenas.

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Beloved

Jaeliu

(2016)

Y quería cerrar este mini-inventario con una obra también contemporánea, pero esta vez no desde Japón, sino Pekín. Este manhua de la creadora Jaeliu no ha finalizado, y lo estoy siguiendo por puro enganche. Estuve a punto de abandonarlo, pero ESEDIBUJOSEÑORESJODER me absorbió totalmente. Magnífico.

La historia es típica y tópica, nada que no se haya visto ya miles de veces en cualquier josei de andar por casa, pero que desde una óptica lésbica adquiere un frescor inaudito. Y ese arte, ¿lo he dicho ya?, DIOSMÍODIOSMÍODIOSMÍO. Beloved (2016) es una historia de amor y sexo normal y corriente, pero además de profundidad poco habitual. Propone cuestiones interesantes y el tratamiento de los sentimientos es grácil y perspicaz. Si ha gustado, por ejemplo, el estupendo Sorano y Hara (2009) que Tomodomo publicó este pasado verano (¡gracias!), Beloved no puede decepcionar. Al menos hasta el episodio 10, después ya veremos.

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¿Seguís vivos? ¿Habéis llegado hasta aquí? Bien, me alegro, camaradas otacos. Tengo muchas ganas de hincarle el colmillo a Hana Monogatari (2013) de Mari Ozawa, pero me temo que tardará muchísimo en llegar a mi plato. Ains. Comentario random para finalizar la entrada. Je. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cine, largometraje

¡Mozuelas con ritmo! Swing Girls

Ahora que ha regresado Hibike! Euphonium con su segunda temporada, no he podido evitar que me viniera a la memoria esta película, que se ha convertido ya en un peazo clásico por derecho propio. Los que me leáis hace tiempo ya sabréis que KyoAni no me emociona demasiado, sobre todo porque ese estilo y diseños suyos tan característicos no me gustan nada. Eso no quita que vea sus producciones y las considere buenas series (algunas, claro), pero suelo preferir otros estudios. Es el caso, por ejemplo, de Hibike!, que empecé a verla con reticencia y me fue ganando poco a poco. Un shôjo de indudable espíritu spokon pero centrado en la música en vez de una raqueta o un balón. Las historias con adolescentes también suelen cargarme la cabeza muy rápido, por lo que Hibike! en mi caso particular es un auténtico meritazo que me agrade. Pero no podía ser de otra manera, es un anime con personajes atractivos, gran calidad técnica, un argumento sencillo pero bien desarrollado y… y música, joder, música. Que me gusta mucho la música. Por eso esta segunda temporada la esperaba también con ganicas.

Aprovechando su vuelta, he considerado oportuno hacer una reseña sobre una película que, sin duda, comparte bastantes elementos con Hibike! y que con toda probabilidad inspiró a Ayano Takeda y Hami para crear su manga. Swing Girls (2004) de Shinobu Yaguchi es bastante célebre, cosechó buenas críticas hasta en el extranjero y ganó unos cuantos premios de la Academia Japonesa de Artes y Ciencias Cinematográficas. No es un film olvidado underground de contenidos turbios, nada de eso. Es una cinta extremadamente comercial, de humor limpio, dirigida a toda la familia y, lo mejor de todo, excelente. Soy fan de Swing Girls. Seguro que la conocéis.

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No conocía de nada al director, Shinobu Yaguchi, y creo que no he vuelto a ver una película suya otra vez. Pero solo por esta Swing Girls le agradeceré por siempre el haber posado su pie en el planeta Tierra. No es un film rompedor ni extraordinario en ningún aspecto. En ninguno. Los actores son eficientes, con cierta sobreactuación pero nada especialmente molesto (Juri Ueno la mejor); la dirección competente y sencilla, sin jaleos; el guión fresco y su desarrollo es el esperado. Los que hemos tragado mucho manganime, encontraremos parámetros en Swing Girls muy conocidos. No deja de ser la típica historia zero to hero pero colectiva (el individualismo los japoneses lo llevan todavía un poquito mal) donde el compañerismo, el trabajo en equipo, el esfuerzo y espíritu de superación tienen fuerte protagonismo. Nada nuevo bajo el sol. Pero hasta las premisas más trilladas pueden alumbrar obras interesantes; y que sorprenden no por su originalidad, sino por su capacidad de absorber la atención y emocionar al espectador.

Hay dos tipos de personas en el mundo: las que tienen ritmo y las que no.

La historia la hemos leído muchas veces: tórrido verano japonés, instituto en pequeña población de Yamagata, clases de repaso, estudiantes haraganas tratando de sobrellevar el aburrimiento. La banda escolar está subiendo al autobús para infundir ánimos al equipo de béisbol en el partido que se celebra en una población cercana. Pero en sus prisas, olvidan que todavía no ha llegado el repartidor de la comida. Cuando este aparece ya es muy tarde, y el señor debe continuar su trabajo entregando el catering de un funeral. Sin embargo Suzuki-chan, que ha observado todo perezosamente desde una ventana, aprovecha la situación para proponer a su profesor que ella y sus compañeras deberían acercarles la comida. Pobrecitos, se morirán de hambre. Así que cogen un tren con todos los bentô y… se les pasa la parada. Con todo el calorazo, deciden ir caminando hacia su destino y entregar las viandas, aunque la comida llega en mal estado. Toda la banda del colegio tiene que ser hospitalizada por intoxicación alimentaria. Bueno, todos menos Nakamura-kun, el pringadillo, que por una vez su mala suerte le ha salvado el culo (y nunca mejor dicho). Este muchacho será un poco el paria de la orquesta, pero de tonto no tiene ni un pelo. Sabe que Suzuki-chan y sus amigas son en parte responsables de lo ocurrido, por lo que las reprende y exige hagan algo al respecto, pues a la semana siguiente se jugará un partido decisivo para el equipo de béisbol. Las zagalas no tienen ninguna intención de unirse a la banda, pero ven en ello una oportunidad para librarse de las tediosas clases de matemáticas y hacer el perro en el aula de la orquesta. No saben ni leer ni tocar música, pero les es indiferente. Lo que ellas desconocen es que el virus del jazz es altamente infeccioso, muy complicado de erradicar. Y cuando se quieren dar cuenta, ya es demasiado tarde.

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El argumento da muchas vueltas, es como una montaña rusa en la que se ha subido muchas veces pero que aun así continúa excitando. Se conocen sus curvas, loops e inversiones; las vueltas de tuerca y recursos se presienten de sobra. Pero a pesar de tener una estructura lineal, quizá sea esa misma simplicidad la que hace que toda la historia y sus personajes resulten tan entrañables. Precisamente esos personajes no están trabajados de una manera muy profunda. Son más arquetipos que personas: las rebeldes punks, la chica tímida e inteligente, la enamoradiza y ligona, el profesor frustrado, la gordita comilona, etc. Los mejor modelados son Suzuki y Nakamura, pero tampoco son el colmo de la complejidad. Personalmente me gusta mucho Tanaka-chan, que toca la batería (qué haríamos sin baterías… ¡morir! son los malditos cimientos, sin ellos todo se desmorona). Me encanta su personalidad y echo de menos más desarrollo, porque habría podido ser un personaje muy, muy jugoso. Pero ese es uno de los defectos de este film, unas figuras casi demasiado reconocibles y esquemáticas. Por otro lado, esta carencia se ve compensada por unas interpretaciones bastante potables y unos gags ocurrentes.

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Hay momentos inenarrables, la búsqueda de setas en el bosque con el advenimiento del gran jabalí salvaje es mi favorito, completamente absurdo y adornado con el incombustible What a wonderful world de Louis Armstrong. Y no solo eso. El espectador tiene la oportunidad de atisbar un ligero chispazo de lo jodido que es el mundo de la música, así, en general. Aunque también estimula a acercarse a él, porque es un film optimista y que contagia el amor por el jazz con verdadera pasión. Swing Girls es una película divertida apta para todos los públicos, pero no cae ni en el sentimentalismo (¡BIEN!), el romance imbécil (¡BIEN!) ni la moralina (¡REQUETEBIÉN!). Toda una proeza en los tiempos que corren de gazmoñería, que utiliza cualquier ocasión para untar de almíbar disney todo lo que huela a público familiar. Son muy pocas las películas de este tipo que suelo tolerar.

Me ha recordado en algunas cosas a The Commitments (1991), y os aseguro que es todo un halago porque es uno de mis musicales preferidos; pero Swing Girls carece de su drama, profundidad y dureza, pues no deja de tratarse de una comedia blanca sobre adolescentes en el Japón rural del s. XXI. Por cierto, adoro el retrato de la familia de Suzuki-chan, los desconchones en las paredes del centro escolar, los trenes y sus asientos vintage, el vertedero de los emo yankii, la vista de los tejados llenos de nieve… en resumen, la dirección artística y la ambientación son geniales. Naturales y realistas, pero pulcras. Un 10.

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Los temas de la banda sonora están interpretados por los propios actores, algunos de ellos no habían rozado un instrumento musical en su vida, así que estuvieron bastantes meses dedicándose de manera intensiva a aprender y… ¡ni tan mal! Son ellos mismos los que tocan e incluso llegaron a girar por Japón como big band profesional. La selección de piezas además es estupenda: Glenn Miller, Benny Goodman, Michel Legrand, Louis Prima, Ken Woodman, Billy Strayhorn… clásicos del jazz intemporales sin los que servidora, por ejemplo, no podría vivir. Imposible. Y como broche final, este tema en su versión original para cerrar los créditos. ¿Qué más se puede pedir, señores?

Swing Girls es una película divertida sin pretensiones. Por eso, aunque algunas situaciones resulten un poco inverosímiles, son licencias que encajan sin problemas en la atmósfera de entusiasmo y buen humor del film. No es una obra perfecta, tampoco lo busca porque su objetivo es solo entretener y dejar al espectador con una sensación agradable en el cuerpo sin viscosidades. Y lo logra. Merece la pena echarle un vistazo, sobre todo si se ha tenido un mal día. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Shôjo en primavera

Shôjo en primavera: Sakura Namiki

El shôjo no es mi demografía favorita. Hace meses además que dejé en cruel barbecho los tebeos del género que iba siguiendo. Me acaban saturando, es la única razón. Entonces, ¿por qué inauguro nueva sección en el blog dedicada a él? Efectivamente, Shôjo en primavera es un nuevo apartado en SOnC.  Pues porque me da la santa gana, señores, por eso. En realidad creo que el shôjo es una demografía muy interesante y que tomando un poco de perspectiva, es muy representativa de la evolución social japonesa, más que otras demografías incluso. Y es muy curioso, porque hasta la década de los 70 el shôjo se consideraba un género menor. La llegada del Grupo del 24 marcó la diferencia, antes eran el shônen o el gekiga los que se llevaban la atención de crítica y público. Por eso he decidido que este nuevo apartado de la bitácora se dedique al shôjo incipiente, al shôjo en sus primeros pasos y que se suele dejar en la retaguardia, olvidado. No hay muchas obras traducidas de la época, que abarcaría desde los años 50 hasta finales de los 60, pero con paciencia y china chana como dicen por aquí, algo iremos encontrando y, por supuesto, aprendiendo.

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“Buenos días” (1915) de Yumeji Takehisa

Yumeji Takehisa (1884-1934) fue un poeta que, como sabía que no iba a poder ganarse la vida juntando letras, se lanzó al mundo de la pintura y la ilustración. De formación autodidacta, fue haciéndose un hueco en el elitista mundo de las artes de Tokio, aunque su talento nunca fue reconocido en vida. Su moderado éxito y esa elegancia lánguida, de entes femeninos casi incorpóreos que encarnaron tan bien el espíritu de la Era Taishô, lo han hecho pasar a la historia por derecho propio. Pero lo que nos importa realmente es que su estilo inconfundible, de profundo lirismo, fue una de las influencias más importantes del futuro shôjo. Otro de los ascendientes fundamentales en la estética del shôjo fue Jun’ichi Nakahara (1913-1983), ilustrador y diseñador de moda que popularizó esos tremendos ojos acuosos, rebosantes de virginales sentimientos, que todos conocemos tan bien. Nakahara dibujó portadas de revistas como la popular Shôjo no tomo (La amiga de las chicas) y también de novelas femeninas.

Precisamente en esos años anteriores a la Segunda Guerra Mundial, comenzó a brotar una nueva literatura (shôjo shôsetsu) dedicada exclusivamente a las jovencitas. En ellas se solía representar un mundo idealizado de las emociones, con muchos floripondios y suspiros, pero que en realidad transmitían un código rígido e inmutable sobre lo femenino. Mediante blandas historias de amistad escolar, introducían las nociones de lo que se esperaba de cada mujer: abnegación, humildad y ser unas dulces y pudorosas novias para sus futuros esposos. De eso todavía quedan bastantes rastros actualmente en el shôjo, por cierto. El amor romántico heterosexual no solía aparecer (invadió la demografía a mediados de los 60), era un universo sin hombres, y el estilo de sus ilustraciones fue el primigenio jojo-ga (dibujo lírico), que complementaba el espíritu de esas historias inocentes y candorosas.

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Portada de “Shôjo no tomo” (febrero, 1939) de Jun’ichi Nakahara

Pero entre tanto aleccionamiento para ser una buena ama de casa, cariñosa con los niños y excelente cocinera, había también algunas voces un poco más discordantes: fue el caso de la escritora Nobuko Yoshiya (1896-1973), que opinaba de manera muy distinta. Sus novelas, que poseían el mismo aire romántico y soñador del shôjo shôsetsu, sin embargo ignoraban el matrimonio como objetivo y algunas de ellas eran abiertamente lésbicas. No en vano, Yoshiya mantuvo una relación con una profesora de matemáticas durante más de 50 años. Para ella el amor homosexual se encontraba en un plano de igualdad; el heterosexual no, pues implicaba la sumisión obligatoria de la mujer al hombre. No he tenido todavía oportunidad de leer nada de ella, pero sí he visto la película Fukujusô (1935), basada en un relato incluido en su colección de cuentos Hana Monogatari (1926), por lo que puedo hacerme una idea,  aunque sea algo remota, del aire general que se respiraba en sus obras… porque el shôjo-ai ha heredado muchas de sus ideas. Y con este pequeño pero necesario preámbulo, llegamos al manga protagonista de esta reseña: Sakura Namiki (1957) del autor Macoto Takahashi.

Es uno de los mangas más antiguos que he leído y todavía me pregunto las razones de que me lanzara a por él. El yuri no es lo mío, tampoco el spokon, y con el shôjo tengo problemas. A veces muy serios. Bien, pues Sakura Namiki alberga esos tres géneros y me ha gustado. Supongo que tendrá algo que ver que solo consista en 4 capítulos, y que no ha habido tiempo de que se me inflaran las narices; pero no debo tampoco restarle méritos a la obra. Sakura Namiki vale su peso en oro.

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Sakura Namiki o El Paseo de los Cerezos es un tebeo del año 1957. Repito: 1957. Todavía tiene bastantes arcaísmos (no sé cómo denominarlos) como, por ejemplo, rastros de emonogatari en la introducción. El emonogatari fue un formato híbrido entre tebeo y novela, una especie de “libro ilustrado” dirigido al público joven. Eran como versiones impresas de los cuentos de los kamishibai, con un dibujo naturalista y fuerte presencia de texto. Durante unos años compitieron en popularidad con el manga, hasta que fue barrido por este a finales de los 50. Por eso Sakura Namiki tiene cierta rigidez en algunas de sus páginas, el texto resulta cursi y la historia es muy sentimental. No obstante, me ha sorprendido en otros aspectos y creo que el paso del tiempo no le ha sentado nada mal. Es un manga hijo de su época, con todo el peso del shôjo shôsetsu y el jojo-ga; pero interesante y con ramalazos muy modernos.

Pero comencemos por el principio. Sakura Namiki cuenta la historia de dos amigas, miembros del club de ping-pong de su exclusivo colegio femenino, y su enfrentamiento en los campeonatos deportivos escolares. Sus nombres: Chikage Maki , estudiante de tercer curso, y Yukiko Nakahara, en primero. Yukiko-chan siente gran fervor y devoción por su onee-sama, unas emociones que se convierten en su debilidad durante el partido, pues le hacen sentir compasión por ella en un momento crucial. Pero Chikage es una gran deportista, capitana del equipo y remonta el juego. Sin embargo, las compañeras de curso de Yukiko, que la han estado animando con ardor, piensan de otra forma. Creen que Yukiko se ha dejado vencer por afecto hacia Chikage, y comienzan a murmurar.

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Yukiko es consciente de los rumores, y comienza a encontrarse mal. Mal por Chikage, que puede sentirse ofendida si cree que su victoria no ha sido tal; culpable porque quizá lo que cuchichean sus compañeras tiene un poso de razón. Y la situación empeora cuando Ayako Sunayama, de segundo curso, celosa de la relación que mantienen Chikage y Yukiko y siempre ávida de entrometerse, es la que parece haber originado las habladurías. Ayako perdió su partido frente a Yukiko, y ahora no se separa ni a sol ni a sombra de Chikage. Nuestra protagonista está muy afligida, y la vergüenza la hace huir.

Un triángulo amoroso, el entusiasmo de la competición y un malentendido que se convierte en el cotilleo de la escuela. ¿Qué hará Yukiko? ¿Se conformará con asumir el tradicional papel de víctima pasiva, revolcándose en su dolor? El autor no defrauda (aunque no sorprende), y tampoco se conforma con trazar los retratos de unas damiselas epítomes de la feminidad de esos años, que exigía docilidad y recato. Las chicas de Takahashi son un pelín más modernas de lo que podríamos imaginar

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Takahashi se centra en los sentimientos de Yukiko. Sakura Namiki es un paseo emocional desde una única perspectiva, pero lo bastante rica y delicada como para no aburrir. Cierto que podría haber ahondado más en Chikage y, sobre todo, en Ayako, que salvo como tercer elemento en discordia, no aporta nada más. Bueno, su diseño me gusta, pero Ayako es un florero. Bonito, pero un florero. No obstante, hay que reconocer que se trata de un tebeo de historia extremadamente sencilla y que no entra en demasiados detalles, salvo los que interesan para recrear una atmósfera poética y robustecer a Yukiko. Un slice of life sentimental que concede momentos a la emoción del deporte y la ambición por el triunfo. Estoy segura de que Taiyô Matsumoto leyó este Sakura Namiki, su formidable Ping Pong tiene alguna cosilla de él. Porque eso sí, la competición entre Chikage y Yukiko es fetén y que eso lo diga yo, que me pongo a roncar en cuestión de segundos con el spokon, es para tenerlo en cuenta.

¿Estamos frente a un tebeo yuri? No considero que Sakura Namiki sea estrictamente yuri, más bien sería un proto-yuri, un tierno shôjo-ai donde todo está convenientemente rebozado en la dulce nebulosa de la amistad apasionada, que sugiere más que evidencia. No hay ningún tipo de alusión sexual, se mueve en una gama de sentimientos inocentes y castos, por lo que podríamos incluir este tebeo sin problemas dentro del género S. El entorno sublimado, con la música como principio evocador, conduce muy bien la exaltación romántica de Yukiko, desde el pasado hasta el presente. Así Takahashi nos hace comprender su valiente decisión. Por amor, por justicia, por amistad.

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Sakura Namiki está estructurado en tres partes, cuyos corazones son dos partidos de ping pong. Estos dos partidos son el principio y fin de la historia, de los que surgen el problema y la solución. Y es que Chikage y Yukiko expresan su mutuo amor mediante el deporte, algo bastante original. Takahashi emprende su manga a través de una contextualización clásica: Osaka, un colegio femenino situado en una colina repleta de cerezos, donde discurre un paseo por el que decenas de adolescentes caminan a diario. Bajo las ramas de los cerezos en flor, las muchachas hablan de sus esperanzas, se prometen amistad eterna y sufren de alegrías y penas… No es casual que el autor presente Sakura Namiki como a lyric manga tale. La segunda parte es un viaje al pasado, donde Yukiko, ya en casa con su madre, rememora su vida antes de conocer a Chikage, cómo el destino las une y luego disfrutan de una relación plena y feliz. La tercera parte está marcada por la determinación de Yukiko y sus consecuencias. Y hasta ahí puedo contar.

El paisaje no es meramente escolar, fuera de él se encuentran las vidas de estas zagalas, donde, curiosamente, no hay ningún hombre. En realidad hay uno, pero está muerto. Sabemos más de Yukiko, y bastante menos de Chikage, pero Takahashi fabrica un armazón sólido para la psique de nuestra protagonista, que nos permite comprender y empatizar con sus inseguridades y admiración por Chikage. Por supuesto, los ingredientes que componen el mundo de los shôjo shôsetsu está ahí (y que luego heredaría el manganime): el cuidado de la belleza personal, ir de compras, la música, el ballet, gatitos (¡sí, GATITOS!), etc., pero no por ello menos sugestivos. La elección musical no puede ser más adecuada para la atmósfera de Sakura Namiki: la séptima pieza de las Escenas de la infancia o Kinderszenen, Träumerei (1838), de Robert Schumann. Y la secuencia de La muerte del cisne (1907) en el capítulo tres también es preciosa.

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Lo que más me ha gustado de este tebeo ha sido, sin ninguna duda, el arte de Macoto Takahashi. No hace falta ser especialista para percatarse de la presencia de Tezuka, pero hay mucho más. La geometría de esas líneas puras y claras, la simplicidad y los recursos que utilizó para otorgarle dinamismo, me han enamorado. Conste en acta que soy fan de los dibujos limpios y sencillos del tipo Yûki Kodama y que lo vintage siempre me parece estéticamente muy atractivo, pero aun así continúo pensando que es un gran dibujo. De hecho me gusta infinitamente más que el que desarrolló luego, ese que le dio realmente fama como el arquitecto de la estética clásica shôjo, de rubias bellezas de cabellos ondulantes, ojos enormes de vibrante lágrima y flores, muchas flores, lacitos, puntillas y mariposas flotando en el viento. No puedo negar su trascendencia histórica, pero personalmente me quedo con sus comienzos. No tan estilizados, no tan barrocos, hasta un poco toscos en comparación; pero que a mí me encantan. Contienen la misma inocencia y resplandor, pero con una economía en las formas mucho más elegante. O así lo percibo yo. Aunque en algunas viñetas los fondos son apenas esquemáticos o inexistentes, en otros la riqueza de los detalles es maravillosa, y Takahashi se sirve de bellas alegorías (las primeras viñetas del capítulo tercero son deliciosas) para transmitir la melancolía que embarga a Yukiko.

Colgaría imágenes de Sakura Namiki por toda la entrada cada tres palabras, pero no puede ser. No estaría bien robaros vuestro posible goce y spoilear encima la historia. Aunque esta última tampoco es que resulte una sorpresa. Bueno, qué demonios, allá van dos seguidas.

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Pero.. pero… esto es un tebeo para chicas, ¿no? Diréis mis queridos lectores masculinos. Pues sí, es un manga para mozuelas. Y mozuelas de las de hace 60 años, casi nada. Pero tras la revolución que supuso Sailor Moon, ese shôjo que devoró las mentes tanto de chicos como de chicas sin excepción, ¿qué problema puede haber con Sakura Namiki? En SOnC los prejuicios bien lejos, no creo que vayáis a tener un brote psicótico por leerlo ni se os reduzca el tamaño del pene. Es historia del manga, una parte importante de hecho. Y esta nueva sección es lo que va tratar de hacer: rescatar esos clásicos del shôjo antiguo de los que nadie se acuerda ya.

Sakura Namiki no es perfecto y bajo los ojos del s. XXI carece de muchas cosas que en la actualidad damos por hechas. Pero continúa siendo un buen trabajo, entretenido y a ratos conmovedor. La gestión de las emociones por parte de Takahashi resulta soberbia. Es cursi, sí. Mucho. Aunque de una manera contenida que ya no se lee ahora. Y es un tebeo muy adecuado para calibrar esta demografía desde sus inicios, comparándola con lo que consumimos en el presente. Y ciertas características no han variado demasiado. ¿Es eso positivo? Habrá que seguir leyendo más obras de la época para poder averiguarlo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.