manga vs anime

Manga vs. Anime: X/1999

Casi tenía olvidada esta sección, pero las CLAMP me obligaron a desenterrarla porque X/1999 bien lo merece. Se encontraba a medio escribir y tras vuestras gentiles votaciones en twitter, que me vinieron muy requetebién, aquí está por fin acabada. Le ha costado salir porque asomó el hocico en borradores allá por enero.

Quería explayarme un poquito con X/1999; y aunque ya se ha escrito muchísimo sobre ella, debía dejar su huella en SOnC ya que es una obra que me impactó muchísimo en su momento. Efectivamente, es uno de esos animes que marcaron mi juventú (ains) y el manga fue el siguiente paso que di, pues Norma lo editó en España. He ido revisando esta obra a lo largo de los años y, como comprenderéis, el transcurrir del tiempo no perdona a nadie. No obstante, sigue siendo mi preferida de las CLAMP porque reúne la mayoría de las características de estas damas, pero dirigidas a un público ya con cierta madurez. Es un shôjo bastante extraño incluso en base a parámetros actuales, y también uno de los motivos por los que llegué a detestar a este grupo de autoras. Casi lo había olvidado, pero releyendo el manga esta última vez he vuelto a experimentar ese odio. AgainMalditas.

A la izquierda, los Dragones del Cielo; a la derecha los Dragones de la Tierra. En medio, la pesada de Kotori (siempre hay una en este tipo de series)
A la izquierda, los Dragones del Cielo; a la derecha, los Dragones de la Tierra. En medio, la pesada de Kotori (siempre hay una en este tipo de series)

La verdad es que Kotori siempre me pareció un muermo de muchacha. Necesaria, incluso crucial, pero uno de esos personajes femeninos con aroma a santidad que son como ese mosquito que está continuamente zumbando en los oídos: un incordio al que aplastar. Pero me estoy adelantando para variar.

X fue un manga que publicó Gekkan Asuka entre 1992 y 2003. Un manga inconcluso, aunque a una parte del fandom le gusta considerarlo un interminable hiato porque no hubo, ni hay, comunicación oficial al respecto. Ahí está, muerto de risa, abandonado por esas bellacas las CLAMP. X/1999 es una de las vergüenzas de estas creadoras, como también una de sus obras con mayor potencial. ¿Por qué se encuentra de vacaciones en Catatonia? Excelentísima pregunta. Se rumorean y deducen cosillas a través de ciertas declaraciones en prensa, pero nada confirmado. Parece que los editores encontraban la escalada de violencia y destrucción del tebeo poco adecuados para las circunstancias que se estaban viviendo (Gran terremoto de Hanshin, Infanticidio de Kobe); así como que las propias CLAMP andaban inquietas por ello. Además también se encontraban trabajando en otros proyectos, sin prestar la atención necesaria a X/1999. Que su temática milenarista ya no pudiera tener el impacto esperado, ya el 2000 sobrepasado, tampoco animaría a las autoras a retomarlo posteriormente. Imagino que para ellas el estímulo no sería el mismo, pues el anime ya había dotado a la obra de una conclusión en cierta forma.

Pues muy mal todo, horriblemente mal. Los otacos ancianos como servidora tenemos memoria de elefante, ¡no olvidamos! Qué menos que finiquitarla, sobre todo cuando se encontraba en su recta final. Hace 10 años (diosmíodiosmíodiosmío) tuvieron a bien publicar el que parece la mitad del último volumen… con un poco de suerte dentro de otra década, cuando la sociedad japonesa esté ya emocionalmente lista para el festín pantagruélico de sangre y aniquilamiento de X/1999, quizá podamos disfrutar de su conclusión.

Sarcasmos y rencores aparte, admito que me faltan datos fidedignos para poder evaluar qué es lo que sucedió con este cómic. Por qué se descuidó, a pesar de su éxito en crítica y ventas, y permanece tristemente inacabado. A lo mejor si conociéramos mejor las circunstancias, podría ser más comprensiva o comerme con patatas mis exabruptos; pero como no sabemos, ni hay visos de que el asunto vaya a progresar, pues me cago en todo lo que se menea. Sin más.

Hola, soy la última página del fantabuloso manga X/1999 y estoy sin finalizar. TE JODES.
Hola, soy la última página del fantabuloso manga X/1999 y estoy sin acabar. TE JODES.

Bueno, ya vale de trollfest, solo necesitaba desahogarme un poquillo. X/1999, a causa de su enorme popularidad, tuvo una adaptación a película en 1996. Pero el manga estaba todavía a medio cocer. Madhouse se hizo cargo con dos pesos pesados al frente: Masao Maruyama y Rintarô. ¿Qué podía salir mal? Pues todo, joder, todo salió mal. No me explico cómo Rintarô fue capaz de dirigir tamaño engendro. Pero claro, hasta las bestias pardas del anime tienen derecho a cagarla alguna vez, humanos son. La película es técnica y artísticamente sublime, pero un soberano gargajo también. De esos espesotes y negros de abuelo fumador. No sé si fueron las prisas por la tremenda demanda que había entre los seguidores, o que no había suficiente material aún para escribir un guión en condiciones; pero el resultado no pudo ser más bochornoso. Un quiero y no puedo inconexo de estructura confusa que no hizo justicia a la obra original ni en broma.

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¡A escaparrar la película!

¿Iba a ser impedimento ese desastre para realizar algo distinto en condiciones? Por supuesto que no. Ya en 2001 y con Yoshiaki Kawajiri al timón, Madhouse volvió a la carga con una serie televisiva de 24 episodios. Fue precedida por una OVA que podría considerarse un preludio, un capítulo 0 donde nos descubrían las bases mediante la intervención de uno de los personajes secundarios: el yumemi Kakyô Kuzuki. Un yumemi en el universo de X/1999 es una especie de onironauta que es capaz de ver el futuro a través de los sueños, unos sueños que puede modificar a su voluntad y en los cuales desarrolla su poder. A cambio pierde algún tipo de facultad física importante. En el caso de Kakyô, es incapaz de moverse y permanece en coma.

Con esta presentación, creo que ya es hora de explicar de qué demonios van este manga, esta película y esta serie. No exagero al afirmar que es una de las obras más escabrosas y difíciles del grupo CLAMP. Está conectada con Tokyo Babylon (que os recomiendo desde ya) y de la que puede considerarse un spin-off. No es imprescindible leerlo antes, pero sí aconsejable. También comparte universo con Tsubasa: Reservoir Chronicle, por supuesto, donde aparecen la mayoría de los Dragones de X/1999.

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Fûma, Kamui y Kakyô

X/1999 es la historia del fin del mundo tal como lo conocemos. Los dos bandos que lucharán entre sí serán los 7 Dragones del Cielo y los 7 Dragones de la Tierra. Los primeros buscarán la conservación de la Tierra a toda costa, evitar la destrucción venidera de lo existente. Los 7 Dragones de la Tierra lucharán por un reset total, ya que el mundo no puede redimirse y suplica una renovación completa desde sus cimientos. Y será la naturaleza crística de un muchacho, Shirô Kamui, la que catalizará este profundo cambio que podría desembocar en el Armagedón. Es su destino y a la vez su elección los que afectarán a los que le rodean y al mundo entero. Todo esto sucede en Tokio, corazón en cuya geografía mística tendrán lugar los sucesos profetizados por los yumemi.

Este podría ser un resumen muy elemental de lo que es X/1999. Pero, como sagazmente deduciréis, hay muchísimo más detrás. Kamui, Fûma y Kotaru son amigos de la infancia y unos niños aparentemente normales. Sin embargo, están señalados para cargar con un terrible peso. Su familia también está marcada y debe cumplir con su ineludible destino por muy penoso que sea. Llegará el momento en el que la suerte del planeta se encontrará completamente en las manos de Kamui, y este, ya entrado en la adolescencia, reniega de esa tarea que le ha sido impuesta. Para traer al mundo el arma sagrada que servirá a Kamui, la madre de Fûma y Kotaru muere de manera horrible; así como la madre de Kamui fallece también para protegerlo. El sacrificio de estas dos mujeres no será el único para que Kamui pueda llevar a cabo su misión.

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Hinoto-hime

Kamui no estará solo en este cometido, sino que tendrá el apoyo de 7 personas más con habilidades extraordinarias. Su origen es variopinto, aunque cuatro de ellos poseen una sólida formación mágico-religiosa budista y sintoísta. Como argumento polarizado, estas siete personas (Dragones del Cielo) tienen su contrapartida en otras siete, con capacidades también fuera de lo común (Dragones de la Tierra). Estos poseen también su propio kamui, ya que la balanza antes del combate debe estar equilibrada.

Dirigiendo el cotarro de los celestes está la onironauta o yumemi Hinoto, una muchacha ciega de gran poder que percibe el futuro en sus sueños. Porque todos sus sueños son realidad, y es algo que siempre la ha atormentado. Hinoto tiene una hermana menor y rival, Kanoe, que aunque solo tiene la aptitud de ver los sueños de Hinoto, resultará la cabecilla en torno a la que se congregarán los Dragones de la Tierra. Son muchos personajes. Y todos con algo significativo que aportar. Paso olímpicamente de hacer una introducción a cada uno de ellos, pero sí me detendré en algunos. Kamui me pareció siempre insufrible, un rebelde medio lelo al principio y un pusilánime después. ¡Kamui al pilón! Pero es el Mesías, a callar, Sho. El monje Sorata Arisugawa es mi favorito, encargado de relajar ese ambiente tan solemne y sobrecogedor. Se hace querer enseguida. Sakurazuka y Sumeragi son tan estupendos como en Tokyo Babylon, pero me temo que en la serie (no en el manga) su presencia se hace algo ortopédica.

Subaru-Sumeragi-x-1999
Sumeragi el médium

Cada personaje está cuidadosamente delineado, con un perfil psicológico claro y arquetípico. Y sus interacciones nunca resultan gratuitas, son uno de los grandes atractivos de la obra, las que hacen que todo avance en el fondo. Todos ellos se enfrentan al dilema de mantener la fe en la humanidad o hacer tabula rasa desde sus propias experiencias y reflexiones, de manera muy humana. Para ello las CLAMP pormenorizan, nos cuentan sus vidas y así aprovechan para introducir incluso más temas, como el de la IA o la clonación. Echo de menos más detalles en algunos Dragones de la Tierra, como la criatura asexuada Nataku y, sobre todo, Satsuki Yatôji. Su relación con la máquina Bestia es fascinante, creo que se le podría haber sacado mucho más rendimiento. Penica.

Bestia se pone celosón. no le gusta que Yatôji se vaya de picos pardos con Kigai-san
Bestia se pone celosón. no le gusta que Yatôji se vaya de picos pardos con Kigai-san

¿Y qué podemos encontrar en X/1999? Épica, grandilocuencia y océanos de tragedia (y sangre). Estáis avisados. A quienes los excesos no les agraden, esta obra puede irritar sobremanera. Y el célebre sadismo de las CLAMP está a flor de piel. Los temas principales (hay más) que se tocan son el del libre albedrío, los engranajes de la predestinación y el sacrificio. Casi . Y desde una óptica maniquea, el dualismo es patente. Ah, y el amor, claro, que no falte. De todo tipo. Hasta las fujoshi tienen su ración de yaoi medio disfrazado.

CLAMP para crear este oscuro mosaico se ha inspirado en disciplinas esotéricas y sistemas de creencias muy diversos: la Cábala hebrea, el feng shui, la escatalogía cristiana, el budismo, la gnosis, la hipótesis de Gaia y el sintoísmo. Lo ha mezclado todo et voilà. El grado de coherencia es alto, no chirría nada, resulta sorprendente esa competencia a la hora de entretejer campos tan distintos.

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Fûma haciéndole cosas a Kamui.

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Simplemente porque el anime tiene un final, lo recomiendo por delante del manga. Es una de esas raras ocasiones en las que me tengo que decantar por él. Y eso que el manga, como suele suceder, profundiza muchísimo más y posee un arte apabullante y delicado que en el anime solo se logra atisbar. Pero la frustración que puede llegar a provocar es bastante, bastante gorda. Y no es una advertencia para tomarse a la ligera. Que este tebeo carezca de desenlace es un putadón.

Ese manierismo tan característico de CLAMP junto a la gran riqueza visual de su dibujo, se diluyen en el anime, mucho más austero. Continúa siendo elegante y estilizado, pero al tratarse de 24 soberanos episodios, la economía en los capítulos centrales se nota, reduciendo incluso los fondos casi a su mínima expresión. Es algo que contrasta mucho sobre todo si se conoce el estilo de las autoras. No es por eso una serie chapuceitor, ¿eh? X/1999 es un anime sobresaliente, que incluso ahora se mantiene a la altura sin problemas. Que los diseños se hayan quedado desfasados era de esperar, sin embargo.

Obviando ese ínfimo detalle de que está sin acabar, el manga sin duda es… mejor. Punto. Los personajes y sus relaciones están trabajados con minuciosidad y brindan una perspectiva mucho más amplia pues en el anime, sin ser para nada mal producto (todo lo contrario), queda desflecada, incluso no se llegan a comprender del todo algunas motivaciones y hechos.

Sorata y Arashi
Sorata y Arashi

¿Es completamente fiel el anime al cómic? Como en toda adaptación, existen variaciones; pero en general encontramos casi lo mismo en un medio y en otro. Kamui sigue siendo idiota en ambos, por ejemplo. No es el despropósito de la película aunque se pierden decenas de matices maravillosos. No obstante, es una serie brillante y que destacó en su momento. De hecho es un producto que, aunque no tiene el nivel de detalle y calado que el manga, resulta más redondo y lo más importante: accesible. No por la complejidad, que la serie televisiva ajusta con habilidad, sino por la violencia. El tebeo es brutal. El anime, que tampoco es precisamente una ruta turística al País de los Unicornios, modera bastante el contenido gore. La serie está concebida en términos mucho más comerciales, a pesar de que es dura y no se corta ni un pelo en cuanto a crueldades sin fin.

Sakurazuka es más malo que la quina
Sakurazuka es muuuuuy malvado

X/1999 no es una obra sencilla, en su vertiente animada tampoco. Aglutina gran cantidad de referencias filosóficas, religiosas y culturales muy diversas, que en la serie televisiva son destiladas para facilitar su digestión. Apela a la atención del lector/espectador continuamente ya solo por el número de personajes que desfila, todos con un papel relevante a desempeñar, y se detienen lo suficiente para conocerlos bien. En ese aspecto el manga gana por goleada, tanto por su cuidada caracterización y diseño como por su hondura. Las relaciones entre ellos son indispensables, y forman un conjunto creíble y bien articulado, que en el anime se pierde un poco. Solo un poco.

SANGREEEEE
SANGREEEEE

¿Es suficiente con ver el anime? No es solo bastante, es que para estómagos sensibles o los que prefieran una obra acabada sin fisuras, es lo más recomendable. A no ser que a uno le vaya la marcha… aunque en el anime se sufre también, recordemos que es una tragedia altisonante con un fuerte componente melodramático. La música es otro de los alicientes que enfatizan todavía más la carga emotiva de la serie. Un plus que al manga le falta. Es de espíritu heroico, haciendo especial hincapié en el tono legendario y pasional de la obra; con una orquestación clasicota y rotunda, muy conmovedora.

Si después de ver la serie continúa habiendo fame, el manga cubrirá los huecos del anime y aportará más información (y no poco importante). Por no hablar de que siempre es puro gozo contemplar los trazos de las CLAMP. Pero, ay, que no tiene final. La que avisa no es traidora.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

anime, paja mental

Ma’Samurai brotha: Kinky Afro

Cuando estoy malita y me obligan a postrarme en cama, me agobio. La lectura ayuda siempre, pero una es bastante nerviosita y necesita estar haciendo algo. Aunque sean pajaritas de papel. Maquinando lo que sea. Soy una enferma nefasta, lo admito. Por lo que durante estos días de trancazo arraigado en los pulmones, soltaré unas cuantas gilipolleces de más en el blog (si me dejan, claro, permanecer ociosa resulta un martirio). Es la fiebre, es la fiebre. MUAHAHAHA.

En este ratito en el que me está haciendo efecto el paracetamol, voy a escribir sobre la serie animada de Afro Samurai (2007). Tuvo una secuela en forma de largometraje, Afro Samurai: Resurrection (2009), con la que, lamentablemente, me pegué una buena siesta. Quizá es que me pilló en mal momento y si la volviera a ver ahora, no me aburriría tanto. Quién sabe.  Tampoco he tenido la oportunidad de leer el manga original (fanzinero total, eso me mola) de Takashi Okazaki, lo que quizás me habría ayudado a apreciar mejor el producto general. Quizás, quizás, quizás. Pero es la serie la que protagoniza la entrada de hoy, ¡no me distraigáis, coñe!

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Afro Samurai está ubicado en un Japón distópico que mantiene elementos medievales coexistiendo con alta tecnología cibernética y robótica. Y la necesaria chispa mística, claro. En ese panorama remoto, nuestro protagonista, el pequeño Afro, ha presenciado en vivo y en directo la muerte de su padre a manos del misterioso pistolero Justice. Ese es el destino, a largo plazo, de todo aquel que posea el hachimaki de mejor guerrero del mundo. El número 1, considerado una divinidad. Y ese era el padre de Afro, destronado cruelmente por el número 2. Resulta algo inevitable, tanto el camino del número 1 como el del número 2 es fenecer a causa de la ambición humana. La violencia no puede tener fin. Pero eso es algo que el joven Afro todavía no entiende, y decide consagrar su vida a la venganza. Justice lo estará esperando cuando crezca y esté preparado.

Quien considere una bizarrada mezclar el universo tradicional japonés con un negrata de pelucón kilométrico, debería saber que la realidad siempre supera a la ficción. El protagonista de Afro Samurai está inspirado en la figura histórica de Yasuke, un mozambiqueño de metro noventa que en el s. XVI fue guardaespaldas personal de Oda Nobunaga (toma ya) y nombrado incluso samurái. No está nada mal para un gaijin medieval.

Pero regresando a la serie, tenemos entre manos la típica, pero casi siempre efectiva historia, de niño huérfano desarraigado brutalmente, que busca su camino en el mundo a través del sacrificio. Su objetivo es, por supuesto, restaurar el honor de su padre. ¡Vendetta! Es acogido por un compasivo y severo sensei en cuyo dôjô cuida y adiestra a otros desdichados como él. A lo largo de los episodios, iremos conociendo el pasado de Afro y los desafíos que le plantea el presente a causa de poseer el hachimaki del número 2. Afro solo mira hacia adelante, y esa resolución también tiene sus consecuencias.

Este anime es grandilocuente y de épica supurante a borbotones. El drama, la tragedia, son de corte exageradamente (anti)heroico; y los personajes con los que nos iremos encontrando, bailan a ese son. Para rebajar un poco tanta intensidad, no puede faltar la consabida figura cómica: Ninja Ninja. Es el evidente alter ego de Afro; y cacarea y gesticula como buen histrión. A ratos tenía ganas de reventarle la cabeza, pero ese es otro tema. ¿Es una fanfarronada de serie? En algunos momentos así lo pensaba, porque contiene todos y cada uno de los clichés del chanbara que Tarantino, por poner un ejemplo fácil, ha trasladado a sus Kill Bill. Empezando por el propio personaje principal: Afro. Pero hay más.

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Afro es un auténtico badass nigga. Todo en esa actitud ultra cool que se gasta es propio de la Blaxploitation de los años 70. Por un lado, lo hace un personaje un pelín plano, tan lacónico y distante; pero, por otro, ahí está reflejado indudablemente el gran Jim Kelly (mis favoritas Enter the dragon y Black Samurai, tengo que decirlo) y resulta muy entrañable, aunque sea por enésima vez, toparse con homenajes así. La influencia de la Blaxploitation es muy potente en toda la serie y no ya solo en el personaje principal. La música jugaba un papel muy importante en este género cinematográfico, y en Afro Samurai no han descuidado ese aspecto en absoluto, poniéndolo en manos del ya mítico RZA. El OP es genial, se me hace muy rápido y escaso, con eso creo que lo digo todo.

Este es un anime perfecto para atraer público occidental masculino que no sepa mucho de nuestra querida y monstruosa maquinaria japonesa. Tiene todo lo que un profano espera encontrar: estereotipos. ¿Cuáles? Veamos: katanas, iconografía budista, samuráis, combates espectaculares, detallitos kawaii, sed de venganza, villanos rimbombantes, fanservice, millones de amputaciones y sangre, mucha sangre. Pero para hacerlo incluso más accesible, Afro Samurai se ha mezclado, como ya hemos visto, con elementos norteamericanos culturalmente más afines. Lo lleva en el ADN, una parte de la producción además es estadounidense. Fue grabada originalmente en inglés y los seiyû principales son, nada más y nada menos, que Samuel L. Jackson y Ron Perlman. WOW. Sí, wow. Por eso creo que no hicieron más capítulos. El dineral que debió de costar cada uno, y no solo por la contratación de actores de voz de primera fila, no tuvo que ser baladí.

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Afro Samurai es un anime corto, de tan solo 5 capítulos (GONZO K.K. al mando). Desde mi punto de vista, habría funcionado mejor como una sola unidad, en formato largometraje. Básicamente porque el argumento es simple y lineal; no necesitaban estirar más el chicle. Aunque admito que, entonces, muchas de las magníficas coreografías de las peleas se resentirían o, directamente, tendrían que desaparecer. Y así llegamos a uno de sus meollos: Afro Samurai es puro espectáculo visual (y del bueno). El que busque algo más de chicha, se decepcionará. No hay grandes entresijos ni sorpresas; muy predecible. Aclaro que no es una serie vacía de contenido, está muy bien hilvanada, pero tampoco se detiene en profundizar demasiado. Afro Samurai es un seinen típico de ensalada de hostias, con ligero descerebre, pero de un alicatado perfecto. Esa es su naturaleza y no se le debe exigir más.

¿La recomiendo? Meh. No es memorable para nada, aunque tampoco es un bodrio pestilente. Sobresale por su envoltorio, que es abrumador, y la función de entretenimiento la cumple sin más. Al que le guste el género, probablemente la disfrute sin mayor problema. Pero no es de esas series que volvería a ver. Al menos en un largo tiempo.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cine, largometraje, literatura, paja mental

El Castillo de la Telaraña

Hace unos días fui al cine para ver Macbeth. Este Macbeth, para aclararnos.Y me ha gustado, a pesar de que hayan prescindido del elemento sobrenatural o me resultara más visual que otra cosa. Tranquilos, no voy a hacer una crítica de la película de Justin Kurzel. Además en este blog no procede. Pero recordando las versiones de este clásico de Shakespeare que he llegado a visionar, mi favorita por goleada es, sin duda, la de Akira Kurosawa. Por delante de la de Orson Welles; muy por encima de la de Roman Polanski. Y, por supuesto, me gusta más que esta última que he visto. Sin menospreciar ninguna de ellas, que conste. Mi criterio es cuestionable, ya que solo soy una espectadora anónima para nada especializada en la crítica de cine. Pero Trono de Sangre (1957) o Kumonosu-jô en el original japonés, sigue siendo mi adaptación preferida de la tragedia de Macbeth. Así que aprovecho la coyuntura para escribir un poquillo sobre esta obra maestra del cine, no ya solo nipón, sino mundial. Soy consciente de que si se ha debatido o reflexionado sobre un director de cine, ese ha sido Kurosawa, por lo que no aportaré nada que no se haya dicho ya.

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Póster checo del año 1957 de “Trono de sangre”.

Creo que toda persona civilizada, llegada cierta edad, debería conocer de sobra la historia del rey escocés Macbeth y la tragedia que William Shakespeare escribió inspirándose en su figura, por lo que considero innecesario hablar sobre ella. Si no es así, es que el mundo está muy mal. Vale, de acuerdo, el mundo realmente está muy mal; y aunque las labores pedagógicas tampoco es que sean mi fuerte, vamos a contar un par de cosillas para refrescar la memoria en plan telegramametralleta.

Macbeth es la tragedia más breve y oscura de Shakespeare. Decir que es tenebrosa es quedarse muy corto, da miedo. Por muchos motivos. La escribió en 1606 y probablemente escogió la temática para legitimar, en cierta manera, el reinado de Jacobo I (era hijo de María Estuardo), además de que a este monarca todo asunto relacionado con la brujería lo fascinaba. Así el inglés contentaba por partida doble a su rey. Es una obra de teatro y, aunque parezca estúpido indicar esta obviedad, es importante no olvidarlo sobre todo si vamos a ver el film de Kurosawa.

Fair is foul, and foul is fair:

Hover through the fog and filthy air.

Lo bello es feo y feo lo que es bello;

la niebla, el aire impuro atravesemos.

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Con estos versos termina la escena primera del primer acto de Macbeth: la reunión de las tres brujas entre relámpagos y truenos. En esas palabras se esconde una de las médulas de esta obra, la incansable sucesión de conceptos antitéticos, la inversión continua de valores que crean una atmósfera de alucinamiento y confusión moral realmente singular. Como agentes del caos, ellas son, mediante la tentación, las responsables de la espiral de crímenes, remordimientos y locura sin fin que se desata en una rápida vorágine de auténtica maldad. Un ejemplo meridiano de la ironía dramática que irá brotando luego por toda la obra.

Tras vencer a noruegos e irlandeses, que pretendían invadir Escocia, Macbeth y Banquo se dirigen al encuentro de su rey, Duncan. Pero en el páramo antes de alcanzar el castillo, tropiezan con tres brujas. De manera misteriosa los saludan, dando a entender que Macbeth será rey y Banquo padre de reyes. Tras las profecías, desaparecen. Estos augurios serán el aguijón que despertará las terribles ambiciones de Macbeth y lo llevarán a asesinar al rey Duncan. Junto a él, su esposa Lady Macbeth, instigándolo sin tregua. Pero no todo queda ahí, como imaginaréis. Esto es Shakespeare, no Dan Brown; y las complejas estructuras psicológicas del Bardo continúan siendo portentosas por muchos siglos que pasen. La culpabilidad y la profunda paranoia conducirán a estos dos personajes a una degradación mental y moral absoluta. Los llevarán a su propia muerte. ¿Fue el Destino el que los dirigió al desastre o su propio libre albedrío?

Life’s but a walking shadow, a poor player

That struts and frets his hour upon theistage,

And then is heard no more. It is tale

Told by an idiot, full of sound and fury,

Signifying nothing.

La vida no es más que una sombra que camina; un pobre actor

que, orgulloso, consume su turno sobre el escenario

para jamás volver a ser oído. Es una historia

contada por un idiota, llena de ruido y furia,

que nada significa.

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Toshirô Mifune como Washizu (Macbeth)

Y esta monstruosidad fue la que tomó en sus manos el monstruo de Kurosawa para trasladarla a Japón, en pleno (y monstruoso) periodo Sengoku (1467-1603). No sería la última vez que utilizara una tragedia de Shakespeare para inspirarse, más adelante vendrían The bad sleep well (1960) y Ran (1985). Porque aunque he indicado que es una adaptación, Kurosawa fue mucho más allá. En realidad Akira Kurosawa siempre iba más allá, por eso (entre otras cosas) es valorado como uno de los mejores directores de la historia del cine. Era capaz de unir la tradición occidental y la japonesa con naturalidad, su identidad artística intercultural era muy obvia. Eso quizá hizo que no fuera apreciado como debiera en su propio país hasta hace unas décadas, aunque ese es otro tema. Trono de sangre es uno de esos ejemplos donde Kurosawa aunaba con verdadera maestría estos dos mundos. Es asombroso cómo estableció correspondencias de una afinación milimétrica entre eventos históricos, conceptos y nociones pertenecientes a culturas tan distantes y diferentes.

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Kurosawa durante el rodaje

Trono de sangre es un jidaigeki. Su correspondiente occidental sería el drama de época o period drama, aunque el jidaigeki se extiende más allá del cine o la televisión para introducirse, por supuesto, en el mundo de la animación. Kurosawa rodó unos cuantos jidaigeki muy célebres como Los 7 samuráis (1954), Yôjinbô (1961) o Sanjûrô (1962). Pero sin desmerecerlos para nada, este Trono de sangre es “otra cosa”. Ni mejor ni peor, simplemente “otra cosa”. Junto a Rashômon (1950) y El ángel borracho (1948), mis predilectas de este caballero. Pero bueno, que va por épocas. Hace unos años estaba que no cagaba con Ikiru (1952), por ejemplo.

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Este gif muestra al espíritu del Bosque de la Telaraña. Un bosque fantasmagórico, una trampa mortal si se desconocen sus sendas. Este espíritu se encuentra, como las Moiras griegas, hilando el destino de hombres y dioses. En este caso, el destino de los generales Washizu (Macbeth) y Miki (Banquo), que se han extraviado de camino al Castillo de la Telaraña, donde Lord Tsuzuki (el rey Duncan) espera su llegada tras la victoria que han logrado sobre la rebelión. Este fantasma o demonio es el equivalente a las tres brujas originales, y cumple su cometido como oráculo: Washizu será señor del Castillo de la Telaraña; Miki padre de señores del Castillo de la Telaraña. Añade que, antes de alcanzar esa fortuna, serán amos de otras fortalezas que se encuentran en diferentes manos. Los generales no lo terminan de creer y cuando insisten en que les dé más información, desaparece.

Cuando se percatan de que los primeros augurios se cumplen, la mente de Washizu comienza a torcerse. Su esposa, Lady Asaji (Lady Macbeth), introduce en sus pensamientos la duda, el miedo a la traición y el ansia de poder. Lo empuja a cumplir el destino predicho, aunque sea mediante el crimen: matar a su Señor. Lady Asaji es terrorífica, venenosa en su inexpresividad. El sonido de sus ropajes de seda cuando se mueve son escalofriantes. Washizu, al principio renuente, cae ciego por la ambición. Pero el asesinato tiene sus consecuencias psicológicas. La culpabilidad va aumentando, el temor a que les arrebaten su recién adquirido poder y el resentimiento que genera el que el hijo de Miki vaya a ser el futuro señor, intoxican sus acciones y juicio. La violencia solo puede engendrar más violencia.

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A veces se tiene la sensación de estar inmerso en un mal sueño; la fuerte impronta onírica de la niebla y la falsa quietud con la que se va desarrollando todo, son las premoniciones, junto a los graznidos de mal fario de los cuervos, que aproximan el desenlace fatal. Inexorable. Parece que las cartas hubieran estado marcadas desde el principio. Hasta los blasones de los clanes, el ciempiés de Washizu y el conejo de Miki, nos están indicando que uno morirá como un insecto atrapado en una telaraña y que la fertilidad del otro lo llevará, a través de su descendencia, a la gloria.

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El juega un papel muy importante estética y estructuralmente. Trono de sangre casi podríamos afirmar que es una obra de teatro rodada en celuloide. Hay coro (teatral) contextualizando al principio de cada acto, algunos de los actores (Lady Asaji y el espíritu del bosque) son maquillados como auténticas máscaras y sus interpretaciones cuidadosamente hiératicas; se hace uso del hayashi como si se tratara de una verdadera mugen nô; etc, etc, etc. La armonía que Kurosawa logra entre el y la obra de Shakespeare es admirable; y lo que el director hace parecer sencillo, en realidad no lo es en absoluto. El está muy alejado de la concepción tradicional aristotélica del teatro occidental que conocemos. Es otro mundo con otras reglas y otro lenguaje.

Kurosawa japonesizó (toma palabro que me acabo de inventar jojo) con un tino extraordinario una de las obras de la literatura occidental más relevantes. No solo a través del  sino que, como su admirado Kenji Mizoguchi, acudió al misticismo del sumi-e en algunos de sus paisajes o a la reflexión filosófica, casi fatalista, del budismo. Hizo de Macbeth una obra mucho más sobria y simbólica; elegante y muy estilizada.

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¿La recomiendo? Lógicamente, sí. Como ya he señalado al principio, es mi Macbeth cinematográfico favorito hasta la fecha. Hay personas que se quejan de que es una película demasiado japonesa; otros de que es demasiado occidental para ser japonesa. Ambas posiciones, y sin ánimo de ofender, me parecen una soberana gilipollez… y las razones de que piense así ya las he ido volcando a lo largo de la entrada. Trono de sangre es un peliculón. Punto.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.