anime, Radio

5 y 5 del 2017

Hola. Feliz Navidad. Y eso.

Cada vez me cuesta más y más y más realizar listados. Que perezón, por Luzbel. Pero la anual es necesaria, de hecho es una tradición en estos tres años de blog. En Somos Series presenté ya un ultra-resumen este jueves…

 …y aquí tenéis, por fin, su versión extendida definitiva con más detallicos. De todas formas, recordaros que mis compis, Magrat y Pau, de Otakus Treintañeras tendrán sus tops anuales listos dentro de muy poquito, no os los perdáis.

Este 2017, y os recuerdo que este es mi punto de vista, ha sido bastante meh en cuestión de estrenos. El nivel ha sido mediocre, aunque ha mejorado en el último tramo porque la temporada de otoño ha resultado ser, con diferencia, la mejor del año. Por lo que alguna cosilla he sacado en limpio, pero cada vez soy más difícil de conformar. Y es normal, con el tiempo (y es mucho, pero mucho tiempo el que llevo viendo anime, camaradas otacos), se van quitando las ganas de tolerar según qué cosas.

Por otro lado, las continuaciones han sido las que han brillado de verdad en 2017, una lluvia de estrellas que ha sido imposible de ignorar. Y a pesar de que solo acostumbro a incluir estrenos en los 5 y 5 anuales, en esta ocasión, motivada por la escasez de nuevas series dignas y la manifiesta superioridad de las enésimas temporadas, voy a hacer una excepción y añadir una continuación tanto en los fave ones como meh ones. Y es que tanto Uchôten Kazoku, 3-gatsu no lion, Hôzuki no Reitetsu o Shôwa Genroku Rakugo Shinjû han sido, y están siendo, las que han salvado del Gehenna a este annus horribilis animesco, donde la medianía e insipidez se han enseñoreado del panorama. Ha sido un año verdaderamente aburrido; lo que tampoco ha venido mal, sobre todo para poder ver anime con más calma y aprovechar la contingencia para escarbar un poquillo en obras del pasado.

Pero, ¿ha habido algún estreno que haya merecido la pena? Desde luego, pero el paisaje de este 2017 ha sido tan yermo que no lo puedo considerar un buen año. Espero que no se convierta en tendencia. Comprendo que los estudios no trabajan solo por amor al arte y que necesitan crear productos rentables. Pero rentabilidad no tendría que ser sinónimo de vulgaridad, a no ser que en realidad sea el propio público otaku el que esté adocenado cada vez más. Tendríamos que, entre todos, ser más exigentes. Que nos sirvan mierda para comer tan a menudo quizá tenga que ver un poco también con que estamos pidiendo y consumiendo con sumo gusto esa mierda.

Dejando las reflexiones a un lado, os recuerdo que los meh ones no son series chungas per se, sino decepciones en general, un matiz que avanza un poco más allá en la noción de anime simplemente malo. ¡Empecemos!

faveones

ACCA: 13-ku Kansatsu-ka
ACCA 13区監察課

ACCA: 13-ku Kansatsu-ka (reseña aquí), cuando recién acabé de verla, no me pareció una maravilla de serie, aunque sí bastante decente. No la consideré perfecta, pero sus virtudes eran las suficientes para tenerla presente al menos durante la temporada invernal. El estilo peculiar de Natsume Ono, que en color gana muchísimo, junto a un apartado artístico original y muy pop, brindaron frescura a una historia de trasfondo político inquietante pero enfocado, quizás, de una manera algo anticlimática. Con un elenco interesante pero un pelín desaprovechado; y un protagonista con una personalidad poco habitual entre las historias del género, donde suele abundar el carisma y cierta predisposición a la acción.

Aun así, ACCA: 13-ku Kansatsu-ka se ha ido perfilando como uno de los estrenos más atractivos del 2017. A pesar de sus defectos. No podía ser de otra forma visto el elocuente perfil bajo de este año, que obliga a destacar series que habrían pasado más discretamente  por nuestros resúmenes anuales. Por falta de mejor material, ACCA se encarama en mi top 5 con todo el derecho del mundo. Y no es mal anime, pero podría haber sido mucho mejor.


Little Witch Academy

リトルウィッチアカデミア

Como me ha sucedido con ACCA: 13-ku Kansatsu-ka, Little Witch Academy no me ha dejado encandilada, pero es un producto la mar de digno. Lo dejé aparcado unos meses, pero lo recuperé para realizar un Tránsito que no pude terminar de escribir por falta de tiempo. Pero caerá, eso seguro. Me ha convencido bastante más que otros anime normalitos como Tsuki ga Kirei, Just Because! o Konohana Kitan, que me empalagan y aburren a partes iguales. Little Witch Academy es competente y no se sale ni un milímetro de lo que se le exige a este tipo de anime dirigido a un público joven ávido de fantasía clásica. No es insólita, no sorprende ni ofrece nada nuevo al género de brujería kawaii.

Es un mahô shôjo a lo Harry Potter de historias y personajes sencillos muy identificables, pero que resuelven sus conflictos con soltura. Aventuras, comedia, misterio y un brindis por la amistad y el afán de superación. Un coming-of-age tradicional maravillosamente construido que no defrauda a los que disfrutamos del género… si no le reclamamos que se salga de sus propios límites. Porque es un anime bastante convencional, pero gratamente entretenido y sin afectación. A ratos peca de tontainas, aunque no es nada serio. Y es lo que tiene Little Witch Academy, que no se le deberían pedir peras al olmo.


Hôseki no Kuni
宝石の国

Como ya comenté en Somos Series hace unas semanitas, Hôseki no Kuni une una arriesgada propuesta visual con una historia que bebe directamente de la iconografía del Budismo de la Tierra Pura para crear una original historia de ciencia-ficción que juguetea con la tradición religiosa oriental de la reencarnación y la fantasía. Una flamante criatura que incorpora el CGI de manera descarada a la animación tradicional, y que no puedo evitar que me recuerde a mi querida Shôjo Kakumei Utena en muchos aspectos para bien.

De acuerdo con La esencia de la Salvación, de Eshin, los Diez Placeres no son nada más que una gota de agua en el océano comparados con los goces de la Tierra Pura. El suelo es allí de esmeralda y los caminos que la cruzan, de cordones de oro. No hay fronteras y su superficie es plana. Cincuenta mil millones de salones y torres trabajadas en oro, plata, cristal y coral se levantan en cada uno de los Recintos sagrados. Hay maravillosos ropajes diseminados sobre enjoyadas margaritas. Dentro de los salones y sobre las torres una multitud de ángeles toca eternamente música sagrada y entona himnos de alabanza al Buda Tathagata. Existen grandes estanques de oro y esmeralda en los jardines para que los fieles realicen sus abluciones. Los estanques de oro están rodeados de arena de plata y los de esmeralda, de arena de cristal. (…)Las orillas de estanques y ríos están cubiertas de bosquecillos con preciosos árboles sagrados que poseen troncos de oro, ramas de plata y flores de coral. Su belleza se refleja en las aguas. El aire está colmado de cuerdas enjoyadas de las que cuelgan legiones de campanas preciosas que tañen por siempre la Ley Suprema de Buda, y extraños instrumentos musicales, que resuenan sin ser pulsados, se extienden en lontananza por el diáfano cielo.
Una mesa con siete joyas, sobre cuya resplandeciente superficie se encuentran siete recipientes colmados por los más exquisitos manjares, aparece frente a aquellos que sienten algún tipo de apetito.
 El sacerdote y su amor (1953), Yukio Mishima 

Aunque la historia que cuenta, sobre todo la caracterización de los personajes, no sean especialmente rompedores, pues tira mucho de clichés, todo se encuentra ensamblado adecuadamente para que esos elementos, tan reconocibles y tan repetidos en la historia del anime, no acaben haciéndose tediosos, sino entrañables incluso. El monje con pintas de androide y sus ángeles de Charlie particulares, que no son tan asexuados como en un principio nos quisieron vender, se enfrentan a los habituales villanos aparentemente frígidos, pero que guardan, cómo no, un misterioso vínculo con el Sensei. Este sabe más de lo que dice, está ocultando información vital sobre la propia existencia de las Gemas, el intrincado mundo que los rodea y sobre su misma identidad.  Un “nada es lo que parece” de manual, pero de configuración eficaz.

Hôseki no Kuni es una serie dinámica y entretenida, que además gustará a los fans de la mineralogía, porque las propiedades gemológicas de cada personaje dan bastantes pistas sobre su personalidad y probable destino. De momento, ha sabido mantener el ritmo muy requetebién, la evolución del guion consigue retener el interés del espectador y engancha, porque ofrece variedad de manera equilibrada. Aventuras trepidantes y enigmas existenciales en un futuro muy, muy lejano donde el ser humano ha quedado ya muy, muy atrás.


Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen
昭和元禄落語心中~助六再び篇

En cuestión de enésimas partes, podría haber elegido para este top 5 de mis anime favoritos de 2017 también 3-gatsu no lion, Hôzuki no Reitetsu o Uchôten Kazoku (reseña de mi compi Magrat aquí). Perfectamente. Pero me quedo con Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen. No me gustó demasiado cómo se inició, pero acabó ganándome por completo. Para mí fue una triunfada de anime el año pasado y esta, su segunda temporada, también. Le tengo verdadero amor a esta serie. Un melodrama histórico hecho con cariño y pleno de matices y claroscuros, como la vida misma. Y como habitualmente ocurre con este tipo de series, aunque no sean muy abundantes que digamos (deberían aparecer más, pero el público adulto todavía tenemos que ganarnos nuestro espacio), la velocidad y cadencia del anime pueden resultar lentas para una parte importante de la otaquería. Sin embargo, Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen sigue el ritmo que debe de llevar, ni más ni menos.


Made in Abyss
メイドインアビス

No tengo mucho más que añadir a la entrada Manga vs. Anime que escribí sobre Made in Abyss en octubre. Si no es mi estreno animado preferido de este 2017, le falta poco. Y resulta estupendo que vaya a tener una segunda temporada, porque este tipo de relatos épicos requieren de un clímax y un desenlace. Siempre, sin excepciones. Sería una pena que dejaran sin finalizar su historia, aunque al menos nos quedaría el manga para aliviarnos. Que tampoco sería un consuelo menor, por cierto.


 

mehones

Aunque no estén incluidos en este top 5 de mediocridades, merecen una deshonrosa mención Vatican Kiseki Chôsakan, por la enorme vergüenza ajena que da por todo (y si digo todo es todo); Kino no Tabi por su memez, que ha defraudado a los que esperábamos un remake de su antecesora más apropiado; y Omiai Aite wa Oshiego, Tsuyoki na, Mondaji, que está inaugurando una moda vomitiva en lo concerniente a josei cortos subiditos de tono junto a Sôryo to Majiwaru Shikiyoku no Yori ni… que rezuman un machismo flipante. Si de verdad las japonesas se ponen cachondas con esta clase de historias, pues me temo que “Houston, tenemos un problema”. Y serio.


Kuzu no Honkai
クズの本懐

Kuzu no Honkai tuvo una relativa buena acogida entre el público joven. Puedo entender la razón. Pero este anime no deja de ser un culebrón ecchi donde adolescentes, sin media neurona debo añadir, se dedican a retozar como bestezuelas en celo. Hay también un par de adultos igual de anormales, pero básicamente recrea el ambiente de un instituto de secundaria donde todos andan más salidos que el pico de una plancha. Una hipérbole de las relaciones sentimentales pero con el lógico filtro de la represión emocional japonesa. En un principio creí que podría llegar a encontrar resquicios de Inio Asano en el argumento y los personajes, porque la sociedad nipona posee una rica cultura sexual. Pero no, mis queridos otacos. Detrás de esa aparente complejidad, Kuzu no Honkai es tan simple, superficial y aburrida como el mecanismo de un botijo. Peca de pretenciosa, y falla miserablemente a la hora de reflejar la psique de sus personajes, que no dejan de ser meros peleles de su libido. Un anime soporífero que ni siquiera llega a divertir con sus idas y venidas.


Sakura Quest
サクラクエスト

Los que esperábamos de Sakura Quest un Shirobako del Japón rural, esperamos en vano. El tema del despoblamiento en esas zonas es bastante serio, y creí, pobre de mí, que el enfoque de la serie iría un poco por ahí. Una toma de conciencia del abandono de las regiones agrarias, el galopante envejecimiento de la sociedad nipona, la grave burbuja económica, el esfuerzo de una joven universitaria por levantar una pequeña población de su letargo y su encuentro con otras mujeres que luchan por un objetivo común, etc. Vamos, un slice of life majete con un trasfondo interesante. Pues no.

Sakura Quest resultó ser una sopa insulsa donde los habituales ingredientes de comedia, drama ligero y costumbrismo eran tan soporíferos como insulsos. No puedo decir que sea un desastre de serie, porque no lo es. Pero resulta aburrida, tediosa, monótona y pesada. Y repetitiva. No profundizan realmente en la problemática del pueblo, y hacen del encanto de la vida cotidiana (que lo tiene, no lo dudéis) un auténtico muermo. Una siesta de 24 capítulos, un anime en teoría dirigido al público adulto pero que en vez de querernos disfrutando, nos quiere durmiendo. Los personajes parecen casetas prefabricadas, no logré conectar ni empatizar con ninguno. Pero lo vuelvo a repetir: no lo considero mal anime, simplemente somnífero.


Kujira no Kora wa Sajô ni Utau
クジラの子らは砂上に歌う

Children of the Whales o de cómo el anime más prometedor de la temporada de otoño se ha ido a cavar zanjas a Namibia sin avisar en cuestión de pocos episodios. Continúa siendo una serie con un arte maravilloso, un concepto realmente atractivo y unos personajes bien diseñados. Sin embargo, conforme el anime ha ido avanzando, el CGI barateiro se ha apoderado de las escenas, el mundo presentado se ha ido desvirtuando y a los personajes los han empleado de punching ball. Para llorar muy fuerte, camaradas otacos. Tremenda decepción. ¿Es así también el manga o se trata de una adaptación desafortunada? No tengo ni idea, pero se me han quitado las ganas por completo de averiguarlo. Los boquetes del tamaño de Saturno (anillos incluidos) en el argumento son un insulto, la falta de coherencia para tirarse de los pelos. Y es una gran lástima porque  Children of the Whales lo tenía todo para ser una gran serie, de hecho de las más importantes del año. No habría sido difícil, de todas formas, con el gris horizonte de este 2017. Si solo se hubieran esforzado un poquito, lo habrían conseguido. Pero no. Kujira no Kora wa Sajô ni Utau es un completo desatino. Meh.


Inuyashiki
いぬやしき

Inuyashiki es el manga. Period. La serie no es digna de pertenecer a MAPPA, ni le llega a la suela de los zapatos al tebeo. El CGI es el eterno caballo de batalla de la animación actual, e Inuyashiki es el ejemplo meridiano de lo complicado que resulta hacerlo encajar. No tengo mucho más que decir porque Inuyashiki es una desgracia de anime. Por supuesto que ha habido decenas de series peores en este 2017, pero con la materia prima de la que partía, resulta inconcebible que hayan metido la pata de semejante forma. Han convertido un robusto seinen en un shônen descerebrado, ese sería el resumen de lo ocurrido. Un anime sin un ápice de reflexión ni matices, donde todo es blanco o negro y los personajes parecen maniquís articulados. Planos, mecánicos.

Si lo que se busca es pasar el rato mediante una historia de violencia sin demasiadas complejidades, bien, entonces es tu serie. Pero resulta que el manga no es eso. Con Inuyashiki MAPPA se ha conformado con arañar la superficie y ofrecer un producto perfecto para los amantes de ensaladas de hostias y armas a tutiplén. Pero a costa de mutilar la obra original y convertir su relato en una vulgaridad cuya esencia es tan profunda como un charco. SOnC no se puede conformar con esto.


Shingeki no Bahamut: Virgin Soul
 神撃のバハムート VIRGIN SOUL

Shingeki no Bahamut: Virgin Soul comenzó muy bien y acabó muy mal. Que fueran 24 episodios no ha ayudado mucho, pues el chicle de su argumento no se podía estirar tanto. Y Nina, la nueva protagonista, me ha defraudado bastante. Ya en un principio no es que fuera un personaje que me gustase especialmente, aunque podía entender que sus encantos hubieran conquistado a una mayoría porque carisma tenía. Y era la que llevaba las riendas de la trama. Pero los personajes tan estrepitosos, que incluso llegan a rozar la parodia, acaban irritándome bastante. La moza esta no llegó a ese punto porque, sencillamente, se fue desinflando como una pelota vieja de cuero para caer en los brazos del tópico romántico más aburrido del mundo.

Pero lo malo de Shingeki no Bahamut: Virgin Soul no es Nina. Para nada. La arquitectura de la serie comenzó a desmoronarse aproximadamente hacia su mitad, por no haber sabido construir un antagonista en condiciones, haber continuado a través de un argumento deshilachado (en algunos momentos hasta incongruente) y desperdiciar el potencial de sus secundarios en general. Las puertas que abre se olvidan o ignoran, precipitando a la serie entera al limbo de la mediocridad. Qué lástima, que gran lástima cuando el envoltorio es impecable. Aquí si que podemos aseverar que segundas partes nunca fueron buenas.


Y este ha sido para Sin Orden ni Concierto lo más destacado del 2017. Podéis dejar vuestras opiniones con respeto y cortesía en los comentarios. El que se pase un pelo será directamente borrado. Sin contemplaciones. Esto es solo anime, camarada otaco, no una diatriba sobre la conveniencia de considerar a tu madre trabajadora sexual, o lo desagradable que resulta para la vista el aspecto de tu amigo peludo cuadrúpedo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

anime

Winter love: Shôwa Genroku Rakugo Shinjû

Una historia estupenda, si no se sabe contar, se convierte directamente en una mala historia. El contenido es importante, qué duda cabe, pero si el modo de transmitirla falla… meh. Es un poco como los chistes. Si uno no pone algo de gracia al asunto, el mejor chiste del mundo puede arruinarse en nanosegundos. El rakugo va de eso. Porque aunque el repertorio de cuentos y anécdotas está clasificado y es conocido; aunque hay un método codificado incluso en su expresión, es el rakugoka el que da vida realmente, con su personalidad e interpretación, a las historias que cuenta. Sin él, no hay rakugo (sin él y sin público, claro, existe cierta simbiosis). Y ese es el tema de la serie en el fondo, la vida y la evolución personal y artística de dos rakugoka durante la era Shôwa (1926-1989). Por supuesto, a través de ellos se tiene la oportunidad de familiarizarse con ese fascinante universo también. Wait. Los que no tengáis ni idea de qué es Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, debéis de estar flipando una miaja. Mis disculpas (keirei). Los que conozcáis el tema, podéis perfectamente saltaros toooodo el parrafote siguiente.

San'yūtei Enchō
“San’yūtei Enchō, rakugoka” (1930) de Kiyokata Kaburagi

Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es una serie cuyo último capítulo está todavía por emitirse. ¿Por qué hago la reseña antes de que finalice? Porque sí. Es un anime que gira en torno al rakugo. No ha sido el único, por ahí están Joshiraku o Rakugo Tennyô Oyui, que aunque no son homenajes tan afortunados como Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, también existen. ¿Que qué es el rakugo? Pues hasta hace no tanto, para el gobierno japonés un arte menor para entretener al populacho. Ahora ya han cambiado las tornas y tiene su merecido reconocimiento. El rakugo (“palabras caídas” es su traducción) es un monólogo tradicional donde un único actor, vestido con traje típico y sentado a lo seiza, divierte al público contando historias de humor. Se cree que surgió a mediados del s. XVII y seguramente tenga su origen en los sermones budistas que los monjes relataban, como parábolas, en sus peregrinajes por los pueblos. Pero el rakugoka no es un mero cuentacuentoshace uso de su voz y capacidad gestual para interpretar los diferentes personajes que se encuentren en el cuento que relate. Estas historias pueden ser de la propia invención del artista o una variación/interpretación de otras previas (hay un canon de aproximadamente 300). Siempre en la misma postura, y sirviéndose tan solo de un abanico y un tenugui (toalla pequeña) como apoyo. Bueno, eso según el estilo minimalista Edo, que es el que representa la serie; en Osaka es distinto, bastante menos parco en elementos escénicos y musicales. Actualmente hay mujeres y extranjeros rakugoka, pero en franca minoría; todavía es un arte mayoritariamente masculino y japonés, aunque su espíritu sea universal. Esperemos que la cosa siga cambiando en beneficio del propio rakugo, podría enriquecerse muchísimo más así.

Yotarô y su marciana sonrisa <3
Yotarô y su marciana sonrisa ❤

No suelo hacer reseñas de series de temporada, creo que esta es la segunda que he escrito, pero considero lógico hacerla ahora porque, tarde o temprano, iba a caer. Mejor antes que después. Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es el anime que más estoy disfrutando este invierno. Tampoco he visto muchos, solo 3 (jojo); pero permitidme ser un poco presuntuosa y dudar bastante de que hayan aparecido otros a su altura. Admito que no está dirigido a todo el mundo, y menos hacia un público occidental al que probablemente la temática le pueda resultar más bien alienígena. El sector de audiencia acostumbrado a productos más llamativos y comerciales, puede encontrarlo también algo… diferente. Es un josei histórico, qué le vamos a hacer, el anime no tiene que ser exclusivamente para adolescentes. Con un mínimo que se mantenga la mente abierta, resulta una obra inteligente, entrañable y con mucha chicha detrás. No obstante, se ha convertido en uno de los anime mejor valorados de esta temporada, con cierta popularidad además. Me alegro, lo merece.

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Pero comencemos por el principio. Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es un anime de 13 episodios que ha sido emitido desde el 9 de enero hasta el 2 de abril de este 2016. Está basado en el manga del mismo nombre creado por la autora Haruko Kumota y ganador de un premio Kodansha en 2014. Deen Studio ha sido el responsable de su producción y la dirección es de Shinichi Omata, que ha trabajado en obras como Arakawa under the bridge o Mahô Shôjo Madoka Magica. Estuvo precedido por un par de OVAS, cuyo resumen es básicamente el primer episodio del anime, de ahí su inusual duración de 47 minutos. En realidad las OVAS y el primer episodio son el preludio, la introducción a la historia principal que se irá desarrollando mediante el pertinente flashback. Un flashback de naturaleza oral, como corresponde dada la temática de fondo de la serie.

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Ahí tenemos a Kyôji o, como es conocido luego, Yotarô. Y ese arrogante del jinrikisha, que lo abandona cruelmente llorando en la nieve, es el gran maestro rakugoka Yakumo Yûrakutei, el verdadero protagonista y narrador de esta historia. Yotarô, recién salido de la cárcel, quedó fascinado por la actuación estilizada y elegante de Yakumo mientras estaba en prisión. Así que decide, con todo el ímpetu de su franco y apasionado carácter, presentarse ante su ídolo para que lo haga su discípulo: quiere convertirse en un rakugoka. Pero las cosas no van a ser tan sencillas. Al principio Yakumo, que nunca ha tenido un aprendiz, es reticente pero acaba cediendo. Quizás porque ha visto en él algo de otra persona. Lo lleva a vivir a su casa, donde también habita una mujer joven, Konatsu, de personalidad también algo complicada. Ella es la hija de un antiguo y famoso colega de profesión, Sukeroku, y siente una aguda aversión hacia Yakumo. Lo culpa de la muerte de su padre, aunque ese resentimiento proviene más bien de la ignorancia y la desilusión. Yakumo, viendo que la situación está llegando a un grado casi insostenible, resuelve contarles a ambos una historia. Una historia que es su propia vida y la de Sukeroku; y que puede ayudar a Konatsu a descifrar su pasado y futuro.

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En su relato, mirando atrás en el tiempo, da comienzo el argumento principal de Shôwa Genroku Rakugo Shinjû. Él es el hijo de una geisha al que le habría gustado dedicarse a la danza. Mientras es un niño, nadie le impide bailar pero es una ocupación que, siendo hombre, no va a poder luego ejercer. Tarde o temprano deberá desistir, y la enfermedad que lo deja cojo, es la puntilla que obliga a su tutora a buscarle un futuro oficio que pueda realizar con su discapacidad: el rakugo. Bon se siente completamente abandonado, desechado, cuando lo llevan a vivir con su futuro mentor, un prestigioso rakugoka llamado Yûrakutei. El mismo día que va a su nuevo hogar, otro niño, un huérfano descarado, se presenta por iniciativa propia ahí para conseguir que Yûrakutei lo haga también su alumno. Shin, que así se llama el chico, es impertinente y atrevido. Tiene un ansia voraz por aprender y posee un talento innato que ha sido alimentado por un misterioso rakugoka callejero. De él aprendió todo lo que pudo hasta que falleció. Solo en el mundo y sin encontrar otra alternativa, su única opción vital es continuar su camino en el rakugo, arte que ama con entusiasmo. Yûrakutei acoge a los dos y educa para hacer de ellos dos buenos rakugoka. Y es la vida de estos dos muchachos (la niñez, la adolescencia, la edad adulta), los conflictos que surgen de sus respectivas formas de ser, actuar y sentir, lo que iremos viendo en este anime. Su disposición y talante frente al rakugo no solo como arte sino como institución; su amistad, vicisitudes y la llegada de la mujer que resultará ser un punto de inflexión en sus existencias.

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Ambos encarnan dos visiones diferentes del rakugo y sus personalidades también son antagónicas. Su aproximación a este arte también es muy distinto, así como su forma de trabajarlo. Mientras Bon (el futuro Yakuma) no siente inicialmente ningún aprecio por él ni sabe cómo afrontarlo y buscar su propio estilo, Shin (el futuro Sukeroku) tiene todo muy claro desde el principio, así como una facilidad natural para crear. Como agua y aceite, pero he ahí la magia. El triángulo amoroso también es interesante aunque no inesperado. Lo que sí puede atormentar es su conclusión, pero es que nadie dijo que la vida fuera maravillosa. No lo es, de hecho. Hay mucha crueldad en Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, de esa crueldad con la que uno se topa todos los días, pero que no deja de ser menos dolorosa por ello. Tampoco faltan los instantes cómicos, y con muy buen tino, porque no se apoderan del carácter de la serie.

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Me ha sorprendido mucho cómo han solventado el tema del rakugo. Me explico: se trata de una disciplina escénica muy personal donde una interpretación apropiada es básica. Al tratarse sobre todo de un repertorio humorístico, la expresividad y capacidad de improvisación de los rakugoka son claves. Y, no nos engañemos, un ser humano no es exactamente como un dibujo animado. En un dibujo animado no es fácil plasmar algo semejante sin caer en la caricatura o hacerlo insípido. En este caso lo han solucionado con eficacia gracias a unos seiyû excelentes (¡geniales!) y una animación sobria pero de gran calidad. Evidentemente, no es igual que presenciar un espectáculo de estas características en vivo, pero Shôwa Genroku Rakugo Shinjû ha estado a la altura por completo. Y el reto no era fácil.

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La serie crece con cada capítulo, sacando poco a poco a la luz todo lo que portan en su interior los protagonistas. A cada episodio se recrudece una pizca más también, conforme van madurando y su perspectiva de la vida cambia. Al unísono, porque no es igual el panorama que se tiene de ella durante la infancia, la juventud o la madurez. Lo que este anime presenta son personas, no personajes. Su desarrollo vital, sus enormes defectos y brillantes virtudes. Y lo hace sin juzgarlos.

El retrato social que hace de Japón y cómo este va mutando, es francamente interesante. El rakugo es considerado al principio un oficio poco honorable, al igual que otras profesiones vinculadas de alguna forma con las artes escénicas y el entretenimiento. La estratificación social es extremadamente rígida, no estoy hablando de un sistema de castas como el de la India, pero casi. Y en la serie se observa cómo ese rigor, poco a poco, se va disolviendo; aunque sin desaparecer. Esa falta de flexibilidad tiene su reflejo, por supuesto, en el mundo del rakugo; cómo se aferra a la tradición obstinadamente y a un sistema jerarquizado de formas y contenidos que lo está asfixiando lentamente, relegándolo al rincón de las antiguallas.

Me ha llamado la atención, siendo precisamente este anime un josei, el tratamiento brindado a los dos personajes femeninos principales, que no han dejado de ser además secundarios. Hasta donde yo sé, cumplen con unos roles totalmente coherentes con los periodos históricos en los que están situados.

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Miyokichi es una persona anclada en una mentalidad obsoleta, donde el amor romántico se considera una máxima vital; dependiente por completo de una presencia masculina, incapaz de ser autosuficiente, impotente ante el desafío de los ininterrumpidos cambios de la era Shôwa. Representa, en alguna forma, la mujer del pasado, siempre víctima de su falta de medios y una sociedad fuertemente clasista y machista. La esencia de Miyokichi, casi desde el primer momento en que aparece, se percibe trágica. Una mujer de usar y tirar en beneficio del divertimento masculino; una mujer de vida difícil a la que no se le permite tampoco abandonar ese papel de manera tan sencilla. Aunque ella, dolorosamente, lo ha aceptado porque ya no saber vivir de otra forma. La otra cara de la moneda es su hija Konatsu, también un ser humano de su época, pero con un carácter bastante diferente. A pesar de que ha heredado indudablemente el talento de su padre para el rakugo, no le es permitido dedicarse a él. Ambas sufren la constricción de una sociedad que las obliga a no salir de sus roles. Pero Konatsu tiene una voluntad tenaz y una personalidad fuerte; no se deja avasallar ni pisotear. Tampoco se ha resignado del todo, aunque es presa de la lógica frustración.

También ellos representan dos polos opuestos y complementarios: la contención y la exuberancia; el clasicismo y la renovación; la perfección del trabajo constante y la espontaneidad del genio natural; la disciplina y la rebeldía. Y ambos sacrifican sus vidas, uno en aras del arte, otro en aras del amor. De ahí también su continua rivalidad y celos artísticos, estímulos indispensables para hacer crecer su arte; pero que no impiden una amistad sincera y profunda que los marcará indeleblemente. Son tal para cual.

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Son taaaantos los temas que toca Shôwa Genroku Rakugo Shinjû que sería muy largo hablar de todos ellos. Es un anime poliédrico y de gran hondura; con capacidad de emocionar muchísimo sin necesidad de recurrir al sentimentalismo pegajoso. ¿Cómo lo consigue? Pues con moderación, su dosis adecuada de drama y una pizca de ternura. Me ha recordado en algunos momentos al Kokoro de Sôseki por su amargura y sutileza; o al Ningen Shikkaku de Dazai, pero lógicamente mucho más suavizado. Está claro que Shôwa Genroku Rakugo Shinjû bebe de la literatura por su cadencia, por cómo evoluciona y se manifiesta. Me encantaría poder leer el manga y comprobar lo que sospecho. También es muy evidente que este anime solo ha adaptado un primer arco argumental del tebeo; sería maravilloso que el milagro de una segunda temporada sucediera, donde Konatsu tomara el relevo protagonista. Ay, ojalá.

A pesar de mi precipitación a la hora de publicar esta reseña (soy así de irracional, qué pasa), tengo esperanzas de que no sea el mejor anime de este 2016. ¿Por qué? Porque deseo que haya, por lo menos, un par de estrenos más que superen a este. Va a ser complicado, la verdad, muy complicado; pero la ilusión no la quiero perder.

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❤ minou ❤

Es una apuesta arriesgada la de Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, porque nos ha mostrado, desde el principio, el final de esta historia. No siempre sale bien, de hecho este tipo de jugada suele acabar en aburrimiento monumental o guarrería supurante de melodrama cutre. No ha sido el caso, todo lo contrario. Ha sabido, con habilidad y delicadeza, sumergirnos en un océano psicológico de gran complejidad. Sin afectación. No habiendo visto todavía el último episodio (dudo muchísimo que la caguen), me aventuro a decir que Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es un anime de los que no se olvidan; de esas series que se ven una y otra vez con angustia y placer a la vez. Siempre se descubrirán matices diferentes. Un nuevo clásico.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.