cine, largometraje

HAFU: la experiencia de ser mestizo en Japón

Hace ya un tiempecito que vi el documental protagonista de la entrada de hoy: Hafu: the mixed-race experience in Japan (2013), y aunque tenía un borrador de entrada prácticamente finalizado, ahí lo tenía muerto de risa, olvidado. Pero desde hace bastantes meses. No puede ser, camaradas otacos. Ahora que voy bastante apretada con los horarios de las clases, los exámenes de mandarín, mis obligaciones familiares, la natación, los ensayos y demás actividades radiófonicas, voy a ir desempolvando las entradas a medio cocer que tengo en reserva. Que para momentos así fueron concebidas. Y hoy le ha tocado el turno a esta película, que en su momento me pareció bastante interesante.

Ya sabéis que SOnC hace milenios que dejó de servir en exclusiva a las huestes del animanga para ofrecer también sus favores a otros amos igual de sugestivos, como el cine o la literatura. Así que desconozco hasta qué punto a la otaquería puede interesarle una temática tan alejada del manganime. Pero aquí estamos, escribiendo sobre la xenofobia en Japón. Hafu: the mixed race experience in Japan es una introducción a ciertas facetas de la sociedad nipona que reflejan un conflicto soterrado. Un conflicto de baja intensidad que manifiesta un cambio paulatino, aunque imparable, entre sus habitantes. ¿Es Japón un país esencialmente racista? ¿Qué hay de cierto en esa pretendida homogeneidad étnica de la que se presumía hasta no hace tanto? De manera indirecta, este documental responde a esas preguntas, y lo hace plasmando unos momentos de las vidas de cinco personas hafu. O, lo que es lo mismo, cinco personas con ascendencia japonesa y de otro país.

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Lo que en Europa, América y otras partes del mundo es considerado algo común, en Japón hasta hace escasas décadas no lo era en absoluto. Me refiero a los matrimonios o parejas internacionales. Debido a su historia particular de aislacionismo, Japón no ha sido protagonista de grandes flujos migratorios, haciendo del país un territorio étnicamente más homogéneo que la media. El pueblo yamato o waijin conforma una mayoría aplastante frente a los ainu o ryukyuanos, que son también población autóctona de las islas. También se encuentran en desventaja numérica los coreanos, chinos y taiwaneses, que son los extranjeros más abundantes residentes en Japón (zainichi). Esta falta de variedad (que es donde dicen que reside el buen gusto, por cierto) ha sido motivo de orgullo nacional durante mucho tiempo, lo sigue siendo todavía, y ha servido también para invisibilizar y discriminar a cientos de miles de personas.

Con la apertura al mundo que supuso la Restauración Meiji (1866-1869), Japón necesitaba fortalecer su identidad nacional frente al exterior. Así nació la nihonjinron, una exaltación del yamato-damashii o espíritu japonés, para remarcar su singularidad y diferencia frente al resto de pueblos del planeta. La dicotomía nosotros-los otros fue uno de los ejes de esta política que se vio además afianzada por las victorias bélicas frente a chinos y rusos. A esto hay que sumarle su filosofía de priorizar lo colectivo frente al individuo. En este nosotros no tenía (¿tiene?) cabida lo que no fuera netamente japonés. El culto imperial sublimaba toda esta noción totalitaria de la cultura nipona, que arrebataba su legítimo espacio a las minorías étnicas y foráneos, siendo una herramienta de propaganda política poderosísima. Japón es distinto de los demás, Japón es único, Japón es un pueblo superior. Durante el Periodo Taishô y el Shôwa que abarca hasta el desenlace de la II Guerra Mundial, se alcanzaron cotas delirantes de nacionalismo que certificaban la superioridad racial y cultural de los yamato frente al resto de las naciones asiáticas.

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Abanico de Japón y sus aliados (circa. 1930)

Y este clima de efervescencia apoteósica de ultranacionalismo y xenofobia, que ninguneaba y denigraba lo que no fuera puramente japonés (yamato), encajó uno de los golpes más fuertes que pudiera sufrir: la derrota definitiva en la guerra y la ocupación de las tierras niponas por parte de extranjeros, los estadounidenses. Un disparo certero al ego sobredimensionado de la nación, una cura de humildad que asumieron con gran dignidad. Porque aunque el nivel de enardecimiento bajó de intensidad, ese sentimiento de nosotros frente a los otros continuó muy vivo. Hasta bien entrados los años 70 del s. XX, el koseki o libro familiar era un arma arrojadiza para marginar en todos los aspectos de la vida a ainu, burakumin, coreanos, etc. Una segregación racial en toda regla.  La «pureza de la sangre» juega incluso ahora, por desgracia, su papel en la sociedad japonesa, porque la aceptación oficial e inclusión de estas minorías no es prioritaria para los actuales gobiernos japoneses, de tendencia conservadora.

Pero, ¿qué ocurre con los hafu? Hafu proviene del inglés half, y hace referencia a las personas que son mitad japonesas, mitad de otro país. Con la llegada de los norteamericanos a Japón tras la II Guerra Mundial, comenzaron a normalizarse las parejas y matrimonios mixtos, y el nacimiento de niños hafu aumentó. Fue a finales de los años 60, cuando estos niños alcanzaron la mayoría de edad y comenzaron a ser más visibles socialmente, que se acuñó el término. Probablemente arrancase del nombre del grupo Golden Half (Goruden Hafu)que estaba conformado por cinco intérpretes hafu, especializadas en hacer versiones japonesas de éxitos musicales occidentales. Todas tenían madre nipona, siendo sus padres de Tailandia, Italia, Estados Unidos, Alemania y España respectivamente. El quinteto encarnaba el clásico estereotipo que los japoneses tenían de las extranjeras: eran algo impúdicas (llevaban minifaldas y cantaban con voces sexy) y agresivas en su actitud. Aun así, Golden Half lograron bastante éxito, aunque su carrera no fue muy larga. Ellas también fueron las responsables del encasillamiento que, posteriormente, han sufrido muchos hafu: el de pertenecer al mundo del espectáculo y la moda; un universo aparte del de la vida cotidiana de los japoneses-japoneses.

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Las mozas de «Golden Half»

Entonces, ¿en qué espacio se mueven los hafu? ¿Son nosotros o son los otros? Lamentablemente todavía son los otros. Es cierto que resultan mejor aceptados los que poseen ascendencia europea, considerados modelo de belleza y que además personifican el canon de lo que debe ser un hafu. Pero continúan siendo los otros porque no son racialmente puros y, además, ¿qué sucede con el grueso del resto? Aunque los que tienen ciudadanía japonesa no suelen sufrir rechazo institucional y no ven vulnerados sus derechos humanos como otros grupos de personas en Japón, su día a día, su interacción social no es igual a la de un ciudadano japonés sin mestizaje. ¿Por qué motivo? El primero, y más evidente, es que su aspecto físico suele divergir de los nativos. No es solo necesario hablar japonés y ser japonés, sino también parecerlo. Segundo, la propia gente trata a los hafu de forma distinta. Y aquí es donde, por fin, tras este preámbulo, presentamos el documental Hafu: the mixed-race Experience in Japan.

Hafu: the mixed-race Experience in Japan nació como un proyecto muy personal de sus directoras Megumi Nishikura, australiana-japonesa, y Lara Pérez Takagi, hispana-japonesa. Ambas mujeres querían plasmar la realidad de los hafu, más allá del cliché del artista o modelo glamuroso. La vida de personas, orgullosas de su herencia japonesa, pero que no son consideradas enteramente como tales. ¿Cómo afrontar un reto así? ¿Qué hacer para plasmar en imágenes ese cambio gradual que está sufriendo la sociedad de Japón? Para empezar, Nishikura y Pérez Takagi necesitaban dinero, así que decidieron que una parte fuera financiada a través de crowdfunding. Y lo lograron, en un tiempo récord consiguieron la cantidad necesaria para emprender su película. Y aquí las tenéis a ellas, todas contentas por el apoyo recibido, ¡y no solo económico!

Existen otras obras audiovisuales como Smile (2009), serie televisiva de TBS, o la película Doubles (1995), que trabajan una temática similar; sin embargo, Hafu: the mixed-race Experience in Japan resulta mucho más ambiciosa, pues prefiere estampar las vivencias no de una, sino cinco hafu diferentes. La razón es lógica: todas las personas tienen sus propias y muy particulares circunstancias; ningún hafu es igual porque ningún ser humano lo es. Por eso Nishikura y Pérez Takagi decidieron abrir la perspectiva lo máximo posible para mostrar la mayor cantidad de matices posibles. Y la conclusión principal que se saca es que la experiencia de ser mestizo en Japón no es nada sencilla. ¿Y quiénes son ellos? Pues los protagonistas del documental son los siguientes:

hafu7ED es de padre venezolano y madre japonesa. A pesar de que nació en América, se crió en Japón manteniendo la nacionalidad venezolana. Se ha casado con una hafu argelina-japonesa, y piensa en establecerse de forma definitiva en Kansai. Ello implica tener que renunciar a su ciudadanía venezolana, pues ser japonés exige exclusividad. Ed habla de sus vaivenes e incertidumbres identitarias, cómo los sentimientos de pertenencia a un lugar u otro han fluctuado con el tiempo. El conocer a otros hafu y formar la comunidad  Mixed Roots Kansai le ha ayudado a comprender muchos aspectos de sí mismo, y cree que es una base importante para dar visibilidad a más personas como él.

hafu5SOPHIA es de padre japonés y madre australiana. Ha vivido siempre en Sidney y apenas conoce el idioma y las costumbres de Japón. Cree que está perdiendo una parte importante de su herencia, ignorando un mundo del que forma parte también; así que decide ir con su abuela un año, dejando atrás toda su vida, para conocer su otro yo. Empezando desde cero, esperando poder integrarse. Quizá sea esta la historia más floja de las cinco, la que menos interés suscita. Aun así, su punto de vista, aunque no especialmente relevante, completa el horizonte bastante bien.

hafu6ALEX tiene nueve años y es de padre japonés y madre mexicana. Son una familia acomodada muy atenta a la educación y crecimiento de su hijo porque, formando parte de un entorno doméstico multicultural, puede encontrarse con dificultades en un país como Japón. Su hermana pequeña Sara no parece que en el colegio japonés tenga mayores problemas; sin embargo, Alex sí que padece una de las lacras más comunes entre los hafu: el acoso escolar. Así que su madre, después de enviarlo unas semanas a México para que se recupere, decide cambiarlo a un colegio internacional en Nagoya.

hafu4DAVID es de madre ghanesa y padre japonés. Aunque nació en África, se ha criado en Japón en un orfanato con sus otros dos hermanos, pues sus padres se divorciaron ante la incapacidad de su madre de adaptarse al país. Se considera por completo japonés (de hecho me parece el más japonés en su manera de pensar, hablar y actuar de los protagonistas) pero su piel oscura provoca muchos prejuicios entre los que le rodean. Lo consideran directamente gaijin. A pesar de todos estos problemas, David es una persona de voluntad fuerte que recauda fondos para abrir escuelas en su Ghana natal.

hafu8FUSAE no supo que su padre era coreano hasta que cumplió los 16 años. Existe un fuerte prejuicio hacia los zainichi, a los que siempre se ha considerado ciudadanos de tercera, vinculados también a la delincuencia. Para ella supuso un shock, y todavía no entiende cómo no fue capaz de interpretar esos pequeños detalles (familiares hablando con acento fuerte, su abuela cocinando platos coreanos) que indicaban su ascendencia joseon. Aún lucha por encontrar su lugar en Japón, y participar en las actividades de la Mixed Roots Kansai la ayuda bastante.

Hafu: the mixed-race Experience in Japan está planteada de manera sencilla y clara, con alguna steady-cam pero sobre todo cámara en mano, para otorgarle cercanía y realismo. Que de eso se trata, de brindar presencia, de aproximar y dar a conocer la realidad de la multiculturalidad en una de las naciones más homogéneas del planeta. No hay grandes sobresaltos, y las directoras se limitan a reflejar esa parte de las vidas en las que ser hafu los distingue de los demás. Quizá sea ese precisamente uno de sus defectos, la ausencia de un clímax obvio y cierto tono monocorde mientras se suceden las vivencias de los protagonistas. Aunque no por ello resulta un documental aburrido, y además consigue su objetivo plenamente, que es transmitir la complejidad de la cuestión hafu. ¿Lo recomiendo? Absolutamente sí. Es una obra muy atractiva, sobre todo para los que estamos interesados en conocer de Japón algo más que lo obvio; y comprender así más de su idiosincrasia, cómo va mutando en un mundo cada vez más globalizado. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cómic occidental

El monstruo que habita en ella

Hacía ya un tiempo que no dedicaba una entrada al cómic occidental. Los habituales ya sabréis que, de vez en cuando, escribo sobre tebeos europeos o americanos con algún tipo de vínculo japonés. Por lo que aquí tenemos Monstress de Marjorie Liu y Sana Takeda, una joyita que no se puede dejar escapar. Ya tardaba en asomar la nariz en SOnC, por cierto.

Veamos cómo podemos abordar el tema: ¿Te gusta la fantasía épica? ¿Steven Erikson, Patrick Rothfuss o Andrzej Sapkowski son tus autores contemporáneos de cabecera? Además de todo esto, ¿eres un mugriento otaco? Si tus respuestas han sido afirmativas, entonces Monstress es tu cómic. No lo dudes. Quizá incluso ya lo conozcas, porque hay un hype enorme rodeándolo. Y con razón.

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En realidad no es necesario que conozcas a esos ilustres escritores ni que seas fanático de la alta fantasía; si disfrutas con una buena historia y un puñado de figuras pintorescas, es más que suficiente. Añadiendo también un poquito de sangre. Y violencia a saco. Sí es verdad que los acostumbrados al género encontraremos familiares muchos rasgos del tebeo, e incluso podamos predecir algunos de sus pasos; pero Monstress, a pesar de no ser revolucionario, ofrece una perspectiva fresca y, de momento, es requetentretenido. Solo llevo 9 números leídos, pero estoy entusiasmada. Aunque comencemos por el principio: una presentación conveniente.

Monstress es una obra escrita por Marjorie Liu y dibujada por Sana Takeda para Image Comics. Ninguna de las dos es novata, y han realizado trabajos para Marvel, DC e Image. Ambas coincidieron en X-23 de Marvel, y como el feeling fue muy bueno, un poco más adelante Liu propuso a Takeda un nuevo proyecto: Monstress. Y eso es algo que se nota conforme el tebeo avanza, existe una gran compenetración entre las dos. Para ellas este cómic iba a ser algo completamente distinto, una temática y un género que ninguna había tocado todavía, por lo que suponía un reto emocionante. También una oportunidad para replantear sus propios estilos, crecer y arriesgar ofreciendo algo diferente. Así que en noviembre del 2015 publicaron su primer número y… ¡KA-BOOOOOOM!

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Nadie sabe lo que ocurrió en realidad, pero lo sucedido en Constantine acabó con la guerra de cuajo… y con la vida de millones de personas en cuestión de segundos. Muy pocos sobrevivieron y ninguno de ellos guardó una memoria clara sobre qué tipo de arma provocó semejante devastación. La Federación de Humanos creyó que los arcánicos habían sido los responsables, así que levantaron un muro y vigilaron la frontera. Pero los años pasaron, y la poderosa orden religiosa militar de las Cumaea rumia inquieta en una tensa Guerra Fría. El enorme poder político que ostenta dentro de la Federación necesita seguir legitimándose, y para ello requiere de huesos y cuerpos arcánicos, de los que extrae el precioso lilium, elixir de juventud y vida eterna. El tráfico de esclavos, sobre todo de niños secuestrados al otro lado del muro, sustenta sus experimentos y producción de lilium. Pero la maquinaria de la guerra comienza de nuevo a rodar cuando Maika, una adolescente arcánica superviviente de Constantine, decide buscar respuestas en la ciudad de Zamora, en la Federación.

Maika vive una existencia errante junto a su amiga Tuya; juntas consiguieron sobrevivir a un campo de concentración humano. Se mueven entre las tierras que hay entre la Corte del Amanecer y la Corte del Ocaso, libres del peligro humano pero… Maika ha desarrollado repentinamente unos poderes mortíferos. En su interior hay un monstruo sin nombre que, cuando el hambre lo apremia, emerge violentamente de su brazo izquierdo devorando la vida de todo lo que se cruce en su camino. Maika no puede controlarlo y no puede controlarse a sí misma. El monstruo usa su propio cuerpo para alimentarse, poniendo en grave peligro a los que la rodean. A causa de ello, decide buscar soluciones en el único lugar donde puede encontrarlas: entre las Cumaea que traicionaron y asesinaron a su madre. ¿Por qué la mataron? ¿Qué le está sucediendo? Maika quiere también vengarse, por lo que dejará que la capturen y la vendan a la orden de las monjas-brujas.

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Ya imaginaréis que Maika no solo no encuentra respuestas, sino más interrogantes; y se ve envuelta en una conspiración que precede su nacimiento. En su odisea será acompañada por la niña arcánica Kippa (sí, a mí también me recuerda a Shippô) y el nekomante Ren Mormorian, un gato tortilla de dos colas y actitud ambigua. Porque los mininos tienen especial importancia en este universo. Una tierra polarizada entre las sangrientas trifulcas de humanos vs. dioses y arcánicos, también otorga su lugar a los gatos, raza de poetas y hechiceros que siguen su propia senda. Es además el sabio Profesor Tam Tam,  que vive en el templo Is’hami, el que, al final de cada número, nos brinda lecciones sobre este lindo mundo de caníbales y asesinos.

Liu y Takeda nos presentan un universo repleto de atrocidades, pero también de amistad y búsqueda de conocimiento. La protagonista es oscura, imperfecta y con mal carácter; no sabe si será capaz de contener la bestia de su interior, y eso la atormenta. Es como una especie de Mary Sue invertida, pero con una personalidad creíble y bien construida. El resto del elenco, que va perfilándose poco a poco, es atractivo y, aunque amarrado a algún que otro estereotipo, va creciendo y ganando profundidad. Hay que tener en cuenta además que solo tenemos 9 números de momento. Hasta ahora Liu y Takeda han sabido cimentar y levantar un mundo verosímil y atrayente, con un bildungsroman feroz de telón de fondo y personajes más que decentes. A algunos les llama la atención que casi todas sean figuras femeninas y las masculinas solo dos o tres. Este mundo es un matriarcado, por lo que es lógico encontrar una representación así. La gran mayoría de las obras clásicas de fantasía épica tienen una proporción de mujeres muy baja porque plasman sociedades patriarcales; no tiene nada de particular crear algo a la inversa. Incluso puede resultar revelador para ciertas personas.

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Kippa quiere mucho a Ren

Una de las primeras cosas que se perciben es que Monstress resulta el híbrido perfecto entre manga y cómic americano; entre Oriente y Occidente. A todos los niveles. Un argumento que superficialmente sigue los parámetros de la fantasía heroica, con un aire inequívocamente grimdark; pero que no duda en recurrir al folclore japonés (jelou, Inuyasha!) y a la arquitectura asiática para construir una fantasmagoría delicada y agresiva a la vez. Monstress aumenta en complejidad a cada episodio, solo para que, lentamente, seamos capaces de vislumbrar la rica ficción de un tapiz en el que todos los hilos acaban entrelazados. Nada parece casual, ¿o sí? Su urdimbre es fascinante.

¿Y qué encontramos en este tebeo? Kaijû con el hálito de Miyazaki y la naturaleza de los Primigenios de Lovecraft, cuyos cadáveres deambulan en una dimensión desconocida; otros acechan en el vacío exterior. Brujas que descuartizan, matan y se comen de verdad a los niños. Odio basado en un tenebroso racismo que se justifica y disfraza hasta límites inimaginables. Kami, yôkai, han’yô, humanos y gatos traicionados por su propio egoísmo y ambiciones. El profundo horror de la guerra. La búsqueda del yo, de la propia identidad y solo encontrar en su lugar monstruos, monstruos reales. Caos y destrucción.

Monstress es la recreación de un cuento clásico pero mil veces más deslumbrante y terrorífico, porque da un paso fuera del marco y nos agarra por el pescuezo: estamos aquí, en el maldito mundo adulto. Por eso sus concesiones al gore son coherentes, y las crueldades que aparecen sin descanso forman parte del entramado de su universo. No se pueden ni deben evitar. El arte refleja todo esto con muchísimo vigor. Takeda está soberbia, su dibujo impresiona, eyacula magnificencia. Tiene la gran fuerza expresiva del manga y el minucioso detalle del Art Déco. No es complicado distinguir cierto ramalazo steampunk, ver revolotear apuntes de Stargate (1994) o Metropolis (1927); o las siempre escalofriantes tinieblas barrocas de H.R.Giger. Y Hokusai, que no falten ni Hiroshige ni Hokusai en el festival, porque también están bien presentes.

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Monstress podría haber sido perfectamente una novela, porque tiene su estructura y el argumento pertenece sin duda a la fantasía contemporánea. Pero, por fortuna, Liu decidió expresar su historia mediante las maravillosas imágenes de Takeda. Y aquí estamos, en pleno viaje. No tengo ni idea de si el barco llegará a buen puerto, pero por ahora me parece de lo más interesante que se está publicando en cómic mainstream americano. Que Monstress de americana (al menos en la noción trumpiana) tiene la editorial y poco más, ya que Liu aprovecha su ascendencia taiwanesa para inspirarse y Takeda es japonesa residente en Tokio. Es un tebeo que podría haberse gestado en Hong Kong u Osaka, su peso oriental es notorio. Sin embargo, tampoco podemos negar sus particularidades occidentales, porque resultan ser los rieles de la obra. En resumen: estoy siguiendo este tebeo con muchísima atención. Además no voy a ser yo la que contradiga al gran Neil Gaiman, que también lo está disfrutando bastante. ¿Lo recomiendo? Mucho. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 

Galería de los Corazones Rotos, paja mental

Amores frustrados

¿Quién no ha estado siguiendo un manga con fervor, completamente prendado de él y luego se ha encontrado con que…? No hay más traducciones. Ni RAWS. En siglos. Lo han cancelado. Porque sí. El autor lo ha dejado en hiato. Le apetecía hacer surf en Honolulu. Whatever. Esta es la asquerosa realidad. Los pobres desgraciados que no dominamos convenientemente lenguas asiáticas nos hallamos en ocasiones con esta situación. A veces para consolarme de forma subnormaloide me digo: Bah, es posible que la caguen con tal o pascual y casi es mejor quedarme como estoy. UNA MIEEEERDA. Quiero saber. Y así nacen los amores frustrados. Aquí escribo de los cinco que más me han disgustado, pero tengo más, muuuchos más. Como todos los tenemos, por supuesto. Y si no es así, o has tenido mucha suerte o no has leído suficientes mangas; pero no te preocupes, todo llega. Amores malogrados son inevitables.

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«Ariko solloza mientras su bote va a la deriva bajo la luz de la luna» de Taiso Yoshitoshi (1886)

Chikutaku Bonbon

ちくたくぼんぼん

(2009-2011)

Chikutaku Bonbon de Bun Katsuta está finalizado. No es una manga largo, 3 volúmenes y 15 capítulos. Pero nada, aquí estamos, atascados en el episodio 7 desde hace milenios y sin RAWS a la vista. Mejor no hablo de licencias, claro, MUAHAHAHA (risa de amargura). Chikutaku Bonbon es un josei ubicado cronológicamente a inicios del periodo Shôwa, calculo 1930 por algunas referencias que aparecen en el tebeo. Es como un cuento, un cuento triste y luminoso.

Iwa, ya que no eres muy guapa, tendrás que esforzarte en Tokio y ser amable con todo el mundo.

Ese es el consejo que le dio su abuelo a la protagonista de este manga, de nombre completo Koiwa. Ella es una muchacha de campo bastante ignorante pero de mente despierta, que llega a la capital para trabajar de sirvienta en casa de su tía, una famosa actriz retirada. En su nuevo hogar se codeará con mucha gente interesante. La personalidad ingenua de Iwa es el filtro por el cual el lector va descubriendo las maravillas de la gran ciudad y la realidad de una sociedad en plena asimilación de la modernidad de Occidente. Es de agradecer que la moza no sea idiota, porque no hay que confundir inocencia o candidez con necedad. Allí tendrá que lidiar con su primo, recién llegado de Londres y que la trata literalmente a patadas; y conocerá, dirigida por el consejo de su abuelo, a un extraño relojero de nombre Aoki Sango, al que confunde con un vampiro. Sango siempre sonríe, tiene problemas de salud, es observador y extremadamente inteligente; pero nadie sabe qué está pensando en realidad. La relación entre Iwa y Sango es el corazón de este manga, con la bonita alegoría de los relojes ondulando en una atmósfera que tiene un no sé qué de mágico.

A ratos me recordaba al Sanshirô de Natsume Sôseki (salvando las lógicas distancias, claro) y me resultaba bastante grato de leer por su falta de pretensiones y, a la vez, enorme minuciosidad y ternura. Los eventos se van desarrollando con gracia y cierta astucia por parte de la autora, con lo que a pesar de que la historia suena, en general resulta entretenida. Por lo menos hasta el episodio séptimo… A lo mejor a partir de ahí sobreviene un cataclismo y todo degenera en una colosal avalancha de inmundicia melodramática, empalagosa y cursi. Pero claro, no lo sé, mecagoentó. chikutaku2 Ore to Akuma no Blues

俺と悪魔ブルーズ

(2005 – 2008)

Querido Akira Hiramoto:

Creo que eres un sádico de mil pares de cojones. Sin acritud. Has castigado a tus lectores de Ore to Akuma no Blues, acostumbrándonos a continuos hiatos que podían durar años. Años en los que nos acordábamos sin duda de tu madre. Pero te lo perdonamos, te lo disculpamos por lo que nos has hecho disfrutar y, sobre todo, porque después de 84 meses, parece que este 2015 va a ser el año en el que, por fin, publiques el quinto y último volumen de tu maravilloso manga. No nos defraudes, campeón, que yo ya lo daba por perdido completamente.

Me_and_the_Devil_Blues Este ha sido uno de mis amores frustrados más dolorosos. Utilizo el perfecto compuesto porque espero que este año deje de serlo definitivamente. Ore to Akuma no Blues se sirve de la figura del músico Robert Johnson (al cual VENERO y todos vosotros deberíais estar YA de rodillas al oír su nombre) para contar historias del Deep South. El Robert Johnson que aparece en Me and the devil blues está más cerca del legendario que del histórico; este manga no es una biografía, hay que puntualizar bien, aunque Hiramoto se explaya bastante en las descripciones del entorno social donde se movía el guitarrista. Ser negro en Estados Unidos en la década de los 30 y encima músico, no te colocaba en muy buena posición: malvivir, mendigar, vagabundear…

Para los que no sepan quién era Robert Johnson, solo decirles que era un tipo negro de dedos muy largos, fumaba como un carretero, grabó 29 canciones y cambió la música para siempre. Es conocido habitualmente como representante del llamado sonido del Delta del Mississippi, pero eso es restringir demasiado un estilo que rompió etiquetas e inició el comienzo de una nueva era musical. Ni más ni menos. Su pericia como guitarrista, sus innovaciones y talento, no han sido superados todavía; y sus colegas de profesión debían sentirse asombrados y frustrados ante tal exhibición. Algo parecido les debió ocurrir a los violinistas TartiniPaganini en su época. ¿Por qué nombro a estos músicos italianos de los s. XVIII – XIX? Porque tienen una cosa en común con Johnson: la leyenda del pacto con el diablo. Su extraordinario talento junto a la carestía de datos e informaciones contradictorias, colaboraron para fabricar un perfil de músico fáustico: fue el demonio el que le otorgó una capacidad sobrehumana. El intérprete de Blues era considerado casi como un chamán, su música y voz podían dominar al público. Su arte sería un intermediario entre el mundo espiritual y el físico, muy propio de las raíces africanas del estilo. Teniendo en cuenta este contexto socio-cultural, es lógico que los que habían conocido a Robert sospecharan de una acción demoníaca. Así tenemos los ingredientes necesarios para la receta del contrato; no es muy difícil de cocinar si se deja guisar en su propia salsa durante unas décadas. Y fue en los años 60 del pasado siglo, cuando los músicos de rock (blancos) comenzaron a reivindicar su figura junto a la de otros pioneros del blues. Eric Clapton, Keith Richards o Jimmy Page transmitieron su amor hacia él al público y la prensa especializada; acrecentando entre todos su leyenda y mitificándola de tal forma que actualmente es muy complicado distinguir qué es qué. Pero son este tipo de leyendas las que también hacen disfrutar al melómano; y enriquecen el folclore musical con sus propios mitos y anti-héroes.

Robert Johnson ya es un icono pop sin duda alguna. Bien merecido tiene poseer su propio manga, y Ore to Akuma no Blues es el homenaje personal de Akira Hiramoto. Esta obra, que se arrastra a través de las penurias derivadas del racismo en el Deep South, muestra una realidad desgarrada y fantasmagórica aprovechando la veta de la leyenda del contrato diabólico. Excelente. Era una completa ignominia dejar este tebeo inconcluso. Ruego a Luzbel que este año sea el definitivo para Me and the devil Blues y deje de ser, personalmente para mí, un amor frustrado.

Blood Alone

Ya escribí sobre este manga aquí, pero eso no quita que, al enterarme de su cancelación, pensara directamente: Oh, qué estupendo, ¿puedo pegar fuego a la casa del editor de Evening? Muchas de las decisiones editoriales respecto a mangas me resultan incomprensibles; y ese es el caso de Blood Alone, que tenía una recepción bastante buena entre el público. Así que que te dejen con un palmo de narices justo comenzando el arco final, hace que el cerebro, borboteando en un cabreo al pil-pil nada recomendable, destile la solución única: gasolina y cerillas. Ni qué decir que estoy de broma. Lo que sucedió en realidad me dejó bastante triste. Otro amor frustrado, aunque este con ciertos visos de esperanza: el autor, Takano Masayuki, expresó sus firmes intenciones de publicar de manera independiente el último volumen. Ojalá sea así al final. blood alone Sekine-kun no Koi

関根くんの恋

(2009 – 2014)

El caso de Los amores de Sekine es uno de los que más me tocan las narices pero, por desgracia, no es extraño que enormes mierdas de esta clase sucedan. Desconozco si Haruka Kawachi tenía planeado desarrollar más este tebeo porque la revista Manga Erotics F donde se publicaba, chapó el pasado 8 de julio. Tampoco sé si finalizó satisfactoriamente, ya que solo hay scanlations hasta el capítulo 21… y sin perspectivas a corto plazo de que aparezcan más. Son cinco volúmenes en total y la cosa se ha estancado finalizando el cuarto. Toma maravilloso amor frustrado. Quizás Tomodomo, ya que se ha hecho cargo del Natsuyuki Rendez-vous de la misma autora, con el tiempo decida publicarlo por aquí… pero me da que eso solo es un típico delirio optimista de los míos. Agh.

Sekine-kun no Koi es un seinen de cinco volúmenes donde se nos cuentan los avatares de un tipo que si no sufre de Asperger, le falta poco. Y ese es uno de los aspectos de este manga que lo hacen tan interesante. Sekine Keiichiro es atractivo, tiene un buen empleo y posee un extraordinario talento para cada actividad que emprende, independientemente de su índole. Nada le resulta difícil. Salvo las mujeres, que no le duran. Es un verdadero imán de hembras, pero dada su personalidad disfuncional en el plano social y afectivo, se acaban desilusionando y lo abandonan. Podríamos decir que nuestro amigo Sekine-kun tiene cortocircuitada la sensibilidad; por eso transita por la vida como si fuera un tiesto de geranios. Pasivo, apático y con pequeños trastornos obsesivo-compulsivos. Resumiendo: un analfabeto emocional que siente su vida vacía, es consciente de su carencia y busca una solución como un niño pequeño jugando al lego. Torpemente.

Los personajes que lo rodean son bastante peculiares: su orondo mejor amigo, casado con una muchacha por la que Sekine sentía una atracción anómala, y a la cual es infiel sin remordimientos; el estrafalario dueño de una tienda de tejidos donde Sekine acude para aprender magia y luego hacer punto; Doujima, un conocido del protagonista que lo odia y oculta esos sentimientos para poder observarlo de cerca; y, finalmente, la nieta del amo del comercio, Sara Kisaragi, que es la persona más equilibrada de todas a pesar de su inseguridad.

El arte es fino y delicado, expresivo, con diminutas chispas surrealistas. Haruka Kawachi tiene un estilo que me gusta mucho en general. Sekine-kun no koi es un manga inesperado. No hay estereotipos. El argumento parece casi improvisado, pero no da puntada sin hilo. Es brillante. Eso sí, el que busque velocidad, nanay; es un tebeo que se recrea mucho en la psicología de los personajes y el slice of life campa a sus anchas. Me ha fastidiado lo indecible que esté empantanado precisamente porque no tengo ni puta idea de cómo puede acabar, es una obra imprevisible. Pocas veces algo capta mi atención de esta forma.

sekine-kun no koi Bitou Lollipop

微糖ロリポップ

(2006-2009)

Es raro que me tope con un shoujo que me guste de verdad, y Bitou Lollipop era uno de ellos. Al menos hasta el capítulo 16. Y son 34 en total. PARA CAGARSE. En su momento debería haber seguido comprando la edición de Delcourt (tengo el primer tomo) pero lo dejé pasar (ERRORERRORERROR) y desde hace un tiempo está descatalogada. Llevo 5 años, 5 años de mi vida siguiendo con una tozudez aberrante un manga con una media de 3 actualizaciones anuales y que lleva finalizado eones. Soy un ser enfermo. Porque este amor, aparte de ser frustrado, es completamente anormal. Snif. Con un poco de suerte, podré leer este manga completo cuando me jubile. Y hasta es posible que, mientras me cambian la sonda uretral, piense: ¿tanto esperar para este cagarro de conclusión? Entonces, con manos temblorosas, agarraré un mechero, un bote de alcohol etílico 96º y… BASTA. Que alguien me dé un golpe en la cabeza, por favor.

Rikako Iketani escribió un shoujo con los clásicos elementos del género (comedia ligera, triángulo amoroso, vida escolar…) pero con la distorsión necesaria para ajustarla a la realidad. Porque Bitou Lollipop carece de esa típica idealización presente en el shoujo, es realista y natural. La heroína de esta historia, Madoka Gotou, no tiene, para empezar, nada de heroína. Es una mozuela de lo más normal. Ni muy guapa ni muy fea, ni muy lista ni muy tonta; con las reacciones y dudas propias de su edad y una adecuada dosis de sensatez. Porque eso es algo que llama la atención: los personajes adultos son los más irreflexivos e inconscientes, siendo los adolescentes los que cubren la cuota de madurez. Eso suele pasar en la vida real también.

Respecto al arte, me costó un poco acostumbrarme al dibujo de esta mangaka, no porque lo considere malo, sino porque es muy personal. Pero reconozco que ha acabado gustándome y es como el propio tebeo, diferente dentro de lo tradicional. Le va como anillo al dedo.

El argumento arranca con el millón de yenes que ganan los padres de Madoka en la lotería. Estos deciden dejarse llevar por la crisis de la mediana edad y ponerse a estudiar medicina, retirándose del mundo para concentrarse en sus estudios. Así que apartan a su única hija (encima en plena pubertad) del horizonte, mandándola a la casa de invitados de unos conocidos; sufragándole todos los gastos, faltaba más. Claramente a esta pareja le falta un hervor. En su nuevo alojamiento, se relacionará con el hijo de la dueña, Asagi Tomoyo; y descubrirá que un compañero suyo de instituto por el que siente atracción, Ono, es el amante de su casera. Las relaciones entre los personajes son peliagudas y, a pesar de los momentos cómicos, son llevadas con bastante seriedad. Seriedad, que no melodrama. Bitou Lollipop no es una tragicomedia.

Como podréis imaginar, una historia de este calibre corre el grave riesgo de convertirse en una cerdada putapénica en cuestión de un par de viñetas. Por momentos se tambalea a punto de desplomarse en la incoherencia, pero hasta ahora Iketani no me ha decepcionado. Pero es que no he logrado leer ni la mitad del manga, así que mi preocupación y ansiedad son lógicas. Por lo que continuaremos sufriendo este amor frustrado. bitou-lollipop Escribir pedacito a pedacito me hace parir enormes chorizos de entradas que resultan una pesadez. Mmmm. No me convence. Esto parece el puto Mahabharata, joder. Una vez y prau. Me voy a dormir, buenos días.