anime, MUAHAHAHA

El misterio del undécimo pasajero

Imagino que ya lo sabréis, pero el trasvase de blogspot a wordpress de El Destino de la Flor de Cerezo y El Blog de una Pauutopía es ya un hecho. Tras la injusta desaparición y posterior renacimiento de la bitácora de Magrat y un par de sustos en El Destino, decidieron curarse en salud y proteger su trabajo en una plataforma más fiable que la de Google. Yo estuve planteándome (e intentando) realizar el camino inverso porque de wordpress hay cosas que no me gustan nada, pero gracias a Luzbel y a dificultades técnicas de lo más absurdas, no lo conseguí. Desde luego, es mejor soportar los cambios arbitrarios de interfaz de wordpress (entre otras cosas) que que te borren de un plumazo, a causa de una discutible política de contenidos, todo el esfuerzo invertido. Que no es poco. Siempre es preferible el mal menor. Por lo que, ¡bienvenidas al maravilloso mundo de wordpress, chicas!

lunaEstoy muy emocionada con la publicación por parte de Tomodomo del manga 11-nin Iru! (1975), en español ¿Quién es el 11º pasajero?, de la grandísima Moto Hagio. Una space opera llena de enigmas y una pizquita de romance. Un shôjo atípico, un clásico imprescindible de la Sci-Fi que todo enfermo por los tebeos debería leer. Prefiero no detenerme demasiado en todo lo que ha supuesto esta señora en el mundo del manga, porque en cuanto tenga en mi poder el volumen y lo lea, haré una reseña completa.

Fue una enorme alegría conocer esta licencia, casi no me lo podía creer porque, si no recuerdo mal, es un manga que no salió de Japón hasta mediados de los años 90, publicado en una recopilación de Viz Media con otros 3 shôjos más. Y fin.

2016, España, Tomodomo: AÑO CERO.

Qué exagerada soy (JOJOJO), el pasado 2014 la editorial Japonica Polinica Fantastica también publicó este manga. Y aquí estamos… esperando… yo comiéndome las uñas de la impaciencia, porque indicaron que saldría en invierno y estamos ya en marzo. ¡Lo quiero de auto-regalo para mi cumpleaños! ¡¡LLOROOOOO!!

Bueno, va, ya se me ha pasado. El consuelo que me he buscado mientras cuento las horas sumida en una insondable y tenebrosa melancolía, es la película animada que, once años más tarde de la publicación del tebeo, vio la luz. Y esta es su reseña.

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¡ahí estamos, coñiiiio ya!

Jûichinin Iru! o They were eleven se realizó en el año 1986 y posee todas las virtudes y defectos de un anime de esa época, encima dedicado a la ciencia-ficción. No estoy justificando las posibles carencias de esta película, sino advertir lo de siempre: no es justo (ni recomendable) juzgar las obras del pasado con la visión del presente. ¿Quiere decir esto que Jûichinin Iru! se ha quedado desfasada? Pues un poco sí, es ingenua en el tratamiento de algunos temas y la pretendida tecnología futurista puede hacernos sonreír. Pero todo eso en realidad no es importante, resulta además totalmente comprensible y, al menos para mí, otorga un aire vintage encantador que lo revaloriza en cierta forma. Esos son los dos únicos grandes “peros” con los que un espectador moderno puede encontrarse; por lo demás, este They were eleven es una auténtica sorpresa. Pero de las buenas.

Uno de los puntos fuertes de este anime es, sin duda, su elaborado argumento, con un desarrollo in crescendo, vueltas de tuerca interesantes y un juego de espejos inteligente que sabe mantener el suspense hasta el final. Deduzco que se lo debe a la historia de Hagio Moto, por lo que si esta película resulta que solo es un reflejo de su manga, se me hace la boca agua pensando en lo que puedo esperar del original. El ritmo en general es muy bueno, aunque en algún momento concreto parezca que haya baches, son solo eso, baches; no interfieren de manera negativa en el conjunto, que es bastante armonioso.

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Pero vayamos al grano: ¿de qué va Jûichinin Iru!? ¿Un shôjo de ciencia ficción? ¿Qué diantres es esto? Pues esto es Moto Hagio, señores, que rompió esquemas e hizo lo que le salió del higo. Y menos mal.

Jûichinin Iru! está ubicado en un futuro lejano, donde distintos sistemas planetarios, tras lógicas luchas y enfrentamientos, acaban aliándose creando una nueva de era de cooperación intergaláctica. La máxima representación de esta coalición es la Academia Galáctica, que reúne todo el conocimiento existente. Ahí acuden aspirantes de todos los rincones de la Federación cada tres años para lograr su ingreso. Solo el 0.1 % de los candidatos lo consigue; tanto las pruebas teóricas como prácticas son muy exigentes, de ahí que sus estudiantes sean una verdadera élite tras graduarse. Uno de los aspirantes es el huérfano Tadatos Lane, que ha superado mediante su esfuerzo e inteligencia los exámenes teóricos. En la última fase es enviado, junto a otros nueve candidatos, a una nave estelar llamada Esperanza para así superar, mediante trabajo en equipo, el examen práctico. Deben permanecer durante 53 días dentro de la astronave sin recibir comunicación ni ayuda alguna del exterior. Solo pueden recurrir a su propio ingenio y espíritu de colaboración. Por supuesto, si cualquier desgracia sucediese o alguien quisiera abandonar, tienen a su disposición un enorme botón rojo que pulsar e inmediatamente serían evacuados. Pero esta elección tiene que ser conjunta; si uno solo se rinde, los nueve restantes también quedarán descalificados.

Hasta ese momento parece un ejercicio duro aunque más o menos asumible, pero existe una variable que lo perturba todo: no están 10 en Esperanza, sino 11. Hay un candidato que no debería estar ahí, un impostor. Pero, ¿quién? Todos lo niegan. Y no solo eso. La astronave guarda secretos, secretos peligrosos que ponen en grave peligro la vida de los nuevos tripulantes. Estos, de manera intuitiva, seleccionan como líder a Mayan Baceska, rey de su planeta, y de carácter autoritario y agresivo. Este siente una antipatía irresistible hacia nuestro protagonista, Tadatos Lane. Junto a Mayan se alinea un noble hipócrita de su mismo planeta, Doricas Soldam IV, por lo que el poder de la nave recae, como quien no quiere la cosa, en la aristocracia. Y nadie se solivianta, curioso. El resto del equipo lo conforman Frolbericheri Frol, de gran belleza y carácter impetuoso; Amazon Carnias, músico con dotes de ingeniero; Vidminer Knume, una especie de Detective Marciano; el bondadoso y honesto Ganigus GagtosDolph Tasta, un tipo miedoso de nariz roja; el siempre sensato y prudente Glenn Groff; el diminuto Toto NiChaco Kacka, un pelirrojo de talante práctico. Con todos estos ingredientes, os podéis hacer una idea de que Jûichinin Iru! es bastante suculento y depara no pocos sobresaltos.

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Los personajes están bastante bien diferenciados y cada uno de ellos representa un arquetipo reconocible. No son de una gran complejidad psicológica y algunos apenas son desarrollados, pero encajan perfectamente en una historia que les va a exigir lo mejor de sí mismos y pondrá a prueba su valía. Reconozco que un par de ellos me resultan un poco más estridentes de lo necesario y con actitudes que pueden ser desde chocantes a ridículas. Su interacción a veces también me parecía algo mecánica y a trompicones; no obstante, imagino que el manga profundizará más en sus personalidades y, aunque al menos en el anime pequen de cierto pintoresquismo kitsch, muy propio de la época por otro lado, resultan muy entrañables sobre todo para los habituales de la ciencia ficción.

Se nota perfectamente que Hagio Moto es fan de Arthur C. Clarke o Star Trek, porque encontramos mucho de ellos en esta película. Pero sorprende, ante todo, la atmósfera opresiva y de leve paranoia que se percibe, muy bien trabajada. La desconfianza en los miembros de la tripulación, sus sobre-reacciones dirigidas por el miedo y la sospecha, etc. No es Alien (1979) ni The Thing (1982), que conste, y tiene mucho de esa inocencia campy de la ciencia ficción de los 60; pero consigue transmitir con eficacia una sensación de urgencia y alerta que no nos permite tomarnos a la ligera lo que ocurre entre las paredes de la nave Esperanza. Aunque Jûichinin Iru! también tiene sus momentos cómicos, ¿eh? Algunos realmente idiotas. Por ejemplo, la batalla campal que tiene lugar en el comedor es apoteósica, con música ochentera a todo trapo para darle más alegría y brío al asunto. Memorable.

hagio2La animación y los diseños en general de Jûichinin Iru! son geniales. Con un detalle y elegancia impresionantes. La muestra perfecta de que en el pasado se hacían películas de una calidad extraordinaria y, esta en concreto, no tiene nada que envidiar a producciones más celebradas o posteriores. Los planos, el movimiento de cámara y la cadencia son sensacionales, muy cinematográficos (apestan a Kubrick). Personalmente, echo de menos este tipo de animación, es mucho más cálida, orgánica; quizá no tan perfeccionada como la contemporánea, que puede acceder a recursos más sofisticados y pulir su resultado final hasta alcanzar extremos brillantemente plasticosos. Pero, ni muchísimo menos, Jûichinin Iru! es peor. Seguramente esta impresión tan particular mía se deba a que soy, en el fondo de mi corazón, una analog girl; y el mundo digital, aunque lo aprecie, disfrute y abuse de él a tope, se me hace poco acogedor.

¿Recomiendo Jûichinin Iru! ? Desde luego, y no solo para los amantes del género. No comprendo cómo ha pasado tan desapercibido, cuando es un anime muy digno. Está arropado por una excelente historia y unos apartados técnicos y artísticos más que notables. No se puede pedir más y creo que es el aperitivo perfecto para un manga que promete muchísimo.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.