cómic occidental, manga, paja mental

Héroes y villanos japoneses que se odian, retuercen y lo pasan bien

Creo que todavía no he hecho ninguna reseña sobre dôjinshi o fanzines comiqueros japoneses. Quizá se deba a que viviendo en Europa y siendo la afortunada dueña de una cabeza de chorlito como la mía, no he tenido ni he aprovechado las oportunidades de agenciarme alguno. Y tampoco es que se escaneen y traduzcan muchos que digamos… pocos hay, pero ahí están. Como además llevo unas cuantas entradas seguidas un poco más añejas de lo que me gustaría, escribir sobre una obra del 2015 me viene de perlas. Y calma mi conciencia culpable por estar atiborrándoos de material antediluviano. Que no tiene nada de malo si posee interés, pero en la variedad está el gusto. O eso dicen.

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Esta portadaca la ha dibujado my friendly neighbourhood David López, y es la presentación perfecta de lo que podemos encontrar en las páginas de Alenzyas (2015). Se trata de un tebeo coordinado por Ken Niimura, donde han participado 6 mangakas más: Takeshi Miyazawa, Est Em, Takehito Moriizumi, Tabao Obata, Murai y Mopuko. Todos sangre fresca. Y a todos ellos Niimura-sensei propuso la creación de un superhéroe y un villano, para luego inventar una historieta en la que el antagonista fuese el concebido por otro artista del mismo proyecto. Un desafío interesante para los autores, desde luego, y que para los lectores tampoco carece de atractivo.

Como soy una desgraciada, no he podido hacerme con ninguna copia física de Alenzyas. Me habría gustado, pero las tiradas de los dôjinshi no suelen ser grandes, y por lo que pude husmear en twitter por mi cuenta, se vendieron casi todos los ejemplares en el propio Japón. Unos pocos fueron enviados al extranjero, pero a conocidos y amigos del círculo de los dibujantes. Meeeeeeh. Sin embargo, un alma bienhechora tuvo la idea de subirlo a varias plataformas on-line (y traducirlo, claro). En junio me topé muy felizmente con él. Pero, ¡ay!, no estaba completo, faltaban dos capítulos: el 5 y el 6. ¡¿POR QUÉ?! He pasado unos meses esperando a que alguien subiera lo que faltaba, pero estamos a mediados de septiembre y la cosa sigue incompleta. Aun así pensé que mejor son cinco one-shots que ninguno, teniendo en cuenta que de otra forma me hubiera resultado muy difícil poder leerlos. En realidad tarde o temprano habría caído (el agua de Aragón no es buena, hace que crezca la cabeza), pero de esta manera piratona total pude disfrutar de Alenzyas sin apenas esfuerzo y ahora tú, amado lector, también puedes leer esta magnífica reseña. Todo bien, ¿no? Pues eso. Dudo que los creadores lleguen a leer esto, así que puedo respirar tranquila, que no enviarán sicarios a mi chamizo por utilizar mangafox. Creo.

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“Nighthawk vs. Yukawa” de Murai

Alenzyas son historias muy breves, cada una de una madre y con el estilo propio de cada autor. Es una obra heterogénea y variada, pero con un nexo común: ¿cómo serían unos superhéroes à la japonaise? He sido desde niña lectora de cómics y lleva circulando por mi sistema cardiovascular el virus Marvel/DC muchísimos años, por lo que sé de sobras qué es un tebeo de superhéroes. Sin duda es el género rey dentro de la historieta occidental, el que más pasta genera, el más popular… y el que más detractores furiosos posee también, sobre todo cierto desprecio sordo hacia el norteamericano. La verdad es que el cómic de superhéroes tiene sus luces y sus sombras, como ocurre con todo; y suelen ser los tebeos que se alejan de los patrones más comerciales, buscando nuevas sendas y perspectivas, los que han brillado sobre el resto.

Alenzyas es como una especie de experimento, pero es la prueba de que el material más atractivo es precisamente ese, el que busca su propio camino. Un camino libre sin las exigencias de una línea editorial, un manual de estilo, etc. No es malo que existan, de hecho son necesarias, pero en un dôjinshi es el artista el que marca sus límites y eso siempre, SIEMPRE, es más interesante. No por obligación mejor, pero sí más seductor. Y es lo que encontramos en Alenzyas, una brisa refrescante y agradable gracias a los ventiladores artísticos de gente que está creciendo en el panorama del tebeo. ¿Qué nos pueden contar unos mangakas sobre superhéroes que no hayamos leído ya? Pues su visión. Alenzyas es la combinación de un género ultrapopular con una perspectiva diferente, tanto en forma como en contenido; pero con sencillez, de forma muy inmediata. No es nouvelle manga, pero recoge en cierta forma su legado sincrético.

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“Life is one-two punch” de Est Em

Algunos de los creadores ya están más que familiarizados con este tipo de cómic: Takeshi Miyazawa, por ejemplo, está trabajando ahora con Kamala Khan, la nueva Ms. Marvel; aunque en el pasado se prodigó en X-men Unlimited, Runaways o Generation Hope. Javier Pina, que ha hecho la contraportada, ha dibujado la Cosa del Pantano, Aves de Presa o Escuadrón Suicida; David López… en fin, si no conoces a David López, you know nothing (y tienes que ponerle remedio). Ken Niimura se está haciendo hueco realizando trabajos para Marvel y pequeñas maravillas en el Yearbook de Gotham Academy para DCPero tampoco esto tiene una importancia capital, los demás autores no me suena que hayan realizado nada para cómic norteamericano (me puedo estar columpiando perfectamente, conste) y eso es lo bonito también, observar a creadores esforzándose en un registro ajeno y haciéndolo suyo.

Por eso Alenzyas es un manga bastante curioso, que mezcla Oriente y Occidente con un resultado natural y eficaz. No se trata de un híbrido, o al menos yo no lo considero así. Es muy japonés, un buen shôyu ramen al que se le han añadido unos cuantos ingredientes foranos y, oigan, que ha quedado sabrosote. No tiene vocación comercial, pero posee todo para que un fan de los tebeos lo disfrute con tranquilidad.

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Contraportada de Javier Pina.

Por supuesto, no conocía a todos los autores propuestos y espero tener pronto la oportunidad de poder leer algo de ellos. Es el caso de Takehito Moriizumi, Mopuko y Tabao Obata. Precisamente, son los one-shots de Moriizumi y Obata los que no están subidos todavía; y por el primero siento una curiosidad inmensa. Así que a joderse. Habrá que esperar y estar ojo avizor a cualquier oportunidad.

Life is one-two punch de Est Em es una buena representación de las exigencias del ámbito laboral japonés, mediante una historia veloz pero impactante. El ¿desenlace? resulta como la vida misma. Catty rival de Miyazawa tiene de protagonista a un gato con ansias de dominación mundial (como tiene que ser) que topa con un rival humano imbatible. Muy divertido este cuento. Nighthawk vs. Yukawa de Murai es mi favorito, más clásico en su planteamiento pero tierno también. Sword Hilda vs. Zombies de Mopuko está repleto de acción y violencia, donde las adorables mascotas deportivas se han convertido en unos muertos vivientes, que la espadachina Hilda tratará de destruir con su terrible katana. Incluye moraleja. Y, finalmente, Test de Niimura no defrauda. Los que somos fans de su elegancia, tenemos un relato de gran dinamismo y escenas espectaculares. Genial.

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No, no son The Avengers pero resultan unos superhéroes peculiares y muy cercanos. Alenzyas es una obra coral que no cambiará vuestras vidas, pero que funciona, no ya solo como carta de presentación de autores menos conocidos por estos lares, sino como entretenimiento sano. Una alternativa estupenda para los que se suelan mover en lecturas más estándar y quieran descubrir nuevos pinceles japoneses.

Y que me he quedado sin leer Dengeki Drop de Obata y How far are the depths of love de Moriizumi. Cachis. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cine, largometraje, paja mental

¡Alquile usted un gato!

Días raros en los que hago cosas raras. Empiezo no sé qué y no lo acabo; pero finalizo material inservible de hace milenios. Me obstino en proyectos sin futuro, olvido lo que me da de comer. Así se mantiene la cabeza ocupada y no duele tanto. No os preocupéis si no entendéis nada, me ocurre igual.

Hoy me ha dado por recordar una película japonesa que vi dos veces (y media) seguidas la primera vez que topé con ella. Una de esas historias confeccionada de muchas pequeñas historias y que te enamoran sin remedio… de ahí el ansia que me produjo y la necesidad de revisionarla sin cesar hasta quedar satisfecha. Bueno, más bien hasta que tuve que bajar del avión. Porque si no me hubiera visto obligada a permanecer 18 horas dentro de un A330, seguramente ni la habría conocido y mi vida continuaría ignorante de su maravillosa existencia.

Como comprenderéis, tantas horas metida en un mismo espacio dan para bastante; desde leer dos libros de Georgette Heyer que me habían regalado (The Corinthian y The Grand Sophy, por si os interesa) , jugar al tetris como una posesa (me encanta), horrorizarme con el primer live action de Kenshin (¡¡¡aaagh!!!), dormir (poco), desear aniquilar el universo (así, en general, porque tanto tiempo apresada como una rata rodeada de humanos fétidos me altera mucho), discutir con el vecino por la inclinación del asiento varias veces, venirme la puta regla con sus magníficos cólicos y, por supuesto, descubrir Rent-a-Neko (2012).

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Hasta entonces no sabía nada de su directora, Naoko Ogigami. La elegí entre todo el montón de películas que había en el in-flight entertainment porque salían gatos. Amo los gatos, soy una persona de naturaleza simple. Y así comenzó mi idilio con este film.

Para empezar, Sayoko, que es la protagonista, vive en el paraíso aunque no lo sepa. Algún día (nunca, LLORO) viviré en una pequeña casa tradicional así: abierta, luminosa, con patio y huerta medio silvestre, gatos por todas partes y sí, con una vecina cabrona. Lo último no por elección, es que siempre toca. Sayoko vive en un hogar abarrotado de recuerdos. Algunos suyos, otros no. Casi todos relativos a su querida y desaparecida abuela, de la que parece haber heredado un extraño don: atraer a los gatos. Pero con los humanos no tiene tanta suerte.

Esta treintañera, plenamente consciente de su propia soledad, lleva un negocio muy poco rentable de alquiler de gatos. Así procura brindar compañía a otras almas solitarias de la ciudad. A pesar de ser torpe en sus relaciones sociales, sabe leer muy bien a la gente. No entrega los gatos a cualquiera, Sayoko los quiere mucho y se cerciora minuciosamente de que el hogar temporal de los mininos sea óptimo. Y así, tirando de un carrito, pasea por la ribera del Tama cantando una graciosa melodía a través de un megáfono. Esta ocupación le lleva a conocer un abanico muy variopinto de personas, y son sus vidas y circunstancias las que articulan gran parte del argumento de este film.

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El diálogo interno que mantiene Sayoko con su abuela, los gatos y consigo misma, también es muy importante. Habla de una existencia sin más compañía que la de los gatitos; unos pensamientos y reflexiones melancólicos y, sin embargo, en ocasiones chispeantes y divertidos. Se trata de una mujer original y con bastantes recursos. ¿Será capaz de dilucidar cuál es el agujero de su propio kokoro? Muy sagazmente, sabe detectarlos en los demás, pero consigo misma parece tener más problemas para identificar el origen del vacío. ¿Será que lo que necesita es encontrar el amor? No sabéis cómo me ilusionó no descubrir en Rent-a-Neko un manido relato sobre la búsqueda de romance. Fue un completo alivio. Porque sí, aunque Sayoko, totalmente despistada, quiere un marido, la película discurre por otros caminos.

Estas sendas conducen a los minúsculos mundos de una amable anciana que vive sola, un hombre de negocios que lleva trabajando lejos de su familia muchos años, y una empleada de una sucursal de alquiler de coches que nunca tiene clientes. Cada uno de ellos es el fragmento de un espejo hecho añicos donde reverbera la frialdad y rigidez de una sociedad muy moderna, pero que ignora las necesidades emocionales de los individuos. Y estos remolcan sus vidas en soledad y mucha resignación. Incluso con un diminuto punto de culpabilidad. Pero sus problemas se encuentran muy alejados de ser grandes dramas o tragedias sin solución; resultan preocupaciones cotidianas, dilemas sencillos que, no obstante, producen angustia en el corazón. Y ahí entran nuestros amigos los gatos, para mitigar y sanar. Son un parche temporal que aporta consuelo y amor.

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Ogigami también obliga a Sayoko a mirarse a sí misma, más allá de meros pensamientos expresados en forma de kakejiku para automotivarse. Porque a pesar de que es el espíritu libre que encarna justo lo opuesto a lo que la rodea, sí sufre de soledad. Y la llegada repentina de un antiguo compañero de colegio, le hará replantearse cuál es su verdadera carencia y cuáles sus prioridades en realidad. La respuesta, por supuesto, está en ella, no fuera. Pero no penséis que la película llega a alguna conclusión en firme, porque no es así. Se trata de un slice of life puro y que, a pesar de su cadencia reposada, es de naturaleza casual, muy aérea

La estructura sigue un patrón que se repite como si fuera la estrofa de una canción o un poema, y finaliza siempre con la puntilla venenosa de la vecina. Esta vecina es la “tradición remanente”, los convencionalismos e hipocresía de la sociedad japonesa que reflejan, además, las propias inseguridades de Sayoko. Muy inteligente por parte de Ogigami presentarlos mediante un personaje cómico, porque suaviza la expresión pero sin robar la crítica del mensaje. Todo lleva un ritmo sosegado, con planos estáticos y de duración larga; haciendo hincapié en los ambientes, los detalles y las palabras. La directora también se sirve de pequeñas alegorías y otorga una atmósfera de leve surrealismo que atempera, enriquece y evita que la historia se precipite en el melodrama.

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Rent-a Neko no es ni baboso ni sentimentaloide. Tampoco oculta moralina. Es, en conjunto, una película armoniosa y ligera, sin sobresaltos, y que fluye con placidez. Se la ha comparado bastante con Le fabuleux destin d’Amélie Poulain (2001) y, aunque tienen algunas cosillas en común, la japonesa es mucho más apacible y realista; más dócil pero, a la vez, más severa. Personalmente, la prefiero mil veces. Lo único que no me convence es la música en algunos instantes, pero soy bastante especialita con el tema. ¿La recomiendo? Sí, desde luego. Pero no es una obra espectacular ni tampoco dirigida a personas románticas, aunque pueda parecer lo contrario. Los amantes de los felinos seguro que la disfrutarán mucho; los que no, siendo conscientes de lo que hay, posiblemente también.

Buenas noches, buenos días, buenas tardes.

 

manga, paja mental

El caminante de Jirô Taniguchi

Estas fechas están siendo complicadas, se me están acumulando muchas cosas por dentro. Un día estás hablando con un amigo con normalidad y al otro, de repente, se ha ido para siempre. Así que, para no variar, la huida hacia delante ha sido mi remedio: atiborrarme de trabajo, aumentar el ritmo de los ensayos, dibujar doscientos mil carteles para el festival… pero las costuras tienen un aguante, claro. Y antes de estallar, diría que ha sido providencial que me regalaran El caminante de Jirô Taniguchi. El domingo es mi cumpleaños y, aunque mis escasas amistades nunca saben qué regalarme (con la música hace años que no lo intentan), hoy mi mejor amigo se ha marcado un bullseye que se lo agradeceré toda la vida. Lo he leído con voracidad y la calma que me ha invadido después, a pesar de que no ha reducido el dolor, me ha permitido llorar. Para mí ha sido un gran paso. Así que, sin más preámbulos que no vienen a cuento, allá va mi reseña sobre esta obra.

El caminante

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1990-1998

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He aquí una de mis viñetas favoritas de este manga. Y describe muy bien la esencia que intenta transmitir: disfrutar al máximo de los diminutos placeres de la vida, que se deben saber buscar también. 

Es curioso, porque hace unas semanas hablaba con Magrat sobre Taniguchi además.

Para empezar, este tebeo no tiene argumento en sí. Son pequeñas historias donde no se relata nada en particular, pero a la vez se dicen muchas cosas. Odiseas cotidianas. El protagonista no tiene nombre, es un hombre anónimo que se dedica a pasear (en ocasiones con su perro) y, a través de su mirada, podemos descubrir las maravillas de lo que se considera ordinario. No existen grandes diálogos, a veces no hay ni texto; es un cómic de silencios, el poderoso lenguaje visual de Taniguchi lo expresa ya todo.

La simplicidad argumental de este manga (literalmente va de un hombre que camina, el título no es ninguna metáfora rebuscada), contrasta a su vez con un arte bastante prolijo. Un arte que nos induce a poner en práctica lo mismo que el propio personaje principal: examinar con cariño y quietud todo pequeño detalle que surja ante nuestros ojos. Los que conozcáis a este autor, ya sabréis que su estilo es muy clásico, limpio, de reminiscencias occidentales; y en El caminante no hay grandes variaciones al respecto. Presta una atención especial a la arquitectura, muy precisa y que estampa perfectamente los escenarios que se pueden encontrar en una pequeña ciudad japonesa. Permite al lector sumergirse por completo, como si él mismo deambulara por ella.

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Es muy interesante observar los procesos mentales del protagonista, que se ven perfectamente plasmados en sus acciones: el vagar y dejarse llevar por los pies como forma de meditación. No se trata de ninguna psicología tortuosa, es espontánea y sosegada, con la que fácilmente uno puede sentirse identificado. Se trata de un hombre inteligente, de carácter tranquilo y algo juguetón, que se adapta con afabilidad a las circunstancias y hace sus propias elecciones también, no es un pelele de las eventualidades. Tiene una admirable e innata curiosidad por todo lo que le rodea, así como un profundo respeto. Sus caminatas son casi todas solitarias, pero cuando aparece alguna interacción con otras personas, es siempre sutil y llena de significado. No sabemos mucho más de él, tampoco es relevante, salvo que tiene una esposa bastante hacendosa y un hogar que es mi ideal: yo quiero vivir en una casa como la suya. Idéntica. Algún día…

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De todos los relatos que aparecen, ha habido algunos que me han gustado especialmente: Paisaje borroso, Amanecer, El sueño continúa y Noche de luna. Los dos últimos no aparecieron originalmente en El caminante, pero en esta edición definitiva que Ponent Mon acaba de publicar, decidieron incluirlos también para redondear la obra.

Paisaje borroso me hizo mucha gracia, porque hace tiempo me pasó algo similar a lo que narra. Al hombre se le rompen las gafas después de un pelotazo, y descubre una nueva e interesante perspectiva mediante sus vidrios resquebrajados. Servidora se pasó casi un mes sin cambiar los cristales rotos porque, precisamente, me gustaba ver las cosas así. Puedo llegar a ser muy excéntrica, lo admito. Por eso esta historia concreta me ha hecho sentir cierta camaradería entre chalados.

Noche de luna es un precioso homenaje al Sanshirô de Natsume Sôseki, con viaje a través del tiempo incluido y en esta edición, a todo color encima. Es divertida, con bonitos guiños para los que hayan leído el libro original y un misterioso gato como catalizador de la extraña aventura. Qué más puedo pedir.

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El caminante es un manga hermoso y reflexivo, repleto de instantes inolvidables. Va más allá de lo que se pueda considerar como slice of life, así que los impacientes, los que reclamen drama o algo de acción, si desean acercarse a este tebeo, deberán reducir las revoluciones de su motor. El caminante es una obra plácida, que condensa lo más característico de su autor y que, lamentablemente, puede dejar a muchos lectores indiferentes. No es un manga fácil a pesar de que sea formalmente simple. But it’s worth a shot.

Voy a darme unas mini-vacaciones de esto. Nos leemos pronto.