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Los hechizos y encantos de Kamome Shirahama

No os creáis que soy una tipa rara y oscura que solo consume material que produce narcolepsia entre la otaquería. Ni hablar. Cuando hay algún anime o manga comercial que llama mi atención y que además logro disfrutar, corro a contároslo aquí. Siempre lo he hecho, creo. Es el caso de uno de mis descubrimientos del 2017, la mangaka Kamome Shirahama. No sé gran cosa sobre ella, salvo que trabaja dibujando portadas para Marvel, DC y que es sangre nueva en el tebeo mainstream japonés.

Mi encuentro con su trabajo fue totalmente casual, y comenzó con un one-shot llamado Watashi no Kuro-chan o My Little Noir, que publicó en 2011. Me gustó tanto que busqué más sobre la autora, y así empecé a leer Tongari Bôshi no Atelier o The Atelier of Witch Hat, que lleva en publicación desde el 2016 en Morning Two de Kôdansha. Con anterioridad publicó Enidewi (2012-2015) en la revista Harta, alcanzando los 3 volúmenes y un total de 15 capítulos; pero no he conseguido encontrar más obras suyas, salvo una pequeña colaboración en un libro de ilustraciones dedicado a Sakamoto desu ga?. ¿Por qué? Porque es una recién llegada, y me sorprendió muchísimo que fuera así dada su enorme pericia con el lápiz. Su dibujo es simplemente alucinante. Lo adoro. Creo que junto a Shinichi Sakamoto es de lo más impresionante que hay de momento pululando en el mundillo del manga. Cada uno a su manera, claro.

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Por ahora he conseguido leer My Little Noir y estoy siguiendo The Atelier of Witch Hat; y debo reconocer que lo que más me ha enganchado de Kamome Shirahama ha sido su arte. Es realmente adictivo, no me canso de observarlo una y otra vez. Cada viñeta es una maravilla por su minucioso detalle y armonía; en cada ocasión se descubren matices nuevos. Se nota que la mangaka disfruta muchísimo dibujando, que le pone además un cariño y mimo especiales. Me ha sorprendido también el aire vintage de su estilo, recuerda mucho a Riyoko Ikeda y Môto Hagio, como un regreso al naturalismo setentero que, sin duda, bebe de artistas europeos como Moebius o los venecianos Dino Battaglia y Hugo Pratt, cuya influencia en la autora es muy descarada. Aunque uno de los influjos más poderosos de Shirahama es Alphonse Mucha, su presencia se husmea por doquier. Pero que la mejor estirpe comiquera occidental haya influenciado a esta artista no quita que sus obras sean netamente japonesas. Son manga, manga además de línea clásica, con el Grupo del 24 muy presente.

En resumen, Kamome Shirahama promete, pero promete muchísimo; y su carrera no ha hecho más que empezar. Personalmente, voy a estar muy atenta a sus futuros trabajos; y espero que su evolución y carrera nos ofrezcan muchas sorpresas agradables, porque sería una pena que se desperdiciara un talento semejante. No quiero ni imaginar el placer que puede brindarnos cuando alcance su madurez artística, podría llegar a ser gloria bendita. Por ahora, SOnC solo puede ofreceros impresiones sobre lo que he leído, que rezuma amor y admiración hacia Occidente; y tampoco es que sea demasiado. Sin embargo, es lo suficiente para saber que tenemos entre manos una mangaka notable.

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Watashi no Kuro-chan

My Little Noir es un one-shot de apenas 21 páginas pero que se las apaña en tan poco espacio para relatarnos la trepidante aventura de una niña por las calles de París. Minette descubre que su gatito, Noir, no se encuentra en su cestita. ¿Qué le habrá ocurrido? ¿Se encontrará bien, se habrá perdido y no sabrá regresar a casa? Pregunta a sus padres, pero están muy ocupados con las labores del hogar, así que decide ir a buscarlo por su cuenta. Al abrir con temor la puerta de casa, descubre a un gato durmiendo en la calle, lo que le da valor para salir y preguntarle si ha visto a Noir. Pero los gatos no son como los humanos, y desconfiando de Minette, se aleja, haciendo que nuestra pequeña protagonista tenga que seguirlo, pues tiene la convicción de que puede ayudarla a localizar a Noir.

Y así comienzan sus peripecias, persiguiendo a un gatito esquivo por avenidas, muros y cafeterías, topándose con todo tipo de personajes y sorteando milagrosamente los peligros de la ciudad. Con mucho sentido del humor y un magistral sentido del ritmo, Kamome Shirahama nos muestra también un poco de ese autismo social que sufrimos todos los urbanitas, tan aislados en nuestros propios pensamientos que pasamos por alto los diminutos prodigios cotidianosWatashi no Kuro-chan es un pequeño cuento llevado estupendamente y con un gracioso final; tierno e inofensivo, pero que agrada por su alegre sencillez. Algunas de las viñetas, como también he tenido ocasión de observar a menudo en la otra obra que he leído de la autora, son auténticos portentos. Para quedarse mirándolas mientras resbala la babillla.

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Tongari Bôsho no Atelier

Hay dos tankôbon publicados y en marzo de este 2018 saldrá ya el tercero. Los scans transcurren, como siempre, un poco a remolque; de momento la traducción va por el segundo volumen y el capítulo ocho. Sin embargo, la buena noticia es que en Francia Pika Édition se ha lanzado a por ella, y en primavera comenzará su edición bajo el nombre de L’Atelier des Sorciers. No tengo ni idea si en algún otro lugar van a publicarla, en España no se espera de inmediato; pero pudiendo acceder a ella en francés, me doy completamente por satisfecha. Los que conozcáis la editorial gala, ya sabréis que siempre se ha decantado por productos comerciales pero de esmerada calidad (Chihayafuru, Nodame Cantabile, Yona, Escaflowne, etc.). Y es lo que resulta ser Togari Bôsho no Atelier. Por ahora.

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Coco es una niña que ha vivido siempre enamorada de la magia. Es su gran pasión, a sabiendas de que nunca podrá dedicarse a ella, porque los brujos y brujas lo son de nacimiento, no se hacen a sí mismos. Cuando era más pequeña, en el festival del castillo, un extraño personaje le vendió un librito de magia y una varita. Pero muy pronto su emoción se desvaneció porque no sabía qué hacer con ellos. Consideró que era normal, pues no había nacido bruja. Hasta que un día llegó a la puerta de su hogar un brujo. Los eventos, a partir de entonces, se precipitarán de tal forma que la madre de Coco quedará petrificada a causa de un hechizo del librito, que ha comenzado a descifrar nuestra protagonista; y Qifrey, el brujo, sintiéndose responsable de lo sucedido, decidirá acoger a Coco como discípula. ¿Es eso posible? ¿No era necesario nacer brujo para serlo?

Coco descubrirá muchas cosas que la gente común desconoce, y ella se esforzará todo lo posible por conseguir que su madre vuelva a la normalidad. Pero, por supuesto, no será un camino de rosas. Ese librito de magia que subrepticiamente le entregaron esconde en realidad magia prohibida; por no decir que en la casa de Qifrey viven otras tres alumnas muchísimo más adelantadas en los estudios. Además, una de ellas, la arrogante Agete, detesta la presencia de Coco desde el primer instante. No entiende cómo una profana, sin adiestramiento ni los rudimentos básicos exigidos, ha sido aceptada por Qifrey como discípula.

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The Atelier of Witch Hat es un cuento de fantasía tradicional que se inspira en muchos detalles en la saga de Harry Potter. Es complicado librarse de su influencia, pues la obra de J.K. Rowling es ya un monstruo del género que ha extendido sus tentáculos sobre la imaginación de miles de creadores en el planeta. También tiene mucho de Little Witch Academia, pero con una importante diferencia en el tono. Tongari Bôshi no Atelier, a pesar de que tenga la habitual protagonista genki (muy al estilo también de Made in Abyss), con una desventaja inicial importante frente a sus compañeras y una enemiga odiosa cerca, es un seinen. Coco es infantil y entusiasta, carece de los conocimientos más simples de magia pero un fervor enfermizo hacia ella (como Atsuko), aunque vuelvo a repetir: The Atelier of Witch Hat es un seinen.

Con solo ocho episodios la arquitectura del mundo de Tongari Bôshi no Atelier se encuentra a medio esbozar, por lo que hay más interrogantes que certezas respecto a temas básicos. El meollo del argumento también acaba de iniciarse, todavía no han terminado de presentarse todos sus actores, pero se barrunta un elenco nutrido. Los personajes están bosquejados con eficiencia, aunque no sorprenden; tiran del cliché bastante, sin embargo todavía queda bastante manga por delante. Así que tenemos un cómic de fantasía clásico, con la magia y su aprendizaje de tema principal y toda la parafernalia habitual que la acompaña. À la occidental. No obstante, cabe destacar que a diferencia de otros cuentos del género, la magia se conjura mediante tinta y pluma. No se recita, no se realizan gestos especiales: se dibuja.

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Tetia, Riche, Coco y Agete.

A priori ofrece poca novedad comparado a otros mangas del género, por no hablar de la cantidad ingente de literatura juvenil que hay al respecto. No obstante, si tuviera que relacionar Tongari Bôshi no Atelier con una obra sería con El nombre del Viento (2007), porque la oscuridad que se atisba es bastante más densa que en Harry Potter. Y ya es decir. Pero veremos qué derroteros toma la historia de Kamome Shirahama. Es un cuento grato y que sabe retener la atención tanto por ese encantador dibujo como por su argumento, que juguetea hábilmente con el suspense y, además, le brinda una radiante vertiente cómica.

Por ahora es uno de los mangas de fantasía más atractivos que estoy leyendo y con una capacidad de crecer sustancial. Es entretenido, chispeante y, lo que para mí es importante, no me irrita con personajes femeninos de electroencefalograma plano. No ha inventado la rueda, pero todavía está a tiempo de construir una locomotora. Su comedida ternura mezclada con la maldad natural del ser humano concibe una atmósfera bastante peculiar, que oscila entre la obvia puerilidad de sus protagonistas y los turbios secretos que calla el mundo de la magia. Pero, ¿es un mundo de blancos y negros, de buenos y malos?

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Kamome Shirahama es una mangaka con un gran futuro por delante y que, de momento, ha creado tebeos accesibles y bastante divertidos. Obras que pueden gustar a todo el mundo y con unos mínimos de calidad garantizados. Cierto que lo más destacable sea su arte, que no es poco importante, pero tiene todo el tiempo del mundo aún para escribir y perfeccionar sus historias. Que no son en absoluto malas, pero quizá todavía le falta una miqueta para llegar a la altura de su magnífico dibujo. De todas las maneras, yo no me perdería a esta mujer, os lo digo muy en serio. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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El delicado cultivo de la Iris japonica

Todos tenemos una serie de temáticas y géneros que nos gustan. Solemos disfrutar más con ellos, y por eso mismo tendemos a consumirlos por delante de otros. Es lo más natural del mundo, no hay nada de malo en eso. También ocurre al revés, que ciertos estilos nos fastidian o directamente funcionan como un anestésico para rinocerontes. A mí me sucede con el shôjo, el spokon, el yaoi o el school life. Qué le vamos a hacer. Pero en ocasiones me apetece salir de mi zona de confort, de hecho preciso hacerlo, de otro modo empezaría a agobiarme cosa mala. No, no soy masoquista, pero necesito respirar. No sé cómo explicarlo. Esta disposición tan poco racional me conduce, por ejemplo, a realizar una sección en este blog dedicada a la prehistoria de una demografía que me irrita (Shôjo en primavera) o escribir la entrada de hoy.

Llevo unas cuantas semanas leyendo muchísimo más manga de lo habitual, lo que me ha dado la oportunidad de chapotear en piscinas donde normalmente no meto el pie. Y, en fin, que he acabado haciendo unos cuantos largos la mar de guays. He aprendido un montón y, lo principal, ha sido muy entretenido. También me he jamado varios excrementos de magnitud importante, pero en general ha ayudado a ampliar mis horizontes. No se ha convertido en mi género favorito ni muchísimo menos, sin embargo he descubierto obras que me han emocionado de verdad. Con el título del post creo que está muy claro a lo que hago referencia: el yuri.

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“Ternura” de Isoda Koryûsai circa. 1780

Ya había leído con anterioridad yuri, pero quizá por mala suerte y/o falta de interés en buscar mejor, casi siempre había topado con obras que me aburrían bastante. Claro que había excepciones, pero en general era un género que me resultaba más bien indiferente. Mi perspectiva ha cambiado, claro; y como estoy de buen humor, voy a compartir con vosotros un sucinto listado de los mangas que considero más destacables. Algunos ya los conocía bien, otros han sido auténticos hallazgos. Creo que todos son bastante populares y fáciles de encontrar, lo que hace de ellos una buena introducción para el neófito. Incluyo tebeos de distintas épocas, para de este modo percibir la evolución. Eso sí, desde mi punto de vista. No he leído todas las obras yuri de la galaxia, tampoco soy una experta en el asunto. Simplemente he redescubierto el género y me apetece escribir sobre ello. De todas formas, una pequeña introducción no vendrá nada mal.

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Esta señora tan sonriente es Nobuko Yoshiya en mayo de 1937.

Si se desea observar en retrospectiva con un mínimo de seriedad el género yuri, es inevitable mentar a la escritora Nobuko Yoshiya (1896-1973). Aquí ya hablé de ella un poco, pues su figura es imprescindible para comprender el nacimiento del shôjo y el yuri. Todo hay que decirlo, son dos géneros muy vinculados entre sí. El shôjo desde sus inicios poseyó una vertiente pronunciada lésbica, relacionada con el S Kurasu Esu de comienzos del s. XX. El Takarazuka Revue o las obras de Yoshiya-sensei hacían hincapié en las relaciones platónicas amorosas entre dos chicas; una especie de sororidad romántica senpai-kôhai muy inocente, pero a la vez obviamente homosexual (dôseiai). Eran historias hechas por chicas para chicas. Esto no suponía mayor problema en el contexto social de la era Taishô y albores de la Shôwa, donde además la audacia de las “mujeres modernas” o moga brillaba en todo su esplendor. No era algo de lo que preocuparse, pues se consideraba (y continúa siendo así) una etapa normal a superar que concluía en heteronormatividad: ser esposa y madre. Cierto que el caso particular de Nobuko Yoshiya fue bien distinto y nunca escondió su orientación sexual; pero tanto la mayor parte de sus obras como las que luego llegaría a inspirar en otros, nunca fueron manifiestamente yuri. Todo quedaba circunscrito a un atrevido, pero tolerable, shôjo-ai. La llegada del amor homosexual a los tebeos populares japoneses se hizo esperar hasta la aparición del Grupo del 24. Fueron sus autoras las que abrieron la veda. ¿Sucedió igual con el amor lésbico? En cierta forma sí, ganó en expresividad y su presencia se hizo más rotunda; pero continuó ciñéndose a un ámbito escolar de características idílicas. Tenían muy poco de la vida real. Podríamos decir que se trataba de relatos de amor entre jovencitas dirigidos a lectoras heterosexuales. Esto puede sonar un poco raro en la actualidad, sobre todo cuando existe un sector de público bastante amplio masculino en el yuri, pero así fue al principio, señores.

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Mi querida Utena

Los primeros mangas yuri mostraban casi siempre un dúo activo/pasivo en el que la muchacha enérgica, tomando el rol masculino, adquiría muchas de las particularidades de las otokoyaku del Takarazuka. El rol femenino recaía en personajes delicados, sufridores, casi sin voluntad, y bastante anodinos. Pero eso ya es una observación personal, claro. No puedo evitar rememorar a la insufrible Fiona de Paros no Ken (1986), que la mitad del manga está llorando y la otra siendo víctima de alguna horrible maldad. Muy triste.

Sin embargo, la joven que llevaba las riendas en la relación solía tener mucho de la Sapphire de Ribbon no Kishi (1953). Aceptaba su amor por una persona de su mismo sexo y poseía la determinación de asumir la relación con todas sus consecuencias. Y esas consecuencias solían ser muy, muy trágicas. Toda una heroína. En cambio, su pareja acababa transigiendo para dejar su enamoramiento en una simple fase de la adolescencia. Algo que no podía salir de las paredes del colegio, sin lugar en la sociedad. Una mujer no puede ser un hombre, por lo que amar a otra mujer está mal y acarrea todo tipo de desgracias. Como todos ya sabemos, esa visión devastadora del amor y la feminidad fue virando, y figuras como Haruka Ten’ô (Sailor Urano) o Utena Tenjô relajaron el tema bastante otorgándole naturalidad y una perspectiva más poderosa, acorde a los nuevos tiempos.

No sé si está quedando claro, pero el yuri no es considerado en Japón de temática estrictamente homosexual. Se encuentra en una especie de limbo, entre lo que se es y lo que se aparenta ser. El yuri tiene lugar en la fantasía, no es real; y las historias que cuenta son aceptables porque reflejan el crecimiento personal de las jóvenes… que finaliza en casarse y parir como conejas. Punto. Da igual lo explícito que sea, sobre todo el dirigido al público masculino, cuyo yuri, por otro lado, es muy, muy, pero que muy diferente (fanservice a muerte) del que está enfocado al tramo femenino. No obstante, poco a poco el panorama está cambiando; y numerosas creadoras están aportando al género precisamente esa base de realidad que le ha faltado durante tanto tiempo. El yuri está creciendo delante de nuestras narices, sirviendo de plataforma al mundo lésbico para poder expresarse. En mi opinión era algo muy necesario. No quiero alargarme más, solo apuntar que si estáis interesados en este género y su historia, os recomiendo este vídeo de Erica Friedman así como también su web Okazu. Es una fuente de información inagotable y especializada en yuri, muy bien documentada.

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¡Dale caña, Haruka!

Shiroi Heya no Futari

Ryôko Yamagishi

(1971)

A falta de una obra más temprana, Shiroi Heya no Futari (1971) es considerada de momento la primera obra del género. El primer manga donde aparece de forma explícita una relación amorosa entre dos mujeres. Sin ambigüedades. Ya solo por su valor histórico merece un vistacillo. Además se lee en un suspiro, consta de 4 episodios que fueron presentados en Ribon. Ryôko Yamagishi, miembro del Grupo del 24, creó un tebeo sencillo pero atrevido. Su influencia posterior ha sido descomunal, y no solo dentro del yuri, en el mismo shôjo. Se me ocurre, a bote pronto, la exageración que el celebérrimo Candy Candy (1976) de Yumiko Igarashi y Keiko Nagita le debe, tanto en argumento, recursos o diseño de personajes. Para mear y no echar gota.

La historia en sí está ubicada en un exclusivo colegio femenino francés, donde la rica huérfana Resine de Poisson acude huyendo del desafecto de su familia. Ella es una jovencita frágil y de rizos dorados como una muñeca, cuyo carácter dulce es radicalmente opuesto al de su compañera de habitación, Simone D’Arc. Simone es apasionada y rebelde, sarcástica y con una vida repleta de secretos infortunios. ¿Qué química surgirá entre ellas? Ah, l’amour. Lo mejor sin duda de este cómic es el personaje de Simone D’Arc y el arte de Yamagishi. Probablemente sea mi favorita en ese aspecto del Grupo del 24, quizá porque tengo debilidad por el Modernismo. Por lo demás, Shiroi Heya no Futari no puede sorprender demasiado a un lector del s. XXI, porque a la fuerza ha observado sus mismas variables en cientos de mangas. Mangas posteriores, por supuesto, este fue pionero en su clase. ¿Lo peor? Un guión algo acuoso y un personaje como Resine de Poisson al que dan ganas de estrangular de principio y, sobre todo, al fin.simone1

Claudine…!

Riyoko Ikeda

(1978)

Con Claudine…! (1978) ya se percibió un cambio. Riyoko Ikeda trató el tema de la transexualidad con mucho tacto, haciendo del protagonista de este manga, Claudine de Montesse, una persona creíble y profunda. Se trata de un tebeo emotivo además de muy agradable. Pero no os llevéis a engaño, Claudine…! no examinó la transexualidad desde una óptica realista. Recordemos que el yuri siempre ha trabajado dentro de las fronteras de un mundo idealizado, hermético y/o lejano (en este caso Francia, como sucede también en Shiroi Heya no Futari), así que ni se huelen los enormes problemas que mujeres y hombres de esta condición tenían (y tienen) que padecer.

Claudine de Montesse pertenece a la pequeña nobleza francesa, tiene una belleza radiante, un carácter admirable y gran inteligencia. Es el vivo retrato de su padre, salvo por un detalle: nació mujer. Claudine, desde muy niño, se ha sentido varón; y no ha dudado jamás en expresarlo en su entorno. Solo su madre parece hallar problemas en esto, por lo que decide llevarlo a un psiquiatra. Y son las anotaciones y pensamientos de este médico, que se convierte en su amigo, los que nos guían para conocer la historia de su vida. De esta manera indagaremos en una existencia que, aunque no presenta grandes dificultades, resulta rica a nivel emocional. Porque Claudine…! es simplemente un shôjo de época. Centrado en la vida sentimental del protagonista, muy desgraciada y que, siguiendo las pautas del yuri, acaba en tragedia. El argumento tiene mucho de folletín, una montaña rusa que a veces peca de inverosímil; si bien nada especialmente molesto salvo el asunto de sus novias: son todas idiotas. Si gustó Versailles no Bara (1972), Claudine…! no puede resultar indiferente. Es su hermano pequeño.

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Blue

Kiriko Nananan

(1995)

Mediados de los años 90. Kiriko Nananan le dio una vuelta de tuerca formidable al yuri clásico con Blue (1995). Lo hizo aterrizar desde las nubes tornasoladas del shôjo al patio de recreo de un instituto japonés cualquiera. Duro, vulgar, áspero. ¿Qué sucedería de verdad si dos adolescentes se enamoraran? Welcome to the real world. Pero a pesar de que Nananan decide brindarle a su tebeo la mirada del realismo, no lo hace de forma cruda. Blue pertenece a la nouvelle manga, por lo que tiene mucho de poesía y sutileza. Es una aproximación clara y delicada a la existencia de dos chicas que todavía están aprendiendo a conocerse a sí mismas y al mundo que las rodea. Y no es un proceso sencillo, la adolescencia nunca lo es. En realidad el amor accidental que surge entre ellas es una excelente coartada; son sus circunstancias, sentimientos y la manera de plasmarlos lo verdaderamente esencial de este cómic.

Ellas son Kayako Kirishima y Masami Endô. Van a la misma clase. Endô parece retraída y algo misteriosa, lo que despierta la curiosidad de Kirishima. Endô además estuvo ausente durante bastante tiempo del instituto, coyuntura que el profesorado tampoco evita mencionar para avergonzarla. ¿Qué le pudo suceder? Kirishima se siente muy atraída por Endô, así que decide hacerse su amiga. Y hasta ahí puedo contar, porque la historia no deja de ser un sencillo slice of life. Muy profundo y conmovedor, aunque no bonito. Lo que sí es precioso es su arte, de línea clara y simple, donde el vacío posee un hondo significado. Lo amo. Con muy poco logra transmitir muchísimo: la cuidadosa elección de planos, la elegancia de sus detalles, la esmerada sincronización emocional, la cálida intimidad de su lenguaje corporal… buf. Todo.

Otro manga que comparte ciertas similitudes con Blue, pese a ser bastante más convencional, es Aoi Hana o Flores Azules, que Milky Way tuvo el buen tino de publicar (¡gracias!). Es una preciosidad de tebeo que no me habría importado incluir en esta lista, pero tiene pendiente un Manga vs Anime. Deberá esperar un poquito.

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Honey & Honey

Sachiko Takeuchi

(2007)

Otro salto cuantitativo en el yuri: la aparición de auténticos mangas sobre lesbianismo creados por sus propias protagonistas. Honey & Honey (2007) es un ensayo donde la autora, Sachiko Takeuchi, cuenta de manera abierta y divertida su día a día como mujer homosexual con su novia, Masako. Son 32 capítulos muy cortitos y de lectura rápida, pero que ofrecen gran cantidad de información sustanciosa. Tiene cierta vocación didáctica, quizá para hacer notar que las bellas tríbadas son también personas, ¡quién lo iba a decir!, ¿verdad?, y que trabajan, les gusta salir de compras, ir al cine, sufren de celos, se enamoran, beben cerveza, acuden a conciertos, salen con sus amigos, y un largo etcétera de actividades extrañas. Takeuchi acerca el bian world a todo el que quiera leer su manga; explica su propia vida y las circunstancias más comunes con las que tiene que lidiar. Y lo hace con mucho salero, por cierto. Me parece una manera estupenda de dar visibilidad a todas esas mujeres que no tienen por qué avergonzarse de una orientación sexual que es natural, respetable y legítima. Solo deseo que cunda más el ejemplo.

Honey & Honey es un buen tebeo no ya solo por su intención, sino porque las anécdotas y pequeñas historias que cuenta en cada episodio son relevantes y muy sabrosas. No hay grandes dramas ni aventuras épicas en la vieja Europa; rinde homenaje al espíritu de las tiras cómicas, creando una inmediata complicidad con el lector. Es un manga directo, como su dibujo. Exacto, su dibujo. Desde luego el que espere un estilo tradicional quedará decepcionado. A mí personalmente me encanta ese aire infantil y esquemático, resulta perfecto para sus historias y le da una expresividad única. La elección de utilizar color muy acertada también. En resumen, Honey & Honey es una obra redondita y fragante como un melocotón, yo no me la perdería.

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Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report

Kabi Nagata

(2016)

A través de la plataforma CuriousCat me llegó una pregunta sobre este manga. Se puede decir que ha sido uno de los detonantes para escribir la presente entrada, por lo que os animo a que sigáis metiendo caña en el GatoCurioso,  ya que me viene genial para la inspiración.

Empecé a leer Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report (2016) o Mi experiencia lésbica con la soledad en septiembre, y estoy a la espera de que suban los dos últimos capítulos. Es harto improbable que lo vea publicado en España, pero Seven Seas afortunadamente lo ha licenciado, así que este verano que viene caerá a la saca sí o sí. No conocía de nada a la autora, Kabi Nagata, y creo que ha sido todo un descubrimiento.

Como Honey & Honey, se trata de un tebeo autobiográfico; y aunque comparte algunas similitudes como el slice of life y cierto tono humorístico, son muy diferentes. Mi experiencia lésbica con la soledad es, a pesar de las metáforas y su lenguaje ligero, una historia bastante descarnada. Es genial cómo Nagata sortea el rol de víctima y el lógico drama que implica, para centrarse simplemente en el autoanálisis. Este cómic es una puerta abierta no solo a su vida como mujer soltera lesbiana, sino a sus procesos mentales, dolencias y pensamientos. Muy cerebral todo. A través de ellos refleja muy bien ese excesivo pudor japonés en las relaciones humanas, esa obsesión por las formas que impide que las personas expresen su propia individualidad, sus emociones. Y aquellos que por un motivo u otro son “distintos”, sufren especialmente de incomprensión y aislamiento. Es la contrapartida a Honey & Honey, un relato de reclusión, tristeza y enfermedad; pero también de superación y búsqueda, aunque conduzca a puertos insólitos.

Viendo la situación como está, y que en el resto del planeta no resulta tampoco mucho mejor, mangas como Honey & Honey y este Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report son importantes. Tratan la materia con naturalidad y franqueza, sin necesidad de señuelos porque sus narraciones son por ellas mismas adictivas y muy amenas.

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Beloved

Jaeliu

(2016)

Y quería cerrar este mini-inventario con una obra también contemporánea, pero esta vez no desde Japón, sino Pekín. Este manhua de la creadora Jaeliu no ha finalizado, y lo estoy siguiendo por puro enganche. Estuve a punto de abandonarlo, pero ESEDIBUJOSEÑORESJODER me absorbió totalmente. Magnífico.

La historia es típica y tópica, nada que no se haya visto ya miles de veces en cualquier josei de andar por casa, pero que desde una óptica lésbica adquiere un frescor inaudito. Y ese arte, ¿lo he dicho ya?, DIOSMÍODIOSMÍODIOSMÍO. Beloved (2016) es una historia de amor y sexo normal y corriente, pero además de profundidad poco habitual. Propone cuestiones interesantes y el tratamiento de los sentimientos es grácil y perspicaz. Si ha gustado, por ejemplo, el estupendo Sorano y Hara (2009) que Tomodomo publicó este pasado verano (¡gracias!), Beloved no puede decepcionar. Al menos hasta el episodio 10, después ya veremos.

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¿Seguís vivos? ¿Habéis llegado hasta aquí? Bien, me alegro, camaradas otacos. Tengo muchas ganas de hincarle el colmillo a Hana Monogatari (2013) de Mari Ozawa, pero me temo que tardará muchísimo en llegar a mi plato. Ains. Comentario random para finalizar la entrada. Je. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

Peticiones estivales

Peticiones estivales: Inio Asano

Proseguimos con vuestras sugerencias para el verano, y esta vez toca uno de los autores más interesantes del panorama del manga actual. Además posee un público entregado y numeroso (en el que me incluyo), que sabe apreciar ese carácter suyo tan grunge. Gabriela Ip desde facebook me pedía que escribiera sobre Oyasumi Punpun (2007-2013) o cualquier otra obra de Asano. Como me has dado a elegir, querida Gabriela, he preferido centrar mi atención en algunos one-shots que ha publicado este mozo. No es que Oyasumi Punpun me parezca mal manga, todo lo contrario, de hecho lo amo; pero me he inclinado hacia obras no tan densas y más fáciles de digerir. Es veranito por estos lares y tampoco quiero ponerme muy pesada. Ya tengo de por sí una tendencia desgraciada a meter chapas letárgicas, y no quiero hacerme más aburrida de lo habitual. Creo que estos yomikiri, que tienen también su intríngulis (es Asano, qué carajo), brindarán más dinamismo a la entrada sin necesidad de dormiros.

He seleccionado 6 en total y, aunque son puro Asano todos, los registros son bastante diferentes unos de otros. También la calidad es variable, no obstante ninguno de ellos es una bosta, y merecen una lectura atenta. Tanto si conoces ya la obra del autor como si quieres arrojarte por primera vez a sus precipicios, resultan una buena opción.

Funwari Otoko (2016)

A gentle man o Funwari Otoko es realmente cortito, 14 páginas. Es un manga promocionado por una marca de shôchû llamada Funwariy como impulsor de él, tiene una pequeña presencia en la historia. ¿Es publicidad? Sí, claro, pero Asano lo maneja de forma tan natural que no se percibe como propaganda en sí. El producto en cuestión está bien incrustado en el argumento, no acapara protagonismo ni molesta. Aclarado este primer tema que puede suscitar cierto recelo (antes de leerlo yo también me encontraba algo suspicaz, lo admito), vayamos con el one-shot en cuestión.

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La protagonista es una treintañera típica japonesa y con un carácter algo cínico, que se refugia en el trabajo para olvidarse de todo y llenar el vacío que siente. Vamos, una chica normal de su edad, viviendo sola en la gran ciudad y que ha sufrido unos cuantos desengaños… aunque no los suficientes para que la colme la amargura. Tiene una tendencia muy graciosa, con la que me identifico totalmente, de sobreanalizar las cosas en milésimas de segundo además. Aunque en el caso de la joven, ella confía en sus impulsos y da un paso adelante… y yo me habría hecho los 100 metros lisos en dirección opuesta al sujeto en un tiempo récord. Porque, como deduciréis, el chico de la ilustración está interesado en Nori, que así se llama la moza. O eso parece.

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Como se trata de un yomikiri tan escueto, no puedo contaros mucho más, pero su sencillez no implica una historia imbécil. Asano es un maestro a la hora de plasmar las emociones humanas con habilidad, incluso las más complejas, y lo consigue en esta docena de páginas con originalidad y solvencia. No va a cambiar el rumbo del planeta, pero es un tebeo tierno y que no deja mal sabor de boca. Asano está bastante comedido y el arte es estupendo. Creo que es casi imposible que este hombre dibuje algo mal, no obstante.

Bakemono Recchan (2015)

Bakemono Recchan contiene ciertos guiños a Oyasumi Punpun, pero es un manga bastante distinto. Ambientado en un instituto, cuenta las vivencias de Antô-san, a la que todos llaman cariñosamente Recchan. Ella no es una estudiante más, es una chica con cara de monstruo. Es retraída pero de corazón noble; y en vez de sufrir la habitual marginación con su ulterior acoso escolar, Recchan es como una especie de mascota de la clase. Todo el mundo la adora y ensalza de manera exagerada y sin motivo; hacen de su deformidad un símbolo, como si no existiera incluso. Pero la delegada de su clase, Nakajima-san, ni piensa ni opina igual. ¿Es envidia? ¿Es repugnancia por la actitud gazmoña de los alumnos? Pues, como sucede en la vida, una mezcla de ambas.

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Me ha gustado mucho este manga y cómo Asano juguetea con la corrección política, que en Japón es salvaje, para tachar de hipócrita a todo un instituto. O a una nación. Se mueve entre dilemas morales muy peliagudos, porque trata el tema de la discriminación de forma bastante cruda. Recchan es un bakemono, un monstruo; es algo que no se puede negar, que es lo que sus compañeros no aceptan. Y cuando se comporta como tal, le dan la espalda. Asano nos habla de la importancia de la honestidad, pero que tampoco tendría que estar reñida con la compasión y la tolerancia. Un poco como La Metamorfosis de Kafka, pero al revés. Interesante.

Himawari (2010)

Este one-shot está incluido en el primer art-book publicado por Asano: Ctrl+T 浅野 いにお WORKS. No he tenido la oportunidad de ver ese volumen ni sus contenidos, salvo este relato y otro más, Haruyo Koi, que es un pequeño cuento en el mundo de Solanin.

Himawari o Girasol tiene mucho de Nijigahara Holograph. Esa estructura no-lineal, totalmente dependiente de las emociones del protagonista; el desglose de información errático pero eficiente; la fuerte carga simbólica, que desperdiga sus semillas de forma aparentemente aleatoria (pero no); y una tragedia como desencadenante del cataclismo personal del protagonista. Me gustaría escribir algo más sobre Himawari, pero me temo que tanto por la propia naturaleza del relato como por su extensión, no puedo hacer mucho más. Y creo que hasta me he pasado con lo que ya he puesto.

girasol

Las temáticas que se tocan son, por supuesto, la culpabilidad, el sexo y también la autodestrucción. El aislamiento y la eterna sensación de no encajar, de no ser nunca suficiente. Muy en su línea Asano. Es un manga que, como le sucede a Nijigahara Holograph, hay que leer un par de veces, con la ventaja de que no es tan complicado ni enrevesado como este último. Aunque, achtung meine freunde! según qué traducción leáis, puede resultar un tebeo bastante confuso, que es lo que le faltaba a la historia. Advertidos quedáis.

Kinoko Takenoko (2013)

Es muy evidente la influencia del querido Shigeru Mizuki y su imprescindible Onward towards our noble deaths (1973) en este one-shot. Hace unos meses dije que escribiría una reseña sobre él, y todavía no lo he hecho. Shame on me! Pero lo tengo en mente desde hace tiempo, no lo voy a olvidar tan fácilmente. Regresando a Kinoko Takenoko, como bien deduciréis, se trata de un manga bélico. Pero estamos hablando de Asano, por lo que no será un tebeo al uso del género. Para empezar, la contienda tiene lugar en un lugar impreciso del planeta. Podría ser una guerra entre Japón y China (aunque parecen dos naciones continentales), por ejemplo, pero está claro que Asano plasma muy bien esa égida militarista y totalitaria que exacerba en una población que ya está sufriendo las consecuencias directas del conflicto, un sentimiento de ultranacionalismo cegador. El odio irracional hacia el enemigo, al que no se considera ni humano, el patrioterismo, el orgullo casi racista, la manipulación ideológica… no hace falta ser un historiador especializado en Asia Oriental para ver que Asano se inspiró en su propio país, en el kokka shugi de la era Shôwa, pre-Segunda Guerra Mundial. Tampoco hay que olvidar que actualmente en las islas existen movimientos políticos afines a ese fascismo japonés: los uyoku dantai.

shigerumizuki

El argumento tiene de protagonistas a dos adolescentes pacifistas, que observan con estupor cómo la guerra, a través del miedo y el fanatismo, deforma el mundo que los rodea. El chico, armado con su teléfono móvil, quiere dejar registrada para la posteridad la enorme estupidez del ser humano. Es un defensor a ultranza de la vida, incluso llegaría a entregar la suya por salvar otra. Pero la guerra es cruel, y pone a prueba los límites de las convicciones más nobles y arraigadas con suma facilidad.

Inio Chan’s cool Japan (2015)

No sé mucho de este cómic, salvo que Asano lo escribió para la web de Big Comic Spirits. Tampoco cuál era el contexto. Es muy, muy corto, y por eso me gustaría pensar que está concebido para formar parte de una serie de varios yomikiri, donde el autor nos brindaría retazos de su particular visión de Japón. Pero creo que no es así.

Asano da un repaso bastante sarcástico, pero a la vez cariñoso, a ese Japón decadente que se encuentra en las zonas rurales. Es un hecho que se están quedando despobladas, y su pequeña producción industrial, artesanal y agrícola se encuentra agonizando. Todo el mundo quiere vivir en los grandes núcleos urbanos, donde existen más oportunidades de medrar. Y esto es lo que nos muestra el autor, una mini-visita turística a uno de esos pueblos anodinos de pasado floreciente, y que ahora no lo es tanto. Para ello se sirve de la caricatura y el absurdo, donde se mete caña hasta a sí mismo.

marimokkori

Como ya he comentado, si formara parte de algo más amplio, lo podría encontrar más atrayente. En solitario es divertido, aunque precisa de unas mínimas nociones sobre el país para captar mejor las ironías. Pero poco más. Sería muy interesante que Asano publicara periódicamente más visiones suyas sobre el Japón molón, la verdad, pero me temo que me quedaré con las ganas y este Inio Chan’s cool Japan se quede solo en una anécdota curiosa, pero olvidable.

New Year’s Eve (2012)

Fumar es muy malo, niños y niñas, no lo hagáis nunca.

Tras la advertencia, este New Year’s Eve fue incluido en el recopilatorio Cigarette Anthology (2012-2013), donde también colaboraron gente como Natsume Ono, Fumiko Fumi o Shinichi Sugimura. Son one-shots que comparten el tabaco como nexo común. Este de Inio Asano, honestamente, me ha dejado un poco fría. Quizá es que el tema lolita no lo llevo muy bien, pero aun así creo que está llevado con sutileza y, como no es largo, no chapotea en barrizales. Más bien al contrario.

Durante la reunión familiar de todos los años por Año Nuevo, nuestra protagonista está algo disgustada porque su tío favorito solo puede estar con ellos unas horas. Al día siguiente tiene que volar a Sri Lanka por cuestiones laborales. Secchan además está algo de bajona ante el mundo adulto que hace poco ha abierto sus puertas ante ella: novio formal y responsable, ir a la universidad en Tokio, descubrir que su tío tiene pareja, etc. ¿Qué puede hacer si continúa añorando la infancia? Pues lo que nos cuenta Asano, eso hace.

pants

Estoy teniendo una racha majeta de publicar entradas, pero no os penséis que soy una especie de fenómeno, tan solo estoy finalizando unos de tantos borradores que tengo a medio escribir. Son todos nuevos, porque los más antiguos me dan un perezón horrible… AY. Pero irán cayendo, claro que sí.

Por cierto, la semana que viene el blog cumple 2 años. ¡Cómo pasa el tiempo! No tengo nada planeado para celebrarlo, como la prota de New Year’s Eve, me encuentro bastante apática. Creo que mientras los pocos lectores que me acompañáis sigáis conmigo, me doy por satisfecha completamente. Y eso ha sido todo por hoy. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga, paja mental

Niimurae Metamorphoseon

Antes debería haber hecho esta reseña… pero como soy un poco (bastante) tarambana, se me ha ido pasando de manera imperdonable. Cuando salió publicado Henshin, lo compré inmediatamente y absorbí cual esponja. Tenía además muchas ganas de que Niimura me lo firmara porque oportunidades iba a tener, pero las circunstancias no me acompañaron en absoluto. Cuando pasó por mi ciudad me encontraba en Vietnam (con un brote de sarpullidos apocalípticos debo añadir, PUTO CALOR); y la siguiente ocasión más o menos factible, que habría sido en el Salón del Manga de Barcelona (aunque creo que no firmaba libros), andaba esos días de conciertos hasta las cejas. La frustración que he generado por ello ha sido de dimensiones ciclópeas. Pero ya me resarciré, ya… algún día, espero. Por cierto, lamento el titulaco de la entrada, pero es que los de clásicas somos un poquito asín. No es que se me haya ido el perol ya de manera absoluta (que podría ser también); Henshin significa transformación y he aquí que mi cabecita repleta de conocimientos inútiles, lo ha relacionado con otras metamorfosis más antiguas, las de Ovidio o Apuleyo.

Esta es mi gata Isis que tiene la curiosa costumbre de abrazar libros y mearse en mi cama cuando tardo en cambiarle la arena
Esta es mi amiga Isis que tiene la curiosa costumbre de abrazar libros y mearse en mi cama cuando tardo en cambiarle la arena. También le gusta cazar palomas y desparramar las hojas de té por toda la casa.

Henshin, que no es la primera obra ni muchísimo menos de este autor, es uno de mis mangas favoritos de este pasado 2014. Y sí, es un manga. De cabo a rabo, aunque el arte pueda despistar a algunos. Se trata de un volumen que compila diferentes relatos autoconclusivos e independientes entre sí; cada uno de ellos con un final bastante despejado. Son como pequeños fragmentos en movimiento de la vida de sus protagonistas, extirpados con pulcritud y formando un mosaico dispar con el nexo común de la especial mirada de Niimura. Y esa visión, aunque las historias tengan un aroma inequívocamente nipón, es occidental; lo que ofrece un análisis del país aguzado y sereno.

Las temáticas que se tratan son muy variadas; hay algo de autobiografía, realismo mágico, slice of life, super-héroes, qué sé yo. Heterogéneo a tope; algunas historias son muy divertidas, otras introspectivas, unas sorprenden y otras son crueles. Hay vituperios muy elegantes xD a la sociedad japonesa (Las mentiras están más que vetadas), poesía sin necesidad de palabras (La primera nevada) o reflexiones bastante duras (Merci). Las pinceladas escatológicas sueltas, por ejemplo, me encantan, pero es que soy un poco soez yo en el fondo. En general son cuentos muy cercanos con un poso de ternura en los que es fácil sumergirse a pesar (y no es pesar, en realidad es virtud) de su sencillez formal. En escasas páginas y a veces sin casi letra, Niimura bosqueja con precisión sus cuentos y personajes. Toda una hazaña.

Henshin

Hay mucha capacidad de observación y sensibilidad en Niimura, está claro; ha creado una obra sutil pero muy directa también. Henshin es a ratos candoroso y a ratos insolente, pero de lectura espiritosa sin duda.

El dibujo, nada que ver con el estilo convencional de los mangas comerciales, es AMOR. Adoro esos trazos aparentemente desmañados, infantiles; pero concisos, dinámicos y muy elocuentes. Parece que vayan a saltar de las páginas; hay viveza y frescura. También tengo claro que este manga no es para todo el mundo, aunque en general resulte completamente accesible. Solo prejuicios muy arraigados pueden impedir disfrutar de este tebeo. Como diría mi querida mamá, c’est trop bien, trop génial! Y eso. Que muy bien este manga, coño, que lo leáis.

Para los que quieran más información: los capítulos de Henshin se fueron publicando inicialmente en Ikki, perteneciente a Shogakukan. Para un mangaka no nacido en Japón eso es una proeza casi inconcebible, pero aquí tenemos a Ken Niimura que lo ha logrado para alegría de todos. ¡Buen trabajo, chavalote!

henshin2

Podría haber hecho una entrada más larga, pero son más de una docena de relatos, cada uno el esbozo de un diminuto universo contenido, y habría sido alargar el tema de manera innecesaria. Lo que se debe hacer con Henshin es gozar, esta mini-reseña es más que suficiente para presentar la obra.

Y sí, lo habéis adivinado: me voy a dormir. Buenos días.