anime, paja mental

Miyu

 吸血姫美

miyu5 Kyûketsuhime Miyu es uno de los primeros animes de terror que vi.

El primero en realidad fue una adaptación de Toei del Tomb of Dracula de Marvel, que pusieron unas navidades por la tele y del cual tengo recuerdos confusos (y bastante traumáticos, añado), más que nada porque todavía llevaba chupete.

Pero volviendo a Miyu, fueron cuatro OVAS que me pusieron luego el listón muy alto. Idiota de mí, creía que todas las creaciones japonesas sobre chupasangres del manganime serían del estilo. Por supuesto, no tenía ni puta idea todavía de las absolutas guarrerías que eran capaces de producir los nipones… cosas tan indignantes como Vampire Knight, o Mitsu-Aji Blood, por poner un par de ejemplos.

El vampiro, como tal, no existía en el exuberante universo folclórico-religioso japonés hasta que se incorporó a su imaginario colectivo a través del cine, ya entrado el s. XX. Obviamente, sí que tenían en su repertorio monstruos varios que poseían características vampíricas, como los kyonshî (adaptación en realidad del jiangshi chino), cadáveres andantes que absorben el qi o fuerza vital; los jikininki, espectros (yûrei) hambrientos que se alimentan de cadáveres (cercanos a la figura del gul árabe); los kappa, yôkai acuáticos a medio camino entre un anfibio y un reptil que, entre otras lindezas, devoran los intestinos de sus víctimas y beben su sangre; los rokurokubi, con apariencia humana pero que llegada la noche, alargan sus cuellos hasta alcanzar longitudes grotescas, pudiendo llegar a atacar al hombre devorándolo y chupando su sangre; los nukekubi, una variante de rokurokubi que en vez de alargar su cuello, es la cabeza la que se desprende del cuerpo y vuela libremente mordiendo a diestro y siniestro; los bakeneko, gatos sobrenaturales que cazan, drenan humanos y tienen también ciertas habilidades para manipular y resucitar difuntos; y muchos más que no recuerdo/conozco.

Rokurobuki del "Libro ilustrado de monstruos japoneses" de Gôjin Ishihara (1972)
Rokurokubi del “Libro ilustrado de monstruos japoneses” de Gôjin Ishihara (1972)

Al vampiro de tipo occidental se le llama kyûketsuki y se ha empapado, lógicamente, de las características del opulento folclore sobrenatural japonés, otorgándole matices y peculiaridades propias. Ese es el caso de Kyûketsuhime Miyu, también conocido como Vampire Princess Miyu, que salió a la luz en 1988 primero como manga (finalizando en 2002) y semanas después como cuatro OVAS.  Posteriormente en 1997 se realizó una serie de 26 capítulos con ese material, de la que quizás escriba en otra ocasión. Hoy me voy a centrar en esos 120 minutos de finales de los años 80 que tanto me gustaron… y que me siguen pareciendo una jodida maravilla.

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Miyu (las OVAS) es uno de mis imprescindibles, un clásico. Es probable que para un fan del anime actual se perciba como una anormalidad de arte ligeramente obsoleto (estamos hablando del año 1988), pero en general ha aguantado bien el paso del tiempo. Es una obra sutil y delicada; un cuento gótico a la vieja usanza pero impregnado de la afilada sensibilidad japonesa. No existe una visión maniquea en las historias, sino que la gradación de grises alcanza a todos sus personajes y la melancolía, sin llegar a ser pesadumbre, crea una atmósfera única. Mushishi tiene mucho de ese ambiente, salvando ciertas distancias. El acabado es de una belleza enigmática y feroz. miyu6 Miyu es una muchacha de naturaleza vampírica que cumple la misión de buscar y encontrar a los shinma (asimilables a los yôkai), dioses-demonios que se ocultan entre los humanos, parasitándolos. Miyu, como la Guardiana, a pesar de ser ella misma un shinma, los obliga con su poder a regresar al lugar que pertenecen, la Oscuridad. Se hace acompañar de Larva, un shinma de Occidente habitualmente oculto tras una máscara.

Esa sería una posible sinopsis, tanto para el manga, las OVAS y la serie de TV; aunque existen diferencias significativas entre los tres. En las OVAS aparece el personaje de la médium y exorcista Himiko Se, que es el hilo conductor en los cuatro relatos. Tienen lugar en dos ciudades de importancia trascendental en la historia del Japón medieval: Kioto y Kamakura. La creadora de Miyu, Narumi Kakinôchi, escoge esas localizaciones para enfatizar el aire tradicional de la serie, representada por los shinma; y que contrasta con la naturaleza mundana y contemporánea de los humanos. Himiko Se, como humana pero a la vez espiritista, refleja esa dualidad existente en Japón, esa coexistencia de lo moderno y lo antiguo, sus contradicciones e incertidumbres. La música está infestada de armonías y cadencias del fantástico teatro Nô. El ritmo con el que se desarrollan las historias es mesurado pero vehemente: Miyu es una obra muy, pero que muy japonesa. También es ochentera de la muerte… hija de su tiempo. miyu10 A lo largo de las cuatro OVAS, en las que se nos narra un acontecimiento diferente de índole sobrenatural, se van desvelando con serenidad los secretos y circunstancias de Miyu. La personalidad de esta, misteriosa y aparentemente cruel, confunde y turba tanto a Himiko Se como al espectador inquieto; pero lentamente se va revelando en realidad saturada de una compasión triste.

OVA 1

Kioto fantasmal  妖の都

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Una acaudalada familia solicita los servicios de Himiko Se para que ayude a la pequeña Aiko a salir de sesenta días de inconsciencia. Los médicos se han dado por vencidos; creen que pueda estar poseída, que es lo que, a pesar de su propia sorpresa, Himiko confirma. Himiko es una terrible escéptica que se verá luego arrollada por el peso de las certezas. Al mismo tiempo, en esa misma zona, están ocurriendo una serie de asesinatos, al parecer cometidos por un vampiro… Esa es la primera toma de contacto entre la médium y Miyu; que estará colmada por la desconfianza, la burla y, finalmente, el miedo y la amargura.

OVA 2

Festín de marionetas 繰の宴

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El adolescente Kei se ha enamorado de un shinma que le ha prometido la inmortalidad. Miyu, que se ha encaprichado también del chico, encuentra muy oportuno el tener que enviar a la Oscuridad a este demonio. Pero sus intereses tropiezan con los de Himiko, que ha sido contratada para encontrar a una jovencita desaparecida, probablemente convertida en una muñeca (ichimatsu ningyou). En este cuento se trabaja una de las temáticas preferidas del folclore japonés: el amor imposible entre humanos-entes sobrenaturales y sus inevitables desdichas. Los recelos hacia Miyu por parte de Himiko se acrecentan al observar sus celos y actitud interesada, mutando paulatinamente de suspicacia a obsesión.

OVA 3

Frágil armadura 脆き鎧

miyu3 La relación entre Himiko y Miyu se profundiza en este capítulo, donde la princesa vampiro le pide ayuda para liberar a su sirviente, Larva, que ha sido secuestrado. De nuevo se plasma la incompatibilidad de una hipotética convivencia entre shinma y humanos, donde estos últimos tienen siempre todas las de perder; afianzando la idea de que el deber de Miyu es forzoso by all means necessary. El retrato de Miyu se va completando: su insensibilidad y egoísmo brillan en todo su apogeo. Quizás se trate de la más floja de las cuatro OVAS, pero aún así sigue manteniendo un nivel alto y se desvelan datos interesantes sobre Larva.

OVA 4

Tiempo detenido 凍る刻

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Himiko regresa a Kamakura, donde pasó parte de su niñez, para confirmar si una experiencia capital que tuvo fue un sueño o no. En esta última OVA se esclarece el vínculo original entre Himiko y Miyu. Es un relato implacable que especula sobre las nociones del deber, el destino, la vida eterna y el sentimiento de culpa. Se muestra por fin el pasado de Miyu como humana y su conversión a Guardiana de los shinma.

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Estas OVAS son los trazos meridianos de una fábula compleja y hermosa; y son más que suficientes para poder disfrutar. Apunte: huir como de la peste de las versiones dobladas, son todas atroces. Si se tiene más curiosidad o desea ahondar en esta obra, advertir que el manga es lo adecuado. La serie de TV carece del refinamiento y calado de las OVAS, camina por derroteros distintos e introduce otro tipo de variables ubicadas en el terreno del shoujo; aunque no es mal producto, sí es más convencional en todos los aspectos.

Me largo a dormir. Buenos días.