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Calabaza, mahonesa y Kiriko Nananan

Kiriko Nananan es una autora que me encanta, en los 90 publicó unos cuantos mangas que ayudaron a modelar el josei, y la podemos considerar una imprescindible de la demografía. Quizá no sea especialmente conocida entre la otaquería, pero los lectores que llevamos en esto ya un tiempecito sabemos perfectamente quién es y cómo de maravilloso es su trabajo. Así que hoy os invito a que la conozcáis un poco más si es que no os habéis atrevido todavía con ella, y si ya sabéis de sus andanzas, que disfrutéis igualmente de la lectura.

En la entrada que dediqué al yuri, escogí su inmenso e indispensable Blue (1995) como uno de los mangas más importantes del género, y en ese momento ya pensé que le debía una entrada en condiciones a Kiriko Nananan. Y henos aquí. He elegido como primera reseña de una obra suya (en el futuro vendrán más) un tebeo cortito, de apenas 10 episodios y que salió a la luz en 1998: Kabocha to mayonnaise. Se trata de un pequeño manga que considero puede ser una buena presentación a su manera tan personal e introspectiva de afrontar las historias. El año pasado se estrenó su live action, que no he tenido la oportunidad de ver todavía, pero dudo que esté a la altura del cómic. De hecho soy de la firme opinión de que las creaciones de Nananan son imposibles de trasladar al cine con justicia. Sería necesario un auténtico Maestro, porque su genial poesía de lo cotidiano se disuelve indefectiblemente en el color y movimiento de lo prosaico.

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No tengo intenciones de escribir una reseña eterna como suele ser habitual en SOnC. Sería un homenaje poco apropiado por mi parte al estilo elegante y minimalista de Nananan, que es una ferviente seguidora del menos es más. Sin embargo, tampoco la mangaka escatima en riqueza conceptual y psicológica, que no deja de resultar el esperado contraste. De todas formas, como artista miembro de la Nouvelle Manga no podía sospecharse algo diferente.

Kabocha to mayonnaise es un josei que se aparta de la corriente principal comercial. No hay comedia, no hay melodrama. No es un tebeo sobre mujeres solteras de clase media que sufren las consabidas inquietudes sentimentales por no encontrar novio o marido. No es un manga de entorno idealizado ni es un cómic amable. Kabocha to mayonnaise es un retrato diáfano de la mujer joven japonesa, sin adornos de ningún tipo. Crudo y simple. Pero no por ello menos hermoso. Y severo. La posición femenina en la sociedad nipona en los 90 no era muy buena, y Nananan la refleja perfectamente con una sencillez pasmosa.

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Kiriko Nananan nos introduce en la vida de Miho Tsuchida, una mujer en la veintena que comparte piso con su pareja, Sei, un músico desempleado. Son apaciblemente felices, aunque Miho añore a veces a Hagio, un viejo amor. Ella hace todo lo que puede por salir adelante y mantenerlos a ambos, además de hacerse cargo de las labores de la casa. Como el empleo que tiene en una tienda de ropa no es suficiente, decide empezar a trabajar como hostess en un bar, actividad que le desagrada bastante; y la acuciante necesidad de dinero la arrastra finalmente a prostituirse. Mientras, Sei se encuentra muy desanimado porque parece que su carrera musical no acaba de despegar y, completamente apático, se dedica a dormitar y dejar la vida pasar. Pero un día descubre los empleos complementarios de Miho, y ella a su vez se reencuentra con su antiguo novio. La relación entre ellos cambia como de la noche al día en sus cabezas, pero en el exterior todo parece… normal. ¿Qué sucederá?

Kabocha to mayonnaise toca un tema muy recurrente en la cultura japonesa, que es el del sacrificio de la felicidad femenina para favorecer la de un hombre desagradecido. El director Kenji Mizoguchi también trabajó en profundidad esta materia a lo largo de su carrera cinematográfica, y resulta bastante apropiado relacionar a Nananan con Mizoguchi porque ambos comparten esa visión delicada, poética y extremadamente elegante del arte. La belleza de la línea solitaria y el vacío. Ambos no titubean a la hora de plasmar la injusticia social que supone que la mujer deba renunciar a sus propios deseos para dedicarse con devoción al varón. Y en el manga queda expresado continuamente con naturalidad, porque se considera normal que la mujer deba servir al hombre a costa incluso de ella misma.

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Esos son los roles tradicionales establecidos en la sociedad japonesa, por eso Sei no cree, inicialmente, que la situación en la que están sumidos sea anómala. No percibe los límites que ha alcanzado la abnegación de Miho hasta que tiene literalmente en sus manos la evidencia. Y a ella, aunque en ocasiones la asalta la ira, el sentimiento que la consume en el fondo es la culpabilidad. Culpable por enfadarse con Sei porque no la ayuda en casa, culpable porque tiene que acostarse con un desconocido para ganar más dinero, culpable porque no puede olvidar a Hagio y quiere volver con él, culpable porque no logra lo que la sociedad exige de ella: casarse y tener hijos.

Miho, como muchas mujeres niponas, ha sido educada para que su vida gire en torno a su pareja. Encontrar el amor, a su príncipe azul, y vivir juntos para siempre jamás. De esta forma termina desarrollando siempre una dependencia enfermiza hacia su novio, en el que deposita todas las esperanzas de su felicidad, y por quien es capaz de sacrificarlo todo. Y él acepta su inmolación, porque es lo que se espera que la mujer haga. Esta sociedad en la que gran parte de la población se encuentra tarada emocionalmente, Nananan la estampa muy bien en Kabocha to mayonnaise. Con gran sutileza y sin aspavientos, a través de la historia sencilla y cotidiana de una pareja joven. Los personajes secundarios, aunque no tan bien perfilados como Miho, son un  buen marco que ayuda a contextualizar sus reflexiones, los motivos que la llevan a naufragar una y otra vez, sin que ella siquiera sea consciente de ellos. Le resulta menos doloroso pensar que es un problema de compatibilidad entre grupos sanguíneos.

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Kabocha to mayonnaise es un diálogo íntimo que engarza los pensamientos de su protagonista como un rosario de perlas fascinantes y totalmente imperfectas. Ante lo que Nananan va desgranando viñeta a viñeta, lo más fácil sería juzgar las acciones de Miho. Ella lo hace consigo misma además. Lo más cómodo es hacer una lectura superficial de la historia y condenar a los personajes, sobre todo a Tsuchida. Pero la mangaka, silenciosamente, nos desafía a ir más allá del acostumbrado muro de misoginia. Otro asunto es que el lector decida recoger el guante, claro. Y es cuando se acepta el reto que este manga comienza a entenderse de otra manera. Es entonces cuando podemos comprender y empatizar con los pensamientos y acciones de unos personajes enredados en sus propias trampas.  Algunos son capaces de liberarse, otros no.

Kabocha to mayonnaise va dirigido a una audiencia adulta y es un manga serio. No busca entretener, su objetivo no es divertir, sino contar su historia. Una historia bastante común, hasta vulgar, que plasma el día a día de millones de japoneses, y los dilemas que deben enfrentar respecto al rumbo de sus vidas. Y la sociedad en la que viven no les ofrece demasiadas alternativas, tampoco muchos son capaces de vislumbrar algo más allá del paraguas de la educación recibida. Por lo que la lectura de este tebeo puede atragantarse a pesar de su lirismo; es un cómic realista y bastante duro, aunque de una manera dulce y gélida a la vez.

nan2¿Lo recomiendo? Sí, desde luego. No posee la brillantez de Blue o la variedad emocional de Itaitashii Love (1995), del que tengo pensado escribir en breve; sin embargo, aunque se trata de un manga opresivo que refleja muy bien el callejón sin salida que resultaba (¿resulta?) ser mujer en Japón, se las apaña muy requetebién para encender la empatía del lector. No obstante, hay que tener en cuenta que es una obra que se aleja de los parámetros del manga comercial. Aun así, Kabocha to mayonnaise resulta accesible y fácil de leer aunque no tanto de comprender, sobre todo si no se posee cierta madurez emocional. Pero merece la pena totalmente echarle un vistazo. O dos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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El delicado cultivo de la Iris japonica

Todos tenemos una serie de temáticas y géneros que nos gustan. Solemos disfrutar más con ellos, y por eso mismo tendemos a consumirlos por delante de otros. Es lo más natural del mundo, no hay nada de malo en eso. También ocurre al revés, que ciertos estilos nos fastidian o directamente funcionan como un anestésico para rinocerontes. A mí me sucede con el shôjo, el spokon, el yaoi o el school life. Qué le vamos a hacer. Pero en ocasiones me apetece salir de mi zona de confort, de hecho preciso hacerlo, de otro modo empezaría a agobiarme cosa mala. No, no soy masoquista, pero necesito respirar. No sé cómo explicarlo. Esta disposición tan poco racional me conduce, por ejemplo, a realizar una sección en este blog dedicada a la prehistoria de una demografía que me irrita (Shôjo en primavera) o escribir la entrada de hoy.

Llevo unas cuantas semanas leyendo muchísimo más manga de lo habitual, lo que me ha dado la oportunidad de chapotear en piscinas donde normalmente no meto el pie. Y, en fin, que he acabado haciendo unos cuantos largos la mar de guays. He aprendido un montón y, lo principal, ha sido muy entretenido. También me he jamado varios excrementos de magnitud importante, pero en general ha ayudado a ampliar mis horizontes. No se ha convertido en mi género favorito ni muchísimo menos, sin embargo he descubierto obras que me han emocionado de verdad. Con el título del post creo que está muy claro a lo que hago referencia: el yuri.

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“Ternura” de Isoda Koryûsai circa. 1780

Ya había leído con anterioridad yuri, pero quizá por mala suerte y/o falta de interés en buscar mejor, casi siempre había topado con obras que me aburrían bastante. Claro que había excepciones, pero en general era un género que me resultaba más bien indiferente. Mi perspectiva ha cambiado, claro; y como estoy de buen humor, voy a compartir con vosotros un sucinto listado de los mangas que considero más destacables. Algunos ya los conocía bien, otros han sido auténticos hallazgos. Creo que todos son bastante populares y fáciles de encontrar, lo que hace de ellos una buena introducción para el neófito. Incluyo tebeos de distintas épocas, para de este modo percibir la evolución. Eso sí, desde mi punto de vista. No he leído todas las obras yuri de la galaxia, tampoco soy una experta en el asunto. Simplemente he redescubierto el género y me apetece escribir sobre ello. De todas formas, una pequeña introducción no vendrá nada mal.

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Esta señora tan sonriente es Nobuko Yoshiya en mayo de 1937.

Si se desea observar en retrospectiva con un mínimo de seriedad el género yuri, es inevitable mentar a la escritora Nobuko Yoshiya (1896-1973). Aquí ya hablé de ella un poco, pues su figura es imprescindible para comprender el nacimiento del shôjo y el yuri. Todo hay que decirlo, son dos géneros muy vinculados entre sí. El shôjo desde sus inicios poseyó una vertiente pronunciada lésbica, relacionada con el S Kurasu Esu de comienzos del s. XX. El Takarazuka Revue o las obras de Yoshiya-sensei hacían hincapié en las relaciones platónicas amorosas entre dos chicas; una especie de sororidad romántica senpai-kôhai muy inocente, pero a la vez obviamente homosexual (dôseiai). Eran historias hechas por chicas para chicas. Esto no suponía mayor problema en el contexto social de la era Taishô y albores de la Shôwa, donde además la audacia de las “mujeres modernas” o moga brillaba en todo su esplendor. No era algo de lo que preocuparse, pues se consideraba (y continúa siendo así) una etapa normal a superar que concluía en heteronormatividad: ser esposa y madre. Cierto que el caso particular de Nobuko Yoshiya fue bien distinto y nunca escondió su orientación sexual; pero tanto la mayor parte de sus obras como las que luego llegaría a inspirar en otros, nunca fueron manifiestamente yuri. Todo quedaba circunscrito a un atrevido, pero tolerable, shôjo-ai. La llegada del amor homosexual a los tebeos populares japoneses se hizo esperar hasta la aparición del Grupo del 24. Fueron sus autoras las que abrieron la veda. ¿Sucedió igual con el amor lésbico? En cierta forma sí, ganó en expresividad y su presencia se hizo más rotunda; pero continuó ciñéndose a un ámbito escolar de características idílicas. Tenían muy poco de la vida real. Podríamos decir que se trataba de relatos de amor entre jovencitas dirigidos a lectoras heterosexuales. Esto puede sonar un poco raro en la actualidad, sobre todo cuando existe un sector de público bastante amplio masculino en el yuri, pero así fue al principio, señores.

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Mi querida Utena

Los primeros mangas yuri mostraban casi siempre un dúo activo/pasivo en el que la muchacha enérgica, tomando el rol masculino, adquiría muchas de las particularidades de las otokoyaku del Takarazuka. El rol femenino recaía en personajes delicados, sufridores, casi sin voluntad, y bastante anodinos. Pero eso ya es una observación personal, claro. No puedo evitar rememorar a la insufrible Fiona de Paros no Ken (1986), que la mitad del manga está llorando y la otra siendo víctima de alguna horrible maldad. Muy triste.

Sin embargo, la joven que llevaba las riendas en la relación solía tener mucho de la Sapphire de Ribbon no Kishi (1953). Aceptaba su amor por una persona de su mismo sexo y poseía la determinación de asumir la relación con todas sus consecuencias. Y esas consecuencias solían ser muy, muy trágicas. Toda una heroína. En cambio, su pareja acababa transigiendo para dejar su enamoramiento en una simple fase de la adolescencia. Algo que no podía salir de las paredes del colegio, sin lugar en la sociedad. Una mujer no puede ser un hombre, por lo que amar a otra mujer está mal y acarrea todo tipo de desgracias. Como todos ya sabemos, esa visión devastadora del amor y la feminidad fue virando, y figuras como Haruka Ten’ô (Sailor Urano) o Utena Tenjô relajaron el tema bastante otorgándole naturalidad y una perspectiva más poderosa, acorde a los nuevos tiempos.

No sé si está quedando claro, pero el yuri no es considerado en Japón de temática estrictamente homosexual. Se encuentra en una especie de limbo, entre lo que se es y lo que se aparenta ser. El yuri tiene lugar en la fantasía, no es real; y las historias que cuenta son aceptables porque reflejan el crecimiento personal de las jóvenes… que finaliza en casarse y parir como conejas. Punto. Da igual lo explícito que sea, sobre todo el dirigido al público masculino, cuyo yuri, por otro lado, es muy, muy, pero que muy diferente (fanservice a muerte) del que está enfocado al tramo femenino. No obstante, poco a poco el panorama está cambiando; y numerosas creadoras están aportando al género precisamente esa base de realidad que le ha faltado durante tanto tiempo. El yuri está creciendo delante de nuestras narices, sirviendo de plataforma al mundo lésbico para poder expresarse. En mi opinión era algo muy necesario. No quiero alargarme más, solo apuntar que si estáis interesados en este género y su historia, os recomiendo este vídeo de Erica Friedman así como también su web Okazu. Es una fuente de información inagotable y especializada en yuri, muy bien documentada.

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¡Dale caña, Haruka!

Shiroi Heya no Futari

Ryôko Yamagishi

(1971)

A falta de una obra más temprana, Shiroi Heya no Futari (1971) es considerada de momento la primera obra del género. El primer manga donde aparece de forma explícita una relación amorosa entre dos mujeres. Sin ambigüedades. Ya solo por su valor histórico merece un vistacillo. Además se lee en un suspiro, consta de 4 episodios que fueron presentados en Ribon. Ryôko Yamagishi, miembro del Grupo del 24, creó un tebeo sencillo pero atrevido. Su influencia posterior ha sido descomunal, y no solo dentro del yuri, en el mismo shôjo. Se me ocurre, a bote pronto, la exageración que el celebérrimo Candy Candy (1976) de Yumiko Igarashi y Keiko Nagita le debe, tanto en argumento, recursos o diseño de personajes. Para mear y no echar gota.

La historia en sí está ubicada en un exclusivo colegio femenino francés, donde la rica huérfana Resine de Poisson acude huyendo del desafecto de su familia. Ella es una jovencita frágil y de rizos dorados como una muñeca, cuyo carácter dulce es radicalmente opuesto al de su compañera de habitación, Simone D’Arc. Simone es apasionada y rebelde, sarcástica y con una vida repleta de secretos infortunios. ¿Qué química surgirá entre ellas? Ah, l’amour. Lo mejor sin duda de este cómic es el personaje de Simone D’Arc y el arte de Yamagishi. Probablemente sea mi favorita en ese aspecto del Grupo del 24, quizá porque tengo debilidad por el Modernismo. Por lo demás, Shiroi Heya no Futari no puede sorprender demasiado a un lector del s. XXI, porque a la fuerza ha observado sus mismas variables en cientos de mangas. Mangas posteriores, por supuesto, este fue pionero en su clase. ¿Lo peor? Un guión algo acuoso y un personaje como Resine de Poisson al que dan ganas de estrangular de principio y, sobre todo, al fin.simone1

Claudine…!

Riyoko Ikeda

(1978)

Con Claudine…! (1978) ya se percibió un cambio. Riyoko Ikeda trató el tema de la transexualidad con mucho tacto, haciendo del protagonista de este manga, Claudine de Montesse, una persona creíble y profunda. Se trata de un tebeo emotivo además de muy agradable. Pero no os llevéis a engaño, Claudine…! no examinó la transexualidad desde una óptica realista. Recordemos que el yuri siempre ha trabajado dentro de las fronteras de un mundo idealizado, hermético y/o lejano (en este caso Francia, como sucede también en Shiroi Heya no Futari), así que ni se huelen los enormes problemas que mujeres y hombres de esta condición tenían (y tienen) que padecer.

Claudine de Montesse pertenece a la pequeña nobleza francesa, tiene una belleza radiante, un carácter admirable y gran inteligencia. Es el vivo retrato de su padre, salvo por un detalle: nació mujer. Claudine, desde muy niño, se ha sentido varón; y no ha dudado jamás en expresarlo en su entorno. Solo su madre parece hallar problemas en esto, por lo que decide llevarlo a un psiquiatra. Y son las anotaciones y pensamientos de este médico, que se convierte en su amigo, los que nos guían para conocer la historia de su vida. De esta manera indagaremos en una existencia que, aunque no presenta grandes dificultades, resulta rica a nivel emocional. Porque Claudine…! es simplemente un shôjo de época. Centrado en la vida sentimental del protagonista, muy desgraciada y que, siguiendo las pautas del yuri, acaba en tragedia. El argumento tiene mucho de folletín, una montaña rusa que a veces peca de inverosímil; si bien nada especialmente molesto salvo el asunto de sus novias: son todas idiotas. Si gustó Versailles no Bara (1972), Claudine…! no puede resultar indiferente. Es su hermano pequeño.

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Blue

Kiriko Nananan

(1995)

Mediados de los años 90. Kiriko Nananan le dio una vuelta de tuerca formidable al yuri clásico con Blue (1995). Lo hizo aterrizar desde las nubes tornasoladas del shôjo al patio de recreo de un instituto japonés cualquiera. Duro, vulgar, áspero. ¿Qué sucedería de verdad si dos adolescentes se enamoraran? Welcome to the real world. Pero a pesar de que Nananan decide brindarle a su tebeo la mirada del realismo, no lo hace de forma cruda. Blue pertenece a la nouvelle manga, por lo que tiene mucho de poesía y sutileza. Es una aproximación clara y delicada a la existencia de dos chicas que todavía están aprendiendo a conocerse a sí mismas y al mundo que las rodea. Y no es un proceso sencillo, la adolescencia nunca lo es. En realidad el amor accidental que surge entre ellas es una excelente coartada; son sus circunstancias, sentimientos y la manera de plasmarlos lo verdaderamente esencial de este cómic.

Ellas son Kayako Kirishima y Masami Endô. Van a la misma clase. Endô parece retraída y algo misteriosa, lo que despierta la curiosidad de Kirishima. Endô además estuvo ausente durante bastante tiempo del instituto, coyuntura que el profesorado tampoco evita mencionar para avergonzarla. ¿Qué le pudo suceder? Kirishima se siente muy atraída por Endô, así que decide hacerse su amiga. Y hasta ahí puedo contar, porque la historia no deja de ser un sencillo slice of life. Muy profundo y conmovedor, aunque no bonito. Lo que sí es precioso es su arte, de línea clara y simple, donde el vacío posee un hondo significado. Lo amo. Con muy poco logra transmitir muchísimo: la cuidadosa elección de planos, la elegancia de sus detalles, la esmerada sincronización emocional, la cálida intimidad de su lenguaje corporal… buf. Todo.

Otro manga que comparte ciertas similitudes con Blue, pese a ser bastante más convencional, es Aoi Hana o Flores Azules, que Milky Way tuvo el buen tino de publicar (¡gracias!). Es una preciosidad de tebeo que no me habría importado incluir en esta lista, pero tiene pendiente un Manga vs Anime. Deberá esperar un poquito.

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Honey & Honey

Sachiko Takeuchi

(2007)

Otro salto cuantitativo en el yuri: la aparición de auténticos mangas sobre lesbianismo creados por sus propias protagonistas. Honey & Honey (2007) es un ensayo donde la autora, Sachiko Takeuchi, cuenta de manera abierta y divertida su día a día como mujer homosexual con su novia, Masako. Son 32 capítulos muy cortitos y de lectura rápida, pero que ofrecen gran cantidad de información sustanciosa. Tiene cierta vocación didáctica, quizá para hacer notar que las bellas tríbadas son también personas, ¡quién lo iba a decir!, ¿verdad?, y que trabajan, les gusta salir de compras, ir al cine, sufren de celos, se enamoran, beben cerveza, acuden a conciertos, salen con sus amigos, y un largo etcétera de actividades extrañas. Takeuchi acerca el bian world a todo el que quiera leer su manga; explica su propia vida y las circunstancias más comunes con las que tiene que lidiar. Y lo hace con mucho salero, por cierto. Me parece una manera estupenda de dar visibilidad a todas esas mujeres que no tienen por qué avergonzarse de una orientación sexual que es natural, respetable y legítima. Solo deseo que cunda más el ejemplo.

Honey & Honey es un buen tebeo no ya solo por su intención, sino porque las anécdotas y pequeñas historias que cuenta en cada episodio son relevantes y muy sabrosas. No hay grandes dramas ni aventuras épicas en la vieja Europa; rinde homenaje al espíritu de las tiras cómicas, creando una inmediata complicidad con el lector. Es un manga directo, como su dibujo. Exacto, su dibujo. Desde luego el que espere un estilo tradicional quedará decepcionado. A mí personalmente me encanta ese aire infantil y esquemático, resulta perfecto para sus historias y le da una expresividad única. La elección de utilizar color muy acertada también. En resumen, Honey & Honey es una obra redondita y fragante como un melocotón, yo no me la perdería.

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Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report

Kabi Nagata

(2016)

A través de la plataforma CuriousCat me llegó una pregunta sobre este manga. Se puede decir que ha sido uno de los detonantes para escribir la presente entrada, por lo que os animo a que sigáis metiendo caña en el GatoCurioso,  ya que me viene genial para la inspiración.

Empecé a leer Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report (2016) o Mi experiencia lésbica con la soledad en septiembre, y estoy a la espera de que suban los dos últimos capítulos. Es harto improbable que lo vea publicado en España, pero Seven Seas afortunadamente lo ha licenciado, así que este verano que viene caerá a la saca sí o sí. No conocía de nada a la autora, Kabi Nagata, y creo que ha sido todo un descubrimiento.

Como Honey & Honey, se trata de un tebeo autobiográfico; y aunque comparte algunas similitudes como el slice of life y cierto tono humorístico, son muy diferentes. Mi experiencia lésbica con la soledad es, a pesar de las metáforas y su lenguaje ligero, una historia bastante descarnada. Es genial cómo Nagata sortea el rol de víctima y el lógico drama que implica, para centrarse simplemente en el autoanálisis. Este cómic es una puerta abierta no solo a su vida como mujer soltera lesbiana, sino a sus procesos mentales, dolencias y pensamientos. Muy cerebral todo. A través de ellos refleja muy bien ese excesivo pudor japonés en las relaciones humanas, esa obsesión por las formas que impide que las personas expresen su propia individualidad, sus emociones. Y aquellos que por un motivo u otro son “distintos”, sufren especialmente de incomprensión y aislamiento. Es la contrapartida a Honey & Honey, un relato de reclusión, tristeza y enfermedad; pero también de superación y búsqueda, aunque conduzca a puertos insólitos.

Viendo la situación como está, y que en el resto del planeta no resulta tampoco mucho mejor, mangas como Honey & Honey y este Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report son importantes. Tratan la materia con naturalidad y franqueza, sin necesidad de señuelos porque sus narraciones son por ellas mismas adictivas y muy amenas.

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Beloved

Jaeliu

(2016)

Y quería cerrar este mini-inventario con una obra también contemporánea, pero esta vez no desde Japón, sino Pekín. Este manhua de la creadora Jaeliu no ha finalizado, y lo estoy siguiendo por puro enganche. Estuve a punto de abandonarlo, pero ESEDIBUJOSEÑORESJODER me absorbió totalmente. Magnífico.

La historia es típica y tópica, nada que no se haya visto ya miles de veces en cualquier josei de andar por casa, pero que desde una óptica lésbica adquiere un frescor inaudito. Y ese arte, ¿lo he dicho ya?, DIOSMÍODIOSMÍODIOSMÍO. Beloved (2016) es una historia de amor y sexo normal y corriente, pero además de profundidad poco habitual. Propone cuestiones interesantes y el tratamiento de los sentimientos es grácil y perspicaz. Si ha gustado, por ejemplo, el estupendo Sorano y Hara (2009) que Tomodomo publicó este pasado verano (¡gracias!), Beloved no puede decepcionar. Al menos hasta el episodio 10, después ya veremos.

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¿Seguís vivos? ¿Habéis llegado hasta aquí? Bien, me alegro, camaradas otacos. Tengo muchas ganas de hincarle el colmillo a Hana Monogatari (2013) de Mari Ozawa, pero me temo que tardará muchísimo en llegar a mi plato. Ains. Comentario random para finalizar la entrada. Je. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.