manga, MUAHAHAHA

¡Miau! – exclamó Junji Itô

Junji Itô es uno de los mangakas más interesantes del panorama actual de terror. Escribí una reseña , hace miles de años ya, sobre su comeback al género después de un hiato de 8 años durante el cual se dedicó, una temporadita, a dibujar mininos. Y es de esos mininos de los que voy a hablar hoy.

Tomodomo tuvo a bien publicar esta obra en España (¡mil gracias!) en una bonita y completa edición de tomo único. Itô Junji no Neko Nikki: Yon & Mû o, traducido al español, El diario gatuno de Junji Itô: Yon y Mû. Incluye fotos de los bichitos, preguntas de los lectores y un epílogo bastante gracioso. Por supuesto, me hice con ella en cuanto pude. Lo malo es que, entre una cosa y otra, he dejado la reseña de este manga en barbecho demasiado tiempo para lo que era en principio mi intención. Desde noviembre y a medio escribir (como tantas otras entradas). No podía ser esto ya.

Mi móvil-patata hace fotos patateras, pero esta es Isis indignada por apoyarle el manga en la panza
Mi móvilpatata hace fotos patateras, pero ahí tenéis a Isis, toda indignada, por apoyarle este manga en la panza. GATA MALA.

Qué raro que Junji Itô se decidiera a publicar un manga orientado a la comedia, ¿verdad? Pues no, no es raro. El que conozca un poco a Itô sabe muy bien que el humor suele estar presente en sus mangas ya que, siendo todavía amateur, dibujaba también comedia. No son géneros incompatibles. De hecho, cuando se unen dosificados adecuadamente, surgen obras gloriosas. Aunque esto no implica que la combinación esté libre, ni mucho menos, de derivar hacia algo bastante indeseable: el ridículo. Una relación algo peligrosa esta la del terror y la comedia. Pero, ¿qué tenemos aquí? Pues una comedia que utiliza los recursos del terror. Los recursos y tics propios de Itô, lógicamente. Una lectura ligera y sin pretensiones, cuyo mero objetivo es divertir al lector. Punto. En mi caso lo consiguió de largo.

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Este Diario gatuno es una especie de autobiografía, en tono de parodia, estructurado en episodios individuales. Nos cuenta los avatares cotidianos a los que se enfrenta cualquier persona que comparta su vida con estos pequeños felinos; y está repleto de anécdotas muy simpáticas (y asquerosas también, es lo que tiene). El enfoque es el de una dog person (el mismo Itô) que, además de los consabidos escrúpulos, tiene cierto miedo a los gatos. Y de ahí partimos: Itô es un maestro del terror que no se corta un pelo en aplicar su pericia en esas lides para presentarnos a dos bonitos mininos de comportamiento y naturaleza inquietantes… como mínimo.

Yon

Sus dos compañeros felinos, y protagonistas absolutos del manga, son Yon y Mû. Yon es un gato algo malcriado y de actitud dominante, el favorito de su esposa A-ko. De manera subrepticia lo ha colado en su recién estrenado hogar común. En él Itô vuelca gran parte de sus recelos y delirios alucinógenos: en su lomo cree percibir una calavera, en algún momento lo confunde con una babosa gigante deslizándose por un oscuro pasillo, etc, etc, etc. Es un gato maldito. Mû llega a la casa poco después, y es de carácter mucho más apacible… aunque en el instante menos esperado muerda como un tigre. Piquimiau.

Itô va encariñándose con los dos peludetes, llegando incluso a quererlos con locura, y se acostumbra a sus misteriosos hábitos y repentinos cambios de humor. Busca su amor y aceptación de forma activa, aunque con resultados… variopintos. Hay momentos verdaderamente hilarantes (la caca-vómito es magistral) que tanto los amantes de los gatos como los que no lo son, disfrutarán seguro. Este Diario gatuno no está dirigido solo a los fans de estos animalitos, pero los que convivimos con ellos, no puedo negarlo, apreciaremos más. Las típicas actitudes y acciones gatunas están tan bien detalladas en el tebeo que la complicidad surge de manera natural.

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También me ha encantado como se ríe de sí mismo Itô. Se retrata como una especie de víctima paranoica, impotente frente al caos felino que se desata a su alrededor. Nadie parece estar en su sano juicio, su maquiavélica prometida tiene hasta ojos de zombie (jojojo) y la familia de esta parece a ratos una cuadrilla de dementes que no paran de reír. En esa atmósfera insana, donde el pobre de Itô no sabe si ha perdido la razón también (sí, lo ha hecho MUAHAHA) se desarrolla este manga. Pero todo a baja intensidad, recordemos que es una comedia, no Gyo, y su objetivo es hacernos sonreír. Es una excelente caricatura, además, de su propio estilo.

El arte del mangaka es el mismo al que nos tiene acostumbrados, detallado y preciso; con esos arranques impactantes de enajenación y deformidades varias. No decepciona. Tampoco creo que vaya a defraudar al lector habitual de Itô, a pesar de que no se trate de una obra de terror. A mí personalmente me ha resultado muy interesante este registro del autor. Se le nota cómodo y ha sabido gestionar muy bien sus recursos para crear un manga ameno y original. A pesar de que hay historias más atinadas que otras, todas tienen su cosilla; y en conjunto es un buen cómic.

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Hazle el chupchup, Yon, que está sufriendo

¿Lo recomiendo? ¡Pues claro! Este Diario Gatuno no va a cambiar el rumbo de la galaxia, desde luego, y aunque es más bien una curiosidad en la lista de las obras de Itô, no me importaría para nada leer un tebeo suyo del mismo tipo otra vez… si se animara a hacerlo. Yo no cerraría esa puerta.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Las nuevas travesuras de Junji Itô

La portada y sobrecubierta no pueden ser más elocuentes, ya que rinden pleitesía a la serie de cuadros del pintor noruego Munch El grito (1893). Y me parece bastante acertado haber escogido esta obra, tan banalizada y desvirtuada actualmente, que ya casi nadie recuerda su esencia genuina: la expresión de la angustia, el miedo y el dolor. Esas tres emociones son las que encontramos en esta nueva recopilación de cuentos cortos de Junji Itô, después de casi ocho años de hiato terroril. Ocho años, ocho relatos; y entre 2013 y 2014, se fueron publicando en una recién reinaugurada Nemuki+.

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Ma no Kakera es el título original de lo que ECC Ediciones ha traducido como Fragmentos del mal, y ha sido una grata sorpresa encontrar este volumen publicado con tanta celeridad. Para mí ha sido uno de los mangas de este mes de abril sin duda; y, desde luego, ECC Ediciones está currándoselo estupendamente para sumirme en la más absoluta indigencia en los próximos meses. Según ha anunciado en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona este fin de semana pasado, voy a disfrutar como una perraca y arruinarme simultáneamente con Sunny y GoGo Monster de Taiyô Matsumoto; Devorar el mundo y Oda a Kirihito de Osamu Tezuka y más títulos que van a editar del tándem Koike & Kojima, Shintarô Kago y el que en esta entrada nos compete, Junji Itô. FENEZCO YA.

Pero volvamos a Fragmentos del Mal. Para los que no lo conozcáis (me extrañaría mucho), Junji Itô es el autor de indispensables del horror moderno como Uzumaki, Gyo o Black Paradox. Este señor ha sabido conjugar como nadie la herencia recibida de maestros como Hideshi Hino, con fuertes raíces japonesas; y el arte clásico y refinado de aire occidental, inspirándose también en el extravagante universo lovecraftiano. En el epílogo de este tomo único, Itô expresa algunas dudas concernientes a una hipotética pérdida de su instinto para el terror. En fin. Una no sabe ya qué decir, sobre todo después de haber leído Ma no Kakera. Veamos (ejem):

Mi muy admirado Junji Itô, no vas a leer estas palabras en tu vida porque esto es un blogcutre colgando entre los pelillos del ojete de internet, pero te aseguro que no, NO HAS PERDIDO EL INSTINTO. Si de repente notas tu cerebro gorgotear, no te preocupes, es la brutal intensidad de mis ondas telepáticas comunicándote esta certeza. 

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Futón

Fragmentos del Mal, desde luego, no es un manga rompedor dentro de la obra de Itô, pero sí consolida su hegemonía en el mundo del terror japonés actual; y reafirma el estilo que lo caracteriza, sobre todo respecto a su dinámica en el relato corto. En estos ocho cuentos encontramos esa noción constante de que la fuente de toda monstruosidad en realidad es casi siempre humana; hallamos ese gusto por lo enajenado y grotesco, y la representación del género femenino en esa sempiterna dualidad virgen-prostituta. La femme fatale, la trastornada, la resignada o la marioneta: no hay mujer en este volumen que no tenga un papel crucial, siempre marcado por esa dicotomía. El hombre es un niño inconsciente que, simplemente, se deja llevar por sus instintos y a causa de ello es castigado. Un poco lo que plasma también en Tomie, aunque Fragmentos del Mal es mucho menos ambiciosa y más diversa.

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La mujer que susurra

De entre todos los cuentos, destaca por ser de naturaleza muy distinta Una separación lenta. Es una historia clásica de fantasmas donde el horror realmente no juega un papel importante; y, a pesar de que pueda resultar previsible, el argumento y su conclusión no son calamitosos, más bien de una humanidad cálida y triste. El resto son ya más los habituales dentro del carácter de Itô, y me han gustado sobre todo El Ave Negra (¡qué bueno, por Luzbel! Una reinvención del mito de las harpías genial) y Espectros de madera (un caso meridiano de objetofilia). Futón y Tomio y el jersey rojo de cuello alto, están protagonizados por los mismos personajes y es la muestra fehaciente de lo que comentaba con anterioridad: las nefastas consecuencias de pensar con la polla. Miss Disección lleva a otro nivel el tema de las obsesiones patológicas y, quizá el que me ha parecido más flojo sea Magami Nanakuse, que tampoco es que carezca de interés. La historia que cierra este tomo, La mujer que susurra, tiene un componente de crítica y denuncia social muy bien dirigido a través de ese concepto dual de la mujer.

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Miss Disección

Fragmentos del Mal no asombrará al que conozca a este autor ni tampoco enloquecerá al amante del terror, pero es un buen manga. Para el que no conozca a este mangaka y desee introducirse en su trabajo, es un comienzo excelente para familiarizarse con sus peculiaridades; es un volumen muy accesible y de fácil lectura. ¿Se lo recomiendo a todo el mundo? Sí, claro, a todo el mundo que le guste el género; son relatos de desarrollo algo standard pero con el toque propio del creador, lo que los hace ya inevitablemente especiales. Si el horror con pinceladillas gore no es tu rollo, todo hay que decirlo, echar un vistazo tampoco te haría daño y es hasta posible que disfrutaras. Tal es la virtud de Junji Itô.

Buenos días.