cine, literatura, MUAHAHAHA, paja mental

Las damas de vida alegre

Las damas de vida alegre es un eufemismo que disfraza a las personas que se dedican a la prostitución. Lo llaman también “el oficio más viejo del mundo”, y existen muy pocas civilizaciones que no hayan acogido en su seno este tipo de labor. Japón no es una de las exentas, aunque sí tiene una concepción peculiar que entraña un universo de fronteras más amplias y difusas que en Occidente. La prostitución en Japón está prohibida desde 1956, pero nadie duda de la existencia de una poderosa industria del sexo, que resulta ser una funambulista espectacular. Han mercantilizado de forma objetiva y eficiente el instinto sexual, haciéndolo más visible que nunca. Es un negocio muy, pero que muy, lucrativo. Esto se debe a que ha existido desde siglos una especie de permisividad que por estos lares cristianoides es desconocida. Se tiene asumido que forma parte de las “necesidades naturales” de la población masculina, y el comercio se ha ido adaptando al transcurrir de los tiempos sin más.

No pienso hacer un monográfico dedicado a esta temática porque no soy especialista ni muchísimo menos, pero a la luz de la última encuesta en twitter, se me ocurrió escribir una entrada con tres obras (un libro, un manga, una película) donde la protagonista fuera una dama de vida alegre. Me parece también otra manera interesante de acercarse a la cultura japonesa y conocer más sobre su sociedad, tan adelantada tecnológicamente pero todavía con vestigios bastante reaccionarios. Empezar con una pequeña introducción, para entender algunas cosas, sería lo más correcto. Allá vamos.

Cuando los dioses crearon a los humanos
decidieron que su destino fuese morir
y reservaron la Vida para sí mismos.
Pero hasta que el fin llegue, goza de tu vida,
gástala en felicidad, no en desesperación.
Saborea tu comida,
transforma cada uno de tus días en placer,
báñate y úngete tú mismo,
vístete con ropas brillantes,
que la música y la danza vivan en tu hogar,
atiende al niño que te toma de la mano y alégrate,
dale placer a la mujer que amas.
Este es el mejor camino de la vida para un hombre.

Poema de Gilgamesh, tablilla X, columna 3

Aquí tenemos el rastro literario más antiguo donde podemos hallar un tipo de filosofía y actitud hacia la vida que, unos cuantos siglos más tarde, el poeta Horacio popularizaría en su carpe diem, quam minimum credula postero: aprovecha el momento, no confíes en el mañana. Esta reflexión pertenece a la sabiduría de la tabernera Siduri, que regenta su negocio a la orilla del océano; y trata de aconsejar al legendario rey de Uruk, Gilgamesh, que ha llegado hasta ella como un mendigo, arrastrándose en su profunda tristeza por haber perdido a su mejor amigo, Enkidu. Se trata de un canto compuesto en el II milenio a. C., escrito originalmente en sumerio y recuperado más adelante en acadio para la gran biblioteca de Nínive del rey Asurbanipal en el s. VII a. C.

Ahí nace el concepto universal de vivir el presente sin pensar en el mañana, una especie de resignación hedonista que acepta la propia mortalidad e insta al goce; y que muchos siglos más tarde florecería también en el ukiyo japonés. Tras un periodo turbulento de guerras civiles, la unificación del país y la estabilidad del Sogunado Tokugawa (1603-1867) estimularon el desarrollo de las sociedades urbanas y la prosperidad de las clases medias (chônin). Estas no tardaron en plasmar sus preferencias en una nueva sensibilidad que, apartada de las tradiciones de la aristocracia y la política, se volcó en un cultivo del ocio hasta entonces inédito. Aunque iba en contra de la ética de moderación confuciana y los diferentes gobiernos trataron de ejercer cierto control, los teatros kabukibarrios del placer (yûkaku) fueron los centros neurálgicos de ese ideal de vida y creación que cambiarían para siempre las artes. El ukiyo era un mundo de evasión donde los placeres sensoriales y el sibaritismo tenían un papel preponderante, ambos con un componente erótico acentuado.

Viviendo sólo para el momento, saboreando la luna, la nieve, los cerezos en flor y las hojas de arce, cantando canciones, bebiendo sake y divirtiéndose simplemente flotando, indiferente por la perspectiva de pobreza inminente, optimista y despreocupado, como una calabaza arrastrada por la corriente del río.

Ukiyo Monogatari (1660) de Asai Ryôi

En ese “mundo flotante” comenzó a emerger otro de pulsión soterrada que actualmente sobrevive y goza de robusta salud: el mizu shôbai o “comercio del agua”. De nuevo otro eufemismo, esta vez el que engloba todo el negocio nocturno y de entretenimiento en Japón. En él, como fácilmente se puede deducir, el fûzoku (industria del sexo) tiene su correspondiente lugar. Ni el mizu shôbai ni el fûzoku son sinónimos de prostitución, pero sí son mundos permeables que juegan con ambigüedad para albergarla y darle un entorno respetable. Aunque el campo está virando bastante, el mizu shôbai está dirigido al hombre: es una comercialización de la compañía femenina. Institucionalizada, plenamente aceptada, incluso percibida como necesaria. Eso sí, en un espacio social confinado del resto, por el que los hombres pueden circular, entrar y salir; no así sus trabajadoras, que mantendrán un rol fijo. ¿Por qué esto es así? Para empezar, la sociedad japonesa es patriarcal. Eso ya responde a la mitad de la pregunta. La fracción restante es simplemente una explicación más detallada de ese hecho.

El mizu shôbai es una industria que ha progresado durante siglos a costa de la idea de que el hombre precisa de un lugar de recreo donde relajarse de sus obligaciones laborales y domésticas. La mujer en este esquema sigue dos patrones muy marcados: es la que sirve de ese recreo al hombre; o es completamente ajena a ese espacio, quedando relegada al hogar. El mizu shôbai es considerado imprescindible en el mundo laboral japonés, y las grandes compañías son sus principales beneficiarias (y la yakuza, claro), ya que resulta un sistema para controlar a sus empleados muy eficaz y refuerza su lealtad hacia la empresa. El mizu shôbai brinda un solaz al sararîman, un mundo de fantasía y escapismo donde disfrutar lejos de las enormes presiones diarias. Y desfogarse. En él las hostesses, maids, coffee girls, etc. procuran al cliente una experiencia agradable mediante atención exclusiva y adulación, que persigue también dependencia psicológica para que regrese. Y así es como sucede. El mizu shôbai ofrece un entorno seguro para el amor propio de los hombres que quieren relacionarse con una mujer sin los riesgos que conlleva la vida real. La mujer del mizu shôbai es sumisa y siempre dispuesta a complacer, no existe amenaza de rechazo o desilusiones. Aunque tampoco hay que perder de vista que este engranaje social puede dar como resultado egos masculinos frágiles.

geisha
“Geisha, asistente y fámula llevando estuche de shamisen” (1777) de Kitao Shigemasa

Si hay que buscar un origen a todo esto, hay que señalar necesariamente la figura de la geisha. Una geisha no es una prostituta, aunque tras la ocupación americana de Japón se difundiera el término geisha girl entre las tropas para designar a las meretrices. La geisha fue la primera figura femenina que se dedicó exclusivamente al esparcimiento masculino a través del halago en un ambiente grato y obsequioso. La geisha no ofrecía favores sexuales, solo una exquisita compañía adornada de numerosas habilidades para el canto, la conversación inteligente, la danza, el shamisen, etc. El adiestramiento de una geisha era (y continúa siendo) muy exigente; es en realidad un estilo de vida que aunque fue parte del germen del mizu shôbai, retiene también una serie de características que lo mantienen en paralelo. Su mundo, el karyûkai o el “de la flor y el sauce”, posee un alto grado de codificación y estratificación que lo hacen enormemente complejo. Como curiosidad, las primeras geishas fueron hombres (s. XVII), aunque un siglo después ya habían desaparecido. Las geishas, vuelvo a insistir, no venden sexo, pero tampoco se puede negar que su labor, aunque fuera (y sea) realizada en los hanamachi que no distritos rojos (yûkaku), haya podido derivar en transacciones de esa índole.

¿No existían otras profesionales que ofrecieran servicios similares a las geishas? Pues sus antecesoras y contemporáneas las oiran, que dejaron de existir en el s. XVIII. Eran las cortesanas de máximo rango, solo las más hermosas podían acceder a esa posición y su educación era muy esmerada. Aparte de expertas en técnicas sexuales, las oiran, como las geishas, eran artistas. El resto de yûjo en los barrios rojos eran trabajadoras sexuales de diferentes jerarquías. Y así llegamos hasta el presente, cuyas hostesses y maids son las herederas democratizadas de las geishas, ofreciendo una ilusión similar a su cliente, pero a precios más asequibles.

1946
Un cliente contándole chistes verdes a la famosa geisha Yae Murata, que se tapa los oídos. Kioto, 1946.

El libro Vida de una mujer amorosa se centra en las peripecias de una cortesana del s. XVII; el manga Historia de una geisha en la vida de, evidentemente, una geisha; y la película El Imperio de los sentidos en una prostituta descastada. Curiosamente, ninguna de ellas es una mujer mansa. Tres perspectivas diferentes de un mismo mundo que gira en torno a los deseos masculinos. Un mundo, el del mizu shôbai, al que le quedan muchos años de existencia por delante.

saikaku

Tenía pensado escribir una entrada dedicada a otra obra de Ihara Saikaku, Hombre lascivo y sin linaje (1682) del que hablé un poquito aquí, pero las circunstancias han hecho que Vida de una mujer amorosa (1686) se le adelante. Y no pasa nada. Ambas obras son geniales, de hecho esta última me parece bastante más divertida y cargada de una mala hostia que quizás Hombre lascivo y sin linaje no segrega tanto. Aun así, es una opinión personal, y os recomiendo las dos novelas porque no tienen desperdicio. En realidad lo mejor que podéis hacer es leeros todas las obras de este señor que caigan en vuestras manos. Sin más. Ihara Saikaku es uno de los escritores más importantes de la literatura japonesa antigua, y que no os asuste que naciera hace casi cuatro siglos, porque las traducciones que hay disponibles en español son bastante accesibles. Así que sin miedo. Este caballero sabía cómo contar historias sin duda.

ihara4
Ilustraciones originales de la novela, posiblemente realizadas por el propio Ihara Saikaku

Vida de una mujer amorosa es la obra perfecta para adentrarse en el ukiyo del período Edo. Cuenta los avatares, y nunca mejor entendidos como “descensos”, de una dama de vida alegre. No se trata de una novela erótica, sino que perteneciendo al género ukiyo-zôshi, refleja con minuciosidad no solo ese “mundo flotante”, sino la sociedad en la que nuestra protagonista se movió. Conforme iba leyéndola, no podía evitar recordar la novela picaresca del Siglo de Oro español. No estoy afirmando, Luzbel me libre, que Vida de una mujer amorosa sea una novela picaresca, pero sí que comparte, curiosamente, muchas de sus características: esa disposición de pseudoautobiografía, la clara intención satírica y la crítica de la hipocresía social a través de un estilo realista; y, sobre todo, un personaje principal que depende por completo de su ingenio y recursos para sobrevivir, un antihéroe que no se queja de su mala suerte, sino que aprovecha cada oportunidad para salir adelante aunque sea a costa de los demás. Carpe diem a tope.

Sólo he sido una mujer amorosa, sin familia, que les ha proporcionado a ustedes, jóvenes, una diversión adecuada a una noche de primavera. Puesto que no tendría sentido tratar de esconder nada, les he revelado todo desde que el loto de mi corazón se abrió hasta que se marchitó. Aun cuando esta historia sea solo una exposición de las frívolas acciones de mi pasado, cuando la turbia corriente que me ha arrastrado se detenga, mi corazón mostrará su pureza.

Y a través de los ojos de nuestra protagonista, que no siente ningún rubor en expresar su abundante apetito sexual como algo natural (que lo es) y cómo en ocasiones la ha llevado a tomar decisiones equivocadas (el típico “pensar con la polla” que se adjudica a los hombres), podremos conocer muy diferentes ámbitos de la sociedad japonesa. Su caída desde las cumbres más altas de las tayû (cortesanas de máxima jerarquía), pasando por las innumerables gradaciones hasta llegar a ser prostituta callejera, será descrita de forma amena y escrupulosa, sin un ápice de autocompasión, pero sí con una inquina refinada muy divertida hacia ese mundo de apariencias y máscaras del ukiyo. Ihara Saikaku esboza con increíble detalle el sistematizado universo de la prostitución nipona de la época; y no solo eso, sino que describe una sociedad insensible y egoísta, cruel. La libertad de la mujer no existía, y el desahogo masculino del ukiyo solo resultaba un terreno de servidumbre más. Su papel era (es) el hogar, la procreación y cría de la descendencia; o divertir y satisfacer al hombre. A pesar de todo esto, de que aún se atisban persistentes residuos en la actualidad, la heroína de Vida de una mujer amorosa decidió a pesar de las limitaciones sociales, llevar una existencia lo más autónoma posible. Por eso el mensaje de esta novela continúa siendo vigente.ihara3

Último apunte: la peli Vida de O-Haru (1952) de Kenji Mizoguchi es el colofón indispensable a este libro. Una obra maestra complementando otra obra maestra. Mizoguchi fue un director especialmente sensible a la realidad femenina, debido a que padeció a un padre violento que maltrataba a su madre y acabó vendiendo a su hermana a una casa de geishas.

kamimura

Historia de una geisha o Itezuru (1974-1980) es un manga que todo el mundo debería leer en algún momento. No porque sea especialmente impactante o una maravilla con la capacidad de dejar al planeta patidifuso. No, nada de eso. Es un tebeo muy poco pretencioso y directo, con un dibujo mágico y unas cuantas historias cotidianas entre sus páginas. Pero no se trata de un slice of life cualquiera, pues la vida de una geisha tiene muy poco de común.

img_20160823_220837_edit
Isis siempre afectuosa con mis libros

Kazuo Kamimura fue uno de los maestros indiscutibles del gekiga, no en vano adiestró a otro de los grandes: Jirô Taniguchi. Y es una lástima que en España no tenga más predicamento, de hecho si no fuera por su trabajo en Lady Snowblood junto a Kazuo Koike, sería casi un desconocido. He escogido además a este autor porque recibió el sobrenombre de shôwa no eshi, que se podría traducir como “el pintor de ukiyo-e de la era Shôwa”. No es casual, su arte delicado y elegante sigue evocando esa representación del “mundo flotante”, pero en un entorno más contemporáneo. Y se encuentra perfectamente plasmado en este Itezuru, donde la vida, desde la niñez hasta la edad adulta, de una geisha durante los años 30 y 40, queda registrada bajo sus pinceles.

Esas décadas supusieron el éxtasis y el infierno para Japón: la efervescencia nacionalista y patriótica de esos años, la invasión de Manchuria, su creciente influencia política y militar sobre Asia Oriental, Indochina y el Pacífico, la euforia bélica de la Segunda Guerra Mundial… y el descalabro tras una derrota que trajo hambre, humillación y miseria. Itezuru no es un manga histórico, pero como buen melodrama refleja con realismo las crónicas del momento y, sobre todo, sus consecuencias en los hanamachi y barrios rojos.

kamimura1

Es muy evidente también que Kamimura conocía Vida de una mujer amorosa de Ihara Saikaku, pero tampoco tiene nada de extraordinario, siendo la obra clásica de la literatura japonesa que es. Encontramos en este tebeo muchos ecos de la novela, sobre todo en la propia protagonista, Tsuru, que afronta con naturalidad su destino y ambiciona medrar lo máximo posible en su profesión. También en la crítica social, aunque en Itezuru es bastante menos sardónica. No hay victimismo, tampoco sentimentalismo o lecciones morales detrás. Tsuru, que significa grulla, un ave con mucho peso simbólico en toda Asia en general, es un personaje fuerte, una superviviente; y aunque el tebeo nos ahorra su decadencia, cosa que Saikaku sin embargo pormenorizó muy bien, no ahorra en las pequeñas y grandes crueldades que conforman su modus vivendi.

Menos detallado que Vida de una mujer amorosa, aun así Historia de una geisha es una excelente introducción para conocer los rudimentos imprescindibles del karyûkai  y su rígida jerarquía. Kamimura narra con cariño la descarnada vida de una muchachita de origen humilde que es vendida a una okiya (casa de geishas). Nos cuenta sobre su preocupación por la familia, su adiestramiento y labores como shikomikko (sirvienta personal de una geisha), su relación con su “hermana mayor”, el hambre, el desprecio y la sordidez del mundo que la rodea… que continúa más allá de su “graduación”. Lo hace mediante relatos breves autoconclusivos, que dotan de un dinamismo casi cinematográfico a la obra. Todos poseen su poso de amargura y poesía. La evolución de Tsuru a la gran geisha Otsuru es interesantísima, así como la cantidad de secundarios que desfilan para recrear unos momentos y lugares en la historia de Japón que ya no existen. Itezuru bulle de vida y, como ella misma, es diversa y caótica; pero Kamimura nos sabe llevar de la mano, siguiendo los pasos de Tsuru, para tratar de comprender un poco mejor ese enmarañado submundo.

grulla

oshima

Me encanta el director Nagisa Ôshima, del cual ya escribí en esta entrada sobre otra película suya: Feliz Navidad, señor Lawrence (1983). Lo considero uno de los cineastas más originales e incómodos de la historia fílmica de Japón. Al menos de los que yo conozco. El imperio de los sentidos (1976) fue una cinta que estuvo rodeada de conmoción y escándalo, tuvo que estrenarse mediante una productora francesa, ya que por su contenido era imposible hacerlo en las islas. Se trata de un film prácticamente pornográfico, explícito y severo en su argumento. No es una obra que me guste en especial de Ôshima, de hecho creo que tiene bastante mejores, pero la estimo oportuna en lo que respecta a nuestra temática de hoy por dos motivos: refleja muy bien la realidad social y sexual de una época; y está basada en un hecho real.

Sada Abe, protagonista de El imperio de los sentidos, fue y todavía es, un fenómeno mediático que sobrecogió a los japoneses en 1936. Su caso ha fascinado de una manera morbosa y extraña durante décadas. Tampoco hay que perder de vista que el contexto era muy proclive a favorecer el éxito de un suceso así: la fiebre del ero guro nansensu del momento y que un escándalo sexual de esa índole ayudaba a distraer la atención de un horizonte poco halagüeño, con la Segunda guerra sino-japonesa en ciernes. Sada Abe estranguló y amputó los genitales de su amante, Kichizo Ishida, y anduvo con ellos, envueltos en papel de periódico, varios días por la ciudad hasta que fue arrestada por la policía.

sadaabe
Sada Abe durante su detención en la comisaría de Takanawa en Tokio

La película de Ôshima se centra sobre todo en la especial relación que mantuvieron criminal y víctima; el estilo de vida que llevaban, la evolución de su idilio, sus prácticas sexuales y el previsible desenlace. Pero, ¿quién era Sada Abe? El imperio de los sentidos presupone que el espectador tiene unas mínimas nociones sobre ella porque no se para mucho en informar sobre su pasado. Las pinceladas que da son certeras, suficientes para un retrato psicológico subordinado al presente de la historia, pero poco más. Sada Abe es, como nuestras anteriores protagonistas, otra mujer sumida en las corrientes del mizu shôbai. Pero esta vez ya no se trata de un personaje ficticio, sino uno muy real y que desapareció, sin dejar rastro, a principios de la década de los 70.

Sada Abe nació en 1905 dentro de una familia acomodada de Kanda (Tokio), siempre soñó con ser geisha, pero aunque muy hermosa, sus habilidades no eran lo suficientes para alcanzar una categoría alta. Fue una niña consentida por su madre y muy rebelde, lo que llevó a su padre a venderla a un burdel como castigo por su comportamiento. Aunque actualmente nos pueda parecer una barbaridad, era un tipo de maniobra habitual. Así fue como Sada entró en contacto con el mundo de la prostitución institucionalizada, y trabajó en él por diferentes ciudades como Nagoya, Osaka y Tokio. Tenía fama de camorrera y de vivir su sexualidad sin cortapisas (no sufría de ninfomanía, ojo); y aunque salió y volvió a introducirse en el sistema, fue mientras trabajaba fuera de él, como camarera en un restaurante, cuando conoció a Kichizo, dueño del negocio y mujeriego empedernido.

whore1

Es a partir de ahí donde El imperio de los sentidos comienza su narración. Sada (Eiko Matsuda) y Kichizo (Tatsuya Fuji) se embarcan en una relación apasionada y demente en la que el sexo tiene un papel esencial. Kichizo llega a abandonar a su mujer, simular una ceremonia de matrimonio con Sada… pero los celos de ella crecen de día en día. No confía en Kichizo que, como hombre perteneciente a una sociedad donde hasta no hacía tanto la poligamia era aceptada; y la infidelidad masculina resultaba habitual, no siente remordimiento alguno en engañarla. Pero lentamente la obsesión de Sada y el incremento malsano de su sentimiento de posesión, devoran por completo a Kichizo. Llega a amenazarlo con amputarle el pene. Kichizo se somete voluntariamente a Sada, hasta el grado de entregarse a ella en cuerpo y mente, dispuesto a aceptar incluso la muerte. Por amor, por lujuria, no miedo.

Ôshima trabaja muy bien esa vertiente de la sexualidad japonesa mórbida, el binomio freudiano Eros/Tánatos. Es un juego de poder, de vida y muerte, que el director plasma con meticulosidad psicoanalítica en cada encuentro sexual de la pareja. El falo como mero objeto de satisfacción femenino, la asfixia erótica sadomasoquista como elemento de dominación. Los amantes destierran cualquier convención social o moral, el mundo de Sada y Kichizo ha dejado de ser hace tiempo el mismo que el del resto de los mortales. Y es tanto así que, lejos de presenciar un homicidio, el espectador asiste a un sacrificio por amor. Un amor enfermizo y condenado por su propia naturaleza autodestructiva, pero amor al fin y al cabo.

oshima2

En El imperio de los sentidos la mujer mizu shôbai comparte ciertas características con sus predecesoras. Son personas de talante fuerte, que han combatido mucho durante sus vidas y sufrido también en abundancia. Representan un modelo femenino que sorprende porque no es sumiso. La diferencia de Sada con las demás es que no acepta su rol de género y se convierte por ello en una especie de dokufu. Las sospechas y la ansiedad envenenan la relación; y el descenso paulatino a la locura es consentido y acelerado por el propio Kichizo.

Sada Abe en su momento fue considerada ejemplo meridiano de la amenaza que suponía la sexualidad femenina desatada para la sociedad. A pesar de ello, se granjeó las simpatías de una parte importante de los japoneses. Fue condenada por homicidio en segundo grado y, a pesar de que ella misma solicitó la pena de muerte, su sentencia fue de 6 años de cárcel de los que cumplió 5. ¿Víctima o verdugo? Está claro que Sada Abe fue ambas, sin embargo no hay que olvidar que se convirtió en una asesina. Eso es impepinable.

oshima3

Imagino que este tipo de entradas a los fans tradicionales del manganime les importarán un carajote. Hace ya unos cuantos meses que SOnC se ha alejado de los derroteros de la bitácora clásica dedicada al mundo otaco. Los que esperáis contenidos más tradicionales, si todavía quedáis alguno por ahí, no os preocupéis porque sigo escribiendo sobre material moderno y popular. No tengo nada en contra de él si me gusta pero, como podéis comprobar, mis intereses son variados y lo que no voy a hacer es cohibirme en mi propio blog. Antes dudaba más en publicar según que entradas, ahora me da ya un poco igual. Seguís siendo escasa gente la que me leéis y, si habéis aguantado hasta aquí, creo que soportaréis lo que venga en el futuro. Solo aspiro a no aburriros, eso sería lo grave.

Todo este rollo macabeo se debe a que he recibido un mensaje privado por facebook, bastante irrespetuoso añado, de un lector que me transmitía sus dudas respecto a la dirección de SOnC. Aderezándolo con un estupendo mansplaining. Resumiendo, que no “entiende” mi bitácora. En realidad todo se ha desencadenado con la entrada dedicada al hentai. He perdido seguidores a causa de ella, algo que, no obstante, esperaba; y aunque a unos cuantos os ha gustado, a otros tantos ha indignado bastante. Qué le vamos a hacer, no se puede gustar a todo el mundo y tampoco creo que deba dar más explicaciones sobre lo que publico y dejo publicar… pero voy a dejar una cosa clara: SOnC no es una democracia. Oh, sorpresa. Es mi blog y en él corto el bacalao yo. Eso sí, cada lector es libre de abandonarlo en cuanto le plazca, no obligo a nadie a leerlo. También solicito y acepto críticas y sugerencias, por supuesto, siempre desde la cortesía y la buena intención. Si no es así, a escaparrar.

Solo quería puntualizar algunas cosillas, gracias por vuestra atención. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

anime, MUAHAHAHA, paja mental

Hentai or not hentai… dat ass is the question

Generalmente, las bitácoras sobre manganime en las que se hacen reseñas, se repasan las series de temporada o se comenta la habitual parafernalia que rodea este mundillo (seiyû, estudios, música, cosplay, etc), solemos ignorar el hentai. Es una parcela que ha quedado relegada a un submundo muy específico y aislado en el que, no en vano, todos los aficionados hemos chapoteado en sus aguas alguna vez. El hentai es pornografía, qué carajo, ¿no? Eso creemos. Y el sexo en su expresión más evidente persiste todavía en ser un tabú de cierta intensidad. En las sociedades donde la religión tiene todavía peso y/o existe algún tipo de represión psicológica, la sexualidad humana se continúa juzgando como algo que camuflar, incluso pecaminoso. Es un residuo de importante presencia, y que además está nutrido del patriarcado, el cual para medrar y ejercer su dominio debe someter y controlar la sexualidad femenina. Pero estoy hablando de la perspectiva occidental, claro.

En Japón el sexo jamás poseyó las connotaciones impuras u obscenas que el judeocristianismo inoculó en Europa o América. La moral sexual japonesa se apoya en el shintô, donde sus deidades o kami, mediante sus cópulas, representan la vida y fertilidad de la Naturaleza. De hecho, según su mitología, las islas japonesas fueron producto de las relaciones sexuales entre Izanagi e Izanami. Los símbolos fálicos, representaciones de los genitales femeninos o parejas de dioses abrazándose, son amuletos protectores contra la contaminación. Por tanto, el sexo era considerado algo natural, libre por completo de vergüenza o culpa y fuente de placer. La bisexualidad y homosexualidad (nanshokuwakashudô) tampoco eran un problema, que resultaban algo común entre cortesanos, monjes o samuráis. Eso fue así hasta la Era Meiji (1868-1912). A partir de entonces, en su afán por modernizarse y superar a las potencias occidentales, adoptaron muchos de sus valores. Entre ellos, poco a poco, fueron asimilando esa percepción del sexo distorsionada por la religión cristiana, mojigata y represiva. La ocupación estadounidense tras la derrota de la Segunda Guerra Mundial, acabó de asentar esa nueva ética sexual puritana. Un ejemplo sería la prohibición de la prostitución (Baishun bôshi hô), una actividad hasta entonces controlada por las autoridades, ejercida profesionalmente en sus propios barrios y tolerada socialmente.

shunga1
Detalle de “Pasión durante las nieves de primavera” (1822) de Keisai Eisen

Pero no hay ley sin trampa. Aprovechando vacíos legales y estirando su interpretación, se puede afirmar que las miríadas de máscaras que el lenocinio utiliza en Cipango, gozan de una excelentísima salud. En realidad toda la industria del sexo en Japón se encuentra en plena forma y es una maquinaria formidable de hacer dinero a tutiplén. Tal como está estructurada la sociedad japonesa en la actualidad, y sus características a medio camino entre su propia cortés austeridad y la gazmoñería occidental, se puede garantizar con total certeza una lozanía sin igual para el negocio durante muuuuuchos años. La pornografía tiene un papel esencial, por supuesto, y dentro de ella ciertos géneros del manganime también. Existe un grado de especialización extraordinario, donde tiene cabida toda clase de depravaciones y excentricidades varias. Y son a estas anormalidades a las que llaman en Japón hentai, no a otra cosa. Todo otaco que se precie sabe perfectamente que esta palabra significa pervertido sexual; y aunque en los shôjos/shônen levantar las faldas a una chica suele premiarse con el grito de KYAAAA!!! HENTAI!!!, se trata de algo mucho más serio.

El hentai es un subgénero del ero, que engloba a otros como el también celebérrimo ecchi. Todos van dirigidos en exclusiva a un público adulto (jû hachi kin). Pero en Occidente hemos acabado etiquetando como hentai a todo manga o anime que posea contenidos sexuales más o menos explícitos. Sin hacer muchas distinciones. Incluso hasta no hace tanto, el animanga era sinónimo de hentai entre los no aficionados. Pero en Japón, como podemos ver, es diferente. Es un concepto que ha ido evolucionando con el tiempo, dirigido en exclusiva al público masculino heterosexual y que se refiere, sobre todo, a parafilias y otras anomalías. No tiene implicaciones negativas por obligación, aunque alguna de estas desviaciones pueda considerarse aberrante. Los 13 géneros principales que conforman el hentai son: futanari (hermafroditas, transexuales), BDSM, furry, shokushu gôkan (tentáculos), guro, incesto, lolicon, shotakon, yuri, yaoi, embarazadas, harem y bakunyû (pechos gigantes).

pececillos
Lindos pececillos de artista anónimo

Una vez aclaradas algunas cosicas y puestos en situación, deberíamos preguntarnos: ¿de dónde y cómo surgió el hentai? No hay mucho escrito al respecto, quizás porque la gran parte de sus consumidores son pajilleros a los que solo les interesa quemar los contenidos sin más; y porque grosso modo no se le da mayor trascendencia a un género que no suele brillar por la inteligencia de sus guiones ni la complejidad de sus personajes. Aunque existan excepciones. Yo misma tampoco soy precisamente fan de él. Con sinceridad, clásicos como La Blue Girl (1992) o Urotsukidôji (1987) del gran maestro Toshio Maeda, nunca logré finalizarlos porque me aburrían cosa mala. No soy ninguna entendida tampoco ya que me sucede como con el spokon: acción narcótica superlumínica. Y en la actualidad que el asunto se encuentre infestado de informática cutre, tetas ciclópeas y mozas lobotomizadas, pues no me estimula demasiado para aventurarme en sus terrenos. ¿Por qué escribo sobre él? Pues porque me da penilla que, a pesar de ser el género más popular con enorme diferencia, resulte curiosamente algo así como invisible. Y por lo menos una vez debe aparecer en SOnC. También es verdad que una de las entradas más visitadas en esta bitácora es la dedicada a Kanashimi no Belladonna (1973), cosa que me ha sorprendido bastante. Y aunque no se trata propiamente de hentai, me dio la idea para el artículo. Y aquí estamos, oyes.

Tako_to_ama
“El sueño de la mujer del pescador” (1814) de Hokusai. La madre de todos los corderos.

¡Al grano, concentración! ¿De dónde y cómo surgió el hentai, decíamos? Como imaginaréis, toda raíz del manga y el anime hay que buscarla en el ukiyo-e, y en este caso particular en el shunga (“imágenes de primavera” o sea, de folleteo). El shunga podríamos decir que es el ukiyo-e erótico, con una gran variedad de intensidades, que iban desde lo insinuante a lo directamente pornográfico. Su origen, como tantas cosas en las islas, fue de inspiración china. Los manuales médicos que llegaron del continente durante la Era Heian (794-1185) y las obras de pintores como Zhou Fang, influyeron en su desarrollo y estilo, donde los genitales solían aparecer con formas y tamaños grotescos.

Comenzó siendo una manera de expresar los escándalos sexuales de cortesanos y monjes en los makimono, pero con la llegada de la imprenta y el progreso en las técnicas de impresión y xilografía, se hizo muy popular en el Periodo Edo, sobre todo en sus últimas décadas. Pasó de ser un elemento decorativo para las clases altas, a formar parte de esa idealización de la vida urbana que fue el mundo flotante. Como el propio ukiyo-e, resultó una democratización absoluta del arte erótico; brotaba tanto en los palacios de la nobleza como en las casas de los chônin o burgueses. Lo consumían mujeres y hombres por igual, y sus temáticas iban muchísimo más allá del amor heterosexual. La gran mayoría de los autores importantes como Hokusai, Utamaro o Hiroshige dibujaron shunga, porque constituía una fuente de ingresos caudalosa y estable.

catutamaro
“Mujer y gato” (1794) de Utamaro

Pero por entonces la palabra hentai no tenía la noción que posee en la actualidad. Su significado era algo así como “metamorfosis, transformación”. Fue con la apertura de la Era Meiji y la llegada del pensamiento occidental, cuando hentai comenzó a adquirir su implicación sexual. El recién nacido campo de la psicología experimental con Wilhelm Wundt, que utilizaba el método científico, no fue ignorado en Japón; pero sobre todo la obra del psiquiatra Kraftt-Ebing, Psychopathia Sexualis (1886), fue la que terminó de vincular la palabra con comportamientos sexuales fuera de “lo normal”. Hentai seiyoku era (y es) el deseo sexual perverso según Kraftt-Ebing o Freud, que del ámbito académico especializado pasó al de la calle con gran éxito. Se escribía y deliberaba en periódicos y revistas más sobre el hentai que de la sexualidad “normal”. El ero guro nansensu o erotismo grotesco absurdo, durante los años 20-30, fue tremendamente popular, casi se podría decir que el país vivió en el periodo de entreguerras una especie de desinhibición similar a la alemana de Weimar. Y el heredero directo de ese movimiento sensual y degenerado es mi queridísimo Suehiro Maruo.

Sin embargo, en los años 30 la situación mundial se alteró por completo. En las islas no ocurrió de forma distinta, y la ola de ultranacionalismo y totalitarismo de la naciente Era Shôwa endureció la censura muchísimo. Entre otras cosas. No fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que la sexualidad en Japón no retomó un espíritu más atrevido, sobre todo con la difusión de las publicaciones kasutori, de tipo pulp. Las kasutori recogieron el legado del hentai y lo elevaron a cumbres de imaginación y popularidad hasta entonces inéditas. En los años 60 se fue centrando cada vez más en un público masculino heterosexual, y así hasta hoy, cuyo target continúa siendo casi en exclusiva los cromosomas XY.

De todas formas, si os interesa el tema de la sexualidad japonesa durante el s. XX, os recomiendo los trabajos del profesor Mark McLelland de la Universidad Wollongong en Australia. Tiene artículos la mar de interesantes al respecto, muy recomendables.

yamamoto
A Takato Yamamoto también le gusta el “ero guro nansensu” de la Era Taishô

¿Y cuál fue el primer anime pornográfico de la historia? Pues hasta donde sabemos, ese honor lo ostenta Suzumi-bune (1932) de Hakuzan Kimura. Tampoco podemos decir mucho sobre él, porque a pesar de que estaba planeado que consistiera en dos partes, la primera fue confiscada y no llegó a estrenarse nunca. La segunda ni se llegó a realizar. Ya en el s. XXI, la policía tokiota donó la obra al Museo Nacional de Arte Moderno, revelando que su duración es de 10 minutos. Quizás más adelante su contenido pueda hacerse público, quién sabe. A mí me gustaría verlo.

El primer anime estrictamente hentai es la película Yasuji no Pornorama: Yacchimae!! (1971), aunque hay quienes opinan que en realidad son las seis OVAs de Lolita Anime (1984). Como no he visto la primera, me veo incapaz de aseverarlo; aunque no me importaría nada echarle un vistazo. Soy una glotona en lo que se refiere a bizarradas… no obstante tampoco niego que suelo indigestarme a menudo. Que la cantidad de hentai que se ha realizado y se produce es monumental lo sabemos todos. Y su calidad dudosa (eso siendo liberal). Es muy complicado, incluso para el connoisseur, hacer un top ten objetivo y coherente, así que imaginad cómo lo puede llevar servidora: terrible. JUAJUAJUA. Además, como ya he indicado al principio, no soy fan. Me aburro, y suele irritarme esa forma tan lamentable de presentar a la mujer como si fuera un animalillo acéfalo. Si ya me pone de mala hostia en otros géneros, en el hentai es como la apoteosis sideral de Galactus en pleno arrebato de bulimia cósmico. Así que las cinco recomendaciones que voy a hacer, para redondear una miqueta más la entrada, no son estrictamente hentai, sino que he preferido recurrir a su concepción occidental, que aunque no es la correcta, sí resulta bastante más amplia. Algunas obras son más explícitas que otras, pero todas ellas me parecen dignas de un visionado. Son pedazos de historia de la animación japonesa, nos guste o no. Here we go.


nights

Senya Ichiya Monogatari (1969) se puede considerar el primer largometraje animado dedicado al erotismo de la historia de Japón. La carga sexual es importante, y es algo que me entusiasma porque respeta el espíritu de la obra literaria en la que está basado, Las mil y una Noches, que es bastante verde. Quizá no es la faceta más conocida de esta compilación de relatos, donde siempre se ha hecho hincapié en ese maravilloso exotismo de los parajes que describe o las aventuras, la fantasía y la magia que hay presentes. Para los que no lo sepáis, Alf layla wa-layla tiene pasajes que son simple pornografía, en la universidad me tocó traducir fragmentos subiditos de tono muy tremebundos. Por eso me parece genial que Tezuka quisiera esta vez aprovechar su dimensión sexual, y hacer una adaptación más fiel en esencia a los cuentos originales que las que se habían realizado hasta entonces. Incluido su Sinbad (1962). Y es que estos clásicos de Oriente Próximo se han trabajado en el medio audiovisual desde muy temprano, tanto en cine como animación, pero casi siempre obviando su vertiente carnal. En Senya Ichiya Monogatari sin embargo tenemos fantasía, tenemos aventuras, tenemos exotismo y tenemos también concupiscencia.

1001

Este film de dos horas y diez minutos de duración fue el primer proyecto que salió a la luz del grandioso Animerama de Osamu Tezuka, dedicado al público adulto. Una aspiración esa, la del formato cinematográfico y la de las audiencias maduras, pionera en el mundo. No es broma. Fueron tres películas en total antes de que la productora, Mushi Pro, se fuera al garete, y he incluido las tres en este listado. No podía ser de otra forma. El trío de ases fue dirigido por Eiichi Yamamoto, y ha pasado a la historia como tres de las animaciones eróticas más hermosas y extrañas que existen. No me voy a adelantar, pero la que se lleva la palma no obstante en belleza y extravagancia es La belladona de la tristeza, en la que Tezuka, por cierto, no intervino en ningún aspecto. En ese momento ya había ahuecado el ala y Mushi Pro agonizaba.

Pero regresemos a Senya Ichiya Monogatari. Esta película nos cuenta la llegada a Bagdad de Aladino, que se parece sospechosamente a Jean-Paul Belmondo. Él no es más que un pobre aguador, pero posee un carácter optimista y osado que le hace sobrellevar su dura vida con satisfacción. Y allí, en la gran urbe, se enamora de la esclava Miriam, a la que rapta. Su amo, un jovencito malcriado que es el hijo del Jefe de Policía de Bagdad, no se da por vencido tras perder a su bella presa, y decide utilizar su influencia para recuperarla. Pero mientras, Aladino y Miriam se han refugiado durante su huida en un misterioso palacio, del cual por la mañana no pueden salir. Su dueño, Suleimán, el cortesano favorito del sultán y famoso por sus rarezas, los ha encerrado entre sus paredes para que le diviertan. Y la historia no queda solo ahí, sino que se complica cada vez más y más. Muerte, traición, venganza, amor… hay absolutamente de todo. Un bonito culebrón.

ants

La trama no puede ser más tradicional, pero no faltan ni la emoción ni las sorpresas. Tiene ese remate caricaturesco propio de Tezuka, que aunque en los mangas se tolera sin problemas, en película no aguanta el paso del tiempo muy bien. Los malos son muy malos, y los buenos son bastante grises, gracias a Luzbel. Eso sí, el peso sexual recae completamente sobre los papeles femeninos, como es de esperar… aunque no estoy aquí para hacer una revisión posmoderna feminista de estas obras. No procede, otro día quizá. Senya Ichiya Monogatari utiliza recursos propios del cine, es una obra de tintes experimentales donde se puede encontrar animación tradicional, imágenes estáticas, maquetas (esas panorámicas de Bagdad son mágicas), pantallas partidas, 3D, etc. y todo eso unido a un estilo psicodélico de vivos colores que fluye y se retuerce como una serpiente de agua. La música se encuentra en manos inmejorables: Isao Tomita, que compone piezas de frenético funky-yeyé, muy de la época, e incorpora fragmentos del Scheherezade (1888) de Rimsky-Korsakov también.

cleopatra

Cleopatra es la película que menos me gusta del Animerama. La considero la más endeble e infantil de las tres, aunque posee su interés aparte del meramente histórico. La triunfada que supuso Senya Ichiya Monogatari, impulsó a Tezuka a arriesgarse muy a fondo en lo que le gustaba hacer: experimentos. Todavía no tengo muy claro qué demonios pretendía Manga no kamisama con este film, creo que ni él mismo lo sabía. Solo que el éxito del año anterior lo acicateó para jugar como un niño impetuoso con arcilla y plastilina… y le salió un engendro. Pero, ¡ay, amiguitos!, un aborto de Tezuka es un bebé sano y hermoso para cualquier otro creador, y Cleopatra tiene sus méritos. Aunque supusiese el descalabro económico definitivo de Mushi Pro y el abandono de la nave por parte del capitán.

tezuka3
Aquí Tezuka se pregunta qué está haciendo con su vida. Y suspira. Ay.

¿Por qué fue un fiasco comercial? Me considero incapaz de llegar a alguna conclusión porque me faltan datos, pero quizá tuviera que ver con que se trataba de un film mucho más explícito que Senya Ichiya Monogatari (fue calificado directamente como X) y que era (es) raro de cojones. Yo no le tengo miedo a las excentricidades, las amo de hecho; pero comprendo que no todos somos iguales. A pesar de que Tezuka prefería el campo de la experimentación y la creatividad sin cortapisas, su público no. Su público esperaba otra cosa, no un trabajo de patchwork visual de casi dos horas. Porque aparece de todo en Cleopatra: imagen real, collage, ciencia-ficción (el inicio parece Star Trek), fantasía, mezcla de estilos en el dibujo, anacronismos a mansalva (¡sale Astroboy, viva!), paréntesis argumentales que fracturan el ritmo, homenajes a Botticelli, Degas, Delacroix, Modigliani, Picasso… qué sé yo. Un esfuerzo valioso por presentar un producto vanguardista y rompedor en sus formas, pero con un contenido más pobre de lo acostumbrado en Tezuka. No aporta nada nuevo al personaje de Cleopatra, por ejemplo, que es presentada como la clásica seductora que mediante sus artes sexuales domina a los hombres; Julio César directamente es un gañanuzo déspota con el cerebro en el glande, y Marco Antonio es evidente que sufre algún tipo de retraso. Tragicomedia caricaturesca marca Tezuka a todo gas. Por cierto, el apartado musical, otra vez bajo la tutela de Isao Tomita, EXCELENTE.

kureopatora
Exacto, Julio César es VERDE. Todo bien.

belladonna

No tengo mucho más que añadir sobre Kanashimi no Belladonna a lo que escribí hace unos meses aquí, salvo que ha sido restaurada y publicada en Blu-ray este verano. Cuando hice la reseña todavía no se sabía nada de una reedición, por lo que la noticia después me alegró muchísimo. La película lo merece. Es mi favorita del Animerama y sin duda mi preferida también de las que hoy expongo. Si no la conocéis o no la habéis visto, no comprendo a qué estáis esperando. Es una verdadera obra de arte, aunque no para todos los paladares, desde luego.

belladonna

otoko

Casi 20 años después, Eiichi Yamamoto decidió vincularse a otro largometraje de tipo erótico: Kôshoku Ichidai OtokoEsta película es una joya. Todo en ella es fascinante, el arte, tan ukiyo-e y delicado, la historia, los personajes… Sin duda tras Kanashimi no Belladonna es la que más me gusta de las cinco. No me explico cómo no es más popular ni tampoco entiendo la razón de que haya pasado tan desapercibida. Es probable que mi entusiasmo se deba a que conozco la obra literaria, de la que es una adaptación bastante libre: Hombre lascivo y sin linaje (1682) de Ihara Saikaku. Fue una novela que me gustó mucho cuando la leí. Creo que merece su propia entrada, así que no me alargaré demasiado.

otoko3

otoko2

Hombre lascivo y sin linaje fue escrita en ese momento del Periodo Tokugawa donde la clase burguesa estaba medrando y haciéndose dueña de la vida urbana en Edo y Osaka. A su nueva sensibilidad hedonista del mundo flotante iba dirigida, y a ella representaba; el autor lo hizo además parodiando una de las grandes obras de la nobleza cortesana: Genji Monogatari (s. XI) de Murasaki Shikibu. Podríamos decir que es como una especie de novela shunga (si lee esto alguien especializado en literatura japonesa querrá ahorcarme), y cuenta la vida y desventuras de un hombre, hijo bastardo de un rico chônin, que a pesar de tener en su mano la posibilidad de ser un hombre rico, lo tira todo por la borda porque le gustan demasiado las mujeres. Yonosuke es un seductor, un Príapo sin remedio al servicio del placer.

La película no se centra tanto en Yonosuke sino que divide el argumento en dos historias paralelas, describiendo las experiencias de un par de hombres muy distintos con una hermosa e inaccesible geisha llamada Komurasaki. Uno es un donjuán, otro un pardillo poco atractivo; uno es experimentado y hábil, otro torpe e ignorante. No es el argumento más original del universo, pero la enorme belleza estética del film suple con creces esa carencia, haciendo de su desarrollo una travesía hipnótica. Y como escribía hace unas líneas, no voy a extenderme más porque Hombre lascivo y sin linaje tendrá su entrada individual en breves.

kite

Podría haber seleccionado Mezzo Forte (2001) también de Yasuomi Umetsu, pero A Kite (1998) me gustó mucho más. Son dos OVAs de hentai sin sutilezas. Hentai en su noción pura japonesa de “sexo pervertido”. Y de calidad, tanto en la animación como en el argumento. No es un anime precisamente largo, por lo que se echan de menos ciertas cosas: unas relaciones entre los personajes más definidas, unos perfiles psicológicos más hondos y una historia un poco más compleja. A pesar de sus defectos, como unas escenas de acción muy requetebién ejecutadas…. pero inverosímiles a ratos también (pero muchomucho), se ha sabido sacar partido a una base simple de manera eficaz y brillante, dosificando la información y con unas vueltas de tuerca formidables. Y ese final con los gatitos… muy bueno. A kite no gira en torno al sexo, su argumento no está al servicio de las escenas pornográficas; el sexo que aparece, que tampoco es tan abundante, es una acción más de las tantas que se suceden en las OVAs. No sobran y tienen su sentido, pero no acaparan protagonismo.

kite2

Sawa es una adolescente cuya familia fue asesinada delante de sus propios ojos. Sola en el mundo, únicamente tiene de amparo a un policía corrupto llamado Akai, que la utiliza en su propio beneficio. Él y su socio Kanie la han entrenado para convertirla en una asesina segura y eficiente. Un día, aparece otro chico llamado Oburi, que también se encuentra bajo el dominio de la pareja, y a Sawa no acaba de hacerle demasiada gracia… Un guion sencillo que va progresando entre secuencias de violencia extrema y sangre, mucha sangre. Aun así, posee una sobriedad elegante que me recuerda a Blood, the last Vampire (2000), pero con bastante más enjundia que esta última (aunque sin tanto dinero detrás). Sawa es la estrella indiscutible, además del personaje mejor delineado y con una evolución fascinante. El resto son bosquejados a la manera impresionista, sin mucha precisión pero con los trazos necesarios para entender lo suficiente sobre ellos.

No son unas OVAs perfectas, pero sí sólidas. Están repletas de simbolismo y pequeños acertijos cuya solución suele ser inesperada, pero completamente lógica. La lástima es que solo sean dos OVAs, porque Kite Liberator, su secuela, no les llega ni a la suela de los zapatos. Es prescindible. A kite es un producto violento y descarnado, que no solo gustará a los seguidores del hentai, sino que tiene todas las papeletas para cautivar a los fans del thriller policíaco. Consejo: huid como de la peste de la adaptación cinematográfica estadounidense que se hizo de esta obra. Es caca. Una caca graaaande.

kite3

Creo que sobra advertir que estos son mis gustos y esta es mi mini-lista. Y como podéis observar, no están ni Bible Black, ni Oni Chichi ni Ai Shimai ni ninguno de los cientos de hentai más que se os puedan ocurrir y opinéis son mejores. No sé si lo recordáis, panda de rufianes, pero este es un blog personal y no un artículo periodístico. No offence. También me doy cuenta de que esta entrada va a producir desagrado en algunos y el adiós en otros, pero qué le vamos a hacer, no se puede gustar a todo el mundo. El sexo y la pornografía son temáticas bastante susceptibles de herir sensibilidades a pesar de los pesares. No ha sido mi intención hacer ningún juicio de valor, y he procurado ser lo más aséptica posible, ya que para mí la sexualidad es solo una faceta más de la naturaleza humana. Ni mejor ni peor que otras, aunque siempre se esté utilizando como herramienta. Y sí, es muy cansino… pero ya nos hemos acostumbrado a esa hipersexualización de la sociedad, aunque ciertos tabúes sigan existiendo, claro.

Y esto ha sido todo por hoy. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga vs anime

Manga vs. Anime: Hacia la Tierra

Ya no sé ni cómo mitigar la impaciencia por tener en mis manos 11-nin Iru!. El 19 de septiembre queda todavía tan lejos… Gracias, Tomodomo, por haber puesto al fin una fecha a mi espera. De momento encuentro consuelo en otros mangas del género y misma época, como el protagonista de la presente entrada. Este Manga vs. Anime está dedicado a una de las obras más importantes de su autora; y también es el ejemplo de cómo creadoras pudieron, a pesar del prejuicio y la entonces corriente mayoritaria en el sector, escribir y dibujar historias que lograron redefinir por completo la esencia y forma del shôjo.

terra e
“Terra e…” de Keiko Takemiya

Estas creadoras fueron, entre otras, Môto Hagio, Ryôko Yamagishi, Yumiko Ôshima, Riyoko Ikeda o la que hoy nos atañe, Keiko Takemiya. Todas conformaron el que se denominó Hana no 24 nen gumi o Grupo Floreciente del 24, y enriquecieron el mundo del manga con perspectivas innovadoras, engendrando nuevos géneros como el shônen-ai. Hasta entonces habían sido principalmente autores masculinos los que desarrollaron la demografía shôjo, recurriendo casi siempre a la clásica historia romanticona de chica de vida azarosa que sufre mal de amores.

Pero no me olvido del trabajo de mangakas previas, como las esenciales Toshiko Ueda o Hideko Mizuno. El Grupo del 24 recogió el legado de estas pioneras que modelaron el género, para revolucionar el panorama a fondo. Junto al que se llamó Grupo post-24 y la labor de autoras como Shio Saitô, Kyôko Okazaki e incluso Rumiko Takahashi, es que podemos disfrutar del manga comercial tal como lo conocemos ahora. Su contribución fue fundamental, porque estas creadoras no se limitaron a transformar el shôjo y shônen introduciendo temáticas hasta entonces impensables, sino que se adentraron en los paisajes estelares de la ciencia ficción, hurgaron en conceptos filosóficos complejos, escribieron historias intrincadas de gran calado o innovaron en la disposición y estructura de las viñetas para intensificar la emotividad. Fue un tsunami tanto formal como intelectual.

keiko takemiya
Esta SEÑORA es Keiko Takemiya

Keiko Takemiya vivió durante un par de años en la misma casa que Môto Hagio, en Ôizumi, Nerima (Tokio). Por ahí también empezaron a pasarse otros artistas, creando lo que más tarde se denominaría Ôizumigakuen: un lugar de encuentro, intercambio y aprendizaje. Allí ambas descubrieron publicaciones como Barazoku y leyeron obras como Le ville dont le prince est un enfant (1951) o Les amitiés particulières (1943), que les abrieron las puertas a un universo oculto, el de la homosexualidad masculina. No dudaron en inspirarse en el material que les ofrecía ese nuevo mundo para crear algo completamente transgresor: el shônen-aiyaoi. No es difícil encontrar los ecos de Les amitiés particulières en Thomas no Shinzô (1974) de Hagio y, sobre todo, en Kaze to Ki no Uta (1976-1984) de Takemiya. No soy especialmente fan de esos géneros, de hecho la sobredosis de idealización romántica que suele acompañar sus historias me aburre, pero en sus inicios el asunto era bastante diferente. Fue un reducto donde acudieron autores con poco miedo a la experimentación, y esa tendencia todavía persiste en cierta forma. Ahí tenemos a Asumiko Nakamura, por ejemplo. Pero regresando a la casa de Ôizumi, también ambas leyeron a Robert E. Heinlein o Alfred Elton van Vogt, por lo que era completamente lógico que apareciera una obra como la que vamos a tratar hoy: Terra e… o Hacia la Tierra.

terra e2
¿Dónde está el emblema de la Flota Estelar que falta en el uniforme? ¡A ver qué pasa aquí!

En 1976, año en el que empezó a publicarse Terra e… hasta su finalización en 1980, las space opera estaban plenamente aceptadas y a puntito de lograr su clímax a nivel popular. Lejos quedaban los años en los que se consideraban un subproducto marginal de la ciencia ficción, pasto de publicaciones pulp de escasa calidad. Es indiscutible la importancia de Isaac Asimov o Ray Bradbury en su desarrollo, pero fue a finales de los 60 y a lo largo de los 70, que este género despegó como un cohete, reconstruyéndose a sí mismo. Y a esa reconstrucción, que abrazó diferentes disciplinas, contribuyeron obras como las míticas series de televisión Star Trek (1966-1969), Battlestar Galactica (1978-1980) o la archiconocida saga cinematográfica de Star Wars (1977-). Keiko Takemiya también aportó su granito de pólvora a esa enorme explosión sideral, y lo hizo en el mundo del tebeo con Hacia la Tierra.

terrae4

Terra e… está constituido por 28 capítulos distribuidos originalmente en 5 tankôbon, que en la edición americana redujeron a 3. En 1978 triunfó en la recién creada categoría de mejor cómic en los galardones más importantes dedicados a la ciencia ficción de Japón: los premios Seiun. Môto Hagio ganaría 3 veces en ellos también a los pocos años. En 1980, Hacia la Tierra recibió el Shogakukan al mejor shônen… y otra obra de Takemiya, Kaze to Ki no Uta, al mejor shôjo. Un doblete que Môto Hagio había logrado también en 1976 con Poe no Ichizoku y 11-nin Iru!. Por supuesto, no fue un fenómeno aislado el de Hacia la Tierra. Como decíamos, el space opera estaba en plena ebullición, y en el mundo del manganime su impacto fue notable. Además de Hagio y Takemiya, es obligatorio mencionar al rey del género Leiji Matsumoto, cuyos clásicos han gozado de mucha fama en Occidente (Space Battleship Yamato, Capitán Harlock, etc).

El éxito de Terra e… era incuestionable, así que Toei produjo la película animada que se estrenó en 1980. Su director, Hideo Onchi, no me suena absolutamente de nada, pero otros miembros del equipo que sacaron adelante el proyecto me resultan más familiares, como Masami Suda y, muchísimo más, Yoshinori Kanada (1952-2009). Kanada poseyó una larga y experimentada carrera como animador primario; trabajó en otras películas similares, creaciones de Leiji Matsumoto, como Ginga Tetsudô 999 (1979) o Queen Millennia (1982); aunque sus colaboraciones más destacadas fueron en Nausicaä del Valle del Viento (1984), Mononoke hime (1997) y Metropolis (2001). Hacia la Tierra no pudo presumir de un staff espectacular, pero sí muy eficiente. Tuvo la responsabilidad de adaptar una obra compleja y profunda. ¿Lo logró? Sí y no. Como sucede muchas veces en la vida.

jomy
Este es Jomy Marquis Shin y, entre tú y yo, al principio es un poquitín idiota.

Takemiya-sensei nos introduce en un futuro lejano donde el ser humano ya no vive en la Tierra, sino en Ataraxia. Nuestro mundo fue devastado por la acción del hombre y, este, para procurar su regeneración, decidió abandonarlo y dirigirse hacia las estrellas. Pero la nostalgia del hogar pervive, y la humanidad desea regresar a él, esta vez para no tener que irse. Aunque, ¿son todos dignos de volver? La sociedad que aparece en Terra e… está completamente tecnificada, tanto que las personas se engendran de manera artificial. La humanidad ha olvidado su propia humanidad. Controlada por la superinteligencia artificial SD, que examina, verifica y domina cada estadio de la vida humana, esta sociedad venera el orden, la obediencia y la preservación del statu quo; pero prohíbe totalmente las nociones de libre pensamiento, espontaneidad o evolución. Esta última palabra es clave, pues SD excluye y aísla una variación humana que ha ido surgiendo, una mutación dotada de capacidades parapsicológicas como la telepatía, telekinesis, videncia, etc. que también van acompañadas de algún tipo de discapacidad física. Son los llamados Mu, y en cuanto se detectan, apartados de la sociedad y sujetos a experimentación médica. Pero muchos han conseguido escapar, y conviven ocultos para rescatar a más de los suyos y, finalmente, dirigirse a un planeta que habitar sin ser perseguidos o molestados. Su objetivo, en realidad, es retornar a la añorada morada ancestral: la Tierra.

Los Mu están liderados por Blue Soldier, un gran telépata que lleva mucho tiempo esperando la llegada de un nuevo mutante más fuerte, más poderoso, que pueda liderarlos hasta su nuevo hogar, lejos de Ataraxia. Y, por fin, se presenta en la figura del adolescente Jomy  Marquis Shin. A pesar de reiterados exámenes y pruebas exhaustivos, Jomy todavía no ha manifestado su mutación y, aunque posee un carácter desenvuelto y rebelde, SD no lo considera un Mu. Pero Blue Soldier sí se ha percatado de su presencia y decide llevarlo hasta él. Para ello, decide aprovechar el “Examen de Madurez” (en realidad un lavado de cerebro) al que es sometida toda la población para acceder a la edad adulta. Tras él, si no son desechados, recibirán una intensa reeducación para ser merecedores de regresar a la Tierra.

terra7

Este sería el resumen, sin entrar en grandes detalles, del primer libro del manga. En él Takemiya, con elegante sencillez, expone las circunstancias en las que vive la gran parte de la humanidad. Es un régimen autoritario, de semi-esclavitud e ignorancia, que SD podría considerar de equilibrio y tranquilidad. El argumento se extiende más, pero muchísimo más. Takemiya no narra un momento extraordinario en la vida de alguien, sino que cuenta la historia de la humanidad en el espacio. Se trata de una perspectiva amplia, que trasciende las existencias de los rostros protagonistas. Una obra ambiciosa, de corte épico y con miles de recovecos.

Los personajes más interesantes son, sin duda, Jomy y Keith, su antagonista. De hecho Keith Anyan es brillante, casi cegador. Su presentación en el segundo libro, como estudiante modelo y futuro miembro de la élite social pero, a la vez, consciente del enorme abismo que lo separa de otros compañeros a nivel intelectual y emocional, es premonitoria. Su frustración por saberse distinto, lo conduce  a sentir un profundo vacío existencial. Seki Ray Shiroe, un novato díscolo, será su catalizador, ya que se trata de su completo opuesto. Y, con esa base, el personaje crece, crece y crece. Pero hay más. Takemiya no se centra en un solo bando, ofrece una descripción pormenorizada tanto de los humanos como de los Mu, destacando sus virtudes y defectos. Más equidistante de lo esperado. Y la galería de personajes que va desfilando ante los ojos es abundante; pueden estar más o menos delineados, pueden ser más o menos cliché; pero todos aportan algo al acervo. Es una obra coral donde hasta las voces más insignificantes engrandecen esta polifonía cósmica.

terra7

No hace falta exprimirse mucho la sesera para encontrar, como primera y evidente metáfora, una crítica a la sociedad tradicional japonesa, que premia la sumisión y la entrega total al deber como defensa de la sociedad (wa); y considera una amenaza a la paz y el orden el individualismo, lo diferente. Me viene a la mente el refrán japonés deru kui wa utareru o “el clavo que sobresale recibe un martillazo”. Que no se refiere solo a las envidias o críticas que puede suscitar la diferencia; sino a que la propia sociedad, el colectivo, hará lo necesario (un martillazo) por homogeneizarse y mantener la armonía. Afortunadamente, los tiempos en Japón están cambiando en este aspecto y no son ya los años 70.

Hacia la Tierra es una guerra entre dos formas de vida aparentemente incompatibles entre sí, ambas luchan por sobrevivir, ambas se creen legítimas. En realidad es uno de los combates más viejos del mundo, y que se siguen repitiendo casi siempre para mal. Ese ideal de felicidad filosófico epícureo de la ἀταραξία o ataraxia, esa búsqueda de la imperturbabilidad y calma que ha logrado SD, ¿a qué precio se ha conseguido?, ¿es lo que realmente desea la humanidad?, ¿no es sino una corrupción de ese concepto, donde la voluntad individual se elimina, lo que ha construido a gran escala SD? Estas preguntas y muchísimas más, son las que van brotando a lo largo del manga. Podría profundizar y alargarme en otras ideas también esenciales que Takemiya toca, pero sería destriparlo demasiado. Lo adecuado es leer (o ver en el caso de la película) y que cada uno reflexione sacando sus propias conclusiones.

managavsanime

Para ser un poco equitativos, he ignorado la serie de televisión que fue emitida en 2007 (muy buena, por cierto, y que está injustamente relegada al olvido). ¿Por qué? Porque para esta sección prefiero que suban al cuadrilátero dos obras coetáneas, impregnadas del espíritu de la misma época. Lo considero más justo. Además la serie ya tiene una reseña excelente, realizada por Wanda en su blog Entre sábanas y almohadasy que os invito a que leáis sin falta.

terrae5

Se trata de un combate desigual. Por completo. Es debido a que la película adapta, no un arco argumental o dos, sino todo el manga. Tooooodo lo que supone este tebeo en hora y tres cuartos. Eso es compresión, señores, y no el WinRAR. Esta decisión no fue caprichosa, pues en esa época generalmente era el procedimiento habitual. Aun así imagino que tuvo que ser una tarea embarazosa… y difícil. Por ejemplo, la peculiar estructura del manga, que no sigue una linea temporal continua, en la película queda completamente dislocada, resultando un poco bastante adefesio.

Algo que deberíamos preguntarnos es si el manga o la película han envejecido bien. La respuesta es clara, pero con matices. El manga supera con creces la mayoría de los inconvenientes que un lector actual promedio pueda hallar. El arte es armonioso, muy influido por Tezuka, pero con la orientación clara de un shôjo clásico. Diáfano, a veces psicodélico, y con una alta carga emotiva que Takemiya no se corta en expresar mediante trazos más violentos o fuera de viñeta. En su momento debió de considerarse muy original, actualmente lo valoraríamos como recursos de mucho dinamismo sin más. El argumento en ocasiones peca de ingenuo, con algún que otro agujerillo, pero es inteligente y atractivo; sigue enganchando. Salvo los típicos detalles de asignación de roles de género, que ahora chirrían bastante, y alguna poca cosa más, Terra e… es indudablemente un clásico que debería ser reivindicado con más frecuencia. ¿Le sucede lo mismo al film? Veamos.

terrae9

Hacia la Tierra, si no se ha leído el manga, resulta una película decente; más del montón que memorable, pero que jamás se me ocurriría despreciar. Es entretenida, posee una animación buena y el arte, aunque discreto, sirve con eficiencia a la historia. El argumento, aunque se percibe amputado, deslumbra por sí solo. Es complicado hacer de una historia así estiércol. Muy complicado. Los problemas brotan, como setas en octubre en un pinar, cuando se ha leído antes el manga. No lo hagáis en ese orden, el film parece en comparación un episodio de dos horas de Wacky Races.

La película en realidad es una curiosidad. Una anécdota. Bien realizada para la época, resume lo más básico del manga y lo presenta con coherencia, hasta de manera más clara que el tebeo, que en ocasiones se torna denso y algo confuso. Incluye también pequeños detalles que humanizan a ciertos personajes, otorgándole al conjunto más calidez. Sin duda, se trata de un buen aperitivo para disfrutar antes del tebeo, aunque por sí mismo transmite una idea sesgada. Terra e… no es un shônen. Tampoco un shôjo. En realidad Terra e… es un algo indefinido que sigue sorprendiendo a pesar de los años que han pasado. Tiene características de ambas demografías, ramalazos que todo el mundo inmediatamente identifica: los personajes arquetípicos, la evolución de la historia. Pero hay detrás tal complejidad, que la película se queda en maqueta al confrontarla.

terra e3

La conclusión es meridiana: manga wins. La película es recomendable para aquellos que deseen acercarse a esta obra por fisgonear; y si gusta, el tebeo no defraudará en absoluto, es más, entusiasmará. No es la mejor adaptación del universo, no obstante cumple el cometido a pesar de sus carencias. Tampoco es una pérdida de tiempo. Pero una cosa clara: si la obra en general y su historia atraen mucho y no apetece leer demasiado ¡sacrilegio, malditos vagos!, acudir a la serie de TV del 2007 es la opción más sensata. Pero antes de caer es las garras de la pereza gandulesholgazaneshuevones, por favor, leed el tebeo de Hacia la Tierra. No existe comparación con nada. De verdad de la buena, amiguitos.

Acabo de advertir que esta sección se inauguró con la obra de una de las componentes más famosas del Grupo 24, Riyoko Ikeda. Sí, con La Rosa de Versalles. Creo que para todos aquellos que somos amantes del tebeo japonés, es importante (¡y muy interesante!) husmear de vez en cuando entre los clásicos, pasearse entre los cimientos que sustentan esta afición que tenemos. Es una manera de presentar nuestros respetos e, indudablemente, aprender y disfrutar. Supongo que más adelante caerán más oldies imprescindibles por aquí, aunque no deseo hacer de Manga vs. Anime una sección demasiado mmm… vintage. Jojojo, qué mal ha quedado eso.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

literatura, MUAHAHAHA

La monstruosa estirpe de Sekien Toriyama

Por fin ha caído en mis manos. Llevaba deseándola mucho tiempo y aquí la tengo. Es una verdadera preciosidad, se ha convertido inmediatamente en uno de los tesoros de mi hogar. No me canso de repasar sus páginas, una y otra vez, observando, leyendo. Para todo aquel que ame y disfrute de la faceta crepuscular de Japón, es una obra imprescindible. Cuando me enteré de que Quaterni la había publicado, y encima en español, no me lo podía creer. Pero sí, inconcebible, entre la alegría y el estupor me hallo. ¡Los milagros ocurren! ¿Que de qué estoy hablando? Pues de lo que podríamos considerar un bestiario. El primero de su clase japonés, del s. XVIII. Todo lo que hayáis podido leer o ver sobre yôkai, yûrei y otras criaturas sobrenaturales de Cipango, ha bebido de alguna forma de la obra de Sekien Toriyama. Es una referencia absoluta.

Los amores actuales de mi vida: Isis y la guía de Toriyama. Bueno, falta mi bicicleta.

Tampoco es que no se hubiera escrito antes nada sobre demonios y entidades fantasmales, pero sí fue la primera vez que se plasmó de manera sistemática. Sekien fue pionero con este conjunto de grabados, que por otro lado también ahondaba las raíces de un ukiyo-e ya en el corazón de su despegue. Y gracias a él, lo que permanecía de forma un tanto marginal en la literatura y vivía sobre todo en la tradición oral, con el riesgo que implicaba su distorsión y/o desaparición, alcanzó enorme popularidad. Autores posteriores como el querido Shigeru Mizuki (1922-2015), le deben muchísimo, y sin él no concebiríamos de la misma forma el mundo de los yôkai.

Sekien Toriyama tenía ya sesenta años y había gozado toda su vida de una posición desahogada en Tokio. No tenía ninguna necesidad de realizar una obra de estas características, pero según se comenta en el prefacio, un librero vio los dibujos que había realizado sobre estos monstruos y lo animó a publicarlos. La creatividad y el talento no son cuestión de edad. Así es como vio la luz su primera antología, en 1776: Gazu Hyakki Yagyô o El desfile nocturno de los cien demonios ilustrado. La dividió en seis tomos: Sombra, Luz, Viento, Lluvia, Último día y Mañana.

hyakki
Pormenor del “Hyakki Yagyō Emaki”, del periodo Muromachi (1336-1573) donde aparecen estos Tsukumogami

Sekien se inspiró en un emakimono anónimo de la era Muromachi, que representaba una de las leyendas más conocidas del folclore japonés: el Hyakki Yagyô. Como buen mito, posee distintas vertientes y ramificaciones; no obstante, todas hablan de lo mismo: una noche de verano al año, los yôkai, oni, yûrei, kitsune, etc., guiados por el clan nûrihyon, salen en procesión por las calles y caminos sembrando el caos. Aquel humano que se cruce con ellos, corre el riesgo de morir o ser abducido. La protección frente a esta comitiva sobrenatural recae en mantras o hechizos antidemoníacos. Una suerte de romería paranormal que se podría fácilmente relacionar con otras más familiares por estos lares, como la Almetas pirenaicas o la Santa Compaña gallega y asturiana.

Pero no todo quedó ahí. El éxito cosechado por esta recopilación de dibujos obligó a crear una obra más, Cien demonios del presente y el pasado ilustrados (1779). Y luego otra y otra: el Suplemento de los cien demonios del presente y el pasado (1780) y La bolsa de los cien utensilios aparecidos al azar (1784). Y esta edición de Quaterni incorpora, por supuesto, la totalidad de estos cuatro libros en un solo volumen.

El dibujar temerosamente la cara de un demonio que nunca han visto probablemente sea imposible en términos reales. Pensé que con esto podía espantar a alguien y decidí dibujar la imagen de cosas extrañas casi inexistentes. Sin embargo, ha habido muchas personas que han elogiado varias veces mis obras, pero, ¿qué pensarían estas personas si se les aparecieran los demonios?

Sekien se documentó con cuidado exquisito. A la hora de bosquejar estos monstruos acudió no solo al patrimonio japonés, sino también al coreano, indio o chino, pues la cultura nipona tiene una fuerte influencia de ellos. Es el caso, por ejemplo, del Shahaijing: El libro de las montañas y el mar, del s. VI. Aunque también se encuentran influjos más peregrinos.

rokurokubi
Rokurokubi o “cabeza salvaje que vuela”. Su origen sea probablemente el sudeste asiático, aunque arraigó muy bien en Japón.

Los monstruos incluidos en el primer libro son los más conocidos, y conforme vamos buceando en los siguientes, Sekien nos va sorprendiendo con criaturas y situaciones cosechadas de su propia imaginación también. El último de ellos es un poco diferente, pues está dedicado, casi exclusivamente, a objetos o tsukumogami. Son bastante graciosos, y nacieron de la fértil invención del autor.

Tengo ilustraciones favoritas, por supuesto, como la hermosa simplicidad del Funayûrei, la delicadeza del Hitodama o la soledad mística que transmite la Kageonna. Pero no puedo quedarme solo con esas tres, hay decenas y decenas más que me parecen alucinantes. Podría escribir una entrada completa (de esas que os molan, de tres mil y pico palabras, jojo) dedicada a cada una de las láminas que componen esta Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón. Sin duda. Porque lo merecerían.

Tesso o la Rata de Hierro, que inspiró a Shigeru Mizuki para crear su inefable Nezumi Otoko de GeGeGe no Kitarô.

La edición de Quaterni es excelente. El volumen es muy manejable y flexible, lo que permite moverse entre sus páginas con comodidad y sencillez. Hay que tener en cuenta que se trata de un manual, de una guía por la que vagabundear, saltando de una parte a otra, para consultar y curiosear. Es un libro muy útil para el amante del folclore japonés; útil y asombroso. Por eso también el trabajo del traductor, Isami Romero, es importantísimo, pues ha añadido acertados comentarios y bibliografía para cada criatura. Por supuesto, incluye un índice alfabético con los nombres de todos los monstruos.

Las láminas que reproducen los dibujos de Seiken, aunque a mí me habría gustado fueran más grandes (que habría exigido un tamaño considerable y un precio también bastante más alto), son de gran calidad; y la finura y minuciosidad de su trazo en tinta se disfrutan con inmenso detalle. Ninguna queja, y la verdad es que me he quedado como una lerda mirando durante minutos y minutos la mayoría de los grabados. Su sutileza es emocionante.

Los wakas hacen estremecer a los dioses del Cielo y de la Tierra, pero las cosas que dibujo son demonios que no se pueden ver, me he dejado guiar por mi imaginación y he dejado en mi alma estas cosas extrañas. La pluma ha enloquecido y lo que ha dibujado será para los historiadores de este mundo algo vergonzoso.

Madre mía si levantara la cabeza Sekien-sensei… ¿Se sorprendería de la magnitud y gigantesco impacto de su trabajo? Preguntas, preguntas, preguntas.

Honestamente, resulta todo un lujo poder acceder a una de las obras más trascendentes e influyentes del ukiyo-e y la mitología japonesa. Cualquier fan del animanga debería también saber apreciarla, pues por sus grabados desfilan la gran mayoría de los yôkai y entes que pululan en series y tebeos. Aunque no guste el terror o lo siniestro, las 450 páginas de esta Guía ilustrada de Monstruos y fantasmas de Japón es un pedazo de la Historia del Arte que, como mínimo, se debería ojear una vez en la vida. Sencillamente maravillosa.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga

El legado de Tatsumi

Menudos días. Son rachas.

Y aunque lo tienes asumido, el hecho de que una persona a la que admiras (y que te ha hecho gozar a través de su obras) desaparezca, siempre impacta. La consternación es inevitable.

Estos días a mí me han afectado bastante dos. La más reciente, la del escritor Terry Pratchett, que aunque no tiene sitio en este blog porque está dedicado al mundo japonés, bien merece estas breves palabras. He sido desde hace años entusiasta y me ha entristecido, lógicamente, su desaparición. Ahí están sus innumerables obras, desde luego, pero igualmente la pena por su pérdida.

La ausencia de Yoshihiro Tatsumi es la otra noticia que me afectó bastante también. Tatsumi son además palabras mayores en lo que respecta al manga. Sin él nada habría sido lo mismo. El cómic moderno actual, y no solo el japonés, le debe lo inenarrable. Su legado se proyecta por doquier. Es uno de los colosos junto a manga no kamisama Tezuka. No voy a escribir un panegírico sobre él, creo que de eso ya se ha hecho cargo gran parte de la prensa generalista y especializada, esto es un blog personal sin mucha más sustancia, así que aprovechando que todavía no había hecho ninguna reseña de sus obras, voy a centrarme en uno de sus mangas más conocidos y que finalicé de leer, además, hace relativamente poco. Ochocientas y pico páginas, casi ná.

Una vida errante

劇画漂流

2008

a-drifting-life Gekiga Hyôryû o Una vida errante, como prefiráis, no es mi tebeo favorito de Tatsumi. Pero me parece el más adecuado para reseñar tras su óbito, es una buena manera de presentarle mis respetos. En él Tatsumi hizo un resumen de su propia vida y del estilo que rompió definitivamente con las barreras que contenían, hasta entonces, al manga dentro del ámbito infantil. Su deseo era crear un tebeo con una base narrativa sólida, de esencia realista y acentuado contenido social. Quería hacer un tipo de manga alejado del escapismo, de la humorada y que pudiera conectar con la nueva sensibilidad emergente de la población adulta. Para ello iba a necesitar también nuevas estructuras formales, diferentes modos de expresión. Tatsumi, aunque líder, no llevó a cabo este empeño solo. En esta foto de abajo tenéis a unos colegas, imprescindibles como él, que ayudaron a componer y levantar este nuevo género que bautizó con el nombre de gekiga, allá a finales de los años 50.

Tatsumi, Saito y Matsumoto
Yoshihiro Tatsumi, Takao Saitô y Masahiko Matsumoto

La palabra gekiga, que hacía referencia en esa época a las historias dramáticas del tradicional kamishibai callejero, no convenció inicialmente a Tatsumi. Y tampoco, con sus compañeros del atelier, tenía claro si lo que estaban creando era manga o algo absolutamente diferente. Con la perspectiva que da el tiempo, ahora percibimos mejor que, simple y asombrosamente, estaban abriendo las puertas de par en par a un excitante e inabarcable horizonte que, hasta ese momento, nadie se había planteado que existiese. El mismo Osamu Tezuka se vería influenciado más adelante por los trabajos de estos chavales. Pero todo esto lo podéis leer perfectamente en este manga a través de su álter ego, Hiroshi Katsumi. Esta obra es todo un pedazo de historia contado encima por uno de sus protagonistas principales. Cualquier manga que hayas leído a lo largo de tu vida, cualquiera, sin tener en cuenta su género, le deberá siempre algo (o mucho) a esta cuadrilla de Osaka.

drifting1

Gekiga Hyôryû cuenta, con naturalidad y sencillez, la vida de un muchacho desde su etapa escolar hasta la edad adulta. Un kunstelleroman de libroEste muchacho, Hiroshi Katsumi, es fanático de los mangas y hace sus primeros pinitos como dibujante desde muy joven. En esta historia autobiográfica, Tatsumi plasma con exactitud no solo su entorno familiar (este manga es un slice of life), sino también los problemas y dilemas creativos con los que se topa conforme va creciendo y evolucionando como persona y autor. Unos atolladeros y disyuntivas que nos permiten presenciar cómo se fue gestando el gekiga; unas dudas y apuros que son, además, muy comunes en cualquier proceso creativo. ¿Dibujar para comer o dibujar para realizarse como artista? ¿Continuar en el redil o buscar nuevas maneras de expresión? Y toda la serie de frustraciones que se generan por la falta de comprensión tanto de editores como por la sociedad, o por las carencias técnicas y de recursos (que se van superando). También vierte su profunda admiración por grandes mangakas de ese momento, la emoción que siente al conocer a Tezuka es conmovedora (Osamu es una figura muy presente en toda la obra); así como su devoción por el cine, que resulta ser uno de los grandes influjos a la hora de concebir sus obras; o las novelas pulp de detectives, que vuelcan en el gekiga su sordidez y dureza. Sus querencias por lo que llamamos cultura pop eran flagrantes.

Tezuka por Tatsumi
Tezuka por Tatsumi

El esqueleto de este manga es simple; la continuidad lineal y diáfana, donde los diálogos juegan un papel vital. A pesar de que Tatsumi siempre luchó por dotar de profundidad psicológica a sus personajes, en Una vida errante no encontramos demasiado de eso. No estoy diciendo que sus protagonistas sean planos, que conste, están bien perfilados y algunos de ellos con mucho atractivo. Pero también es cierto que, en general, esta no es la mejor obra de Tatsumi a pesar de que la considero notable. Tampoco es mi favorita, aunque creo que es un colofón a su carrera espléndido.

Este manga es perfecto también para conocer los hitos históricos del Japón de la posguerra y el paulatino desarrollo del país bajo la potente influencia estadounidense. Y no solo los eventos de la historia relevantes, también los acontecimientos culturales, sociales y más mundanos que fueron modelando el ánimo y pensamiento de los japoneses: la llegada de la primera televisión en color, el estreno de Los siete samuráis de Kurosawa o el triunfo del mítico luchador de puroresu Rikidôzan sobre el campeón del mundo norteamericano (repito, norteamericano) Lou Thesz y un largo etcétera. Anécdotas, sucesos, todos ellos salpican y cincelan un contexto indispensable para comprender en toda su magnitud esta Una vida errante.

drifting3

Si no ha caído en tus manos todavía nada de Tatsumi, no considero que sea una buena iniciación porque, aunque en este manga encontramos lo más representativo grosso modo de su estilo, Una vida errante es un cómic para comiqueros. Me explico: es maravilloso para todo el que sea un nerdo del manga, es un documento histórico a diferentes niveles de valor indiscutible y, para el que tenga un interés sincero por la historia del tebeo japonés, lo encontrará realmente interesante. ¿Quiero decir con esto que es una obra aburrida? Ni de coña. Pero es lo que es. ¿La recomiendo? ¡Pues claro, joder!

Buenos días tengan ustedes.

P.D.: Y si te llama la atención que no haga distinciones entre tebeo, cómic, historieta, novela gráfica, manga o su puta madre, no le des muchas vueltas. Es un debate estéril. Para mí, esencialmente, todo es lo mismo: viñetas con dibujos y texto. Yes, I’m simple minded, so what? I love them anyway.