2017: un siglo de anime, anime, largometraje

Gen, el de los pies descalzos

Si existe un evento que haya marcado de manera indeleble la historia de Japón, ese ha sido los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Y no solo de Japón, del planeta entero. Pero los japoneses fueron los protagonistas de esta barbarie sin precedentes, así que no fue de extrañar que plasmaran estos sucesos en el mundo del manganime. Una de las obras más importantes relacionadas con lo ocurrido es, sin duda, el manga Hadashi no Gen de Keiji Nakazawa (1939-2012). Diez tankôbon y 54 episodios en los que Nakazawa, mediante su alter ego Gen Nakaoka, estampó sus experiencias como víctima. Porque Nakazawa, con seis años, fue testigo y superviviente de la monstruosa Little Boy. Su padre y sus cuatro hermanos no tuvieron tanta suerte. El tebeo es un clásico que todo el mundo conoce en Japón. Es un testimonio atroz y verídico de lo que supusieron esos terribles acontecimientos. La verdad es que no hay palabras para expresar un horror semejante, sin embargo Nakazawa decidió dibujarlo.

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Cartel del estreno de “Hadashi no Gen” en Estados Unidos (1985, Los Angeles)

Hadashi no Gen fue publicado en Shônen Jump entre 1973 y 1974. El éxito fue, y sigue siendo, enorme. Ha tenido numerosas encarnaciones, pero la que hemos seleccionado hoy es su película animada, del mismo nombre, realizada por Madhouse en 1983. Tuvo segunda parte, por cierto. La he incluido dentro de 2017: un siglo de anime por dos motivos: porque está basada en un manga icónico, y porque plasma de manera diáfana y sin paños calientes un acontecimiento trascendental en la historia de Japón. Podría haber elegido también La tumba de las luciérnagas (1988), que además es el anime más conocido fuera de Japón que trabaja el mismo tema; pero los estudios Ghibli tendrán una entrada propia en la sección más adelante. Las comparaciones son odiosas, y si habéis visto la obra de Takahata, Hadashi no Gen es bastante más sencilla. No obstante, debemos recordar que Gen, el de los pies descalzos es más antigua, y Madhouse por entonces no manejaba ni los presupuestos ni los recursos de los todopoderosos (y muy amados) Ghibli. Hadashi no Gen resulta más lineal, pero también es más explícita y cruda que Hotaru no Haka.

El manga de Hadashi no Gen, como imaginaréis, tiene un valor histórico incalculable. Y aunque se trate solo de la visión personal de un único individuo, su testimonio sigue siendo poderoso. Keiji Nakazawa comenzó a escribirlo tras el fallecimiento de su madre a causa del cáncer. Ambos fueron los únicos supervivientes de toda su familia. Es curioso, pero la esposa de Nakazawa, tras su muerte, insistió en que lo volcado en el tebeo era bastante comedido; que lo vivido por su marido fue infinitamente más espantoso, pero que decidió escribirlo de una manera más suave sin que perdiera su impacto. Porque el objetivo de Nakazawa siempre fue difundir lo ahí acaecido, que no cayera en el olvido y que sirviera para impedir la proliferación y uso de armas nucleares. Concienciar al mundo de su brutalidad. Quizá iría muy bien que lo leyeran Donald Trump y Kim Jong-un; pero me da que lo de estos dos señores no es la lectura… por lo que la película sería una excelente alternativa en su lugar.

Señor Yo La Tengo Larga y señor Yo La Tengo Más Oh Yeah:

¿Qué tal si se dejan de peligrosas bravuconadas durante una hora y media, y recuperan lo mejor de la infancia (que no es precisamente lo que están haciendo PUTOSCRÍOSQUESOISUNOSPUTOSCRÍOS) viendo una bonita historia sobre masacres colosales, dolor sin fin y enfermedades espeluznantes?

Atentamente,

Humana anónima con blog ridículo sobre dibujitos chinos.

 Hadashi no Gen podría ayudarles a mejorar su comprensión sobre lo que implican las armas nucleares, que a lo mejor no lo tienen muy claro. A no ser que fuesen unos psicópatas de mierda, por supuesto, que entra dentro de lo posible.

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Nakazawa escribió un par de obras más dedicadas al bombardeo de Hiroshima pero, sin duda, su trabajo más emblemático es este Hadashi no Gen, que tampoco ha estado exento de polémica. Ha sido utilizado como material docente en las escuelas japonesas, y entregado como presente oficial del Estado a figuras importantes de la política mundial; sin embargo, por su contenido antibelicista y crítico con el gobierno y ejército nipones de la época, no está bien considerado por los sectores sociales más conservadores. Además de que lo valoran poco adecuado para los críos. En esto último no puedo estar más en desacuerdo, pues Nakazawa precisamente creó este tebeo para chicos, y eso se nota.

La siguiente pregunta que surge es, ¿cuál es mejor? ¿el manga o el anime? El manga es más extenso, profundiza más y los detalles son más ricos. Nada nuevo bajo el sol. Es uno de los mejores tebeos históricos japoneses, competir contra eso es difícil. Sin embargo, la película animada no le va a la zaga, y es un hito del cine bélico japonés. Por su crudeza, por su ingenuidad, por su honestidad. Una producción dirigida al público infantil y juvenil, pero al que trata con respeto, no considerándolo idiota. Un feo vicio cada vez más extendido, la verdad.

Gen Nakaoka vive con su familia en Hiroshima. Son tiempos difíciles, la guerra no marcha nada bien y el racionamiento de los alimentos lleva al hambre y desnutrición de la mayoría de los japoneses. La madre de Gen, Kimie, tiene el embarazo muy avanzado y casi carece de fuerzas por la falta de alimento. A pesar de estas penalidades, son más afortunados que en otras ciudades del país, pues no han sufrido bombardeos tan intensos y destructivos. Es como si los aviones norteamericanos solo se acercasen a Hiroshima a espiar. Y eso también hace que broten algunas sospechas, pues posee una importancia estratégica relevante. Gen y su hermano pequeño Shinji procuran conseguir comida robando, y su natural alegría infantil les hace sobrellevar la situación con más inconsciencia. Son como animalillos que, sencillamente, se adaptan a un entorno hostil lo mejor que pueden.

El pueblo lo está pasando muy mal, sin embargo gran parte de él intenta huir de su miseria dejándose llevar por el fervor patriótico. Muchos continúan pensando que la guerra se ganará, y la fiebre nacionalista ofusca de tal forma que son incapaces de reconocer lo que en realidad está ocurriendo. Daikichi, el padre de Gen, es uno de los pocos que está en desacuerdo con la política belicista y fanática del gobierno, y no se preocupa en ocultarlo (el padre de Nakazawa fue encarcelado por sus ideas pacifistas). Piensa que la guerra acabará en derrota muy pronto, y espera que, a partir de entonces, las cosas mejoren para su familia. Peor que lo que hay no va a ser. Pero Daikichi en eso se equivoca.

El 6 de agosto de 1945 a las 8:16 de la mañana, con la ciudad ya despierta y sumida en sus actividades diarias, sucede lo impensable. El bombardero norteamericano B-29 Enola Gay suelta su carga sobre un hospital en el centro de Hiroshima.

La temperatura se elevó a más de 1.000.000°C, el aire se incendió y una luz intensa iluminó el cielo, todo el sitio quedó en blanco por la explosión nuclear. 90.000 personas murieron inmediatamente. Al menos 60.000 más morirían después a lo largo del año a causa de la radiación. 35.000 heridos y solo 20 médicos supervivientes en toda la zona para tratarlos. La lluvia radiactiva, la tormenta ígnea que arrasó lo poco que quedaba en pie, el agua potable vaporizada o envenenada. Las consecuencias inmediatas y retardadas fueron inenarrables. Y Hadashi no Gen lo cristaliza con impoluta nitidez. Sin rodeos, sin eufemismos o ambigüedades. Más del 80% de la población de Hiroshima eran civiles, y eso se sabía. Con Little Boy solo se buscaba hacer el máximo daño posible, y de paso realizar experimentos de campo. Pero ese ya es otro tema.

La bomba atómica parte por la mitad la película, creando dos arcos argumentales radicalmente distintos. Su desarrollo es directo y sin recovecos, lo que otorga inmediatez a la historia. Gen y su madre consiguen sobrevivir, pero a cambio, aparte de presenciar la muerte de toda su familia bajo los escombros incendiados de su hogar, deben sufrir situaciones terribles, verdaderamente terribles. Todo queda reflejado en este anime: la muerte, los moribundos, la enfermedad, la discriminación hacia los hibakusha, las hambrunas, etc. ¿Cómo seguir viviendo en una ciudad totalmente destruida? Gen y su madre lo logran, pero pagando un alto precio.

gen1El tono de Hadashi no Gen puede parecer, sobre todo para el espectador moderno, incoherente. Pues los personajes infantiles no pierden en ningún instante su dimensión cómica; y el contraste que genera con la tragedia de las circunstancias es algo WTF. Debemos recordar, no obstante, que Gen es un niño de 6 años, por lo que no se deberían esperar tampoco reacciones maduras; no puede comprender del todo lo que ocurre a su alrededor. Por no decir que resultan muy difícil de predecir las reacciones de una persona en situaciones tan extremas. Lo que sí es cierto es que el talante de Gen apenas sufre una evolución perceptible, y mantiene un insensato entusiasmo incluso en momentos sin esperanza. Quizá esto haga más digerible la película en general, a pesar de que contiene escenas atroces. Aunque también el chicuelo llora, llora mucho y por muy buenos motivos. En el apartado técnico, nos encontramos frente a una de las producciones tempranas de Madhouse, por lo que se puede esperar mucho ochenteo y diseños todavía algo acartonados. Pero, en conjunto, bastante aceptables. Yo es que soy fan a muerte de todo lo analógico, así que he disfrutado mucho con su arte y animación tradicionales. En ese aspecto es competente, aunque no deslumbra.

Hadashi no Gen es una película indispensable, igual que su manga. Ya son parte de la historia de Japón, y aunque en el caso del film no se puede decir que sea perfecto, tampoco le hace falta serlo. La trascendencia de esta obra va más allá, desgraciadamente. Es un documento histórico y como tal también hay que considerarlo. Eso sí, resulta feroz y descarnado. Mucho. Con una fuerza expresiva que intimida. Así que ojito los estómagos sensibles. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cortometrajes, marionetas, música

Lacónicos: 3 cuentos de verano

Sinceramente, no sé si os agradan demasiado las entradas dedicadas a cortometrajes; pero como a mí sí que me encanta en general este formato y encima, fíjate tú, esta bitacora solitaria me pertenece, pues… pues que van a ir cayendo más posts del pelaje.

Los de hoy son tres cortos que tienen bastantes cosas en común. Para empezar, una duración superior a la media, de unos 20-25 minutos. También que son cuentos, de ahí que compartan un airecillo infantil, aunque ocultan temáticas más serias y maduras. Y, para rematar, las tres poseen una impronta occidental impepinable, aunque su naturaleza sea, de un modo u otro, japonesa.

Tres pequeñas obras perfectas para el estío, colmadas de gran imaginación y fantasía. La primera para beber como una limonada refrescante y dejarse llevar. La segunda, dirigida a la calma y reflexión nocturnas. Y la tercera va de los ojos directamente a las tripas, sin compasión. Todas para ser disfrutadas sin reservas y con una pincelada anticomercial la mar de saludable.

1001 nights

Mike Smith

1998

1001 nights es un viaje. Un viaje onírico al servicio de la música. Porque es la que marca la cadencia, el compás y el ritmo. Todo. El compositor fue David Newman y la pieza interpretada por la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. Pero, a su vez, la música se basó en ilustraciones del siempre maravilloso Yoshitaka Amano. Detrás de esta auténtica obra de arte, hija bastarda de la Fantasia (1940) de Disney, estaba el genio imprevisible de Amano-sensei. Y aquí tenemos una simbiosis impecable entre el flujo de imágenes y música, nutriéndose mutuamente en una marea enigmática.

Con 1001 nights solo hay que hacer una cosa: dejarse llevar. A poco que se conozca a Yoshitaka Amano, se sabe lo que esperar: ensoñaciones barrocas de aroma klimtiano que desdeñan el concepto de límite. La historia se derrama con libertad, fluye veloz y filtra todas las realidades de consciencia. Es un relato de amor y erotismo, brillante, caótico, hermoso. Llama muchísimo la atención la miscelánea de estilos y texturas, donde brotan de repente añejos 3D como surgen ingenuas acuarelas, neones expresionistas o golosinas muy Chagall. Este cortometraje deslumbra ya no solo a nivel estético, sino que su profunda carga simbólica requiere introspección.

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Briar Rose

Kihachirô Kawamoto

1990

Creo que he dejado claro más de una vez que soy fan acérrima de Kihachirô Kawamoto. El legado de este hombre en el mundo de la animación y el stop-motion es de valor incalculable, y de una belleza y refinamiento que muy pocas veces más se ha visto. Genio y artesaníaAquí hablo de un par de obras suyas, por si os apetece leer algo más sobre su vida.

Briar Rose o La bella durmiente, la realizó en los estudios de Praga de su mentor Jiří Trnka, el cual, tristemente, no vivió lo suficiente para poder ver una obra terminada de su discípulo. Aunque sí le transmitió lo mejor de su saber, que Kawamoto supo hacer florecer de manera tan espléndida como esta. Para ver este cortometraje hay que olvidar totalmente las versiones clásicas de Perrault y los Grimm del cuento. O quizás no, tenerlas bien presentes para que el impacto sea mayor. Se trata de una revisión bastante curiosa, y no exenta de cierta ironía. Contada en primera persona, formalmente es tradicional y de ritmo sereno; es el argumento lo que fascina. La protagonista no es un ente pasivo, ella misma nos está contando sus circunstancias, acciones y pensamientos. Y lo más importante: lo que verdaderamente se encuentra detrás de su historia, donde el sexo tiene un papel fundamental. ¡Disney, veo que te ruborizas!

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Le conte du monde flottant

Alain Escalle

2001

El cuento del mundo flotante son 23 minutos de conmoción visual. Se trata de un corto que el francés Alain Escalle realizó hace 15 años mientras trabajaba en el campo de la publicidad en Japón. En su momento, al menos como yo recuerdo en Francia, tuvo cierta relevancia y cosechó varios premios y nominaciones importantes, como a los premios César. No es una obra fácil y pasada más de una década, su visionado es todavía menos sencillo. ¿Por qué? Se unen dos cosas: primero, la temática que trata es muy dura. El bombardeo de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki cambió muchas cosas, y no solo en las islas niponas. Escalle es crudo y directo en su visión de lo que fueron estos acontecimientos, a pesar de las alegorías que aparecen. Y segundo, se trata de un corto que une imagen real con CGI. La tecnología, aunque avanzada, no es ni comparable con la actual, y es un campo en el que el desfase se nota muchísimo. 

Sin embargo, es un cortometraje que merece un vistazo atento (aquí lo podéis ver completo online) y que muestra no ya solo técnicas interesantes, sino una aproximación a Hiroshima original y de vertiente artística muy pronunciada. Apenas hay texto, un par de haikus y poco más; la fuerza de Le conte du monde flottant se halla en la tremenda expresividad de su imagen: los actores, las coreografías, los colores. Para ello recurre, por supuesto, a la danza butô y a la elegancia del kabuki. Una mezcla de pasado y presente, donde el Feísmo campa a sus anchas, pero también la delicadeza. Verdaderamente inquietante.

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Y este ha sido el piscolabis de hoy. Cortito pero denso. Espero que os animéis con alguno de ellos… ¡o con todos! Son los tres obras notables. Cierto que demandan apagar el piloto automático, pero eso también resulta aconsejable hacerlo de vez en cuando. Por el bien neuronal y esas cosas.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.