manga, paja mental

El Dios Dorado

¿Cómo ignorar un manga así? ¿Cómo? Aventuras a finales de la era Meiji en el salvaje Hokkaidô.

AAAAARRRGGGGHLLLLLJJJJRLRLL (esa soy yo gorgoteando con los ojos en blanco).

No sé si lo sabéis, pero es uno de los lugares que, dentro de la geografía japonesa, tengo más ganas de visitar. Y conocer in situ lo que queda de la cultura Ainu. Y tal. Pues bien, este Golden Kamuy es un imán descomunal para mí en ese aspecto, no podía obviarlo de ninguna forma. Y es toda una suerte que esté llevando un ritmo de scanlations semanal, porque está la mar de emocionante. Tampoco pierdo la fe en que, más tarde que temprano, acabe publicado fuera de Japón gracias a unas ventas aceptables y su excelente recepción en crítica. Que haya sido nominado a los galardones Manga Taishô y Premio Cultural Osamu Tezuka, me hace albergar cierta esperanza también. Dudo mucho que vaya a ganar (es lo de menos) porque la competencia es fuerte: Erased, Orange, Chihayafuru, El último vuelo de las mariposas (¡maravilloso!) de Takahama o El gourmet solitario de Taniguchi (casi nada, amiguitos). Pero si todos estos saraos ayudan a que asome la nariz por Occidente (aunque en España no lo espero… ¿o sí?), ¡bienvenidos sean! Franceses y norteamericanos suelen estar más atentos a esas menudencias de los premios.

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Asirpa y Sugimoto

Golden Kamuy es una historia de la gold rush de Hokkaidô. Es como un cómic western pero en vez de tener lugar en California, Oregón o Alaska, se ubica en Ezo durante la primera década del s. XX. Posee muchos de los elementos de este género, pero adaptados a la idiosincrasia japonesa, con un leve aroma al Lone Wolf and Cub de Koike y Kojima. El resultado es el esperado: entretenimiento y acción en tromba. Maravilloso para los amantes de la historia y cultura Ainu, porque se aprende un montón sobre ellos. Pero sí, seamos un poquito ordenados y comencemos por el principio.

Golden Kamuy se publica en Young Jump desde el verano de 2014, aunque servidora no pudo empezar a leerlo hasta este enero pasado, cuando a algún alma caritativa se le debió de encender la bombilla y decidió escanear/traducir los 5 volúmenes que hay de momento. No es la mejor forma de leer manga (es odiosa en realidad) aunque, tristemente, la única alternativa para los que no vivimos en Japón y desconocemos el idioma. El autor, Satoru Noda, no me sonaba de nada, así que esta es la primera vez que lo he leído… y ni tan mal. Me gusta. Por ahora me he trapiñado con gran placer los 28 episodios que hay disponibles… a la espera ansiosísima del siguiente, claro.

¿De qué va? Pues básicamente es la búsqueda de una cantidad enorme de oro que un misterioso criminal robó a un grupo de Ainu y que, antes de ser encarcelado, escondió muy convenientemente. En esta caza del tesoro están involucrados tanto presidiarios fugados, aventureros que han oído de la historia como veteranos de la guerra ruso-japonesa (1904-1905).

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¡Amo a esta niña!

No es un contexto histórico cualquiera, no señor. La guerra ruso-japonesa puso en el mapa a Japón, fue la primera vez que una potencia europea era vencida de manera aplastante por un país no occidental. Y fue uno de los detonantes que provocaron la Revolución rusa de 1905. Casi ná. La derrota eslava proveyó al imperio nipón, además de un enorme subidón de autoestima en esa era de apertura al mundo (Meiji), de territorios y recursos de gran importancia estratégica, entre ellos el sur de la isla Sajalín, que llamaron Karafuto. Junto a las islas Kuriles (Hoppô Ryôdo) y Hokkaidô, esos territorios insulares fueron la patria del pueblo Ainu; aunque llegaron a extenderse por el norte de Honshû y el sur de Kamchatka también.

Golden Kamuy ocurre en un momento en el que los Ainu se encuentran en pleno retroceso. Durante la era Meiji los Wajin (la mayoría étnica japonesa) colonizaron y redistribuyeron las tierras de Hokkaidô sin tener en cuenta a su población autóctona. Discriminaron y maltrataron duramente a los Ainu; obligándolos a asimilar la cultura dominante, abandonando la suya y prohibiendo incluso algunas tradiciones o hablar su lengua. Hasta 1997 no fueron reconocidos como pueblo con derecho a su propia cultura y costumbres diferenciadas y, actualmente, su situación todavía dista mucho de equipararse a la de los Wajin. En Rusia no lo hicieron tampoco mucho mejor, todo hay que decirlo. De hecho, según los censos rusos, ya no existen Ainu en sus territorios.

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Muchacha Ainu de Hokkaidô circa 1900

Los protagonistas de Golden Kamuy (kamuy es el nombre que dan los Ainu a sus deidades y espíritus de importancia) son un Wajin de Tokio llamado Sugimoto y una chiquilla Ainu llamada Asirpa. Sugimoto es un veterano de guerra con una gran fama de salvaje. Es conocido como El Inmortal. Prometió a su amigo y compañero de armas que se haría cargo de su esposa medio ciega y su hijito, por lo que decide probar suerte en los ríos de Hokkaidô, donde dicen todavía fluye oro. Pero, como imaginaréis, el destino iba a depararle un objetivo distinto. A través de la confesión involuntaria de un viejo borracho, se entera de que existe una gran cantidad de oro Ainu que un asesino enigmático ocultó antes de ser metido en la cárcel. ¿Cómo llegar hasta él? Este misterioso delincuente ha distribuido su localización a través de unos tatuajes que se han hecho sus colegas presos. Un mapa en la piel de otros criminales que, por supuesto, también ansían ese botín. No os puedo contar más porque sería destripar ya demasiado el argumento pero, Sugimoto, en sus pesquisas tras ese oro, se topa con la pequeña Asirpa que lo acompañará y le salvará la vida en multitud de ocasiones. Sobrevivir en Hokkaidô no era nada fácil en esa época, ni siquiera para un soldado de guerra curtido.

Satoru Noda ha hecho una labor de documentación excelente a la hora de crear este manga. Consigue que el lector se sitúe en el lugar y el momento de forma natural. La inclusión de personajes históricos reales, como algunos antiguos miembros de los Shinsengumi, aporta incluso más emoción a este tipo de cómic. Pero, sobre todo, los innumerables datos que brinda sobre los Ainu son una verdadera delicia: su lengua, sus creencias religiosas, sus costumbres… su gastronomía. Los que seáis un poco sensibles con esto de los animalitos, lo pasaréis un poco mal (yo lo soy y he sufrido, por eso aviso). Los Ainu eran cazadores-recolectores, por lo que comían (y comen) ardillas, nutrias, liebres, caballos, zorros, ciervos, osos, etc. Y eso queda reflejado explícitamente en el tebeo. El autor incluso hace gala de un peculiar sentido del humor, ligeramente sádico pero divertido, al explayarse o hacer incluso chistecillos al respecto. Un pueblo como el Ainu, tan en contacto con la naturaleza, conoce muy bien el valor de la muerte y que forma parte de la vida; nunca se encuentra lejos y nada es inmune a ella.

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Golden Kamuy sigue los parámetros de un seinen histórico de aventuras. Hay acción (muy bien llevada, por cierto), hay violencia, hay crueldad gratuita y tiene su granito de humor. No sorprende tanto por cómo se desarrolla la historia sino por la propia historia en sí y dónde tiene lugar. ¡Y no ha hecho más que empezar! Pinta muy bien, de momento no ha decepcionado a pesar de que no nos haya hecho descubrir la rueda. Y, sobre todo, son sus dos protagonistas los que aportan el brillo a este manga. Mantienen una relación que, lentamente, va creciendo a ojos vistas; me muero de ganas por verla florecer aunque intuya muy bien qué sendero va a recorrer. Asirpa, como continúe así, se convertirá en uno de mis personajes favoritos femeninos del mundo del tebeo junto a Barbara Thorson. Se parecen un poco entre ellas, además. Fuertes, autosuficientes, responsables, sabias. Todo lo contrario de lo que suele abundar en el manga japonés. ¡Y cómo se agradece!

El arte de Satoru Noda es muy competente, me ha gustado mucho cómo plasma los animales, son impresionantes. Aunque me dé la sensación de que en general sea todo un poco impersonal, comprendo también que acaba de aterrizar como quien dice y está todavía definiendo su estilo. No es una crítica en el fondo, porque dibuja francamente bien y se nota cierta dulzura en esa sencillez que tiene en algunas viñetas. Me encanta su gusto por la simetría y es muy eficaz diseñando personajes también. No me preguntéis la razón, pero me recuerda a Paul Smith a ratos… y soy muy fan de Paul Smith, ¿eh?

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¿Recomiendo Golden Kamuy? Para todo aquel que desee aventuras de corte clásico y a la vieja usanza, con personajes sólidos y una buena historia salpicada de intriga, este es su tebeo. También es un magnífico viaje para los amantes de la naturaleza, pero sin cursiladas humanas, la naturaleza tal como es. A veces parece un reportaje etnográfico dedicado a los Ainu, pero no se hace para nada aburrido, y Satoru Noda nos acerca a este desdichado y orgulloso pueblo con gran respeto. Dentro de los millones de mangas que actualmente se están publicando, es una elección de buen entretenimiento a tener en cuenta.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.