anime

¿Y ahora qué toca? Primavera 2018

Otra temporada animesca está llegando a su fin, y la nueva primaveral asoma ya el hociquillo. Por lo que aquí estamos de nuevo, haciendo un repaso de lo que va a ser mi cartelera los próximos meses. Siempre lo comento, pero es la purita verdad: me resulta muy tedioso hacer este tipo de entradas, además de que no suelen ser para nada representativas de lo que finalmente acabo viendo. Estos son tiros a ciegas en los que solo se plasman intenciones. Y las intenciones chocan contra una realidad compacta y terca, donde un anime puede florecer como un cardo borriquero a pesar de las ilusiones que nos hayamos hecho.

Este pasado invierno la lista que tenía preparada quedó reducida a cuatro series, solo una de las que consideré de alto interés logró sobrevivir (Pop Team Epic), lo demás ha sido una carnicería brutal en la que no he tenido ningún tipo de compasión. Lo que no me convenció (y entretuvo) unos mínimos, lo envié a extirpar garrapatas a las ovejas de la taiga siberiana. Y esta disposición poco transigente hacia ciertas memeces me ha hecho abandonar series que han tenido bastante repercusión entre la otaquería. Los que me leáis habitualmente ya sabéis que SOnC es uno de esos turbios antros a rebosar de opiniones y artículos impopulares, por lo que no ha tenido nada de particular. Todo ha ido como siempre.

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“Mujer admirando las flores del ciruelo por la noche” (circa 1769) de Suzuki Harunobu

¿Y esta primavera? ¿Cómo se presenta? Para mí personalmente solo existe una única luz que ilumina mis trémulos pasos durante las próximas semanas: Golden Kamuy. Lo demás no capta mi interés ni una décima parte; no obstante, siempre hay sorpresas y mantendré el radar alerta por si se me ha escapado algo o me sugerís alguna cosilla. Aviso: en este repaso no incluyo ni continuaciones ni remakes, solo estrenos puros. Porsiaca.

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En esta categoría incluyo los anime que voy a comenzar, pero en los que menos fe tengo; esos anime que a la mínima duda que me surja los mandaré a escaparrar y se diluirán en la cartelera de SOnC como lágrimas en la lluvia. Anime que me dan un poco de repelús pero en los que atisbo también un poco de luz. Veamos cuáles son.

Wotaku ni Koi wa Muzukashii

Wotaku ni Koi wa Muzukashii promete ser un josei cargadito de estereotipos y clichés a tutiplén: los flirteos entre dos adultos jóvenes con alma frikaza, y los consabidos encuentros-desencuentros que se pueden esperar de una comedia romántica a la japonesa. Es más habitual encontrar estos productos de carácter ligero en el mundo del manga, no obstante, así que será bienvenido semanalmente en mi pantalla si logra no aburrirme mucho. ¿Es pedir demasiado? En mi caso solo exijo simple entretenimiento sin empalagar, y en este tipo de obras eso no resulta fácil. Veremos qué encontramos.

Tada-kun wa Koi wo Shinai

Tengo que ser honesta: este anime voy a comenzar a verlo porque sale un precioso gato gordo deambulando entre humanos enamoriscados. Porque sí, se trata de otra comedia romántica, pero esta vez entre adolescentes. Lo nunca visto, oigan. Ah, el primer amor, la juventud, la inocencia… todos esos tópicos a los que nos tienen acostumbrados los anime aparecerán seguro en Tada-kun wa Koi wo Shinai pero, ¿sería mucho pedir que tirara más hacia Gekkan Shôjo Nozaki-kun que hacia la pastelada? Deseo fuertefuertefuerte que el elenco de secundarios sea jugoso, porque la parejita protagonista en esta clase de series casi siempre resulta algo sosita. ¿Ocurrirá lo mismo aquí? Habrá que esperar todavía unos días para dilucidarlo.

Kakuriyo no Yadomeshi

Kakuriyo no Yadomeshi, creo que todos estaremos de acuerdo, apesta a Kamisama Hajimemashita. Y lo siento: Kamisama solo hay uno. No obstante, este anime comienza bastante peor, con exigencias matrimoniales de por medio a causa de las habituales deudas de honor, y una moza protagonista bastante estándar (buena cocinera, por supuesto). Vayaquésorpresanomeloesperaba. Meh. Sin embargo, el tema del folclore japonés y su maravillosa mitología sintoísta y budista me entusiasma; por lo que, sin esperar demasiado de esta serie, comenzaré a verla. ¿Me acabará dando vergüenza ajena? Tiene toda la pinta, sí, para qué engañarnos.

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NifúNifá es la Tierra de Nadie, donde todo puede ocurrir. Son series que percibo con un potencial importante, aunque también con ciertas posibilidades de irse al cuerno. Eso puede ocurrir con casi todas, podéis pensar. Y es cierto, pero en NifúNifá mi intuición atrofiada, ese olfato que tengo de Perdiguero de Burgos acatarrado, incorpora aquellos anime que me dan un poquito igual pero a los que doy más manga ancha que a los que pueden desaparecer como lágrimas en la lluvia.

Hisone to Maso-tan

Un poquito de acción nunca viene mal, ¿verdad? Y si viene de manos de una mozuela y no la habitual manada de chicarrones dispuestos a demostrar lo valientes y aguerridos que son, mucho mejor. ¡Aire fresco! Un planteamiento distinto en el género de fantasía, eso nos propone Hisone to Maso-tan. Servidora se va a dejar engatusar, una historia de amistad entre un dragón y una humana en un contexto militar es, como poco, bastante curiosa. Así que deseo que no nos decepcione y, ¡ojo!, es un seinen. Por si las moscas.

Hinamatsuri

De Hinamatsuri solo espero una cosa: que me haga reír. Punto. Y os aseguro que eso no es sencillo, pero por lo que he observado en su trailer y en el manga, tiene muchas posibilidades de conseguirlo. De hecho, tengo la loca esperanza de que este anime se convierta en una de mis tablas de salvación de la temporada. Pero soy extremadamente rara con el género cómico, es una de mis desgracias personales. ¿Me brindará la dosis adecuada de humor absurdo y cotidiano que necesito? ¿Será la comedia perfecta primaveral para evadirnos y olvidarnos un ratito de nosotros mismos? Por favor, por favor, por favor, ¡decidme que sí!

Piano no Mori

¿Merecía Piano no Mori una adaptación televisiva? ¿Era suficiente para el manga de Makoto Isshiki solo la película de Madhouse? Piano no Mori claro que merece una serie de animación, es una historia bien contada y bonita, de la que se puede aprender un montón de cosas en multitud de aspectos. Además, ya sabéis, MÚÚÚSIIIICAAAAAAA!! Yes! La base para que sea un excelente drama está ahí, por lo que en principio Fukushima Gainax no lo tiene demasiado difícil. Pero quién sabe, también se trata de material bastante delicado, que en manos groseras puede convertirse en un bodrio lacrimógeno. Y ese es uno de mis temores, la tendencia schmaltzy que últimamente lo está invadiendo todo. Sería una pena que Piano no Mori cayera en las garras de los excesos emocionales. Veremos qué nos depara el destino, tachán-tachán.

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Ñam, ñam, ñam. Luego puede haber indigestiones, pero en principio todo lo incluido en este apartado se engulle sin masticar.

Golden Kamuy

Hace ya un par de años (Luzbel, ¡cómo pasa el tiempo!) que le escribí una reseña al manga de Satoru Noda Golden Kamuy que podéis leer aquí. Ha llovido mucho desde entonces, y el tebeo ha seguido su camino, hasta lo premiaron con un Taishô. En España Milky Way está, afortunadamente, publicándolo, y solo me resta deciros que no os lo podéis perder. Es un cómic de aventuras de los de siempre, pero con elementos muy marcados de la gold rush. Una maravilla, de verdad de la buena. Y encima en mi ansiado Hokkaido, ains, ¡algún día visitaré la isla, que no os quepa duda! Todo lo concerniente al pueblo Ainu me fascina.  Por lo que del anime no espero menos, tiene el listón muy alto. Y no tengo nada más que añadir, todo lo que considero pertinente respecto a esta obra lo tenéis ya en la entrada que le dediqué. Golden Kamuy es uno de los estrenos estrella de mi cartelera, esperemos que no me defraude.

Wakaokami wa Shôgakusei!

Y aquí tenemos el slice of life de suave tinte sobrenatural que Madhouse nos tiene reservado para esta primavera. A los mandos va a estar Masuhara Mitsuyuki, que en Shirokuma Cafe me gustó mucho su trabajo. Wakaokami wa Shôgakusei! huele a serie tranquilota con los pequeños y grandes dramas de la vida, pero pasados por el tamiz de una protagonista infantil que todo lo dulcifica un poco. No barrunto grandes sorpresas ni en los personajes ni en el argumento, pero sí unos buenos cimientos y una historia tejida e hilvanada con esmero. Un anime con el que disfrutar la faceta tradicional de Japón de manera inofensiva, con los altibajos de la cotidianeidad y mucha frescura. Eso espero de Wakaokami wa Shôgakusei, ni más ni menos. Y lo hago con ilusión, por cierto.

animierder

Amai Chôbatsu: Watashi wa Kanshû Senyô Pet

Parece que estamos llevando el asunto este de los josei ecchi a un nuevo nivel: el BDSM. No sé si bajo la influencia del incomprensible éxito de las inmundas sombras desatadas del señorito Grey o qué narices. Aun así, no hay que olvidar que los japoneses tienen un ramalazo sádico inaudito, y en este animierder creo que nos lo van a dejar muy clarito. El BDSM se practica de manera consensuada, pero en esta serie no se atisba nada parecido. Toman su iconografía para contarnos la, ejem, historia de una oficinista que ha sido encarcelada injustamente; y en la penitenciaría, que parece más bien la mansión de The Rocky Horror Picture Show, la espera un carcelero con pintas de oficial de las SS que abusará sexualmente de ella sin compasión. Hay más personajes, todos masculinos, por supuesto, que imagino irán asumiendo los roles acostumbrados: el protector, el infantil, el calculador, etc.

Ha sido Gensox del blog Unlimited Sky (¡gracias!) el que me ha puesto sobre la pista de esta cosa, pero aún no he decidido si perderé tiempo (porque es perderlo) en verlo y reseñarlo. Lo tengo que pensar, pero si me pongo a ello será hasta el final, ¡y con la versión extendida, nada de la censurada! Aunque me invada el cuerpo entero una urticaria fulminante. Todo sacrificio sería pequeño por vosotros, camaradas otacos. Pero ya veremos.


Habría añadido también Comic Girls y Nil Admirari no Tenbin: Teito Genwaku Kitan a Como lágrimas en la lluvia, pero al final me he contenido. De Comic Girls me atrae el argumento, pero las pintas de lolis de las protagonistas y el fanservice que se otea me han echado para atrás bastante. Nil Admirari no Tenbin: Teito Genwaku Kitan tiene unas premisas que a priori me gustan mucho (su contexto histórico, la magia, el misterio), pero también se vislumbra en el horizonte que sea un melodramón con mucha cursilada estorbando. Y el trailer me ha dado grima, los reverse harem no suelen agradarme en general. De hecho, tiene un aspecto de animierder preocupante, tendré que permanecer atenta.

Rokuhôdô Yotsuiro Biyori lo tengo en la cuerda floja, pero el tema de la gastronomía no es lo mío aunque me lo aderecen con chicos monos. He dudado bastante con este anime porque el té me encanta, es mi bebida favorita y todo lo que pueda tener relación con la cultura de esta infusión atrapa mi atención con facilidad (además sale un gato tortilla :3 ); sin embargo, ha sido el echar un vistazo al manga lo que ha determinado mi decisión de apacarlo: menuda siesta, colegas. De 3D Kanojo: Real Girl leí parte del manga hace ya bastante tiempo, y al inicio me pareció un shôjo escolar bastante mono y sin pretensiones… hasta que se precipitó en los abismos hediondos del melodrama. Lo abandoné, por eso su anime he preferido dejarlo en barbecho, aunque lo tengo en mente. Tengo en la retaguardia también un par de series dedicadas a la parodia que, si voy bien de tiempo, comenzaré a ver. Pero no creo que las llegue a mentar ni siquiera en twitter, a no ser que me tope con algo remarcable en ellas. De todas formas, no me cierro en banda y conforme vayan cayendo de mi cartelera los que he seleccionado, puedo ir añadiendo otros como los mencionados. Y vuestras sugerencias también las tendré en cuenta, of course.

Os recuerdo que no he incluido ni continuaciones ni remakes, que los hay y voy a seguir unos cuantos, pero me da una pereza inmensa escribir sobre ellos. En general este tipo de entradas me aburre bastante confeccionarlas, pero también comprendo que pueden considerarse una especie de guía para que los lectores comparen opiniones con otras bitácoras y se hagan una idea general de la temporada. También son de las entradas que más leéis, lo que me resulta personalmente un poquillo deprimente, pero asumo que la actualidad manda. Es lo que hay. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga

Sobre narices y mangas

El otro día (bueno, hace un par de semanas o así) pillé mi enésimo rebote con el manga. En específico con el shôjo. Se me inflaron las narices y decidí darme un descansito. Adiós, shôjo, adiós. Los que me leáis, ya sabréis que no es precisamente mi género favorito y, a pesar de que existen muy buenos tebeos en esa demografía y no me importa consumirlos, tengo una especie de límite que cuando sobrepaso, me impide continuar leyéndolos. Al menos una temporada. La acumulación tanto de idioteces cursis como de clichés, me supera y la cabeza necesita una buena desintoxicación. Así que he dejado en barbecho unos cuantos mangas, enviado a la mierda otros tantos y en tebeos que se estén publicando ahora me he quedado con… 4. Y con “publicando” me refiero exclusivamente a través de scanlations, la gran mayoría de los mangas actuales que sigo ni siquiera están editados fuera de Japón. Ni tengo esperanza, por lo que aunque no haya nada como el formato físico y odie estar con la nariz pegada a la pantalla, debo agradecer a todos esos fansubs, que traducen por amor al arte, el poder acceder a obras más que decentes.

¿Y cuáles son esos 4 mangas con los que continúo? De uno de ellos hice reseña no hace mucho: Golden Kamuy. Para mi sorpresa y alegría, ha ganado el premio Taishô al que estaba nominado. Los otros tres son los que vienen a continuación, y de los que escribiré un breve resumen y algunas impresiones. No me parecen maravillosos, pero tampoco considero que sean una pérdida de tiempo. De momento, a lo mejor acaban tocándome las narices y los mando al cuerno también. Tengo en reserva varios más a los que no he hincado el diente y que me atraen bastante. Quizá lo haga si voy mejor de tiempo. Ya veremos. Insisto: son tebeos en progreso, sin finalizar. Lógicamente leo más mangas on-line, pero se trata de obras acabadas hace tiempo.

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Machida-kun no sekai es un shôjo atípico, de ahí que no lo haya mandado a cavar zanjas con el resto. El único que me ha sobrevivido. Por ahora. Efectivamente, ando algo quemadita con el asunto. Pero regresando al meollo, es un shôjo cuyo protagonista es masculino. No es algo tan habitual (aunque se dé, claro) y tampoco tenemos al clásico chico que se comporta como una shôjo-girl con argumento típico de shôjo. Eso es lo que le ocurre, por ejemplo, a Hatsu Haru o a la tremenda siesta de Nijiiro days, que después de tres o cuatro capítulos, toda esa supuesta gracia de ver a una cuadrilla de muchachotes sufriendo los habituales avatares de cualquier heroína del género, se diluye en pura letargia. Más de lo mismo pero con protagonistas que llevan pantalones. Machida-kun no sekai no tiene, de momento, nada de eso. Se trata de un slice of life escolar sencillo donde no es el romance lo que prima (que lo hay, conste, de baja intensidad), sino las relaciones personales en general. De hecho es la enorme capacidad de comprensión que tiene el protagonista por sus semejantes lo que hace que el manga avance. Una comprensión que trabaja por su deseo de hacer felices a los demás, pero que no lo incluye a él, de ahí también el lógico conflicto: tiene una concepción de sí mismo muy, muy pobre.

Hajime Machida es el hermano mayor de una familia numerosa, muy responsable, generoso y atento. Siempre tiene palabras oportunas y honestas para todo el mundo y ayuda desinteresadamente a los que le rodean. Una buena persona, pero horrible estudiante. Tampoco es especialmente guapo, pero tanto los profesores como su familia saben que se puede confiar en él. Podríamos decir que tiene una inteligencia emocional fuera de lo común por su gran pureza… aunque siempre dirigida hacia los demás. Le gusta la gente, pero tiene un bloqueo extraño hacia todo lo que sea amor romántico. Y de eso va un poco este manga, no hay un argumento claro todavía, son anécdotas cotidianas que van presentando los personajes con los que supongo irá creciendo la obra. Lo realmente original es el enfoque que la autora brinda a todos esos sucesos corrientes, con una calma además reconfortante, alejada de las usuales montañas rusas emocionales del shôjo, pero de una inusitada profundidad. Tampoco se puede contar mucho más, solo hay traducidos 12 episodios. Último apunte: me encanta el dibujo. Es delicado, con un ligero toque desgarbado realmente bonito, muy rico en detalles.

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Cuando Norma anunció en noviembre que tenía la licencia de Mahôtsukai no Yome, no me sorprendió demasiado, pero me hizo un poquito más feliz. Unido a la novedad de que va a tener un anime precuela, podemos decir que el gran éxito que está teniendo en ventas tanto en Japón como Estados Unidos, justifican estas dos buenas noticias. Iba finalmente a claudicar y pedir por la Selva los tres tomos que hay publicados (soy impaciente), pero este mes ya se puso a la venta el primero en España, bajo el nombre de The Ancient Magus Bride.

Mahôtsukai no Yome es un manga que recomiendo encarecidamente a todo aquel que le guste la fantasía, la magia y las historias con una pizca de crudeza. No es exactamente dulce, de hecho se masca la tragedia; pero tampoco carece de instantes emotivos (sin pasarse). Tiene todas las características de la fantasía en abundancia, recrea un mundo entretejido con el humano muy creíble. No deja de ser, en el fondo, un cuento que huele un poco a La Bella y la Bestia, pero, ¡ay, amiguitos!, que es un producto japonés. Y se nota.

Todo comienza con la subasta de la huérfana Chise Hatori, que es adquirida por el desorbitante precio de 5 millones de libras. Su comprador, un misterioso mago no-humano llamado Elias Ainsworth. El mago de las espinas lo llaman las hadas, también despectivamente half-breed. No quedan muchos de su especie; pero Chise tampoco es una chica cualquiera, se trata de una valiosa y rara Slay Vega. Elias ha decidido hacerla su aprendiz y, más adelante, su esposa. Una Slay Vega convirtiéndose en mago es algo realmente extraño, como ya iremos viendo. No es oro todo lo que reluce. La vida y destino de una Slay Vega suelen ser trágicos y cargados de sufrimiento. Es algo que Chise, sin saber de su propia naturaleza, ya ha experimentado con sus 16 años de edad. No ha conocido nunca lo que es tener una familia o el amor, hasta que el enigmático (y con mala fama) Elias la compra y lleva a vivir consigo al sur de Inglaterra. Ahí no solo comenzará su adiestramiento y la revelación de un nuevo universo, sino el conocimiento del camino que la llevará a su muerte. Y hasta aquí puedo contar. El tebeo está repleto de hechizos, alquimia, criaturas mágicas de todo tipo, personajes atractivos y aventuras en lugares maravillosos y horribles. Pero, como los cuentos clásicos, tiene un reverso cruel y tenebroso. Ancient Magus Bride contiene todos los ingredientes que un seguidor de la fantasía occidental  pueda desear. Con bonitos detalles que aluden a Lovecraft, el druidismo o Harry Potter entre muchos otros. No decepciona, pero tampoco sorprende demasiado. Aunque, si tengo que ser sincera, hay un par de cosas que me enervan un poco:

  • La protagonista femenina, Chise. Pero es un tipo de personaje con el que se tiene que lidiar en cantidad de ocasiones cuando se lee manga comercial. Quizá conforme los capítulos avancen, mejore.
  • El romance. No tiene especial presencia ni es baboso; tampoco es la rehostia de original. Pero me pone un poco nerviosita cómo va ganando terreno. Ese rollo de “el amor lo vence todo” es cansino. Imagino que una persona más ¿romántica? no lo encontrará tan molesto.

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Tsukikage Baby no es Sakamichi no Apollon, eso que vaya por delante. El registro de Yûki Kodama en este manga es completamente diferente, aunque el estilo, tanto en el dibujo como a la hora de tratar la historia, es el suyo. Inconfundible. Y eso se agradece porque existe una mínima calidad garantizada.

El tebeo posee como telón de fondo una danza tradicional japonesa, llamada Owara, propia de la zona de la prefectura de Toyama. En septiembre tiene lugar un importante festival llamado Kaze no Bon, donde el owara es el centro de atención. Un baile muy elegante y refinado, de difícil ejecución, y que Kodama ha sabido plasmar muy bien en el manga. Pero no solo en el dibujo, la manera de transmitir el amor y devoción que sienten los personajes de Tsukikage Baby hacia este baile, es certera. Si no interesa mucho el asunto o lo de las coreografías y demás ni fu ni fa, lo mejor es no leer este manga. Porque hay owara por un tubo.

El argumento trata sobre el impacto que provoca en una pequeña población cerca de Yatsuo, la llegada de una muchacha tokiota. Su madre ha muerto y decide acudir a su tierra, para vivir con su abuela. Pero Hotaruko, que así se llama la mozuela, realmente ha ido hasta allí por otro motivo: está enamorada de un viejo amigo de su madre, que reside en el pueblo y dirige una pequeña cafetería. No todo queda ahí, el sobrino de Madoka (el amigo de su madre), Hikaru, ha descubierto que Hotaroku baila extraordinariamente bien el owara, pero solo en determinadas condiciones.

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Como buen slice of life, hay más cera de la que arde; y girando en torno al owara, una serie de interrogantes respecto al pasado de Hotaruko, su madre, Madoka e incluso Hikaru, que se irán desvelando. Hay que dejar claro que muchas de las situaciones que Yûki Kodama narra, no se llegan a comprender del todo si no se tiene en cuenta que está plasmando una sociedad rural, pequeña y muy cerrada. Es algo que la autora hace muy bien. Hotaruko, por ejemplo, es una extranjera; no se explica que ejecute tan bien su owara. También es cierto que Hotaruko, sospechosamente parecida a Sawako de Kimi ni Todoke, no es la persona más social del planeta. Es tímida, reservada pero, al contrario de Sawako, tiene una faceta dura y hasta a ratos descortés. Ella tiene muy claro que ha ido hasta ahí por Madoka, el resto del mundo no tiene importancia, por lo que no merece la pena relacionarse con nadie más ni en el instituto ni en ningún otro sitio. Y entonces entra en juego el owara, mediante el cual iremos conociendo a la gente de este pueblo; y Hotaruko se irá abriendo, lentamente, a los demás.

La historia está bien construida y el desarrollo es pausado; son los personajes los que flojean un poquillo más, porque se llegan a desperdiciar algunos secundarios de la manera más tonta. Es una obra coral, así que se comprenden algunas deficiencias hasta cierto punto. Hikaru y Zenji son los que me han atraído más, junto al tañedor megane de shamisen, al que se le ve en un par de capítulos y desaparece, ¡qué pena! Por lo demás, va todavía por el episodio 32, quién sabe cómo puede evolucionar Tsukikage Baby. Es un manga bonito para aquellos que disfrutamos con la cultura japonesa; tiene un argumento sólido y unos personajes dignos. Pero no deslumbra ni emociona tanto como Sakamichi no Apollon. Por ahora.

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De los tres, el que más me está gustando es Machida-kun no sekai con diferencia, y eso que es el más corto en capítulos escaneados; el que menos Mahôtsukai no Yome, porque me parece más shôjo que otra cosa… y no precisamente para bien. Pero no son malos mangas ninguno de ellos. He hecho una criba bastante salvaje, y es algo que estoy ya aplicando desde este invierno en el anime. Solo he visto tres y esta primavera me temo que haré algo similar. Ha llegado un momento en el que me he hartado definitivamente ya de ver y leer porquerías o mediocridades. Bajo mi criterio, por supuesto. Una cosa es hacerlo involuntariamente durante unos primeros capítulos, y otra seguir por inercia o porsiaca. Hasta aquí. Y si me pierdo algo, siempre están los colegas blogueros para hacerme caer en la cuenta.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga, paja mental

El Dios Dorado

¿Cómo ignorar un manga así? ¿Cómo? Aventuras a finales de la era Meiji en el salvaje Hokkaidô.

AAAAARRRGGGGHLLLLLJJJJRLRLL (esa soy yo gorgoteando con los ojos en blanco).

No sé si lo sabéis, pero es uno de los lugares que, dentro de la geografía japonesa, tengo más ganas de visitar. Y conocer in situ lo que queda de la cultura Ainu. Y tal. Pues bien, este Golden Kamuy es un imán descomunal para mí en ese aspecto, no podía obviarlo de ninguna forma. Y es toda una suerte que esté llevando un ritmo de scanlations semanal, porque está la mar de emocionante. Tampoco pierdo la fe en que, más tarde que temprano, acabe publicado fuera de Japón gracias a unas ventas aceptables y su excelente recepción en crítica. Que haya sido nominado a los galardones Manga Taishô y Premio Cultural Osamu Tezuka, me hace albergar cierta esperanza también. Dudo mucho que vaya a ganar (es lo de menos) porque la competencia es fuerte: Erased, Orange, Chihayafuru, El último vuelo de las mariposas (¡maravilloso!) de Takahama o El gourmet solitario de Taniguchi (casi nada, amiguitos). Pero si todos estos saraos ayudan a que asome la nariz por Occidente (aunque en España no lo espero… ¿o sí?), ¡bienvenidos sean! Franceses y norteamericanos suelen estar más atentos a esas menudencias de los premios.

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Asirpa y Sugimoto

Golden Kamuy es una historia de la gold rush de Hokkaidô. Es como un cómic western pero en vez de tener lugar en California, Oregón o Alaska, se ubica en Ezo durante la primera década del s. XX. Posee muchos de los elementos de este género, pero adaptados a la idiosincrasia japonesa, con un leve aroma al Lone Wolf and Cub de Koike y Kojima. El resultado es el esperado: entretenimiento y acción en tromba. Maravilloso para los amantes de la historia y cultura Ainu, porque se aprende un montón sobre ellos. Pero sí, seamos un poquito ordenados y comencemos por el principio.

Golden Kamuy se publica en Young Jump desde el verano de 2014, aunque servidora no pudo empezar a leerlo hasta este enero pasado, cuando a algún alma caritativa se le debió de encender la bombilla y decidió escanear/traducir los 5 volúmenes que hay de momento. No es la mejor forma de leer manga (es odiosa en realidad) aunque, tristemente, la única alternativa para los que no vivimos en Japón y desconocemos el idioma. El autor, Satoru Noda, no me sonaba de nada, así que esta es la primera vez que lo he leído… y ni tan mal. Me gusta. Por ahora me he trapiñado con gran placer los 28 episodios que hay disponibles… a la espera ansiosísima del siguiente, claro.

¿De qué va? Pues básicamente es la búsqueda de una cantidad enorme de oro que un misterioso criminal robó a un grupo de Ainu y que, antes de ser encarcelado, escondió muy convenientemente. En esta caza del tesoro están involucrados tanto presidiarios fugados, aventureros que han oído de la historia como veteranos de la guerra ruso-japonesa (1904-1905).

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¡Amo a esta niña!

No es un contexto histórico cualquiera, no señor. La guerra ruso-japonesa puso en el mapa a Japón, fue la primera vez que una potencia europea era vencida de manera aplastante por un país no occidental. Y fue uno de los detonantes que provocaron la Revolución rusa de 1905. Casi ná. La derrota eslava proveyó al imperio nipón, además de un enorme subidón de autoestima en esa era de apertura al mundo (Meiji), de territorios y recursos de gran importancia estratégica, entre ellos el sur de la isla Sajalín, que llamaron Karafuto. Junto a las islas Kuriles (Hoppô Ryôdo) y Hokkaidô, esos territorios insulares fueron la patria del pueblo Ainu; aunque llegaron a extenderse por el norte de Honshû y el sur de Kamchatka también.

Golden Kamuy ocurre en un momento en el que los Ainu se encuentran en pleno retroceso. Durante la era Meiji los Wajin (la mayoría étnica japonesa) colonizaron y redistribuyeron las tierras de Hokkaidô sin tener en cuenta a su población autóctona. Discriminaron y maltrataron duramente a los Ainu; obligándolos a asimilar la cultura dominante, abandonando la suya y prohibiendo incluso algunas tradiciones o hablar su lengua. Hasta 1997 no fueron reconocidos como pueblo con derecho a su propia cultura y costumbres diferenciadas y, actualmente, su situación todavía dista mucho de equipararse a la de los Wajin. En Rusia no lo hicieron tampoco mucho mejor, todo hay que decirlo. De hecho, según los censos rusos, ya no existen Ainu en sus territorios.

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Muchacha Ainu de Hokkaidô circa 1900

Los protagonistas de Golden Kamuy (kamuy es el nombre que dan los Ainu a sus deidades y espíritus de importancia) son un Wajin de Tokio llamado Sugimoto y una chiquilla Ainu llamada Asirpa. Sugimoto es un veterano de guerra con una gran fama de salvaje. Es conocido como El Inmortal. Prometió a su amigo y compañero de armas que se haría cargo de su esposa medio ciega y su hijito, por lo que decide probar suerte en los ríos de Hokkaidô, donde dicen todavía fluye oro. Pero, como imaginaréis, el destino iba a depararle un objetivo distinto. A través de la confesión involuntaria de un viejo borracho, se entera de que existe una gran cantidad de oro Ainu que un asesino enigmático ocultó antes de ser metido en la cárcel. ¿Cómo llegar hasta él? Este misterioso delincuente ha distribuido su localización a través de unos tatuajes que se han hecho sus colegas presos. Un mapa en la piel de otros criminales que, por supuesto, también ansían ese botín. No os puedo contar más porque sería destripar ya demasiado el argumento pero, Sugimoto, en sus pesquisas tras ese oro, se topa con la pequeña Asirpa que lo acompañará y le salvará la vida en multitud de ocasiones. Sobrevivir en Hokkaidô no era nada fácil en esa época, ni siquiera para un soldado de guerra curtido.

Satoru Noda ha hecho una labor de documentación excelente a la hora de crear este manga. Consigue que el lector se sitúe en el lugar y el momento de forma natural. La inclusión de personajes históricos reales, como algunos antiguos miembros de los Shinsengumi, aporta incluso más emoción a este tipo de cómic. Pero, sobre todo, los innumerables datos que brinda sobre los Ainu son una verdadera delicia: su lengua, sus creencias religiosas, sus costumbres… su gastronomía. Los que seáis un poco sensibles con esto de los animalitos, lo pasaréis un poco mal (yo lo soy y he sufrido, por eso aviso). Los Ainu eran cazadores-recolectores, por lo que comían (y comen) ardillas, nutrias, liebres, caballos, zorros, ciervos, osos, etc. Y eso queda reflejado explícitamente en el tebeo. El autor incluso hace gala de un peculiar sentido del humor, ligeramente sádico pero divertido, al explayarse o hacer incluso chistecillos al respecto. Un pueblo como el Ainu, tan en contacto con la naturaleza, conoce muy bien el valor de la muerte y que forma parte de la vida; nunca se encuentra lejos y nada es inmune a ella.

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Golden Kamuy sigue los parámetros de un seinen histórico de aventuras. Hay acción (muy bien llevada, por cierto), hay violencia, hay crueldad gratuita y tiene su granito de humor. No sorprende tanto por cómo se desarrolla la historia sino por la propia historia en sí y dónde tiene lugar. ¡Y no ha hecho más que empezar! Pinta muy bien, de momento no ha decepcionado a pesar de que no nos haya hecho descubrir la rueda. Y, sobre todo, son sus dos protagonistas los que aportan el brillo a este manga. Mantienen una relación que, lentamente, va creciendo a ojos vistas; me muero de ganas por verla florecer aunque intuya muy bien qué sendero va a recorrer. Asirpa, como continúe así, se convertirá en uno de mis personajes favoritos femeninos del mundo del tebeo junto a Barbara Thorson. Se parecen un poco entre ellas, además. Fuertes, autosuficientes, responsables, sabias. Todo lo contrario de lo que suele abundar en el manga japonés. ¡Y cómo se agradece!

El arte de Satoru Noda es muy competente, me ha gustado mucho cómo plasma los animales, son impresionantes. Aunque me dé la sensación de que en general sea todo un poco impersonal, comprendo también que acaba de aterrizar como quien dice y está todavía definiendo su estilo. No es una crítica en el fondo, porque dibuja francamente bien y se nota cierta dulzura en esa sencillez que tiene en algunas viñetas. Me encanta su gusto por la simetría y es muy eficaz diseñando personajes también. No me preguntéis la razón, pero me recuerda a Paul Smith a ratos… y soy muy fan de Paul Smith, ¿eh?

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¿Recomiendo Golden Kamuy? Para todo aquel que desee aventuras de corte clásico y a la vieja usanza, con personajes sólidos y una buena historia salpicada de intriga, este es su tebeo. También es un magnífico viaje para los amantes de la naturaleza, pero sin cursiladas humanas, la naturaleza tal como es. A veces parece un reportaje etnográfico dedicado a los Ainu, pero no se hace para nada aburrido, y Satoru Noda nos acerca a este desdichado y orgulloso pueblo con gran respeto. Dentro de los millones de mangas que actualmente se están publicando, es una elección de buen entretenimiento a tener en cuenta.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.