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Winter love: Shôwa Genroku Rakugo Shinjû

Una historia estupenda, si no se sabe contar, se convierte directamente en una mala historia. El contenido es importante, qué duda cabe, pero si el modo de transmitirla falla… meh. Es un poco como los chistes. Si uno no pone algo de gracia al asunto, el mejor chiste del mundo puede arruinarse en nanosegundos. El rakugo va de eso. Porque aunque el repertorio de cuentos y anécdotas está clasificado y es conocido; aunque hay un método codificado incluso en su expresión, es el rakugoka el que da vida realmente, con su personalidad e interpretación, a las historias que cuenta. Sin él, no hay rakugo (sin él y sin público, claro, existe cierta simbiosis). Y ese es el tema de la serie en el fondo, la vida y la evolución personal y artística de dos rakugoka durante la era Shôwa (1926-1989). Por supuesto, a través de ellos se tiene la oportunidad de familiarizarse con ese fascinante universo también. Wait. Los que no tengáis ni idea de qué es Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, debéis de estar flipando una miaja. Mis disculpas (keirei). Los que conozcáis el tema, podéis perfectamente saltaros toooodo el parrafote siguiente.

San'yūtei Enchō
«San’yūtei Enchō, rakugoka» (1930) de Kiyokata Kaburagi

Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es una serie cuyo último capítulo está todavía por emitirse. ¿Por qué hago la reseña antes de que finalice? Porque sí. Es un anime que gira en torno al rakugo. No ha sido el único, por ahí están Joshiraku o Rakugo Tennyô Oyui, que aunque no son homenajes tan afortunados como Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, también existen. ¿Que qué es el rakugo? Pues hasta hace no tanto, para el gobierno japonés un arte menor para entretener al populacho. Ahora ya han cambiado las tornas y tiene su merecido reconocimiento. El rakugo («palabras caídas» es su traducción) es un monólogo tradicional donde un único actor, vestido con traje típico y sentado a lo seiza, divierte al público contando historias de humor. Se cree que surgió a mediados del s. XVII y seguramente tenga su origen en los sermones budistas que los monjes relataban, como parábolas, en sus peregrinajes por los pueblos. Pero el rakugoka no es un mero cuentacuentoshace uso de su voz y capacidad gestual para interpretar los diferentes personajes que se encuentren en el cuento que relate. Estas historias pueden ser de la propia invención del artista o una variación/interpretación de otras previas (hay un canon de aproximadamente 300). Siempre en la misma postura, y sirviéndose tan solo de un abanico y un tenugui (toalla pequeña) como apoyo. Bueno, eso según el estilo minimalista Edo, que es el que representa la serie; en Osaka es distinto, bastante menos parco en elementos escénicos y musicales. Actualmente hay mujeres y extranjeros rakugoka, pero en franca minoría; todavía es un arte mayoritariamente masculino y japonés, aunque su espíritu sea universal. Esperemos que la cosa siga cambiando en beneficio del propio rakugo, podría enriquecerse muchísimo más así.

Yotarô y su marciana sonrisa <3
Yotarô y su marciana sonrisa ❤

No suelo hacer reseñas de series de temporada, creo que esta es la segunda que he escrito, pero considero lógico hacerla ahora porque, tarde o temprano, iba a caer. Mejor antes que después. Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es el anime que más estoy disfrutando este invierno. Tampoco he visto muchos, solo 3 (jojo); pero permitidme ser un poco presuntuosa y dudar bastante de que hayan aparecido otros a su altura. Admito que no está dirigido a todo el mundo, y menos hacia un público occidental al que probablemente la temática le pueda resultar más bien alienígena. El sector de audiencia acostumbrado a productos más llamativos y comerciales, puede encontrarlo también algo… diferente. Es un josei histórico, qué le vamos a hacer, el anime no tiene que ser exclusivamente para adolescentes. Con un mínimo que se mantenga la mente abierta, resulta una obra inteligente, entrañable y con mucha chicha detrás. No obstante, se ha convertido en uno de los anime mejor valorados de esta temporada, con cierta popularidad además. Me alegro, lo merece.

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Pero comencemos por el principio. Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es un anime de 13 episodios que ha sido emitido desde el 9 de enero hasta el 2 de abril de este 2016. Está basado en el manga del mismo nombre creado por la autora Haruko Kumota y ganador de un premio Kodansha en 2014. Deen Studio ha sido el responsable de su producción y la dirección es de Shinichi Omata, que ha trabajado en obras como Arakawa under the bridge o Mahô Shôjo Madoka Magica. Estuvo precedido por un par de OVAS, cuyo resumen es básicamente el primer episodio del anime, de ahí su inusual duración de 47 minutos. En realidad las OVAS y el primer episodio son el preludio, la introducción a la historia principal que se irá desarrollando mediante el pertinente flashback. Un flashback de naturaleza oral, como corresponde dada la temática de fondo de la serie.

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Ahí tenemos a Kyôji o, como es conocido luego, Yotarô. Y ese arrogante del jinrikisha, que lo abandona cruelmente llorando en la nieve, es el gran maestro rakugoka Yakumo Yûrakutei, el verdadero protagonista y narrador de esta historia. Yotarô, recién salido de la cárcel, quedó fascinado por la actuación estilizada y elegante de Yakumo mientras estaba en prisión. Así que decide, con todo el ímpetu de su franco y apasionado carácter, presentarse ante su ídolo para que lo haga su discípulo: quiere convertirse en un rakugoka. Pero las cosas no van a ser tan sencillas. Al principio Yakumo, que nunca ha tenido un aprendiz, es reticente pero acaba cediendo. Quizás porque ha visto en él algo de otra persona. Lo lleva a vivir a su casa, donde también habita una mujer joven, Konatsu, de personalidad también algo complicada. Ella es la hija de un antiguo y famoso colega de profesión, Sukeroku, y siente una aguda aversión hacia Yakumo. Lo culpa de la muerte de su padre, aunque ese resentimiento proviene más bien de la ignorancia y la desilusión. Yakumo, viendo que la situación está llegando a un grado casi insostenible, resuelve contarles a ambos una historia. Una historia que es su propia vida y la de Sukeroku; y que puede ayudar a Konatsu a descifrar su pasado y futuro.

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En su relato, mirando atrás en el tiempo, da comienzo el argumento principal de Shôwa Genroku Rakugo Shinjû. Él es el hijo de una geisha al que le habría gustado dedicarse a la danza. Mientras es un niño, nadie le impide bailar pero es una ocupación que, siendo hombre, no va a poder luego ejercer. Tarde o temprano deberá desistir, y la enfermedad que lo deja cojo, es la puntilla que obliga a su tutora a buscarle un futuro oficio que pueda realizar con su discapacidad: el rakugo. Bon se siente completamente abandonado, desechado, cuando lo llevan a vivir con su futuro mentor, un prestigioso rakugoka llamado Yûrakutei. El mismo día que va a su nuevo hogar, otro niño, un huérfano descarado, se presenta por iniciativa propia ahí para conseguir que Yûrakutei lo haga también su alumno. Shin, que así se llama el chico, es impertinente y atrevido. Tiene un ansia voraz por aprender y posee un talento innato que ha sido alimentado por un misterioso rakugoka callejero. De él aprendió todo lo que pudo hasta que falleció. Solo en el mundo y sin encontrar otra alternativa, su única opción vital es continuar su camino en el rakugo, arte que ama con entusiasmo. Yûrakutei acoge a los dos y educa para hacer de ellos dos buenos rakugoka. Y es la vida de estos dos muchachos (la niñez, la adolescencia, la edad adulta), los conflictos que surgen de sus respectivas formas de ser, actuar y sentir, lo que iremos viendo en este anime. Su disposición y talante frente al rakugo no solo como arte sino como institución; su amistad, vicisitudes y la llegada de la mujer que resultará ser un punto de inflexión en sus existencias.

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Ambos encarnan dos visiones diferentes del rakugo y sus personalidades también son antagónicas. Su aproximación a este arte también es muy distinto, así como su forma de trabajarlo. Mientras Bon (el futuro Yakuma) no siente inicialmente ningún aprecio por él ni sabe cómo afrontarlo y buscar su propio estilo, Shin (el futuro Sukeroku) tiene todo muy claro desde el principio, así como una facilidad natural para crear. Como agua y aceite, pero he ahí la magia. El triángulo amoroso también es interesante aunque no inesperado. Lo que sí puede atormentar es su conclusión, pero es que nadie dijo que la vida fuera maravillosa. No lo es, de hecho. Hay mucha crueldad en Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, de esa crueldad con la que uno se topa todos los días, pero que no deja de ser menos dolorosa por ello. Tampoco faltan los instantes cómicos, y con muy buen tino, porque no se apoderan del carácter de la serie.

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Me ha sorprendido mucho cómo han solventado el tema del rakugo. Me explico: se trata de una disciplina escénica muy personal donde una interpretación apropiada es básica. Al tratarse sobre todo de un repertorio humorístico, la expresividad y capacidad de improvisación de los rakugoka son claves. Y, no nos engañemos, un ser humano no es exactamente como un dibujo animado. En un dibujo animado no es fácil plasmar algo semejante sin caer en la caricatura o hacerlo insípido. En este caso lo han solucionado con eficacia gracias a unos seiyû excelentes (¡geniales!) y una animación sobria pero de gran calidad. Evidentemente, no es igual que presenciar un espectáculo de estas características en vivo, pero Shôwa Genroku Rakugo Shinjû ha estado a la altura por completo. Y el reto no era fácil.

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La serie crece con cada capítulo, sacando poco a poco a la luz todo lo que portan en su interior los protagonistas. A cada episodio se recrudece una pizca más también, conforme van madurando y su perspectiva de la vida cambia. Al unísono, porque no es igual el panorama que se tiene de ella durante la infancia, la juventud o la madurez. Lo que este anime presenta son personas, no personajes. Su desarrollo vital, sus enormes defectos y brillantes virtudes. Y lo hace sin juzgarlos.

El retrato social que hace de Japón y cómo este va mutando, es francamente interesante. El rakugo es considerado al principio un oficio poco honorable, al igual que otras profesiones vinculadas de alguna forma con las artes escénicas y el entretenimiento. La estratificación social es extremadamente rígida, no estoy hablando de un sistema de castas como el de la India, pero casi. Y en la serie se observa cómo ese rigor, poco a poco, se va disolviendo; aunque sin desaparecer. Esa falta de flexibilidad tiene su reflejo, por supuesto, en el mundo del rakugo; cómo se aferra a la tradición obstinadamente y a un sistema jerarquizado de formas y contenidos que lo está asfixiando lentamente, relegándolo al rincón de las antiguallas.

Me ha llamado la atención, siendo precisamente este anime un josei, el tratamiento brindado a los dos personajes femeninos principales, que no han dejado de ser además secundarios. Hasta donde yo sé, cumplen con unos roles totalmente coherentes con los periodos históricos en los que están situados.

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Miyokichi es una persona anclada en una mentalidad obsoleta, donde el amor romántico se considera una máxima vital; dependiente por completo de una presencia masculina, incapaz de ser autosuficiente, impotente ante el desafío de los ininterrumpidos cambios de la era Shôwa. Representa, en alguna forma, la mujer del pasado, siempre víctima de su falta de medios y una sociedad fuertemente clasista y machista. La esencia de Miyokichi, casi desde el primer momento en que aparece, se percibe trágica. Una mujer de usar y tirar en beneficio del divertimento masculino; una mujer de vida difícil a la que no se le permite tampoco abandonar ese papel de manera tan sencilla. Aunque ella, dolorosamente, lo ha aceptado porque ya no saber vivir de otra forma. La otra cara de la moneda es su hija Konatsu, también un ser humano de su época, pero con un carácter bastante diferente. A pesar de que ha heredado indudablemente el talento de su padre para el rakugo, no le es permitido dedicarse a él. Ambas sufren la constricción de una sociedad que las obliga a no salir de sus roles. Pero Konatsu tiene una voluntad tenaz y una personalidad fuerte; no se deja avasallar ni pisotear. Tampoco se ha resignado del todo, aunque es presa de la lógica frustración.

También ellos representan dos polos opuestos y complementarios: la contención y la exuberancia; el clasicismo y la renovación; la perfección del trabajo constante y la espontaneidad del genio natural; la disciplina y la rebeldía. Y ambos sacrifican sus vidas, uno en aras del arte, otro en aras del amor. De ahí también su continua rivalidad y celos artísticos, estímulos indispensables para hacer crecer su arte; pero que no impiden una amistad sincera y profunda que los marcará indeleblemente. Son tal para cual.

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Son taaaantos los temas que toca Shôwa Genroku Rakugo Shinjû que sería muy largo hablar de todos ellos. Es un anime poliédrico y de gran hondura; con capacidad de emocionar muchísimo sin necesidad de recurrir al sentimentalismo pegajoso. ¿Cómo lo consigue? Pues con moderación, su dosis adecuada de drama y una pizca de ternura. Me ha recordado en algunos momentos al Kokoro de Sôseki por su amargura y sutileza; o al Ningen Shikkaku de Dazai, pero lógicamente mucho más suavizado. Está claro que Shôwa Genroku Rakugo Shinjû bebe de la literatura por su cadencia, por cómo evoluciona y se manifiesta. Me encantaría poder leer el manga y comprobar lo que sospecho. También es muy evidente que este anime solo ha adaptado un primer arco argumental del tebeo; sería maravilloso que el milagro de una segunda temporada sucediera, donde Konatsu tomara el relevo protagonista. Ay, ojalá.

A pesar de mi precipitación a la hora de publicar esta reseña (soy así de irracional, qué pasa), tengo esperanzas de que no sea el mejor anime de este 2016. ¿Por qué? Porque deseo que haya, por lo menos, un par de estrenos más que superen a este. Va a ser complicado, la verdad, muy complicado; pero la ilusión no la quiero perder.

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❤ minou ❤

Es una apuesta arriesgada la de Shôwa Genroku Rakugo Shinjû, porque nos ha mostrado, desde el principio, el final de esta historia. No siempre sale bien, de hecho este tipo de jugada suele acabar en aburrimiento monumental o guarrería supurante de melodrama cutre. No ha sido el caso, todo lo contrario. Ha sabido, con habilidad y delicadeza, sumergirnos en un océano psicológico de gran complejidad. Sin afectación. No habiendo visto todavía el último episodio (dudo muchísimo que la caguen), me aventuro a decir que Shôwa Genroku Rakugo Shinjû es un anime de los que no se olvidan; de esas series que se ven una y otra vez con angustia y placer a la vez. Siempre se descubrirán matices diferentes. Un nuevo clásico.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.