cine, largometraje, MUAHAHAHA

Le Samouraï

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No existe soledad más profunda que la del samurái,

si acaso la de un tigre en la selva… tal vez…

Bushidô

(El libro del samurái)

Jef Costello permanece tranquilo tumbado en la cama. Fumando. El piar monótono de un pajarillo en su jaula y el sonido de la lluvia no son suficientes para amortiguar el poderoso silencio. El humo se disipa, la furtiva sombra de un gato se aleja. Todo parece inmóvil en el espartano apartamento de Costello, como si un enorme vacío estuviera a punto de engullirlo. Pero no. Costello se incorpora y dirige hacia la jaula de su pequeño compañero. Se pone con cuidado la gabardina, el sombrero y sale. Es un hombre extremadamente observador y meticuloso, no deja ningún detalle al azar. Roba un coche con naturalidad, una bonita déesse gris perla, y, mientras enciende otro cigarro, conduce por las calles de París. Una chica guapa en un semáforo lo mira con interés desde su automóvil. Pero Costello continúa su camino, solo, hacia un taller de la periferia donde le cambian la matrícula y exige una pistola. Paga y se va. Todo esto sin una palabra. Ocho minutos sin diálogo, solo acción. Y no se echan en falta, porque son verdaderamente sus actos los que dibujarán la personalidad de los protagonistas de esta película. Su rotundo lenguaje corporal. Cuatro, cinco sencillos trazos al servicio del movimiento y Jean-Pierre Melville ya lo ha logrado: la perfección.

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Este tipo es Alain Delon y el monstruo que devora TODO en esta película. Al espectador también se lo come, por cierto (so be careful). Una película, Le Samouraï (1967), franco-italiana. Sip. ¿Qué hace en Sin Orden ni Concierto? Pues a causa de mis peculiares asociaciones mentales, ha acabado protagonizando la actual entrada. La semana pasada escribí sobre un manga que se podría considerar un ejemplo de la filosofía de la Nouvelle Manga que lidera(ba) Frédéric Boilet. Un movimiento dentro de la historieta que se ha visto influido (de ahí su nombre) por la Nouvelle Vague cinematográfica. En el arte casi todo ocurre así. Es una simbiosis maravillosa multidisciplinar que, para los pobres mortales que la observamos babeando, siempre es fuente de inmensos placeres. Le Samouraï posee una fuerte impronta nipona (no ya solo en el nombre, sino en el espíritu de su personaje principal) y su director fue, entre otras cosas, el precursor imprescindible sin el que la Nouvelle Vague no habría sido igual ni en broma. ¿Relación muy cogida por los pelos con lo japonés? Qué queréis que os diga, me importa tres mierdas humeantes. Hoy en el menú está el samurái gabacho. Punto.

El silencio de un hombre, como es conocida la película en español, forma parte de la trilogía samurái de Melville: Le Samouraï (1967), Le cercle rouge (1970) y Un flic (1972). Con Alain Delon y la filosofía del bushidô impregnando las tres cintas. Seamos honestos, es un bushidô adaptado a la mentalidad occidental, pero que sus raíces budistas y shintô se huelen a distancia. Tampoco hay que ignorar que el bushidô, tal como lo conocemos actualmente, es de factura moderna e imbuida del ethos occidental a su vez. Ha evolucionado muchísimo desde su nacimiento medieval. Pero continuar por esta senda sería ya desviarme demasiado; volvamos al cine. Le Samouraï es el germen de muchas cosas. Su héroe lacónico e impasible, de tintes trágicos, ha sido imitado hasta la saciedad. Lo encontramos en Drive (2011), The American (2010), Ghost Dog (1999) o The driver (1978), por poner varios ejemplos. Es el asesino profesional, frío y perfeccionista, que es capaz de cumplir con su trabajo a costa de su vida. Porque el auténtico samurái siempre ha de estar dispuesto a morir y ese, que es su destino, ha de encararse con honor y serenidad. Jef Costello es padre de lo ultra-cool, el origen de lo que se ha llegado a convertir en un cliché del cine occidental. Un icono pop.

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Cathy Rosier y Alain Delon

Le Samouraï está englobada en ese género que se denomina polar: el cine policial francés de los años 50, 60 y 70. Y, aunque le debe mucho al noir estadounidense, tiene su propia e inconfundible identidad. El polar, comparado con su hermano norteamericano, es mucho más calmado, tiene un pulso distinto, más reflexivo y silencioso. La ambigüedad moral también es clarísima, el polar se centra en los delincuentes y criminales; en su psicología y vidas. La resolución de un misterio ya no es tan importante, es el realismo el que maneja la batuta. Y plasmar esa realidad dura, enferma de corrupción hasta su misma cúspide, es una de sus características. Woo, Besson, Tarantino o Scorsese saben todo esto muy requetebién.

Y de todas las estupendísimas (y no tan estupendas, de todo hubo) películas que conformaron el género, sin duda sobresale Le Samouraï como una de las obras más brillantes y cuidadas. Amo con todas mis fuerzas Les diaboliques (1955), Bande à part (1964) o La mariée était en noir (1967) pero, al menos para mí, Le Samouraï es como la escultura griega clásica: sobria, de una belleza matemática distante, sublime. Destaca de entre todas por su armonía fría inesperada. Melville se superó a sí mismo con este film. No sé dónde leí (no es mía la apreciación, pero la comparto) que es el director más americano de los franceses; y el más francés de los americanos. No hay duda de que Jean-Pierre Melville conocía y admiraba con fervor Hollywood y su cine negro, no obstante su influencia la destiló en sus obras despojándola de melodrama y artificios superfluos. Aun así, su trabajo siempre fue prolijo y esmerado; minucioso y de estética depurada.

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La historia de Le Samouraï es como una flecha: lineal, sencilla, contundente. Esto no es The Big Sleep (1946), desde luego. Pero con muchísima menos ornamentación argumental, logra un magistral juego de espejos. Como en casi todas sus películas, el diálogo tiene una importancia secundaria. Melville tiene la prodigiosa habilidad de expresar, comunicar historias y emociones de forma eficiente pero austera; con las pinceladas justas pero muy elocuentemente. Una simplicidad zen que raya en lo ascético, aunque de gran dinamismo.

Jef Costello, en uno de sus encargos en un club parisino, ha sido atisbado por unos pocos testigos. Sobre todo por la pianista (Cathy Rosier) del lugar, que lo ha visto frente a frente. Es algo imperdonable para un profesional de su categoría, que es extremadamente escrupuloso. A pesar de este error que ya lo ha condenado, prosigue con su meticuloso plan de doble coartada. Como esperaba, la policía lo detiene como sospechoso pero la pianista no lo delata y su alibí es invulnerable. El comisario (François Périer) sigue pensando que es su hombre, por lo que decide presionar a su amante (Nathalie Delon) y poner micrófonos en su apartamento. Costello es consciente de todo esto y de que, por añadidura, sus contratantes, al haber sido detenido, ya no lo consideran fiable: deben matarlo. Nuestro hierático asesino se encuentra atrapado entre dos fuegos y sabe que el único responsable de su situación es él mismo. Pero, como no podía ser de otra forma, ya tiene prevista una solución.

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La atmósfera fatalista se percibe desde el minuto 1. Sabemos qué va a suceder, aunque no cómo. Melville, más que preocuparse en mantener una intriga (que lo hace pero no utilizando los recursos habituales), se centra en presentar la vida y circunstancias de Costello casi a tiempo real. No llega a 40 horas lo que dura la propia acción. Un anti-héroe solitario cuya única compañía es un avecilla que, al contrario de su dueño, no puede permanecer en silencio y pía continuamente. Ah, pero hay sorpresas, por supuesto, el director es todo un prestidigitador. Aunque no hay espacio para el romance en una existencia así, Melville no hace de Costello una máquina sin sentimientos. Hay destellos leves, casi imperceptibles, que muestran que tras esa necesidad de autocontrol y meditado cálculo, hay un romántico de alma oscura. Y aquí Alain Delon lo borda, está perfecto. Pero no solo él, Cathy Rosier está espléndida también, su personaje de femme fatale atípica me gusta mucho.

El ritmo de Le Samouraï no lo considero ni lento ni rápido, es como tiene que ser. Melville obliga al espectador a prestar atención porque la ausencia de voces la exige. Y en este film se cumple el dicho de “una imagen vale más que mil palabras”; o la cita evangélica “por sus obras los conoceréis”. No sabemos nada de Costello ni del resto de los personajes. Nada. Es una película del presente. Son sus actos y gestos los que abren las puertas a sus mentes. Por supuesto, tiene sus escenas de acción, de una perfección alucinante: me quedo con la persecución en el metro de los últimos minutos. Pero todo, en conjunto, transmite sensación de calma atemporal. Esa dirección artística tan refinada y casi minimalista; esa fotografía discreta de color desvaído (me encanta); esos planos tan simples (los cojones) pero tan llenos de significado… uf. Canelita en rama.

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Le Samouraï es un clásico indiscutible que todo el mundo debería ver aunque fuera solo una vez en su vida. Ha sido, y es, un vórtice que continúa generando inspiración y admiración tanto en Occidente como en Asia. Para mí lo mejor que hizo Melville a pesar de que tenga films que me gusten más; y de lo mejor también que se ha hecho de noir. Adoro su infinita elegancia, el clasicismo y, a la vez, modernidad que emana. Sus matices son increíbles y, después de haber pasado un tiempo, asaltan detalles en la cabeza que desvelan nuevas implicaciones. Y ni os digo si se visiona por enésima vez. Es todo un referente del cine negro. ¿La recomiendo? MUCHO.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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El Señor de los Cerdos

La semana pasada estuve conversando por mi assbook personal con un buen amigo sobre el tema del acoso escolar. Sí, ese buen amigo que me recomendó que creara este blog, por cierto. Más o menos opinábamos igual y, además, nos tocaba la moral bastante un asuntillo que, tanto por redes sociales como por algunos magazines interneteros, se difunde con una alegría vomipurgante: los niños que sufren acoso escolar triunfarán en la vida como Bill Gates (porque en el fondo son unos cerebritos) y los hostigadores acabarán trabajando en una granja removiendo estiércol. O algo similar. Vaya montón de mierda. Imagino que es una forma (estúpida) de consuelo pero la vida, en realidad, es muy puta, y no funciona así. Lamento el spoiler. A cada uno, dependiendo de las circunstancias y su esfuerzo personal, le irá mejor o peor independientemente de que haya sido víctima o un cabronazo. De hecho, y según mi experiencia, a los hijos de perra no les suele ir mal; y haber sido víctima tampoco te convierte automáticamente en buena persona. Hay de todo en la viña del Señor. Y de esas reflexiones inútiles compartidas, me vino a la mente una película que tenía pendiente desde hace un tiempo: The King of Pigs (2011).

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Se trata de un largometraje de factura coreana, dirigido por Yeon Sang-ho, que se llevó varios premios por distintos festivales a lo largo y ancho del planeta. No es una obra, ni mucho menos, desconocida; y obtuvo el suficiente prestigio como para poner en el mapa a su creador, que ya se está labrando un nombre. Fue su opera prima… y vaya estreno. Dwaejiui Wang o The King of Pigs es un producto de bajo presupuesto, y eso se nota sobre todo en la animación. Para los que seáis puntillosos en ese aspecto: esta no es vuestra película. Tampoco está dirigida a todos los públicos, es exclusivamente adulta y de contenido feroz. Para los que tengan cierta sensibilidad: esta no es vuestra película. Yeon Sang-ho trata no solo la temática del bullying, sino el de la violencia social sistémica. Y lo hace desde su visión particular, que es pesimista y bastante alejada de la corrección política. Para los que prefieran un enfoque de trasfondo moral claro: esta no es vuestra película. Tras las necesarias puntualizaciones, dejo a vuestra elección el continuar leyendo o cerrar la pestaña.

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Con esta imagen comienza The King of Pigs. Sí, es una mujer muerta estrangulada. Todo un manifiesto de lo que vamos a ir encontrando. No es violencia gratuita, tampoco hay esa ensalada de hostias limpia del tipo al que estamos acostumbrados en la mayoría de los shônen o seinen. Esto es crudo y realista, no hay idealización por ningún lado. Pero, ¿quién es ella? Pues la esposa de Crybaby Kyiung-min, uno de los tres protagonistas principales. El trío se cierra con Jong-suk y el impredecible Chul.

La razón de que haya matado a su mujer no la sabremos hasta casi el final pero, mientras tanto, después de llorar desesperadamente bajo la ducha, llamará a su antiguo compañero de estudios Jong-suk. Quiere quedar, tras quince años de silencio, para recordar viejos tiempos. Y menudos tiempos.

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Lo que podría considerarse un ejercicio de inofensiva nostalgia, no es más que el retorno a esa época de sus vidas donde se cruzaron con Chul. En realidad todo gira alrededor de él. Porque sus propias existencias tampoco han variado demasiado desde entonces, son una patética prolongación de la miseria moral e implacable dominación a la que se vieron sometidos en el colegio. Pero Chul llegó para cambiarlo todo: les dio esperanza.

Si no quieres ser un imbécil, tienes que convertirte en un monstruo

Esa es la filosofía de Chul. Una filosofía de connotaciones terroríficas a las que ni Kyiung-min ni Jong-suk son ajenos; pero que la brutalidad que los rodea les hará aceptar a su manera. Chul es el caos que amenaza el orden establecido. El orden donde una élite tradicional adinerada (visualizada por Jong-suk como perros) gobierna a los pobres, mediocres y parias (los cerdos). Y Chul se enfrenta a ellos a pesar de sí mismo, ya que es criatura de la desesperación y el vacío. Ni la razón ni la indiferencia sirven para esquivar el régimen de perros y cerdos. La falsa neutralidad de los profesores, y no ya solo en la escuela, es su aquiescencia. No hay salida: sumisión o muerte.

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La solución de Chul es una escalada de depravación simple. Para vencer al Mal, hay que superarlo en maldad. Pero se trata de un remedio falso y que conduce a la autodestrucción. El gato fantasma, uno de los recursos narrativos importantes del largometraje, declara, con toda la perversidad y lógica del mundo, que siempre serán unos losers aunque se conviertan en monstruos. Unos monstruos que abusarán encima de los que sean más débiles que ellos, perpetuando así la estructura que odian y tanto les hace sufrir.

Yeon Sang-ho es despiadado en su repaso a la naturaleza humana. Nadie se salva de la quema. La cobardía de los cerdos es indiscutible, plasmada en la figura de Kyiung-min; también su resentimiento y envidia, que vemos, sobre todo, en Jong-suk. Y es que la escuela no es más que un reflejo de la sociedad a la que pertenece: sus rígidos estamentos y su dinámica sustentada en el miedo y abuso de poder. Así que tanto en el colegio como en la vida cotidiana, encontraremos maltrato físico y psicológico, intimidación e, incluso, abuso sexual. La violencia sistémica como forma de control, utilizada además por todos. Una sociedad psicópata cuyo valor fundamental es el dinero, que la vertebra por completo. Aunque tampoco carece de la hipocresía de las apariencias.

The King of Pigs es feísmo animado. Yeon Sang-ho no solo lo utiliza como posible recurso estético; sino que se regodea en todo lo repugnante de la sociedad y le aplica un espejo magnificador para crear la sátira perfecta. Esta es su pequeña venganza, que pretende incomodar a un público que ha desarrollado tolerancia a la moralina (y que encima la exige). De eso no hay en The King of Pigs. La perspectiva de la víctima siempre es dura… y más cuando se considera sin recurrir al maniqueísmo, que suele ser lo habitual. Hace falta coraje para hacer algo así.

La organización y desarrollo de The King of Pigs es simple. Corren en paralelo, a veces superponiéndose, pasado y presente. Los flashbacks pertinentes son los que llevan las riendas de la película, pero será el presente el que revele su imprevisible desenlace. El ritmo es claramente ascendente y no decae en casi ningún momento. Pero, si hay algo que echarle en cara de verdad a esta película, sin duda es la deficiente animación. Solo para empezar, tiene unos fondos y CGI que dan ganas de llorar fuertefuertefuerte. Se debe a su ajustadísimo presupuesto aunque admito que refuerza muy oportunamente la sensación de crudeza y fealdad. En conjunto sorprende su gran expresividad, a pesar de la obvia imperfección; y los diseños de los protagonistas, sencillos pero personalizados, son excelentes. Creo que una animación mejor no habría beneficiado para nada el vigoroso impacto que The King of Pigs provoca. Así está muy requetebién.

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¿Recomiendo The King of Pigs? Diablos, SÍ. Aparte, si gusta, es irremediable tirarse de cabeza al segundo largo del autor, The Fake (2013) , en el que muchas de sus consignas se exponen en más profundidad. Pero hay que saber a qué atenerse. No es una película fácil por muchos y variados motivos; su digestión será obligatoriamente lenta tanto por la dureza como por el potente bagaje simbólico con el que trabaja. Exige, además de un buen estómago, algo de actividad cerebral por parte del espectador. El que avisa no es traidor.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga, MUAHAHAHA

El Manga del Crimen – Diez viajes hacia otro Japón

Si existe un mundillo denostado, aunque en los últimos años esté recibiendo un reconocimiento inaudito a través de multitud de películas y series televisivas, es el del cómic. Y dentro del cómic, el universo del manga es uno de los más desconocidos y que más prejuicios absorben. Creo que merece la pena recordar esa famosa definición que la Real Academia Española incluyó inicialmente en el diccionario de la lengua:

manga.

(Del jap. manga).

1. m. Género de cómic de origen japonés, de dibujos sencillos, en el que predominan los argumentos eróticos, violentos y fantásticos.
2. adj. Perteneciente o relativo al manga. Videos, estética manga.

Afortunadamente, la RAE subsanó el error tras las lógicas protestas, pero es un ejemplo claro de la ignorancia que rodea al cómic japonés por regla general, y no solo en España. El manga es un campo floreciente, una potente industria que lleva más de un siglo de andadura y cuyo público, variado y heterogéneo, va mucho más allá del cliché del otaku o freak. Su diversa demografía se halla en los mismos géneros principales en los que puede clasificarse: kodomo (infantil), shôjo (niñas, adolescentes femeninas), shônen (niños, adolescentes masculinos), josei (mujeres adultas), seinen (hombres adultos). Existen muchos más, como el spokon (deportes), yuri (romance entre mujeres), hentai (porno), etc, así como otros que pueden encontrarse en cualquier otra obra literaria del planeta. Pero es en Occidente donde, sobre todo, aparece ese escrúpulo hacia el manga que lo relega al ámbito exclusivamente juvenil; considerándolo un reducto todavía mucho más aislado que el del cómic, e infestado de adolescentes disfrazados de Son Gokû. Eso puede ocurrir, el mundo del cosplay es fascinante, así como toda la subcultura otaku. Pero la vocación del manga es la misma que la de cualquier otra disciplina artística popular: llegar a todo tipo de gente. Por eso, aparte de Doraemon, Mazinger Z o Sailor Moon, existen también Akira (Katsuhiro Ôtomo, 1984), Yunagi no Machi Sakura no Kuni (Fumiyo Kôno, 2004) o Barrio Lejano (Jirô Taniguchi, 1998), que tienen el potencial para conquistar las neuronas de cualquier humano adulto con un mínimo de sensibilidad y buen gusto. Porque, recordemos, hay mangas de todo pelaje y para todo tipo de público.

Por eso, con ánimo de “desfacer agravios y enderezar entuertos” respecto al manga, os vamos a recomendar una serie de obras coordinadas por su relación con el mundo del crimen. La selección de estos 10 mangas no sigue ningún criterio en particular, salvo la de nuestros propios gustos. Existen mejores relacionados con la temática, así como también peores; pero todos ellos tienen un mínimo de calidad e interés que merecen especial atención. Nuestra intención no es sentar cátedra, sino acercar la disciplina del manga a los lectores curiosos mediante un señuelo atractivo. Los mangas elegidos pertenecen a distintas épocas, autores y estilos; algunos son clásicos imprescindibles, otros obras más arriesgadas en busca de reconocimiento; y enfocan desde ópticas diferentes el mundo del crimen. Esperamos que los disfrutéis y si ya los conocéis, no aburriros demasiado.

10

Ichi the killer

殺し屋

Hideo Yamamoto

(1998-2001)

10 volúmenes 101 episodios

ECC Cómics

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Ichi es un guapo muchacho de 22 años, de lágrima fácil y que vive en una casita de madera junto al mar. Tiene una sonrisa algo peculiar y entrena mucho porque quiere ser un hombre fuerte. Buena gente. O no.

Ichi es el arma que se ha utilizado para desatar una auténtica guerra en Kabukichô, el distrito rojo de Tokio, entre los diferentes clanes de la yakuza. Porque Ichi es un asesino a sueldo que aniquila a sus víctimas literalmente a patadas. Una fuerza irracional e imparable cuando se pone en canción, solo controlada por el viejo Jijii. Y tras el trabajo, se masturba in situ. Todo podría haber resultado menos violento, pero la desaparición (en realidad muerte) del jefe del clan Anjô y 300 millones de yenes, conducen a su subordinado, Kakihara, a destruir la frágil armonía que mantienen las diferentes mafias en Shinjuku. Kakihara es un trastornado sadomasoquista que desconoce por completo la noción de límite, y busca con pasión ciega a su kumichô.

Yamamoto recrea, a través de una colección de personajes muy excesiva y peculiar, los bajos fondos tokiotas en su máximo esplendor de inmundicia. Una glorificación de la violencia de lo más salvaje. Pero, indudablemente, las figuras en torno a las que gravita la historia son Ichi y Kakihara. Dos hombres enfermos y de gran ferocidad cuya colisión es inevitable. Drogas, prostitución, desviaciones sexuales, torturas, violencia elevada a la enésima potencia y mucha casquería. Sin remilgos. Ichi the killer es dinámico y ameno, pero solo si se tiene un estómago forrado de acero. Un manga duro para tipos y tipas duros.

Ichi the Killer tiene una adaptación al cine (2006) del mismo nombre, dirigida por el truculento Takeshi Miike.

Otras obras: Homunculus (2003-2011), Hikari-Man (2014-  )

9

Utsubora

ウツボラ

Asumiko Nakamura

(2008-2012)

2 volúmenes 14 episodios

Milky Way Ediciones

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El extraño suicidio de una enigmática joven, vinculada a un próspero escritor, parece un caso de poca importancia… pero el inspector Kaiba percibe algo que no encaja. Al investigar los datos suministrados por el escritor y la hermana gemela de la fallecida, descubre que la muchacha no existe en realidad; y lo único que tiene es un cadáver irreconocible en el depósito. Incluso es posible que la identidad de la hermana no sea siquiera tal. Shun Mizorogi, el escritor, se encuentra muy impresionado por todo lo acaecido y, sobre todo, por la aparición de la supuesta hermana de la difunta. Tiene motivos de peso, además de los sentimentales, para estar preocupado, pues su última novela, Utsubora, que está siendo un éxito en su publicación por entregas, tiene una sutil y poco honesta relación con la fallecida.

Inspirada por el film noir pero indudablemente desde una perspectiva más elegante, Utsubora es un manga delicado y misterioso. La eterna femme fatale mueve los hilos de una historia turbia, donde los diferentes personajes poseen sus propias motivaciones y sentimientos ocultos. Un laberinto de secretos inconfesables que derivan hacia una conclusión inesperada. La sensualidad con la que Asumiko Nakamura trabaja, bastante contundente, hace un tándem excelente con su sencillez de líneas de corte manierista. Muy limpio y estilizado, perfecto para la sordidez que esconde.

Otras obras: Copernicus no Kokyû (2002-2003), Le Théâtre de A (2005-2008), Dôkyûsei (2006-2007),

8

Black Blizzard

黒い吹雪

Yoshihiro Tatsumi

(1956)

Volumen único

Drawn & Quarterly

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El 7 de marzo de este 2015 falleció Yoshihiro Tatsumi, el creador de este manga. Sin él, el mundo del tebeo moderno no habría sido igual; su influencia más allá de las fronteras de Japón es innegable. Junto a otros contemporáneos suyos como Masahiko Matsumoto o Takao Saitô, reformuló el manga quitándole los pañales. Creó un género insólito, un nuevo lenguaje con su propio signario y dirigido hacia unas audiencias más exigentes y maduras. El gekiga. Hasta Manga no Kamisama Tezuka le rindió pleitesía. El gekiga quería trasladar a las viñetas el mundo real, la vileza del ser humano, las inclemencias de la vida. Deseaba alejarse de los patrones infantiles o de índole escapista que hasta entonces guiaban el manga. Para ello inició una auténtica revolución estructural y expresiva de influencias tanto occidentales como orientales. Y uno de sus primeros frutos fue este Black Blizzard.

Black Blizzard forma parte ya de la historia del cómic mundial. Es un clásico. Huele al Conde de Montecristo (1844), a hard-boiled, a cine negro. El relato de dos hombres, un tahúr y un pianista, esposados el uno al otro y camino de presentar sus respetos a la justicia. Accidente, fuga. Pero nada es tan fácil. La desconfianza mutua que sienten los fugitivos junto a las circunstancias, hacen de su evasión una aventura muy conflictiva y abocada al fracaso.

Tatsumi escribió esta obra con escasos 21 años y, aunque no sea de sus mangas más sofisticados ni tampoco con el arte más refinado, propinó un par de puñetazos al tebeo de la época y abrió puertas que hasta entonces se desconocía incluso que existieran. Desde la perspectiva de un lector moderno, Black Blizzard puede pecar de cierta ingenuidad, pero no se le puede negar su trascendental valor… y continúa deleitando a pesar de que hayan pasado casi sesenta años desde su publicación.

Otras obras: The pushman and other stories (1969), A drifting life (2008)

7

Monster

Naoki Urasawa

(1994-2001)

18 volúmenes 162 episodios

Planeta Cómics

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Monster es toda una epopeya contemporánea. Tiene mucho de esas grandes novelas del s. XIX, de hecho la influencia de Los Miserables (1862) es muy evidente. Ese cuidadoso estudio de la naturaleza humana, la continua reflexión sobre el bien y el mal, la ética, la justicia, la hipocresía social. Pero desde una óptica contemporánea, muy posmoderna, lo que conduce a dilemas morales infinitamente más enmarañados. Para ello se sirve, como ya hizo Víctor Hugo, de una galería de personajes amplia, rica; de un telar donde sus destinos e historias se entrelazan, creando una realidad verosímil y de gran complejidad. Como la vida misma, pero teñida de un fatalismo muy japonés. Y todo evoluciona, muta.

Monster no es una historia, son muchas historias, aunque la trama principal se centra en la figura del médico japonés Kenzo Tenma. Afincado en Alemania y siendo una verdadera promesa de la cirugía gracias a sus excelentes habilidades, tiene por delante un brillante futuro. Pero todo comenzará a torcerse a partir del momento en el que salva la vida de un niño que ha recibido un tiro en la cabeza. Este chiquillo, de nombre Johan, ha sido víctima y superviviente, junto a su hermana melliza, de un asesino que también ha matado a sus padres adoptivos. Sin embargo, nada es lo que parece. Y, con el paso del tiempo, el doctor Tenma se verá envuelto en una serie de homicidios cuya trayectoria señalará directamente a Johan, que ha desaparecido sin dejar rastro… pero cuya presencia y existencia son incuestionables. Urasawa es un maestro del suspense.

Monster tiene una adaptación anime de 74 capítulos, muy recomendable, del año 2004.

Otras obras: Master Keaton (1988-1994), Pluto (2003-2009)

6

Lupin III

ルパン三世

Monkey Punch

(1967-1972)

14 volúmenes 129 episodios

TOKYOPOP

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Recomendar 10 mangas dedicados al crimen y no escribir sobre Lupin III sí que sería criminal. Y tampoco va a venir nada mal una tregua entre tanto cómic tenebroso. Porque Lupin III está enfocado hacia la comedia y el crimen de guante blanco. Inspirado en el Arsenio Lupin de las novelas de Maurice Leblanc, el autor hace del suyo la tercera generación de Lupines; su creación es nieto del original francés.

Lupin III es toda una institución dentro del universo del manganime. Es una de sus eternas celebridades, figura clásica donde las haya y muy querida entre los aficionados. Es una obra desenfadada, vigorosa y enfocada al puro entretenimiento. Monkey Punch otorgó al nieto del elegante Lupin, una naturaleza más cómica y de connotaciones sexuales explícitas; lo convirtió en una especie de James Bond. Y a todo esto, le unió unas historias al estilo Agatha Christie, un elenco de personajes variopinto muy bien bosquejado y un antagonista a la altura. Lupin III es el remedio perfecto contra el aburrimiento; una sucesión de aventuras locas con mucha acción, humor y sexo. Un clásico que ha aguantado muy bien el paso del tiempo, aunque algunos detalles se hagan un poco infantiles.

Lupin III tiene una adaptación de serie televisiva animada (1971-2015) de cuatro temporadas y 15 películas que contaron con la dirección de Hayao Miyazaki e Isao Takahata entre otros. Existen además diferentes live-actions y varios videojuegos.

5

Alabaster

アラバスター

Osamu Tezuka

(1970-1971)

3 volúmenes 10 episodios

Astiberri Ediciones

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Ciencia-ficción, melodrama y un villano como protagonista. Esos son los ingredientes básicos que podemos encontrar en Alabaster. Sin tratarse de la mejor obra de Tezuka, de hecho comparada con otras de la misma época como Ningen Konchûki (1970-1971) o MW (1976-1978)  se trata de un manga mucho más rudimentario, posee esas virtudes tan características del autor ya sumergido en el gekiga. Una buena presentación para neófitos con una temática atractiva.

James Block es un atleta olímpico afroamericano. A pesar de su fama, el racismo imperante en Estados Unidos hace que sufra un fuerte desengaño amoroso por la actriz Susan Ross, que lo ha estado utilizando durante todo un año. James, que tiene un carácter impetuoso, en pleno arrebato de furia por la humillación sufrida, atropella y mata por accidente a un peatón. Con un juicio bastante irregular, es condenado a prisión cinco años, donde las ansias de venganza lo consumen. Ahí, en la cárcel, conoce a un extraño hombre, una especie de científico loco, que le garantiza puede hacerle dejar de ser negro. Es más, lo puede volver completamente invisible. James no se lo piensa dos veces y, tras cumplir su condena, se dirige al antiguo laboratorio de su compañero de celda. A pesar de seguir sus instrucciones, el experimento no sale bien; y solo la piel de James se vuelve invisible, convirtiéndolo en un ser translúcido, similar al alabastro. Su mala suerte, que ahora lo ha transformado en un monstruo, no desbarata sus planes de vendetta. Es más, el trauma que cargaba por el color de su piel, se multiplica por mil a causa de su nuevo y terrible aspecto, y genera en su ya de por sí fogosa personalidad, una locura violenta que lo conduce a destruir todo aquello que represente la belleza.

Alabaster es una historia de resentemiento y misantropía donde Tezuka nos muestra cómo la intensidad descontrolada de las emociones deshumaniza, enajena. Y es una crítica, algo ingenua en sus formas, a la hipocresía social. El argumento se desarrolla con destreza y vivacidad; y se exhibe con toda la potencia de una tragedia grandilocuente. Casi todo es desmesurado en Alabaster y los personajes principales sufren algún tipo de tara que los hace excesivamente humanos. A pesar de este panorama sombrío, el autor supo dar pequeños respiros con sus habituales pinceladas cómicas; lo que hace la lectura de este manga una experiencia más liviana de lo esperado y bastante entretenida.

Otras obras:  Astro Boy (1952-1968), Ningen Konchûki (1970-1971), Adolf (1982-1984),

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Nijigahara Holograph

虹ヶ原ホログラフ

Inio Asano

(2003-2005)

volumen único

Milky Way Ediciones

holograph

Esta quizá sea la obra más difícil de las que os presentamos en este listado. Tanto por argumento como por estructura. Inio Asano, el autor, no ha vuelto a alcanzar semejantes cotas de complejidad en mangas posteriores; y es comprensible porque parir tal criatura exige mucho esfuerzo y trabajo.

Intentar escribir una sinopsis coherente de este manga no es para nada sencillo. Las historias que cuenta son variadas y se entrelazan unas con otras, revelando un panorama laberíntico al que hay que añadirle, además, la fuerte carga simbólica que abarrota casi cada una de las viñetas. El principal de todos estos elementos simbólicos es la mariposa, representación del alma humana inmortal; cuya existencia en la eternidad le hace prescindir de las nociones de vida, muerte, sueño, realidad, pasado o futuro. Todo es lo mismo. Y eso es lo que encontramos plasmado gráficamente mediante rupturas continuas de la línea temporal.

Este manga se presenta como la historia de unos niños que aseguran vive un monstruo dentro de un túnel cerca de su escuela. El que aparezca ahí el cadáver asesinado de la madre de una de las alumnas, no hace más que acrecentar el rumor; y asienta la idea de que hay que sacrificar a esta niña para calmar la ira de la bestia. Arie, que así se llama, está definitivamente maldita.

Nijigahara Holograph es poliédrico, deliberadamente oscuro; con un esqueleto dúctil y vasallo del concepto de eterno retorno. Le debe mucho al realismo mágico. Los personajes que por él pululan, aparentemente inconexos, van mostrando su vinculación a través del dolor, la muerte, la locura. Son esclavos de sus obsesiones y traumas, son incapaces de liberarse de su miseria interior. Refuerza esta idea de angustia y fatalismo, el que Nijigahara Holograph se ubique en este período moderno de constantes recesiones económicas en las que está sumido Japón desde los años 90.

Otras obras: Solanin (2005-2006), Oyasumi Punpun (2007-2013), Umibe no Onnanoko (2009-2013)

3

Innocent 

イノサン

Shin-Ichi Sakamoto

(2013-2015)

9 volúmenes 99 episodios

Éditions Delcourt 

innocent

Ley no es igual a Justicia. Eso es algo que queda muy claro en este manga. Innocent nos muestra el otro lado del crimen, el brazo de la legalidad que actúa como ejecutor. Innocent es una especie de biografía libre y novelada, de uno de los verdugos más importantes de la historia de Francia: Charles-Henri Sanson (1739-1806). Nacido en una familia noble dedicada al oficio desde generaciones, Sanson vivió una época singular y agitada que cambió la visión del mundo. Ejecutó a más de 3000 personas, entre ellos Luis XVI o Robespierre. Él era el Monsieur de Paris.

Mediante una labor de documentación exhaustiva, Sakamoto presenta una historia tremebunda y ampulosa. Su característica principal: la hipérbole. En todos los aspectos. Drama, sangre y ferocidad a raudales; no da tregua en ningún instante. Innocent es todo un folletín gore, pero que no deja de encarnar una era, a nuestros ojos, hermosa y brutal. El argumento se desarrolla con bastante simplicidad mediante lo que podríamos considerar uno de los dibujos más apabullantes de los últimos años en el mundo del manga. Un espectáculo visual barroco, delicado, exuberante; y que plasma con minucioso detalle tanto el brocado de un chaleco como las vísceras de un moribundo. Es una obra furiosa y tremendamente bella; aunque en absoluto apta para todos los públicos, porque las crueldades que se vierten no son para todos los paladares.

Otras obras: Kokô no Hito (2007-2012), Innocent: Rouge (2015- )

2

Tekkon Kinkreet

鉄コン筋クリート

Taiyô Matsumoto

(1993-1994)

3 volúmenes 33 episodios

EDT/Glénat

tekkon

En el barrio imaginario de Takara-chô en Tokio, que parece una mezcla alucinante de todo elemento asiático que se os pueda pasar por la cabeza (Sudeste asiático, India, China, Turquía y el propio Japón), viven dos niños huérfanos. Sus nombres son Shiro (blanco) y Kuro (negro) y recorren las calles de “su barrio” incansablemente. Se han hecho respetar entre las pequeñas mafias e incluso la policía. Ellos son opuestos y complementarios, yin y yang; y no pueden quedarse impasibles cuando en “sus territorios”, un elemento externo, alienígena, irrumpe para tratar de dominar y transformar sus vidas. Pero hay más, la colección de personajes es amplia; y todos afrontan el cambio irreversible a su manera.

Con una potente carga simbólica donde el autor une Oriente con Occidente, lo surrealista con la ciencia ficción y la cultura pop, Tekkon Kinkreet trasciende su propia naturaleza, en inicio enclavada en una historia de bajos fondos casi dickensiana con bandas de rateros, yakuzas y pícaros, para alcanzar cotas de gran profundidad psicológica y fantasía desbordante. La violencia y crueldad propios del mundo del crimen son revisados por Taiyô Matsumoto de forma inteligente, aportando una mirada original que no tarda en desmarcarse y convertirse en algo… diferente.

Casi todo en este tebeo es fuera de lo común: desde el arte de Matsumoto, sus trazos y perspectivas; hasta el tratamiento de una historia muy cruda, pelín predecible, pero extraña y emotiva. El autor tiene un estilo muy personal, alejado del manga convencional, que ha dejado fuerte impronta por méritos propios.

Tekkon Kinkreet tiene una adaptación animada del mismo nombre del año 2006.

Otras obras: Ping Pong (1996-1997) GoGo Monster (2000-2009), Sunny (2010-2015)

1

Lady Snowblood

修羅雪姫

Kazuo Koike & Kazuo Kamimura

(1972-1973)

4 volúmenes 15 episodios

Planeta Cómics

lady_snowblood

Se llama Yuki (nieve) y por 1000 yens, se convertirá en una asesina implacable. Una auténtica profesional del asesinato; eficiente, brutal, despiadada. Pero ella es mucho más que una mercenaria, Yuki es un arma. Un arma al servicio de un cadáver. Yuki es la venganza desde la tumba. Para ello fue concebida, criada y educada. Su historia y destino son crueles, y se remontan a mucho antes de su nacimiento, a la cárcel donde fue condenada a cadena perpetua su madre. Esta, tras presenciar cómo mataban a su marido e hijo y ser violada durante días por unos criminales, acabó con sus huesos en prisión al matar a uno de ellos. Pero la mujer fue tenaz, y decidió engendrar un vástago que la vengara definitivamente. Ese vástago es Yuki; y al alumbrarla, murió.

Este es el manga de una homicida que vende sus mortíferas habilidades al mejor postor; y que, mientras tanto, recopila información y va acercándose, cada vez más, a los responsables de las desgracias de su madre: Okono Kitahana, Hanzo Takemura y Gishiro Tsukamoto. Su destino es llevar a cabo la venganza y matarlos. No dudará en recurrir a todo tipo de estrategias, incluidas las sexuales; porque todo está legitimado para cumplir su misión. Pero hay más: a través de esta obra, podemos aprender muchísimo del contexto histórico en el que está ubicado, la era Meiji (1868-1912). La base documental que maneja, con la incorporación incluso de figuras y sucesos reales, es excelente; lo que procura una comprensión más profunda tanto del país como de la sociedad y bajos fondos en los que se mueven los personajes.

Lady Snowblood fue conocida en Occidente gracias a la saga de Quentin Tarantino Kill Bill, que tiene una inspiración muy evidente en este manga. Es una obra repleta de odio, violencia y erotismo; de gran sencillez argumental en cada episodio y con unos personajes diseñados de forma espartana. El arte es muy cinematográfico en su movimiento de viñeta a viñeta; los trazos dinámicos y con reminiscencias clásicas del ukiyo-e.

Lady Snowblood tuvo dos célebres adaptaciones al cine en 1973 y 1974, protagonizadas por Meiko Kaiji.

Otras obras: Lobo solitario y su cachorro (1970-1976)

Este artículo está dedicado al gran mangaka Shigeru Mizuki, que nos dejó este pasado 30 de noviembre. Kitarô seguirá devorando por toda la eternidad nuestros corazones.