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Peticiones Estivales: Paradise Kiss

¡Ay, el verano! El calor me vuelve lenta y holgazana, además de que ando casi todo el día aturdida. Y luego me ocurren accidentes sangrientos en la cocina… pero esa ya sería otra historia. Las Peticiones Estivales prosiguen su itinerario, y hoy tenemos la sugerencia de Faelyan, que desde Buenos Aires conduce el genial blog Vorágine de Palabras. ¡Muchas gracias por tu inspiración, maja! La obra que nos concierne es el anime Paradise Kiss (2005), una obra muy querida por la mayoría del público y que fue bastante popular en su momento.

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Paradise Kiss está basada en el manga original de Ai Yazawa del mismo nombre y consta de 12 capítulos que la siempre fantabulosa Madhouse tuvo a bien realizar.  Tengo que reconocer que a esta mangaka la tengo un poco olvidada, y tampoco es que haya leído demasiados tebeos suyos. Tiene un estilo muy reconocible al que no le acabo de coger el puntillo, pero esto no me ha impedido disfrutar del cómic que, desde mi punto de vista, es lo mejor de su carrera hasta ahora: Nana (2000). Tristemente, se encuentra en hiato indefinido. Deseo de todo corazón que la autora se recobre pronto de su enfermedad, no ya solo para que le brinde un desenlace a Nana, sino para que pueda continuar con su vida sin sufrimientos en plenitud. ¡Mucha fuerza, Yazawa-sensei!

Si la adaptación al anime de Nana (2006) me encantó también, sobre Paradise Kiss ya no puedo decir lo mismo. Me costó además conectar con el propio manga, ya que el tema que trata y el mundo que lo rodea, el de la moda, me resultan pesados y aburridos. Pero me lo terminé, hace milenios de eso, y reconozco que es un buen trabajo aunque no encaje con mis preferencias personales. Sin embargo, el anime, que también vi hace muchos, muchos años y he vuelto a revisionar para la ocasión, no considero que se encuentre a su misma altura. Ni en broma. Y es una pena. Paradise Kiss, por cierto, en realidad es una secuela de un manga y anime anteriores, Gokinjo Monogatari (1995), del que no tardaré en escribir si todo va bien.

Yukari Hayasaka es una estudiante en el último curso de instituto. Se encuentra en un momento trascendental de su vida, pues debe escoger cuál va a ser su labor como adulto, cuál va a ser su posición en la sociedad. En Japón esto es algo importantísimo, y la presión a la que se ven sometidos los jóvenes de su edad es bastante enérgica. Ella nunca se ha considerado a sí misma una estudiante brillante, pero se esfuerza con ahínco en sacar las mejores notas para contentar a su madre, una mujer estricta y seria que solo desea el mejor futuro para su hija.

Yukari, que no ha conocido en su corta existencia nada más que el trabajo duro del aprendizaje y las responsabilidades de una vida convencional, no se imagina que pueda existir algo más hasta que tropieza con el atelier “Paradise Kiss”. En él trabajan cuatro zagales de su edad, pero muy distintos a ella; creando con sus propias manos atavíos de gran imaginación y riqueza estilística. El cerebro del taller de moda es el arrogante George Koizumi, y todos están convencidos de que Yukari es la modelo perfecta para las creaciones de “Paradise Kiss”.

Y a partir de aquí empieza la batalla de Yukari, la dicotomía entre dos universos opuestos que convergen en ella. Dos mundos que parecen incompatibles en esos momentos, y que obligarán a nuestra protagonista a elegir. Escoger, decidir, madurar. ¿Qué es lo que quiere hacer esta chica con su vida? La pasión de la juventud y su irreflexión candorosa la conducirán a un nuevo planeta lleno de glamour, libertad y nuevas emociones. Un lugar donde puede sentirse ella misma, y que, a su vez, no le exige nada más que ser ella misma. Pero este nuevo mundo se halla dentro de uno más grande: el real, lo mismo que su pequeña esfera de existencia escolar, y es algo que no debe de perder jamás de vista. Paradise Kiss no deja de ser una obra sobre el paso de la infancia a la adultez.

Y esta transición Yukari no la hace sola. Está rodeada de maravillosos personajes que en el anime son cristalizados de manera bastante tosca. Reducidos a su esencia más mínima, haciendo de algunos de ellos incluso caricaturas enojosas. No pretendo escribir un Manga vs. Anime, pero viendo la serie es inevitable que acuda a la cabeza el tebeo, porque existe un diferencia notable. Aun así, si no tuviéramos en cuenta el cómic, el anime deja que desear en ese aspecto. Y es una lástima, porque se olisquea claramente que detrás de ese elenco hay mucha más cera de la que arde.

Comenzando por los miembros del atelier, Miwako Sakurada queda reducida a una genki girl sin muchas neuronas y voz estridente (dios, es insoportable), que de vez en cuando deja brillar su corazoncito de oro. Está terriblemente infantilizada. Su novio, Arashi Nagase, queda plasmado como un punkie gandul al que le entusiasma quejarse. Mi personaje preferido, Isabella Yamamoto, una mujer trasgénero de personalidad fascinante, queda simplificada a mera figura maternal. Finalmente, George Koizumi continúa siendo un presuntuoso y snob, no más insufrible que en el tebeo, aunque sí mucho más plano. ¿Y Yukari Hayasaka? Pues nuestra pequeña Yukari es la que mejor parada sale de todos, no en vano es la protagonista, aunque tampoco podamos decir que sea un portento de personaje.

Yukari sufre la esperada evolución en este tipo de obras: de la niña sumida en una vida gris, marcada por el deber, siguiendo la senda transitada por la mayoría y haciendo lo que se espera de ella, al excitante descubrimiento de que el mundo es… muy grande. Y que dejarse llevar, tomar una actitud pasiva, no la benefician para nada como persona. La vida es dura. El resto de secundarios, como el encantador Toku-chan o la vibrante Mikako Kôda (¡me encanta esa mujer!), son un acompañamiento fantástico, me habría gustado que hubieran profundizado un poquillo más, y que las relaciones interpersonales no hubieran resultado tan deshilachadas, pero 12 capítulos tampoco pueden dar más de sí. Y la propia estructura de los episodios, como pequeños telegramas enlazados y guiados ocasionalmente por un diálogo interior, no contribuye a ello demasiado.

Uno de los puntos importantes de la serie es la relación amorosa que surge entre Yukari y George. Y aunque intentan dotarla de un aire realista, la relación entre ellos no termina de cuajar, no es creíble. Sin más. Es una pareja que realmente no se comunica, y su romance es conducido de manera insulsa, sin emoción. La colegiala sin experiencia junto al guapo (y rico, of course) malote que la manipula. Sus tácticas de seducción y control son muy obvias, y hacen al personaje todavía más odioso si cabe. El idilio evoluciona porque Yukari crece como persona, y al hacerlo, el futuro de este se encuentra sentenciado. No puede ser de otra forma. Yukari y George no funcionan, no pude empatizar con ellos en ningún instante. A pesar de que la presencia de George Koizumi es considerable durante el proceso de madurez de Yukari, su aportación es únicamente la de obligarla a ser sincera.

Esta falta de verosimilitud no es aislada, se encuentra dipersa por todo el anime. La historia de unos niños bien con una noción poco realista de la vida y que viven en una burbuja ajena al común mortal. Mayordomos, cochazos, mansiones exhuberantes, institutos maravillosos y exclusivos, y mucha gente cool. ¿De verdad esto es un josei? No sé yo…

Uno de los dilemas que brotan conforme se visiona Paradise Kiss es si estamos frente a un shôjo o un josei, porque comparte características de ambas demografías. Está catalogado como josei, pero yo personalmente lo considero un híbrido de shôjo-josei que a ratos juega a ser serio y formal. ¿Incluir escenas y diálogos sobre drogas y sexo, o presumir de un final materialista lo convierte en josei? Yo diría que hace falta un poquito más. Y es que no abundan los josei puros, la industria y los autores continúan ofreciendo todavía de manera mayoritaria el mismo tipo de producto a niñas, adolescentes y mujeres, con enfoques infantiles, fuertemente idealizados y centrados en las mismas temáticas y contenidos: romance, belleza, moda, vida cotidiana. Y es algo que me asusta bastante de manera personal, lo dependiente que es la mujer japonesa de su imagen, la importancia obsesiva por parecer jóvenes y bellas. Es una obligación para lograr su máxima aspiración: marido. Y eso se plasma en ambas demografías. ¿Hay excepciones? Sí, por supuesto. Pero Paradise Kiss no es una de ellas. Y es que el debate de las demografías en el manganime japonés daría para deliberar mucho. Pero hoy no toca.

Paradise Kiss recoge muchos elementos del shôjo clásico de los 60 y 70, y los introduce en su historia con naturalidad: entorno embellecido de reminiscencias occidentales, ambiente escolar de élite, tragedias familiares sin resolver, casualidades y enredos sentimentales visibles, protagonista ingenua y pasiva que solo tiene su belleza como talento, flores, estrellitas y pétalos al viento, comedia ligera y absurda, etc. Mucha horteradita entrañable que siempre se hace querer. Aunque también rinde homenaje a clásicos del josei, como el Pink (1989) de Kyôko Okazaki en algunos guiños como el del cocodrilo; o elige mostrar facetas menos amables en las relaciones entre padres e hijos.

Pero, ¿tiene algo de bueno esta serie? Porque le estoy propinando una zurra antológica. Pues sí, tiene unas cuantas cosas buenas. La primera y principal, su apartado técnico y artístico. Es una verdadera gozada. Tiene una animación estupenda, unos diseños de personajes alucinantes, recursos visuales imaginativos, ¡y qué colorido! Las ambientaciones tokiotas son maravillosas, todo está realizado con sumo gusto y cuidado, y la riqueza de detalles abruma. Por no hablar de las referencias a la cultura popular que aparecen (Godzilla, The cat in the hat, Marilyn Monroe, Humphrey Bogart, etc) y que hacen mucho más jugoso su visionado. Hasta el opening y ending son bastante más que potables (Franz Ferdinand, ouhyeah!).

Resumiendo, y siendo consciente de que es una unpopular opinion como la Gran Esfinge de Guiza, Paradise Kiss es un anime sin un clímax real y con un enorme potencial desperdiciado. No es mala obra, pero se asienta en una tierra de nadie donde queda a la merced de sus excelencias visuales y artísticas, que son numerosas y deslumbrantes, pero que no son suficientes para hacer de ella una adaptación digna. Es vacua, instrascendente, superficial, vaga. Y con el paso del tiempo, se olvida con facilidad. Se ve, distrae pero no emociona. Una lástima, pero ya sabemos que un bonito envoltorio no lo es todo. Puede, de hecho, esconder una decepción. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Peticiones Estivales: Umimachi Diary

¡Más, más Peticiones Estivales! No me canso de repetirlo pero, ¡este año me tenéis muy contenta! Han sido bastantes vuestras sugerencias y muy variadas, ¡os lo agradezco un montón! Así que, ¡proseguimos! Esta vez con la proposición de Jane, que junto a Umibe llevan el prodigioso blog El Destino de la Flor de Cerezo. Cierto que se encuentran en una especie de estado de hibernación desde hace unos mesecillos, pero sus contenidos ahí los tenéis y os prometo que merecen la penita de verdad.

La petición de Jane es la mar de interesante, se trata de la obra Umimachi Diary, un manga creado por Akimi Yoshida, que esta temporada de verano está siendo un poco más conocida entre la otaquería por ser la artífice de Banana Fish. Un tebeo que, por cierto, os recomiendo (ya caerá por aquí, ya); y su adaptación animada me parece de lo mejorcito del estío. Por ahora. Regresando a Umimachi Diary o Diario de un pueblo junto al mar (2006-2018), se trata de un cómic que ha finalizado hace nada, el 28 de junio de este mismo año. Fue publicado por Flowers y, si no me equivoco, consta de 8 tankôbon a la espera de que recopilen los últimos capítulos para cerrar la serie con 9 totales.

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Como podréis imaginar, no he tenido la oportunidad de leerlo completo; pero algo he podido ojear ya que nuestros vecinos franceses (benditos sean), lo están publicando bajo el nombre de Kamakura Diary a través de Kana. Sería maravilloso que alguien en España se animara también a traerlo (¿Tomodomo?, ¿Milky Way? ¿Ponent Mon? ¡Quién sea!), porque es oro puro. Akimi Yoshida es una mangaka curtida en los menesteres del shôjo y el josei, con tres Shôgakukan bajo el brazo por Kisshô Tennyo (1983), Yasha (1996) y Umimachi Diary (2006); y varias nominaciones a los premios Tezuka y Taishô. De hecho, El diario de un pueblo junto al mar ganó el Excellence Prize del Japan Media Arts Festival en 2007 y el Taishô en 2013. Yoshida-sensei no es una cualquiera, y sus trabajos siempre se han caracterizado por otorgar a las demografías femeninas un enfoque distinto. Creo que es algo que muchos están descubriendo gracias al anime de Banana Fish. Y eso es estupendo.

Umimachi Diary es un manga muy querido en las islas, ha tenido hasta su adaptación al teatro. Pero sobre todo es conocido por su versión cinematográfica, Our little sister (2015), dirigida por Hirozaku Kore’eda. Fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en Cannes y, aunque no ganó ningún garladón del festival, sí tuvo bastante repercusión en Occidente, con excelentes críticas en los medios especializados además. Se llevó el Premio del Público en el Festival de San Sebastián, y recibió varios en su casa por parte de la Academia de Japón.

¿Sobre qué escribir? ¿Del manga o de la película? Dado que todavía no puedo hacer una reseña completa del cómic como se merecería y del film sí, pues hoy toca cine. No es por falta de ganas, y podría hacer una pequeña review sobre lo que he leído (2 volúmenes por ahora), pero prefiero reservarme y finalizarlo. Quizás con la insensata esperanza de que alguna editorial lo publique (¡por favor, por favor!) en estos lares; y si no, tirar, como ya es costumbre, de la France. Por otro lado, soy de la opinión de que los géneros y demografías considerados (ejem) femeninos (josei, shôjo, romance, etc), no son tales, sino que pertenecen a todos. Igual que los catalogados masculinos, que ya de serie se consideran universales y nadie dice ni pío. Umimachi Diary lo puede leer cualquier mozo, que os aseguro que no perderá su hombría; y tiene el indudable potencial de hacer disfrutar a cualquier ser humano, a no ser que se deje abrasar por los prejuicios. En ese aspecto, Akimi Yoshida ha hecho siempre un trabajo excelente, derribando cuando ha tenido ocasión convencionalismos.

Umimachi Diary es un drama costumbrista que nos introduce en la vida de cuatro hermanas en Kamakura. Esta ciudad, situada al sur de Tokio, es conocida por su potente tradición religiosa e histórica, un lugar con gran afluencia de turistas por su localización privilegiada junto al mar. En el manga la población tiene una fuerte presencia que en el film se diluye bastante, así como también la personalidad de las chicas y otros personajes se pierde un poco. Reconozco que es muy difícil realizar una adaptación completamente exacta a la obra original, son dos medios diferentes con dos lenguajes distintos; por no hablar de que no se busca una mera traslación, sino que el nuevo vástago tenga su propia esencia y valía. Pero… pero. Echo de menos el sentido del humor de Yoshida, las reverendas borracheras de Yoshino, la dulce insensatez de Chika y su pelo afro, esa malicia inofensiva del cotilleo entre hermanas, los hilarantes diálogos internos, etc. Sin embargo, you can’t always get what you want. Y, ¡qué diablos!, la película Our little sister, ya os adelanto, también es muy requetebonita.

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Las hermanas Kôda, Sachi, Yoshino y Chika, acaban de entererarse de que su padre ha muerto. En los últimos 14 años no han sabido gran cosa de él, pues dejó a su madre para irse con otra mujer. A su vez, su madre, incapaz de asimilar lo sucedido, huyó también dejando a sus tres hijas con la abuela, que las crió en su vieja casa. Fallecida esta, continuaron viviendo en ella. Sachi, la mayor, trabaja de enfermera en el hospital, Yoshino en una oficina bancaria, y Chika en una tienda de deportes. Las tres tienen formas de ser muy distintas, y se han ido adaptando a sus circunstancias familiares como han podido. Sachi es la que más recuerda a su padre y el antiguo hogar, con un lógico resentimiento hacia sus progenitores, pero ha sabido siempre mantener bajo un estricto control sus emociones.

Sachi, en un principio, se escuda en que tiene turno de noche para no acudir al funeral, en Yamagata, donde su padre había rehecho su vida regentando un ryokan. Ahí, en el agreste Tôhoku, se había casado por tercera vez, al fallecer su segunda esposa, y había disfrutado del aprecio y estima de los que le conocían. Para cierta sorpresa de las Kôda, era considerado una persona buena y amable con todos. De él había cuidado durante su enfermedad su hija Suzu, de 14 años, retoño de la esposa número dos. Las Kôda no pueden evitar sentir cierta curiosidad por conocer a su media hermana, apenas una adolescente, y se sorprenden de su consideración y entereza. Sachi, que acude al final, se ve reflejada inmediatamente en ella: una cría a la que han arrebatado la niñez,  ha tenido que aprender a madurar de forma muy dolorosa y que se ha quedado sola en el mundo. Así que, en contra de su manera de actuar, se deja llevar por un impulso y la invita a vivir con ellas en su hogar de Kamakura.

Este es el punto de partida de un slice of life sereno y emotivo, pero maravillosamente falto de sentimentalismo. Y es que la ausencia de melodrama, en una historia como esta plena de sinuosidades que rozan lo rocambolesco, es milagrosa. Las hermanas Kôda llevan a la hija de la persona que les arrebató a su padre a vivir con ellas. Su medio hermana, una chica inocente sin otra familia que ellas. Y Suzu es muy consciente de la situación, no es ninguna tonta, sabe que su presencia revive antiguos agravios. Our little sister plantea un laberinto emocional donde todas tienen asignaturas pendientes de una manera u otra, un dédalo en el que se desliza la culpabilidad.

Kore’eda es todo un experto en lidiar con los sentimientos humanos con sutilidad y delicadeza, y eso es lo que nos muestra en Umimachi Diary: el universo femenino japonés, rico, generoso y lleno de contradicciones. Es inevitable evocar Las hermanas Makioka (1936) de Junichirô Tanizaki o el clásico occidental Mujercitas (1868) de Louisa May Alcott conforme vamos viendo la película; así como, por mucho que le moleste al director, la sombra de Yasujirô Ozu en la forma que tiene de crear poesía. Sin azúcar ni artificios, con hermosa simplicidad y ternura. Un shôshimin-eiga honesto de lo que es ser mujer en Japón en la actualidad, y no es para nada fácil.

Our little sister es un drama familiar realista que plasma lo cerrada y encorsetada que es la sociedad japonesa. El pudor a la hora de expresar los sentimientos hace que se enquisten, ulceren profundamente por dentro. No es casualidad que no sea casi hasta el final de la película que ninguna se atreva a hablar de forma abierta y franca de su padre. Una comunicación franca y honesta siempre es necesaria entre personas que se quieren, desahogarse también es indispensable para poder continuar adelante con la vida. Cada hermana es retratada de manera individual, con una profundidad psicológica acorde a la importancia de su personaje, por supuesto, pero todas colman con sus pensamientos y emociones la vieja casa en la que viven. Una casa rebosante de recuerdos y sentimientos entretejidos con ligereza, pero fuertes e impetuosos a la vez. La relación entre ellas es natural, fluida, casi mágica.

Es significativa la continua presencia de la muerte. La película comienza y acaba con un funeral, y las alusiones a ella no son pocas. Las personas vamos, venimos y, al final, desaparecemos. Como todo en el mundo. Es la futilidad de la existencia. Sin embargo, los japoneses han sabido hallar en esa impermanencia la más exquisita de las bellezas. Umimachi Diary rezuma de mono no aware, impregnando con su dulce melancolía la cadencia del film. La conmoción ante lo efímero de la vida es la que conduce, en cierta forma, a estas hermanas hacia la purificación del perdón. El perdón para sus padres, el perdón para ellas mismas.

Our little sister trabaja a distintos niveles, su complejidad es admirable a la hora de cristalizar el desconcierto y los matices de las emociones humanas. La terrible dependencia de la mujer japonesa hacia el hombre, la necesidad imperiosa de tener un interés amoroso y/o casarse. Todo esto en una sociedad que responsabiliza únicamente a la mujer del fracaso de las relaciones sentimentales o el matrimonio, ellas solas cargan con la culpa completa. Su obligación es servir a su pareja o marido, hacerles sentir bien; si las abandonan, es porque no están cumpliendo con su papel. Por eso la madre de las hermanas Kôda es acusada de que su marido se fuera con otra. Su padre es considerado, recordemos, un buen hombre; aunque en realidad fuera un cobarde que se preocupara más de los demás que de su propia familia, y cuya debilidad de carácter lo hacía incapaz de asumir sus errores. Y es precisamente cuando las cuatro hermanas son conscientes de todo esto, que logran liberarse y conseguir cierta paz. Sentirse personas plenas y autosuficientes sin la necesidad perentoria de una presencia masculina. Ellas mismas se bastan, ellas mismas conforman un núcleo familiar perfecto. Llegar a una conclusión así en la sociedad nipona no es cualquier cosa, ojito.

Diario de una ciudad junto al mar es un recorrido por las vidas de cuatro mujeres, los lugares que habitan, sus gustos, sus experiencias, sus heridas. Los deliciosos tentempiés que prepara la dueña de la cantina La Gaviota; la paciente elaboración casera de licor de ciruela; la inmediata camaradería entre las Kôda y Yuzu; las recetas gastronómicas de la familia y sus degustaciones; la primera pedicura de Sachi con esmalte rojo; etc. La película está repleta de detalles muy humanos y creíbles, pero siempre con una mirada amable y bondadosa. Todo en ella invoca un lirismo elegante que mediante planos medios y largos otorga una silenciosa intimidad de voyeur. Para los diálogos, planos cortos en interior de gran intensidad.

Se trata de una obra que va desarrollándose con calma, adaptándose a la evolución psicológica de los personajes. Cada hermana ocupa el espacio de un cliché: la mayor, responsable y seria, motor incuestionable de los cambios; la mediana, rebelde y con mala suerte con los hombres; la tercera, desenfadada y candorosa; la pequeña, tímida y buena deportista. Desde luego, Umimachi Diary no va dirigida a un público impaciente, y la ausencia de un clímax destacado marchita un poquito su desenlace. No obstante, el trabajo de las actrices es en verdad memorable, y a pesar de que no sea la película más original de Kore’eda, resulta un film estupendo que debería remitir al espectador de forma inmediata al manga.

Our little sister es una bonita película que hará las delicias de los amantes del costumbrismo clásico japonés, con muchas reminiscencias budistas (tiene lugar en Kamakura, no obstante), y un aspecto visual impecable, transparente y de gran pureza. Su guion, que parece exhala cierto aroma culebronesco, no puede resultar más engañoso en ese aspecto, pues oculta temáticas más hondas de lo que cabría esperar. En resumen, un film agradable y bien confeccionado, aunque no alcance la excelencia (ni falta que hace). Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Mujeres en un mundo de hombres: Hisone to Masotan

Por cuestiones personales y familiares, no he podido atender como me habría gustado SOnC. El blog ha estado incluso a punto de desaparecer, porque la falta de tiempo, el cansancio y la tristeza me estaban devorando. Pero aquí estamos de nuevo. He echado muchísimo de menos el poder escribir, soltar mis parrafadas ridículas y desahogar el ánimo. Esta bitácora es casi como una terapia. Bueno, sin casi.

Por eso esta temporada de primavera animesca que acaba de finalizar, la he dejado muy, muy colgada. Reconozco que estaba muy contenta con Megalo Box, Hinamatsuri y Hisone to Masotan, pero finalmente solo he podido terminar la serie de estas intrépidas mozas que pilotan dragones. Y no ha sido una pérdida tiempo, es una obra que en general me ha gustado bastante, pero que ha tenido también una serie de cosillas que me han parecido cacafú. De ahí que haya decidido hacerle una reseña.

Hisone to Masotan cuenta la historia de una novata, Hisone Amakasu, de las Fuerzas Aéreas Japonesas. Pronto es seleccionada para una misión especial de particular importancia y naturaleza ultra-secreta: ser piloto de un dragón. Pero es el dragón el que elige a su oficial, no puede ser cualquiera. Existe una conexión única entre piloto y animal que es todavía un misterio. Hisone tiene escasas habilidades sociales y resulta inoportuna por su incontinencia verbal, pero allí en la base de Gifu conocerá a otras aviadoras que compartirán su misma misión. Cada una de ellas tiene varios obstáculos personales que superar, pero su entusiasmo por el trabajo y la amistad que surgirá entre ellas conseguirán que su encomienda se lleve a cabo con éxito. Sus vidas cambiarán para siempre, porque pilotar un dragón desde sus mismísimas entrañas no es cosa baladí.

Esa es la sinopsis aproximada de Hisone to Masotan, un anime que esta primavera se ha erigido como la sorpresa, la bizarrada, el descubrimiento feliz. Una serie netamente japonesa que solo habría podido nacer en las islas por multitud de motivos. Tiene de todo un poco: romance, comedia, fantasía, intriga, ciencia-ficción… y folclore japonés. O más bien debería decir trasfondo sintoísta. ¿Problemas con mezclar sci-fi y religión? No te preocupes, que en esta serie se lo montan la mar de bien. Es todo como muy loco, pero sin carecer de coherencia interna. Japón es eso, modernidad y tradición… aunque en ocasiones la tradición sirva a oscuros intereses.

HisoMaso tiene un reverso tenebroso espeluznante. Detrás de una historia de superación personal, amistad y trabajo en equipo, con sus pequeños dramas y momentos tiernos, se presentan una serie de dilemas bastante peliagudos. Que no os engañe la desenfadada personalidad de su protagonista, su optimismo y brutal honestidad. Tras la bondad de sus dragones kawaii, se encuentra el infierno. El infierno japonés, claro, porque Hisone to Masotan es magnífica a la hora de plasmar la situación de la mujer nipona en la sociedad, lo que se espera de ella incluso. Y nuestro amado Cipango, como ya sabemos, es el peor país desarrollado en términos de igualdad entre hombres y mujeres. Existe una discriminación laboral y social abrumadora, así como una separación gigante de roles en función del sexo.

Y eso HisoMaso lo estampa a la perfección. La mujer es representada como esclava de sus emociones. Y esas emociones y sentimientos son los que le pueden impedir desarrollarse profesionalmente. Las mujeres son emotivas, no racionales, en su naturaleza no está realizar según qué tipo de labores. Lo suyo es encontrar el amor, casarse y retirarse al hogar para cuidar de su marido e hijos. Esta noción tan arcaica continúa muy vigente en Japón, asumido por las propias mujeres además, desperdiciando de esta manera un potencial incalculable de personas completamente preparadas que se ven abocadas a ser amas de casa. Sus carreras profesionales siguen la vereda del llamado ippanshoku.

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En cientos de detalles aparece cristalizada en HisoMaso esta concepción de lo femenino y de la mujer. No es una crítica hacia la serie, todo lo contrario. Me parece excelente que hayan vertido de manera tan natural (para Japón lo es) una situación tan penosa para la mitad de su población. El acoso sexual, la minusvaloración de sus esfuerzos, la infantilización de sus personas, la discriminación, etc. Las mujeres de Hisone to Matosan trabajan además en un entorno especialmente hostil, dominado por una presencia mayoritaria masculina que no las considera sus iguales, sino unas entrometidas incompetentes que deben tolerarse porque su actual posición de cierto privilegio es indispensable y solo temporal.

¿Y cómo enfrentan estos problemas nuestras protagonistas? Clásica es la actitud de Eri Hoshino, así como muy interesante la de Hisone Amakasu. Ambas son las únicas además que tienen que confrontar ese atolladero sentimental que encadena a todas las mujeres (¡ejem!). Los dragones, por muy monos que sean, exigen devoción absoluta, una total sumisión que solo puede provenir de una persona vacía, sin autoestima. Es una alegoría impecable de la situación que encaran a diario millones de japoneses. El hombre es un siervo de la empresa; la mujer, si desea tener hijos, no puede dividir su lealtad entre dos. O el trabajo o la familia, no existe conciliación. La verdad es que resultaría apasionante saber si Mari Okada decidió expresar a propósito todas estas cuestiones que aparecen subyacentes en la serie, o si le salió así sin más.

Hisone to Masotan es un anime diferente, aunque no especialmente original. Que no es lo mismo. ¿Por qué? Porque se nutre de muchísimos clichés que estamos acostumbrados a masticar y comer de diferentes géneros. Sin embargo, y ahí radica la diferencia, rara vez aparecen combinados entre sí. HisoMaso es en sus cimientos un slice of life de pura cepa, pero que se mezcla con temática militar, mecha, sci-fi, fantasía, folclore japonés y romance. También hay un ligero toque de comedia. Y ese tipo de amalgama no suele ser habitual, por eso se trata de una serie distinta del resto.

Para un devorador curtido de slice of life el elenco de personajes y sus personalidades resultan una senda bastante familiar; para un amante de la fantasía la evolución del argumento también es conocida, incluso un poquito sosa; y para un fan del folclore nipón tampoco ofrece nada del otro mundo, es una melodía que ya ha sonado otras veces. Todo salpimentado de esa comedia leve con suaves tintes absurdos que todo otaco conoce de sobra. Pero es, como antes señalábamos, la unión de todos esos elementos en el mundo de la milicia lo que hace de HisoMaso un anime bastante WTF.

Supongo que ese contexto militar habrá ahuyentado a bastantes espectadores, porque se suele relacionar con seinen hipermusculados de testosterona efervescente. Otros que hubieran consumido con placer un seinen de ese tipo (que no son pocos) se han encontrado con un alegre e inocente slice of life vestido de verde botella. Y esos prejuicios no han permitido que la serie tuviese el impacto que hubiera merecido por su calidad. Porque a pesar de sus defectos, es uno de los mejores anime de lo que llevamos de 2018.

Hisone to Masotan se ha esforzado, Hisone to Masotan ha arriesgado, Hisone to Masotan ha elegido ofrecer un producto distinto y el resultado no ha estado del todo mal. Se agradece bastante. Dejando de lado los típicos arquetipos de personajes animescos que disfrutaremos (y sufriremos) por los siglos de los siglos, algunos de ellos han sido apenas desarrollados, como era de prever en una serie de esta duración. Y esos boquetes en su psicología, dejándolos esbozados como marionetas, duele mirarlos. Y da penita, porque se atisba un potencial interesante que por falta de espacio, tiempo y mejor organización ha quedado truncado. Aun así, no se puede evitar cogerles cariño, a veces porque recuerdan a personajes de otros anime. Las similitudes con algunos de Little Witch Academia casi casi rozan el plagio.

En resumen, admito que me habría gustado poder disfrutar de unas relaciones más consistentes entre los personajes, conocer también un poquito más a algunos, que han quedado bastante desmadejados. También habría agradecido unos últimos episodios menos atolondrados, en los que se nota que 12 episodios resultan exiguos para desarrollar ciertas dinámicas personales, sobre todo entre secundarios. Pero esto es lo que hay, y tampoco ha estado tan mal. Lo he pasado muy bien viendo Hisone to Masotan, que no es poco.

Si hay algo que me ha entusiasmado sin reservas de HisoMaso ha sido su música. Taisei Iwasaki ha hecho un trabajo estupendo; ya le había echado la oreja, no obstante, en Kekkai Sensen, donde me sorprendió muy gratamente. Y aquí ha vuelto a triunfar con una banda sonora clara, emotiva y muy bien orquestada. Habrá que seguirle la pista a este chavalote,  ya que está comenzando con bastante buen pie.

Respecto al opening y ending, que suelen ser cosas a las que no presto ninguna atención porque generalmente me parecen atrocidades, destaco la maravillosa versión que se han cascado las seiyû de las protagonistas en el tema de cierre, ¡una delicia! Aunque me sigo quedando con la original de la irrepetible y mítica de la chanson française France Gall.  Fue una canción incluida en su quinto disco, Baby pop (1966), también muy recomendable. La verdad es que ha sido un detalle muy bonito rescatar esta joyita del pop, los melómanos la hemos apreciado mucho. Para que veáis que no miento, os dejo con la interpretación inicial de la Gall. La japonesa está chula, sin duda, pero esta mola más.

Prosiguiendo con el apartado artístico, la animación, los diseños o el colorido me han encantado. Es algo tan alejado del anime estándar actual… ha sido refrescante. Esa textura en el dibujo, con el trazo mínimo y muy marcado, que casi se asemeja más a un boceto en su simplicidad, evocando la ingenuidad de los dibujos infantiles, ha sido gloria bendita. ¡Qué gran expresividad! Un descanso, un alivio entre tanto anime moderno de fachada pulcra, aséptica y anodina. Un guiño para los que echamos de menos el anime cel y leemos mucho manga, porque HisoMaso es una declaración de amor a los tebeos. Meridiano.

Y para cerrar esta reseña algo atípica, os voy a dejar con una foto especial. Porque me da la gana. Estas que veis abajo son, de izquierda a derecha, Frances Green, Peg Kirchner, Ann Waldner y Blanche Osborn. Ellas eran pilotos de B-17 (“Fortalezas volantes”) en la Women Airforce Service Pilots durante la II Guerra Mundial. De las 25.000 mujeres que deseaban acceder a un puesto como aviadoras, 1830 fueron aceptadas y solo 1074 se ganaron las alas. Entre ellas este cuarteto. Unas pioneras. Todavía es una rareza ver a una mujer pilotando un avión (solo un 3% de los pilotos son mujeres), pero su número va aumentando a pesar del techo de cristal y los convencionalismos. ¡Mucha fuerza, chicas!

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Esto ha sido todo por hoy, espero que este comeback sea una vuelta a las habituales rutinas estrafalarias de SOnC. Para cualquier cosita, tenéis los comentarios a vuestra disposición más abajo, as always. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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¿Y ahora qué toca? Primavera 2018

Otra temporada animesca está llegando a su fin, y la nueva primaveral asoma ya el hociquillo. Por lo que aquí estamos de nuevo, haciendo un repaso de lo que va a ser mi cartelera los próximos meses. Siempre lo comento, pero es la purita verdad: me resulta muy tedioso hacer este tipo de entradas, además de que no suelen ser para nada representativas de lo que finalmente acabo viendo. Estos son tiros a ciegas en los que solo se plasman intenciones. Y las intenciones chocan contra una realidad compacta y terca, donde un anime puede florecer como un cardo borriquero a pesar de las ilusiones que nos hayamos hecho.

Este pasado invierno la lista que tenía preparada quedó reducida a cuatro series, solo una de las que consideré de alto interés logró sobrevivir (Pop Team Epic), lo demás ha sido una carnicería brutal en la que no he tenido ningún tipo de compasión. Lo que no me convenció (y entretuvo) unos mínimos, lo envié a extirpar garrapatas a las ovejas de la taiga siberiana. Y esta disposición poco transigente hacia ciertas memeces me ha hecho abandonar series que han tenido bastante repercusión entre la otaquería. Los que me leáis habitualmente ya sabéis que SOnC es uno de esos turbios antros a rebosar de opiniones y artículos impopulares, por lo que no ha tenido nada de particular. Todo ha ido como siempre.

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“Mujer admirando las flores del ciruelo por la noche” (circa 1769) de Suzuki Harunobu

¿Y esta primavera? ¿Cómo se presenta? Para mí personalmente solo existe una única luz que ilumina mis trémulos pasos durante las próximas semanas: Golden Kamuy. Lo demás no capta mi interés ni una décima parte; no obstante, siempre hay sorpresas y mantendré el radar alerta por si se me ha escapado algo o me sugerís alguna cosilla. Aviso: en este repaso no incluyo ni continuaciones ni remakes, solo estrenos puros. Porsiaca.

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En esta categoría incluyo los anime que voy a comenzar, pero en los que menos fe tengo; esos anime que a la mínima duda que me surja los mandaré a escaparrar y se diluirán en la cartelera de SOnC como lágrimas en la lluvia. Anime que me dan un poco de repelús pero en los que atisbo también un poco de luz. Veamos cuáles son.

Wotaku ni Koi wa Muzukashii

Wotaku ni Koi wa Muzukashii promete ser un josei cargadito de estereotipos y clichés a tutiplén: los flirteos entre dos adultos jóvenes con alma frikaza, y los consabidos encuentros-desencuentros que se pueden esperar de una comedia romántica a la japonesa. Es más habitual encontrar estos productos de carácter ligero en el mundo del manga, no obstante, así que será bienvenido semanalmente en mi pantalla si logra no aburrirme mucho. ¿Es pedir demasiado? En mi caso solo exijo simple entretenimiento sin empalagar, y en este tipo de obras eso no resulta fácil. Veremos qué encontramos.

Tada-kun wa Koi wo Shinai

Tengo que ser honesta: este anime voy a comenzar a verlo porque sale un precioso gato gordo deambulando entre humanos enamoriscados. Porque sí, se trata de otra comedia romántica, pero esta vez entre adolescentes. Lo nunca visto, oigan. Ah, el primer amor, la juventud, la inocencia… todos esos tópicos a los que nos tienen acostumbrados los anime aparecerán seguro en Tada-kun wa Koi wo Shinai pero, ¿sería mucho pedir que tirara más hacia Gekkan Shôjo Nozaki-kun que hacia la pastelada? Deseo fuertefuertefuerte que el elenco de secundarios sea jugoso, porque la parejita protagonista en esta clase de series casi siempre resulta algo sosita. ¿Ocurrirá lo mismo aquí? Habrá que esperar todavía unos días para dilucidarlo.

Kakuriyo no Yadomeshi

Kakuriyo no Yadomeshi, creo que todos estaremos de acuerdo, apesta a Kamisama Hajimemashita. Y lo siento: Kamisama solo hay uno. No obstante, este anime comienza bastante peor, con exigencias matrimoniales de por medio a causa de las habituales deudas de honor, y una moza protagonista bastante estándar (buena cocinera, por supuesto). Vayaquésorpresanomeloesperaba. Meh. Sin embargo, el tema del folclore japonés y su maravillosa mitología sintoísta y budista me entusiasma; por lo que, sin esperar demasiado de esta serie, comenzaré a verla. ¿Me acabará dando vergüenza ajena? Tiene toda la pinta, sí, para qué engañarnos.

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NifúNifá es la Tierra de Nadie, donde todo puede ocurrir. Son series que percibo con un potencial importante, aunque también con ciertas posibilidades de irse al cuerno. Eso puede ocurrir con casi todas, podéis pensar. Y es cierto, pero en NifúNifá mi intuición atrofiada, ese olfato que tengo de Perdiguero de Burgos acatarrado, incorpora aquellos anime que me dan un poquito igual pero a los que doy más manga ancha que a los que pueden desaparecer como lágrimas en la lluvia.

Hisone to Maso-tan

Un poquito de acción nunca viene mal, ¿verdad? Y si viene de manos de una mozuela y no la habitual manada de chicarrones dispuestos a demostrar lo valientes y aguerridos que son, mucho mejor. ¡Aire fresco! Un planteamiento distinto en el género de fantasía, eso nos propone Hisone to Maso-tan. Servidora se va a dejar engatusar, una historia de amistad entre un dragón y una humana en un contexto militar es, como poco, bastante curiosa. Así que deseo que no nos decepcione y, ¡ojo!, es un seinen. Por si las moscas.

Hinamatsuri

De Hinamatsuri solo espero una cosa: que me haga reír. Punto. Y os aseguro que eso no es sencillo, pero por lo que he observado en su trailer y en el manga, tiene muchas posibilidades de conseguirlo. De hecho, tengo la loca esperanza de que este anime se convierta en una de mis tablas de salvación de la temporada. Pero soy extremadamente rara con el género cómico, es una de mis desgracias personales. ¿Me brindará la dosis adecuada de humor absurdo y cotidiano que necesito? ¿Será la comedia perfecta primaveral para evadirnos y olvidarnos un ratito de nosotros mismos? Por favor, por favor, por favor, ¡decidme que sí!

Piano no Mori

¿Merecía Piano no Mori una adaptación televisiva? ¿Era suficiente para el manga de Makoto Isshiki solo la película de Madhouse? Piano no Mori claro que merece una serie de animación, es una historia bien contada y bonita, de la que se puede aprender un montón de cosas en multitud de aspectos. Además, ya sabéis, MÚÚÚSIIIICAAAAAAA!! Yes! La base para que sea un excelente drama está ahí, por lo que en principio Fukushima Gainax no lo tiene demasiado difícil. Pero quién sabe, también se trata de material bastante delicado, que en manos groseras puede convertirse en un bodrio lacrimógeno. Y ese es uno de mis temores, la tendencia schmaltzy que últimamente lo está invadiendo todo. Sería una pena que Piano no Mori cayera en las garras de los excesos emocionales. Veremos qué nos depara el destino, tachán-tachán.

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Ñam, ñam, ñam. Luego puede haber indigestiones, pero en principio todo lo incluido en este apartado se engulle sin masticar.

Golden Kamuy

Hace ya un par de años (Luzbel, ¡cómo pasa el tiempo!) que le escribí una reseña al manga de Satoru Noda Golden Kamuy que podéis leer aquí. Ha llovido mucho desde entonces, y el tebeo ha seguido su camino, hasta lo premiaron con un Taishô. En España Milky Way está, afortunadamente, publicándolo, y solo me resta deciros que no os lo podéis perder. Es un cómic de aventuras de los de siempre, pero con elementos muy marcados de la gold rush. Una maravilla, de verdad de la buena. Y encima en mi ansiado Hokkaido, ains, ¡algún día visitaré la isla, que no os quepa duda! Todo lo concerniente al pueblo Ainu me fascina.  Por lo que del anime no espero menos, tiene el listón muy alto. Y no tengo nada más que añadir, todo lo que considero pertinente respecto a esta obra lo tenéis ya en la entrada que le dediqué. Golden Kamuy es uno de los estrenos estrella de mi cartelera, esperemos que no me defraude.

Wakaokami wa Shôgakusei!

Y aquí tenemos el slice of life de suave tinte sobrenatural que Madhouse nos tiene reservado para esta primavera. A los mandos va a estar Masuhara Mitsuyuki, que en Shirokuma Cafe me gustó mucho su trabajo. Wakaokami wa Shôgakusei! huele a serie tranquilota con los pequeños y grandes dramas de la vida, pero pasados por el tamiz de una protagonista infantil que todo lo dulcifica un poco. No barrunto grandes sorpresas ni en los personajes ni en el argumento, pero sí unos buenos cimientos y una historia tejida e hilvanada con esmero. Un anime con el que disfrutar la faceta tradicional de Japón de manera inofensiva, con los altibajos de la cotidianeidad y mucha frescura. Eso espero de Wakaokami wa Shôgakusei, ni más ni menos. Y lo hago con ilusión, por cierto.

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Amai Chôbatsu: Watashi wa Kanshû Senyô Pet

Parece que estamos llevando el asunto este de los josei ecchi a un nuevo nivel: el BDSM. No sé si bajo la influencia del incomprensible éxito de las inmundas sombras desatadas del señorito Grey o qué narices. Aun así, no hay que olvidar que los japoneses tienen un ramalazo sádico inaudito, y en este animierder creo que nos lo van a dejar muy clarito. El BDSM se practica de manera consensuada, pero en esta serie no se atisba nada parecido. Toman su iconografía para contarnos la, ejem, historia de una oficinista que ha sido encarcelada injustamente; y en la penitenciaría, que parece más bien la mansión de The Rocky Horror Picture Show, la espera un carcelero con pintas de oficial de las SS que abusará sexualmente de ella sin compasión. Hay más personajes, todos masculinos, por supuesto, que imagino irán asumiendo los roles acostumbrados: el protector, el infantil, el calculador, etc.

Ha sido Gensox del blog Unlimited Sky (¡gracias!) el que me ha puesto sobre la pista de esta cosa, pero aún no he decidido si perderé tiempo (porque es perderlo) en verlo y reseñarlo. Lo tengo que pensar, pero si me pongo a ello será hasta el final, ¡y con la versión extendida, nada de la censurada! Aunque me invada el cuerpo entero una urticaria fulminante. Todo sacrificio sería pequeño por vosotros, camaradas otacos. Pero ya veremos.


Habría añadido también Comic Girls y Nil Admirari no Tenbin: Teito Genwaku Kitan a Como lágrimas en la lluvia, pero al final me he contenido. De Comic Girls me atrae el argumento, pero las pintas de lolis de las protagonistas y el fanservice que se otea me han echado para atrás bastante. Nil Admirari no Tenbin: Teito Genwaku Kitan tiene unas premisas que a priori me gustan mucho (su contexto histórico, la magia, el misterio), pero también se vislumbra en el horizonte que sea un melodramón con mucha cursilada estorbando. Y el trailer me ha dado grima, los reverse harem no suelen agradarme en general. De hecho, tiene un aspecto de animierder preocupante, tendré que permanecer atenta.

Rokuhôdô Yotsuiro Biyori lo tengo en la cuerda floja, pero el tema de la gastronomía no es lo mío aunque me lo aderecen con chicos monos. He dudado bastante con este anime porque el té me encanta, es mi bebida favorita y todo lo que pueda tener relación con la cultura de esta infusión atrapa mi atención con facilidad (además sale un gato tortilla :3 ); sin embargo, ha sido el echar un vistazo al manga lo que ha determinado mi decisión de apacarlo: menuda siesta, colegas. De 3D Kanojo: Real Girl leí parte del manga hace ya bastante tiempo, y al inicio me pareció un shôjo escolar bastante mono y sin pretensiones… hasta que se precipitó en los abismos hediondos del melodrama. Lo abandoné, por eso su anime he preferido dejarlo en barbecho, aunque lo tengo en mente. Tengo en la retaguardia también un par de series dedicadas a la parodia que, si voy bien de tiempo, comenzaré a ver. Pero no creo que las llegue a mentar ni siquiera en twitter, a no ser que me tope con algo remarcable en ellas. De todas formas, no me cierro en banda y conforme vayan cayendo de mi cartelera los que he seleccionado, puedo ir añadiendo otros como los mencionados. Y vuestras sugerencias también las tendré en cuenta, of course.

Os recuerdo que no he incluido ni continuaciones ni remakes, que los hay y voy a seguir unos cuantos, pero me da una pereza inmensa escribir sobre ellos. En general este tipo de entradas me aburre bastante confeccionarlas, pero también comprendo que pueden considerarse una especie de guía para que los lectores comparen opiniones con otras bitácoras y se hagan una idea general de la temporada. También son de las entradas que más leéis, lo que me resulta personalmente un poquillo deprimente, pero asumo que la actualidad manda. Es lo que hay. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Manga vs. Anime: la semilla de la manzana

Hacía ya unos meses que no aparecía un Manga vs. Anime en SOnC, y siendo además una de vuestras secciones favoritas del blog, no podía dejarla descansar tanto tiempo como en otras ocasiones. Así que aprovechando que han vomitado de golpe los scanlations completos de Appleseed (1985-1989) hace menos de un mes, he decidido rendirle un merecido homenaje a este clasicazo del manga de ciencia-ficción japonés. Ya no hay excusa para no leerlo, camaradas otacos. Es uno de mis favoritos del género, lugar que ocupa junto a mis amados 11-nin iru! (1975), Akira (1982-1990), 20th Century Boys (1999-2006) o Wombs (2009-2016), de los que ya he escrito (y volveré a escribir en el futuro, es inevitable). La trascendencia histórica de Appleseed y su enorme influencia en obras posteriores es innegable.

Appleseed ha tenido muy variadas encarnaciones animadas y, sinceramente, algunas bastante lamentables. Aún está pendiente la producción de una serie que, por problemas con los estudios, anda más colgada que un jamón en el Moncayo. Desde 2005, ojo. Un poco triste el asunto. Sin embargo, la que fue su primera adaptación, una OVA realizada por Gainax en 1988, sí que posee cierto interés y merece atención. Incluso no resulta descabellado hacer un Manga vs. Anime con ella, ya que son obras coetáneas. Por lo que aquí lo tenéis, recién sacadito del horno, humeante y tierno como un pastel de manzana.

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Pero antes de meternos en harina, una pequeña introducción sobre la franquicia y su autor va a venir fenomenal para refrescar la memoria. Aunque así como inicio, de sopetón, podemos aseverar que Appleseed es uno de los mangas de ciencia-ficción más influyentes junto a Akira. Ellos son los padres de todo lo que vino después en el género; pueden considerarse un punto de inflexión en el universo del tebeo japonés, sobre todo en la demografía seinen, que continúa siendo la más prestigiosa.

Así como de Katsuhiro Ôtomo sabemos bastantes cosillas, de Shirow Masamune no. Conocemos datos muy básicos, y solo rula por internet una única foto suya. Una. Es todo un mérito haber logrado tamaña hazaña de la privacidad viviendo en la época que vivimos. Shirow Masamune, que es el seudónimo de Masanori Ota (Kobe, 1961), ha sido meticuloso en extremo a la hora de proteger su intimidad. Estudió Arte en la Universidad de Osaka, se dedicó a la docencia unos añitos y después se metió de lleno en la disciplina del manga. En 1983 publicó como dôjinshi el one-shot Black Magic, que un par de años más tarde reeditaría la pequeña editorial Seishinsha; y a través de ella alumbraría, también en 1985, nuestro protagonista de hoy: Appleseed.

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El impacto fue inmediato, Japón en esos años además estaba experimentando un enorme furor por las obras de género cyberpunk y ciencia-ficción, acorde a su meteórico desarrollo tecnológico. El salto histórico de lo analógico a lo digital estaba sucediendo en esos momentos, Japón era considerado la vanguardia absoluta del planeta. Sin embargo, tampoco hay que perder de vista la descomunal burbuja en la que estaba sumido, y que no tardaría en estallar en los 90. Este descalabro económico sería responsable del ostensible cambio de tono en su segunda obra maestra: Ghost in the Shell (1989-1991). En el futuro le dedicaré otro Manga vs. Anime, porque su influencia fue, y sigue siendo, tremebunda; pero hoy continuaremos con su primera opus magnum, y que contiene el germen de ideas que más tarde desarrollaría en GITS.

Masamune-sensei es un mangaka con un estilo muy característico que, como era de esperar, ha ido evolucionando a lo largo de los años. Minucioso y deslumbrante, siempre ha volcado su amor a los artrópodos y el campo armamentístico en unos diseños extremadamente prolijos. Y también, en todas sus obras, ha plasmado su admiración por autores de sci-fi como Isaac Asimov, William Gibson o Philip K. Dick. Su carrera es amplia, y no solo se ha ceñido al mundo del cómic, aunque casi siempre ha estado relacionada de una manera u otra con el mundo de la tecnología, las realidades distópicas, la filosofía y la política. Todo salpimentado con abundante acción de calidad.

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Pero regresando a Appleseed, su tremendo éxito fue avalado además por el prestigioso Premio Seiun, que ganó en 1986 al mejor cómic de ciencia-ficción. Este galardón llamó la atención del legendario traductor Toren Smith (1960-2013), que fue el primer occidental que se plantó en Japón con la intención de traducir y vender mangas en Estados Unidos. Hasta entonces nadie lo había hecho, y con gran tino fichó la obra de Masamune para editarla en inglés. Su traducción al español todavía tuvo que esperar 10 años más, y fue Planeta la encargada de su publicación entre 1997 y 1998 en una primera edición, y en 2006 en la segunda.

Appleseed consta de 25 capítulos repartidos en 4 tankôbon con nombre propio: El desafío de Prometeo, Prometeo desencadenado, La balanza de Prometeo y El equilibrio de Prometeo. Y todos ellos narran la historia de una Tierra devastada por la Tercera Guerra Mundial que, curiosamente, no ha sido nuclear. Las viejas naciones desaparecieron y surgieron otras, en un planeta donde el único lugar donde reina la paz se llama Olympus. Una ciudad utópica habitada con bioroids, cyborgs, máquinas y humanos de diferentes lugares, en la que la tranquilidad y bienestar de sus ciudadanos se encuentran amenazadas tanto desde dentro como desde fuera.

En Olympus la frontera entre lo humano y la máquina es difusa, la inmortalidad casi se ha alcanzado. Al menos entre los bioroids, que son clones humanos pero con ciertas modificaciones artificiales en su talante y longevidad. Casi todos los que viven ahí lo son, aunque la ciudad-estado se encuentra casi en su totalidad en manos del superordenador Gaia. No todo el mundo es feliz en ese paraíso, cuyo mantenimiento y progreso pueden conducir a la entropía si no se toman medidas.

En el exterior, el resto de países no han logrado el mismo nivel de desarrollo que Olympus. Algunos son todavía cruentas zonas de guerra, otros intentan destruir la (no tan) idílica ciudad-estado. En este horizonte tan complejo, de intrincada política interior y exterior donde las amenazas se multiplican por doquier, aparecen los protagonistas de Appleseed: la humana Deunan Knute y su compañero el cyborg Briareos. Ambos reclutados del exterior por la bioroid Hitomi e invitados a residir en Olympus. Deunan y Briareos son mercenarios hábiles y eficaces, acostumbrados a escenarios apocalípticos donde el combate a vida o muerte es diario. Pero, ¿es por eso por lo que han sido acogidos en Olympus? ¿O tendrá también algo que ver que Deunan sea una humana pura y que su ADN ya haya sido utilizado para crear bioroids? La cúpula de la ciudad se encuentra dividida y enfrentada en una peculiar guerra fría por el futuro de los humanos, cada uno tiene sus planes. ¿Qué pretende la poderosa Atenea Areios? ¿Cuál es la estrategia del Consejo de Ancianos?

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Como toda buena obra de cyberpunk, la acción y la violencia tienen un papel muy destacado. Pero no se trata de una furia ciega, no es un mero espectáculo mecha de armas, refriegas y diálogos testosterónicos. Masamune plantea dilemas importantes, Appleseed es un manga denso que exige más de una lectura y, lo más importante, obliga a la reflexión. No es una sucesión de ensaladas de hostias con un argumento de adorno. Además el uso de la nomenclatura griega clásica añade la puntilla a un tebeo de clara esencia filosófica, más allá de los mamporros y el exhibicionismo armamentístico. Es verdad que la segunda mitad del cómic tiene mucho más de carrusel militar, pero no abandona su impronta introspectiva.

Appleseed nos adentra en una sociedad hipertecnificada donde la mayor parte de sus miembros han sido diseñados con parámetros de agresividad muy bajos y una predominante tendencia a la conformidad. Una civilización surgida después del caos edificada sobre los cimientos de la ingeniería genética y la cibernética, que para algunos no deja de ser una jaula dorada que les impide vivir una existencia plena. A ella llegan Deunan y Briareos, encontrando su lugar en las diversas fuerzas de seguridad estatales. Trabajan como defensores de la ley,  fortaleciendo su posición tanto en Olympus como en el planeta. Son testigos obligados de la situación general, tanto política como económica, del mundo; con sus conspiraciones, tragedias y batallas.

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Appleseed como tebeo podría haber tenido una vida más larga, pero Shirow Masamune es un hombre que gusta de diversificarse y suele trabajar en diferentes proyectos a la vez. No lo aparcó definitivamente, pero se dedicó a otros menesteres; y el Gran Terremoto de Hanshin (1995), que afectó especialmente a la región metropolitana de Keihanshin donde reside, tampoco ayudó a que retomara sus riendas, pues muchos de sus bocetos y notas sobre Appleseed se perdieron. Aun así, esta obra ha logrado ser una de las referencias ineludibles dentro del cómic de ciencia-ficción, y su Manga vs. Anime no carece de atractivos para la otaquería. ¡Es un clásico!

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No hay mucho que cavilar: vence el manga. Aunque se compararan todos los anime inspirados en el tebeo de Masamune (que son unos cuantos), todavía así, el cómic resultaría ganador. Para ser honestos, Appleseed no puede presumir de tener las mejores adaptaciones animadas. En ese aspecto Akira fue mucho más afortunada con su dibujito chino. No obstante, la OVA elegida, contemporánea de la novela gráfica, de por sí resulta bastante digna; sin embargo, no da la talla como encarnación de la obra original.

Se comprendió que intentar comprimir en poco más de una hora los cuatro tankôbon del manga sería tarea ardua, así que optaron por realizar una adaptación bastante libre del segundo volumen, donde Gaia desata todo su poder y comienza a tomar sus propias decisiones, en pos de la supervivencia de la humanidad. Introducen personajes nuevos que no existen en el tebeo, y adelantan la temática terrorista que se trabajará en posteriores arcos argumentales del cómic. Pero se nota que abarca exclusivamente la primera mitad del manga porque el fanservice es inexistente y la aventura concierne al ámbito interno de Olympus. No aparecen el resto de potencias mundiales.

Es algo que me agradó bastante de esta OVA, la ausencia de sexualización en los personajes femeninos, que en la segunda mitad del manga se hace habitual (no así en la primera). Ellas soportan un peso significativo en el desarrollo de los acontecimientos, no son meras ornamentaciones posando en bragas con semiautomáticas en la mano. En realidad ellas acaban saving the day, algo que en el tebeo no ocurre. Aunque Hitomi continúa siendo muy un poquito inútil en ambos formatos, Atenea y Deunan brillan mucho más en la animación. Deunan en el cómic se diluye, adoptando el rol tradicional de la época en los seinen de las chicas duras: competentes hasta cierto punto pero muy dependientes de su partenaire masculino. Y enseñando ropa interior a la menor ocasión. No es algo de lo que extrañarse ni lo estoy juzgando, porque era (y es) habitual ese enfoque del género femenino en ciertas demografías (shônen, seinen) del manganime. Pero no puedo evitarme preguntar si a los espectadores masculinos no les resultaba raro toparse una y otra vez con chicas ligeras de ropa y una miaja tontinas. Continuamente. A mí personalmente me parecía bastante chocante, pero claro, yo era una chica.

Resumiendo, los personajes fuertes femeninos en la OVA están representados con normalidad, en ese aspecto demuestran ser más interesantes que en el tebeo; y aparecen mucho más capaces y resueltos que en su papá el manga.  No por ello además con la típica aureola de maldad que suele acompañar a la fémina que toma decisiones, simplemente son personas. Y llevan ropa normal, hablan normal, actúan normal y parte de su importancia no se basa en su grado de sex-appeal o una posible relación amorosa. Nada de eso. Y es algo realmente llamativo, sobre todo en un anime de las características en esos años.

Para el que no haya leído nada de Appleseed, la OVA de 1988 del mismo nombre puede ser una iniciación correcta, pero poco más. Una primera toma de contacto con un s. XXII complejo y lleno de contradicciones. Pero no refleja más que la punta del iceberg, de hecho el esfuerzo que realizaron por sintetizar el intrincado universo del manga se quedó a medias. Transmite la impresión de superficialidad y desorden; y el desarrollo psicológico de los personajes es muy básico. Los agujeros en el argumento para un neófito serán, a la fuerza por falta de contexto, mucho más visibles (y ya lo son de por sí), porque no brinda respuestas a los enigmas centrales ni explica lo suficiente orígenes y motivaciones.

El anime corre como un pollo sin cabeza, se precipita sobre sí mismo. Hace mucho más hincapié en la acción policíaca que en las diferentes e interesantísimas temáticas que el manga trabaja: ¿está la mente del ser humano de verdad preparada para vivir en un paraíso, en una utopía? ¿O es una aspiración que nos conduciría en realidad a la destrucción? ¿Cuánto de humano tiene una conciencia plena artificial? Esas cuestiones y muchas más, se vierten en el manga, donde Masamune estampa también las preocupaciones políticas de mediados de los 80: la guerra Irak-Irán, los primeros brotes de yihadismo que ya presagiaban su dispersión global, un Poseidón (Japón) más como superindustria comercial que como nación, la injerencia de Olympus en la soberanía de otros países simplemente por su superioridad tecnológica y bélica (al estilo de Estados Unidos), etc. Poco o nada de esto se encuentra en la OVA cuya historia peca de pueril a ratos. Sin embargo, también tiene una ingenuidad muy tierna que se agradece, aunque pueda resultar paradójico.

En el plano artístico ninguna animación puede hacerle justicia al espléndido y cuidadoso trazo de Masamune. Su amor por el cine de acción y ciencia-ficción brota de la manera más inesperada, como los detalles que dedica a la mítica Escape from New York (1981), entre otras. Sus exquisitas descripciones de armas, cyborgs y máquinas varias son un auténtico deleite para la vista. A pesar de la imposibilidad de acomodar su arte como merece, el anime se lo calza con honor; y aunque le queda bastante grande, puede bailar bastante bien. Su transición al movimiento se llevó con mimo y delicadeza, se observa verdadero respeto a su estilo. En ese aspecto, aunque no alcance la calidad del manga, resulta un trabajo magnífico. Y para los forofos de la animación analógica old school es un placer disfrutar de su bella fluidez, dinámica y riqueza de detalle.

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En resumen, la OVA la disfrutarán más los que ya conozcan la obra y hayan leído o visto algo sobre ella. Tiene demasiados puntos muertos para un profano. Sin embargo, estando previamente al tanto de sus defectos, resulta una introducción decente. No es un anime perfecto ni una adaptación justa, pero tampoco se puede considerar un animierder. Es totalmente recomendable si no se es muy quisquilloso. No obstante, cuando se lo compara con el manga tiene todas las de perder salvo por ciertos pormenores que me han sorprendido para bien. Pero no se le deberían pedir peras al olmo, y aunque la OVA posee sus virtudes, el tebeo se la come con patatas sin dejar rastro. Así que dadle al manga, amiguitos, que Appleseed es cosa fina. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Los hechizos y encantos de Kamome Shirahama

No os creáis que soy una tipa rara y oscura que solo consume material que produce narcolepsia entre la otaquería. Ni hablar. Cuando hay algún anime o manga comercial que llama mi atención y que además logro disfrutar, corro a contároslo aquí. Siempre lo he hecho, creo. Es el caso de uno de mis descubrimientos del 2017, la mangaka Kamome Shirahama. No sé gran cosa sobre ella, salvo que trabaja dibujando portadas para Marvel, DC y que es sangre nueva en el tebeo mainstream japonés.

Mi encuentro con su trabajo fue totalmente casual, y comenzó con un one-shot llamado Watashi no Kuro-chan o My Little Noir, que publicó en 2011. Me gustó tanto que busqué más sobre la autora, y así empecé a leer Tongari Bôshi no Atelier o The Atelier of Witch Hat, que lleva en publicación desde el 2016 en Morning Two de Kôdansha. Con anterioridad publicó Enidewi (2012-2015) en la revista Harta, alcanzando los 3 volúmenes y un total de 15 capítulos; pero no he conseguido encontrar más obras suyas, salvo una pequeña colaboración en un libro de ilustraciones dedicado a Sakamoto desu ga?. ¿Por qué? Porque es una recién llegada, y me sorprendió muchísimo que fuera así dada su enorme pericia con el lápiz. Su dibujo es simplemente alucinante. Lo adoro. Creo que junto a Shinichi Sakamoto es de lo más impresionante que hay de momento pululando en el mundillo del manga. Cada uno a su manera, claro.

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Por ahora he conseguido leer My Little Noir y estoy siguiendo The Atelier of Witch Hat; y debo reconocer que lo que más me ha enganchado de Kamome Shirahama ha sido su arte. Es realmente adictivo, no me canso de observarlo una y otra vez. Cada viñeta es una maravilla por su minucioso detalle y armonía; en cada ocasión se descubren matices nuevos. Se nota que la mangaka disfruta muchísimo dibujando, que le pone además un cariño y mimo especiales. Me ha sorprendido también el aire vintage de su estilo, recuerda mucho a Riyoko Ikeda y Môto Hagio, como un regreso al naturalismo setentero que, sin duda, bebe de artistas europeos como Moebius o los venecianos Dino Battaglia y Hugo Pratt, cuya influencia en la autora es muy descarada. Aunque uno de los influjos más poderosos de Shirahama es Alphonse Mucha, su presencia se husmea por doquier. Pero que la mejor estirpe comiquera occidental haya influenciado a esta artista no quita que sus obras sean netamente japonesas. Son manga, manga además de línea clásica, con el Grupo del 24 muy presente.

En resumen, Kamome Shirahama promete, pero promete muchísimo; y su carrera no ha hecho más que empezar. Personalmente, voy a estar muy atenta a sus futuros trabajos; y espero que su evolución y carrera nos ofrezcan muchas sorpresas agradables, porque sería una pena que se desperdiciara un talento semejante. No quiero ni imaginar el placer que puede brindarnos cuando alcance su madurez artística, podría llegar a ser gloria bendita. Por ahora, SOnC solo puede ofreceros impresiones sobre lo que he leído, que rezuma amor y admiración hacia Occidente; y tampoco es que sea demasiado. Sin embargo, es lo suficiente para saber que tenemos entre manos una mangaka notable.

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Watashi no Kuro-chan

My Little Noir es un one-shot de apenas 21 páginas pero que se las apaña en tan poco espacio para relatarnos la trepidante aventura de una niña por las calles de París. Minette descubre que su gatito, Noir, no se encuentra en su cestita. ¿Qué le habrá ocurrido? ¿Se encontrará bien, se habrá perdido y no sabrá regresar a casa? Pregunta a sus padres, pero están muy ocupados con las labores del hogar, así que decide ir a buscarlo por su cuenta. Al abrir con temor la puerta de casa, descubre a un gato durmiendo en la calle, lo que le da valor para salir y preguntarle si ha visto a Noir. Pero los gatos no son como los humanos, y desconfiando de Minette, se aleja, haciendo que nuestra pequeña protagonista tenga que seguirlo, pues tiene la convicción de que puede ayudarla a localizar a Noir.

Y así comienzan sus peripecias, persiguiendo a un gatito esquivo por avenidas, muros y cafeterías, topándose con todo tipo de personajes y sorteando milagrosamente los peligros de la ciudad. Con mucho sentido del humor y un magistral sentido del ritmo, Kamome Shirahama nos muestra también un poco de ese autismo social que sufrimos todos los urbanitas, tan aislados en nuestros propios pensamientos que pasamos por alto los diminutos prodigios cotidianosWatashi no Kuro-chan es un pequeño cuento llevado estupendamente y con un gracioso final; tierno e inofensivo, pero que agrada por su alegre sencillez. Algunas de las viñetas, como también he tenido ocasión de observar a menudo en la otra obra que he leído de la autora, son auténticos portentos. Para quedarse mirándolas mientras resbala la babillla.

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Tongari Bôsho no Atelier

Hay dos tankôbon publicados y en marzo de este 2018 saldrá ya el tercero. Los scans transcurren, como siempre, un poco a remolque; de momento la traducción va por el segundo volumen y el capítulo ocho. Sin embargo, la buena noticia es que en Francia Pika Édition se ha lanzado a por ella, y en primavera comenzará su edición bajo el nombre de L’Atelier des Sorciers. No tengo ni idea si en algún otro lugar van a publicarla, en España no se espera de inmediato; pero pudiendo acceder a ella en francés, me doy completamente por satisfecha. Los que conozcáis la editorial gala, ya sabréis que siempre se ha decantado por productos comerciales pero de esmerada calidad (Chihayafuru, Nodame Cantabile, Yona, Escaflowne, etc.). Y es lo que resulta ser Togari Bôsho no Atelier. Por ahora.

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Coco es una niña que ha vivido siempre enamorada de la magia. Es su gran pasión, a sabiendas de que nunca podrá dedicarse a ella, porque los brujos y brujas lo son de nacimiento, no se hacen a sí mismos. Cuando era más pequeña, en el festival del castillo, un extraño personaje le vendió un librito de magia y una varita. Pero muy pronto su emoción se desvaneció porque no sabía qué hacer con ellos. Consideró que era normal, pues no había nacido bruja. Hasta que un día llegó a la puerta de su hogar un brujo. Los eventos, a partir de entonces, se precipitarán de tal forma que la madre de Coco quedará petrificada a causa de un hechizo del librito, que ha comenzado a descifrar nuestra protagonista; y Qifrey, el brujo, sintiéndose responsable de lo sucedido, decidirá acoger a Coco como discípula. ¿Es eso posible? ¿No era necesario nacer brujo para serlo?

Coco descubrirá muchas cosas que la gente común desconoce, y ella se esforzará todo lo posible por conseguir que su madre vuelva a la normalidad. Pero, por supuesto, no será un camino de rosas. Ese librito de magia que subrepticiamente le entregaron esconde en realidad magia prohibida; por no decir que en la casa de Qifrey viven otras tres alumnas muchísimo más adelantadas en los estudios. Además, una de ellas, la arrogante Agete, detesta la presencia de Coco desde el primer instante. No entiende cómo una profana, sin adiestramiento ni los rudimentos básicos exigidos, ha sido aceptada por Qifrey como discípula.

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The Atelier of Witch Hat es un cuento de fantasía tradicional que se inspira en muchos detalles en la saga de Harry Potter. Es complicado librarse de su influencia, pues la obra de J.K. Rowling es ya un monstruo del género que ha extendido sus tentáculos sobre la imaginación de miles de creadores en el planeta. También tiene mucho de Little Witch Academia, pero con una importante diferencia en el tono. Tongari Bôshi no Atelier, a pesar de que tenga la habitual protagonista genki (muy al estilo también de Made in Abyss), con una desventaja inicial importante frente a sus compañeras y una enemiga odiosa cerca, es un seinen. Coco es infantil y entusiasta, carece de los conocimientos más simples de magia pero un fervor enfermizo hacia ella (como Atsuko), aunque vuelvo a repetir: The Atelier of Witch Hat es un seinen.

Con solo ocho episodios la arquitectura del mundo de Tongari Bôshi no Atelier se encuentra a medio esbozar, por lo que hay más interrogantes que certezas respecto a temas básicos. El meollo del argumento también acaba de iniciarse, todavía no han terminado de presentarse todos sus actores, pero se barrunta un elenco nutrido. Los personajes están bosquejados con eficiencia, aunque no sorprenden; tiran del cliché bastante, sin embargo todavía queda bastante manga por delante. Así que tenemos un cómic de fantasía clásico, con la magia y su aprendizaje de tema principal y toda la parafernalia habitual que la acompaña. À la occidental. No obstante, cabe destacar que a diferencia de otros cuentos del género, la magia se conjura mediante tinta y pluma. No se recita, no se realizan gestos especiales: se dibuja.

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Tetia, Riche, Coco y Agete.

A priori ofrece poca novedad comparado a otros mangas del género, por no hablar de la cantidad ingente de literatura juvenil que hay al respecto. No obstante, si tuviera que relacionar Tongari Bôshi no Atelier con una obra sería con El nombre del Viento (2007), porque la oscuridad que se atisba es bastante más densa que en Harry Potter. Y ya es decir. Pero veremos qué derroteros toma la historia de Kamome Shirahama. Es un cuento grato y que sabe retener la atención tanto por ese encantador dibujo como por su argumento, que juguetea hábilmente con el suspense y, además, le brinda una radiante vertiente cómica.

Por ahora es uno de los mangas de fantasía más atractivos que estoy leyendo y con una capacidad de crecer sustancial. Es entretenido, chispeante y, lo que para mí es importante, no me irrita con personajes femeninos de electroencefalograma plano. No ha inventado la rueda, pero todavía está a tiempo de construir una locomotora. Su comedida ternura mezclada con la maldad natural del ser humano concibe una atmósfera bastante peculiar, que oscila entre la obvia puerilidad de sus protagonistas y los turbios secretos que calla el mundo de la magia. Pero, ¿es un mundo de blancos y negros, de buenos y malos?

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Kamome Shirahama es una mangaka con un gran futuro por delante y que, de momento, ha creado tebeos accesibles y bastante divertidos. Obras que pueden gustar a todo el mundo y con unos mínimos de calidad garantizados. Cierto que lo más destacable sea su arte, que no es poco importante, pero tiene todo el tiempo del mundo aún para escribir y perfeccionar sus historias. Que no son en absoluto malas, pero quizá todavía le falta una miqueta para llegar a la altura de su magnífico dibujo. De todas las maneras, yo no me perdería a esta mujer, os lo digo muy en serio. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

anime, Radio

5 y 5 del 2017

Hola. Feliz Navidad. Y eso.

Cada vez me cuesta más y más y más realizar listados. Que perezón, por Luzbel. Pero la anual es necesaria, de hecho es una tradición en estos tres años de blog. En Somos Series presenté ya un ultra-resumen este jueves…

 …y aquí tenéis, por fin, su versión extendida definitiva con más detallicos. De todas formas, recordaros que mis compis, Magrat y Pau, de Otakus Treintañeras tendrán sus tops anuales listos dentro de muy poquito, no os los perdáis.

Este 2017, y os recuerdo que este es mi punto de vista, ha sido bastante meh en cuestión de estrenos. El nivel ha sido mediocre, aunque ha mejorado en el último tramo porque la temporada de otoño ha resultado ser, con diferencia, la mejor del año. Por lo que alguna cosilla he sacado en limpio, pero cada vez soy más difícil de conformar. Y es normal, con el tiempo (y es mucho, pero mucho tiempo el que llevo viendo anime, camaradas otacos), se van quitando las ganas de tolerar según qué cosas.

Por otro lado, las continuaciones han sido las que han brillado de verdad en 2017, una lluvia de estrellas que ha sido imposible de ignorar. Y a pesar de que solo acostumbro a incluir estrenos en los 5 y 5 anuales, en esta ocasión, motivada por la escasez de nuevas series dignas y la manifiesta superioridad de las enésimas temporadas, voy a hacer una excepción y añadir una continuación tanto en los fave ones como meh ones. Y es que tanto Uchôten Kazoku, 3-gatsu no lion, Hôzuki no Reitetsu o Shôwa Genroku Rakugo Shinjû han sido, y están siendo, las que han salvado del Gehenna a este annus horribilis animesco, donde la medianía e insipidez se han enseñoreado del panorama. Ha sido un año verdaderamente aburrido; lo que tampoco ha venido mal, sobre todo para poder ver anime con más calma y aprovechar la contingencia para escarbar un poquillo en obras del pasado.

Pero, ¿ha habido algún estreno que haya merecido la pena? Desde luego, pero el paisaje de este 2017 ha sido tan yermo que no lo puedo considerar un buen año. Espero que no se convierta en tendencia. Comprendo que los estudios no trabajan solo por amor al arte y que necesitan crear productos rentables. Pero rentabilidad no tendría que ser sinónimo de vulgaridad, a no ser que en realidad sea el propio público otaku el que esté adocenado cada vez más. Tendríamos que, entre todos, ser más exigentes. Que nos sirvan mierda para comer tan a menudo quizá tenga que ver un poco también con que estamos pidiendo y consumiendo con sumo gusto esa mierda.

Dejando las reflexiones a un lado, os recuerdo que los meh ones no son series chungas per se, sino decepciones en general, un matiz que avanza un poco más allá en la noción de anime simplemente malo. ¡Empecemos!

faveones

ACCA: 13-ku Kansatsu-ka
ACCA 13区監察課

ACCA: 13-ku Kansatsu-ka (reseña aquí), cuando recién acabé de verla, no me pareció una maravilla de serie, aunque sí bastante decente. No la consideré perfecta, pero sus virtudes eran las suficientes para tenerla presente al menos durante la temporada invernal. El estilo peculiar de Natsume Ono, que en color gana muchísimo, junto a un apartado artístico original y muy pop, brindaron frescura a una historia de trasfondo político inquietante pero enfocado, quizás, de una manera algo anticlimática. Con un elenco interesante pero un pelín desaprovechado; y un protagonista con una personalidad poco habitual entre las historias del género, donde suele abundar el carisma y cierta predisposición a la acción.

Aun así, ACCA: 13-ku Kansatsu-ka se ha ido perfilando como uno de los estrenos más atractivos del 2017. A pesar de sus defectos. No podía ser de otra forma visto el elocuente perfil bajo de este año, que obliga a destacar series que habrían pasado más discretamente  por nuestros resúmenes anuales. Por falta de mejor material, ACCA se encarama en mi top 5 con todo el derecho del mundo. Y no es mal anime, pero podría haber sido mucho mejor.


Little Witch Academy

リトルウィッチアカデミア

Como me ha sucedido con ACCA: 13-ku Kansatsu-ka, Little Witch Academy no me ha dejado encandilada, pero es un producto la mar de digno. Lo dejé aparcado unos meses, pero lo recuperé para realizar un Tránsito que no pude terminar de escribir por falta de tiempo. Pero caerá, eso seguro. Me ha convencido bastante más que otros anime normalitos como Tsuki ga Kirei, Just Because! o Konohana Kitan, que me empalagan y aburren a partes iguales. Little Witch Academy es competente y no se sale ni un milímetro de lo que se le exige a este tipo de anime dirigido a un público joven ávido de fantasía clásica. No es insólita, no sorprende ni ofrece nada nuevo al género de brujería kawaii.

Es un mahô shôjo a lo Harry Potter de historias y personajes sencillos muy identificables, pero que resuelven sus conflictos con soltura. Aventuras, comedia, misterio y un brindis por la amistad y el afán de superación. Un coming-of-age tradicional maravillosamente construido que no defrauda a los que disfrutamos del género… si no le reclamamos que se salga de sus propios límites. Porque es un anime bastante convencional, pero gratamente entretenido y sin afectación. A ratos peca de tontainas, aunque no es nada serio. Y es lo que tiene Little Witch Academy, que no se le deberían pedir peras al olmo.


Hôseki no Kuni
宝石の国

Como ya comenté en Somos Series hace unas semanitas, Hôseki no Kuni une una arriesgada propuesta visual con una historia que bebe directamente de la iconografía del Budismo de la Tierra Pura para crear una original historia de ciencia-ficción que juguetea con la tradición religiosa oriental de la reencarnación y la fantasía. Una flamante criatura que incorpora el CGI de manera descarada a la animación tradicional, y que no puedo evitar que me recuerde a mi querida Shôjo Kakumei Utena en muchos aspectos para bien.

De acuerdo con La esencia de la Salvación, de Eshin, los Diez Placeres no son nada más que una gota de agua en el océano comparados con los goces de la Tierra Pura. El suelo es allí de esmeralda y los caminos que la cruzan, de cordones de oro. No hay fronteras y su superficie es plana. Cincuenta mil millones de salones y torres trabajadas en oro, plata, cristal y coral se levantan en cada uno de los Recintos sagrados. Hay maravillosos ropajes diseminados sobre enjoyadas margaritas. Dentro de los salones y sobre las torres una multitud de ángeles toca eternamente música sagrada y entona himnos de alabanza al Buda Tathagata. Existen grandes estanques de oro y esmeralda en los jardines para que los fieles realicen sus abluciones. Los estanques de oro están rodeados de arena de plata y los de esmeralda, de arena de cristal. (…)Las orillas de estanques y ríos están cubiertas de bosquecillos con preciosos árboles sagrados que poseen troncos de oro, ramas de plata y flores de coral. Su belleza se refleja en las aguas. El aire está colmado de cuerdas enjoyadas de las que cuelgan legiones de campanas preciosas que tañen por siempre la Ley Suprema de Buda, y extraños instrumentos musicales, que resuenan sin ser pulsados, se extienden en lontananza por el diáfano cielo.
Una mesa con siete joyas, sobre cuya resplandeciente superficie se encuentran siete recipientes colmados por los más exquisitos manjares, aparece frente a aquellos que sienten algún tipo de apetito.
 El sacerdote y su amor (1953), Yukio Mishima 

Aunque la historia que cuenta, sobre todo la caracterización de los personajes, no sean especialmente rompedores, pues tira mucho de clichés, todo se encuentra ensamblado adecuadamente para que esos elementos, tan reconocibles y tan repetidos en la historia del anime, no acaben haciéndose tediosos, sino entrañables incluso. El monje con pintas de androide y sus ángeles de Charlie particulares, que no son tan asexuados como en un principio nos quisieron vender, se enfrentan a los habituales villanos aparentemente frígidos, pero que guardan, cómo no, un misterioso vínculo con el Sensei. Este sabe más de lo que dice, está ocultando información vital sobre la propia existencia de las Gemas, el intrincado mundo que los rodea y sobre su misma identidad.  Un “nada es lo que parece” de manual, pero de configuración eficaz.

Hôseki no Kuni es una serie dinámica y entretenida, que además gustará a los fans de la mineralogía, porque las propiedades gemológicas de cada personaje dan bastantes pistas sobre su personalidad y probable destino. De momento, ha sabido mantener el ritmo muy requetebién, la evolución del guion consigue retener el interés del espectador y engancha, porque ofrece variedad de manera equilibrada. Aventuras trepidantes y enigmas existenciales en un futuro muy, muy lejano donde el ser humano ha quedado ya muy, muy atrás.


Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen
昭和元禄落語心中~助六再び篇

En cuestión de enésimas partes, podría haber elegido para este top 5 de mis anime favoritos de 2017 también 3-gatsu no lion, Hôzuki no Reitetsu o Uchôten Kazoku (reseña de mi compi Magrat aquí). Perfectamente. Pero me quedo con Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen. No me gustó demasiado cómo se inició, pero acabó ganándome por completo. Para mí fue una triunfada de anime el año pasado y esta, su segunda temporada, también. Le tengo verdadero amor a esta serie. Un melodrama histórico hecho con cariño y pleno de matices y claroscuros, como la vida misma. Y como habitualmente ocurre con este tipo de series, aunque no sean muy abundantes que digamos (deberían aparecer más, pero el público adulto todavía tenemos que ganarnos nuestro espacio), la velocidad y cadencia del anime pueden resultar lentas para una parte importante de la otaquería. Sin embargo, Shôwa Genroku Rakugo Shinjû: Sukeroku Futatabi-hen sigue el ritmo que debe de llevar, ni más ni menos.


Made in Abyss
メイドインアビス

No tengo mucho más que añadir a la entrada Manga vs. Anime que escribí sobre Made in Abyss en octubre. Si no es mi estreno animado preferido de este 2017, le falta poco. Y resulta estupendo que vaya a tener una segunda temporada, porque este tipo de relatos épicos requieren de un clímax y un desenlace. Siempre, sin excepciones. Sería una pena que dejaran sin finalizar su historia, aunque al menos nos quedaría el manga para aliviarnos. Que tampoco sería un consuelo menor, por cierto.


 

mehones

Aunque no estén incluidos en este top 5 de mediocridades, merecen una deshonrosa mención Vatican Kiseki Chôsakan, por la enorme vergüenza ajena que da por todo (y si digo todo es todo); Kino no Tabi por su memez, que ha defraudado a los que esperábamos un remake de su antecesora más apropiado; y Omiai Aite wa Oshiego, Tsuyoki na, Mondaji, que está inaugurando una moda vomitiva en lo concerniente a josei cortos subiditos de tono junto a Sôryo to Majiwaru Shikiyoku no Yori ni… que rezuman un machismo flipante. Si de verdad las japonesas se ponen cachondas con esta clase de historias, pues me temo que “Houston, tenemos un problema”. Y serio.


Kuzu no Honkai
クズの本懐

Kuzu no Honkai tuvo una relativa buena acogida entre el público joven. Puedo entender la razón. Pero este anime no deja de ser un culebrón ecchi donde adolescentes, sin media neurona debo añadir, se dedican a retozar como bestezuelas en celo. Hay también un par de adultos igual de anormales, pero básicamente recrea el ambiente de un instituto de secundaria donde todos andan más salidos que el pico de una plancha. Una hipérbole de las relaciones sentimentales pero con el lógico filtro de la represión emocional japonesa. En un principio creí que podría llegar a encontrar resquicios de Inio Asano en el argumento y los personajes, porque la sociedad nipona posee una rica cultura sexual. Pero no, mis queridos otacos. Detrás de esa aparente complejidad, Kuzu no Honkai es tan simple, superficial y aburrida como el mecanismo de un botijo. Peca de pretenciosa, y falla miserablemente a la hora de reflejar la psique de sus personajes, que no dejan de ser meros peleles de su libido. Un anime soporífero que ni siquiera llega a divertir con sus idas y venidas.


Sakura Quest
サクラクエスト

Los que esperábamos de Sakura Quest un Shirobako del Japón rural, esperamos en vano. El tema del despoblamiento en esas zonas es bastante serio, y creí, pobre de mí, que el enfoque de la serie iría un poco por ahí. Una toma de conciencia del abandono de las regiones agrarias, el galopante envejecimiento de la sociedad nipona, la grave burbuja económica, el esfuerzo de una joven universitaria por levantar una pequeña población de su letargo y su encuentro con otras mujeres que luchan por un objetivo común, etc. Vamos, un slice of life majete con un trasfondo interesante. Pues no.

Sakura Quest resultó ser una sopa insulsa donde los habituales ingredientes de comedia, drama ligero y costumbrismo eran tan soporíferos como insulsos. No puedo decir que sea un desastre de serie, porque no lo es. Pero resulta aburrida, tediosa, monótona y pesada. Y repetitiva. No profundizan realmente en la problemática del pueblo, y hacen del encanto de la vida cotidiana (que lo tiene, no lo dudéis) un auténtico muermo. Una siesta de 24 capítulos, un anime en teoría dirigido al público adulto pero que en vez de querernos disfrutando, nos quiere durmiendo. Los personajes parecen casetas prefabricadas, no logré conectar ni empatizar con ninguno. Pero lo vuelvo a repetir: no lo considero mal anime, simplemente somnífero.


Kujira no Kora wa Sajô ni Utau
クジラの子らは砂上に歌う

Children of the Whales o de cómo el anime más prometedor de la temporada de otoño se ha ido a cavar zanjas a Namibia sin avisar en cuestión de pocos episodios. Continúa siendo una serie con un arte maravilloso, un concepto realmente atractivo y unos personajes bien diseñados. Sin embargo, conforme el anime ha ido avanzando, el CGI barateiro se ha apoderado de las escenas, el mundo presentado se ha ido desvirtuando y a los personajes los han empleado de punching ball. Para llorar muy fuerte, camaradas otacos. Tremenda decepción. ¿Es así también el manga o se trata de una adaptación desafortunada? No tengo ni idea, pero se me han quitado las ganas por completo de averiguarlo. Los boquetes del tamaño de Saturno (anillos incluidos) en el argumento son un insulto, la falta de coherencia para tirarse de los pelos. Y es una gran lástima porque  Children of the Whales lo tenía todo para ser una gran serie, de hecho de las más importantes del año. No habría sido difícil, de todas formas, con el gris horizonte de este 2017. Si solo se hubieran esforzado un poquito, lo habrían conseguido. Pero no. Kujira no Kora wa Sajô ni Utau es un completo desatino. Meh.


Inuyashiki
いぬやしき

Inuyashiki es el manga. Period. La serie no es digna de pertenecer a MAPPA, ni le llega a la suela de los zapatos al tebeo. El CGI es el eterno caballo de batalla de la animación actual, e Inuyashiki es el ejemplo meridiano de lo complicado que resulta hacerlo encajar. No tengo mucho más que decir porque Inuyashiki es una desgracia de anime. Por supuesto que ha habido decenas de series peores en este 2017, pero con la materia prima de la que partía, resulta inconcebible que hayan metido la pata de semejante forma. Han convertido un robusto seinen en un shônen descerebrado, ese sería el resumen de lo ocurrido. Un anime sin un ápice de reflexión ni matices, donde todo es blanco o negro y los personajes parecen maniquís articulados. Planos, mecánicos.

Si lo que se busca es pasar el rato mediante una historia de violencia sin demasiadas complejidades, bien, entonces es tu serie. Pero resulta que el manga no es eso. Con Inuyashiki MAPPA se ha conformado con arañar la superficie y ofrecer un producto perfecto para los amantes de ensaladas de hostias y armas a tutiplén. Pero a costa de mutilar la obra original y convertir su relato en una vulgaridad cuya esencia es tan profunda como un charco. SOnC no se puede conformar con esto.


Shingeki no Bahamut: Virgin Soul
 神撃のバハムート VIRGIN SOUL

Shingeki no Bahamut: Virgin Soul comenzó muy bien y acabó muy mal. Que fueran 24 episodios no ha ayudado mucho, pues el chicle de su argumento no se podía estirar tanto. Y Nina, la nueva protagonista, me ha defraudado bastante. Ya en un principio no es que fuera un personaje que me gustase especialmente, aunque podía entender que sus encantos hubieran conquistado a una mayoría porque carisma tenía. Y era la que llevaba las riendas de la trama. Pero los personajes tan estrepitosos, que incluso llegan a rozar la parodia, acaban irritándome bastante. La moza esta no llegó a ese punto porque, sencillamente, se fue desinflando como una pelota vieja de cuero para caer en los brazos del tópico romántico más aburrido del mundo.

Pero lo malo de Shingeki no Bahamut: Virgin Soul no es Nina. Para nada. La arquitectura de la serie comenzó a desmoronarse aproximadamente hacia su mitad, por no haber sabido construir un antagonista en condiciones, haber continuado a través de un argumento deshilachado (en algunos momentos hasta incongruente) y desperdiciar el potencial de sus secundarios en general. Las puertas que abre se olvidan o ignoran, precipitando a la serie entera al limbo de la mediocridad. Qué lástima, que gran lástima cuando el envoltorio es impecable. Aquí si que podemos aseverar que segundas partes nunca fueron buenas.


Y este ha sido para Sin Orden ni Concierto lo más destacado del 2017. Podéis dejar vuestras opiniones con respeto y cortesía en los comentarios. El que se pase un pelo será directamente borrado. Sin contemplaciones. Esto es solo anime, camarada otaco, no una diatriba sobre la conveniencia de considerar a tu madre trabajadora sexual, o lo desagradable que resulta para la vista el aspecto de tu amigo peludo cuadrúpedo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

anime

Los cuentos del viento o de cómo los gatos pueden volar

La reseña de hoy para mí es muy especial, pues está dedicada a uno de mis anime favoritos. Adoro un montón de series y películas animadas, me resulta tedioso (y complicado) hacer listados y demás zarandajas bastante, aunque reconozco que son perfectos para atraer y distraer a los lectores; sin embargo, si tuviera que realizar un top 10 con mis slice of life preferidos, Fûjin Monogatari o Windy Tales (2004) estaría entre ellos sin ninguna duda. Creo que no es muy conocido, aunque me gustaría pensar lo contrario, pues se trata de una serie realmente atípica. Quizá por eso mismo no suele ser recordada ni apreciada por la otaquería, así que desde SOnC vamos intentar apañar un poco ese injusto despiste.

Fûjin Monogatari utiliza en su receta todos los ingredientes habituales de un anime sobre vida escolar y slice of life. Y eso, a priori, para mí era un problema. Los school life a menudo acaban cansándome porque siempre trabajan el tema de la preadolescencia y la pubertad de la misma manera, parecen fotocopias. Y si ya brota el típico romance que deja todo con una baba pringosa a su paso, adiós muy buenas. De ahí que suela huir del género, y tiene que ser algo cocinado de forma un poco distinta para que lo vea hasta el final. Y lo disfrute, claro. Pues Windy Tales fue un descubrimiento total para mí, y una grata sorpresa. Fûjin Monogatari me conquistó por completo (y no solo porque salieran gatos por doquier, ¡viva!).

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Nao y Ryôko

Realizado por Production I.G. en 2004, consta de 13 episodios que fueron dirigidos por Junji Mishimura e Itsurô Kawasaki. Es curioso, porque de estos dos directores me ha gustado muy poca cosa de su trabajo, sin embargo Fûjin Monogatari brilla en toda su filmografía como una gema extraña. No hay nada en sus carreras, al menos de momento, que pueda equipararse al resto de sus creaciones en términos de calidad y rareza.

El argumento arranca con Nao Ueshima y Miki Kataoka, ambas miembros del Club de de Fotografía Digital del instituto. A Nao le encanta captar con su cámara las nubes, siente fascinación por cómo el viento las moldea, así que suele subir a la azotea a menudo para fotografiarlas. Pero un día, observa que un gato, lánguidamente, comienza a volar… ¡junto a otras decenas de gatos que parecen flotar en el viento! Totalmente asombrada, se descuida y al intentar atrapar con su cámara el prodigio, se precipita al vacío. La intervención del profesor Taiki, que lanza hacia ella una fuerte corriente de aire, la libran de una muerte segura; pero Nao, intrigada, sabe lo que ha visto, y se percata de lo ocurrido. Así que decide averiguar cómo es posible que alguien pueda manipular y controlar el viento. Esto la conduce a ella, a Miki y Jun-kun, que anda enamoriscado de Miki, hacia el pueblo de Taiki-sensei, para pedirle que les enseñe esa destreza. Una destreza que se puede aprender, pues Ryôko, que también suele subir al tejado a alimentar al Gato del Viento, ha sido discípula de Taiki allí mismo.

Así que en Fûjin Monogatari, como en cualquier otro anime escolar, podemos esperar el primer beso, el festival escolar, la compañera modelo y actriz, la excursión estival, el concurso de actividades extraescolares, la visita a la enfermería, etc. Los típicos elementos que se encuentran en un school life, así como los problemas habituales con los que deben lidiar los adolescentes, se trabajan en Fûjin Monogatari, pero es su peculiar enfoque el que lo cambia todo. Hasta los personajes son un poquitín los acostumbrados en un inicio: Miki, entusiasta e impulsiva; Ryôko, tímida y sensible; Nao, sensata y soñadora; Jun, irreflexivo y leal. Sin embargo, conforme el anime progresa, sus personalidades van adquiriendo más y más matices, asentando unas personalidades creíbles y realistas. Y otros personajes, que aparecen esbozados mediante brochazos dispersos, van ganando profundidad. Poco a poco, porque Cuentos del viento se toma su tiempo.

El aire, el viento es el leitmotiv de Fûjin Monogatari, y vertebra tanto sus historias como su cadencia. Es la metáfora real y absoluta, no se casa con nadie pero es una presencia continua y necesaria. También los gatos son un recurso constante. Ellos introducen el misterio del control del viento, y sus peludas figuras surgen everywhere, desde marcas de refrescos, bentô, ropa, etc; hasta en los eyecatchers insertados para dividir los capítulos, donde aparecen con sus propios nombres y características. Cuentos del viento es un anime creado por amantes de gatos para amantes de gatos. Ellos son los únicos en la serie que de manera instintiva han aprendido a manejar los vientos y sus corrientes, utilizándolos a voluntad. Hay momentos verdaderamente oníricos con ellos de estrellas absolutas, una pizca de humor absurdo los rodea también.  Pero la comedia en Fûjin Monogatari es bastante austera, circunscrita sobre todo a Jun Nomura. Además, conforme el anime va alcanzando su final, una leve melancolía va cubriéndolo todo.

Es recomendable ver la serie poco a poco, un atracón de Fûjin Monogatari es desaprovecharla por completo. Se trata de un anime que marca un ritmo sosegado, de ahí que sea preferible degustarlo con calma. Salvo los dos primeros episodios, que presentan la historia de los Manipuladores del Viento, la serie está estructurada como diferentes miniaturas que presentan una parte del mundo donde Nao y sus amigos viven. Un mundo, por otro lado, muy normal. Quizá sea esa peculiar mixtura entre lo normal y lo maravilloso, tan límpida y estable, la que otorga a Fûjin Monogatari ese donaire tan especial. Estas miniaturas, que son los distintos episodios, presentan pequeñas historias de gran sencillez donde vamos conociendo a todos los personajes. El desarrollo de sus psicologías, su crecimiento y evolución personal, son llevados de manera paulatina, casi imperceptible, y con mucha naturalidad. Hay que destacar también que la arquitectura interna de los capítulos en bastantes ocasiones no es lineal, se nota el esfuerzo por trabajar cada episodio individualmente, para otorgarle su propio sello distintivo.

Otra de las cosas que me encantan de Cuentos del viento es la inexistencia de oposición entre el universo adulto y el de los adolescentes. No existe esa dicotomía, aunque los personajes sí tengan claro su rango de edad. A pesar de que los protagonistas principales son jóvenes, la perspectiva que ofrece el anime es amplia, muestra una misma realidad pero conformada de los distintos puntos de vista de los personajes. Los adultos no se encuentran alejados o en una esfera superior, están ahí, formando parte de la misma vida. Esa falta del habitual egocentrismo quinceañero, tan abundante en este tipo de series; así como de la ausencia de montañas rusas emocionales, en las que los chavales se creen eternas víctimas, son un auténtico soplo de aire fresco.

Si hay algo que llama la atención de Fûjin Monogatari es, sin duda, su arte. No tiene nada que ver con el estándar del anime, si hay que buscarle una filiación claramente es la vanguardia de los mangas publicados por Garô. Autores como Shigeru Tamura o Seiichi Hayashi son influencias muy evidentes. Esto vincula la serie a una faceta experimental robusta, que se centra en una severa simplicidad en la línea del dibujo por un lado, y una explosión de color por el otro. El resultado es muy, muy expresivo; los diseños angulosos de reminiscencias geométricas, sin apenas volumen, pueden evocar en cierta manera las formas del cubismo, aunque también se muestra cierta tendencia a la abstracción. A veces parecen simples bocetos en movimiento; y esos cielos, de maravillosas nubes imposibles y azul infinito, son hipnóticos.

Sin embargo, a pesar de ese amor feroz hacia el minimalismo en el trazo, que para un ojo poco acostumbrado puede pasar por desidia, los fondos poseen una minuciosidad y cuidado sorprendentes, que contrastan con la extrema sencillez de las figuras humanas. No obstante, cuando se requiere, las escenas pueden llegar a ser increíblemente detalladas y realistas. No en vano, hay que tener presente que el director artístico de Fûjin Monogatari fue Shichiro Kobayashi, que trabajó en la impresionante e indispensable Tenshi no Tamago (1985).

No suelo distraerme mucho con el aspecto musical de las series, porque la mayoría de las veces suele ser una decepción para mí si no una auténtica tortura. Para Cuentos del viento Kenji Kawai compuso una banda sonora etérea, abierta y sencilla. Como el mismo viento. Su presencia es la justa y las melodías fácilmente reconocibles y bonitas. Me gusta mucho. Como todo Fûjin Monogatari, posee un espíritu netamente japonés. Y eso puede resultar un obstáculo importante para los paladares otacos occidentales, que están acostumbrados a productos más intensos. Este anime destaca por la sutilidad y la armonía que emana, que quizá resulten insípidas para aquellos que esperen algo más de drama, algo más de romance, algo más de acción. Cuentos del viento es una obra serena y que, aunque no esconde grandes enseñanzas ni es especialmente trascendente, resulta muy eficaz a la hora de contar sus pequeñas historias cotidianas. Sin aspavientos, sin afectación. El elemento fantástico se encuentra insertado de tal forma en el argumento que la sensación es la de estar viendo un tierno cuento surrealista. Es todo muy apacible; sueños, fantasía y realidad se engarzan con suavidad, fluyendo plácidamente.

En general, Fûjin Monogatari es un slice of life ligero, delicado y extraño. Como una brisa fresca, pasa abriendo suavemente las ventanas y moviendo los visillos; trae aromas de parajes familiares y agradables, sin detenerse demasiado en el melodrama que suele acompañar las vivencias de adolescentes, lo que es un alivio tremendo. Como suele ocurrir con las series de capítulos autoconclusivos, nunca tuvo muchas papeletas para gustar a una mayoría, pero aquellos que deseen saborear un anime diferente, que ni siquiera necesita recurrir a las tradicionales demografías japonesas (¡BIEEEN!), y disfrutar de la belleza de las teselas y del mosaico a la vez, Cuentos del viento puede resultar perfecto. Elegante y equilibrado, desde luego no fue creado para que lo apreciara un público masivo; no obstante, tampoco carece de comercialidad, solo requiere del espectador una mínima atención para captar sus sutilezas. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga, Microrreseñas

Microrreseña: Umami de Ken Niimura

Vuelven las Microrreseñas, esta vez con el primer número del esperadísimo nuevo tebeo de Ken Niimura. ¡Qué ganicas tenía ya de hincar el diente a material fresco! En esta ocasión el mangaka hispano-japonés nos presenta un cómic con la gastronomía como telón de fondo. Y ocupando un espacio también importante en su historia, claro. Su nombre: Umami.

Como todos los que me leáis a menudo ya sabréis, soy espantosa en la cocina, la destructora de los fogones, apodada también “La Carbonizadora de los Nauts Pirenèus“. Es una frustración muy grande resultar una abominación en cuestiones culinarias, y no será porque no le haya puesto ganas. Uno de mis mejores amigos, al que quiero un montón, es un chef maravilloso (y al único que le permito que me cocine carne, por lo demás podríamos decir que soy vegetariana) y se ríe mucho con mis sufrimientos. Alguna vez le ha tocado padecerlos también, con todo el estoicismo que le brinda su profesionalidad. El día que comió el bizcocho amorfo de dulce de leche que horneé no dijo ni pío, es un santo. ¿Y qué hace una criminal de la cocina como yo leyendo un manga así? Pues disfrutar, como puede hacer cualquier hijo de vecino, porque este primer episodio ha sido genial.

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Hacen falta dos para cocinar: las aventuras de una chef y una cocinera.

Dos chicas, de caracteres muy distintos, unen sus caminos para llegar a la capital del reino. Una necesita conseguir sal, pues parece que todas las poblaciones de las inmediaciones de Minas Alba, su aldea, se encuentran desabastecidas. Otra se dirige al palacio del Rey, donde tendrá el gran honor de trabajar entre sus fogones. A ambas les encanta cocinar, pero con dos puntos de vista diferentes. Mientras nuestra protagonista diminuta otorga prioridad a la diversión y la espontaneidad, su espigada compañera de viaje es una orgullosa alumna de la Academia Real de Artes Culinarias, donde se forma a los mejores profesionales de la disciplina con las últimas técnicas y deliciosas recetas. Como el agua y el aceite, sin embargo las cualidades de ambas combinadas son imprescindibles para cocinar bien. ¿Qué aventuras les esperan recorriendo el país? Ah, pues para conocerlas habrá que leer Umami, por supuesto.

Umami hace referencia al quinto de los sabores básicos, identificado científicamente en 1908 por el profesor de química de la Universidad Imperial de Tokio Kikunae Ikeda. Creó este neologismo para designar este nuevo sabor, haciéndolo universal. Su traducción al castellano sería algo así como “sabroso, delicioso”. Es el que brinda palatabilidad a los alimentos, el que nos hace disfrutar. Y también es un juego de palabras… que para poder desentrañar no hay que perderse el tebeo.

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Este primer capítulo es fresco y dinámico, realmente entretenido y con un sentido del humor muy especial, a veces absurdo, otras insolente; pero siempre luminoso. La disposición de las viñetas para su lectura en pantalla informática es buena, con mucho ritmo y acomodada a una acción trepidante que estalla en un arte lleno de fuerza y cierta ingenuidad también.  Lo que me encanta de Umami, además, es cómo acerca el mundo del cómic occidental y el oriental y los fusiona con total naturalidad. Y es que, en realidad, estamos hablando del mismo medio, así que su combinación no deja de ser algo lógico y enriquecedor.

En este enlace puedes descargar Umami (2017) desde la web de Panel Syndicate. Tú marcas el precio de su primer número. La voluntá, como diría aquel. Eh, y disponible en inglés y castellano, camaradas otacos. Umami es un cuento con ingredientes tradicionales, pero que parece que vaya a ser guisado de una manera distinta. Ha comenzado con muy bien pie. Yo le daría una oportunidad, porque la cosa promete. Y mucho. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

2017: un siglo de anime, anime, cortometrajes, largometraje

Neko-chan en el País de las Ghibli-Maravillas

¿Alguien duda de que el sobrenombre perfecto para Japón podría ser Gatolandia? Es por todos conocido el proverbial amor nipón hacia los mininos. A pesar de que se introdujeron en las islas un poco más tarde que en otros lugares del planeta, allá por el s. VI a. C., han formado parte de su cultura, religión y tradiciones de manera fundamental. Muy pronto se erigieron como los vigilantes de las pagodas budistas, cuyos valiosos manuscritos protegían de los roedores. Se hicieron tan indispensables, que se convirtieron en un animal que solo las clases pudientes podían poseer. Más adelante, en el s. XVII, con el impulso de la industria de la seda que requería de sus especiales habilidades para preservar de las ratas la materia prima, se los liberó para que circularan libremente por todo el país. Así se fue construyendo su identidad como criatura protectora y, a la vez, fiera. El gato otorga buena suerte y riqueza a su dueño; pero al mismo tiempo su carácter imprevisible y depredador le confiere un aspecto sobrenatural y salvaje. Así tenemos, por un lado, la linda figura del maneki-neko que con su patita móvil llama a la fortuna, el amor o la salud allí donde se coloque; y, por otro, al bakeneko o al nekomata, cuya naturaleza dentro del folclore japonés es ciertamente peligrosa y ambigua. Por supuesto, goza de sus propios templos shintô donde es merecidamente reverenciado.

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“La historia de Otomi y Yosaburo” (1860) de Utagawa Yoshiiku

Los gatos son muy queridos y respetados en Japón. Existen, nada más y nada menos, que 11 islas donde sus habitantes son mayoritariamente estos pequeños felinos, de entre las cuales las más conocidas son Aoshima y Tashirojima; Cipango es el país donde más Cat Cafés hay en el mundo (más de 150), y que vio nacer a la gatita más célebre del planeta, Hello Kitty. Estos animalitos son el epítome de lo kawaii, han aparecido por doquier en libros, cientos de ilustraciones, todo tipo de merchandising, series de televisión, anime, manga y un larguísimo etcétera. Uno de mis escritores favoritos, Natsume Sôseki, tiene una maravillosa novela dedicada a la vida de un gato. ¿Qué más se puede decir? Japón ama a los mininos, y Studio Ghibli no iba a ser una excepción.

Como ya anuncié en la anterior entrada de la sección 2017: un siglo de anime, Ghibli tenía que aparecer sí o sí. Se ha vertido ya tanta tinta sobre ellos que resultó difícil encarar un artículo dedicado a su ingente labor sin caer en el tópico o redundar la información. Y no quería aburriros, los datos biográficos, de fundación de los estudios y demás detalles son muy fáciles de encontrar. Así que decidí enfocarlo de una manera distinta, aunque también extremadamente sencilla, a través de una de mis pasiones vitales: el micifuz. Creo que todos mis lectores saben de sobra que soy amante de los mininos y orgullosa amiga de una gordita peluda llamada Isis. Por ende, he aquí una entrada dedicada a los gatos de Ghibli. Así también doy un aire más liviano a la entrada, porque las dedicadas a esta sección en particular me han salido siempre un poquito densas. Hoy tendréis un post ligero (bueno, al menos lo voy a intentar) y sin la habitual farragosa labor de documentación. Solo gatos, gatos, gatos. Este es mi particular y humilde homenaje a uno de los estudios de animación más importantes del mundo. Sin menospreciar el inmenso legado de Disney, la visión de Ghibli lo cambió todo.

Ghibli - Miyazaki, Suzuki and Takahata
Hola, somos Miyazaki, Suzuki y Takahata y venimos a conquistar el universo. ¡Miau!

Los gatetes protagonistas de Ghibli han sido casi siempre un catalizador de eventos importantes en sus películas. Su naturaleza suele ser benigna y cómplice de los protagonistas, ofreciendo una desinteresada, y muchas veces inesperada, ayuda sin la cual el desenlace no resultaría el mismo. ¿Aparecen en todas las obras del estudio? Por supuesto que no, pero aun así se percibe con mucha claridad el amor que sienten hacia estos animales. Ghibli además se caracteriza por su enorme respeto por la naturaleza y sus habitantes, por lo que no podían ser crueles con una criaturita tan querida además en Japón. Es posible que me haya olvidado de algún ghiblineko, pero si la memoria no me falla, aquí tenéis los gatos más interesantes que ha creado el estudio.

6 🌟 KONYARA


Vamos a comenzar no con una película, sino con una serie de cortometrajes dirigidos al mundo de la publicidad. Os presento a Konyara y a su familia (Ko-Konyara, Kuroneko y Buchi), que han servido con mucha eficiencia desde 2010 hasta 2015 a la empresa alimenticia Nisshin Seifun Group CM en su 110º aniversario. El éxito de esta elegante y delicada animación, inspirada en el tradicional sumi-e, fue rotundo en sus tres encarnaciones. El diseño de Konyara corrió a cargo del mismísimo Toshio Suzuki, el storyboard fue de Gorô Miyazaki y la dirección recayó en Katsuya Kondô, que trabajó en los diseños de Kiki: entregas a domicilio (1998).

La música es de la celebérrima Akiko Yano, que trabajó para Ghibli en Mis vecinos los Yamada (1999) y Ponyo en el acantilado (2008) también; por lo que se puede afirmar que los escasos segundos de duración de estos comerciales han estado siempre en manos inmejorables. Una producción cuidadosa y realizada con verdadero cariño. Konyara y su prole son todo ternura.

5 🌟 NIYA


El mundo secreto de ArriettyKarigurashi no Arrietty (2010) de Hiromasa Yonebayashi, no es de mis películas favoritas de Ghibli. De su director me gustó mucho más Omoide no Marnie (2014), que trabaja tangencialmente una temática similar. No creo que el mundo que Mary Norton plasmó en su saga de The Borrowers esté mal adaptada ni muchísimo menos, de hecho creo que la minuciosidad y belleza expresadas en la película son maravillosas; y Miyazaki, que se encargó del guion, le brindó un aire menos infantil, más sobrio también. Los Clock están muy bien representados, con una Arrietty asimismo que gana enteros en la película. Esta familia, conformada por tres miembros diminutos, Pod, Homily y Arrietty (padre, madre e hija), viven escondidos en las casas de los humanos. Sobreviven de sus excedentes, los cuales recolectan por la noche. Porque es esencial que nadie de la gente grande sepa de su existencia. Si por algún descuido o casualidad esto ocurre, se ven obligados a buscar un nuevo hogar para blindar su seguridad.

niya2Es un modo de vida precario y frágil que les obliga a cierto aislamiento, por lo que no saben si hay más de los suyos por el mundo. La familia Clock cree que solo quedan ellos, porque han pasado muchísimos años sin contacto con nadie. Sin embargo, Arrietty no se quiere resignar a una vida tan solitaria, y es mucho más audaz en su manera de pensar. Todo da un vuelco cuando llega a la casa Shô, un chico con una grave enfermedad cardíaca que casi de inmediato nota la presencia de Arrietty. No obstante, él ya conoce algo de las leyendas sobre la gente pequeña que habita la casa. También sabe de ellas la mezquina ama de llaves Haru, que comenzará a atar cabos. La historia no avanza mucho más de lo que podría esperarse de este planteamiento, es muy simple y sin apenas recovecos; lo que la hace, comparada con otras del estudio, bastante plana. Es como si en realidad se quedara a mitad del argumento, con temas esbozados interesantes pero que no se llegan a desarrollar. El Mundo secreto de Arrietty es un bonito cuento, pero que se hace bastante corto. ¿Y el gato? ¿Qué pasa con el gato? ¡Que esta entrada va sobre ellos! Pues el ghiblineko de esta historia es el orondo Niya.

Niya es un gato señor y dueño de sus territorios. La casa, el jardín y las arboledas son su feudo, nada se escapa a su escrutinio. Sabe quién entra, quién sale, quién se esconde y quién es una amenaza. Con la gente pequeña no lo tiene muy claro, pues son como humanos, a los que respeta; sin embargo tienen el tamaño de la comida y se mueven furtivamente. Eso le hace sospechar. Niya enseguida hace buenas migas con Shô, al que intenta proteger a su gatuna manera, intuye que algo no marcha bien con él. Es fiel al chico y le ofrece a menudo compañía porque advierte su soledad. Es un buen gato, peligroso como todo felino, pero inteligente y sabio. Su presencia en la película es sutil, resultando al final ser la levadura para que suba el bizcocho. Porque Niya solo se debe a los que ama.

4 🌟 RENALDO MOON (alias Muta)


Susurros del corazón o Mimi wo Sumaseba (1995), junto a Kaguya-hime no Monogatari (2013) y Sen to Chihiro no kamikakushi (2001) son mi trío favorito de Ghibli. Sin ellas mi vida sería mucho más fea y miserable, no albergo duda alguna al respecto. Whisper of the heart además toca un tema muy importante, que es el de escuchar la voz interior y tener fe en uno mismo. Aunque seas mujer. Y esta apostilla no es ninguna gilipollez, pues en Japón una parte bastante importante de mujeres renuncia a sus anhelos y ambiciones profesionales para formar un hogar tradicional, no así sus parejas. En Occidente también es muy conocida la frase de Groucho Marx “detrás de un gran hombre, hay una gran mujer”, que refleja de forma diáfana esa base social de completa desigualdad que todos conocemos. La mujer debe subordinarse y ceder el protagonismo, quien está destinado al triunfo es el hombre; el papel de la mujer es apoyarlo, suprimiendo sus propias aspiraciones. Es muy habitual además encontrar en todo tipo de obras a mujeres que son meros satélites de una figura masculina. Desgraciadamente, aún se tiene asumido como lo normal.

Sin embargo, Susurros del corazón trata precisamente de lo contrario. Mil gracias, Miyazaki-sensei, mil gracias por representar a las mujeres, una vez más, simplemente como lo que somos: personas. Aunque no todo el mérito del argumento se le debe atribuir a él, la historia fue una adaptación del shôjo Mimi wo Sumaseba (1989) de Aoi Hiiragi. Por una vez, el amor no vuelve imbécil a la protagonista femenina; por una vez, el amor es en realidad estímulo para encontrar la auténtica vocación y perseguir un sueño. No ser un lastre, no seguir la sombra de nadie; sino caminar uno al lado del otro.

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Yoshifumi Kondô

Susurros del corazón es una película especial por muchos motivos, incluso para el mismo Miyazaki, pues fue la primera y última película que dirigió Yoshifumi Kondô,  una de las grandes promesas creativas de Ghibli. Kondô fue un colaborador muy querido que trabajó en obras tan importantes como Akage no Anne (1979) mi muy amado Sherlock Hound (1984) o Mononoke-hime (1997). Pero en 1998 falleció a causa de un aneurisma disecante de aorta. El exceso de trabajo se lo llevó al otro mundo con tan solo 47 años. El karôshi es un problema laboral muy grave en países asiáticos como Japón, Corea del sur, Taiwán y China. El impacto que sufrió Hayao Miyazaki fue brutal, se planteó seriamente abandonar la animación y, a partir de entonces, el ritmo de trabajo en el estudio ralentizó su velocidad.

Pero regresemos a los gatos. En Whisper of the heart tenemos a dos mininos que años más tarde reaparecerían en la película Neko no Ongaeshi (2002): el barón Humbert von Gikkigen y Renaldo Moon, también conocido como Muta. Del barón escribiré un poco más adelante, porque de Susurros del corazón quiero destacar a este regordete de mirada burlona y actitud traviesa.

De momento, ninguno de los ghiblinekos mentados ha padecido del consabido antropomorfismo de los cuentos. Bueno, quizá Konyara un poquito. Por ahora han sido llanamente gatos, comportándose como gatos y viviendo sus vidas como gatos. Moon o Muta, que pasa gran parte del film sin nombre como simple felino callejero, ya comienza a manifestar ciertos rasgos humanos. Ligeros, casi imperceptibles, pero ahí están, brillando en su mirada irónica. Moon es un  gatazo rollizo al que le gusta vagabundear, hacer rabiar a los perros y guiar a esos simios bípedos apestosos a lugares que les pueden resultar… interesantes. Moon además demuestra tener una gran intuición e inteligencia, y sabe cuándo lo necesitan. El se deja querer, y quiere a su vez al que le aprecia; pero su espíritu también es independiente e implacable. Sin su intervención Shizuku, la protagonista, no descubriría su propia senda.

3 🌟 BARÓN HUMBERT VON GIKKINGEN


Da igual cuántas veces Miyazaki-dono lo niegue, pero la Alicia de Lewis Carroll ha sido una influencia vigorosa en muchas de las obras del estudio. Y no tiene nada de malo. Lo fue en El Viaje de Chihiro y lo es en Neko no Ongaeshi (2002) o Haru en el país de los gatos de Hiroyuki Morita. Innegable, su espíritu aletea por todas partes. Lo que empezó planteado como un cortometraje para un parque temático, acabó derivando en una película completa autosuficiente. Un spin-off de Susurros del corazón en el que los dos mininos que aparecen se convierten en personajes ya antropomorfos, y con una fornida presencia en el argumento: Muta y el Barón. Quizá sea una de las películas menos arriesgadas de Ghibli, con recursos bastante tradicionales en su narración y argumento; aun así, continúa siendo una obra muy entretenida perfecta para los amantes de los gatos.

Pero es en el Barón en el que nos vamos a centrar. Neko no Ongaeshi es una obra repleta de mixones por doquier, de hecho el argumento principal trata sobre las aventuras de una chica humana, Haru, en el Reino de los Gatos. Tras haberle salvado la vida al hijo del rey de los mininos, se ve arrastrada hacia una serie de circunstancias absurdas y peligrosas de las que tendrá que librarse con la ayuda de un Muta bastante más sarcástico (y glotón) que en Whisper of the heart, y de un elegante gentleman llamado Humbert von Gikkigen. Barón para más señas.

El barón es una estatuilla con una historia triste detrás; una historia de amor, por supuesto. Su origen melancólico y de trasfondo romántico estimulan la imaginación de Shizuku, protagonista de Susurros del corazón, inspirándola para dar un importante paso en su vocación como escritora. En esa película es una figura pasiva, una musa que con su belleza alientan a la chica. Pero, ¿cuándo se pone el sol revive? Quizá sí, quizá no. Sin embargo, en Neko no Ongaeshi nuestro barón sí despierta de su letargo, y dirige con mucha profesionalidad la Oficina de Asuntos Gatunos, donde acude Haru guiada por un reticente Renaldo Moon. En esta obra podemos disfrutar de Humbert en todo su esplendor caballeresco y delicada astucia. Es el ideal Príncipe Azul, valiente, respetuoso, perspicaz y cortés; aunque también completamente inalcanzable. Y encima sabe preparar un té exquisito. Ains.

2 🌟 JIJI


Majo no Takkyûbin (1989) o Kiki: entregas a domicilio de Hayao Miyazaki y Sunao Katabuchi es un film entrañable y de corte juvenil, basado en la novela del mismo nombre de Eiko Kadono. Los cuentos dedicados a aprendices de brujas siempre me han parecido muy apetecibles, y aunque me he aburrido como una ostra más de una vez siguiendo la estela de obras con esta temática, con Kiki no me sucedió. El mundo que plasma es luminoso y sin maldad; existe el egoísmo y el miedo, claro, pero hasta las brujas, a pesar de sus escobas, vestidos negros y sombreros puntiagudos, son personas normales que dedican sus habilidades al servicio de los demás. Cuando cumplen 13 años, abandonan una temporada el hogar para buscarse la vida. Es el paso de la infancia a un momento clave de su vida donde deben demostrar su valía y madurez. Y los padres de las aspirantes a brujas tienen confianza plena en que sus vástagos aprenderán mucho de la experiencia. ¿Lo consigue Kiki? Desde luego, pero no sin los contratiempos esperados que la ayudan a crecer.

¿Y qué se le da bien a nuestra pequeña bruja? Pues sobre todo volar, por lo que un servicio de mensajería y paquetería parece lo más sencillo y plausible. La ciudad que elige para vivir al principio no se lo pone muy fácil, pero la voluntad y buen ánimo de Kiki acabarán superando las dificultades, frustraciones e inseguridades personales que deberá afrontar. Aunque se encuentra lejos de su familia, pronto su soledad se irá difuminando. Y, por supuesto, cuenta con el sostén y aliento de su gato: Jiji.

Jiji es una panterita negra, un lindo minino que acompaña a Kiki en todos sus avatares en su nuevo hogar. Es realista y prudente, algo pesimista pero fiel compañero hasta que conoce a la gatita más coqueta de la vecindad: Lily. No es que la traicione ni mucho menos, pero Jiji no deja de ser un gato, un gato que valora su independencia y que encima está enamorado. Este encuentro con el amor coincide con la crisis de Kiki, con esos momentos en los que la aprendiza deja atrás la niñez. Porque Jiji representa la infancia de la protagonista, de ahí que después de haberse adentrado definitivamente en la travesía hacia la madurez, sea incapaz de entenderlo cuando le habla. Aunque siempre seguirán siendo amigos, los caminos de la vida que ambos eligen son ya distintos.

1 🌟GATOBÚS


Tonari no Totoro (1988) o Mi vecino Totoro de Hayao Miyazaki  es la película más emblemática de Ghibli. Quizá no sea la más célebre ni la más perfecta de su repertorio, pero sí puso al estudio en el mapa mundial de forma irreversible. Fue el nacimiento de la conciencia Ghibli. Totoro es ya un icono cultural en toda regla, y su visionado es obligatorio para cualquier interesado en la historia de la animación contemporánea. Si no has visto esta peli, you know nothing. Sin más. ¿Qué se puede añadir que no se haya escrito ya sobre Mi vecino Totoro? Muy poquita cosa, así que lo mejor es ir directamente al grano, escribir sobre uno de los gatos más bizarros y surrealistas de las artes con permiso del gato de Cheshire, del cual, por cierto, es orgulloso descendiente: el Gatobús o Nekobasu.

Nekobasu no es un minino al uso, es una criatura sobrenatural del bosque, un espíritu; podríamos considerarlo un yôkai o incluso kami, por lo que adopta muchas características del folclore japonés. Es evidente que esa sonrisa inquietante, que fascina y asusta un pelín a la vez, está inspirada en (¡de nuevo!) en la Alicia de Carroll, pero sin duda posee su propia personalidad. Como un ciempiés, Gatobus se mueve a gran velocidad con su docena de patas; acomoda su espacio interior al tamaño del usuario y no hay destino al que no pueda dirigirse. Es el medio de transporte del bosque, que está imbuido de esa sensibilidad panteísta tan nipona.

¿Podríamos considerarlo algún tipo de tsukumogami?, ¿un nekomata o un bakeneko? Pues tiene de todos ellos una miqueta y, sin embargo, es una creación completamente original. Es uno de los símbolos más característicos de la película y muy querido entre los fans, a pesar de su aspecto perturbador. Pero así son también los habitantes fantásticos de Japón. La popularidad de Gatobús es indudable, y ha llevado a realizar en el Museo Ghibli, aparte de un peluche gigante dirigido a los niños, otro similar pero para adultos, que se pudo visitar hasta este pasado mes de mayo. También en el Museo es posible ver un cortometraje, spin-off de Mi vecino Totoro, donde Mei, Nekobasu y otros más de su especie son protagonistas: Mei to Koneko Bus (2002) de Hayao Miyazaki.

Y para despedir esta entrada dedicada a mis peludos favoritos, nada mejor que la gatita anónima que aparece en Kaguya-hime no Monogatari. Pequeña, alegre y espontánea, como la propia Kaguya antes de someterse al mundo de los hombres. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

 ¡Miau!