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¡Vuelta al 2018 en 10 mangas!

Estamos en tiempo de listados, todo el mundo nos apresuramos a revisar lo que ha dado de sí el año, y confeccionar nuestros tops de obras destacables. No soy muy fan de este tipo de entradas, pero este 2018 ha sido, al menos para mí, espectacular a nivel manga. Se han publicado tebeos maravillosos que dudaba muchísimo poder encontrar en España. Así que, con sumo gusto y placer, os presento los cómics japoneses editados por estos lares que me han parecido más interesantes. Recordad, amiguitos, esta es una mera opinión personal en un blog minúsculo, no el Canon Pali. Y tal.

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“Mujer leyendo” (1840) de Utagawa Kuniyoshi

 

10. La isla de las pesadillas

Hideshi Hino | Horror, folclore, slice of life| Tomo único | Ediciones La Cúpula | ★★★1/2

Que Hideshi Hino sea uno de los maestros indiscutibles del terror, junto a Kazuo Umezu y Suehiro Maruo, es un hecho incontestable que ningún otaco con dos dedos de frente osaría rebatir. Es así, punto. Y en España no es un total desconocido, Ediciones La Cúpula lleva unos cuantos años ya publicando material suyo a buen ritmo, lo que siempre produce gran felicidad entre todos esos  infelices seres que amamos el género. Este 2018 nos ofrecieron un recopilatorio de 7 pequeñas historias de podredumbre y melancolía monstruosa, pero inspiradas en el rico folclore japonés: La isla de las pesadillas. Aquí tenemos a Hino-sensei en estado puro: su característico arte de trazo candoroso, moldeando deformidades al servicio de cuentecillos ingenuos donde lo grotesco y lo aberrante aúllan a la luz de un sol irreal. Una preciosidad de trabajo.

9. Holiday Junction

Keigo Shinzô | Drama, slice of life| Tomo único | ECC Cómics | ★★★1/2

Fue una de mis compras estrella este pasado Sant Chorche, le hinqué con muchísimas ganas el colmillo a este tomito que ECC tuvo el detalle de publicar en español. Todo lo que suponga acercar al público hispanohablante al mangaka Keigo Shinzô me parece fenomenal. Le dediqué hace ya un tiempecito una entrada a su estupendo tebeo Bokura no Funka Matsuri (2012), y llevo siguiéndole un tiempo la pista también a través de la editorial francesa Le Lézard Noir (la amo profundamente), que está editando su Tokyo Alien Bros (2015) y Moriyama-chû Kyôshûjo (2009) . Muy recomendables, por cierto.

Holiday Junction es una buena manera de presentar a este autor, de familiarizarse con su delicadeza mágica. Se trata de un volumen que recopila pequeños relatos de muy distinto pelaje, pero en los que el común denominador es el slice of life. Si os gustan Taiyô Matsumoto, Ken Niimura o Inio Asano, este mozo os entusiasmará. Tiene una manera serena, a ratos melancólica, de narrar sus historias, que atrapan por su elegante simplicidad. Su arte resulta fresco, espontáneo; y se adapta como un guante a la atmósfera tenue de los one-shots. Mi cuento favorito es el último, Un año en la vida de Bun-chan, un gato doméstico, y no solo porque su protagonista sea un lindo minino.

Espero de todo corazón que haya tenido una buena acogida entre los lectores, estaría genial poder contar con más obras de Keigo Shinzô en el futuro. Es un mangaka bastante prometedor, ¡sangre nueva!

8. Una mujer de la era Shôwa

Kazuo Kamimura/Ikki Kawijara | Drama, slice of life, histórico| Tomo único | ECC Cómics | ★★★★☆

Kamimura se está revelando para mí, de manera personal, como un gran retratista de la mujer japonesa. No es que ya no lo supiera de leídas, pero otra cosa muy distinta ha sido comprobarlo directamente a través de sus mangas. No lo llamaban shôwa no eshi, que se podría traducir como “el pintor de ukiyo-e de la era Shôwa”, por casualidad. Historia de una Geisha (reseña aquí)  me gustó bastante, El club del divorcio (1974) me enamoró por completo; y Una mujer de la era Shôwa (1977), aunque ya no fue una obra en solitario sino creada junto a Ikki Kawijara (Ashita no Joe, Tiger Mask), me ha parecido de lo más destacado de este 2018.

Shôwa Ichidai Onna o Una mujer de la era Shôwa cuenta la historia de Shôko Takano, hija ilegítima de un político prominente de la oposición y una célebre geisha tokiota. A la muerte de su madre, Shôko se ve totalmente abandonada a su suerte en un país en ruinas, de ciudades todavía humeantes tras la derrota en la II Guerra Mundial. Una nación en reconstrucción, lamiéndose las heridas, y con un largo y cruel camino por delante. Y así resulta ser la senda de Shôko, feroz y brutal, que modelará su carácter para hacerla una persona fuerte, implacable, glacial. Un relato que parece una cosa, y acaba convirtiéndose en algo insólito, huyendo del esperado melodrama lacrimógeno para centrarse en la mera supervivencia. Un manga abrupto y despiadado, no para todo el mundo.

7. Atelier of Witch Hat

Kamome Shirahama | Fantasía, slice of life, seinen| En publicación | Milky Way Ediciones | ★★★★☆

Tongari Bôshi no Atelier o The Atelier of Witch Hat es mi manga favorito actual de fantasía junto a La pequeña forastera de Nagabe. Los estoy siguiendo entusiasmada, cada uno en su estilo son como agua fresca de manantial. Siúil, a Rún fue publicado a finales del 2017, por eso no lo he incluido en este top, aunque no me han faltado ganas. Es un manga sensacional. Y The Atelier of Witch Hat, pese a su tono más tradicional, también lo es. Tenéis la reseña inicial que le escribí aquí, y sigo manteniendo con fervor todo lo que en esa entrada afirmé.

Kamome Shirahama me tiene contentísima con su extraordinario arte, que le debe tanto al art nouveau, al estilo del shôjo clásico de los 70-80 y el cómic europeo (Moebius, Pratt, Battaglia). Es minucioso, ornamentado, muy alegre también. No me canso de observarlo una y otra vez. La mangaka está construyendo una arquitectura sólida y fascinante para su mundo de fantasía, y sin caer en la infantilización. Porque, camaradas otacos, The Atelier of Witch Hat es un rotundo seinen, donde además la magia se conjura mediante tinta y pluma. No se recita, no se realizan gestos especiales: se dibuja. ¡Maravilloso! Uno de los tebeos más atractivos que se han publicado este 2018, sin duda. ¡No os lo perdáis!

6. La balada del viento y los árboles

Keiko Takemiya | Drama, shôjo, shônen-ai| En publicación | Milky Way Ediciones | ★★★★☆

¿Cómo no podía estar entre mis mangas preferidos del año Kaze to Ki no Uta o La balada del viento y los árboles? ¡¡Keiko Takemiya!! ¡¡Y una de sus mejores obras además!! Por supuesto, lo he estado siguiendo vía scanlations todo lo que he podido (no está completo, y el asunto se encuentra paradísimo desde hace más de un año, para más inri), de ahí que cuando supe que Milky Way había decidido hacerse con su licencia y publicarlo en España, lloré muy fuerte. De felicidad, se entiende. Por cierto, que es la primera vez que se publica fuera de Japón. Y menuda edición se están cascando, ¡las portadas son preciosas! Bueno, todo en general lo están haciendo muy requetebién. De momento van 2 tomos (en la edición original japonesa son en total 17, pero Milky Way lo hará en 10), así que os podéis hacer una idea de que la historia está, simplemente, calentando motores. ¡Aún estáis a tiempo de subiros al carro!

La balada del viento y los árboles tiene todo lo que se puede esperar del buen shôjo que las mangaka del Grupo del 24 practicaban: ambientación idealizada europea, entorno escolar exclusivo, arcos argumentales rocambolescos deudores del folletín decimonónico, complejos retratos psicológicos y tragedias, muchas tragedias. Y crueldades. Y abusos, y violaciones y… mucha sordidez forrada con un precioso dibujo repleto de flores y estrellitas. Kaze to Ki no Uta tuvo problemas en su época por su contenido fuertecito, pero cuando por fin salió a la luz tuvo un impacto trascendental. Su influencia ha sido muy evidente, brota como setas en obras como Banana Fish o Shôjo Kakumei Utena, por poner un par de ejemplos. Un clásico entre clásicos que nadie debería perderse. De verdad de la buena.

5. Mi vida sexual y otros relatos eróticos

Shôtarô Ishinomori | Erótico, Sci-fi, biográfico| Tomo único | Ediciones Satori | ★★★★☆

Con este peazo de manga me vais a permitir que me explaye a gusto. Porque lo acabo de finalizar y estoy muy emocionada, así que allá voy. No es ningún secreto que Satori Ediciones es una de mis editoriales predilectas, y más de una vez he comentado que la labor que están realizando por acercar la cultura popular japonesa y su literatura al público hispanohablante es monumental. Así que, cuando me enteré de que tenían planeado sacar una colección dedicada al mundo del manga, me estremecí de la emoción. Y cuando supe que su primera incursión iba a ser de Shôtarô Ishinomori, la alegría fue plena.

Según comentaron en el XXIV Salón del Manga de Barcelona, la intención es ir publicando obras de autores selectos, clásicos y contemporáneos. Para este 2019 han anunciado el josei de Miyako Maki, en tres tomos, Seiza no Onna (1973); y parece que están tras la pista también de algunos trabajos de Leiji Matsumoto. Como comprenderéis, estoy que no quepo en mí del gozo, y con muchísimas ganas de paladear todas las delicias que nos tengan reservadas. Espero que les vaya fenomenal y los lectores respondan, porque lo ocurrido con Ponent Mon ha sido un golpe bajo.

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Sobre el Rey del Manga, Shôtarô Ishinomori, ya escribí un poco en esta entrada que dediqué a su estupendo Ryûjin Numa (1957-1964) o El estanque del dios Dragón, dentro de la sección Shôjo en primavera del blog. Así que no me voy a extender mucho más, pero para refrescaros un poco la memoria, Ishinomori-sensei es una figura clave en la historia del tebeo japonés. No le tenía miedo a ningún género ni demografía, los trabajó prácticamente todos; experimentó e innovó tanto en formas como contenidos y, por si no fuera poco, en 2007 recibió de manera póstuma el certificado de El libro Guinnes de los récords como el autor que ha publicado más números de comics: 770 títulos diferentes (500 tankôbon) en total. Un creador incansable, y al que hasta Tezuka le tenía unos pocos celillos, a pesar de que su relación era buena.

Y de toda la colosal obra de Ishinomori, Satori se ha lanzado a publicar como su primer manga Otona-na Ishinomori o Mi vida sexual y otros relatos eróticos, que ha contado con la fantástica traducción de Marc Bernabé. Es un profesional como la copa de un pino, que además se nota que ama el cómic japonés. Este tomo de casi 400 páginas es una recopilación de 15 one-shots dirigidos exclusivamente al público adulto y fuerte carga concupiscente. Hay escenas bastante explícitas aunque no alcancen la categoría de pornografía, pero el sexo es el hilo conductor que une todos estos relatos.

¡Sí, brindemos con Ishinomori! ¡Feliz Navidad! Bueno, ejem, prosigamos. Estamos hablando de relatos escritos y dibujados entre 1969 y 1975, Mi vida sexual y otros relatos eróticos es un tankôbon electrizante. Para disfrutarlo, en primer lugar hay que desterrar la gazmoñería; y en segundo, ser conscientes de la época y el país donde fueron creados. Después de estas aclaraciones, que me habría encantado no tener que hacer (aunque visto el percal no queda otra), creo que os podéis hacer una idea del tono general del tebeo, y si os puede interesar o no. Por mi parte, os adelanto que me ha encantado, y lo he gozado de principio a fin. Como sucede con la mayoría de recopilaciones, es una obra muy heterogénea, donde se encuentran desde alucinaciones psicodélicas, humor bizarro, violencia, perversiones, noir, retrato social descarnado, reflexiones filosóficas y retales de la propia vida de Ishinomori.  Un gran manga.

4. Mi experiencia lesbiana con la soledad

Kabi Nagata | Yuri, slice of life, biográfico| Tomo único | Fandogamia | ★★★★☆

En la entrada que dediqué hace más de un año al yuri, “El delicado cultivo de la iris japónica”, seleccioné este manga como uno de los más interesantes del género. Y no tenía ninguna esperanza en que lo llegaran a publicar en España. Pero, afortunadamente, he tenido que comerme mis palabras con patatas. Y muy feliz de tener que hacerlo. Fandogamia Editorial no solo lo editó aquí, sino que se lanzó a traer más obras de Kabi Nagata, como su Diario de intercambio (conmigo misma). Toma ya. ¡Muchas gracias!

Sabishisugite Lesbian Fuzoku Ni Ikimashita Report o Mi experiencia lesbiana con la soledad es un relato de reclusión, tristeza y enfermedad; pero también de superación y búsqueda, aunque conduzca a puertos insólitos. Como autobiografía que es, resulta curioso que no caiga en la autocompasión, sino que prefiera enfocarse en un cerebral autoanálisis. En realidad, el salvavidas de la protagonista. Este cómic es una puerta abierta no solo a su vida íntima como mujer soltera lesbiana, sino a sus procesos mentales, dolencias y pensamientos. Y todo contado con una delicada e imaginativa sencillez con la que es muy difícil no empatizar. Por no hablar del paisaje que se otea al fondo: una sociedad con un pudor extremo en las relaciones humanas, poco flexible hacia lo distinto, y que estimula cierto aislamiento enfermizo.

Mi experiencia lesbiana con la soledad narra una historia real y cruda, pero no exenta de sentido del humor. Es un manga que se siente próximo, susceptible de gustar a todo tipo de público adulto, aprecie el yuri o no. De hecho, si uno se deshace de los prejuicios, encontrará, simplemente, la historia de una mujer joven por hallar su lugar en el mundo. Una de las sorpresas editoriales de este 2018, sin duda.

3. Pink

Kyôko Okazaki | Josei, slice of life, drama| Tomo único | Ponent Mon | ★★★★1/2

No voy a añadir mucho más a lo que ya escribí en la reseña que dediqué a este maravilloso manga en Otakus Treintañeras. Se trata de un josei que hizo historia junto a otros trabajos de la propia Kyôko Okazaki y de Moyocco Anno. Lograron revolucionar la demografía, que se encontraba completamente estancada en un lodazal de cursiladas más propias de un shôjo hortera que de un ¿género? dirigido a personas adultas. Tomó el nombre del color que se asigna a las mujeres, que las encorseta en angustiosos roles de género, para pervertirlo y transformarlo en un alarido, una gran carcajada también, desgarrando así la concepción tradicional de la feminidad nipona. Pink es una crítica descarada y resplandeciente que señala la gran hipocresía social japonesa, a la vez que retrata la caótica vida de una Tokyo Girl en los happy eighties.

La idea principal que planea sobre todo el manga es la de la prostitución. Pero no solo la ejercida por las profesionales del sexo, sino la que todos, de una manera u otra, desempeñamos en diferentes ámbitos de nuestra vida. Toda ella rebozada en una crujiente comicidad de tono irreverente y surrealista, para nada libre de ciertad ferocidad amarga. Pink es una obra para reír y para reflexionar, directa y honesta; pero también cruel y dolorosa. Imprescindible.

2. Catarsis

Môto Hagio | Shôjo, fantasía, surrealismo | Tomo único | Tomodomo | ★★★★1/2

Este es el manga que llevaba esperando con más ansiedad del 2018. Primero, Tomodomo anunció que lo publicaría durante el primer semestre del año. Pasó el verano y servidora continuaba aguardando, impaciente. ¿Habría sucedido algo con la licencia? ¿Con los requisitos que pudiera exigir Môto Hagio en su edición española? ¿Se había incendiado la imprenta? ¿Tomodomo se iba a declarar en bancarrota? Muchas estupideces, y otros motivos también más razonables, me cruzaron por la mente. El año estaba acabando, y Hanshin o Catarsis no había visto todavía la luz. Por fin, en noviembre, pude tenerlo en mis manos. No sin que antes Correos extraviase mi paquete, por supuesto, y volviera a encontrarlo cuando ya estaba a punto de perpetrar una escabechina en la pertinente sucursal.

Catarsis es un tomo recopilatorio de 12 historias extrañas, inquietantes, que abarcan desde la década de los 70 (Sayo se cose un yukata, El invernadero, Marine), pasando por los 80 (Mitad, Camuflaje de ángel, El falso rey, Amigo K) y ahondando en los 90 (La niña iguana, Las pastillas de ir a la escuela, Al sol de la tarde, Catarsis, El niño que volvía a casa). Veinte años de carrera durante los cuales Hagio trabajó multitud de géneros y temáticas desde muy distintas perspectivas, otorgando al shôjo una nueva dimensión. Tengo preparada una reseña específica para Catarsis, por lo que no me alargaré más; pero sí puedo deciros que es un verdadero privilegio el poder acceder a la obra de Hagio en castellano, y mucho más con las extraordinarias ediciones que Tomodomo nos está brindando.

1. Miss Hokusai

Hinako Sugiura | Josei, slice of life, histórico| 2 tomos | Ponent Mon | ★★★★★

Todo lo que pueda decir sobre esta obra es poco, así que lo resumiré de esta forma: la amo mucho. Es ya uno de mis tesoros más preciados. Y como sucede con Catarsis, le tengo preparada reseña, por lo que no me extenderé demasiado. Miss Hokusai lo tiene todo: un arte elegante, limpio, pleno de lirismo; y unas historias que, como pequeñas estampas, van plasmando la efervescente y rica cultura urbana de los chônin y el ukiyo-e. Todo a través de los ojos de la hija del gran pintor Hokusai.

Hinako Sugiura fue una gran erudita del periodo Edo, al que decidió dedicarse en exclusiva, abandonando el mundillo del manga. Una pena, en cierta forma. Hace un año escribí una entrada sobre su cómic Hyaku Monogatari (1986-1993), que fue el último que realizó antes de retirarse. En ella explico alguna cosica sobre su vida y persona, por si os interesa.

Solo me resta agradecer a Ponent Mon su enorme esfuerzo por habernos traído esta preciosa obra, y que lamento muchísimo que no vayan a poder dedicarse al manga como lo han hecho hasta ahora. Lo que sí puedo afirmar es que me han hecho muy feliz este 2018, tanto con Pink como con Miss Hokusai o El bosque milenario. Y deseo que pronto salgan del bache y puedan regresar al tebeo japonés con fuerzas renovadas.


Y esta ha sido mi selección de mangas del 2018 que, como ya he comentado al inicio, ha sido, desde mi punto de vista, un año excelente. Podría haber elegido también otros títulos, como Chiisakobee (lo estoy siguiendo vía Le Lézard Noir, no obstante) o la edición integral de La Princesa Caballero que ha publicado Planeta Cómic (estoy contentísima con ella); pero el listado quería que fuese de 10 tebeos, no 80. Y eso. Que paséis una buena noche en compañía de vuestros familiares, y que el Olentzero os traiga muchas cosicas bonitas.

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Los hechizos y encantos de Kamome Shirahama

No os creáis que soy una tipa rara y oscura que solo consume material que produce narcolepsia entre la otaquería. Ni hablar. Cuando hay algún anime o manga comercial que llama mi atención y que además logro disfrutar, corro a contároslo aquí. Siempre lo he hecho, creo. Es el caso de uno de mis descubrimientos del 2017, la mangaka Kamome Shirahama. No sé gran cosa sobre ella, salvo que trabaja dibujando portadas para Marvel, DC y que es sangre nueva en el tebeo mainstream japonés.

Mi encuentro con su trabajo fue totalmente casual, y comenzó con un one-shot llamado Watashi no Kuro-chan o My Little Noir, que publicó en 2011. Me gustó tanto que busqué más sobre la autora, y así empecé a leer Tongari Bôshi no Atelier o The Atelier of Witch Hat, que lleva en publicación desde el 2016 en Morning Two de Kôdansha. Con anterioridad publicó Enidewi (2012-2015) en la revista Harta, alcanzando los 3 volúmenes y un total de 15 capítulos; pero no he conseguido encontrar más obras suyas, salvo una pequeña colaboración en un libro de ilustraciones dedicado a Sakamoto desu ga?. ¿Por qué? Porque es una recién llegada, y me sorprendió muchísimo que fuera así dada su enorme pericia con el lápiz. Su dibujo es simplemente alucinante. Lo adoro. Creo que junto a Shinichi Sakamoto es de lo más impresionante que hay de momento pululando en el mundillo del manga. Cada uno a su manera, claro.

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Por ahora he conseguido leer My Little Noir y estoy siguiendo The Atelier of Witch Hat; y debo reconocer que lo que más me ha enganchado de Kamome Shirahama ha sido su arte. Es realmente adictivo, no me canso de observarlo una y otra vez. Cada viñeta es una maravilla por su minucioso detalle y armonía; en cada ocasión se descubren matices nuevos. Se nota que la mangaka disfruta muchísimo dibujando, que le pone además un cariño y mimo especiales. Me ha sorprendido también el aire vintage de su estilo, recuerda mucho a Riyoko Ikeda y Môto Hagio, como un regreso al naturalismo setentero que, sin duda, bebe de artistas europeos como Moebius o los venecianos Dino Battaglia y Hugo Pratt, cuya influencia en la autora es muy descarada. Aunque uno de los influjos más poderosos de Shirahama es Alphonse Mucha, su presencia se husmea por doquier. Pero que la mejor estirpe comiquera occidental haya influenciado a esta artista no quita que sus obras sean netamente japonesas. Son manga, manga además de línea clásica, con el Grupo del 24 muy presente.

En resumen, Kamome Shirahama promete, pero promete muchísimo; y su carrera no ha hecho más que empezar. Personalmente, voy a estar muy atenta a sus futuros trabajos; y espero que su evolución y carrera nos ofrezcan muchas sorpresas agradables, porque sería una pena que se desperdiciara un talento semejante. No quiero ni imaginar el placer que puede brindarnos cuando alcance su madurez artística, podría llegar a ser gloria bendita. Por ahora, SOnC solo puede ofreceros impresiones sobre lo que he leído, que rezuma amor y admiración hacia Occidente; y tampoco es que sea demasiado. Sin embargo, es lo suficiente para saber que tenemos entre manos una mangaka notable.

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Watashi no Kuro-chan

My Little Noir es un one-shot de apenas 21 páginas pero que se las apaña en tan poco espacio para relatarnos la trepidante aventura de una niña por las calles de París. Minette descubre que su gatito, Noir, no se encuentra en su cestita. ¿Qué le habrá ocurrido? ¿Se encontrará bien, se habrá perdido y no sabrá regresar a casa? Pregunta a sus padres, pero están muy ocupados con las labores del hogar, así que decide ir a buscarlo por su cuenta. Al abrir con temor la puerta de casa, descubre a un gato durmiendo en la calle, lo que le da valor para salir y preguntarle si ha visto a Noir. Pero los gatos no son como los humanos, y desconfiando de Minette, se aleja, haciendo que nuestra pequeña protagonista tenga que seguirlo, pues tiene la convicción de que puede ayudarla a localizar a Noir.

Y así comienzan sus peripecias, persiguiendo a un gatito esquivo por avenidas, muros y cafeterías, topándose con todo tipo de personajes y sorteando milagrosamente los peligros de la ciudad. Con mucho sentido del humor y un magistral sentido del ritmo, Kamome Shirahama nos muestra también un poco de ese autismo social que sufrimos todos los urbanitas, tan aislados en nuestros propios pensamientos que pasamos por alto los diminutos prodigios cotidianosWatashi no Kuro-chan es un pequeño cuento llevado estupendamente y con un gracioso final; tierno e inofensivo, pero que agrada por su alegre sencillez. Algunas de las viñetas, como también he tenido ocasión de observar a menudo en la otra obra que he leído de la autora, son auténticos portentos. Para quedarse mirándolas mientras resbala la babillla.

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Tongari Bôsho no Atelier

Hay dos tankôbon publicados y en marzo de este 2018 saldrá ya el tercero. Los scans transcurren, como siempre, un poco a remolque; de momento la traducción va por el segundo volumen y el capítulo ocho. Sin embargo, la buena noticia es que en Francia Pika Édition se ha lanzado a por ella, y en primavera comenzará su edición bajo el nombre de L’Atelier des Sorciers. No tengo ni idea si en algún otro lugar van a publicarla, en España no se espera de inmediato; pero pudiendo acceder a ella en francés, me doy completamente por satisfecha. Los que conozcáis la editorial gala, ya sabréis que siempre se ha decantado por productos comerciales pero de esmerada calidad (Chihayafuru, Nodame Cantabile, Yona, Escaflowne, etc.). Y es lo que resulta ser Togari Bôsho no Atelier. Por ahora.

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Coco es una niña que ha vivido siempre enamorada de la magia. Es su gran pasión, a sabiendas de que nunca podrá dedicarse a ella, porque los brujos y brujas lo son de nacimiento, no se hacen a sí mismos. Cuando era más pequeña, en el festival del castillo, un extraño personaje le vendió un librito de magia y una varita. Pero muy pronto su emoción se desvaneció porque no sabía qué hacer con ellos. Consideró que era normal, pues no había nacido bruja. Hasta que un día llegó a la puerta de su hogar un brujo. Los eventos, a partir de entonces, se precipitarán de tal forma que la madre de Coco quedará petrificada a causa de un hechizo del librito, que ha comenzado a descifrar nuestra protagonista; y Qifrey, el brujo, sintiéndose responsable de lo sucedido, decidirá acoger a Coco como discípula. ¿Es eso posible? ¿No era necesario nacer brujo para serlo?

Coco descubrirá muchas cosas que la gente común desconoce, y ella se esforzará todo lo posible por conseguir que su madre vuelva a la normalidad. Pero, por supuesto, no será un camino de rosas. Ese librito de magia que subrepticiamente le entregaron esconde en realidad magia prohibida; por no decir que en la casa de Qifrey viven otras tres alumnas muchísimo más adelantadas en los estudios. Además, una de ellas, la arrogante Agete, detesta la presencia de Coco desde el primer instante. No entiende cómo una profana, sin adiestramiento ni los rudimentos básicos exigidos, ha sido aceptada por Qifrey como discípula.

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The Atelier of Witch Hat es un cuento de fantasía tradicional que se inspira en muchos detalles en la saga de Harry Potter. Es complicado librarse de su influencia, pues la obra de J.K. Rowling es ya un monstruo del género que ha extendido sus tentáculos sobre la imaginación de miles de creadores en el planeta. También tiene mucho de Little Witch Academia, pero con una importante diferencia en el tono. Tongari Bôshi no Atelier, a pesar de que tenga la habitual protagonista genki (muy al estilo también de Made in Abyss), con una desventaja inicial importante frente a sus compañeras y una enemiga odiosa cerca, es un seinen. Coco es infantil y entusiasta, carece de los conocimientos más simples de magia pero un fervor enfermizo hacia ella (como Atsuko), aunque vuelvo a repetir: The Atelier of Witch Hat es un seinen.

Con solo ocho episodios la arquitectura del mundo de Tongari Bôshi no Atelier se encuentra a medio esbozar, por lo que hay más interrogantes que certezas respecto a temas básicos. El meollo del argumento también acaba de iniciarse, todavía no han terminado de presentarse todos sus actores, pero se barrunta un elenco nutrido. Los personajes están bosquejados con eficiencia, aunque no sorprenden; tiran del cliché bastante, sin embargo todavía queda bastante manga por delante. Así que tenemos un cómic de fantasía clásico, con la magia y su aprendizaje de tema principal y toda la parafernalia habitual que la acompaña. À la occidental. No obstante, cabe destacar que a diferencia de otros cuentos del género, la magia se conjura mediante tinta y pluma. No se recita, no se realizan gestos especiales: se dibuja.

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Tetia, Riche, Coco y Agete.

A priori ofrece poca novedad comparado a otros mangas del género, por no hablar de la cantidad ingente de literatura juvenil que hay al respecto. No obstante, si tuviera que relacionar Tongari Bôshi no Atelier con una obra sería con El nombre del Viento (2007), porque la oscuridad que se atisba es bastante más densa que en Harry Potter. Y ya es decir. Pero veremos qué derroteros toma la historia de Kamome Shirahama. Es un cuento grato y que sabe retener la atención tanto por ese encantador dibujo como por su argumento, que juguetea hábilmente con el suspense y, además, le brinda una radiante vertiente cómica.

Por ahora es uno de los mangas de fantasía más atractivos que estoy leyendo y con una capacidad de crecer sustancial. Es entretenido, chispeante y, lo que para mí es importante, no me irrita con personajes femeninos de electroencefalograma plano. No ha inventado la rueda, pero todavía está a tiempo de construir una locomotora. Su comedida ternura mezclada con la maldad natural del ser humano concibe una atmósfera bastante peculiar, que oscila entre la obvia puerilidad de sus protagonistas y los turbios secretos que calla el mundo de la magia. Pero, ¿es un mundo de blancos y negros, de buenos y malos?

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Kamome Shirahama es una mangaka con un gran futuro por delante y que, de momento, ha creado tebeos accesibles y bastante divertidos. Obras que pueden gustar a todo el mundo y con unos mínimos de calidad garantizados. Cierto que lo más destacable sea su arte, que no es poco importante, pero tiene todo el tiempo del mundo aún para escribir y perfeccionar sus historias. Que no son en absoluto malas, pero quizá todavía le falta una miqueta para llegar a la altura de su magnífico dibujo. De todas las maneras, yo no me perdería a esta mujer, os lo digo muy en serio. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.