Peticiones estivales

Peticiones estivales: Copernicus’ breath

¡Continuamos con vuestras sugerencias veraniegas! Jane, que junto a Umibe dirige el excelentísimo blog El Destino de la Flor de Cerezo, me propuso dedicar una entrada a alguna obra de la mangaka Asumiko Nakamura. No es la primera vez que hablo de ella por estos lares (ni será la última), los lectores habituales ya sabéis que me considero fan absoluta de esta mujer, por lo que la petición de Jane fue muy bienvenida.

¿Cuál escogí? Pues me incliné por la primera serie que publicó completa: Copernicus no Kokyû o Copernicus’ breath. Consta de 13 capítulos distribuidos en dos tankôbon y salió a la luz entre 2002 y 2003 en Manga Erotica F. Este magazine de carácter bimensual ha alojado entre sus páginas a gente como Inio Asano, Natsume Ono, Shintarô Kago o Takako Shimura. Os podéis imaginar que sus contenidos no son para adolescentes, sino que van dirigidos a un público maduro y algo curtido. No está dedicado exclusivamente al erotismo como podría hacer pensar su nombre, pero el sexo tiene una presencia importante… al igual que otras temáticas menos comerciales. Tiene también especial cuidado con el arte y sus autores, lo que hace de Manga Erotica F una publicación a la que siempre vigilar. Y Copernicus’ breath se encuentra encajado a la perfección en su línea editorial.

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No sé muy bien cómo afrontar esta reseña, porque se trata de una manga bastante crudo y explícito en numerosos aspectos. Aquellos que conozcan a la autora por Utsubora o Dôkyûsei, que son las obras publicadas en español, pueden encontrarse con una tremenda sorpresa. Su registro es bastante diferente, no en vano es una mangaka versátil dentro de ese estilo tan característico suyo. No tiene la ternura o ingenuidad del BL púber de Dôkyûsei ni por asomo; es más próximo a Utsubora, pero mil veces más salvaje. Y si digo salvaje, es que es brutal: incesto, pedofilia, coprofilia, sadomasoquismo y otras parafilias emergen en sus trazos. Y no solo eso, la historia que cuenta es retorcida y feroz. Así que los niños a la cama, Copernicus’ breath es para mayores. Y ni siquiera sé si este manga es para todos los mayores, so handle with care.

Nakamura cuenta que se inspiró a la hora de crear este cómic viendo al Circo de Bombay, en un viaje al sur de la India. El mundo del circo indio tiene una reputación terrible, con actividades que van desde el secuestro y compraventa de niños, explotación laboral, maltrato, lenocinio, etc. La autora no pudo dejar de observar esta sordidez, aunque no presenció ningún delito, y decidió crear un manga dedicado al circo y la prostitución. Para ello también consideró idóneo enclavar temporalmente su historia en los años 70, una década en la que el mundo del circo en general estaba sufriendo una profunda reforma. El concepto de Circo que se constituyó en el s. XVIII y tuvo el apoyo de la burguesía a lo largo de los siglos XIX y XX, ya no tenía lugar en una sociedad capitalista que satisfacía su ansia por el espectáculo y lo asombroso en otros ámbitos. El Nouveu Cirque estaba naciendo, fue un momento de renovarse o morir; y esta crisis, como resultan ser todas, no fue fácil para ese mundillo.

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Nido de Pájaro es un payaso que trabaja en el decadente Cirque du Soir, dirigido por el déspota Auguste Kirillov. Este es un hombre de edad madura que no tiene ningún escrúpulo en disponer de sus artistas como si fueran meros trozos de carne. Nido de Pájaro, que es un adolescente, es utilizado como desahogo sexual de Kirillov, y obligado a realizar las tareas más humillantes del circo. Ser payaso es pertenecer al escalafón más bajo de este microcosmos, y casi todos lo tratan con desprecio, incluida la estrella del lugar, Mina la trapecista. Esta es especialmente cruel con él, aunque ella a pesar de su posición dentro del circo, no puede evitar, ni muchísimo menos, ser ofrecida por Kirillov a clientes de exigencias brutales.

Nido de Pájaro esconde un pasado trágico, que se irá desvelando poco a poco, y en torno al cual orbitarán como si fuera el sol, todos los acontecimientos que sucederán a lo largo de su vida. Le acompaña un espectro llamado Michel, que reclama su atención sobre todo aquello que no desea afrontar. Nido de Pájaro es un chico muy atormentado y presa de una anhedonia autodestructiva, que le hace ser completamente insensible a los sentimientos de los demás, y actuar en ocasiones de forma tan cafre como el resto. Es su coraza, es su máscara que, con el paso del tiempo, se irá resquebrajando.

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Un día acude al circo un diplomático japonés, Makoto Oonagi, y decide comprar a Nido de Pájaro para hacerlo su amante. Oonagi es un pedófilo, pero esta vez ha seleccionado a un chico más crecidito. Lo lleva a su casa, donde residen su esposa y cuñado, más o menos de su misma edad. La relación con ella, que es consciente por entero de las desviaciones de su marido, no es nada fácil. Es una mujer fuertemente traumatizada y con una obsesión enfermiza hacia su hermano. Este, de nombre Michel (como el fantasma), es el único humano de la casa que podríamos considerar medio normal, aunque no tardará en salpicarse de inmundicia. De hecho, casi puedo aseverar que no hay personaje en Copernicus’ breath que no acabe revolcándose en una pocilga. Todos terminan de una forma u otra afectados seriamente por la malicia y el egoísmo. Nakamura no es compasiva, pero conoce bastante bien los mecanismos humanos mentales, recreándolos en todo su abyecto esplendor.

I fly. In accordance with Copernicus’ breath, through Copernicus’ starlit sky. Eventually, I’ll break off from the swing and become a constellation. I’ll become Copernicus’ constellation.

El argumento podríamos dividirlo en tres partes distintas: vida en el circo, residencia con Makoto Oonagi e independencia. En cada una de ellas la autora presenta un planeta distinto, con sus propios personajes y dinámicas; muy bien perfilados y que conforman un tapiz bastante intrincado. Sin embargo, el sempiterno fantasma de Michel, símbolo de su culpabilidad, es una constante que lo acompañará sin darle tregua alguna, desquiciándolo lentamente. Un pequeño epílogo al final solventará algunas dudas respecto a personajes secundarios, pero el final no deja de ser abierto. ¿Es eso malo? Yo creo que no. Después de tremendas montañas rusas y vaivenes a lo largo y ancho del manga, es un regreso a lo ordinario que resulta hasta esencial para una conclusión coherente.

El desarrollo de la historia, y cómo va dosificando la información para mantener el suspense, es brillante. Los juegos de espejos, la mezcla de realidad y delirio, así como el misterio que envuelve el pasado de Nido de Pájaro y otros personajes, saben mantener el interés. Otro tema es la densidad del argumento y cómo los más minúsculos detalles hacen precisa una lectura atenta y reposada. No es conveniente leerlo rápido aunque el dinamismo del arte invite a ello. La estructura básica de Copernicus’ breath son, precisamente, los giros copernicanos que Nakamura utiliza para hacer avanzar su historia. No son simples vueltas de tuerca, las perspectivas globales cambian, y encima en momentos de gran trascendencia. Pero quizá sea la enorme cantidad de sentimientos exacerbados, la acumulación anómala de desgracias o que el tratamiento de algunos secundarios es más desflecado, que a ratos me encontraba algo aturdida y con la sensación de no creerme la historia. Pero solo en momentos concretos, nada serio.

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Por supuesto, Nakamura no dudó ni un instante en invocar la obra clásica circense por antonomasia del manga: Shôjo Tsubaki (1984) de Suehiro Maruo. El nivel de perversión es similar, y la autora usa algunos recursos de Maruo que resultan hermosos guiños para aquellos que admiramos su obra. Pero Copernicus’ breath no es ero-guro, su horror (que lo hay y mucho) es más bien de tipo psicológico. Y golpea duro. La influencia de Maruo, sin embargo, no es estilística, pues la mangaka posee una personalidad muy marcada bastante alejada de la de él. En Copernicus’ breath tenemos una Nakamura segura en su forma, pero a la que le falta todavía un poquito de refinamiento en algunas viñetas. Está algo sin pulir y, aunque el dibujo es fluido y elegante, hace algunas concesiones a cierto histrionismo que más adelante desaparecerá. Esa frialdad distante tan atractiva, minimalista a ratos, está muy presente sin embargo. En general es un arte delicado y preciosista, sin ninguna duda bellísimo, y que bebe de las fuentes del art nouveau y la psicodelia. Tampoco es muy complicado distinguir rastros de Peter Chung o Egon Schiele en su manierismo, que es uno de sus sellos como dibujante. Pero atención, esa deformación lánguida y acuosa también ha echado atrás a muchos lectores. Es lo que tiene alejarse tanto de lo convencional.

Como último detalle, y no menos importante, señalar el estupendo trabajo que realiza con las viñetas, donde la mayoría de las veces desaparecen, intercalando planos y rompiendo límites de manera audaz. Sirve a los propósitos de amplificar unas emociones ya de por sí desmesuradas: la locura, el odio, la lujuria, el esplín. Se observan también muchas ideas, en fase embrionaria en Copernicus’ breath, que terminarán de germinar en mangas posteriores con muy buenos resultados.

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En general Copernicus’ breath es una obra soberbia, no perfecta, pero impresionante. Nakamura es muy cuidadosa, y ha sabido hacer evolucionar a sus personajes física y psíquicamente con acierto. No es desde luego un manga para todo el mundo, esta autora es muy amiga de tocar asuntos espinosos, incluso tabú, sin miramientos. Pero también posee una pulcritud que atempera el primer impacto. No es una historia dulce sobre la amistad o un amor naciente, habla de las miserias humanas, la oscuridad del alma y la complejidad del dolor, que tiene también su belleza. A pesar de sus sutilezas, no es para lectores aprensivos, requiere temple. Es excesiva e intensa. Aunque… bueno, tampoco tanto. O a lo mejor es que tengo la sensibilidad de una alcantarilla, que también puede ser. ¿Lo recomiendo? Pues miren, hagan lo que les dé la gana, señores. Mis gustos siempre han sido muy particulares y con pocas personas suelo coincidir en criterio. Así que ustedes mismos verán.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

manga, MUAHAHAHA, paja mental

¡Venga, ronda de one-shots!

Prosiguiendo con vuestras votaciones en twitter, el siguiente post a publicar estaba dedicado al manga. Voici une liste. Los listados son de las cosicas más simples y agradecidas, y todavía no había caído ninguno dedicado a los yomikiri o one-shots. Este formato tiene sus peculiaridades y, aunque a veces se utiliza como episodio piloto de lo que más tarde puede convertirse en una serie extensa, personalmente los considero importantes. Muchas veces pasan desapercibidos o se ningunean directamente; también pueden ser solo una primera toma de contacto por parte de algunos creadores con el medio. Pero siempre tienen su interés, y no en pocas ocasiones se hallan verdaderas joyas. Como todos los aficionados al manga, he leído cientos; así que para cribar un poco el asunto, he escogido aquellos que me han dejado un poco pillada.

Mis disculpas de antemano, porque después de una entrada dedicada al terror (que no suelen gustar a casi nadie), esta va a contener alguna que otra bizarrada. Bizarrada gorda. Pero también material más mesurado. Los lectores habituales ya sabéis que SOnC sufre espasmos y convulsiones de este tipo. Aun así, para el verano no vienen nada mal las pequeñas lecturas y como bien expresaba un antiguo vecino de estas tierras: «lo bueno, si breve, dos veces bueno Que algo debería aplicarme el cuento también, porque últimamente meto unas chapas tremendas en el blog. Necesito relajarme.

Y volviendo a los one-shots, serán pequeños pero matones. Algunos incluso pueden dejar secuelas. BWAHAHA. Mentira. Aunque no son del todo inofensivos, informados quedáis.

Hotel: since 2079

Boichi

2004

Dentro de la ciencia-ficción, es sin duda uno de los one-shots más interesantes con los que podéis encontraros ahora. Además está publicado por Milky Way, que está haciendo una labor maravillosa en el panorama del manga en español. Hotel: since 2079 originalmente fue un manhwa que luego formó parte de la recopilación que Morning editó en 2006. Aunque llega ya un momento en el que la nacionalidad del autor (coreana), donde resida y lo que haga, dan absolutamente igual. Son tebeos made in Japan y punto.

Boichi tiene un arte magnífico, casi abrumador; y lo que podría convertirse en el protagonista desplazando al guion, resulta el complemento perfecto de una gran historia. Desde el año 2079, Louis Armstrong, la inteligencia artificial que protege el legado humano, todavía se mantiene en pie. Han sido 27 millones de años de lucha solitaria, rodeado de muerte y sin noticias de nadie, absolutamente nadie. ¿Qué ha sucedido con la Tierra y las especies que la poblaban? ¿Cómo nació Louis? ¿Cuáles son sus futuros desafíos? Eso es lo que relata este manga. Y muy bien, por cierto.

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Abstraction

Shintarô Kago

2007

Shintarô Kago es uno de los mangakas de ero-guro más atractivos y accesibles del panorama actual. Me he pasado con lo de «accesible», pero comparado con otros colegas del género, tiene un puntillo más… comercial. Para nada aplicable a este one-shot, por cierto. Aunque no os hagáis una idea equivocada: Kago es un completo enfermo.

Abstraction juega con las dimensiones y perspectivas, como si pertenecieran a un cubo de Rubik. Las secciones y piezas se alteran creando un caos ordenado de resultados bastante… inesperados. Porque ya no se trata solo de los mecanismos de una presentación insólita, sino de la historia que cuenta. Un argumento harto sencillo pero que se recrea en la vulgaridad de lo cotidiano para provocar una reacción en el lector. Es un manga que rompe con el espacio y el tiempo, trata deliberadamente a sus personajes como si fueran títeres y, poco a poco, va aumentando su contenido soez hasta alcanzar esas bizarradas grotescas que solo Shintarô Kago sabe fabricar. Es crudo, es cáustico, es indescriptible. Y de muy mal gusto.

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Ladybirds’ requiem

Akino Kondoh

2000

Creo que ya es hora de que se empiece a traer algo de la obra de Akino Kondoh por estos lares. Como siempre, Francia va por delante. Además actualmente está publicando un josei llamado A-ko san no Koibito (Los novios de A-ko, que son 2, por cierto), que ruego de rodillas tenga el éxito suficiente para que un alma caritativa lo escanee y traduzca. Porque la posibilidad de que se llegue a publicar la veo más bien negra tipo Cygnus X-1. Aunque quién sabe, esta moza vive en Nueva York… podría ocurrir el milagro. Pero volviendo a sus trabajos anteriores, estos poseen un tono muy distinto al de A-ko san no Koibito, porque no se dirigen a un público general, sino más bien al relacionado con el mundillo arty. Es una manera muy zaborrera de resumirlo, pero en esencia es eso. Y este Ladybirds’ requiem está incluido en la noción occidental de cómic alternativo.

¿Quiere decir eso que no lo puede leer cualquiera? Pues claro que puede leerlo todo el mundo, carajo. Ladybirds’ requiem es un one-shot precioso, con una simbología profunda: muy íntimo, muy personal. El dibujo juega con fuertes contrastes de luz y sombra; me gusta muchísimo el estilo limpio y fino de esta mujer. La historia es un recorrido interior, un pasaje onírico donde nada es lo que parece. Fascinante.

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Este es el vídeo emparentado con el tebeo, realizado por ella misma, y que en 2010 logró colocarse entre los 25 del «YouTube Play – A Biennial of Creative Video» del museo Guggenheim de Nueva York.

Misaki de bus wo orita hito

Yuki Urushibara

2004

Tranquilos, no van a ser todo marcianadas hipster o gente defecando con problemas de almorranas. Uy, vaya spoiler. Lalalá. También tenemos en la lista al encanto de Yuki Urushibara. Presagiando un poco la llegada de Suiiki y con la magia evanescente de Mushishi latiendo en la historia, Misaki de bus wo orita hito es un relato apacible y a rebosar de ese realismo mágico tan característico de la mangaka.

Cuenta la historia de una mujer y su hijo, que se dirigen a la tiendecita que regentaba su abuela en una península apartada. Allí se encuentra también la última parada de autobús, donde los pasajeros bajan a fotografiar las espectaculares vistas del mar. Algunos regresan a sus casas, otros… no. Siempre ha sido así, y Mitsuko aprendió desde niña a distinguir a esa clase de personas. Un cuento bonito y discreto sobre el suicidio, la añoranza y las nuevas oportunidades.

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Hanshin

Môto Hagio

1984

¿Sabíais que estoy MUY PERO QUE MUY emocionada con la próxima publicación de Môto Hagio en Tomodomo? Creo que no lo había escrito todavía. Llevo esperándola meses, aunque parece que la cosa se va a retrasar hasta después del verano. Ntsch. Esta mujer fue, y es, muy importante en la historia del manga. Para muestra, un botón. Este Hanshin es realmente sobrecogedor.

Dos gemelas unidas por la cadera: una, hermosa y sin inteligencia, devorando lentamente a la otra, macilenta y consciente de todo. El odio, la impotencia, la compasión. Cuando la cura se presenta no lo hace sola, sino con una elección muy dura que tendrá sus consecuencias. Los recovecos psicológicos que ilumina Hagio no son triviales y, a pesar de que se trata de una historia corta, se las arregla para remover bastante las tripas.

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Goggles

Tetsuya Toyoda

2004

Tetsuya Toyoda es un maestro absoluto del slice of life. Y madre mía el arte. Me recuerda un poco al de Ryoichi Ikegami, lo cual es un auténtico halago. Tiene un aire ochentoso en esa meticulosidad realista, incluso occidental, que engancha. Una viñeta tras otra, una viñeta tras otra… es adictivo.

Goggles forma parte de una recopilación del mismo nombre, que incluye distintas historias cortas. Esta es mi favorita de todas ellas. Dura, dramática, pero sin cursilerías. Narra la historia de una niña que va a parar, repentinamente, a la casa de dos hombres solteros. Una niña que no habla, no come, no se mueve y lleva siempre unas gafas de plástico puestas. El más joven tiene curiosidad por saber qué le pasa, y su compañero de piso le comenta que es hija de una conocida suya. Y hasta ahí puedo contar, pero desde luego se trata de un relato que no tiene ni una pizca de idealización, y se desarrolla con una calma que encarna muy bien la impasibilidad general de la vida frente a las desgracias. Todo pasa, todo fluye, nada importa. El dolor es personal, no pertenece al mundo.

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I am a piano

Asumiko Nakamura

2005

No es la primera vez que hablo de este one-shot ni será la última. Yo también tengo mi corazoncito, y aunque sea una garrula asilvestrada la mayor parte del tiempo, os aseguro que mi lado sentimental emerge a veces. Con I am a piano siempre es así. Cada vez que lo releo, que se hace además en un santiamén porque es cortísimo, me brota un suspirillo desde lo más profundo del pecho. Ains.

El argumento es muy sencillito, trata de las andanzas de un piano a lo largo del tiempo. Nakamura acude a la figura de la prosopopeya, cimentando un cuento melancólico pero muy tierno. Y no os digo más, porque sería estropearlo. Fue recogido en una compilación, junto a otros quince, llamado Le Théâtre de A; y el arte es el propio de la autora, lánguido, manierista y con un remate gosurori muy evidente. Un amorcito de manga.

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Doraemon

Taiyô Matsumoto

1995

Supongo que si hubiera pasado mi infancia viendo Doraemon, ahora le tendría un cariño especial. Las cosas de la nostalgia, imagino. Nunca me atrajo el tipo de dibujo (donde estuviera Sherlock Hound se podían quitar todos los Nobitas del universo) y ahora que lo tengo que ver por narices con mis sobrinas (mea culpa, añado), lo odio muchomuchomucho. Y es un clásico entre clásicos del kodomo, pero me pone enfermaaaaaaaaaaaAAAAAAAaaAAAggggggGGGggghhhhhhhhhh.

Por supuesto, el que le haya pillado un ascazo del copón no me impide ver su trascendencia; y tampoco acercarme a criaturas espurias como este Doraemon de mi amado Taiyô Matsumoto. Un one-shot que toma las premisas del original y las vuelve del revés; una reflexión curiosa sobre la infancia y la madurez que despierta preguntas y, como no podía ser de otra forma, singular como solo sabe ser este autor. Muy chulo.

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Me piro. Hasta primeros-mediados de julio no estaré de vuelta ni creo que pueda acceder a internet. Dejo el ordenador aquí, el móvil-patata lo apagaré porque WIFI, si no me equivoco, no habrá en cientos de kilómetros a la redonda. Y pasando mucho de buscar, que son V-A-C-A-C-I-O-N-E-S. Desconectar forma parte del concepto. Eso sí, he dejado varias entradas programadas para que se publiquen. Espero no haber metido el patón y que aparezcan. Sed buenos y escribidme aunque sean mini-comentarios, vengaaaaaaaaaaaaajoooooooooo, me hará mucha ilusión leerlos cuando regrese.

Un abrazote para todos.

manga vs anime

Manga vs. Anime: Dôkyûsei

Pues sí, una nueva edición de esta sección que tuve abandonada vilmente casi un año… y ahora en cuestión de menos de un mes, dos entradas. ¿No querían caldo? Pues hale, se atraganten ustedes. Sin embargo, tranquilos, el post va a ser cortito.

Llevaba tiempo esperando, desde que estrenaron su adaptación animada, a que un alma caritativa subiera Dôkyûsei con los subtítulos pertinentes. Dudo muchísimo que llegue a estrenarse en España (pero quién sabe); y mucho menos que se publique en BluRay, aunque en Estados Unidos sí que saldrá a la venta en septiembre al módico precio de 75 pavosMuy bien todo, ¿no? Servidora no es millonaria, pero desde siempre ha hecho sus pequeños gastos en libros, cómics, música, cine, etc. Lo que el bolsillo me ha permitido. La segunda mano también la frecuento bastante, pero 75 dólares por una película se sale por completo de mi presupuesto. Soy pobre, por lo que me seguiré conformando, de mil amores además, con los mangas que Tomodomo tuvo a bien editar bajo el nombre de En la misma clase.

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Isis, la Guardiana del Manga

No soy especialmente fan del yaoi, la verdad. El BL me ha dado siempre un poco igual, pero me sucede lo mismo con cualquier tipo de obra que tenga como tema principal el romance. Me cansan los tópicos que se repiten una y otra vez y suelo coger mucha manía siempre a un miembro de la pareja. El que sea. Con Dôkyûsei no me ocurrió. La primera sorprendida fui yo misma. ¿Por qué?

Pues porque Dôkyûsei tiene clichés a cascoporro, los clichés típicos encima del romance. Cuenta una historia rematadamente sencilla: chicos de temperamentos complementarios se conocen y, sin darse apenas cuenta, se enamoran. Como escribí por aquí hace ya un tiempo, un back to basics inteligente y bien conducido. Que no será el colmo de la originalidad, pero tampoco hace falta crear algo demasiado alambicado para narrar un excelente relato. Nakamura, con los ingredientes más simples, ha conseguido engendrar un cuento con eficacia y ternura sobre el manido paso de la adolescencia a la madurez, la sexualidad y el amor. Y eso es un mérito. También es un meritazo el haber trabajado el tema del rechazo social con honestidad y, a la vez, perspicacia. Porque no nos engañemos, la homosexualidad todavía genera gran cantidad de prejuicios. Eso siendo amable. Nakamura no se limita a contentar a la audiencia femenina ávida de idilios entre bishies de esqueleto lánguido. Uno de los defectos que le encuentro al yaoi, precisamente, es esa forma que tiene de desentenderse del contexto. Me refiero en general, porque existen tebeos y tebeos; pero la idealización absoluta, en ocasiones deformación, que se hace del amor es muy llamativa. También sucede en el mundo del shôjo o el josei, btw.

Pero estoy divagando. Lo que realmente quería declarar es que la autora no ha olvidado ese contexto. Y aunque no tiene por qué ser obligatorio el soplo reivindicativo, es de agradecer que Nakamura haya escrito Dôkyûsei con los pies algo en la tierra. Ojalá no fueran necesarias estas mini-labores pedagógicas, pero el mundo está como está.

Doukyuusei

Dôkyûsei tiene el argumento más viejo del mundo, pero también el que más gusta a la gente: el del primer amor. Hikaru Kusakabe y Rihito Sajô son dos mozalbetes que van a un instituto masculino. Nunca se han hablado, nunca se han fijado el uno en el otro, hasta que un día Kusakabe, que toca la guitarra en una banda, se percata de que Sajô finge cantar en la clase de música. Sajô, estudiante aplicado y de naturaleza reservada, no canta. Y eso despierta la curiosidad de Kusakabe. Así que, dejándose llevar por su impulsividad, le ofrece ayuda para poder llegar al día de la actuación del coro con la canción sabida. Pero lo que ninguno de los dos sabe es que, lentamente durante el tiempo que han ido ensayando solos, ha surgido algo más entre ellos.

Sajô es consciente de su orientación sexual y de los problemas que puede acarrearle. Ha aprendido a aislarse, ser discreto y abstraerse en sus estudios, donde destaca con brillantez. Pero sus compañeros ya saben que es uno de esos. Kusakabe nunca se planteó que pudieran gustarle los chicos y, a pesar de que le sorprende haberse enamorado de Sajô, lo acepta con naturalidad. Es directo, extrovertido y muy efusivo, pero honrado con sus sentimientos. Sajô piensa que es una etapa para Kusakabe, opinión que ve reforzada por el parecer del profesor Hara, un hombre de carácter atrabiliario que ofrece a ambos la perspectiva de su experiencia como gay en una sociedad que no lo acepta. Pero respecto a Kusakabe, tanto Hara como Sajô están equivocados. No es una fase. Además Kusakabe se ha dado cuenta de que Hara anda medio enamoriscado de Sajô; y eso espolea sus celos, haciendo que la relación avance y prospere.

De eso va esta obra, de las subidas y bajadas, de los malentendidos y alegrías de una relación amorosa entre adolescentes. Y también de la zozobra que se siente ante la inseguridad de un futuro juntos, con la universidad y una trayectoria profesional por delante. ¿Hasta dónde van a ser capaces de llegar? ¿Sacrificarían su relación por mantener esa falsa armonía de las aparienciasSotsugyôsei  y O.Bresponden un poco a esas preguntas, pero de ellos no voy a escribir. Tampoco de Sora to Hara, aunque os los recomiendo. Este último lo va a publicar en breves Tomodomo. Y no, no me pagan comisión ni nada parecido.

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Asumiko Nakamura ha estructurado el manga de manera muy clara y precisa, acorde a la simplicidad general que planea por todas sus páginas. El humor que ocasionalmente brota, es bastante ingenuo y contribuye a aligerar lo que podría haber sido un tebeo bastante más melancólico. Pero de esta forma, con un par de toques de humor, Dôkyûsei se muestra chispeante. No obstante, su arte es lo más peculiar. Nakamura es una de mis mangakas favoritas de este momento, pues se aleja de los aburriiiiiiidos diseños clásicos. Su estilo es vítreo, ondulante; y estira sus líneas hasta un horizonte de perspectivas grequianas. Es muy probable que ese manierismo tan suyo le resulte chocante a algunos lectores, pero merece la pena adentrarse en él. Es toda una experiencia.

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No tengo ninguna duda: gana el manga por mil. Y también estoy segura de que el mini-análisis que hago a continuación será una opinión impopular. Qué le vamos a hacer.

Hay una palabra en navarroaragonés que define muy bien lo que es esta película: esbafata. No tiene traducción al castellano, lo siento; ni tampoco en inglés, francés o alemán me viene un término adecuado, así que lo explicaré. Esbafar es que algo pierda su aroma, su fuerza de manera imperceptible, silenciosa, pero irremediable. Cuando se pierde la esencia, aunque el continente esté presente, es que se ha esbafato. Todos los elementos están ahí, además este anime es maravilloso a nivel visual. Ha sido un placer de verdad poder ver el dibujo de Nakamura en movimiento, su historia coloreada con ácidas y delicadas acuarelas; observar sus meticulosos detalles; disfrutar de ese elegante minimalismo que transmite tanto con tan poco. El film también ha aportado una riqueza a los escenarios que en el manga no había, ha respetado la historia  y, aunque haya omitido alguna cosa, Dôkyûsei formalmente está.

Pero Nakamura es una autora muy carnal, orgánica, que hace fuerte hincapié en el mundo sensorial. Ese latido erótico, casi lascivo, está muy presente. No solo en Dôkyûsei, sino en casi todas su obras. Y la película abusa de una idealización etérea que, aunque en el manga también aparece, copa el protagonismo dejando la sexualidad con escasa fuerza. El contacto físico, los planos detalle y muy cortos, expresan una intimidad que en la película prácticamente se ha evaporado.

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Es importante también resaltar que Nakamura es una autora de matices y pequeños detalles. Una señora minuciosa que con un ligero movimiento que le otorgue al dedo meñique de un personaje, puede estar explicando todo un universo. Y eso es algo muy complicado de trasladar a la animación. Lo que me lleva a una conclusión: no han sabido interpretar bien el lenguaje de Nakamura… pero es que no es una lengua fácil tampoco. Por supuesto, he echado en falta muchísimo la enorme traducción de Ana Mª Caro, que vertió tan estupendamente ese aire desenfadado y juvenil del manga. No es ninguna tontería, una traducción mediocre puede arruinar hasta la mejor de las obras; y una buena, engrandecerla todavía más.

La película ha seguido la disposición del manga, lo que a veces se hacía un poco raro ya que interrumpía el flujo natural de la historia. Tebeo y anime no deberían llevar un ritmo tan similar, el medio y lenguaje son distintos. Y más en un caso tan especial como el de esta mangaka. Aun así, ese orden y cadencia añaden su no poca particularidad, realzando el atractivo del slice of life.

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¿Entonces es Dôkyûsei un mal anime? En absoluto. Si uno se olvida por completo del tebeo, encontrará un lindo relato, quizá algo insípido, pero realizado con mucho cariño y elegancia. Me ha gustado aunque no haya encarnado del todo bien el espíritu del tebeo. No soy ninguna novata, sé perfectamente que por norma general el manga suele superar al anime. No esperaba que ocurriera lo contrario con Dôkyûsei; es más, ha resultado lo que barruntaba. Por eso tampoco ha sido una decepción. Y recomiendo que, si no se conoce la obra, primero se acuda a la película. Luego el manga se saboreará mejor y podrá continuarse con la historia además. Dôkyûsei se queda en una adaptación decente, pero que por sí sola no se termina de mantener.

A los fans del manga con toda seguridad les va a encantar. Yo soy fan y la he disfrutado, pero tampoco puedo engañarme. Me ha parecido insulsa, porque un argumento tan simple si pierde la magia, se convierte en algo incoloro. Lo dicho, una película bonita, pero esbafata.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

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Lecturas on fire!

No, no me estoy olvidando del anime a pesar de que esté destinando varias entradas seguidas al manga. Pero tengo que admitir que la lectura es una de mis actividades predilectas… por lo tanto siempre abundarán un poco más por estos lares que las entradas dedicadas a la animación. Un poquito solo.

Tengo ya burbujeando dentro del cráneo mi resumen de las series de esta temporada, que me vendrá muy bien volcarlo porque, aunque ha sido una estación algo raquítica, para mí no ha sido tranquila. Como pronosticaba, he abandonado series, a mi pesar en algunos casos; y comenzado de improviso otras a las órdenes de, como siempre, impulsos absurdos. Pero de todo ello ya hablaré en el próximo post.

Como este es un blog joven todavía, no había aún escrito sobre los mangas que mi magra economía me proporciona en lo que se refiere a novedades editoriales. Me he quedado con ganas de adquirir más, pero existen necesidades que son prioritarias sobre otras. Vamos, que comer y pagar el alquiler, por poner un par de ejemplos, van por delante. C’est la vie. Así que he tenido que discriminar.

Todos estos tebeos, menos uno, los he leído ya previamente por scanlations; pero como me gustaron tanto, quería tenerlos físicamente conmigo. No hay nada comparable a sostener en las manos un volumen, deslizar las páginas entre los dedos, disfrutar del aroma de la tinta y la celulosa, el aval de una traducción fidedigna y cuidada (aunque esto último no siempre suceda así)… en fin, que la experiencia no es la misma ni por asomo a leer de una pantalla y, cuando existe la posibilidad, procuro aprovecharla. Sobre todo teniendo en cuenta además que una buena cantidad de los mangas que me entusiasman ni siquiera se licencian fuera de Japón (algunos ni se terminan de traducir por internet, véanse mis amores frustados) así que, cuando ese milagro sucede, me lanzo cual chacal con hidrofobia sobre ellos (contando antes bien los leuros, paaayo).

Utsubora

ウツボラ

2008-2012

Asumiko Nakamura no es una desconocida en esta bitácora y, como en otra ocasión comenté, la conocí sobre todo por obras de orientación BL. Pero Utsubora no es yaoi, es una historia que me recuerda, en cierta manera, a la novela negra. No he tenido la oportunidad de leerla antes, para mí es completa novedad, sin embargo el argumento me atrajo inmediatamente. Por descontado, todo lo que tenga que ver con esta mujer siempre es interesante.

He de decir que la edición de Milky Way es preciosa, sobre todo por el acabado aterciopelado de la cubierta, que evoca perfectamente la sensualidad grácil que planea por todo el manga. Bueno, por todo el manga no lo sé, van a ser 2 tomos en total y de momento solo hay publicado uno… a la espera estoy.

utsubora

El guión es oscuro, y parte del suicidio inexplicable de una joven vinculada a un famoso escritor, que se encuentra en su cúspide creativa gracias a la novela que está publicando: Utsubora. Todo se acaba de complicar cuando hace acto de presencia la aparente hermana gemela de la fallecida, desconcertando a la policía y al escritor. Nada es lo que parece. La trama se va enrareciendo y Asumiko Nakamura introduce otras variables: plagio, asesinato, obsesiones personales. Como buena historia inspirada en el hard-boiled, la protagonista femenina es una auténtica mujer fatal, enigmática, distante, casi fantasmagórica; y los personajes secundarios, muy bien bosquejados, resultan imprescindibles para componer un misterio de aire casi sobrenatural. Este manga explora los límites de la realidad, pone a prueba la elasticidad de la psique humana hasta que se quiebra. Y qué decir del arte… es espléndido, como siempre lo es con esta señora; barroco y, a la vez, de una languidez elegante. A mí personalmente me evoca el Art Nouveau y, sobre todo, al artista inglés Aubrey Beardsley, tanto por el estilo como por la atmósfera fatalista y erótica.

Muy pendiente estoy de la publicación del segundo volumen y conclusión de este tebeo. Espero que no me decepcione.

Ao Haru Ride

アオハライド

2011-2015

Escribir sobre este manga creo que es un poco redundante ya, porque se ha ganado con toda justicia ser considerado un clásico del shoujo actual. Para mí es compra obligatoria y se agradece que Ivrea se decidiera a publicarlo haciendo caso al clamor popular. La edición publicada es más que correcta, con un bonito detalle de brillantina (¡viva el glam! 😛 ) en las letras del título de la cubierta. Lo que no sé es qué pensar de la traducción. Como no lo he leído en el original japonés (mis nociones de este idioma se reducen a balbucear en plan incoherente y pegarme un día completo descifrando un par de líneas) sino en inglés, he notado ciertas diferencias. La versión española es menos rica, da menos detalles que la inglesa pero, como digo, mi japonés es de mongolismo profundo y desconozco qué es lo que ha sucedido. Con toda probabilidad sean manías mías, ya que por lo que me ha tocado (latín, griego, árabe clásico), las labores de traducción me las tomo siempre muy en serio, soy enfermizamente meticulosa, por eso me fijo mucho en general. De todas formas, es un primer volumen solamente el que ha caído en mis manos, a la espera de que me llegue el segundo estoy. Veremos qué va ocurriendo al respecto.

Ao.Haru.Ride1

Dôkyûsei & Sotsugyôsei

同級生 – 卒業生

2006-2009

Tengo muchísimas ganas de ver el anime que está previsto se estrene en los próximos meses sobre estos dos mozuelos. Me sorprendió muchísimo este anuncio y la curiosidad me carcome… porque transportar a animación el estilo de Asumiko Nakamura (sí, de nuevo ella) es un reto de los gordos. Es A-1 Pictures, así que tengo esperanzas fundadas en que lo harán genial (está a la dirección artística Chieko Nakamura) y el trailer tiene una pinta excelente.

Como Jane me sugirió hace ya unas semanas, me he hecho con los dos volúmenes que Tomodomo ha publicado por ahora en España. Falta un tercero, porque en realidad Sotsugyôsei es una secuela de dos tankôbon del inicial tomo único Dôkyûsei. Leí estas historias (y su spin-off Sora to Hara y secuela O.B.) hace ya un tiempo vía scanlations; y que una pequeña editorial española se arriesgara a sacar adelante estas obras me alegró bastante. La edición de estos mangas está siendo puro amor, se nota que en Tomodomo son fans, y fans con criterio. Espero de corazón que con la llegada de la serie animada sus ventas aumenten; están poniendo mucho cariño y esmero en sus «hijos» editoriales. Y si las cosas les van bien, que se atrevan a continuar con Sora to Hara (me encantó, pero es que a mí el sensei siempre me cayó muy bien) y O.B.  YO NO QUIERO HACER PRESIÓN.

Todo es de una simplicidad tierna en esta obra. Un back to basics vibrante y emotivo. La historia es un slice of life que evoluciona con naturalidad: vida escolar y dos adolescentes de personalidades complementarias enamorados. No hay mucho más que decir, porque la autora maneja esos elementos primordiales sin complicaciones. El arte es también sencillo, de líneas puras y con un manierismo muy peculiar. Nakamura es versátil como ella sola, su dibujo en este manga es de una plasticidad bellísima.

En-la-misma-clase-2

Tengo unos vecinos bastante cabrones (me abren el buzón y desperdigan mi correo entre el principal y el entresuelo cuando les da el sirocazo), así que llevo unos días con algo de estrés, porque estoy pendiente de la llegada de otros libros, mangas (14-sai no Koi, el segundo de Aoha Ride…) e historias varias para la guitarra. Antes ponía la dirección de mi madre, pero es un engorro porque PASO olímpicamente de tener que moverme tropecientos kilómetros para buscar mis putos pedidos. A los chicos de artes gráficas del tercero también los llevan por la calle de la amargura; yo creo que es la australiana del primero, que está como unas putas maracas y es una alparcera de cuidado. Para mi cumpleaños espero poder tener ya en mi poder Shigatsu wa Kimi no Uso y el segundo de Utsubora (no sé si es mucho pedir) pero en fin, que no os voy a contar mi vida.

Buenas noches.