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Entomología social con el maestro Tezuka

Le estoy cogiendo gusto. Y mucho. A pesar de que son entradas muy poco populares. Pero no puedo evitarlo.

Me refiero a escribir sobre mangas clásicos. No creo que me dure el arrebato tanto como para hacer una sección (soy así de voluble, qué le voy a hacer). No obstante, tras haber logrado acabar la maravilla de Utsubora después de que Milky Way haya tardado lo que me han parecido siglos en enviármela, El libro de los insectos humanos (1970) de Osamu Tezuka se ha aparecido en mi mente como un fantasma. ¿Por qué? Pues porque es evidente que Asumiko Nakamura ha encontrado inspiración en él (y en Ayako, btw). Las influencias son inevitables, necesarias también; y en el caso de Utsubora, aunque perceptibles, han servido para concebir una obra muy distinta.

Pero no voy a dar la tabarra con el manga de Nakamura, sino con el de Tezuka. Hace un par de años Astiberri tuvo el buen tino de publicarlo en España, por lo que pude hacerme con él. Y todavía no me he arrepentido de soltar los veintipico pavos que costó. El libro de los insectos humanos o Ningen Konchûki es un manga espléndido; muy representativo de esa faceta oscura de Tezuka, rendida al gekiga, y que es complicado defraude.

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A estas alturas creo que no es necesario que presente a Osamu Tezuka, ¿verdad? Si resulta ser así y eres seguidor del manganime, tienes un serio problema… muy fácil de solventar, de todas formas.

Este Libro de los insectos humanos no tiene nada que ver con sus obras iniciales, dirigidas a un público infantil o adolescente. Ante todo, se trata de una historia adulta y MUY explícita tanto en lo sexual como en la violencia física/psicológica que expresa. Quedáis avisados. El manga está estructurado en cuatro capítulos: La cigarra de primavera, El pulgón, El coleóptero y El grillo. Las transmutaciones de su protagonista. Todos muy elocuentes, sobre todo si se conocen los hábitos más característicos de estos bichitos, a los que debía ser afecto Tezuka.

Esta obra se podría describir como las andaduras de una cabronaza. Porque trata, sobre todo, de la trayectoria gloriosa y vil de Toshiko Tomura, una mujer joven que ha logrado lo increíble en un tiempo récord: ser una actriz de renombre, recibir reconocimiento internacional al hacerse con el premio anual de la Academia de Diseño de Nueva York y, finalmente, ganar el premio Akutagawa con su primera novela, El Libro de los Insectos humanos. Una verdadera proeza esta la de destacar de forma tan apabullante en tan diferentes disciplinas. La burguesía y élite intelectual nipona se encuentran arrobadas ante tal portento. Aunque no es oro todo lo que reluce, y el suicidio de una joven escritora novel, Kageri Usuba, antigua compañera de piso de Toshiko, despierta las sospechas de un periodista sensacionalista. Pero esto solo es el principio…

insects2El personaje de Toshiko, que no es muy difícil deducir que está basado en la figura de la escritora Toshiko Tamura (1884-1945), trasciende la noción tradicional de la femme fatale. Va mucho más allá, la supera con creces. Esta creación de Tezuka es realmente perversa y, lo que es peor, completamente creíble. Toshiko es un parásito que absorbe, metaboliza y destruye a sus presas. Su gran virtud es hacerlo de una manera tan perfecta que muy pocos conocen su secreto; y los que lo descubren, suelen acabar tan mal como sus víctimas. Es una artista del mimetismo, de la mentira; y muy inteligente además. Da miedo. Pero aunque ella es la protagonista, Ningen Konchûki se asienta en una galería de personajes muy interesante y heterogénea, la mayoría de ellos hombres. Tezuka traza un retrato concienzudo y despiadado de la sociedad japonesa de la época; una época donde todavía no se ha superado el fuerte golpe a su identidad nacional tras la II Guerra Mundial, que va a la deriva y se refugia en la asimilación de la cultura vencedora, la estadounidense, hasta incluso superarla. Se podría decir que El libro de los insectos humanos es una alegoría cruel pero realista, de lo que sucedió en Japón durante varias décadas. Así que tampoco es sorprendente hallar una tremenda misoginia en esta obra; no porque Tezuka fuera misógino, es que el país lo era. Pero existen muchas mas metáforas en este manga, la misma animalización de los personajes, equiparándolos a insectos, deja muy clara la disposición de Tezuka hacia su propia patria. Es una crítica mordaz y con cierto desprecio también.

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Y todo esto lo hace a través de un thriller psicológico en toda regla. Una historia que nos obliga a presenciar actos de crueldad y maldad absolutas; también observar las debilidades y la complejidad de la psique humana. La hipocresía social y la ferocidad dirigida hacia el débil. Aunque no lo parezca, esta obra es muy accesible y atrapa inmediatamente, porque Tezuka sabe desarrollar el argumento con mucha naturalidad. Logra incluso que no odies a Toshiko, aunque se trate de una mala persona. Uno puede llegar incluso a admirar esa capacidad de metamorfosis continua que posee esta mujer; surge una curiosidad morbosa por saber hasta dónde es capaz de llegar, dónde se encuentran sus límites. Y en su periplo, esta sociópata se topa con otros personajes que no son, ni mucho menos, mejores que ella.

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Aunque no os lo creáis, Toshiko también tiene su corazoncito… pero eso es algo que debéis descubrir por vosotros mismos leyendo el manga. Paso de profundizar más en el tema porque, tal como está concebido al más puro estilo cine noir, sería una enorme putada contaros más del argumento. Y eso que internet está a rebosar de reseñas con spoilers, pero yo no me uniré a ellos, no voy a cometer ese error garrafal. Ya que hablamos de cine, es evidente su influjo, lo primero que me viene a la cabeza a bote pronto es Psycho (1960), pero hay más. Y mejor no hablamos de Disney y los cómics occidentales, algunas viñetas en este El Libro de los insectos humanos son auténticos homenajes a Eisner o a Fantasia (1940). El simbolismo además que utiliza Tezuka es muy reconocible, a veces brutal, pero otras sutil y delicado. El arte aquí es el propio del autor, muy característico, y brinda concesiones a la cultura popular norteamericana como el jazz o la psicodelia. Limpieza, claridad, pero también tinieblas y manchurrones de tinta en un alarde de emotividad magistral. Es versátil y sorprendente, no se podía esperar menos de Manga no Kamisama.

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El libro de los insectos humanos no es un manga para todos los públicos. Contiene mucho dolor y, a pesar de ser formalmente asequible, es de un salvajismo alucinante. Eso sí, muy entretenido y se lee del tirón. ¿Lo recomiendo? ¡Demonios, claro que sí! Es un clásico, una de las mejores obras de Tezuka, pionera en muchos aspectos. Pero como casi siempre advierto en obras con ciertos añitos, no hay que perder de vista jamás en qué época fue escrito y nunca juzgarlo desde una perspectiva contemporánea.