mierder, paja mental

Animierder otoño 2015 semana ocho. END

Y llegamos a la conclusión de esta serie. No he visto el final todavía, me voy a poner a ello en unos minutos y, a pesar de mis deseos de bizarrismo, tampoco tengo demasiadas esperanzas puestas porque ha sido un anime bastante irregular. Me ha hecho reír y llorar, pero lo que pensaba que en inicio iba a ser un producto para adolescentes hiperhormonadas, fue virando a una parodia correcta, con momentos brillantes y otros no tanto.

Dance with devils, ¿qué me cuentas en este tu último día? ¡Desembucha tus secretos!

CAPÍTULO DOCE

¡Que le ha pegado un candelabrazo! ¡Tubérculo-hime ha cascado al papá de Lindo con un candelabro! JOJOJO Es lo mejor que ha hecho en toda la serie, pero no nos emocionemos. No nos emocionemos porque, aunque el episodio ha tenido detalles estupendos como la muerte (ortopédica) del rococó-moderner empalado tras caer al vacío; el surtidor de sangre en el que se ha convertido el proxeneta cuando lo ha intentado matar su propio hijo o las asfixias florales; en general ha sido, además de un despropósito donde no han explicado ni un mínimo según qué cosas, una cosita predecible y vergonzosamente cursi. Que sí, que es una parodia, pero que traten al espectador de tontolaba no está nada bien. ¿Decepción? Nah, en cierta manera lo barruntaba, así que la entrada de hoy la llenaré de instantáneas únicamente con esos momentos gloriosos que ha tenido. Escasos, pero ahí están.

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¡Morid, malditos!

No tengo mucho que decir en realidad, porque lo poco que ha sucedido o se sospechaba desde hacía tiempo (sí, la patatita ha comenzado a fosforescer y echar rayos por todos sus orificios) o ha resultado de un aburrido bastante patético. Oh, qué enorme sorpresa que el proxeneta tiente a su hijito con el señuelo de la familia feliz. Oh, qué malote (más bien planote) es el proxeneta (admito que me ha gustado cuando reía tipo MUAHAHAHA), no hay nadie más egomaníaco e ignominioso en el multiverso. Oh, qué conmoción que la patatita mate al proxeneta con la daga de la rubia muerta en un arrebato místico. Oh, qué asombro que se declaren, finalmente, ese par de gaznápiros su mutuo amor. Oh, qué inesperado que Tubérculo-hime elija vivir como humana y deseche al rubiales pijo. Con lo chuli que habría terminado todo si hubieran partido los dos al puto Infierno… Pero no. Ella prefiere quedarse con su mamá y primo y llevar una existencia de almeja o zamburiña (lo sé, no es una chica muy lista).
Su madre. Yo tendría un par de preguntas que hacerle sobre cómo y por qué cojones se lo montó, nada más y nada menos, que con un rey demonio. Solo para entrar en calor.
Su primo. Acaba friendzoneado (normal) pero el tío es pertinaz (en realidad un enfermo) y en la tonadilla deja claro que siempre estará vigilándola, con adoración, desde las sombras. Miedo. MUCHO. ¡¡Chaval, que es tu prima hermana, imagina un momentito vuestra descendencia!!

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El rococó-moderner feneciendo al estilo Vlad Tepes

Los vampiros, en general, han sido ligeramente (mucho) inútiles. Se lo podrían haber currado un poquito más, sacarles más jugo, pero en toda la serie han sido unos peleles ausentes. Y cobardes, cómo corren los jodidos cuando cambian las tornas. ¿Y el Ojo-maligno-tras-la-cortina? ¿Y Lord Maksis queda al final en un amago to be continued? Menudo bluff.

Resumiendo, ha sido un episodio final donde temas importantes han quedado sin solucionar o finiquitados de manera chapucera. Incluso si hubiera planeada una segunda temporada, esta conclusión continuaría siendo pelín lamentable. En general, Dance with devils ha sido desaprovechada.

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Tubérculo-hime en su único momento triunfal en 12 episodios

Casi todo lo divertido ha tenido lugar en la primera parte, porque conforme avanzaba hacia el final, el temita ha degenerado hasta ponerse en plan chute de insulina.

La cancioncilla y su parafernalia han sido realmente detestables. A los pocos segundos me he visto obligada a usar la doble velocidad. A la orilla de un lago, con estrellas fugaces, luciérnagas, cogiéndose las manitas… y Lindo stalkeando. Ahí el único que se ha despedido de Tubérculo-hime con un poco de dignidad ha sido Peluchón. Ay, mi Peluchón.

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Aunque no se perciba, ahí el angelito morboso está moviendo dos mechones de pelo como si fueran unas orejitas ♥ Cuernecitos kawaii

Lamentándolo mucho, no me retracto de mi elección al incluir este anime en los Meh Ones del 2015. En estas últimas tres semanas ya he ido haciendo pequeñas valoraciones sobre Dance with devils, así que ya tenéis una idea aproximada de la opinión que me he ido formando. He mantenido la fe hasta el final, porque creo honestamente que la serie lo merecía; solo ya por esos instantes de bizarrez suprema que nos ha suministrado en pequeñas dosis. Cierto que la intuición y la razón me indicaban que un desenlace mediocre era el más probable, eso es verdad.

¿Habrá segunda temporada? Ni idea. Con una conclusión de este pelaje, han dejado las puertas bien abiertas. Porsiaca. Imagino que dependerá de las ventas generales, porque este anime, os recuerdo, está vinculado a un manga y un juego de la Play también. ¿La veré si la lanzan? No, gracias, una y no más, Santo Tomás. Los únicos personajes por los que he sentido cierto aprecio han sido Peluchón y el angelito sadomasoquista. El resto, sobre todo la pareja, me han parecido tristes. Y tediosos. Ganas de reencontrarme con ellos en un futuro no hay muchas.

Me voy a la cama, creo que mis retinas van a sufrir una combustión después de tantas horas delante de una pantalla. Vacaciones de Navidad. JA.

Buenas noches, buenos días, buenas tardes.

 

 

 

mierder, paja mental

Animierder Otoño 2015 semana tres

Capítulo séptimo y, para qué negarlo, con ganas de verlo un montón. ¿Me defraudará? Lo único que deseo, como ya comenté la semana pasada, es bizarrismo a mil y que el argumento me sorprenda un mínimo; quiero rollo rocambolesco de folletín. Resumiendo: diversión. A la saco de patatas (idiotaidiotaidiotaidiota) no se le puede pedir mucho más. Y como ya comenté en el segundo capítulo, no encaja mal con el tono de parodia que tiene la serie. Pero si mis deseos de asfixiar a Yamato eran bastante intensos, ni os cuento lo que me tengo que refrenar con esta pájara. Es lo que hay. El resto de personajes, como ya hemos ido viendo, son clichés más o menos desafortunados, a los que espero sepan exprimir en aras de la extravagancia, el disparate y la ridiculez. Dance with devils tiene que cumplir su función, que es hacernos morir de la vergüenza ajena. Nada de medias tintas. Y quiero más protagonismo para Peluchón. Hoy, muy amablemente, Jane me ha obsequiado por tuiterj con una preciosa foto de mi amado pomerania. ¡Gracias! 

Y eso, que me pongo a verlo. Regreso en un rato.

Capítulo siete

Aviso: está infestado de spoilers. Por todos sitios.

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La estrella de hoy será Peluchón

Pas de deux de fantasía e inocencia. Toma titulaco de episodio (me recuerda a mis tiempos de tortura en ballet). En realidad todos han sido de traca, refiriéndose a distintas danzas. Repasemos: Tango de pasión y seducción, Bolero de soledad y melancolía, Jitterbug de dudas y secretos, Breakdance de arrogancia e ímpetu (diosmíodiosmíodiosmío), Farandola de recuerdos y laberintosMuy estupendos.

Pero es lo de menos en este capítulo… LO DE MENOS, amiguitos. Por fin, empezamos a atisbar quién se encuentra detrás en realidad, al menos por la parte demoníaca, de la búsqueda del grimorio. El papá del rubiales (un ojo maligno detrás de una cortina, no es broma) le está apretando las clavijas por su falta de eficacia, y comienza a sospechar que algo no va bien… Nosotros ya lo sabemos: está enamorándose de la saco de patatas.  Aunque lo que realmente importa hoy es, como muy sagazmente Jane comentó por aquí, que el peliazul es Peluchón. Resulta ser, nada más y nada menos, que Cerbero. Toma ya. Me he hecho pipí encima del gusto.

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Peluchones cantando febrilmente

 

Por supuesto, es el protagonista del episodio de hoy, con un número musical inenarrable. Orfeón perruno y órganos de iglesia incluidos. Ha tenido hasta sus instantes emotivos: Peluchón vagando en la soledad de la noche, Peluchón aullando a la luna, Peluchón tentando a la saco de patatas con un pacto que libre a sus seres queridos del sufrimiento. Y con su simbolismo y todo, muy requetebiénPeluchón es malvado, como tiene que ser; un leal subalterno del demonio Lord Maksis. ¿Quién es ese? Ni idea, pero no parece el Ojo-maligno-tras-la-cortina. Peluchón se sirve de su apariencia irresistiblemente kawaii para, en el supermercado (concretamente en la sección de pinturas en aerosol y peluches) atraerla a su dimensión y hacerle una revelación que nadie sospechaba: ella es el grimorio. Ahora se entiende el Portal de Belén, el aroma a santidad que exhala y que, como es algo retarded, nadie le haya explicado un carajo ni tampoco la hayan preparado un mínimo para esta pequeña eventualidad. Lo oportuno, sin duda, es contarle todo el día anterior a la explosión grimorial de su organismo, porque cagada de miedo y con su C.I. subterráneo, lo asimilará mucho mejor. Lógico.

Este ha sido el episodio que más me ha gustado de todos hasta el momento. El argumento se ha desarrollado, como siempre, con multitud de agujeros y sinsentidos. Y, de nuevo, nos ha brindado información interesante. ¡La serie está arrancando definitivamente, señores! Información sobre que el grimorio abrirá las puertas del Gehena; que quien lo posea, dominará el mundo. Y el bando de los demonios parece estar disgregado, pero era algo que ya se intuía. El liderazgo del rubiales es más de palabra; y su padre, el Ojo-maligno-tras-la-cortina, lo tiene atado muy corto. ¿Podrán más los sentimientos que alberga su corazón de demonio que la lealtad a su familia, raza y ambiciones? Unos sentimientos que todavía no quiere reconocer, pero que a pesar de su personalidad de hormigón armado, casi todos ven.

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Peluchón vigila en las sombras…

¿Y qué podemos decir del lindo exorcista? De nuevo, hemos visto su naturaleza oculta de… ¿vampiro, parece? Ese combate, o tendría que decir luxación anómala, que ha mantenido con el rubiales, es el preludio del drama y la tragedia. No es que se huela, apesta. Y espero que sea lo convenientemente exagerada y bizarra para dejarme bien satisfecha.  Quiero muchas lágrimas, sangre y amores desgarrados. Y traiciones.

El resto del elenco demoníaco no ha hecho nada de particular. Bueno, ha hecho el gañán con la rubiarecibeplantones, todo por competir y tocarse las narices entre ellos. Lo del látigo me ha gustado, completamente mongólico. Un 10. Y respecto al otro bando principal, los vampiros, seguimos sin saber más, y eso ya mosquea. Está algo descompensada la cosa, y ya es hora de que vayan explicando ciertos temas.

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¡Mátala, Peluchón!

Este séptimo episodio me ha encantado. Ya no solo porque Peluchón ha tenido un papel estelar, sino porque el nivel de bizarrismo va aumentando y divierte, divierte mucho. Subsana con creces sus carencias, que sospecho en parte son deliberadas (tienen que serlo, joder). Pero sí, es verdad, la saco de patatas es como unos hongos en los pies, a pesar de que hoy se ha comportado medio normal. Es una de las cosas de Dance with devils que estoy llevando peor… ains. La semana que viene, más.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.