2017: un siglo de anime, anime, cortometrajes, literatura

Fuyu no Hi: días de invierno

Fuyu no Hi (2003) es el broche de oro para finalizar en SOnC la celebración de los 100 años de anime en este 2017. Pensaba que no iba a tener tiempo de realizarla, pero aquí la tenéis, convenientemente programada junto a las tres siguientes entradas. Así que si por casualidad os topáis con ella, permaneced atentos porque las posteriores no aparecerán anunciadas en las redes sociales. Como bien deduciréis, me encuentro fuera durante estos días y la desconexión será casi total. La Navidad es una época difícil para mí, aunque una vez pase estaré con vosotros de nuevo con normalidad. Y contestaré los comentarios pendientes, que son unos cuantos. Mientras tanto, los que estéis suscritos vía correo electrónico no notaréis ninguna diferencia.

Días de invierno o Fuyu no Hi es un anime bastante especial, y que nos va a servir para cerrar la sección 2017: un siglo de anime de una forma perfecta. Se trata de una obra coral coordinada por mi querido Kihachirô Kawamoto e inspirada en el renga. El renga es un género literario japonés en el que diversos autores colaboran escribiendo poemas encadenados. Es de origen bastante antiguo y en uno de sus estilos, el haikai, una forma más accesible aunque no menos espiritual del renga, se especializó el poeta Matsuo Bashô (1644-1694). De hecho, consagró su vida a dignificar y perfeccionar el haikai no renga, convirtiéndose a su vez en una de las figuras literarias más importantes del periodo Edo. Es considerado el más grande maestro del hokku (haiku) de la historia, un creador indispensable de la literatura nipona.

Basho_by_Hokusai
Bashô según Katsushika Hokusai

Sin embargo, donde realmente brilló, y esto reconocido por él mismo, fue en el renga; y en uno de ellos, Fuyu no Hi (1684), se basó Kawamoto para organizar su propio haikai audiovisual. Días de invierno nació a finales del s. XVII en Nagoya, durante uno de los viajes de Bashô. El poeta era todo un trotamundos, siempre buscaba inspiración en las zonas más remotas de Japón. Allí fue invitado por el grupo de literatos de la ciudad a componer poesía, y de esa forma vio la luz la primera antología importante de haikai de Bashô. Los poetas que trabajaron con Bashô, salvo por Kakei, líder de la comunidad literaria de Nagoya y médico de extracto samurai, eran todos jóvenes comerciantes de posición acomodada. Sus nombres: Kakei, Tokoku, Yasui, Jûgo y Shôhei.

Tomando los poemas de Fuyu no Hi como base, un total de 36 animadores crearon un cadáver exquisito de cortometrajes que se llevó el Gran Premio del Festival de Arte de Japón en 2003. Durante 39 minutos, creadores tanto japoneses como de otros países pusieron su talento al servicio del gran Bashô. Y el resultado fue muy, muy heterogéneo. Kawamoto no dudo en acudir para este proyecto a artistas con influencias, estilos y maneras de trabajar muy diferentes; sin prestar atención a su nacionalidad o sexo. Simplemente eligió a los que consideró, según su criterio, animadores con talento.

Y es lo que tenemos en Fuyu no Hi, un batiburrillo sorprendente donde la animación tradicional, el stop-motion, la rotoscopia, el cut-out, la animación flash o el CGI van sucediéndose sin pausa. Salvo el primero de todos, realizado por el grandísimo Yuri Norshtéin, todos los cortos duran entre cuarenta y sesenta segundos. Kawamoto, como el director de tamaña orquesta, colaboró con dos.

La poesía japonesa posee en su naturaleza simple y elegante una poderosa simiente visual que la hace muy apropiada para el lenguaje cinematográfico. Esa clara afinidad ha sido aprovechada desde casi los inicios del séptimo arte, y la animación no ha sido una excepción. Este proyecto de Kawamoto no fue en ese aspecto pionero, no obstante el reunir bajo el paraguas de Bashô a tan excelentes artistas y ensamblar sus diversas contribuciones sí que supuso una novedad realmente atractiva.

La compilación se inicia con Yuri Norshtéin y el kyôku de Bashô que abre el Fuyu no Hi. Una especie de saludo de tinte cómico donde el poeta se compara con Chikusai, un personaje popular de las novelas cortas o kana-zôshi de la época, un anti-héroe vagabundo que se gana la vida como curandero. Y el listón lo pone muy alto, de hecho algunos de los artistas no consiguen estar a la altura de semejante declaración de principios. Posiblemente los que más flaquean son los que toman la senda informática, y los mejores parados, con diferencia, los que se inclinan por una animación analógica y tradicional.

Como ya comentábamos, Fuyu no Hi es tremendamente diverso en temáticas y estilos, cada animador posee un carácter propio y diferenciado; y a esto hay que unirle la visión occidental, que siempre aportará su peculiar idiosincrasia a una obra literaria tan, tan japonesa. Yuri Norshtéin (Rusia), Raoul Servais (Bélgica), Jacques Drouin (Canadá), Aleksandr Petrov (Rusia), Co Hoedeman (Holanda), Bai-rong Wong (China), Mark Baker (Reino Unido) y Bretislav Pojar (República Checa) son los artistas extranjeros que brindarán su particular perspectiva.

De los 36 que conforman este ómnibus, he seleccionado mis 10 favoritos para comentarlos brevemente. Mis favoritos, repito, por lo que puede haber otros cortos  igual de excelentes que probablemente te gusten. Como observaréis, de mi selección ninguno recurre a los artificios de la informática porque, como ya he comentado un poquito más arriba, son los más flojos de la antología. De hecho hay tres o cuatro que son verdaderamente cutres, no entiendo cómo se colaron en Fuyu no Hi, porque su calidad cochambrosa es notoria. Pero ya se sabe que nada es perfecto, qué le vamos a hacer. Aun así, es obligatorio señalar que la música del compositor Shinichirô Ikebe es magnífica, uno de los puntos fuertes de Días de Invierno sin duda.


 

Raoul Servais (1928, Ostende) es una leyenda viva de las artes, trabajó con René Magritte o Paul Delvaux; y siempre ha sido una mente inquieta. Su contribución a Fuyu no Hi tiene un algo de su Harpya (1979), y mientras el poema de Yasui y Bashô habla sobre un monje, posiblemente enamorado, que decide huir de sus votos y afecto (la garza es un pájaro tímido) a una casa entre arrozales, Servais decide otorgarle un contundente ánimo surrealista y opresivo. Hace hincapié en el veneno de la mente, que enmaraña y oscurece el amor cuando la soledad crece. Delicioso.

 

No he encontrado mucha información sobre Noriko Morita, la animadora encargada de este segmento; y me apena porque es uno de mis preferidos por su audacia y dinamismo. Expresa muy bien el sentido del poema de Jûgo,  que transforma el anterior de Yasui y Bashô en la tristeza y amargura de una mujer a la que, mediante engaños, han arrebatado su hijo recién nacido. Destacar que el amor tanto en el monje como en la mujer provoca algún tipo de vergüenza, empujándolos al aislamiento.

 

Sobre Reiko Okuyama escribí aquí hace un par de semanas, una de las figuras femeninas más importantes del anime y que hizo historia con su lucha por los derechos laborales de las mujeres en Japón. Toda una heroína en el campo de la animación como en el del sindicalismo. En Fuyu no Hi aparece junto a su marido, el también importante animador Yôichi Kotabe, junto al que colaboró durante toda su vida. Alejándose de las vertientes comerciales donde hizo la mayoría de su carrera, en este corto plasma la tristeza de la madre que acaba de perder a su hijo pero porque ha fallecido, enfatizando la noción budista de la impermanencia (mujô) y la ilusoria naturaleza de la vida.

 

Aleksandr Petrov (1957, Prechistoye) es el maestro mundial de la pintura sobre cristal, una especialidad de la animación muy rara, bellísima y bastante complicada de realizar. Sobre él escribí un poco aquí y si no lo conocéis, deberíais hacerlo lo antes posible porque su obra es completamente extraordinaria. En Fuyu no Hi hace gala de su habitual y sorprendente destreza con la triste poesía original de Tokoku, donde el abandono y la pobreza son los protagonistas. Sin embargo, Petrov decide quitarle algo de dureza mediante la figura de un niño vagabundo, que valientemente se enfrenta a una gigantesca sombra.

 

Seiichi Hayashi (1945, Manchuria) es una de mis debilidades en el mundo del animanga. Uno de mis mangaka preferidos. Period. Creo que su trabajo no es lo bastante reconocido, y que debería tener más divulgación, porque lo merece. Sin embargo, su segmento para este Días de Invierno no impresiona demasiado. La animación es muy normalita, pero sigue siendo él, con sus maravillosos diseños y especial sensibilidad. Además un gato tiene cierto protagonismo. Hayashi ha sabido adaptar con sencillez un poema que habla del oriiru o retiro de la corte imperial de una dama de la era Heian, que ha ido a vivir a un barrio lleno de gente chismosa. Y se aburre muchísimo en ese ambiente.

 

Azuru Isshiki (Tokio) es una animadora independiente que comenzó su andadura en Toei Animation Co. Ha escrito un libro sobre técnicas de animación y trabajado a lo largo de los años en diversos proyectos que han sido galardonados con varios premios. Actualmente forma parte del grupo creativo G9+1, en el que está desarrollando su carrera. Este corto suyo me ha gustado mucho por su frescura, con un dibujo de línea clara e ingenua, que contrasta con el de la mayoría de sus colegas, mucho más alambicado. Isshiki opta por la simplicidad del trazo inspirado en los tebeos, y funciona bien. En este poema la dama de la corte se ha hecho monja, y en el barrio recuerda con nostalgia los cerezos en flor del Palacio Imperial.

 

Mark Baker (1959, Londres) es conocido actualmente sobre todo por Peppa Pig, pero sus trabajos abarcan muchas e interesantes obras que han llegado a estar nominadas incluso para los Oscars. Su estilo de apariencia infantil esconde en realidad gran sofisticación. Y haciendo honor a su método luminoso y sencillo, su segmento resulta ser uno de los más claros de la antología, que no necesita interpretación alguna. Una adaptación elemental y directa de una poesía que podría haber seguido derroteros bastante más oscuros.

 

Reiko Yokosuka (Hitachinaka) es la responsable de uno de los cortos que más me gustan de este Fuyu no Hi. Heredera de la tradición del sumi-e o pintura monocromática en tinta, en Días de Invierno hace del minimalismo un prodigio difícil de superar. De una manera diáfana queda reflejado su amor por la naturaleza, y la sutilidad de su trazo sobre el papel washi evoca los espíritus del shintô en su forma más pura. Esta mujer es maravillosa, y lamento profundamente que su obra no tenga más reconocimiento y difusión,  porque además sus cortos son bastante complicados de localizar. ¿He dicho que es fan de Môto Hagio y Ryôko Yamagishi? Pues lo es. Encima tiene un gusto soberbio para los mangas. Ains.

 

Creo que Isao Takahata (1935, Ise) no necesita ningún tipo de presentación. Su contribución a Fuyu no Hi es una de las más interesantes, integrando un curioso sentido del humor suavemente escatológico en su segmento; donde lo sagrado y lo profano, lo puro y lo impuro se entremezclan como en la vida misma. Comienza muy solemne, recreándose en la tradición pictórica japonesa más clásica; sin embargo, esa ceremonia y gravedad pronto se verán doblegadas por la imperiosa llamada de la naturaleza. Muy divertido.

 

Sobre Fusako Yusaki (1937, Fukuoka) también escribí en la entrada dedicada a animadoras japonesas (enlace aquí) y no podía faltar entre mis favoritos de Fuyu no Hi porque esta señora siempre sorprende con su habilidad y enorme imaginación. Inspirándose en las obras de Giorgio de Chirico (1888-1978), ofrece un corto pleno de luz, color y alegría. Con inteligencia y gracia, el claymation dúctil de Yusaki-sensei discurre plácidamente entre los demás.  Y es que esta animadora siempre fue diferente, y en Días de Invierno queda muy patente eso. Me produce también cierta tristeza, pues da la sensación de que el legado de su estilo no esté siendo recogido por nadie. Esperemos que no sea así de verdad.


Fuyu no Hi es una obra con unos cuantos altibajos, aunque también posee grandes aportaciones. Por eso el ritmo del conjunto no resulta armonioso, y es algo que se echa de menos, teniendo en cuenta además que la esencia del renga es esa, un fluir equilibrado de distintas ideas. No obstante, este defecto suele surgir en los proyectos donde convergen tantos artistas diferentes y con maneras de concebir la animación tan dispares. Por eso mismo también merece la pena verlo y disfrutar de esa pluralidad que ayuda a descongestionar la mente tras consumir grandes cantidades de anime estándar. Hay vida más allá de la comercialidad, os lo prometo, una vida igual de interesante o más, que abre la perspectiva a nuevas y antiguas (pero desconocidas) formas de expresión.

Y con esta entrada despedimos el 2017 en SOnC. Espero que hayas disfrutado de este pequeño apartado en el blog, donde se han intentado difundir las creaciones y trabajos de los pioneros y leyendas de la animación japonesa. Ha sido la sección más importante en cuestión de contenidos (y más ignorada) de este año en la bitácora. No obstante, me he dejado unos cuantos creadores en el tintero, pero eso tampoco es óbice para que no pueda escribir sobre ellos ¡y ellas! en el futuro. Que lo haré con total seguridad, porque los clásicos nunca mueren, y es necesario tenerlos siempre presentes. Feliz Año Nuevo, camaradas otacos, que este 2018 Manga no Kamisama os sea favorable.

cortometrajes, paja mental

Los lacónicos

Hace ya unos cuantos días, un comentario de Vannert donde me recomendaba este corto japonés (¡muy, muy bueno!) inspirado en el cuento de Franz Kafka Un médico rural (1919), me dio una idea para hacer otra entrada. Tampoco quería romperme la cabeza demasiado por lo que decidí escribir algo sencillo. Y de lo más sencillo que hay son los listados. Así que allá va una lista de 9 cortometrajes animados nipones que pienso merecen un vistazo atento. Sí, 9, no 10. ¿Por qué? Pues porque sí.

Este tipo de soporte, dada su propia naturaleza, ha consentido al espíritu aventurero y creativo mucho más en sus propuestas que otros; resumiendo, es una parcela donde la vanguardia y el ingenio han podido expresarse siempre con libertad, así que siempre es interesante meter las narices en ellos de vez en cuando. Tanto para observar la evolución del mundo de la animación como para atisbar posibles chispas del futuro. Y disfrutar encima.

Esto no deja de ser una opinión más, la mía; y basada encima en lo que conozco que, lógicamente, no es todo ni muchísimo menos. Pero si al menos os sirve para descubrir algo que no conozcáis todavía o recordar ese pequeño anime que os gustó hace un tiempo, esta entrada ya habrá cumplido su función. Admito que para muchos de vosotros lo que viene a continuación tendrá el mismo atractivo que un escarabajo pelotero cosechando sus porciones de caquitas, pero Sin Orden ni Concierto tiene raticos así. Va en el paquete.

El orden no es indicador de nada, la numeración es solo una forma de organización pero no apunta ningún tipo de preferencia. Tampoco he seguido criterio alguno razonable a la hora de seleccionarlos, la mayoría no tienen nada en común entre ellos. Unos cortos son muy famosos, otros no tanto: todos me gustan. ¡Adelaaaaante, pues!

9

Paulette no Isu

ポレットのイス

(2014)

Hiroyasu Ishida es uno de los primeros nombres que me vienen a la cabeza cuando pienso en jóvenes promesas de la animación nipona. La verdad es que potencial tiene, talento también. Algunos lo han bautizado ya como el heredero de Miyazaki (y van…) porque es inevitable percatarse de la enorme influencia que tiene en su trabajo. Este corto, La silla de Paulette, es muestra de ello. El resplandor de Miyazaki aparece por todos sitios. Pero eso es simplificar. La verdad es que prefiero alejarme, en este caso concreto, de todo tipo de comparaciones porque, para un hombre joven como él que todavía tiene el cascarón en el culo a nivel profesional, es injusto catalogarlo de buenas a primeras así. Es un gran halago y una tremenda losa también. Ishida todavía tiene mucho que demostrar y evolucionar para asentar su estilo. Primero debe encontrarse a sí mismo mediante el rodaje necesario. Pero también es innegable que aptitudes posee de sobra, sus obras son realmente buenas y resulta una esperanza firme para el futuro del anime. Yo no le perdería la pista. El primer corto que vi de él, Rain Town (2011), me dejó encandilada; sigue siendo mi favorito de los que tiene en su haber, aunque este Paulette no Isu también me gustó mucho y reconozco es más accesible. La música es estupenda.

raintown
Rain Town

¡Ah, se me olvidaba! Mucho hay que agradecer a Studio Colorido por todo el esfuerzo que está invirtiendo en apoyar proyectos que en la industria del anime actual no tendrían demasiada cabida. Hacer un hueco a la creatividad  y dar soporte real a los artistas, en unos momentos además en los que casi se está tocando fondo, es toda una gesta caballeresca. Me alegra mucho que aún queden idealistas por el mundo.

8

Kanojo to Kanojo no neko

彼女と彼女の猫

(1999)

¿Quién no conoce a Makoto Shinkai? A ver, levantad las manos, avergonzaos un poco, carallo. Por supuesto, otro al que han catalogado como el nuevo Miyazaki. Yo si fuera él estaría partiéndome el ojete, pero me da que Miyazaki-sensei es bastante más solemne que mi mediocre persona. Volviendo a lo que nos concierne, este Su gato y ella (1999) es bastante célebre. Incluso logró algún que otro premio y no poco importante, todo un mérito ya que esta obra la sacó adelante prácticamente él solito… exceptuando la música.

Desde la perspectiva de Chobi, un gato, la historia narra su vida y la de su ama. Un relato tranquilo, de gran simplicidad formal y una animación que juega contrastando gran realismo en los fondos y unos protagonistas casi esquemáticos. Todo muy poético, estático; pero también vigoroso. Es tierno observar cómo el gato expresa su amor, un amor puro y sincero, a través de los pequeños detalles que conforman su reducido mundo. Un bonito cuento que deja una sonrisa en los labios.

7

Goodbye Elvis & USA

(1971)

¡Y llega el momento weirdo de la lista! Si alguna vez os habéis preguntado qué experimentaríais si os pusieseis de mescalina hasta las cejas, la respuesta tiene un nombre: Keîchi Tanâmi. No hace falta que acudáis a enteógenos, amiguitos, cualquiera de las obras de este caballero resolvería vuestras dudas. Este señor puede haceros alucinar en todos los aspectos sin recurrir a ningún tipo de sustancia. Garantizado. Artista multidisciplinar, es uno de los representantes más prominentes (por no decir el que más) del pop-art japonés. Toda una institución, un pedazo viviente de la Historia del Arte de Cipango.

Este Goodbye Elvis & USA, pertenece a su trabajo Killer Joe’s (1965-1975), siendo una de las piezas más características. Aquí Tanâmi-sensei dió rienda suelta a toda su mala baba e imaginación para cristalizar la cultura popular norteamericana y japonesa. Sin restricciones, con plena libertad creativa; tomando cualquier recurso o elemento, sin reparar en su naturaleza u origen, que fuera útil a sus propósitos artísticos. Y así tenemos ahora lo que tenemos: un espectáculo exuberante de psicodelia salvaje. Imprescindible.

6

On your mark

(1995)

Tanto hablar de Hayao Miyazaki, tanto hablar de él… que no podía faltar en este humilde inventario de cortometrajes. Habría sido un pecado no incluirlo. Se trata de un videoclip que realizó de motu proprio para la canción On your mark del dúo Chage & Aska. Tengo que aclarar, porque si no reviento, que la tonadilla esta me parece la peste, una cerdada suprema que despierta la picadora de carne que llevo dentro. Pero ya dejando de lado eso que suena de fondo, On your mark es todo lo que se puede esperar del Miyazaki de la época comprimido en 6 minutos.

Ciencia ficción, realidad post-apocalíptica, vestigios de ecologismo, fuerte compromiso ético… sí, huele un poquillo a Nausicaä (1984), pero no es un autoplagio. Miyazaki jamás cae tan bajo porque no le hace falta, en su cabecita siempre ha tenido material a rebosar hasta para hacer de una canción hortera (aunque al sensei le guste) una pequeña gema visual. Evidentemente, esa bosta de tema musical no se encuentra a la altura del trabajo de Miyazaki; pero tampoco On your mark resulta especialmente relevante en la trayectoria del japonés. Es una curiosidad bien ejecutada, hermosa; que gustará a los fans, pero que tampoco los sorprenderá demasiado. Eso sí, tiene una peculiaridad interesante y es la estructura no lineal de la narración. Con desenlaces que se autocorrigen, superponen o, quién sabe, quizá son paralelos.

5

Shashinkan

寫眞館

(2013)

ESTOY ENAMORADA DE ESTE CORTO.

Así, en mayúsculas, declaro mi amor incondicional y eterno a Shashinkan. Lo quiero, lo quiero físicamente conmigo in saecula saeculorum, pero de momento me va a resultar difícil. LLORO MUCHO. Detrás de esta maravilla se encuentra Takashi Nakamura. Efectivamente, el de Akira (1988).

El corto nos lleva, a través de los ojos de un fotográfo bonachón (Hinomaru), a la historia temprana del s. XX de Japón: últimos coletazos del Meiji, Taishô y, finalmente, la era Shôwa. Es la vida además de una familia a lo largo del tiempo, enfocada con sutileza y cariño. También hay amargura… y sonrisas. También falta de ellas. Y lirios, hermosos lirios. Es una historia muy sencillita y conmovedora (no hay diálogos siquiera, no hacen falta) pero sin caer en el sentimentalismo. Presenciamos la I Guerra Mundial, El gran terremoto de Kantô, la II Guerra Mundial, los bombardeos… todo queda delicadamente estampado a través de un arte espectacular. Cada detalle, cada maldito detalle está plasmado con enorme belleza. Y ese piano… ay. La evolución del propio Tokio con sus rickshaws, más tarde sus tranvías, luego los trenes… los edificios y construcciones, sus habitantes… Es una verdadera delicia. Nakamura, con su sensibilidad a flor de piel y minuciosidad, se ha ganado el cielo con este Shashinkan. Es de las cosas más bonitas que he visto en años. Haceos un favor y comprobadlo vosotros mismos.

4

The Old man and the Sea

(1999)

Con este corto estoy haciendo un poco de trampa… pero solo un poco. Es una producción rusa, canadiense y japonesa que fue dirigida por Aleksandr Petrov. Como hay 1/3 de Japón en sus tintas, la he incluido porque, además, es una obra preciosa. Se trata de una adaptación de la novela El viejo y el mar (1951) de Ernest Hemingway y la técnica artística utilizada es realmente excepcional y muy poco contemplada en la animación: pintura sobre cristal. Considerada bastante laboriosa, requiere mucha pericia y dedicación aunque el resultado final es extraordinario.

Como la obra literaria, The Old man and the Sea cuenta la historia de un viejo pescador que, tras casi tres meses sin capturar nada y a punto de perder a su joven aprendiz, vuelve a echarse a la mar en su pequeña barca. Mientras espera pacientemente, un enorme pez espada pica uno de sus cebos… pero no todo va a resultar tan fácil. La lucha continua del hombre contra la naturaleza y su derrota ante su colosal autoridad, es uno de los motivos de este cortometraje; pero hay muchos más y no menos importantes. The Old man and the Sea es una obra verdaderamente singular, única, y consiguió multitud de galardones en su momento, entre ellos un Oscar. Y no me sonroja admitir que yo no era muy fan de este libro, pero el corto de Petrov logró reconciliarme con él. Casi.

3

Dôjôji

道成寺

 (1976)

Kihachirô Kawamoto para mí es un puto genio. Los que no hayáis oído hablar de él, estáis perdiendo un tiempo muy valioso de vuestras vidas si no meneáis el culo inmediatamente para averiguar más sobre su persona. Me parece asombroso que este caballero, todo un portento, siga siendo un desconocido para una gran mayoría. Quizá se deba a que la disciplina que utiliza como recurso, el bunraku o teatro de marionetas, no ha calado tanto en Occidente. Pero seamos justos: Kawamoto en realidad sigue la estela de su maestro Tad Mochinaga (1919-1999) en el stop motion; lo suyo no es el bunraku, es la traslación del bunraku al mundo audiovisual. Y gracias a su talento y afán, ahora podemos disfrutar de maravillas como este Dôjôji.

Encajado en el periodo Heian (794-1185), este corto adapta una antigua leyenda del folclore budista japonés a través de su encarnación en el. La narración empieza con el monje Anchin y su mentor, en peregrinación hacia Kumano, tomando alojamiento en la casa de una joven viuda llamada Kiyohime. Esta se encapricha fuertemente de Anchin y, a la noche, se introduce en su aposento para intentar seducirlo. El monje se resiste a pesar de los ruegos de la mujer, y la calma haciéndole la promesa de que se casará con ella. Pero solo se trata de una estratagema: cuando Kiyohime descubre que los dos hombres han huido, enloquece de furor y despecho. No voy a contaros mucho más, salvo que Anchin, desesperado, pide refugio en el templo Dôjôji y Kiyohime, a causa de su obsesión, se ha convertido en una gigantesca serpiente y lo persigue sin tregua. Es muy habitual en el budismo hallar monstruos que, en realidad, son personas dominadas por intensas pasiones; son esas pasiones las que los convierten en demonios. Y en esta historia, además, Kiyohime representa un motivo muy frecuente del imaginario colectivo: la tentación. Ella representa los obstáculos con los que tiene que lidiar Anchin en su senda espiritual.

Me he demorado un poco explicando por encima el argumento porque esta obra carece de diálogos y va dirigida a personas que ya tienen nociones de la leyenda. Es importante conocer algo de ella ya que así se pueden comprender mejor ciertas reacciones y la conclusión de la misma. Dôjôji es un prodigio de la animación y el stop motion. El diseño de las marionetas, sus ropajes, rostros y movimientos tan concienzudamente elaborados por Kawamoto; las esmeradas ambientaciones y la excelente unión entre 2D y figuras, con el transcurrir de las décadas, no han dejado de impresionar. Resumiendo: una japonesada de qualité que todos deberíamos ver.

2

Airy Me

(2013)

Aunque no os lo creáis, este vídeo musical del grupo japonés Cuushe fue el proyecto de fin de carrera de una jovencita anónima llamada Yoko Kuno. Como fan de Mayuko Hitotsuyanagi (el cerebro de Cuushe), el art concept de su disco Butterfly Case (2013) captó inmediatamente mi atención… y cuando me topé con este vídeo ya me quedé pasmada. ¿Quién se escondía tras todo esto? Ah, menudo descubrimiento.

La perfecta sincronización audiovisual asusta. Ese firmamento hipnótico musical, que se extiende con obstinado ritmo mecánico casi dislocado, fue aprehendido matemáticamente por Yoko Kuno, creando una fantasmagoría de increíble simplicidad y violencia. Mediante el aliento clásico de Osamu Tezuka, esta jovencita es la responsable de una arquitectura aérea que fascina por su desbordante intensidad y dinamismo. El resultado es límpido, de una ferocidad delicada; como la propia historia que cuenta sobre científicos locos y experimentos humanos. Desde luego Kuno-san es una joven a la que no perder de vista.

1

Jumping

ジャンピング

(1984)

Este corto de Osamu Tezuka es genial y tiene una pizca de mala leche muy divertida. El dios del manga también tuvo su vertiente más experimental como bien sabréis, e hizo varios cortometrajes a lo largo de su vida que así lo demuestran. Este Jumping pertenece a la que sería una “segunda hornada”, donde había alcanzado ya una madurez.

Jumping, con un único plano subjetivo de base y sin apoyo musical, nos cuenta cómo un niño o una niña, caminando por el que parece su barrio, comienza a saltar y a saltar y a saltar cada vez más alto… avanzando y llegando a lugares de lo más remoto. Hulk style. Podríamos decir que es una especie de alegoría de los saltos que da la humanidad en su progreso; y en su viaje por el mundo, el o la protagonista se topa con todo lo que ha logrado, tanto bueno como malo. Visita selvas, ciudades, océanos, zonas de guerra… y  a sus habitantes. Todo desde la visión imparcial de un niño.

Siendo del año 1984, comprenderéis que no haya uso de CGI ni nada que se le parezca; y aun así es un corto innovador, enérgico y con un dominio de las perspectivas soberbio. El vídeo que he linkeado no tiene una calidad demasiado buena, he sido incapaz de encontrar otro mejor (que me permitiera incrustarlo); pero aquí tenéis un enlace donde lo podréis ver en una resolución más decente.

Y esto ha sido todo por hoy. Me ha salido una entradilla un poco random aunque seguro algo de provecho sacaréis. Creo. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.