anime, MUAHAHAHA, paja mental

Hentai or not hentai… dat ass is the question

Generalmente, las bitácoras sobre manganime en las que se hacen reseñas, se repasan las series de temporada o se comenta la habitual parafernalia que rodea este mundillo (seiyû, estudios, música, cosplay, etc), solemos ignorar el hentai. Es una parcela que ha quedado relegada a un submundo muy específico y aislado en el que, no en vano, todos los aficionados hemos chapoteado en sus aguas alguna vez. El hentai es pornografía, qué carajo, ¿no? Eso creemos. Y el sexo en su expresión más evidente persiste todavía en ser un tabú de cierta intensidad. En las sociedades donde la religión tiene todavía peso y/o existe algún tipo de represión psicológica, la sexualidad humana se continúa juzgando como algo que camuflar, incluso pecaminoso. Es un residuo de importante presencia, y que además está nutrido del patriarcado, el cual para medrar y ejercer su dominio debe someter y controlar la sexualidad femenina. Pero estoy hablando de la perspectiva occidental, claro.

En Japón el sexo jamás poseyó las connotaciones impuras u obscenas que el judeocristianismo inoculó en Europa o América. La moral sexual japonesa se apoya en el shintô, donde sus deidades o kami, mediante sus cópulas, representan la vida y fertilidad de la Naturaleza. De hecho, según su mitología, las islas japonesas fueron producto de las relaciones sexuales entre Izanagi e Izanami. Los símbolos fálicos, representaciones de los genitales femeninos o parejas de dioses abrazándose, son amuletos protectores contra la contaminación. Por tanto, el sexo era considerado algo natural, libre por completo de vergüenza o culpa y fuente de placer. La bisexualidad y homosexualidad (nanshokuwakashudô) tampoco eran un problema, que resultaban algo común entre cortesanos, monjes o samuráis. Eso fue así hasta la Era Meiji (1868-1912). A partir de entonces, en su afán por modernizarse y superar a las potencias occidentales, adoptaron muchos de sus valores. Entre ellos, poco a poco, fueron asimilando esa percepción del sexo distorsionada por la religión cristiana, mojigata y represiva. La ocupación estadounidense tras la derrota de la Segunda Guerra Mundial, acabó de asentar esa nueva ética sexual puritana. Un ejemplo sería la prohibición de la prostitución (Baishun bôshi hô), una actividad hasta entonces controlada por las autoridades, ejercida profesionalmente en sus propios barrios y tolerada socialmente.

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Detalle de “Pasión durante las nieves de primavera” (1822) de Keisai Eisen

Pero no hay ley sin trampa. Aprovechando vacíos legales y estirando su interpretación, se puede afirmar que las miríadas de máscaras que el lenocinio utiliza en Cipango, gozan de una excelentísima salud. En realidad toda la industria del sexo en Japón se encuentra en plena forma y es una maquinaria formidable de hacer dinero a tutiplén. Tal como está estructurada la sociedad japonesa en la actualidad, y sus características a medio camino entre su propia cortés austeridad y la gazmoñería occidental, se puede garantizar con total certeza una lozanía sin igual para el negocio durante muuuuuchos años. La pornografía tiene un papel esencial, por supuesto, y dentro de ella ciertos géneros del manganime también. Existe un grado de especialización extraordinario, donde tiene cabida toda clase de depravaciones y excentricidades varias. Y son a estas anormalidades a las que llaman en Japón hentai, no a otra cosa. Todo otaco que se precie sabe perfectamente que esta palabra significa pervertido sexual; y aunque en los shôjos/shônen levantar las faldas a una chica suele premiarse con el grito de KYAAAA!!! HENTAI!!!, se trata de algo mucho más serio.

El hentai es un subgénero del ero, que engloba a otros como el también celebérrimo ecchi. Todos van dirigidos en exclusiva a un público adulto (jû hachi kin). Pero en Occidente hemos acabado etiquetando como hentai a todo manga o anime que posea contenidos sexuales más o menos explícitos. Sin hacer muchas distinciones. Incluso hasta no hace tanto, el animanga era sinónimo de hentai entre los no aficionados. Pero en Japón, como podemos ver, es diferente. Es un concepto que ha ido evolucionando con el tiempo, dirigido en exclusiva al público masculino heterosexual y que se refiere, sobre todo, a parafilias y otras anomalías. No tiene implicaciones negativas por obligación, aunque alguna de estas desviaciones pueda considerarse aberrante. Los 13 géneros principales que conforman el hentai son: futanari (hermafroditas, transexuales), BDSM, furry, shokushu gôkan (tentáculos), guro, incesto, lolicon, shotakon, yuri, yaoi, embarazadas, harem y bakunyû (pechos gigantes).

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Lindos pececillos de artista anónimo

Una vez aclaradas algunas cosicas y puestos en situación, deberíamos preguntarnos: ¿de dónde y cómo surgió el hentai? No hay mucho escrito al respecto, quizás porque la gran parte de sus consumidores son pajilleros a los que solo les interesa quemar los contenidos sin más; y porque grosso modo no se le da mayor trascendencia a un género que no suele brillar por la inteligencia de sus guiones ni la complejidad de sus personajes. Aunque existan excepciones. Yo misma tampoco soy precisamente fan de él. Con sinceridad, clásicos como La Blue Girl (1992) o Urotsukidôji (1987) del gran maestro Toshio Maeda, nunca logré finalizarlos porque me aburrían cosa mala. No soy ninguna entendida tampoco ya que me sucede como con el spokon: acción narcótica superlumínica. Y en la actualidad que el asunto se encuentre infestado de informática cutre, tetas ciclópeas y mozas lobotomizadas, pues no me estimula demasiado para aventurarme en sus terrenos. ¿Por qué escribo sobre él? Pues porque me da penilla que, a pesar de ser el género más popular con enorme diferencia, resulte curiosamente algo así como invisible. Y por lo menos una vez debe aparecer en SOnC. También es verdad que una de las entradas más visitadas en esta bitácora es la dedicada a Kanashimi no Belladonna (1973), cosa que me ha sorprendido bastante. Y aunque no se trata propiamente de hentai, me dio la idea para el artículo. Y aquí estamos, oyes.

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“El sueño de la mujer del pescador” (1814) de Hokusai. La madre de todos los corderos.

¡Al grano, concentración! ¿De dónde y cómo surgió el hentai, decíamos? Como imaginaréis, toda raíz del manga y el anime hay que buscarla en el ukiyo-e, y en este caso particular en el shunga (“imágenes de primavera” o sea, de folleteo). El shunga podríamos decir que es el ukiyo-e erótico, con una gran variedad de intensidades, que iban desde lo insinuante a lo directamente pornográfico. Su origen, como tantas cosas en las islas, fue de inspiración china. Los manuales médicos que llegaron del continente durante la Era Heian (794-1185) y las obras de pintores como Zhou Fang, influyeron en su desarrollo y estilo, donde los genitales solían aparecer con formas y tamaños grotescos.

Comenzó siendo una manera de expresar los escándalos sexuales de cortesanos y monjes en los makimono, pero con la llegada de la imprenta y el progreso en las técnicas de impresión y xilografía, se hizo muy popular en el Periodo Edo, sobre todo en sus últimas décadas. Pasó de ser un elemento decorativo para las clases altas, a formar parte de esa idealización de la vida urbana que fue el mundo flotante. Como el propio ukiyo-e, resultó una democratización absoluta del arte erótico; brotaba tanto en los palacios de la nobleza como en las casas de los chônin o burgueses. Lo consumían mujeres y hombres por igual, y sus temáticas iban muchísimo más allá del amor heterosexual. La gran mayoría de los autores importantes como Hokusai, Utamaro o Hiroshige dibujaron shunga, porque constituía una fuente de ingresos caudalosa y estable.

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“Mujer y gato” (1794) de Utamaro

Pero por entonces la palabra hentai no tenía la noción que posee en la actualidad. Su significado era algo así como “metamorfosis, transformación”. Fue con la apertura de la Era Meiji y la llegada del pensamiento occidental, cuando hentai comenzó a adquirir su implicación sexual. El recién nacido campo de la psicología experimental con Wilhelm Wundt, que utilizaba el método científico, no fue ignorado en Japón; pero sobre todo la obra del psiquiatra Kraftt-Ebing, Psychopathia Sexualis (1886), fue la que terminó de vincular la palabra con comportamientos sexuales fuera de “lo normal”. Hentai seiyoku era (y es) el deseo sexual perverso según Kraftt-Ebing o Freud, que del ámbito académico especializado pasó al de la calle con gran éxito. Se escribía y deliberaba en periódicos y revistas más sobre el hentai que de la sexualidad “normal”. El ero guro nansensu o erotismo grotesco absurdo, durante los años 20-30, fue tremendamente popular, casi se podría decir que el país vivió en el periodo de entreguerras una especie de desinhibición similar a la alemana de Weimar. Y el heredero directo de ese movimiento sensual y degenerado es mi queridísimo Suehiro Maruo.

Sin embargo, en los años 30 la situación mundial se alteró por completo. En las islas no ocurrió de forma distinta, y la ola de ultranacionalismo y totalitarismo de la naciente Era Shôwa endureció la censura muchísimo. Entre otras cosas. No fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que la sexualidad en Japón no retomó un espíritu más atrevido, sobre todo con la difusión de las publicaciones kasutori, de tipo pulp. Las kasutori recogieron el legado del hentai y lo elevaron a cumbres de imaginación y popularidad hasta entonces inéditas. En los años 60 se fue centrando cada vez más en un público masculino heterosexual, y así hasta hoy, cuyo target continúa siendo casi en exclusiva los cromosomas XY.

De todas formas, si os interesa el tema de la sexualidad japonesa durante el s. XX, os recomiendo los trabajos del profesor Mark McLelland de la Universidad Wollongong en Australia. Tiene artículos la mar de interesantes al respecto, muy recomendables.

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A Takato Yamamoto también le gusta el “ero guro nansensu” de la Era Taishô

¿Y cuál fue el primer anime pornográfico de la historia? Pues hasta donde sabemos, ese honor lo ostenta Suzumi-bune (1932) de Hakuzan Kimura. Tampoco podemos decir mucho sobre él, porque a pesar de que estaba planeado que consistiera en dos partes, la primera fue confiscada y no llegó a estrenarse nunca. La segunda ni se llegó a realizar. Ya en el s. XXI, la policía tokiota donó la obra al Museo Nacional de Arte Moderno, revelando que su duración es de 10 minutos. Quizás más adelante su contenido pueda hacerse público, quién sabe. A mí me gustaría verlo.

El primer anime estrictamente hentai es la película Yasuji no Pornorama: Yacchimae!! (1971), aunque hay quienes opinan que en realidad son las seis OVAs de Lolita Anime (1984). Como no he visto la primera, me veo incapaz de aseverarlo; aunque no me importaría nada echarle un vistazo. Soy una glotona en lo que se refiere a bizarradas… no obstante tampoco niego que suelo indigestarme a menudo. Que la cantidad de hentai que se ha realizado y se produce es monumental lo sabemos todos. Y su calidad dudosa (eso siendo liberal). Es muy complicado, incluso para el connoisseur, hacer un top ten objetivo y coherente, así que imaginad cómo lo puede llevar servidora: terrible. JUAJUAJUA. Además, como ya he indicado al principio, no soy fan. Me aburro, y suele irritarme esa forma tan lamentable de presentar a la mujer como si fuera un animalillo acéfalo. Si ya me pone de mala hostia en otros géneros, en el hentai es como la apoteosis sideral de Galactus en pleno arrebato de bulimia cósmico. Así que las cinco recomendaciones que voy a hacer, para redondear una miqueta más la entrada, no son estrictamente hentai, sino que he preferido recurrir a su concepción occidental, que aunque no es la correcta, sí resulta bastante más amplia. Algunas obras son más explícitas que otras, pero todas ellas me parecen dignas de un visionado. Son pedazos de historia de la animación japonesa, nos guste o no. Here we go.


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Senya Ichiya Monogatari (1969) se puede considerar el primer largometraje animado dedicado al erotismo de la historia de Japón. La carga sexual es importante, y es algo que me entusiasma porque respeta el espíritu de la obra literaria en la que está basado, Las mil y una Noches, que es bastante verde. Quizá no es la faceta más conocida de esta compilación de relatos, donde siempre se ha hecho hincapié en ese maravilloso exotismo de los parajes que describe o las aventuras, la fantasía y la magia que hay presentes. Para los que no lo sepáis, Alf layla wa-layla tiene pasajes que son simple pornografía, en la universidad me tocó traducir fragmentos subiditos de tono muy tremebundos. Por eso me parece genial que Tezuka quisiera esta vez aprovechar su dimensión sexual, y hacer una adaptación más fiel en esencia a los cuentos originales que las que se habían realizado hasta entonces. Incluido su Sinbad (1962). Y es que estos clásicos de Oriente Próximo se han trabajado en el medio audiovisual desde muy temprano, tanto en cine como animación, pero casi siempre obviando su vertiente carnal. En Senya Ichiya Monogatari sin embargo tenemos fantasía, tenemos aventuras, tenemos exotismo y tenemos también concupiscencia.

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Este film de dos horas y diez minutos de duración fue el primer proyecto que salió a la luz del grandioso Animerama de Osamu Tezuka, dedicado al público adulto. Una aspiración esa, la del formato cinematográfico y la de las audiencias maduras, pionera en el mundo. No es broma. Fueron tres películas en total antes de que la productora, Mushi Pro, se fuera al garete, y he incluido las tres en este listado. No podía ser de otra forma. El trío de ases fue dirigido por Eiichi Yamamoto, y ha pasado a la historia como tres de las animaciones eróticas más hermosas y extrañas que existen. No me voy a adelantar, pero la que se lleva la palma no obstante en belleza y extravagancia es La belladona de la tristeza, en la que Tezuka, por cierto, no intervino en ningún aspecto. En ese momento ya había ahuecado el ala y Mushi Pro agonizaba.

Pero regresemos a Senya Ichiya Monogatari. Esta película nos cuenta la llegada a Bagdad de Aladino, que se parece sospechosamente a Jean-Paul Belmondo. Él no es más que un pobre aguador, pero posee un carácter optimista y osado que le hace sobrellevar su dura vida con satisfacción. Y allí, en la gran urbe, se enamora de la esclava Miriam, a la que rapta. Su amo, un jovencito malcriado que es el hijo del Jefe de Policía de Bagdad, no se da por vencido tras perder a su bella presa, y decide utilizar su influencia para recuperarla. Pero mientras, Aladino y Miriam se han refugiado durante su huida en un misterioso palacio, del cual por la mañana no pueden salir. Su dueño, Suleimán, el cortesano favorito del sultán y famoso por sus rarezas, los ha encerrado entre sus paredes para que le diviertan. Y la historia no queda solo ahí, sino que se complica cada vez más y más. Muerte, traición, venganza, amor… hay absolutamente de todo. Un bonito culebrón.

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La trama no puede ser más tradicional, pero no faltan ni la emoción ni las sorpresas. Tiene ese remate caricaturesco propio de Tezuka, que aunque en los mangas se tolera sin problemas, en película no aguanta el paso del tiempo muy bien. Los malos son muy malos, y los buenos son bastante grises, gracias a Luzbel. Eso sí, el peso sexual recae completamente sobre los papeles femeninos, como es de esperar… aunque no estoy aquí para hacer una revisión posmoderna feminista de estas obras. No procede, otro día quizá. Senya Ichiya Monogatari utiliza recursos propios del cine, es una obra de tintes experimentales donde se puede encontrar animación tradicional, imágenes estáticas, maquetas (esas panorámicas de Bagdad son mágicas), pantallas partidas, 3D, etc. y todo eso unido a un estilo psicodélico de vivos colores que fluye y se retuerce como una serpiente de agua. La música se encuentra en manos inmejorables: Isao Tomita, que compone piezas de frenético funky-yeyé, muy de la época, e incorpora fragmentos del Scheherezade (1888) de Rimsky-Korsakov también.

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Cleopatra es la película que menos me gusta del Animerama. La considero la más endeble e infantil de las tres, aunque posee su interés aparte del meramente histórico. La triunfada que supuso Senya Ichiya Monogatari, impulsó a Tezuka a arriesgarse muy a fondo en lo que le gustaba hacer: experimentos. Todavía no tengo muy claro qué demonios pretendía Manga no kamisama con este film, creo que ni él mismo lo sabía. Solo que el éxito del año anterior lo acicateó para jugar como un niño impetuoso con arcilla y plastilina… y le salió un engendro. Pero, ¡ay, amiguitos!, un aborto de Tezuka es un bebé sano y hermoso para cualquier otro creador, y Cleopatra tiene sus méritos. Aunque supusiese el descalabro económico definitivo de Mushi Pro y el abandono de la nave por parte del capitán.

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Aquí Tezuka se pregunta qué está haciendo con su vida. Y suspira. Ay.

¿Por qué fue un fiasco comercial? Me considero incapaz de llegar a alguna conclusión porque me faltan datos, pero quizá tuviera que ver con que se trataba de un film mucho más explícito que Senya Ichiya Monogatari (fue calificado directamente como X) y que era (es) raro de cojones. Yo no le tengo miedo a las excentricidades, las amo de hecho; pero comprendo que no todos somos iguales. A pesar de que Tezuka prefería el campo de la experimentación y la creatividad sin cortapisas, su público no. Su público esperaba otra cosa, no un trabajo de patchwork visual de casi dos horas. Porque aparece de todo en Cleopatra: imagen real, collage, ciencia-ficción (el inicio parece Star Trek), fantasía, mezcla de estilos en el dibujo, anacronismos a mansalva (¡sale Astroboy, viva!), paréntesis argumentales que fracturan el ritmo, homenajes a Botticelli, Degas, Delacroix, Modigliani, Picasso… qué sé yo. Un esfuerzo valioso por presentar un producto vanguardista y rompedor en sus formas, pero con un contenido más pobre de lo acostumbrado en Tezuka. No aporta nada nuevo al personaje de Cleopatra, por ejemplo, que es presentada como la clásica seductora que mediante sus artes sexuales domina a los hombres; Julio César directamente es un gañanuzo déspota con el cerebro en el glande, y Marco Antonio es evidente que sufre algún tipo de retraso. Tragicomedia caricaturesca marca Tezuka a todo gas. Por cierto, el apartado musical, otra vez bajo la tutela de Isao Tomita, EXCELENTE.

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Exacto, Julio César es VERDE. Todo bien.

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No tengo mucho más que añadir sobre Kanashimi no Belladonna a lo que escribí hace unos meses aquí, salvo que ha sido restaurada y publicada en Blu-ray este verano. Cuando hice la reseña todavía no se sabía nada de una reedición, por lo que la noticia después me alegró muchísimo. La película lo merece. Es mi favorita del Animerama y sin duda mi preferida también de las que hoy expongo. Si no la conocéis o no la habéis visto, no comprendo a qué estáis esperando. Es una verdadera obra de arte, aunque no para todos los paladares, desde luego.

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Casi 20 años después, Eiichi Yamamoto decidió vincularse a otro largometraje de tipo erótico: Kôshoku Ichidai OtokoEsta película es una joya. Todo en ella es fascinante, el arte, tan ukiyo-e y delicado, la historia, los personajes… Sin duda tras Kanashimi no Belladonna es la que más me gusta de las cinco. No me explico cómo no es más popular ni tampoco entiendo la razón de que haya pasado tan desapercibida. Es probable que mi entusiasmo se deba a que conozco la obra literaria, de la que es una adaptación bastante libre: Hombre lascivo y sin linaje (1682) de Ihara Saikaku. Fue una novela que me gustó mucho cuando la leí. Creo que merece su propia entrada, así que no me alargaré demasiado.

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Hombre lascivo y sin linaje fue escrita en ese momento del Periodo Tokugawa donde la clase burguesa estaba medrando y haciéndose dueña de la vida urbana en Edo y Osaka. A su nueva sensibilidad hedonista del mundo flotante iba dirigida, y a ella representaba; el autor lo hizo además parodiando una de las grandes obras de la nobleza cortesana: Genji Monogatari (s. XI) de Murasaki Shikibu. Podríamos decir que es como una especie de novela shunga (si lee esto alguien especializado en literatura japonesa querrá ahorcarme), y cuenta la vida y desventuras de un hombre, hijo bastardo de un rico chônin, que a pesar de tener en su mano la posibilidad de ser un hombre rico, lo tira todo por la borda porque le gustan demasiado las mujeres. Yonosuke es un seductor, un Príapo sin remedio al servicio del placer.

La película no se centra tanto en Yonosuke sino que divide el argumento en dos historias paralelas, describiendo las experiencias de un par de hombres muy distintos con una hermosa e inaccesible geisha llamada Komurasaki. Uno es un donjuán, otro un pardillo poco atractivo; uno es experimentado y hábil, otro torpe e ignorante. No es el argumento más original del universo, pero la enorme belleza estética del film suple con creces esa carencia, haciendo de su desarrollo una travesía hipnótica. Y como escribía hace unas líneas, no voy a extenderme más porque Hombre lascivo y sin linaje tendrá su entrada individual en breves.

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Podría haber seleccionado Mezzo Forte (2001) también de Yasuomi Umetsu, pero A Kite (1998) me gustó mucho más. Son dos OVAs de hentai sin sutilezas. Hentai en su noción pura japonesa de “sexo pervertido”. Y de calidad, tanto en la animación como en el argumento. No es un anime precisamente largo, por lo que se echan de menos ciertas cosas: unas relaciones entre los personajes más definidas, unos perfiles psicológicos más hondos y una historia un poco más compleja. A pesar de sus defectos, como unas escenas de acción muy requetebién ejecutadas…. pero inverosímiles a ratos también (pero muchomucho), se ha sabido sacar partido a una base simple de manera eficaz y brillante, dosificando la información y con unas vueltas de tuerca formidables. Y ese final con los gatitos… muy bueno. A kite no gira en torno al sexo, su argumento no está al servicio de las escenas pornográficas; el sexo que aparece, que tampoco es tan abundante, es una acción más de las tantas que se suceden en las OVAs. No sobran y tienen su sentido, pero no acaparan protagonismo.

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Sawa es una adolescente cuya familia fue asesinada delante de sus propios ojos. Sola en el mundo, únicamente tiene de amparo a un policía corrupto llamado Akai, que la utiliza en su propio beneficio. Él y su socio Kanie la han entrenado para convertirla en una asesina segura y eficiente. Un día, aparece otro chico llamado Oburi, que también se encuentra bajo el dominio de la pareja, y a Sawa no acaba de hacerle demasiada gracia… Un guion sencillo que va progresando entre secuencias de violencia extrema y sangre, mucha sangre. Aun así, posee una sobriedad elegante que me recuerda a Blood, the last Vampire (2000), pero con bastante más enjundia que esta última (aunque sin tanto dinero detrás). Sawa es la estrella indiscutible, además del personaje mejor delineado y con una evolución fascinante. El resto son bosquejados a la manera impresionista, sin mucha precisión pero con los trazos necesarios para entender lo suficiente sobre ellos.

No son unas OVAs perfectas, pero sí sólidas. Están repletas de simbolismo y pequeños acertijos cuya solución suele ser inesperada, pero completamente lógica. La lástima es que solo sean dos OVAs, porque Kite Liberator, su secuela, no les llega ni a la suela de los zapatos. Es prescindible. A kite es un producto violento y descarnado, que no solo gustará a los seguidores del hentai, sino que tiene todas las papeletas para cautivar a los fans del thriller policíaco. Consejo: huid como de la peste de la adaptación cinematográfica estadounidense que se hizo de esta obra. Es caca. Una caca graaaande.

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Creo que sobra advertir que estos son mis gustos y esta es mi mini-lista. Y como podéis observar, no están ni Bible Black, ni Oni Chichi ni Ai Shimai ni ninguno de los cientos de hentai más que se os puedan ocurrir y opinéis son mejores. No sé si lo recordáis, panda de rufianes, pero este es un blog personal y no un artículo periodístico. No offence. También me doy cuenta de que esta entrada va a producir desagrado en algunos y el adiós en otros, pero qué le vamos a hacer, no se puede gustar a todo el mundo. El sexo y la pornografía son temáticas bastante susceptibles de herir sensibilidades a pesar de los pesares. No ha sido mi intención hacer ningún juicio de valor, y he procurado ser lo más aséptica posible, ya que para mí la sexualidad es solo una faceta más de la naturaleza humana. Ni mejor ni peor que otras, aunque siempre se esté utilizando como herramienta. Y sí, es muy cansino… pero ya nos hemos acostumbrado a esa hipersexualización de la sociedad, aunque ciertos tabúes sigan existiendo, claro.

Y esto ha sido todo por hoy. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

cortometrajes, marionetas, música

Lacónicos: 3 cuentos de verano

Sinceramente, no sé si os agradan demasiado las entradas dedicadas a cortometrajes; pero como a mí sí que me encanta en general este formato y encima, fíjate tú, esta bitacora solitaria me pertenece, pues… pues que van a ir cayendo más posts del pelaje.

Los de hoy son tres cortos que tienen bastantes cosas en común. Para empezar, una duración superior a la media, de unos 20-25 minutos. También que son cuentos, de ahí que compartan un airecillo infantil, aunque ocultan temáticas más serias y maduras. Y, para rematar, las tres poseen una impronta occidental impepinable, aunque su naturaleza sea, de un modo u otro, japonesa.

Tres pequeñas obras perfectas para el estío, colmadas de gran imaginación y fantasía. La primera para beber como una limonada refrescante y dejarse llevar. La segunda, dirigida a la calma y reflexión nocturnas. Y la tercera va de los ojos directamente a las tripas, sin compasión. Todas para ser disfrutadas sin reservas y con una pincelada anticomercial la mar de saludable.

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Mike Smith

1998

1001 nights es un viaje. Un viaje onírico al servicio de la música. Porque es la que marca la cadencia, el compás y el ritmo. Todo. El compositor fue David Newman y la pieza interpretada por la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles. Pero, a su vez, la música se basó en ilustraciones del siempre maravilloso Yoshitaka Amano. Detrás de esta auténtica obra de arte, hija bastarda de la Fantasia (1940) de Disney, estaba el genio imprevisible de Amano-sensei. Y aquí tenemos una simbiosis impecable entre el flujo de imágenes y música, nutriéndose mutuamente en una marea enigmática.

Con 1001 nights solo hay que hacer una cosa: dejarse llevar. A poco que se conozca a Yoshitaka Amano, se sabe lo que esperar: ensoñaciones barrocas de aroma klimtiano que desdeñan el concepto de límite. La historia se derrama con libertad, fluye veloz y filtra todas las realidades de consciencia. Es un relato de amor y erotismo, brillante, caótico, hermoso. Llama muchísimo la atención la miscelánea de estilos y texturas, donde brotan de repente añejos 3D como surgen ingenuas acuarelas, neones expresionistas o golosinas muy Chagall. Este cortometraje deslumbra ya no solo a nivel estético, sino que su profunda carga simbólica requiere introspección.

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Briar Rose

Kihachirô Kawamoto

1990

Creo que he dejado claro más de una vez que soy fan acérrima de Kihachirô Kawamoto. El legado de este hombre en el mundo de la animación y el stop-motion es de valor incalculable, y de una belleza y refinamiento que muy pocas veces más se ha visto. Genio y artesaníaAquí hablo de un par de obras suyas, por si os apetece leer algo más sobre su vida.

Briar Rose o La bella durmiente, la realizó en los estudios de Praga de su mentor Jiří Trnka, el cual, tristemente, no vivió lo suficiente para poder ver una obra terminada de su discípulo. Aunque sí le transmitió lo mejor de su saber, que Kawamoto supo hacer florecer de manera tan espléndida como esta. Para ver este cortometraje hay que olvidar totalmente las versiones clásicas de Perrault y los Grimm del cuento. O quizás no, tenerlas bien presentes para que el impacto sea mayor. Se trata de una revisión bastante curiosa, y no exenta de cierta ironía. Contada en primera persona, formalmente es tradicional y de ritmo sereno; es el argumento lo que fascina. La protagonista no es un ente pasivo, ella misma nos está contando sus circunstancias, acciones y pensamientos. Y lo más importante: lo que verdaderamente se encuentra detrás de su historia, donde el sexo tiene un papel fundamental. ¡Disney, veo que te ruborizas!

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Le conte du monde flottant

Alain Escalle

2001

El cuento del mundo flotante son 23 minutos de conmoción visual. Se trata de un corto que el francés Alain Escalle realizó hace 15 años mientras trabajaba en el campo de la publicidad en Japón. En su momento, al menos como yo recuerdo en Francia, tuvo cierta relevancia y cosechó varios premios y nominaciones importantes, como a los premios César. No es una obra fácil y pasada más de una década, su visionado es todavía menos sencillo. ¿Por qué? Se unen dos cosas: primero, la temática que trata es muy dura. El bombardeo de las ciudades de Hiroshima y Nagasaki cambió muchas cosas, y no solo en las islas niponas. Escalle es crudo y directo en su visión de lo que fueron estos acontecimientos, a pesar de las alegorías que aparecen. Y segundo, se trata de un corto que une imagen real con CGI. La tecnología, aunque avanzada, no es ni comparable con la actual, y es un campo en el que el desfase se nota muchísimo. 

Sin embargo, es un cortometraje que merece un vistazo atento (aquí lo podéis ver completo online) y que muestra no ya solo técnicas interesantes, sino una aproximación a Hiroshima original y de vertiente artística muy pronunciada. Apenas hay texto, un par de haikus y poco más; la fuerza de Le conte du monde flottant se halla en la tremenda expresividad de su imagen: los actores, las coreografías, los colores. Para ello recurre, por supuesto, a la danza butô y a la elegancia del kabuki. Una mezcla de pasado y presente, donde el Feísmo campa a sus anchas, pero también la delicadeza. Verdaderamente inquietante.

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Y este ha sido el piscolabis de hoy. Cortito pero denso. Espero que os animéis con alguno de ellos… ¡o con todos! Son los tres obras notables. Cierto que demandan apagar el piloto automático, pero eso también resulta aconsejable hacerlo de vez en cuando. Por el bien neuronal y esas cosas.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches.