Kiriko Nananan es una autora que me encanta, en los 90 publicó unos cuantos mangas que ayudaron a modelar el josei, y la podemos considerar una imprescindible de la demografía. Quizá no sea especialmente conocida entre la otaquería, pero los lectores que llevamos en esto ya un tiempecito sabemos perfectamente quién es y cómo de maravilloso es su trabajo. Así que hoy os invito a que la conozcáis un poco más si es que no os habéis atrevido todavía con ella, y si ya sabéis de sus andanzas, que disfrutéis igualmente de la lectura.

En la entrada que dediqué al yuri, escogí su inmenso e indispensable Blue (1995) como uno de los mangas más importantes del género, y en ese momento ya pensé que le debía una entrada en condiciones a Kiriko Nananan. Y henos aquí. He elegido como primera reseña de una obra suya (en el futuro vendrán más) un tebeo cortito, de apenas 10 episodios y que salió a la luz en 1998: Kabocha to mayonnaise. Se trata de un pequeño manga que considero puede ser una buena presentación a su manera tan personal e introspectiva de afrontar las historias. El año pasado se estrenó su live action, que no he tenido la oportunidad de ver todavía, pero dudo que esté a la altura del cómic. De hecho soy de la firme opinión de que las creaciones de Nananan son imposibles de trasladar al cine con justicia. Sería necesario un auténtico Maestro, porque su genial poesía de lo cotidiano se disuelve indefectiblemente en el color y movimiento de lo prosaico.

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No tengo intenciones de escribir una reseña eterna como suele ser habitual en SOnC. Sería un homenaje poco apropiado por mi parte al estilo elegante y minimalista de Nananan, que es una ferviente seguidora del menos es más. Sin embargo, tampoco la mangaka escatima en riqueza conceptual y psicológica, que no deja de resultar el esperado contraste. De todas formas, como artista miembro de la Nouvelle Manga no podía sospecharse algo diferente.

Kabocha to mayonnaise es un josei que se aparta de la corriente principal comercial. No hay comedia, no hay melodrama. No es un tebeo sobre mujeres solteras de clase media que sufren las consabidas inquietudes sentimentales por no encontrar novio o marido. No es un manga de entorno idealizado ni es un cómic amable. Kabocha to mayonnaise es un retrato diáfano de la mujer joven japonesa, sin adornos de ningún tipo. Crudo y simple. Pero no por ello menos hermoso. Y severo. La posición femenina en la sociedad nipona en los 90 no era muy buena, y Nananan la refleja perfectamente con una sencillez pasmosa.

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Kiriko Nananan nos introduce en la vida de Miho Tsuchida, una mujer en la veintena que comparte piso con su pareja, Sei, un músico desempleado. Son apaciblemente felices, aunque Miho añore a veces a Hagio, un viejo amor. Ella hace todo lo que puede por salir adelante y mantenerlos a ambos, además de hacerse cargo de las labores de la casa. Como el empleo que tiene en una tienda de ropa no es suficiente, decide empezar a trabajar como hostess en un bar, actividad que le desagrada bastante; y la acuciante necesidad de dinero la arrastra finalmente a prostituirse. Mientras, Sei se encuentra muy desanimado porque parece que su carrera musical no acaba de despegar y, completamente apático, se dedica a dormitar y dejar la vida pasar. Pero un día descubre los empleos complementarios de Miho, y ella a su vez se reencuentra con su antiguo novio. La relación entre ellos cambia como de la noche al día en sus cabezas, pero en el exterior todo parece… normal. ¿Qué sucederá?

Kabocha to mayonnaise toca un tema muy recurrente en la cultura japonesa, que es el del sacrificio de la felicidad femenina para favorecer la de un hombre desagradecido. El director Kenji Mizoguchi también trabajó en profundidad esta materia a lo largo de su carrera cinematográfica, y resulta bastante apropiado relacionar a Nananan con Mizoguchi porque ambos comparten esa visión delicada, poética y extremadamente elegante del arte. La belleza de la línea solitaria y el vacío. Ambos no titubean a la hora de plasmar la injusticia social que supone que la mujer deba renunciar a sus propios deseos para dedicarse con devoción al varón. Y en el manga queda expresado continuamente con naturalidad, porque se considera normal que la mujer deba servir al hombre a costa incluso de ella misma.

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Esos son los roles tradicionales establecidos en la sociedad japonesa, por eso Sei no cree, inicialmente, que la situación en la que están sumidos sea anómala. No percibe los límites que ha alcanzado la abnegación de Miho hasta que tiene literalmente en sus manos la evidencia. Y a ella, aunque en ocasiones la asalta la ira, el sentimiento que la consume en el fondo es la culpabilidad. Culpable por enfadarse con Sei porque no la ayuda en casa, culpable porque tiene que acostarse con un desconocido para ganar más dinero, culpable porque no puede olvidar a Hagio y quiere volver con él, culpable porque no logra lo que la sociedad exige de ella: casarse y tener hijos.

Miho, como muchas mujeres niponas, ha sido educada para que su vida gire en torno a su pareja. Encontrar el amor, a su príncipe azul, y vivir juntos para siempre jamás. De esta forma termina desarrollando siempre una dependencia enfermiza hacia su novio, en el que deposita todas las esperanzas de su felicidad, y por quien es capaz de sacrificarlo todo. Y él acepta su inmolación, porque es lo que se espera que la mujer haga. Esta sociedad en la que gran parte de la población se encuentra tarada emocionalmente, Nananan la estampa muy bien en Kabocha to mayonnaise. Con gran sutileza y sin aspavientos, a través de la historia sencilla y cotidiana de una pareja joven. Los personajes secundarios, aunque no tan bien perfilados como Miho, son un  buen marco que ayuda a contextualizar sus reflexiones, los motivos que la llevan a naufragar una y otra vez, sin que ella siquiera sea consciente de ellos. Le resulta menos doloroso pensar que es un problema de compatibilidad entre grupos sanguíneos.

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Kabocha to mayonnaise es un diálogo íntimo que engarza los pensamientos de su protagonista como un rosario de perlas fascinantes y totalmente imperfectas. Ante lo que Nananan va desgranando viñeta a viñeta, lo más fácil sería juzgar las acciones de Miho. Ella lo hace consigo misma además. Lo más cómodo es hacer una lectura superficial de la historia y condenar a los personajes, sobre todo a Tsuchida. Pero la mangaka, silenciosamente, nos desafía a ir más allá del acostumbrado muro de misoginia. Otro asunto es que el lector decida recoger el guante, claro. Y es cuando se acepta el reto que este manga comienza a entenderse de otra manera. Es entonces cuando podemos comprender y empatizar con los pensamientos y acciones de unos personajes enredados en sus propias trampas.  Algunos son capaces de liberarse, otros no.

Kabocha to mayonnaise va dirigido a una audiencia adulta y es un manga serio. No busca entretener, su objetivo no es divertir, sino contar su historia. Una historia bastante común, hasta vulgar, que plasma el día a día de millones de japoneses, y los dilemas que deben enfrentar respecto al rumbo de sus vidas. Y la sociedad en la que viven no les ofrece demasiadas alternativas, tampoco muchos son capaces de vislumbrar algo más allá del paraguas de la educación recibida. Por lo que la lectura de este tebeo puede atragantarse a pesar de su lirismo; es un cómic realista y bastante duro, aunque de una manera dulce y gélida a la vez.

nan2¿Lo recomiendo? Sí, desde luego. No posee la brillantez de Blue o la variedad emocional de Itaitashii Love (1995), del que tengo pensado escribir en breve; sin embargo, aunque se trata de un manga opresivo que refleja muy bien el callejón sin salida que resultaba (¿resulta?) ser mujer en Japón, se las apaña muy requetebién para encender la empatía del lector. No obstante, hay que tener en cuenta que es una obra que se aleja de los parámetros del manga comercial. Aun así, Kabocha to mayonnaise resulta accesible y fácil de leer aunque no tanto de comprender, sobre todo si no se posee cierta madurez emocional. Pero merece la pena totalmente echarle un vistazo. O dos. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

6 comentarios en “Calabaza, mahonesa y Kiriko Nananan

  1. Hola Sho, he leído algunas obras de Kiriko y me encanta su estilo de dibujo simple y firme a la vez, con pocos trazos transmite mucho. Mientras leía esta entrada, recordé que había leído ya este manga. Entonces lo volví a releer: y sí, es muy fácil juzgar a la protagonista. Fácil y cómodo, como si todo fuera su culpa. Pero si se presta atención es como ¡Stop, retrocede! Porque hay mucho más bajo la superficie, de hecho: Casarse, tener hijos, servir al hombre son cosas que aún hoy se reproducen en mi pueblo.
    Lo que me asombra un poco, es ver como natural esta actitud, y al Kiriko arrancar las máscaras se vislumbra algo obvio y enterrado: que se educa a la mujer para una vida de sacrificio y abnegación. Me gusta la autora porque no tiene miedo de hablar de estos temas, me gusta porque a partir de algo simple te hace reflexionar mucho, y porque dota a sus personajes de una humanidad pocas veces vista en los mangas. Gracias por escribir de ella, esperaré las próximas entradas dedicadas a esta mujer. Un abrazo Sho 🙂

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    1. ¡Aloha, Coremi! 🙂
      Pues sí, lo más sencillo (y a lo que tendemos) es juzgarla a ella y descargarlos de responsabilidad a ellos. Pero hay que tener en cuenta el contexto, que es bastante complejo, y en el que formar parte del colectivo oprimido no te libra de cometer errores. La víctima incólume angelical no existe, porque todos somos humanos, al fin y al cabo :/ Uno no deja de estar puteado aunque meta la pata mil veces.
      Nananan me gusta precisamente por eso, porque te invita a ir más allá y no quedarte en las convenciones sociales, tan cargadas de misoginia. Y, a la vez, plasma una realidad rica y complicada donde las cosas no son en blanco y negro. La vida resultaría seguro mucho más fácil si fuese como un partido de fútbol, pero no es así, por mucho que nos empecinemos a veces en creerlo.
      ¡Un abrazo de vuelta, Coremi! ¡Gracias por estar siempre ahí! ❤

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  2. Sho, hace tiempo que no te leo. He leído algo parecido en los últimos tiempos, sobre todo la actitud de algunas mujeres japonesas con el estudio y la forma que deben de actuar para conseguir novio. Porque, para mi, es insólito que una mujer tenga que pretender ser boba o ignorante para gustarle a alguien, sin mencionar que otras mujeres van a la universidad para conseguir marido, solo eso. Pero, en fin, no estoy aquí para criticar. En si es muy duro el papel de una mujer en Japón, además que de eso se derivan diferentes anécdotas, que de por si tienen poca delicadeza. Creo que con toda esta información haré un cuento, en un futuro por supuesto.
    Dime, Sho, ¿cómo te va? ¿Duermes bien? Espero que sí. Me gustó leerte, ¡un abrazo!

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    1. ¡Qué tal, Vannert! 😀 ¡Cuánto tiempoooo!
      Me alegra mucho leerte por aquí :3 espero que todo ande bien 🙂
      Has acertado de pleno al preguntar por si duermo porque, ¡tengo una falta de sueño monstruosa! Y como mi vida familiar se ha complicado un poquillo últimamente, creo que voy a tener todavía menos tiempo para dedicarle al descanso horizontal. Ains. ¡Ya vendrán tiempos mejores! 😉
      La mujer japonesa todavía vive sometida a una serie de obligaciones sociales que la dirigen obligatoriamente a casarse y tener familia. Es así de triste, pero también ocurre en otros países de su misma órbita, como China o Corea :/
      Parece que el panorama se está despejando un poquito, pero todavía son sociedades a las que les queda mucho camino que recorrer en términos de igualdad. La propia mujer asiática asume que su rol es ese, el de esposa y madre, es la pescadilla que se muerde la cola :/
      ¡Un abrazo de vuelta, Vannert! ¡Gran alegría volverte a leer!

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