En 2013 falleció, para nuestra desgracia, Ryûtarô Nakamura con escasos 58 años. A él le debemos trabajos tan especiales y únicos como Serial Experiments Lain (1998), del que no tardará en caer entrada; trabajó también en clásicos maravillosos como 11-nin Iru! (1986), del que tenéis su reseña aquío dirigió la serie animada protagonista de hoy: Kino no Tabi (2003). Quizá como un homenaje póstumo a su interesante labor, esta temporada otoñal de 2017 tenemos en la cartelera animesca su remake. Como ya comenté en el blog de Otakus Treintañeras, no entiendo la necesidad de recrear obras que son ya estupendas de por sí, a no ser que se desee aportar algo realmente distinto del original. De momento, su nueva versión en los cinco capítulos que he visto no me ha dicho absolutamente nada. Lo veo semanalmente por la curiosidad que me despierta el rostro nuevo de Kino, con una animación y enfoque más modernos, y en algún instante espero que llegue a sorprenderme… para bien. Sin embargo, por ahora no está siendo así, aunque tampoco puedo decir que esté resultando una experiencia mierder. Se ve.

Y la nostalgia me condujo a rememorar la dirigida por Ryûtarô Nakamura, por lo que decidí que era una buena oportunidad para escribirle una pequeña review en SOnC. ¿Ha soportado adecuadamente el paso del tiempo? Cuando la vi por primera vez me deslumbró por su aparente sencillez. Un anime desnudo en su forma, pero con un contenido intenso, profundo. Ya os lo adelanto: Kino no Tabi sigue siendo una rareza extraordinaria no apta para todos los paladares. Su urdimbre es de una complejidad demasiado sutil para los consumidores habituales de animanga, quizá acostumbrados a productos más inmediatos. Eso fue válido hace 15 años, y lo es todavía ahora, porque las nuevas generaciones de otacos tampoco han cambiado en lo básico tanto.

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Toma, Kino, corre, ponte esta diadema de orejitas de gato antes de que te devore el kokoro con mi hipermegakawaiinessdelinfiernosatanás.

El germen de Kino no Tabi en realidad son las novelas ligeras del escritor Keiichi Sigsawa, que consiguió quedar finalista en los Dengeki Shôsetsu Taishô del 2000. Fue así que llamó la atención de Ryûtarô Nakamura. Estas novelas alcanzaron un éxito notable y, aparte de la serie de anime, han tenido otras encarnaciones en el mundo del manga, los videojuegos y varias secuelas y precuelas animadas, una de ellas dirigida por Nakamura: Kino no Tabi: Byôki no Kuni – For You (2007). No he tenido la fortuna de leer ninguno de los 21 volúmenes que, por ahora, conforman la saga de estas light novels; pero existen traducciones disponibles en inglés y alemán, por lo que no tardaré en hincarle o catirón en un futuro.

Pero regresando a la serie de 13 episodios del 2003, ¿qué la hace tan especial respecto a otros productos? Para empezar, Kino no Tabi, tras el patadón en el estómago que supuso Serial Experiments Lain, fue un cambio de registro en Nakamura espectacular. Hizo alguna cosilla entremedias de rango comercial para Madhouse y TMS, pero la siguiente obra del director continuadora de su espíritu vanguardista fue, sin duda, Kino no Tabi. Y resultó todo un acierto. Sin dejar de lado tampoco su médula filosófica, El viaje de Kino fue un giro de 180º en su manera de plantear y expresar interesantes dilemas y reflexiones. La obra de Sigsawa, con una robusta impronta de Leiji Matsumoto y Hayao Miyazaki, se prestó a la perfección a sus intereses renovadores.

Kino no Tabi son los viajes de una muchacha por los distintos países de un mundo extraño. Un mundo que se parece también mucho al nuestro. Algunos territorios poseen tecnología muy avanzada, otros parece que no hayan superado la Edad Moderna. Aparecen numerosos anacronismos, pero el carácter libre y fluido, casi como de cuento de hadas, de ese universo no lo hace incongruente. Kino, que así se llama la chica, utiliza como medio de transporte una moto parlante llamada Hermes, y nunca permanecen más de tres días en la misma nación. Tampoco se inmiscuyen en sus asuntos internos. Como en toda odisea, la joven enfrenta situaciones de todo pelaje, también, por supuesto, aquellas en las que su integridad física está comprometida. Pero Kino es una muchacha de recursos, inteligente y una habilidosa pistolera. Evita los conflictos todo lo que puede, pero cuando resultan ineludibles los afronta con absoluta solvencia. Todo un placer poder disfrutar de un personaje femenino de estas características, y encima sin sexualizar. Solo una persona, sin más.

Pero, ¿quién es Kino? ¿Por qué está envuelta en un viaje así? En la serie se esboza su origen y algunas anécdotas; ciertas cavilaciones interesantes sobre las motivaciones de su  periplo; pero no es sino en las OVAS donde podemos profundizar mucho más en su vida. Es una chica misteriosa, seria y con una gran experiencia como viajera; sin embargo, no la utilizan como mero hilo conductor de los episodios. A veces es el narrador, en otras ocasiones son otros personajes los que, desde su perspectiva, nos muestran a Kino y la belleza radical de su mundo. En ocasiones la presencia de Kino es un acicate que dirige a una conclusión positiva, en otras a la tragedia y el desastre. Aunque ella procura intervenir lo mínimo en los países que visita, su mera persona no puede evitar cierto impacto. Kino siempre se mostrará lacónica y algo críptica en su forma evasiva de relacionarse con la gente; pero también saciará su curiosidad con preguntas atinadas y muy perspicaces. Hermes será su Pepito Grillo, que no dudará en evidenciar las contradicciones de Kino. Porque hay que tener muy presente algo esencial: el viaje que plantea esta serie inspirada en las road movies no es el tradicional de autoconocimiento de su protagonista; en realidad es un viaje iniciático para el propio espectador.

Es un retrato panorámico de nuestro propio mundo, en toda su magnificencia, soledad y crueldad. Mediante metáforas y alegorías sencillas pero muy expresivas, es capaz de plasmar las incógnitas vitales de toda persona. Las incoherencias de la naturaleza humana, los desafíos que presentan las ideas y su manifestación en el mundo. Con todo tipo de implicaciones éticas, morales, filosóficas. Así que Kino no solo presencia, sino que toma parte en situaciones surrealistas, donde muchas veces es complicado distinguir entre realidad y delirio. Nuestra protagonista observa, con asombro, cómo el ser humano convierte su existencia, con alegre pasión, en algo fútil; desperdiciando talento, esfuerzo y tiempo. O cómo la tradición inútil y el fanatismo ciegan. ¿Una existencia sin un propósito merece la pena vivirse? ¿Son las figuras de autoridad inamovibles y eternas? Las trampas del pensamiento humano quedan muy bien plasmadas, así como el salto abismal entre el mundo de las ideas y el material. Kino no Tabi es poesía, a veces suave y delicada; otras pétrea y fría.

Cada capítulo está configurado como una pequeña parábola que esconde no una, sino varias reflexiones que dejan la puerta abierta a nuestra interpretación. Aunque inspirados en los relatos budistas, no contienen una moraleja evidente. Y eso es lo bueno, que no predican sino que invitan a la meditación personal. Sin embargo, no se trata de una serie de filosofía japonesa, sino que une maravillosamente lo mejor de los pensamientos occidental y oriental. Es muy divertida, por ejemplo, la referencia directa que hacen a Diógenes el Cínico; o esa demente búsqueda del nirvana mediante exhaustivas técnicas de lavado de cerebro, al más puro estilo Clockwork Orange.

kino6Respecto al arte, Kino no Tabi es un anime al que han desnudado a conciencia. Es simple, de corte limpio y geométrico, que no se pierde en grandes detalles (aunque puede ser extraordinariamente detallado en los momentos necesarios, ojito). ¿Por qué? Porque Ryûtarô Nakamura quería que nos centráramos en las ideas, sin distracciones. Esto no hace de su animación el elemento plano de la serie, porque en esa misma simplicidad reside también su elegancia y mimo. Los filtros que utilizó para brindarle textura y el socorrido tono sepia son una marca de agua que hacen El viaje de Kino difícil de olvidar.

Kino no Tabi es un anime que no fue concebido para todo el mundo. La estructura de capítulos autoconclusivos no ayuda tampoco a atraer la atención de un público numeroso, que tiende a perder interés con esta clase de disposición. Eso no significa que quien no pueda disfrutar de El viaje de Kino sea un cabestro, pero lo que sí resulta cierto es que exige del espectador bajar las revoluciones del motor cerebral y prestar atención. Es un anime para ver poco a poco, no del tirón; porque la cantidad de interrogantes e ideas que propone son de digestión lenta. Un visionado superficial de Kino no Tabi obligatoriamente lo convierte en un producto anodino, porque no es espectacular visualmente, y tampoco ofrece historias llamativas o trepidantes. Se trata de un enigmático slice of life donde el pensamiento es rey. Apacible, pero duro como un diamante. Buenos días, buenas tardes, buenas noches.

3 comentarios en “El hermoso mundo de Kino

  1. Kino no Tabi es uno de esos animes de los que había escuchado buenas críticas pero que, ni con esas, había conseguido llamarme lo suficiente para verlo. La verdad es que ya hace tiempo que no veo nada que no sea de temporada… xD
    Igualmente, esta vez me descargué el primer episodio del anime y al final no le di ni una oportunidad. Ya estoy viendo demasiados y tengo que priorizar. Además, al final también he decidido abandonar (¿temporalmente?) Mahoutsukai no Yome porque el primero me dejó fría, aunque casi todo el mundo habla bien de este. Los Matsus van por el mismo camino de Mahoutsukai por pereza jaja.
    Besos

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    1. ¡Muy buenas, Jane! 😀
      Kino no Tabi el remake está siendo una serie algo flojilla, no te estás perdiendo nada. Yo, como soy fan, la voy a ver entera porque tampoco resulta un zurullo, pero nada que hacer con la de 2003. Al menos de momento. La original entiendo que de buenas a primeras no llame la atención, pero es un anime que merece la pena mucho 🙂
      A Mahôtsukai no Yome le cogí una tirria horrorosa mientras leía el manga. A pesar de que los secundarios y el mundo que despliega son muy chulos, estoy hartísima de protagonistas MarySue tipo ameboide, siempre en peligro (la doncella en apuros y mártir) e inmersas en una cansina historia pseudoromántica, estilo Bella-Bestia, plagada de clichés y predecible hasta el tuétano. NO, GRACIAS. Me irritan bastante ya ciertas cosas, soy una abuela cascarrabias xD Pero esto no me impide ver su increíble potencial comercial, creo que puede llegar a gustar mucho a la gente. Yo en tu lugar le daría una oportunidad más, porque a lo mejor la cosa cambia. Yo abandoné el tebeo cuando no pude más con él, quizá haya mejorado… pero desde luego a mí ya no me recuperan.
      Petons! ❤ ❤

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